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Rodolfo Villarreal Ríos
Rodolfo Villarreal Ríos
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Tras de servir por más de dos décadas al Estado Mexicano, en el rango de auxiliar de programación a director general en funciones, retornó a las aulas para obtener la maestría en historia (2008) y posteriormente convertirse, con la disertación “Independent Internationalism in Practice: Diplomatic Relations between The United States and Mexico from 1919 to 1929,” en el primer doctor en historia egresado de la Universidad de Montana-Missoula (2010). En esta institución ha impartido cursos sobre las relaciones México-Estados Unidos de América. Estudió la licenciatura en economía en la Universidad Autónoma de Guadalajara (1977); el diplomado en economía e inglés en The Economics Institute, Universidad de Colorado-Boulder (1981) y la maestría en economía en la Universidad de Colorado-Boulder (1983). Es autor del libro “El Senado estadunidense enjuicia a México y al Presidente Carranza,” editado por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) (2017). Como editorialista ha escrito más de 700 artículos sobre los tópicos de historia, economía, deportes, política y relaciones internacionales, los cuales han sido publicados en el Suplemento de Política Económica de la Revista Tiempo, en los diarios El Nacional de la Ciudad de México; Zócalo producido en el estado de Coahuila; Nuevo Día de Nogales Sonora, al igual que en la paginas electrónicas eldiariodetaxco.com y guerrerohabla.com originadas en Taxco, Guerrero; y todotexcoco.com generada en Texcoco, Estado de México. Asimismo, es coautor del artículo científico, “Living close to heavy traffic roads, air pollution, and dementia.” (The Lancet. 4 de enero de 2017)

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20 Abril 2019 04:00:00
Santos y pecadores, el turno de los impenitentes / B de B
Como lo apuntamos en la colaboración anterior, continuaremos con nuestro comentario acerca del libro “Saints and Sinners in the Cristero War (2019).” En esta ocasión nos ocuparemos del cuarteto, de acuerdo con el sacerdote católico James T. Murphy, integrado por los pecadores. Sin embargo, para él, unos lo son mas que otros, todo depende de que tan cerca se encuentren a la filiación política-religiosa que profesa don James. Recordemos que los personajes calificados de impenitentes fueron: José Telésforo Juan Nepomuceno Melchor de la Santísima Trinidad Ocampo Tapia, Plutarco Elías Calles, José Reyes Vega y Tomás Garrido Canabal. Procedamos a revisar las razones por las cuales los enlistaba en el lado de los “malos”.

Daremos inicio con alguien quien evidentemente es de estatura menor, en todos los sentidos, a los otros tres, José Reyes Vega. Este es el más cercano a las querencias del ciudadano Murphy. No obstante, esto, lo califica de un pecador porque siendo sacerdote, se fue a la lucha y empuñó el fusil, hasta alcanzar el grado de general y lo hizo sin tener la autorización de las autoridades eclesiásticas. No olvidemos que se valía soliviantar almas cándidas para ir a asesinar o que los mataran, pero nada de ponerse al frente de la tropa. Quiso presentárnoslo como “malo” pero pronto le ganaron las afinidades y empieza a decirnos que por su actuación a Reyes lo comparaban con Pancho Villa ya que era todo un estratega para eso de ejecutar federales. Al momento de narrar el ataque al tren en donde 150 personas perdieron la vida, 50 de los cuales eran civiles, Murphy busca ángulos para paliar la falta y decirnos que eso pasa cuando alguien defiende “su fe”, amén de que se le olvida mencionar que esos piadosos cargaron con una buen cantidad de oro. Al final, termina por culpar a las autoridades gubernamentales de haberse aprovechado de ese incidente para calificar a los combatientes de asesinos y fanáticos. Como prueba de que no era así, diríamos nosotros, basta recordar que del cuello de los combatientes católicos pendía un escapulario en el cual se leía: “Detente bala, el Sagrado Corazón de Jesús está conmigo.” Por si alguien gusta confirmar cual era la orden religiosa que orquestó esa revuelta. Pero volvamos a la narrativa de Murphy quien pronto se cansa de narrarnos las hazañas del sacerdote-milite pues hubiera tenido que aceptar que no solamente en el caso del ferrocarril mostraron saña inaudita, sino que también eran expertos en eso de utilizar el verduguillo. A los que les iba bien, simplemente los desorejaban como era el caso de los maestros rurales enviados por el Gobierno federal, mientras que a los pocos afortunados pues le aceleraban la partida al espacio etéreo. El episodio de Reyes Vega termina por ocupar poco espacio y procede a narrar como se inició la reyerta, los motivos que la provocaron y como solamente contaban con el apoyo del pueblo para enfrentar al gobierno. Sin embargo, pasa por alto cuando, en septiembre de 1926, los Caballeros de Colón fueron a pedirle al presidente Calvin Coolidge que nos invadiera y mucho menos menciona lo concernirte al millón de dólares, aprobado en su asamblea de ese año, que destinarían para apoyar a los que en México buscaban impedir el nacimiento del estado mexicano moderno. Eso sí, el sacerdote en funciones de historiador no olvida mencionar la escena de como al momento en que una bala le toca a Reyes Vega, este se arrepiente de haber desobedecido a medias a sus jefes y entonces don James casi lo saca de la lista de impenitentes, a un paso se quedó de pedir que también a este lo canonizaran. Pero vayamos al otro extremo en donde si están los “malos, malos”.

Al que primero calificó como pecador fue a Melchor Ocampo. Respecto a él, Murphy tiene que reconocer sus altas calificaciones intelectuales. Sin embargo, después de hacerlo, procede al ataque por haberse puesto a discutir, vía epistolar, con un sacerdote quien se presume era el obispo de Michoacán, Clemente de Jesús Munguía, a quien, dice Murphy le gustaba que se airearan los asuntos sucios de las iglesia en lo que nosotros llamaríamos, lo oscurito. Al no poder rebatir con argumentos objetivos a don Melchor, Munguía opta por recurrir a la muletilla de “las pestilentes doctrinas de Lutero…” Pronto don James muestra que se le olvidó consultar y nos dice que Ocampo fue el creador de la mayoría de las Leyes de Reforma. Habría que informarle que el michoacano fue responsable únicamente de la Ley del Registro Civil, en las otras intervinieron mexicanos de excepción como Juan Antonio de la Fuente Cárdenas, Miguel Lerdo de Tejada, Benito Pablo Juárez García y muchos más. Apunte al calce, debemos mencionar que el ciudadano Murphy no se acordó de mencionar al intelecto más preclaro de los HOMBRES DE LA REFORMA, Juan Ignacio Paulino Ramírez Calzada. Pero volvamos a lo que contiene el libro, en donde tratando de aparecer objetivo, el sacerdote menciona primero que el oaxaqueño era un Liberal moderado, pero que, posteriormente, se convirtió en un enemigo de la iglesia y, aun cuando no lo alude, pues cayó en la categoría de pecador. En este contexto, habría que preguntarle porque se olvidó de mencionar a José Lázaro de la Garza y Ballesteros, Francisco Miranda, Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, así como el mismo Munguía, entre muchos otros que piadosamente promovieron la venida del barbirrubio austriaco quien pronto los dejaría con un palmo de narices, pero ello no evitó la revuelta que generó muerte, desgracias y miserias. Es interesante resaltar como Murphy manda el mensaje muy sutil sobre el origen de Ocampo al señalar que fue un huérfano quien tuvo la suerte de ser abandonado a la puerta de la casa de una mujer piadosa quien lo educó y ante ello, al escrito poco le faltó para darle el grado de malagradecido por promover se terminara con los privilegios de la iglesia. Pero vayamos a otro de esos pecadores.

En el caso del estadista Plutarco Elías Calles, lo acusa de haber sido un hombre cuyo único objetivo en la vida era terminar con la religión católica. Eso, según Murphy, era porque don Plutarco nació fuera de matrimonio y nunca pudo superarlo. Hasta donde llegan las barbaridades que algunos escriben para justificar sus argumentos. El mismo sacerdote católico se contradice en su aberración cuando reconoce la grandeza de este mexicano quien creo el Estado mexicano moderno, pero que cometió el error de “atacar” a la Iglesia católica. Aquí cabe hacer varias consideraciones. Cuando menciona que Elías Calles promovió al padre Joaquín Pérez para que creara la Iglesia Católica Mexicana, muy recomendable seria que revisara el intercambio epistolar que, respecto al tema, sostuvieron el expresidente Álvaro Obregón Salido y el estadista mexicano quien, si en algún momento consideró esa opción, recapacitó y evitó tener que lidiar con dos problemas, uno romano y otro mexicano. Una muestra más de cuán endeble es la aseveración de que el sonorense deseaba arrasar con la Iglesia Católica, nos es presentada por Murphy en el apartado referente a la entrevista que tuvo, en abril de 1928, con el sacerdote paulista John J. Burke y el embajador estadounidense, Dwight Withney Morrow. Este episodio es lo mas objetivo que nos muestra Murphy a lo largo de su libro. No ahondaremos al respecto, pero si usted, lector amable, desea hacerlo, le recomendamos nuestro artículo de hace un par de semanas, “La reunión entre el estadista, el embajador y el sacerdote” (Zócalo, 6-IV-2019), basado en lo que escribiéramos, hace alrededor de una década, tanto en nuestra tesis como en la disertación doctoral. Debemos de recordar que esa entrevista muestra que cuando el estadista mexicano encontraba un interlocutor alejado de fanatismo, como lo era Burke, y aunado a él un pragmático como Morrow, era fácil entablar un diálogo constructivo y encontrar solución a los problemas. Sin embargo, esa no era lo que prevalecía entre los miembros de la curia y los soliviantados cuya única alternativa era el todo o nada. Pero vayamos al cuarto de los pecadores.

Cuando aborda el tema de Tomás Garrido Canabal, nada hay que rebatir, su accionar fue aberrante. Lo que este hombre hizo en Tabasco durante los 1930 viene a confirmar que nunca será el medio combatir el fanatismo suplantándolo con otro similar aun cuando se le cambie de nombre. Un antecedente de ello fue lo acontecido durante la Revolución Francesa en el siglo XVIII.

Escritos como el que hemos comentado en poco contribuyen al análisis objetivo de este hecho lamentable como lo fue la reyerta inútil. El ciudadano Murphy prosigue con la narrativa de que se trató de una contienda religiosa. Esa es una patraña alimentada a través del tiempo. En ningún momento se trató de eso. Hasta donde hemos revisado jamás se suscitó controversia alguna acerca de la “virginidad de María,” “la resurrección de Jesucristo al tercer día” o mucho menos sí “Dios se encuentra en el cielo, en la tierra y en todo lugar.” Lo que entonces se dio fue la reacción de la jerarquía católica, dirigida desde Roma, en contra de la creación del entonces naciente Estado Mexicano Moderno. El objetivo era retornar a los tiempos del monopolio religioso y el sometimiento de las autoridades mexicanas a los designios de quienes representaban una entidad foránea. De que el estadista Plutarco Elías Calles cometió errores en el proceso de defensa, ni duda hay. Sin embargo, de eso a decir que el único objetivo que tenia era destruir la iglesia católica es una calumnia engordada por los carentes de seso. Lo que buscaba era que la iglesia católica no interviniera en asuntos de estado y cuando cometió el error de dictar medidas que intervenían directamente en la forma en que operaba la institución religiosa, acabó por dar marcha atrás. En síntesis, “Saints and Sinners in the Cristero War.” Deja mucho que desear respecto a la objetividad con que debe de abordarse todo análisis histórico. No es posible partir de la premisa de que quienes compartan mi perspectiva son “santos” y quienes no lo hagan, automáticamente, acaban convertidos en pecadores. A los primeros les justifico todo y a los segundos les muestro cuanto aspecto negativo posean. Pero antes de concluir este comentario, y dado que se trata de un análisis sobre asuntos históricos y no de un debate sobre temas religiosos, hay algo que debemos recordarle al ciudadano James T. Murphy respecto a persecuciones por la forma en que cada uno percibe, desde su muy personal y respetable perspectiva, su relación con el Gran Arquitecto.

Es conveniente remembrar que, durante tres siglos, unos personajes con largas vestimentas llegaron por estos rumbos y, respaldados por el látigo, la espada y el hierro incandescente, primero destruyeron los símbolos que adoraban y los aborígenes que se resistían a ser sometidos a lo que los clérigos llamaban la religión única, la católica, pues tenían que pagar las consecuencias. Que conste aquí no andamos en eso de que tengan o no que ofrecerse disculpas, eso sucedió y así queda asentado. Pero esto, recordémoslo, tenía orígenes píos.

En 1478, Francesco della Rovere, el papa Sixto IV, emitió la bula papal Exigit Sincerae Devotionis Affectus, mediante la cual se estableció la inquisición en el reino de Castilla. Esto permitió que Fernando e Isabel, los llamados reyes católicos, pudieran apropiarse, en nombre de esa religión, de las riquezas pertenecientes a los judíos, moros y conversos a quienes castigaban con el cadalso por no profesar el catolicismo. Ello, sin olvidar que, en 1492, se ordenó la expulsión de los judíos de España, en donde la Inquisición, brazo ejecutor del catolicismo, operaría durante 384 años hasta 1834 cuando la reina-madre, María Cristina la desapareció. Sin embargo, eso no es todo, veamos un poco más atrás.

Veamos lo que realizó, entre 1391 y 1417, un sacerdote castellano de nombre Ferran Martínez. En el primer año mencionado, Martínez emitió ordenes a los clérigos para que en la región en donde tenía jurisdicción, se destruyeran las sinagogas. Sacerdotes en Écija, Alcalá de Guadaíra, Coria y Cantillana procedieron en consecuencia. En Sevilla, el 4 de junio de 1391, dio inicio una masacre en contra de los judíos. Se incendiaron sus templos y propiedades y dos días después un total de 4,000 practicantes del judaísmo habían perecido a manos de aquellos quienes clamaban profesar la religión verdadera. Los que pudieron salvarse tuvieron que aceptar ser bautizados. En Córdoba, todo el sector en dónde moraban los judíos fue destruido y los cuerpos inertes de 2000 de ellos fueron apilados en las calles. La lista de pueblos en los cuales judíos fueron masacrados, perseguidos o forzados a adoptar la religión católica se esparció con rapidez en España, especialmente en Toledo, Castilla, Aragón, Mallorca, Valencia y Barcelona. Al final de todo esto, un tercio de la población judía había desaparecido. Por si alguna duda teníamos de donde abrevó su perspectiva la bestia austriaca.

¿Cómo calificaría James T. Murphy a todos estos propagandistas de la fe católica enumerados en los tres párrafos previos, Santos o Pecadores? Como colofón habría que apuntar lo que el estadista mexicano Plutarco Elías Calles respondió, en aquella reunión del 21 de agosto de 1926, al obispo de Michoacán, Leopoldo Ruiz y Flores, cuando este quiso darle lecciones de historia: “Es preferible no tratar asuntos históricos, porque en la historia de nuestro país resultaría un saldo muy triste para el clero de México.”

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Añadido (1) Ante la tragedia ocurrida en París, no podemos sino suscribir lo que de manera sucinta nos comentó nuestro hermano Juan Antonio: “En Notre Dame no se incendió una iglesia, se destruyó una obra de arte”.

Añadido (2) Y el francesito Macron pronto se montó en desgracia para tratar de cubrir la ineficiencia e ineficacia con que (des)gobierna a su pueblo.

Añadido (3) En todo este asunto parisino nos quedan un par de dudas: ¿Por qué el ciudadano Jorge Mario Bergoglio Sivori, el papa Francisco, no salió a dar un pronunciamiento directo al respecto? ¿Acaso las relaciones entre los miembros de la iglesia católica en Francia y el Vaticano siguen siendo de tibias para abajo?

Añadido (4) La primera etapa del golpe de estado no les dio los resultados que esperaban. Ante ello, han iniciado la segunda. Aquí, y allá, hay varios que aún no se percatan que se trata de una guerra civil.
13 Abril 2019 04:00:00
Santos y pecadores/ A de B
Si alguien imaginó que, ante los días por venir, este pecador irredimible ha visto la luz, o que ha optado por convertirse en una especie de Girolamo Savonarola, aquel monje dominico del siglo XV-XVI, quien lanzaba anatemas a los impenitentes y alababa a los creyentes, permítanos desilusionarlo. El titulo de este artículo corresponde parcialmente al del libro “Saints and Sinners in the Cristero War. Stories of Martydorm from Mexico” (2019), aparecido bajo la firma del sacerdote católico, James T. Murphy. Nos enteramos de esta obra a través de nuestro profesor Michael S. Mayer quien, sabedor como pocos de nuestra postura acerca del tópico, nos recomendó leerla y elaborar un comentario sobre ella. Procedamos.

Para abrir boca, Murphy trata de convencernos que durante tres centurias la iglesia solamente buscó el bienestar de los aborígenes al evangelizarlos y que hasta buscaba instruirlos, lo cual únicamente vale para los asuntos de rezos y cánticos religiosos, pues a principios del siglo XIX, el noventa y ocho por ciento de la población mexicana era analfabeta. Eso sí, ni quien vaya a argüirle que en el periodo comprendido entre la mitad del siglo XVI y la del siglo XVII, se construyeron 11,800 catedrales, iglesias y capillas, una universidad y 32 colegios. Ni mucho menos vamos a discutir que nuestros ancestros hispanos buscaron amalgamar sus creencias religiosas con las de nuestros antecesores indígenas para crear un sincretismo religioso que tuvo los resultados por todos conocidos.

Por supuesto que Murphy justifica la riqueza que la iglesia amasó a lo largo de tres centurias ya que dice se dio buen uso a ella. La pregunta es: ¿En beneficio de quién? Al término de la colonia, la aplastante mayoría de la población vivía en la miseria. Para que no haya duda de por donde andan sus admiraciones, alaba a un par de personajes, Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámbula y a Antonio María de Padua Severiano López de Santa Anna y Pérez de Lebrón. Al primero porque al entronizarse como “emperador,” el obispo celebró una misa consagrada. Al segundo, porque cuando Valentín Gómez Farías (a quien no menciona por su nombre), en funciones de presidente, emitió disposiciones para poner en orden a la iglesia, el gallero regresó de Manga de Clavo y restituyó el viejo orden favorable a los clérigos. Asimismo, el sacerdote alaba que la Constitución de 1824 estableciera el monopolio religioso del catolicismo y se mantuvieran los fueros. Lo que olvida es que cuanta Constitución se promulgó entre ese año y 1856 anotaban que para poder ser ciudadano mexicano debería de profesarse la fe católica y por supuesto no podía haber ninguna otra. En igual forma, trata de justificar el contenido del Silabario de Errores (Syllabus Errorum) que, el 8 de diciembre de 1864, emitiera el ciudadano Giovanni María Mastai-Ferretti, el papa Pío IX quien, entre otras cosas, se declarara enemigo de la libertad de pensamiento y decretaba que la iglesia determinaría cuales eran los libros que pudieran o no leerse. Para nada reprocha la bendición papal, ni la intervención de la clerecía mexicana, en apoyo a la venida de Maximiliano y toda la desgracia que esto acarreó al país.

Por el simple título es fácil imaginarse que se trata de un análisis maniqueo entre los buenos y malos. Cual, si fuera un combate de lucha libre, el ciudadano Murphy divide a los personajes centrales de su obra entre los técnicos (los llama santos) y los rudos (para él son los pecadores). En el primer grupo, incluye a Anacleto González Flores, Francisco Orozco y Jiménez, Toribio Romo González y José Ramón Miguel Agustín Pro Juárez. En el bando opuesto coloca a José Telésforo Juan Nepomuceno Melchor de la Santísima Trinidad Ocampo Tapia​, Plutarco Elías Calles, José Reyes Vega y Tomas Garrido Canabal. Una vez definidos los grupos, Murphy inicia con un argumento destinado a las almas castas, indicando que el conflicto religioso dio inicio como una rebelión espontanea de un grupo de católicos rurales desorganizados. Esta afirmación se cae con un soplido.

La reyerta inútil, mejor conocida como La Cristiada, fue un movimiento que nada tuvo de espontaneo. Se fue armando a través de los años, encubierto primero por lo dispuesto en la encíclica Rerum Novarum emitida, en 1891, por Vincenzo Gioacchino Raffaele Luigi Pecci, el papa León XIII. Este documento es Don Vincenzo, de cuya capacidad intelectual no hay duda, comprendió cuan importante era que la iglesia católica se involucrara en los procesos sociales sin que aquello pareciera que aspiraba a tomar el mando político de los gobiernos. El tema es tratado por Murphy indicando que permitió revivir al catolicismo en México, incluida la celebración de un buen número de congresos católicos, durante el mandato del presidente José de la Cruz Porfirio Díaz Mori. Sin embargo, deja de lado que en esa resucitación estuvo involucrado el contubernio entre la clerecía y los hacendados, lo cual permitió que el sometimiento continuara. Murphy indica que, en 1908, cuando Díaz anuncia que México estaba listo para un partido de oposición, los católicos estaban prestos para ello. Esto nos da la razón a quienes hemos mencionado que todas las acciones realizadas al amparo de la Rerum Novarum nada tenían de religiosas, sino que su objetivo era inminentemente político. Ejemplo de ello es que, tras constituirse, en 1911, el Partido Católico Nacional compitió con mucho éxito, en las elecciones de 1912 y consolidó sus apetitos de poder político que para el año siguiente aumentarían. Tampoco nos dice nada acerca de como en la encíclica Iniquis Afflictisque, emitida en noviembre de 1926,Ambrogio Damiano Achille Ratti, el Papa Pío XI, felicitaba e incitaba a sus fieles para irse a matar a quienes no pensaran como ellos, bueno él decía a defender sus creencias. Murphy, también, olvida lo referente a la petición que los miembros de La Liga Nacional para la Defensa Religiosa les hicieron a los obispos mexicanos a finales de noviembre para que les dieran su aprobación de ejercer la violencia contra sus adversarios. Aun cuando no hubo permiso explicito, les dijeron que todo aquel sacerdote que quisiera irse de capellán a la reyerta no tendría problema.

Pero, antes de entrar en los detalles de la obra, vale apuntar el maniqueísmo que prevalece en el escrito de Murphy. Al inicio de cada capítulo presenta la versión sobre cada personaje. Si simpatiza con él, lo victimiza o enfatiza sus virtudes. En caso contrario, emite un juicio sumario y lo condena. Este tipo de análisis indudablemente es poco objetivo y apela a las fibras sentimentales del lector, lo cual cualquier historiador que se respete no puede aceptar salvo que quiera convertirse en propagandista de un a u otra causa. El compromiso de todo aquel que incursiona en esto de la historia, independientemente que nunca negaremos que todos tenemos nuestras filias y fobias, es presentar los hechos con positivos y negativos y tras de ello fijar sus conclusiones sustentadas en datos duros y no en arrebatos propagandísticos. Pero vayamos a la narrativa de “Saints and Sinners,” de la cual en esta colaboración nos ocuparemos de los “santos” dejando para la segunda a los “pecadores.”

Buscando prender al respetable, sus lectores, Murphy recurre a una cita de Girolamo Prigione, aquel personaje quien negociara con el presidente Carlos Salinas de Gortari la reanudación de relaciones diplomáticas entre el estado vaticano y el estado mexicano, bueno también se encargaba de armar negociaciones con personajes del mundo de los negocios poco claros. Según lo que declarara, el 20 de diciembre de 1991, don Girolamo afirmaba que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos era la constitución más anticatólica del planeta. Una falacia más para sustentar argumentos dudos.

La Carta Magna de nuestro país nunca ha prohibido a nadie profesar la religión católica o la que más desee. Eso sí, determinó claramente la separación del estado y la iglesia y estableció el principio de educación laica, aun cuando hoy es letra muerta, mientras que precisaba algo que es muy sano, los eventos religiosos deben de realizarse en los sitios exprofesamente construidos para la oración. Para que no haya duda por donde va el escrito, don James nos receta una buena cantidad de justificaciones para los actos realizados por sus correligionarios a lo largo de la historia.

En el caso de Anacleto González Flores principia por narrarnos la forma en que fue ejecutado, un acto deleznable y sin excusas, lo cual hace que coincidamos con la critica que Murphy escribe al respecto. Sin embargo, páginas más adelante, resalta el hecho de que González Flores convocara a los católicos a tomar las armas e ir a ofrecer su sangre, y la de otros decimos nosotros, para dirimir las diferencias que tenían respecto a lo que la Constitución mexicana establecía en relación a los asuntos religiosos. Muy cuestionable resulta el argumento de don James, se vale invocar ir a matar o matarse cuando quien lo hace es de la simpatía del sacerdote, pero cuando otro salvaje, del bando contrario, actúa igual entonces es criticable. Ni uno, ni otro acto lo justificamos, el fanatismo solamente lleva al comportamiento bestial, independientemente de cual sea el ropaje con que se cubra. De las virtudes intelectuales del “maistro Cleto,” así recordamos que algunos lo evocaban en la Universidad Autónoma de Guadalajara, no tenemos duda alguna que las haya poseído. Sin embargo, lo que nadie puede negar es que eran obliteradas por su fanatismo religioso, lástima que no hayan sido ocupadas en causas mejores.

Cuando trata a otro de sus santos, Francisco Orozco Jiménez, nuevamente empieza por la victimización para después decirnos cuan inteligente era y que solamente buscaba defender sus creencias. Nos narra la época que pasó en Chiapas en donde lo acusan de soliviantar a los nativos en contra de la autoridad y como de ahí pasa a ser arzobispo de Guadalajara en donde se opondría a las fuerzas revolucionarias. Murphy apunta que los revolucionarios achacaban injustamente a la iglesia haber apoyado a Huerta en el asesinato de Madero, pero nunca aclara el asunto de los dineros con que la curia lo proveyó, ni el repicar de campanas al día siguiente del crimen, ni mucho menos recuerda las palabras encomiables que el sacerdote católico, Francis P. Joyce, dedicaba a su confesado Victoriano Huerta.

Y en ese ambiente fue que se dieron acciones en contra de los clérigos y le costó a Orozco ser expulsado del país. Una vez promulgada la Constitución de 1917, misma que fue repelida por el ciudadano Giacomo Paolo Giovanni Battista della Chiesa, el papa Benedicto XV, quien explícitamente indicó a los obispos mexicanos que la combatieran, un acto intervencionista de un poder extranjero en un estado soberano, lo cual Murphy evita mencionar. Asimismo, trata de hacer creer al lector que, cuando Orozco permanecía escondido al tiempo en que la reyerta inútil estaba en marcha, en nada soliviantaba a los fanáticos para que fueran y destruyeran a sus semejantes. ¿A poco vamos a creer que se encontraba en estado contemplativo?

Por razones que desconocemos, Murphy no se atreve a mencionar el nombre del padre jesuita francés creador, en 1913, de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) desde donde, juntamente con Orozco Jiménez, soliviantaba la conspiración para enfrentarse al estado mexicano. El nombre de dicho sujeto era Bernard Bergoen quien años después, insatisfecho de haber llevado tanto creyente al matadero, participó activamente en la creación de la Unión Nacional Sinarquista, la versión mexicana de los camisas cafés.

Un tercer santo lo es Toribio Romo González cuyas acciones de apoyo para que unos y otros se destrozaran en afán de dirimir diferencias ideológicas, fue motivo para que el santificador a granel, el ciudadano Karol Wojtyla, el Papa Juan Pablo II, lo elevara, junto con veinticuatro otros promotores de la reyerta inútil, a la categoría de santo. Eso, recordémoslo, sucedió en mayo del año 2000 un poco mas de un mes previo a que el ignaro con botas, de filiación jesuita-sinarquista, se alzara con el triunfo en la contienda presidencial, lo que vino a ser la derrota del Estado Mexicano moderno que naciera durante los 1910s-1920s. Pero volvamos a Toribio. Para abrir boca, el sacerdote Murphy busca presentárnoslo como el santo patrono de aquellos que ante la miseria no tienen otra opción sino largarse para irse a jugar la vida tratando de cruzar la frontera México-EUA por la vía ilegal. Ante ello, nos narra don James, estos ciudadanos optan por colocarse en un lado del calzado una fotografía con la imagen del ciudadano Romo para evitar ser mordidos por alguna víbora. Vaya alegoría, no se le ocurrió al escritor nada mejor que utilizar el símbolo del pecados según lo califican los católicos. Asimismo, nos dice que la imagen del personaje aludido también es situada por las madres de quienes se van a tratar de obtener mejores condiciones de vida a otro país, en las mochilas para que ello impida que nada malo les suceda, algo que ha tenido mucho éxito. Ante esto, no podemos dejar de preguntarnos: ¿Si el ciudadano Romo González es tan efectivo en eso de hacer milagros, porque no les consigue que su vida en nuestro país sea exitosa o acaso solo opera en medio de los desiertos de Arizona? Al igual que lo hace con los otros personajes, Murphy nos relata la vida del ciudadano Romo González ponderando sus virtudes y su fe inquebrantable en la religión católica, lo cual nada tiene de criticable. Asimismo, nos narra su vida en la clandestinidad durante la reyerta inútil ejerciendo su monasterio y, decimos nosotros, soliviantando el fanatismo en lugar de buscar como acabar aquella pendencia entre mexicanos que concluiría por llevarlo a ser ejecutado salvajemente como lo fueron tantos otros de uno y otro bando.

Para conformar el cuarteto angelical, Murphy nuevamente recurre a la victimización e inicia el capítulo dedicado a José Ramón Miguel Agustín Pro Juárez, enfocando la narrativa sobre la fotografía en donde el sacerdote jesuita aparece frente al pelotón de fusilamiento. Una vez más, apela a calificarlo de un acto atroz dado que no hubo un proceso judicial para llevarlo hasta ahí. Si lo juzgamos como un hecho aislado, pues tiene toda la razón. Sin embargo, como el propio Murphy relata en páginas más adelante, eso fue la consecuencia de una cadena de eventos suscitados al calor de una contienda en donde los dirigentes y miembros de ambos bandos quedaban en la disyuntiva de me mata o lo mato. Si bien, el escrito nos muestra las acciones que en pro de su religión realizaba Pro Juárez, las cuales siempre serán encomiables, mientras no se incite a la violencia, también nos indica como Pro organizaba a los integrantes de las ACJM para que actuaran en contra del gobierno. Aunado a ello, Murphy busca desligar a Miguel Agustín, y a su hermano Humberto, de las acciones que realizaba Luis Segura Vilchis, un malnacido nigropetense que esperamos nunca a alguno allá por el pueblo se le vaya a ocurrir glorificarlo, quien intentó asesinar al expresidente Álvaro Obregón Salido. Los hermanos Pro y el tal Segura terminarían en el paredón y hoy a toda costa, aun cuando Miguel Agustín ya se encuentra en estado de beato, no ha concluido su proceso de santificación.

Hasta aquí dejamos este comentario sobre un cuarteto de “santos” todos dispuestos a impulsar la violencia como medio para dirimir diferencias. La semana próxima revisaremos lo que el ciudadano James T. Murphy escribió sobre el otro cuarteto, el de los “pecadores.”

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Añadido (1) Los más antiguos de la comarca seguramente lo recordaran. Entre 1964 y 1965, la promotora del Olympic Auditorium de Los Ángeles, California, Aileen Eaton, decidió reinventar al boxeador Ricardo “Pajarito” Moreno. Durante ese lapso, el de Chalchihuites, Zacatecas, noqueó a 21 rivales, todos debidamente seleccionados para que el zacatecano luciera. Tras de ello, en marzo de 1966, resolvieron ponerle enfrente a un peleador de calidad mediana, el mexicoamericano Raúl Rojas. Tres rounds bastaron para exhibir que la grandeza del plumífero no era tal, había volado hacía rato. Pero como el globo aun daba para más, tres meses después los volvieron a trepar a un cuadrilátero y, en el segundo round, el ave colgó el pico. Eso le sucedió por acostumbrarse a enfrentar rivales a modo.

Añadido (2) Al observar la alineación de los Yankees de New York, plagada de jugadores mediocres, de pronto nos pareció que estábamos en la primera mitad de los años setenta.

Añadido (3) Crearon las llamadas “ciudades santuario” para que ahí puedan vivir sin problemas quienes entraron ilegalmente a los EUA. Ahora, ante la posibilidad de que les envíen ahí todos aquellos que estén bajo esa condición, protestan enojados y no quieren recibirlos. Ya no entendemos nada.
06 Abril 2019 04:00:00
La reunión entre el estadista, el embajador y el sacerdote
A lo largo de la historia, la extrema derecha ha presentado al estadista Plutarco Elías Calles como la reencarnación del mal en busca de destruir, dicen ellos, las creencias religiosas de los mexicanos. Sin embargo, tal aseveración es una de tantas consejas que venden a quienes poca atención ponen a la historia. Dado que lo nuestro es precisamente eso, hace más de una década, mientras elaborábamos primero nuestra tesis de maestría y posteriormente la disertación doctoral, nos encontramos con información a la cual poca difusión se le da pues pone en evidencia y muestra que la narrativa de los extremistas se sustenta en engañifas para convencer almas castas. En ese contexto, ocultan un episodio ocurrido hace noventa y un años, el 4 de abril de 1928, día en que el estadista mexicano y el mejor embajador que nos hayan enviado los Estados Unidos de América, Dwight Whitney Morrow, se entrevistaron con el sacerdote paulista quien era presidente del National Catholic Welfare Council, John J. Burke. Pero antes de llegar a ese punto y lo acontecido a partir de ahí, iniciemos con un breve repaso de los antecedentes.

Es de conocimiento general que, a finales de 1926, la alta jerarquía católica mexicana, con el apoyo implícito del ciudadano Ambrogio Damiano Achille Ratti, el papa Pío XI, dio inicio a la reyerta inútil, mejor conocida como La Cristiada. Primero, el 26 de julio de 1926, aprobó el contenido de la Carta Pastoral firmada por la jerarquía católica mexicana mediante la cual se ordenaba la suspensión de servicios religiosos (la engañifa dice que el Gobierno mexicano la decretó). Posteriormente, el 18 de noviembre de 1926, el mismo Pío XI emitía la encíclica Iniquis Afflictisque, en la cual refiriéndose a las diversas agrupaciones de católicos que, ya en acción plena, estaban dispuestos a ir a matar a quien disintiera de su perspectiva religiosa, les decía: “…sin entrar en detalles sobre su trabajo, con gusto deseamos llamar su atención, Hermanos Venerables, sobre un solo hecho, a saber, que todos los miembros de estas organizaciones, tanto hombres como mujeres, son tan valientes que, en lugar de huir del peligro, salen a buscarlo, e incluso se regocijan cuando les corresponde la persecución de los enemigos de la Iglesia.” Con estos antecedentes, los líderes de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa fueron a entrevistarse con el Comité Episcopal integrado por los doce obispos quienes operaban en México, el motivo era solicitarles autorización para ir a exterminar a sus semejantes, aun cuando ellos decían que era “para defender su religión a la que llamaron “libertades básicas.” Tras cuatro días de deliberaciones, el 30 de noviembre, los obispos sin dar su apoyo implícito, les dijeron no tener “facultades canónicas para asignar capellanes, aunque concedían permiso a los sacerdotes que deseaban servir a los hombres en el campo [de batalla].” Y así, bendecidos, se fueron a darle vuelo a la estupidez de matar y ser matados. En medio de todo ello, surgieron alguna voces de razón.

A finales de 1927, el presidente Calvin Coolidge decidió retirar a uno de los peores embajadores que nos hayan enviado, James Rockwell Sheffield, y nombrar en su lugar a Dwight Whitney Morrow. Este hombre, sin experiencia diplomática, pero dotado de un alto grado de pragmatismo, antes de venir a tomar posesión del encargo, se dio a la tarea de documentarse sobre México y entrevistarse con los estadounidenses que de una manera u otra estaban involucrados con los asuntos de nuestro país.

Entre los entrevistados se encontraba el sacerdote paulista John J. Burke quien como directivo del National Catholic Welfare Conference tenía una influencia importante entre los líderes religiosos estadounidenses. Sin embargo, las negociaciones no fueron fáciles, Burke tenía una opinión sesgada sobre el conflicto en México y no fue sino hasta que tuvo comunicación el arzobispo de San Francisco, Edward Joseph Hanna, que empezó a flexibilizar su actitud. En enero de 1928, se entrevistó con el subsecretario de estado, Robert Olds, y externó la posibilidad de reunirse con el Presidente mexicano. Acto seguido, Old arregló una segunda entrevista entre Burke y Morrow, la cual se, en enero de 1928, durante la Sexta Conferencia Panamericana celebrada en La Habana, Cuba. En medio del diálogo, el sacerdote solicitó al embajador que le asegurara una respuesta positiva en el caso de que solicitara una reunión con el Mandatario mexicano. Las negociaciones se mantuvieron alejadas de la luz pública, al grado de que el cónsul mexicano en New York, Arturo M. Elías, desconocía cuanto ocurría al respecto y basaba sus opiniones sobre Burke en lo que este publicara en The New York Times, el 1 de agosto de 1926, cuando cuestionó la legalidad de la Constitución de 1917 porque los autores de las leyes no habían sido elegidos por voto popular. Asimismo, describió el conflicto como una lucha entre Plutarco Elías Calles y su gobierno contra la Iglesia Católica Romana de todo el mundo. En el mismo tono aparecía, el 7 de agosto, otro escrito en el mismo diario en donde se mencionaba que “al confiscar todos los edificios utilizados como iglesias, escuelas, instituciones de beneficencia, rectorías parroquiales, etc., y negando el derecho a adquirir otros, se reduce el ejercicio del ministerio religioso a una dependencia absoluta de la clemencia de los funcionarios federales y de las aldeas, quedando el ejercicio del ministerio religioso sujeto a la tiranía de las autoridades de cada aldea en México.” Sin embargo, la secrecía no duró por mucho tiempo y las filtraciones representaron un obstáculo para las negociaciones. El mandatario mexicano al recibir la propuesta de Morrow, indicó que “en ese momento no encontraba que nada positivo pudiera generarse con una visita a México del padre Burke.” Aunado a ello, se presentó el doble juego de Pío XI quien, por un lado, autorizaba a los miembros de la jerarquía católica mexicana a negociar con el gobierno mexicano, pero por otro alentaba a los extremistas para atacar a las autoridades de nuestro país. Esto no desanimó al diplomático estadounidense.

Finalmente, en marzo de 1928, Morrow convenció al estadista Elías Calles para que se entrevistara con Burke quien vendría a México como como enviado oficial del delegado papal, el arzobispo Pietro Fumasoni-Biondi, quien estaba a cargo de los asuntos mexicanos con el Vaticano. Ante esto, el 29 de marzo, Burke escribía a Elías Calles indicándole: “he tenido información de personas, a quienes tengo razones para considerar bien informadas, que usted ha declarado que nunca ha sido su propósito destruir la identidad de la Iglesia o interferir con sus funciones espirituales, sino que, en vista de lo establecido en la Constitución y las leyes de México, su objetivo al imponer lo que en ellas se instaura ha sido, y será, evitar que los eclesiásticos se involucren en luchas políticas y, al mismo tiempo, dejarlos libres para dedicarse al bienestar de las almas.” Asimismo, Burke exploraba la posibilidad de que los clérigos pudieran regresar a ejercer su ministerio, mientras que en el futuro pudieran realizarse algunas variaciones en las leyes. Esto era un cambio radical respecto a lo que el sacerdote paulista había escrito, en agosto de 19126, en la revista Forum. En dicha pieza indicaba que “conocer las disposiciones señaladas en la Constitución mexicana, así como los actos del Gobierno mexicano y sus agentes es percatarse de que son absolutamente incompatibles con la justicia y los derechos del hombre.

Tácitamente establecen una guerra contra la religión, un esfuerzo deliberado para destruir su crecimiento; para destruir sus raíces. Toda nuestra vida ha sido una protesta contra tal iniquidad. Esto es abominable para cada individuo partidario de la equidad.” Una vez que esta percepción quedaba en el pasado, Burke, acompañado del asesor legal del NCWC, William Frederick Montavon, viajó de manera secreta a México.

El 4 de abril de 1929, bajo los muros del Castillo de San Juan de Ulua, el estadista, el embajador y el sacerdote, se reunieron durante seis horas. Entre el estadista y el sacerdote, se generó una gran empatía como sucede siempre que dos personas inteligentes están reunidas. La charla se dio en un ambiente de respeto y franqueza. El embajador Morrow informó que “[Cuando Burke le preguntó al presidente Elías Calles], ¿por qué el gobierno mantiene cerradas a las iglesias? [Elías] Calles respondió que el Gobierno mexicano nunca ha prohibido a los sacerdotes oficiar o cerrar una iglesia. Se pueden abrir mañana si los sacerdotes obedecen las leyes mexicana que exige que los miembros de todas las profesiones, incluido el clero, se registren. El problema es que su máxima autoridad, el Papa, ha prohibido a los sacerdotes acatar las leyes de México. Por lo tanto, es la Iglesia la responsable de la falta de ceremonias religiosas en México, no el gobierno.” Para Morrow, la reunión fue un éxito y apuntó que se “intercambiaron cartas las cuales de haber sido ratificadas por los superiores del padre Burke, hubieran llevado a una pronta reanudación del culto público en las iglesias y sentado las bases para una modificación posterior en lo objetable de las leyes.” Al concluir la reunión, el presidente mexicano entregó una carta al padre Burke, en la que explicaba que las leyes mexicanas no pretendían destruir la identidad de la Iglesia ni interferir con sus actividades espirituales. Elías Calles agregó que siempre estaría abierto a escuchar, sin prejuicios, cualquier queja sobre las injusticias derivadas de los excesos cometidos por quienes tratan de hacer cumplir las leyes.” Por supuesto que nada de esto forma parte de la narrativa de los extremistas de derecha, de ayer y hoy, pues de incorporarlo, se les caería todo el teatro de victimización. Al igual que esto, ocultan que al regresar Burke a los EUA, consideró conveniente, antes de enviar el comunicado con los resultados de la reunión a Roma, comentarlo con los obispos mexicanos encuevados en San Antonio, Texas. Eso fue un error craso, pues los prelados mexicanos querían la rendición del estado mexicano o nada.

No obstante, lo anterior, Burke no desmayó y buscó, mediante las intervención de Morrow, que el Presidente mexicano recibiera al obispo Leopoldo Ruiz y Flores. El estadista mexicano se mostraba renuente pues no olvidaba los ataques que el obispo había lanzado en contra del estado mexicano. A pesar de eso, el Gobierno mexicano empezó a abrir espacios para la negociación. En ese contexto, en Celaya, Guanajuato, el 15 de abril, el ministro de educación, José Manuel Puig Casauranc, pronunció un discurso invitando a los obispos a reconciliarse con las autoridades mexicanas. La jerarquía católica acogió esas palabras con beneplácito. Sin embargo, por otro lado, sus correligionarios mostrando su siempre presente piedad católica, planearon asesinar ahí mismo al expresidente Álvaro Obregón Salido. Para ese momento, Elías Calles y Morrow habían acordado que el primero recibiría a Ruiz y Flores.

Así, a mediados de mayo de 1928, Burke, Montavon acompañados de Ruiz y Flores arribaron a Laredo, Texas en donde los esperaba un vagón de ferrocarril privado que los trasladaría a la ciudad de México.

Ahí, el 17 de mayo, los representantes católicos se reunieron con el presidente mexicano en la residencia oficial ubicada en el Castillo de Chapultepec. El estado de ánimo que prevaleció durante las conversaciones prometió el comienzo de una era nueva. Algunas aclaraciones fueron necesarias al principio, pero la razón prevaleció. Al final, parecía que la conclusión del conflicto religioso estaba cerca.

Al iniciarse la reunión, el padre Burke presentó la posición de los obispos mexicanos determinada en reuniones efectuadas en San Antonio, Texas. El presidente Elías Calles respondió que no podía cumplir con esas propuestas. Aceptó que la iglesia pudiera nombrar a los sacerdotes para que fueran registrados por el gobierno. Teniendo en cuenta esa posición, el arzobispo Ruiz se expresó dispuesto a dirigir una nueva carta al presidente [Elías] Calles elaborada en términos muy similares a la escrita por el padre Burke al presidente [Elías] Calles el 29 de marzo de 1928, con la importante adición de que se hizo una referencia especial a un discurso público [ya mencionado] pronunciado por el Dr. Puig Casauranc, cuyo contenido fue muy grato la iglesia. A continuación, el arzobispo sugirió una respuesta similar a la enviada previamente por Elías Calles a Burke, “y que cuando la haya recibido la autoridad apropiada [probablemente el papa], las dos cartas deben hacerse públicas y los sacerdotes acudirán ante las autoridades correspondiente para poder regresar a sus iglesias.” Todos estuvieron de acuerdo con esa propuesta, pero los clérigos estimaron que era necesario enviar un mensaje a Roma para su aprobación final. Anticipándose a eso, el embajador Morrow había acordado con el subsecretario Olds que estuviera disponible toda la noche esperando un telegrama en caso de que las partes llegaran a algún acuerdo. Tan pronto como Olds recibió la comunicación firmada por Burke, la llevó a la oficina del delegado papal Fumasoni quien envió el mensaje a Roma y esperó una respuesta. El arzobispo Ruiz y Flores esperaba una contestación inmediata que permitiera abrir las iglesias el 27 de mayo para celebrar la fiesta de Pentecostés. Nadie en México esperaba una demora en la respuesta de las oficinas de la Santa Sede. Lo que sucedió a continuación representó un serio revés.

Los negociadores de la Iglesia, Burke, Ruiz y Flores, y Montavon permanecieron en México hasta que llegó la contestación oficial de Roma. Cuando llegó la noticia, recibieron la orden para regresar a Washington y que el arzobispo Ruiz y Flores procediera inmediatamente a Roma. El padre Burke fue destituido como negociador del acuerdo, algo que no sabía en el momento en que abandonó México o cuando dirigió una carta al presidente Elías Calles en la que expresó su intención de ir a Roma y abogar personalmente por evitar cualquier retraso en la materia. En su camino a Roma, el arzobispo Ruiz y Flores reveló el propósito de su viaje en una entrevista en París. Enfatizó que “la reconciliación entre la iglesia y el estado en México puede efectuarse pronto, a través de la intercesión papal.” Esa declaración empeoró la situación en México provocando el enojo del gobierno mexicano, aun cuando en notas que Ruiz Flores envió a Burke, el prelado mexicano argumentó que sus palabras habían sido mal interpretadas. Además del problema generado por el comunicado de prensa, unos días antes, los miembros de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa habían enviado un telegrama al papa indicando el que rechazaban cualquier posible acuerdo para poner fin al conflicto. El telegrama influyó en la actitud del papa. Las negociaciones alcanzaron un punto en el que una solución favorable parecía poco probable en un futuro próximo. La curia en Roma creía que demorar una decisión final les permitiría obtener mejores condiciones en futuras negociaciones con Álvaro Obregón, el posible futuro presidente de México.

Tras de que Obregón obtuvo el triunfo en las urnas, el 1 de julio, dieciséis días más tarde, sería asesinado con un revolver bendecido por el sacerdote José Jiménez quien así absolvía de su felonía a un católico fanático de nombre José de León Toral. Tras de ello, para finales de junio, el Papa había llegado a creer que algunos católicos y sacerdotes mexicanos ya no operaban sobre una base religiosa al adoptar una actitud política extremista e inflexible, que representaba un juego de no ganar. El Papa decidió colocar a personas que creía que tenían mentes más abiertas a cargo de las negociaciones y encomendó las mismas al vicepresidente de la Universidad de Georgetown, el padre jesuita Edmund Walsh, el mismo a quien años después tendrían que agradecerle haber creado esa cruzada tan pía que fue el llamado “macartismo. Un jesuita, Bernard Bergoen, desde principios de siglo XX instrumentó lo que concluiría en la reyerta inútil, y pues otro miembro de esa orden cerraría el ciclo. Un año más de sangre derramada inútilmente por miles habría de trascurrir antes de que Pío XI decidiera concluir el problema mexicano. Eso no podía ser previo a cerrar el trato con su favorito de aquellos días, el duce Benito Mussolini con quien firmaría, el 11 de febrero de 1929 los Tratados de Letrán. Cuando finalmente, el 29 de junio de 1929, se firma el Modus Vivendi en México, se hace bajo los términos que más de un año antes habían acordado el estadista, el diplomático y el sacerdote, una tercia de seres pensantes y pragmáticos alejados del fanatismo.
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Añadido (1) Mientras el CEO de la multinacional más antigua fracasa en sus gestiones para encontrar un resort en donde vaya a descansar su exprotegido venezolano, algunos agentes de ventas de la empresa exhiben comportamientos propios de la Edad Media y los tiempos de la bestia austriaca. En Polonia, se dieron a la tarea de quemar libros de Harry Potter para “limpiar hogares de fuerzas malignas.”

Añadido (2) Ante la actitud de varios que, por sus rasgos, deducimos se trata de mestizos al igual que lo somos la mayoría abrumadora de los mexicanos, nos preguntamos: ¿Qué procedimiento científico avanzado van a utilizar para realizar el proceso de purificación de genes que les permita separar lo hispano de lo indígena?

Añadido (3) Al observar la foto del ignaro con botas en pijamas, no pudimos sustraernos a recordar lo que Zócalo publicó el sábado 10 de junio de 2000, en cuyo cabezal se leía: “Considera desquiciado al candidato presidencial. Lo peor un triunfo de Fox, dice Rafael Villarreal.”
30 Marzo 2019 04:00:00
Don Rafael, un recuerdo a cinco años de distancia
A lo largo de la semana intenté, una disculpa por utilizar la primera persona del singular, una y otra vez, al sentarme frente a la computadora, pasaban los minutos mientras la hoja seguía en blanco. Aquí estoy, es la mañana del 29 de marzo, inmerso en el recuerdo de lo acontecido hace cinco años, en 2014, cuando, en esta fecha, don Rafael Villarreal Martínez partió para acudir puntual a la cita que tenía concertada, al declinar del sol de ese día, con el Gran Arquitecto. En ese contexto, solicito su venia a usted, lector amable, para presentarle una semblanza-recuerdo breve de un hombre graduado en la universidad de la vida quien, poseedor de virtudes y defectos, nunca pretendió investirse con falsos aromas de santidad.

Durante su infancia, a don Rafael le tocó vivir aquel Piedras Negras que era un pueblo y del que únicamente nos enteramos por sus relatos y las fotografías. Fue testigo de la incipiente trasformación y de como la Plaza Juárez, en donde trascurrían sus juegos infantiles, se convertía, gracias a la visión del profesor Fausto Zeferino Martínez Morantes, en un centro educativo que transformaría la vida de la Región Norte de Coahuila, y que ahora es la sede de la Universidad Autónoma de Piedras Negras. Al momento que la ciudad sufría las consecuencias del desmantelamiento ferrocarrilero, junto con su familia, tuvo que trasladarse a Monterrey, con los ojos de infante don Rafael fue testigo de los estragos causados por la revuelta encabezada por Gonzalo Escobar quien, con varios más, pretendía detener el nacimiento del estado mexicano moderno encabezado por el estadista Plutarco Elías Calles.

A edad temprana, las circunstancias familiares lo obligan a abandonar la escuela y con ello dejar en el olvido sus sueños de, algún día, convertirse en médico. Con todo el ímpetu juvenil, inicia sus actividades en Trueba y Elosua, en donde en poco tiempo empieza a hacerse notar y el éxito le llega de manera rápida sin que tuviera la madurez y la preparación profesional requeridas para manejarlo. Más pronto que tarde, entre intrigas y falta de experiencia, pagaría el precio hasta enfrentar la debacle. A partir de ahí, durante las tres décadas siguientes habría de realizar todo tipo de trabajos para ganarse la vida honestamente. Incluido estuvo el exilio laboral en el extranjero en donde por temporadas largas se apartaba de nosotros. Durante mi infancia-juventud muchas veces, al verlo llegar exhausto, tras de la jornada laboral, me pregunté como era posible que mantuviera esa determinación férrea de que la cosas habrían de cambiar para bien, claro que en ello mucho tenía que ver mi madre, doña Estela Ríos Schroeder, poseedora de un carácter a prueba de todo quien lo impulsaba a que se involucrara en otras actividades distintas a la representaba la fuente del sustento familiar.

A mitad de la década de los 1950, don Rafael se inicia en la prensa en las páginas del semanario El Bravo editado en Piedras Negras, Coahuila. Ahí, se convierte en el creador de la crónica deportiva en su pueblo. Algo tendrían sus escritos que, en 1955, Alejandro Aguilar Reyes “Fray Nano”, director del diario La Afición, el primero en su género en México, opinó respecto a la columna que publicaba señalando: “...Sinceramente lo felicito por ella. Tiene agilidad y variedad; está escrita en el lenguaje claro y sencillo que requiere el periodismo moderno y campean en las líneas, el deseo de ayudar al deporte, su mejoría y desarrollo, que son las normas bajo las cuales se fundó la “La Afición” y por fortuna ha podido mantenerlas en casi cuarto de siglo que ya tiene de vida...” Posteriormente colaboraría en los diarios La Voz del Norte, editada en Piedras Negras, y sería corresponsal de El Día originado en Monclova, Coahuila. Pero sus actividades no se quedaban únicamente en palabras, las transformaba, antes y después, en acciones.

Enamorado de los deportes, pero consciente de no poseer facultades para destacar en la práctica de los mismos, procedió a incursionar en la organización. A mediados de los 1940, aparte de armar un equipo de béisbol, Trueba y Elosua, cuyo objetivo primario era permitir que su hermano Manuel Francisco, él si dotado de habilidades deportivas bastas, pudiera participar, de manera conjunta con José Ángel Cerda, Óscar González y Alfredo Aguado, procedieron a organizar una liga de béisbol. Tiempo después, durante la primera mitad de los 1950, en unión de Ricardo Zulaica, Francisco Vielma, Roberto Rosales, Reinaldo González y Timoteo González, creó la Liga Otoñal de Béisbol de Piedras Negras. Sin embargo, había otro deporte que despertaba un interés especial en don Rafael, el basquetbol. Esa actividad deportiva la conocía como aficionado desde su infancia y para los inicios de la segunda mitad de la década de los 1950, estaba prácticamente extinguida en la ciudad. Sin embargo, un grupo de románticos del deporte integrado por José Cruz Castellanos Garza, Víctor Manuel Rueda, Matías Mendoza Perea, Timoteo González, Salvador Humberto Ramírez Nevárez, Jesús Maldonado Rebollosa, Roberto Rosales, Fidel Castillo, Antonio González Ríos y don Rafael decidieron que lo sacarían del marasmo y pusieron manos a la obra. A través de su columna semanal en El Bravo, don Rafael empezó a promover la idea de crear una Liga Municipal, al tiempo que con los otros integrantes del grupo instrumentaban acciones al respecto. Ninguno de ellos buscaba obtener beneficio pecuniario alguno, lo hacían por simple amor al deporte, como agradecimiento a su pueblo y porque estaban convencidos de que había que crear espacios para el desarrollo físico de la juventud. Con el trascurrir de los años, los frutos se vieron al lograr que, durante los 1960 e inicios de los 1970, el llamado deporte ráfaga se convirtiera en el favorito de la afición nigropetrense que llenaba primero las gradas de la llamada Cancha de los Bomberos y más tarde el gimnasio municipal.

Aparte de su pasión por los deportes, don Rafael era un lector ávido. Dos eran sus temas favoritos, uno era la tauromaquia. Sin embargo, en el caso de esta expresión cultural, alguna vez quiso ir más allá de la simple afición por revisar textos, incursionando en tres ocasiones en ella. Una como espontaneo con resultados positivos a la hora de “echar capote,” pero sin poder evitar las consecuencias que ello siempre arrastra. La segunda, mediante la participación en un festival en donde cortó los apéndices y la tercera en donde una vaquilla lo prendió ocasionando que se convenciera de que mejor era observar la plasticidad de otros desde la tribuna o bien deleitarse con la lectura sobre el tema.

Por lo que concierne a la historia, sus dos temas favoritos eran la Reforma y la Revolución Mexicana. Poseía una admiración especial por la grandeza del estadista Benito Pablo Juárez García y el presidente Venustiano Carranza Garza. Muchas fueron las horas que platiqué con él acerca de estos dos personajes. Asimismo, entre los políticos coahuilenses a quien tuvo oportunidad de conocer, destacan dos de los tres mejores gobernadores que ha tenido Coahuila en toda su historia. A uno de ellos, el coahuilense más ilustre del México posrevolucionario, Manuel Pérez Treviño. Don Rafael era un niño cuando su padre don Rafael Villarreal Guerra quien era colaborador del general, se lo presentó. La impresión que el político coahuilense le dejó nunca la olvidó y, sobre él, siempre nos proveyó con comentarios en los que destacaban el gran sentido humano que lo caracterizaba y la capacidad administrativa que poseía. En ese contexto, don Rafael daría inicio, en 2005, al proceso de rescate histórico de la figura del general. El segundo, era el gobernador Óscar Flores Tapia a quien admiraba por haber sido capaz de superar todos los obstáculos para convertirse en el gran transformador del estado durante la era moderna. Como muestra del respeto y la estimación que por él sentía, está el contenido de la entrevista realizada a don Rafael, la cual apareció publicada en Zócalo en julio de 1989, con motivo del fallecimiento del gobernador Flores Tapia.

Cuando exilio laboral terminó y, en 1979, don Rafael tuvo oportunidad de agradecerle a su pueblo, Piedras Negras Coahuila haber nacido ahí, lo hizo con toda intensidad y profesionalismo. Al recibir la encomienda de encargarse del manejo de las finanzas de la ciudad no pudo encontrar un panorama peor. El presupuesto apenas llegaba a los 27 millones de pesos y la dependencia era un desastre administrativo y financiero. La confianza en las autoridades hacía tiempo que había abandonado la estancia en ese sitio. No era sujeta de crédito y fue necesario anteponer los bienes familiares para poder obtenerlo, algo que la ciudadanía desconocía, pero aquello no era un asunto de publicitarlo, sino de obtener resultados. La labor fue intensa. Para empezar, abrió las puertas de su oficina a cuanto contribuyente quisiera ir a tratar un asunto con él. Firme creyente en la pujanza de la juventud dio acceso a una nueva generación de personal que atendía a los causantes. Consciente de las limitantes de sus conocimientos, acudió a Rodolfo Fernández González y Manuel Neavez Ríos para instalar y modernizar los sistemas de operación y logró que la tesorería de Piedras Negras se convirtiera en la primera en el estado, y la segunda en el país, que operara bajo un sistema computacional, lo cual ocurrió en enero de 1980. Aunado a ello, contó con otro par de colaboradores, Horacio Chávez Zapata y Juan Martínez, quienes desarrollaban una labor importante para invitar a los causantes a cumplir con lo establecido en la normas del municipio. Asimismo, recurrió a la asesoría jurídica de Humberto Villarreal Rodríguez para solventar las situaciones que demandaban acciones en esos terrenos. Pero a la hora de administrar los recursos, no todos eran generados vía la captación directa, una buena cantidad se logró obtener mediante la actividad que realizaba Osvaldo Villarreal Valdez quien, con su prestigio personal, lograba convencer a miembros de la sociedad civil que tomaran parte en las llamadas obras por cooperación en donde municipio y particulares aportaban cantidades similares que se traducían en obras y beneficios para la comunidad. En ese contexto, se dio la construcción del auditorio, al que se llamaría Santiago V. González, cuyo costo fue de 90 millones de pesos, de los cuales este ciudadano aportó un millón de pesos y el municipio hubo de obtener el monto restante cuya administración pasaba por el manejo que de esos recursos hiciera don Rafael. En 1981, cuando concluyó su encargo, el presupuesto había crecido en más de 1000 por ciento hasta llegar a casi 300 millones de pesos, dejando únicamente una deuda de largo plazo contratada con Banobras que rondaba los 30 millones de pesos. Es importante recordar que, entre 1979 y 1981, la inflación acumulada no rebasó el 30 por ciento.

Tras de concluir su encargo, a nivel municipal pasa a colaborar en la Tesorería General el Estado de Coahuila en donde continúa mostrando que en eso del manejo de los recursos públicos no hay que andar dando discursos sino actuar acorde con la pulcritud que demanda la administración de los bienes públicos.

Cuando, en marzo de 1982, se aproximaba la visita del candidato presidencial del PRI, Miguel de la Madrid Hurtado, a Coahuila, la situación que se vivía en La Laguna era muy complicada. El gobernador, José de las Fuentes Rodríguez, consciente de que era su responsabilidad mantener la civilidad en todos los eventos políticos que acontecieran en su estado, envió a Rodrigo Sarmiento Valtier y a Arturo de las Fuentes Hernández para que se encargaran de que aquello se desarrollara dentro de los límites de la convivencia pacífica. Sin embargo, los procedimientos poco ortodoxos de Sarmiento chocaron con la postura de Arturo y todo pintaba para ponerse peor. El gobernador decidió regresar a ambos a Saltillo y tras hacer una evaluación rápida, decidió que don Rafael se encargara de ir a recomponer aquello. Algunos de los malquerientes de este ya se imaginaban que fracasaría, poco lo conocían. Don Rafael llegó y, sin boatos, se puso a trabajar. Cuando el candidato presidencial llegó, el evento fue un éxito y ningún incidente se suscitó. Algo muy distinto a lo que acontecería seis años más tarde cuando el candidato Carlos Salinas de Gortari vivió momentos difíciles en su visita por esa región, nadie había realizado el trabajo político requerido. De porque don Rafael no escaló mayores niveles en la actividad política hay solamente una explicación, prefirió sufrir las consecuencias de ser traicionado, pero nunca ingresar al grupo de los renegados. Al dejar la práctica de la política activa, se dedicó a repasar sus vivencias.

Durante muchos años escuchamos en la familia los relatos de don Rafael acerca de la historia del pueblo, esa que acontece día con día. Una y otra vez, le insistíamos en que debería dejarla asentada en un escrito. No fue sino hasta 2005 cuando apareció publicado su primer libro “Piedras Negras, Destino y Origen. 80 años, una narración para mis nietos. En ese volumen relata como cuatro familias provenientes de diversos puntos de la geografía del país convergieron en Piedras Negras para dar origen a una familia, la nuestra. Con ese marco, rememora la vida del pueblo a lo largo del siglo XX. Si bien el escrito tuvo una aceptación excelente y los bien intencionados le hicieron ver un par de imprecisiones, no faltaron los comentarios de algunos tratando de desacreditarlo. Como respuesta cinco años mas tarde, en 2010, don Rafael daba a conocer un segundo libro sobre la historia de su pueblo, titulado “Piedras Negras, Destino y Origen. Personajes, Sitios y Recuerdos.” En este volumen deja su núcleo íntimo y sale a la calle, captura los personajes, describe los sitios y evoca los recuerdos de la ciudad.

Era obvio que para algunos resultaba incómodo que un graduado de la universidad de la vida, sin pretender asumirse como historiador de nada, sino un narrador simple, se hubiese atrevido a publicar un par de libros relatando, algo que nadie había hecho antes, la historia del pueblo rescatando con ello la memoria de personajes del día con día pertenecientes a condiciones sociales, económicas y políticas diversas. Esos incomodados de variopinta trataron de minimizar lo realizado por don Rafael. Sería el 8 de enero de 2014 cuando el entonces presidente municipal de Piedras Negras, Fernando Purón Johnston, procedió a reconocerle la aportación importante que había realizado don Rafael para recuperar la memoria histórica de su pueblo y lo nombró miembro del Consejo para la Investigación, Conservación y Promoción de la Historia, Cultura y Tradiciones de Piedras Negras. No obstante que don Rafael no pasaba por los mejores momentos en lo concerniente a su salud, aquello le hizo recobrar bríos y empezó a planear una serie de eventos para reconocer a personajes diversos en la vida nigropetrense, lo cual enfrentó el obstáculo de una burócrata de ocasión. A la par, concluyó las correcciones y adiciones a la segunda edición de su primera obra. Además, dio inicio al bosquejo de lo que podría haber sido su tercer libro. En medio de todo ello, sábado a sábado, en su programa matutino transmitido por la estación radiofónica XEMU, Juventino Botello daba lectura a pasajes de “Personajes, Sitios y Recuerdos.” Sin embargo, tras de acudir, el 19 de febrero, a la ceremonia del día del Ejército Nacional, los males de don Rafael se agudizaron y tuvo que poner un alto a sus planes. Aquí, cabe recordar lo que don Rafael le mencionara a Fernando, al decirle que la primera oportunidad para tener éxito en la vida se la dio Ramón Purón Dosal, abuelo del edil nigropetrense, y que era él, Fernando, quien se encargaba de cerrar el ciclo al realizarle aquel reconocimiento que sería el último.

Esta ha sido una semblanza de un hombre a quien el éxito le llegó muy temprano y la falta de preparación profesional le revirtió las circunstancias ante lo cual tuvo que rehacer el camino en un cuesta arriba constante. Un hombre quien creara la crónica deportiva en la prensa de su pueblo. Un hombre quien creía en la juventud y que ayudó a la formación de un par de generaciones vía la promoción del deporte, el béisbol y el basquetbol, llevando este último a vivir los mejores años nunca vistos antes, ni después en su pueblo. Un hombre que transformó, mediante capacidad administrativa, utilización de la tecnología moderna y honestidad, el manejo de los recursos públicos en el gobierno de su pueblo. Un hombre quien siempre fue congruente con su postura política y jamás renegó del orgullo que sentía por ser miembro del Partido Revolucionario Institucional. Un hombre quien, a pesar de no haber cursado niveles altos en el proceso de instrucción formal, estaba convencido de que la educación de calidad marca diferencias en el ser humano. Un hombre quien nunca quiso impostar lo que no era, pero fue capaz de regalarle a sus coterráneos un par de libros en donde les narra lo que fue la vida en su pueblo a lo largo de 85 años. Un hombre quien podía ver a todos de frente y a los ojos. Un hombre con virtudes y defectos quien jamás trató de aparecer envuelto en aromas de santidad. Un hombre quien sentía era un honor haber nacido en Piedras Negras, Coahuila, a la cual le profesaba un cariño inmenso. Un hombre amante de su familia, la que formó con doña Estela Ríos Schroeder, y que aportó a la sociedad seres de bien, comprometidos con las causas mejores. Un hombre de quien me enorgullezco haya sido mi padre. Un hombre a quien, al final de sus días, al momento que otros lo abordaban, lo hacían llamándolo DON RAFAEL VILLARREAL MARTÍNEZ.

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23 Marzo 2019 04:00:00
Los comunicados del estadista Juárez García con la jerarquía eclesiástica
Un par de días atrás, el 21 de marzo, los Juaristas celebramos el aniversario número 213 del nacimiento del estadista Benito Pablo Juárez García a quien debemos que un puñado de feudos se convirtiera en una nación tras de echar fuera al barbirrubio europeo. A la par de ello, fue capaz de concretar la separación real del estado y la iglesia católica. En ese contexto, repasaremos los comunicados que intercambió con la alta jerarquía católica de México, en su carácter de ministro de justicia y negocios eclesiásticos, respecto a la Ley de Administración de Justicia Orgánica de los Tribunales de la Nación, del Distrito y Territorios, conocida bajo el nombre de Ley Juárez.

Bajo la recomendación que nos dieran nuestros profesores de historia, “cuando recurras a otras fuentes debes de mencionarlas, de no hacerlo te convertirás en un plagiario,” hemos de mencionar que nuestros comentarios tienen como fuente documental la obra de Jorge Leonidas Tamayo Castillejos, “Benito Juárez. Documentos, discursos y correspondencia.” Procedamos al tema que abordaremos en esta colaboración.

El 24 de octubre de 1855, un abogado poblano, quien años después sería asignado para defender a Maximiliano, Rafael Martínez De La Torre, escribía al gobernador de Guanajuato, Manuel Doblado Partida, comentándole acerca de los nombramientos en el gobierno interino encabezado por el general Juan Nepomuceno Álvarez Hurtado, así como la expectativa de que pronto se emitirían reformas que tendrían que ver con el ejército, el clero y los empleados. Asimismo, Martínez apuntaba haber “hablado con el Sr. Juárez; me pareció un hombre bastante circunspecto y, si hemos de creer a su conversación vaga y general, no nos dará muchas leyes, sino las puramente precisas y consultando siempre al interés general, sin marcar en sus disposiciones el espíritu de partido que tan fuerte ha sido para nuestra pobre Patria.” En ese momento Juárez, tras doce días al frente del Ministro de Justicia y Negocios Eclesiásticos, ya había renunciado al cargo. Sin embargo, el presidente Álvarez Hurtado logró convencerlo de que desistiera. Desde esa posición, Juárez presentó al mandatario el proyecto de la ley que, posteriormente, se identificaría bajo su nombre, misma que fue expedida el 22 de noviembre de 1855. En el proceso de elaboración, Juárez contó con el apoyo de un par de paisanos, Manuel Dublán Fernández de Varela e Ignacio Mariscal Fagoaga. Este texto legal habría de cimbrar las estructuras del país al eliminar el fuero de un sector privilegiado, el clero y las órdenes religiosas.

Tres fueron los artículos, dos de las disposiciones generales y uno de los transitorios, de la Ley Juárez que habrían de generar el desasosiego entre los miembros de la alta jerarquía católica mexicana quien, en el proceso por defender canonjías, acabaron por mostrar lo que eran. Pero antes de ir al intercambio de misivas, trascribamos el contenido de los artículos de la Ley Juárez que generaron el diferendo.

En el artículo 42 de la ley mencionada, se lee: “Se suprimen los tribunales especiales con excepción de los eclesiásticos y los militares. Los tribunales eclesiásticos cesaran de conocer en los negocios civiles y continuaran conociendo de los delitos comunes de los individuos de su fuero, mientras se expide una ley que arregle este punto. Los tribunales militares cesarán también de conocer de los negocios civiles y conocerán tan solo de los delitos puramente militares o mixtos de los individuos sujetos al fuero de guerra. Las disposiciones que comprende este articulo son generales para toda la República y los Estados no podrán variarlas y modificarlas.”

El artículo 44 era más corto y establecía que: “El fuero eclesiástico en los delitos comunes, es renunciable.”

Respecto al contenido al artículo 4º transitorio, a la letra apuntaba: “Los tribunales militares pasarán igualmente a los jueces ordinarios respectivos, los negocios civiles y causas criminales sobre delitos comunes, lo mismo harán los tribunales eclesiásticos con los negocios civiles en que cesa su jurisdicción.”

Dos días después de que fuera expedida la Ley Juárez, su autor se la envió al nativo del Valle del Pilón (hoy Montemorelos), Nuevo León quien se desempeñaba como arzobispo de México, José Lázaro De La Garza y Ballesteros. Le indicaba que el documento remitido era para su cumplimiento y que lo comunicara “a los tribunales episcopales de su obispado para el mismo objeto.” Al día siguiente, el ciudadano De La Garza respondió de que dada la gravedad de lo contenido en “los artículos 42, 44 de la ley y el 4º de los transitorios, debo antes de contestar, debo de oír a mi ilustrísimo y venerable Cabildo…” tras de que los integrantes del cabildo mencionado, Manuel Moreno y Jove, José María Covarrubias, Salvador Zedillo y José Miguel Zurita respondieron que el contenido de los artículos referidos atentaba en contra de los derechos de la iglesia y a los cánones sagrados, el arzobispo remitió su respuesta al entonces ministro Juárez. En ella, le decía que eso del privilegio del fuero era algo que ‘ha estado vigente y han disfrutado de él todas las iglesias de la república desde que se fundaron…que las leyes de la Iglesia prohíben que de grado o por fuerza consienta alguno de la privación del fuero…” Además, le decía que durante su “consagración [juró] guardar estos mismos principios o disposiciones generales de la Iglesia.” Tras de eso e interpelar el contenido de los artículos arriba referidos, mencionaba que enviarían el asunto a consideración del papa de quien esperarían la opinión respectiva, repitiendo que antes no harían nada que contraviniera las leyes de la iglesia. Por supuesto que ahí no terminaría el intercambio epistolar, el futuro estadista mexicano tenía la gran ventaja de conocer de primera mano lo que eran los eclesiásticos y no iba a intimidarse ante cura u arzobispo alguno.

En la contestación, Juárez establecía que la ley nada tenía que ver con asuntos de religión, sino que está enfocada exclusivamente a los de administración de justicia ya que “en ella no ha hecho otra cosa que restablecer en la sociedad la igualdad de derechos y consideraciones, desnivelada por gracia de los soberanos…” Pero para ese momento los tiempos ya eran otros y “la autoridad suprema, al retirar las gracias o privilegios que alguna vez concede, usa de un derecho legítimo que nadie le es licito desconocer y mucho menos enervar.” Acto seguido, lo invitaba a que recordara “el origen del fuero y, penetrado de esa verdad, no encontrara motivo para que el Soberano [el presidente] ocurra al Sumo Pontífice y acuerde y combine con Su Santidad un punto que es de su libre atribución, y respecto del cual no reconoce en la tierra superior alguno.” Además de conminarlo a coadyuvar en el cumplimiento de la ley, Juárez García le recordaba a De La Garza Ballesteros que “las consecuencias del desobedecimiento de la ley serán de su exclusiva responsabilidad…” tras de que, el 1 de diciembre, el arzobispo le reitero al ministro que el objetivo de que el “asunto pasase a nuestro Santísimo Padre el Romano Pontífice, no [es] con el fin de sujetar a su jurisdicción la de la Nación, sino con el de que si lo tuviese a bien, me diese la libertad que no tengo, de prescindir de la leyes insinuadas y del juramento que digo; libertad que ningún otro puede darme, ni tomármela yo.” Ninguna duda de que este neolonés anteponía a los intereses de su patria los de una jurisdicción externa. Para que no hubiera duda de por donde andaban sus lealtades, el 4 de diciembre, el arzobispo insistió en que al someter nuestras leyes a la aprobación del líder de una organización multinacional [este es un calificativo nuestro], “en nada se degradara con esto la dignidad de la Nación, antes bien, dará ésta un testimonio de que observa para con la Santa Sede la consideración que se merece [y preguntamos nosotros ¿en función de qué?] y de que son sinceras sus miras de que todo se haga entre nosotros con la tranquilidad y calma que es de desearse reine en todas las clases de la sociedad.” Al hermano de José María de Jesús Parás y Ballesteros, aquel quien fuera el primer gobernador constitucional de Nuevo León, solamente le faltó solicitar al abogado oaxaqueño que se arrodillara y pidiera perdón por andar soliviantando las buenas costumbres. Pero las cosas no paraban ahí, el arzobispo de México ya había puesto en tono similar a varios más de sus colegas.

El obispo de San Luis Potosí, Pedro Barajas y Moreno, se dirigió al ministro Juárez García en respuesta al comunicado que este le remitió. El ciudadano Barajas señalaba: “Sé que debo obedecer a la autoridad, no solo por el temor de desagradarle, sin o por la conciencia, pues el que resiste a la potestad resiste a la ordenación de Dios; pero también sé que es menester obedecer a Dios antes que a los hombres; así es que cuando la Ley civil manda alguna cosa contraria a los deberes religiosos de un obispo, no puede éste sencillamente prestarle su obediencia, sin hacer traición a sus deberes para con Dios.” Tras de utilizar argumentos similares a los empleados por De La Garza en lo concerniente a los artículos 42 y 44, así como el 4º transitorio, terminaba, como dirían el pueblo, ‘dando coba,’ al ministro Juárez diciéndole que esperaba interpusiera “su respetable influjo con S(u). E(xcelencia). [en este caso el presidente Álvarez], cuyo catolicismo es tan notorio, a fin de que se digne libertar a la iglesia de quien es hijo, lo mismo que V(uestra). E(xcelencia) de la amargura que le ocupa por las prevenciones de esta Ley, que sin acuerdo de la Silla apostólica despojan al clero del fuero que ha tenido por largos siglos [y, decimos nosotros, les permitió cometer tropelía y media cobijándose bajo el manto del Gran Arquitecto]. Las cosas no paraban ahí, faltaba que un par más de prelados expresaran su inconformidad al ministro Juárez García.

El primero fue el obispo de Guadalajara, Pedro Espinosa y Dávalos, quien, el 7 de diciembre trasmitió una carta larga como respuesta a la indicación de que procediera a cumplir con la ley. Invocaba que, desde los primeros siglos de la era cristiana, los soberanos otorgaron privilegios a los sacerdotes para que gozaran de inmunidades y privilegios. En función de ello, decía el ciudadano Espinosa, “la veneración a los sacerdotes es una consecuencia del aprecio y el respeto a la religión…la honra que al tributa al sacerdocio ha sido en todo tiempo el principal apoyo de todas la religiones; que mientras se ha tributado honor a los sacerdotes, en esa misma proporción se ha apreciado el culto divino; que despreciados aquellos, se menosprecia a éste, a lo que se sigue el ateísmo y la anarquía.” Eso es una falacia, ni ayer, ni hoy, la forma en que cada uno tenga su relación con el Gran Arquitecto nada tiene que ver con andar de genuflexo con aquel que tiene como modus vivendi el decirse su representante ante nosotros. Entonces, en aquel diciembre de 1855, el obispo de Guadalajara mostraba que su preocupación real era la aparición de la competencia en el negocio que le surgió desde la mitad del siglo XVI, cuando “Lutero se propuso combatir, con el objeto de aniquilar, si posible fuera, el catolicismo: por eso quería que los príncipes revocasen la libertad dad a las personas y cosas eclesiásticas. Propagándose las doctrinas y las máximas de este heresiarca, natural era que en todos los pueblos que las adoptaron despareciese la inmunidad del clero.” Asimismo, indicaba que en los pueblos donde se habían introducido “los falsos principios del protestantismo…, se ha debilitado en ellos el amor y el respeto a la verdadera Iglesia de Jesucristo…” O, para decirlo en términos llanos, habían dejado de percibir utilidades. Pero no paraba ahí, igual que su colega Barajas, Espinosa recurría a la muletilla del catolicismo del presidente Álvarez y de que no agraviaría a la religión con actos de ese tipo, le restregaba con que, en el Concilio de Trento celebrado entre 1545 y 1563, se recomendó la inmunidad eclesiástica la cual decía, el prelado, “se conserva perpetuamente salva y segura de cualquier impedimento.” Acto seguido, le comentaba que era obligación de los gobernantes restituir todos sus derechos a la iglesia y vigilar que sus vasallos observaran de manera obligatoria respeto al clero.” Párrafos después, el ciudadano Espinosa mencionaba que no dudaba que el presidente Álvarez habría de mandar al papa la ley en discusión para que este “acordase lo que convenga sobre el particular.” Argüía que el CEO de la multinacional más antigua poseía el derecho divino para determinar si un país soberano podía o no establecer sus leyes. Para que no quedara duda alguna de como sentía que ellos por haber cursado la carrera eclesiástica y desempeñar la profesión de sacerdotes eran superiores al resto de los mortales y por supuesto estaban por encima de los gobiernos civiles, el ciudadano Espinosa apuntaba que: “mi silencio seria un crimen a los ojos de Dios…no busco ni debo hallar cuando se trata de los derechos de la Iglesia, de unos privilegios, que cualquiera que sea su origen, han sido acordados a una sociedad [¿anónima?] soberana e independiente, y por lo mismo son de una esfera eminente y no están sujetos a las comunes reglas de los privilegios.” ¿Así o con una soberbia mayor? Y de aquí pasamos al cuarto inconforme.

El 8 de diciembre, el obispo de Michoacán, Clemente de Jesús Munguía y Núñez, procedió a responder al ministro Juárez mencionado que la contestación previa que este dio al requerimiento del 30 de noviembre enviado por Munguía para que se suspendiera la ejecución de la Ley en tanto no fuera sometida al papa. En aquella misiva, el obispo michoacano indicaba que: “me atrevo a esperar que tomando en su alta consideración la gravedad suma y las trascendencias incalculables de este negocio, hará presente a nuestro Santísimo Padre [Giovanni Maria Mastai-Ferretti, el papa Pío IX] cuando estime conveniente para su final resolución y mandará suspender entre tanto los efectos de los artículos [42, 44, y 4º transitorio].” Acto seguido, escribía que ese oficio “no es una solicitud, sino una protesta…” Al igual que lo hiciera la tercia de obispos que ya se había manifestado, invocaba que las disposiciones de la iglesia católica estaban por encima de aquellas que emanaran del fuero civil y por lo tanto no estaba dispuesto a cumplir ni con la Ley Juárez, ni con ninguna otra que no fuera del agrado de las autoridades eclesiásticas.

En las cuatro respuestas de los eclesiásticos se observa un denominador común, la soberbia. Ellos, ayer y hoy, son unas personas que desempeñan una actividad profesional y no son superiores a nadie, ni merecedores de canonjía alguna. No entendían que contrario a lo que habían vivido en México por casi tres centurias y media, en ese instante se encontraban ante una generación como nunca se había dado, ni se ha repetido hasta nuestros días, la de los HOMBRES DE LA REFORMA. Estos estaban convencidos de que era necesario crear una nación y ello pasaba por colocar a la curia en el sitio que le correspondía, atendiendo los asuntos espirituales y dejar de meter su nariz en las cosas de la vida civil. A pesar de todas las resistencias, incluido el apoyo que dio la curia para patrocinar la invasión del barbirrubio austriaco, al final fue factible crear una nación en la cual prevaleció la separación entre el estado y la iglesia. Hoy, observamos como algunos quienes se declaran herederos del estadista Benito Pablo Juárez García, se atreven a auto investirse como dignos de calzar la levita negra. Sin embargo, en cuanto se les aparece un ministro, de cualquier culto religioso, nos muestran que dicha casaca es de tallas varias veces más grande a la que ellos portan. Ante respuestas como las que, en el caso que hemos revisado, recibió el estadista Juárez García seguramente responderían que lo van a someter a consideración, no vaya a ser que los señores sientan que se les lastiman sus muy personales y respetables formas de interpretar la relación con el Gran Arquitecto, algo que nada tiene que ver con los asuntos de estado.


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Añadido (1) Dicen que al espíritu de Manuel del Refugio González Flores le ha dado por deambular durante las noches por las oficinas instaladas en un edificio antiguo. Para lo que nadie tiene explicación es porqué, a la par, suena como sí abrieran y cerraran cajones. ¿Qué buscara?

Añadido (2) En el pretérito, algunos utilizaban sahumerios y pócimas para comunicarse con los dioses. Hoy, eso ya terminó y, gracias al avance tecnológico, el WhatsApp es el instrumento de enlace. Bueno, eso dice el gobernador de Nuevo León. Sin embargo, no hay que descartar que la conexión se logre mediante una combinación de lo añejo y lo moderno. ¿Usted qué cree?

Añadido (3) Apenas tienen unos meses y ya casi levitan. Por lo pronto, solamente dicen: “nosotros los intelectuales…” Eso no lo habíamos escuchado ni siquiera al más petulante de aquellos a quienes, en el pasado, se les identificaba como poseedores de esa característica.

Añadido (4) A pesar de lo que digan otros, sostenemos que Luis Donaldo Colosio Murrieta instrumentaría y ejecutaría la parte social que le faltaba al modelo económico que el presidente Carlos Salinas De Gortari había puesto en marcha. Para ello, lo formó a lo largo de seis años hasta convertirlo en candidato. Además, sabía que era el único quien no lo iba a traicionar. Nada de que el presidente fue el responsable de los acontecimientos sucedidos el 23 de marzo de 1994.
16 Marzo 2019 04:00:00
Un marinero y tres papas
Todos conocemos el relato, nos lo cuentan desde edad temprana y es digerido tal cual. Creemos a pie juntillas como un marinero pobre, y algunos poco cuidadosos lo califican de iletrado, fue capaz de convencer a los reyes de España, Isabel y Fernando, para lanzarse a una aventura incierta. Todo ello suena muy romántico, pero cuando uno se mete a estos asuntos de la historia, le empiezan a surgir dudas de que los eventos se den en forma lineal. En ese contexto, uno de los tópicos que nos despierta interés singular, haciendo la aclaración de que no somos expertos en el tema, es lo acontecido durante el Renacimiento acaecido entre finales del Siglo XV y el XVI. En esas andábamos cuando, hace un par de años, adquirimos un libro titulado “Christoper Columbus, the Last Templar,” escrito, en 2005, por un periodista italiano Ruggero Marino quien soporta su relato con fuentes primarias documentales sólidas que definitivamente hacen de la obra un instrumento serio. Durante ese lapso, el volumen permaneció, junto a otros, en espera del momento en que se diera la conjunción entre el lector y la obra, misma que se suscitó un par de meses atrás. El resultado fue una lección provocadora en grado alto que nos plantea cuestionamientos sobre quien era realmente Christopher Columbus, situaciones y eventos acerca del llamado descubrimiento de América, y el rol que tuvieron en todo ese proceso una tercia de ciudadanos con la hormona muy alebrestada, lo cual no les impidió ser investidos como jerarcas de la iglesia católica, ellos eran: Giovanni Battista Cybo, conocido como Inocencio VIII, Rodrigo Lazol y Borja, más mentado como Alejandro VI, y Giuliano della Rovere, identificado como Julio II. Sobre esto, nos permitiremos compartir con usted algunos aspectos de lo planteado por Marino.

Empecemos por definir por qué Marino utilizar el término “Last Templar” (Último Templario) para definir a Cristóforo Colombo (ese era el nombre real de quien conocemos castellanizado como Cristóbal Colón). Los Caballeros Templarios eran una orden que fue fundada en el año 1119 por un grupo de siete personas encabezadas por el caballero francés, Hugh de Payens. El objetivo de esta organización era proteger a los peregrinos cristianos que visitaran Jerusalén y la Tierra Santa. Al año siguiente, el rey de Jerusalén, Balduino II, les entregó el edificio que es conocido como el Templo de Salomón y la organización empezó a ser conocida como los Caballeros del Templo de Salomón, el cual devino en simplemente los Templarios. En enero de 1120, Lamberto Scannabecchi, el papa Honorio II, reconoció la organización que con el devenir del tiempo habrían de convertirse en importantes guerreros participantes, portando su vestimenta blanca con una cruz roja de ocho puntos, en las Cruzadas en defensa de la fe católica en contra de los musulmanes. Asimismo, la organización habría de convertirse en una institución bancaria que ganaba influencia a lo largo de Europa. Ante la importancia que obtenía la organización, pronto los gobernantes de Europa empezaron a resentirlo y, en enero de 1307, el rey de Francia, Felipe IV ordenó fueran arrestados los Templarios que vivieran en su reino. Fueron acusados de todo tipo de delitos y por supuesto de idolatría. Ante ello, Raymond Bertrand de Got, el papa Clemente V, tras de que el gran maestro de la orden, James de Molay y otros fueron obligados a confesar, instruyó se capturara a los miembros de esa organización que vivieran en Europa occidental. En Paris, en 1310, con los siempre bondadosos métodos cristianos, fueron quemadas 54 personas. En 1314, seguiría una suerte similar de Molay y el preceptor de Normandía, Geoffrey de Charney. Finalmente, el 3 de abril de 1312 el papa abolía a los Caballeros Templarios. Si bien eso es aceptado como verdad oficial, siempre ha prevalecido que no fueron exterminados del todo y a través del tiempo han estado ahí bajo el nombre de distintas organizaciones. En ese entorno es que Marino señala que el ciudadano Cybo tenía un ancestro, el papa Bonifacio IX, Tomacelli Cybo, quien en 1394 había tenido acercamientos con miembros de esa sociedad oficialmente desaparecida. Respecto a la liga de Colombo con la organización, Marino apunta hacia algo que pocas veces prestamos atención, las cruces que aparecen en las velas blancas de las embarcaciones comandadas por el marinero italiano eran similares a las utilizadas por los Caballeros Templarios. Pero seguramente usted, lector amable, se ha de preguntar como era posible que un con un marinero pobre, Colombo, se hubiera relacionado con un prelado de nivel tan alto, Cybo.

Empecemos por don Giovanni Battista quien provenía de una familia de orígenes griegos que con el trascurrir del tiempo se convertirían en nobles de Venecia y Génova que habían tenido entre sus miembros mas de un almirante. Pero este Cybo aspiraba a navegar en otras aguas igual de procelosas y se convirtió en sacerdote hasta que en 1473, gracias a la influencia del cardenal Giulliano della Rovere sobre su tío Francesco della Rovere, el papa Sixto IV, se convierte en cardenal. Bajo ese estatus, en 1476, Cybo se queda encargado de la iglesia cuando el papa sale para Campagnano buscando evitar los efectos de una epidemia de plaga. Ahí confirma sus habilidades ya demostradas anteriormente cuando fue enviado a lograr la paz entre el rey de Nápoles, el duque de Milán y los florentinos con el papa. Asimismo, se trasladó en un par de ocasiones a Levanto para apaciguar a los turcos. En 1484, tras de la muerte de don Francesco, en un conclave de tres días, Cybo es seleccionado como el papa número 213. Esto fue un uppercut salvaje a la barbilla del español Rodrigo Lazol y Borja quien, trastabillante, se fue hacia las cuerdas en espera de reponerse y cobrarse la afrenta. Pero volvamos a don Giovanni quien como papa poco es recordado por sus acciones positivas, más se enfatiza en sus negativos. Entre estos sobresalen sus apetencias sexuales por las féminas que lo llevaron a tener dos hijos reconocidos, Franceschetto y Teodorina, así como un sinnúmero de sobrinos y sobrinas. Para que se vea cuan responsable era Cybo, se encarga de oficiar la misa en al cual contraen nupcias su hijo con Maddalena de Medici, la hija de Lorenzo el Magnifico amo y señor de Florencia. En estos terrenos, los de vástagos reconocidos o no, Marino nos liga con los orígenes oscuros de Cristforo de quien a ciencia cierta no sabemos sobre sus padres, ni en donde realmente nació, aun cuando la versión más conocida es la de Génova, sitio en donde también arribó al mundo Giovanni Battista. En medio de esos claroscuros, de pronto, Cristóforo, se nos aparece en las cortes europeas, Francia, Portugal, España, con acceso a personajes que no es usual, ni ayer ni hoy, que acepten entrevistarse con un cualquiera.

A todos esos sitios, Colombo no acudía a tomar el té. A lo largo del gobierno de Inocencio VIII, Colombo tuvo acceso a la biblioteca del Vaticano en donde se dedicó a estudiar textos antiguos y revisar con detalle mapas que venían de tiempo atrás en los cuales era factible presumir la existencia de otras tierras mas allá de los confines de Europa. Para Colombo no era desconocido que otros, como los vikingos y Marco Polo, ya sabían de esos lugares. En esto, se presume, de acuerdo con la tesis de Marino, que la iglesia católica ya tenía conocimiento de eso, pero estaba en espera del momento adecuado para actuar en consecuencia. Entre todo ello, estaba expulsar a los moros de Europa y, en esa encomienda, Inocencio VIII jugó un papel preponderante. En un momento dado, Cybo envió delegados para que se entrevistaran con los dirigentes de las diversas casas reinantes de Europa. El mensaje era claro, olviden sus diferencias personales y únanse en contra del enemigo común, los musulmanes. Si bien, relata Marino, no logró la cooperación vía tropas, si le fue factible acopiar recursos suficientes con los cuales lo mismo apoyó los viajes de Colombo que abasteció a Isabel y Fernando para que pudieran conquistar Granada. Con esto, volvamos a los orígenes de Cristóforo. En una serie de imágenes que nos presenta Marino, se puede observar que la de Colombo parece una calca de Arano Cybo, el padre de Giovanni Battista. Asimismo, en otra de este último y la del marinero genovés, la semejanza es mucho más que coincidente. Bajo esa premisa, es factible presumir que aquel a quien conocemos como Cristóbal Colón, Cristóforo Colombo o Christopher Columbus era uno de los hijos que por ahí fue sembrando el piadoso de don Giovanni quien en este caso si actuó como padre responsable y por una razón desconocida lo seleccionó para cumplir el viejo anhelo de los Caballeros Templarios.

El padre de Cybo era judío, su abuela era musulmana y él resultó cristiano. De acuerdo con Marino, el linaje del papa Inocente VIII provenía de Moisés y esto lo llevaba a Jerusalén y a David del cual supuestamente Jesucristo es descendiente. Ello implicaba poseer “sangre real” el santo grial del cual eran guardianes los Caballeros Templarios cuyo objetivo final era crear la Jerusalén nueva en donde predominara una sola religión resultado de la combinación de la sabiduría espiritual de la judía, la musulmana y la cristiana. Con esta racional, Marino justifica que Colombo haya sido el escogido para realizar la travesía hacia tierras que ya se sabía existían, pero se esperaba el momento adecuado para visitarlas. En este entorno, surgen otros eventos que es valioso mencionarlos.

En 1481, fallece Mehmed II quien había conquistado Constantinopla en 1453 y con ello asestado un duro golpe al cristianismo. Los hijos de este sultán, Bayezid y Jem se enfrascan en la lucha por la sucesión, siendo derrotado el segundo quien tiene que huir y, aprovechando sus relaciones con los Caballeros de San Juan de Jerusalén, logra instalarse en la isla griega de Rodas. Con tal de recibir apoyo, el príncipe Jem ofrece que, si es apoyado para derrocar a su hermano, habrá de firmar la paz entre el Imperio Otomano y el cristianismo. Sin embargo, Jem acaba convertido en moneda de cambio. Primero, Pierre d’Aubusson negocia con Bayezid la paz y después logra un acuerdo para mantener cautivo a Jem a cambio de 40 mil ducados anuales. En 1482, Jem es llevado a Francia en donde permanece como prisionero en sitios diversos hasta que en 1489 llega a Roma en donde es recibido por el papa. Varias son las reuniones que sostienen ambos, pero eso no evita que se convierta en simplemente un instrumento ya que, a cambio de mantenerlo prisionero, Inocencio VIII recibe de Bayezid 120 mil coronas, la reliquia de la lanza que supuestamente hirió a Jesucristo en un costado, 100 moros esclavos y 40 mil ducados anuales. Las piezas del rompecabezas se iban acomodando

Llega 1489 y julio es un mes crucial. Dos franciscanos del Santo Sepulcro en Jerusalén llegan a la corte de Isabel y Fernando. Originalmente, el sultán de Egipto los envió con Inocencio VIII quien a su vez los turnó hacia los monarcas hispanos. Los personajes eran portadores de un mensaje muy claro: o dejaban de atacar a los moros en España o los cristianos quienes vivían en Palestina sufrirían las consecuencias. Esta pareja fue recibida por Colombo y seguramente hablaron sobre su expedición y cuan necesario era tener oro para emprender la Cruzada. Tras de ello, el dúo retorna a Roma en donde el papa trataba de encontrar una solución al problema del oriente. Pronto, emite comunicados a los príncipes europeos solicitándoles unión ante el enemigo. En el verano de 1490, se acuerda la unión llevando como comandante supremo al ‘rey de Roma.” Léase el papa.

Mientras tanto, en España, tras la caída de Granada los reyes no tenían como posponer la respuesta a Colombo, pero les faltaban recursos. Ante ello. El papa envía a la corte española a los hermanos Geraldini. La mitad de la suma requerida proviene de fuentes italianas en Génova y Florencia. La otra mitad fue provista con recursos españoles que salieron de la Santa Hermandad. Nada de que la joyas de Isabel fueron empeñadas, estas ya habían sido utilizadas en la lucha en contra de los moros. Los 1,140,000 maravedís llegaron vía las manos de uno de los hombres de Fernando. Y así fue como Cristóforo pudo realizar sus viajes y “descubrir” esta tierras. Sin embargo, hay algo que Marino trae a colación.

Si bien para todos nosotros fue el 12 de octubre de 1492 cuando Colombo y sus tres carabelas con la cruz de ocho puntas plasmadas en el blanco de sus velas aparecieron por vez primera en las tierras que hoy identificamos como el Continente Americano, pareciera que no fue la vez primera que lo hacía. Colombo, según Marino, estaba perfectamente cierto que por estos rumbos ya habían venido varios antes que él. Y eso no lo dedujo de observar las estrellas, sino del estudios cuidadosos que mencionamos líneas arriba. Sin embargo, para efectos de la cristiandad era muy importante que se realizara en esas épocas y anunciarlo como el gran descubrimiento. En lo relacionado con aquello de que el “descubrimiento” se dio antes de la fecha oficial, hay un argumento sobre el cual Marino llama la atención.

Oficialmente, Giovanni Battista Cybo falleció el 25 de julio de 1492. Sin embargo, en la lápida, elaborada en 1621, se leía: “A Inocencio VIII Cybo, supremo pontífice, custodio perpetuo de la paz italiana, se distinguió por la gloria de que durante su tiempo fue descubierto el nuevo mundo, por imponer el nombre de católico al rey de España, por recibir el titulo de la sagrada cruz, por la lanza que hirió a Jesucristo en un costado, la cual fue enviada como un regalo por Bayezi, tirano (emperador) de los turcos…” Es importante mencionar que dicha tumba fue movida de la Basílica de Constantino a la nueva Basílica de San Pedro. Hoy, la tumba aparece en el área oscura de la basílica a la izquierda de la entrada y en ella se lee como fecha de su fallecimiento 1493. Esto lleva a varios cuestionamientos.

¿Cómo es posible que se establezca su muerte un año mas tarde a la oficialmente aceptada? ¿Se quiso ajustar la fecha para encubrir que el “descubrimiento” fue un evento precedido por otro viaje de Colombo? ¿Por qué la tumba de un papa oscuro para todos nosotros permanece en la parte superior de la basílica en donde la única otra tumba ubicada ahí es la de San Pedro?

Las respuestas no la tenemos, ni Marino las provee. Al final, lo que para la mayoría de los católicos queda en su mente es que Inocencio VIII no juega un papel importante en el descubrimiento, que su pasión por las damas era singular y con varias de ellas engendró al menos ocho hijos, supuestamente uno de ellos Cristóforo Colombo, que dio rienda suelta al nepotismo y libertinaje, así como que, ante sus males, le dio por beber sangre de infantes, en realidad trataron de practicarle la primera trasfusión. Mucho de ese olvido y énfasis sobre los pecados de Cybo, fueron alimentados por su sucesor Rodrigo Lanzol y Borja, o Rodrigo Borgia o Alejandro VI, como guste usted llamarlo. Este dechado de virtudes vertió sobre su antecesor todo el lodo factible para que nada bueno se recordara de él y sobresaliera lo negativo. Así, se cobraba aquel uppercut que, trastabillante, lo envió a las cuerdas. Mientras tanto, el valenciano y su prole, también contabilizada en ocho chamacos, daban vuelo al esparcimiento solaz en donde la consanguineidad no era freno para nada. A las criticas sobre Inocencio VIII, se sumaría años más tarde Giuliano della Rovere, ya como el papa Julio II quien se refería a él como “marrano” y circuncidado. Don Giulliano también era poseedor de una hormona alborotada y cuenta en su haber tres hijas conocidas, váyase a saber cuantos mas fueron en realidad. Esto fue un breve repaso sobre el contenido de un libro, “Christopher Columbus, the Last Templar” de Ruggero Marino, el cual invita a quienes, como este escribidor, somos legos en el tema y no profesamos religión alguna, nos gusta conocer acerca de una institución promotora del bien y las buenas costumbres como las que ejercieron los personajes píos que se mencionan a lo largo de este artículo. Ello, nos permite entender un pasado que necesariamente ayuda a explicar el presente.


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Añadido (1) De las cloacas de la sociedad estadounidense volvieron a emerger las miasmas. Ahora no fue entregar “premiecitos.” En esta ocasión, se trata de óbolos en forma de muchísimos billetes verdes a universidades como Yale, Georgetown, Stanford, UCLA, San Diego, USC, Texas, Wake Forest y algunas otras que aun no se les menciona públicamente. El objetivo de tanta generosidad fue falsificar resultados de exámenes y, en esa forma, asegurar que sus nenes fueran aceptados en dichos centros de instrucción. Por supuesto que instituciones tan prestigiadas nada sabían de los enjuagues, sus directivos creían que las donaciones eran de puro amor.

Añadido (2) Ya empezaron los agarrones y eso que esto apenas empieza. Es un preámbulo de lo que veremos cuando llegue el momento de otras decisiones más importantes hacia el futuro. Morenas contra morenos a dos de tres caídas, sin límite de tiempo, salvo que el referee intervenga.
09 Marzo 2019 04:00:00
El presidente Carranza Garza beisbolero y antitaurino
Es conocido por la mayoría que don Venustiano no guardaba ningún aprecio sobre las actividades taurinas, pero lo que poco o nada se conoce es de que fue el primer presidente de México beisbolero. Pero antes de que alguien lo imagine portando spikes, pantalones bombachos, camisola, gorra y, por supuesto, la majagua al hombro o bien lo figure alzando una pancarta en la cual aparecen unas manos teñidas de rojo como protesta en contra de las corridas de toros, procedamos a comentar como reaccionaron los estadounidenses cuando el gobernante mexicano emitió disposiciones para prohibir las corridas de toros en México y habló a favor de promover el beisbol en nuestro país. Empecemos por esto último.

El beisbol, se dice, entró a nuestro país vía Veracruz, cuando las tropas estadounidenses nos hicieron la primera visita, en 1847, para llevarse un “pedacito” del territorio nacional. Muchos años después, en 1907, según lo apuntaría en octubre de 1921, el presidente de la Liga Americana, Ban Jonson, Charles A Comiskey, trajo a su equipo los Medias Blancas de Chicago para que realizaran en México su “spring training,” y despertaron un gran interés por tratar de entender el jueguito. Siete años más tarde, se dio una visita no tan grata de otros estadounidense, aun cuando decían tener intenciones buenas por venir a salvarnos del chacal. A mediados de mayo de 1914, los soldados fueron a darse una vuelta por los sitios de diversión del puerto y acudieron a una pelea de gallos. Poco estomago tuvieron para soportar aquel espectáculo pleno de barbarie y sadismo. Aun cuando no somos animalistas, ni modo de no estar de acuerdo con ellos. Para tratar de recuperarse, decidieron armar un partido de beisbol entre los integrantes del cuarto batallón de infantería y el cuerpo de ingenieros. En esa forma, paliaban no tener noticias sobre los resultados de los partidos de las llamadas ligas mayores estadounidenses. Eso sí, debe quedar claro que los aficionados veracruzanos no asomaban nariz alguna en ese evento deportivo, destinado exclusivamente para los “visitantes-salvadores.” Pero el que lo practicaran los intrusos no hacia de este deporte algo exclusivo de ellos, a lo largo del país los mexicanos se habían aficionado a este deporte y lo practicaban a su manera. En ese contexto, en octubre de 1915, ya con los acomedidos fuera del territorio nacional, el presidente Venustiano Carranza Garza consideró cuan necesario era promover el esparcimiento deportivo.

El 22 de octubre de 1915, en los diarios estadounidenses, aparecían unas declaraciones del agente consular mexicano en Los Ángeles, Adolfo Carrillo, quien anunciaba que don Venustiano habría de impulsar la práctica del beisbol para que los mexicanos tuvieran una alternativa en que entretenerse y dejaran de acudir a las corridas de toros. Una semana después, el 30 de octubre, se publicaba una noticia acerca de un comunicado que el presidente Carranza Garza había enviado al cónsul mexicano en Philadelphia, Theodore Frezieres. En el cuerpo del escrito, se le hacía saber que, una vez que terminara de apaciguar a Villa, se emprendería una campaña para lograr la regeneración nacional y en ella iba implícita promover el beisbol y convertirlo en el pasatiempo nacional. El objetivo era que llegara a sustituir en el animo del pueblo la afición por las corridas de toros y las peleas de gallos. En la opinión de The Washington Post, pareciera que Carranza se había percatado de que no era suficiente con emprender acciones para mejora las finanzas publicas y el reparto agrario como elementos fundamentales para revertir la situación mexicana. Se requería algo más para mejorar el diario vivir y en ello iba la promoción del beisbol, del futbol, la equitación, el tenis, el golf, el baile o inclusive simplemente practicar la caminata, algo que, como lo indicaba el diario, no era un asunto simple para poder elevar el espíritu de los mexicanos y estos tuvieran algo más en que entretenerse durante su tiempo libre. En ese contexto, se comentaba que en ciudades como México y Puebla ya había varios equipos, pero aun quedaba mucho por realizar. Eso sí, en caso de que Carranza fuera capaz de convertir el beisbol en el juego nacional, habría hecho un gran servicio a la nación y los resultados positivos que ello arrojara habrían de ser permanentes. En medio de todo ello, el gobernante mexicano no se detenía en palabras y actuaba en consecuencia.

El 5 de noviembre de 1915, en el New York Times, se daba a conocer que el secretario de la National Association of Professional Baseball Clubs, John H. Farrell, viajaba de Auburn, New York a Chicago, Illinois para entrevistarse con un representante de Carranza Garza quien iba a platicar acerca de la posibilidad de establecer una liga de beisbol en el norte de México bajo las reglas establecidas en los EUA. Aun cuando se desconocen los resultados de las reunión, ello no detuvo el accionar de Carranza y la promoción del beisbol.

Durante la conmemoración del 106 aniversario de la independencia de México, en septiembre de 1916, el beisbol estuvo incluido entre los eventos para celebrar dicha gesta heroica. La propuesta seguía vigente y continuaba resonado del otro lado del Bravo. En ese entorno, un mes después, un ciudadano neoyorquino, George McPherson Hunter, envió una misiva al diario Washington Post, en la cual indicaba que en caso de que la propuesta carrancista tuviera éxito, el beisbol en México habría de tener resultados positivos similares a los que el futbol soccer arrojó cuando fue implantado en Argentina y Uruguay. Sin embargo, la semilla beisbolera sembrada por el coahuilense tardaría en germinar.

Fue hasta julio de 1921, cuando, por vez primera, un presidente de la república, Álvaro Obregón Salido, lanzó la primera bola en el partido inaugural de la liga de verano que operaria en la ciudad de México. Es de apuntarse que, para entonces, el beisbol gozaba de una gran popularidad en el país. Ejemplo de ello era lo publicado, a finales de octubre, en el New York Times indicando que el presidente de la Liga Americana, Ban Johnson, anunciaba que en diciembre visitaría México para explicar cómo funcionaba la organización de ese deporte en los EUA ya que la afición crecía en números importantes. Asimismo, indicaba que el secretario de relaciones exteriores, Alberto José Pani era un fanático del beisbol. Como muestra de que la pasión beisbolera crecía, en diciembre de 1922, se reportaba que un partido entre el equipo campeón de ciudad de México y otro representativo de Nogales, Sonora había terminado en medio de una lluvia de piedras y trozos de ladrillos. Eso fue consecuencia de que, durante el décimo inning, al manager nogalense, Henry Márquez, no le pareció una decisión del ampáyer y le lanzó un uppercut que lo dejó tendido en el terreno. Tras de la intervención de la fuerza pública, Márquez fue a parar a la cárcel y los integrantes de su equipo, la mayoría estadounidenses, tuvieron que ser escoltados por la policía para evitar que los aficionados los lincharan. Pero interés por este deporte se esparcía y en el mes de julio, el Times anunciaba que el gobierno de Yucatán, al frente del cual se encontraba Felipe Carrillo Puerto, había patrocinado la traducción del inglés al español de las reglas del beisbol. Asimismo, se importaron 250 uniformes de beisbol para que fueran utilizados por los equipos patrocinados por la Liga de Resistencia Socialista, al amparo de la cual se formaron varias ligas competitivas de beisbol. Asimismo, se envió a los EUA una persona para que aprendiera los puntos finos del deporte y al regresar se ocupara de preparar a quienes se encargarían de desarrollarlo en el estado. En agosto de 1923, se daba a conocer en los EUA que el gobierno yucateco había gastado 18 mil dólares para promover el beisbol. Esto no era lo único proveniente del norte del Bravo por lo cual don Felipe sentía pasión, pero esas son otras cosas relacionadas con asuntos del corazón, regresemos al beisbol. No sería sino hasta junio de 1925, durante el gobierno del estadista Plutarco Elías Calles, cuando el padre del periodismo deportivo mexicano, Alejandro Aguilar Reyes, Fray Nano, y Ernesto Carmona organizaran la denominada Liga Mexicana. El fruto de lo sembrado por el presidente Carranza Garza estaba ahí. Sin embargo, el coahuilense a la par de promover el beisbol, trataba de acabar con una expresión cultural, la fiesta brava, detrás de lo cual había razones no precisamente de carácter animalista, vayamos al tema con la conciencia plena de que corremos el riesgo de ser tatemados en la hoguera de los políticamente correctos. En base a lo que hemos revisado, detrás de la postura antitaurina del presidente Carranza Garza además de los que públicamente exponía, había dos motivos.

Uno, era el admirador mas ferviente del estadista Benito Pablo Juárez García y buscaba que sus actos reflejaran ese sentimiento. Entre todas las cosas que buscaba reproducir se encontraba aquello de que el oaxaqueño nunca mostró ser partidario de la tauromaquia. En ese contexto, el 28 de noviembre de 1867 emitió una ley que prohibía la celebración de las corridas de toros. Ello, en parte, era la respuesta a campaña que la prensa había emprendido protestando en contra de lo que llamaba un espectáculo sangriento digno de las épocas de Nerón. La prohibición entró en vigor inmediatamente en el Distrito Federal. En enero de 1868, el estado de Puebla adoptó la medida y meses después lo imitaba Chihuahua. Para finales del año, el 16 de diciembre, Jalisco se agregaba y casi al mismo tiempo lo harían San Luis Potosí, Hidalgo y Coahuila. Sin embargo, la medida no duraría mucho en las entidades federativas ya que los aficionados demandaron que se derogaran las disposiciones, algo que terminó por ocurrir. Solamente en el Distrito Federal prevaleció el veto y no fue sino hasta 1887 cuando se levantó. Cabe mencionar que no muy lejos de ahí, en Tlanepantla, el 26 de abril de 1874, se inauguró una plaza de toros y así los aficionados capitalinos podían disfrutar del espectáculo.

El segundo motivo que subyacía detrás de la aversión de Carranza por la tauromaquia era el hecho de que uno de los dos toreros mas prominentes que hayan nacido en México, Rodolfo Gaona Jiménez (el otro es el maestro saltillense Fermín Espinosa Saucedo, Armillita Chico), había mostrado una gran amistad con el chacal Victoriano Huerta y eso en la ética carrancista era imperdonable, nadie asociado con tal bestia era digno de respeto. Como en esa época Gaona estaba en el pináculo de su carrera, pues nada para cobrarle la afrenta como prohibir la actividad que tan buenas ganancia le redituaba. Aquí debemos de hacer un paréntesis para apuntar que, también, la poca consideración que Carranza Garza tenia por los integrantes de la curia católica mexicana era derivada de la asociación que tuvieron con Huerta a la hora de derrocar y asesinar al presidente Francisco Ygnacio Madero González. Pero volvamos a los ruedos o mejor dicho al cierre de ellos.

Aun cuando apenas salido a la circulación, en octubre de 1916, el director del diario El Universal, Félix Fulgencio Palavicini, de filiación carrancista, emprendió una campaña en contra de la celebración de espectáculos taurinos a los cuales llamó un espectáculo burdo y salvaje que en nada redituaba provecho al hombre al cual le envilecía el alma. Aquí, no debemos de olvidar que desde un año antes, el presidente Carranza ya había mencionado que buscaría alejar del animo de los mexicanos la afición por la fiesta brava. En ese tenor se armó la propaganda en contra y el 7 de octubre de 1916, el presidente Carranza Garza emitía un decreto que prohibía las corridas de toros. Entre los justificantes que empleaba se encontraba aquello de que “se debe de despertar en la población sentimientos altruistas, elevando el nivel moral y erradicando los hábitos inveterados que provocan lo contrario. Entre ellos figuran en primer termino las corridas de toros que, a la vez ponen en gravísimo riesgo sin la menor necesidad la vida del hombre, se causan torturas, igualmente sin objeto, a los pobres animales. Además, los toros promueven sentimientos sanguinarios que, por desgracia, han sido baldón en nuestra raza a través de la historia.” Sin duda alguna que tan solo con este párrafo era para que los animalistas empezaran la colecta de llaves con la finalidad de exigirle una estatua más al Barón de Cuatro Ciénegas e instaurarlo como el patrón de su causa. Pero volvamos a la prohibición de 1916.

Dentro de la campaña para erradicar la fiesta brava, Carranza planteaba la creación y establecimiento de instituciones educativas en las cuales, aparte de cumplir su función primordial de instrucción, se le proporcionaran los elementos requeridos para que tuvieran acceso a la educación física, moral y estética, esto habría de permitir que el individuo estuviera listo para incorporarse como un ente activo dentro de la sociedad. El objetivo era alejarlo de todo aquello que le impedía acercarse a la cultura y lo predispusiera hacia el desorden y la civilización. No era posible permitir que los individuos con tal de gozar un momento de esparcimiento fueran y se gastaran el dinero que podía servirles para cubrir sus necesidades básicas. Bajo esta premisa, la actividad taurina era responsable de todo. Ello nos lleva a recordar las palabras que en alguna ocasión pronunciara el presidente, José de la Cruz Porfirio Díaz Mori cuando dijo que no había elecciones libres porque el pueblo era tan ignorante que sí le permitía hacer eso acabarían eligiendo presidente a Agustín Velasco, Bombita, no confundir a este con el sevillano Ricardo Torres Reina de apodo similar. Pero en 1916, aquello iba más allá de las palabras y en el decreto se establecía que quienes no acataran las disposiciones tenían alternativas varias. Una, era la multa de mil a cinco mil pesos; otra, pasar entre dos y seis meses en prisión cárcel o bien disfrutar de ambas penalidades para que terminaran convenciéndose y arrepintiéndose. Si bien en México la medida fue controversial, en los EUA no podían faltar las opiniones.

El 12 de octubre de 1916, el New York Times publicaba un editorial titulado “Mexican Vagaries” (Caprichos mexicanos). El autor de la pieza alababa la medida, mientras decía que era un decreto en contra del asesinato. Asimismo, apuntaba que se trataba de una manifestación del despertar del espíritu mexicano. Tal medida era comparable solamente con la abolición de la pena capital para los humanos. Y por ahí se iba la pieza. Mostraba horror por lo que acontecía en el ruedo cuando algún percance se suscitaba con el torero o los caballos. Según el NYT, la sangre que mana intoxica a los espectadores quienes pierden la razón y gozan el espectáculo. Como vemos, quienes desconocen lo que es la fiesta brava apelan a los extremos y son incapaces de concebir el arte que gira alrededor del encuentro entre el toro y el ser humano. Muy difícil es para ellos entender todo lo que eso implica y la plasticidad que se genera cuando una suerte es ejecutada con destreza plena, pero que les vamos a decir a los que ni aprecian la belleza, ni la nobleza del toro bravo, y mucho menos son capaces de entender el arte que se crea cuando por el lado izquierdo se hace que el animal con la cabeza humillada pase rozando la fajilla sin tocar siquiera la muleta del torero erguido. Pero dejemos disgregaciones estéticas y volvamos a los tiempos revolucionarios mexicanos.

Aun cuando las disposiciones prevalecieron, no en todos lados fueron respetadas, Así siguieron las cosas hasta que Tlaxcalantongo se interpuso en el camino del presidente Carranza Garza y, durante el segundo semestre de 1920, al llegar a la presidencia Adolfo De La Huerta Marcor, la medida antitaurina se abolió. La fiesta brava volvería a tomar gran impulso. En junio de 1920, cuando volvieron los toros al Distrito Federal y se presentara Juan Silveti Mañon, “El tigre de Guanajuato o Juan sin Miedo,” la afición se volcó en las taquillas. Por su parte, el maestro Gaona Jiménez volvió a torear en México, hasta su retiro en abril de 1925, y gozar de la amistad tanto del presidente Obregón Salido como del estadista Plutarco Elías Calles con quien gustaba de “echar pie a tierra” para ejecutar algunos lances taurinos.

Este es un relato apretado sobre algunas acciones extrapolíticas del presidente Venustiano Carranza Garza. Aun cuando no compartamos la perspectiva que tenía sobre la fiesta brava, ni que fuéramos estalinistas para coincidir ciegamente en todo, en nada obsta para que reconozcamos en él al gran trasformador que diseñó el sistema que permitió crear el estado mexicano moderno. Respecto a sus aficiones beisboleras, estamos ciertos de que, en el recién inaugurado Salón de la Fama del Béisbol Mexicano, seguramente hay un espacio para el primer presidente de México quien se ocupó de promover ese deporte.

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Añadido (1) Para todos los proyectistas de escenarios políticos futuros, debemos de recordarles que las ecuaciones se integran por variables y aquello de “ceteris peribus,” es algo que deberían de tener presente para cubrirse y no terminar siendo reprobados en el oficio de aprendices de brujos.

Añadido (2) Por favor, con manzanas y naranjas, explíquenles que no es por el pasado, sino por el presente y lo que este implica para el futuro.

Añadido (3) La representante demócrata por el quinto distrito de Minnesota, Ilhan Omar, no conforme con declarar su antisemitismo, lo cual es entendible, más nunca justificable, por su condición de musulmana, ahora arremetió en contra de uno de los suyos, el expresidente demócrata, Barack Hussein Obama. Una vez más, se confirma que el poder “apendentonta” a los idiotas.
02 Marzo 2019 03:00:00
Años después, buscaban deslindarse del asesinato del presidente Madero González
El tópico de este artículo debimos haberlo tratado hace una semana. Sin embargo, debido a causas diversas, lo mantuvimos en el archivo. Ello no es impedimento para que ahora, a pesar de que podría considerarse fuera de tiempo, retomemos el tema y lo hagamos a partir de las justificaciones que casi tres años después hacían dos personajes relacionados con el hecho. Pero antes de entrar en materia describiremos el contexto histórico en que se vivieron esos días trágicos y vergonzosos.

Como es de todos conocido, el 22 de febrero de 1913, el presidente Francisco Ygnacio Madero González fue víctima de la felonía cometida por un católico ferviente, Victoriano Huerta. Pero un traidor tan devoto no podía actuar en solitario, contó con apoyos varios. Uno, era el de la curia católica quien lo hizo con algo más que rezos y contribuyó con financiamiento pecuniario de origen celestial. Esto es confirmado por varios historiadores. Un liberal. Alfonso Toro Castro apuntó que fueron 10 millones de pesos. El católico Francisco Camberos Vizcaíno señaló que el arzobispo de México, José Mora y Del Río aportó 50 mil pesos como préstamo ya que Huerta lo amenazó de que sí no lo hacia iba a dar paso al pillaje y la rapiña. El estadounidense Robert E. Quirk escribió que el óbolo fue de 25 mil pesos. Por su parte, el obispo de Oklahoma, Francis C. Kelley, negó que la curia hubiera dado cualquier apoyo. Lo que nadie negó fue que el 23 de febrero de 1913, las campanas de las iglesias, en la ciudad de México, amanecieron repicando de gozo y ni modo que fuera para celebrar el martirio que sufriera en la hoguera, en el año 155, San Policarpo. El otro respaldo provino, vía la asesoría, del embajador de los EU en México, Henry Lane Wilson. Este sujeto, junto con el sacerdote de origen estadounidense, Francis P. Joyce, quien era el confesor de Huerta, definían a este como “un católico romano devoto, un creyente en el régimen y las políticas del presidente Díaz Mori y un patriota sincero.” Por si alguien pensaba en reclamarnos por anteponer el calificativo que líneas arriba endilgamos al felón. Un tercer apoyo provino del Partido Católico Nacional, uno de cuyos miembros distinguidos era Francisco León de la Barra y Quijano quien, previo a Madero, fuera presidente de la República interino y durante la usurpación de Huerta se desempeñó como secretario de relaciones exteriores. Tanto a Wilson como a León de la Barra el fantasma de la asonada los acompañaría por el resto de sus días y siempre buscaron justificar el acto deleznable en el cual de una u otra forma estuvieron involucrados.

En ese entorno, a finales de 1915, León de la Barra y Wilson, antes las acusaciones, tuvieron que salir a contar historietas que eximían a ambos y trataban de lavar la sangre de las manos de Huerta. Primero fue Lane Wilson quien tuvo que responder a las aseveraciones de John Lind, aquel quien fuera enviado por el presidente Woodrow Wilson como su representante a México para enterarse de lo que pasaba aquí ya que no confiaba en lo que le reportaba su embajador. Pues bien, el lunes 15 de noviembre del año referido, Lind se reunió en Saint Paul Minneapolis con miembros de la Iglesia Metodista del Norte ubicada en esa ciudad. Ante esa audiencia, aseguró que Lane Wilson conocía de los planes para asesinar al presidente Madero González. Asimismo, afirmó que el entonces embajador estadounidense se reunió con Venustiano Carranza Garza a quien trató de convencer que se uniera a la causa de Huerta, pero que la respuesta del coahuilense fue en sentido negativo ya que él había jurado lealtad a un gobierno constitucional que era el encabezado por Madero. Tan pronto como Lane Wilson se enteró de esta acusación amenazó con demandar a Lind por repetir acusaciones que, según él, habían quedado desechadas de tiempo atrás. Eso estaba sustentado en un proceso de memoria selectiva o uno muy retorcido de justificación. Olvidaba que tanto Pedro Lascuráin como Félix Díaz y el mismo Huerta lo consultaron en varias ocasiones respecto a cómo proceder y que el 15 de febrero ordenó al encargado de negocios reportar a Washington que junto con los representantes de Alemania, Inglaterra, Francia y España había recomendado a Madero que renunciara. Vayamos a lo que, en algunos reportes a sus superiores, escribía Lane Wilson durante los días posteriores a la asonada.

El 23 de febrero, el día después del crimen, el embajador estadounidense envió un telegrama al presidente William Howard Taft y al secretario de estado, Philander Chase Knox a quienes les informaba de que cuando Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez eran trasladado del Palacio Nacional a la Penitenciaria de Lecumberri, para que estuvieran más cómodos, fueron objeto de un ataque armado y perdieron la vida. Huerta ya había ordenado se hiciera una investigación exhaustiva para deslindar responsabilidades, solamente le faltó escribir aquello de “hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga.” Y por si quedaba alguna duda de quien manejaba aquello, en otro telegrama afirmaba que ya había dado a la Associated Press una nota con la versión de los hechos para que esta se tomara como la versión oficial. Posteriormente, el día 26, Lane Wilson volvía a reportar que aun cuando algunas críticas habían surgido respecto a los acontecimientos acerca de los cuales aún no se definía quienes eran los culpables, el nuevo gobierno asumió el cargo con todas las de la ley y, por lo tanto, desde la perspectiva del embajador estadounidense, se encontraba investido como un gobierno provisional representativo. Para que no quedaran dudas, afirmaba que esa administración nueva era aprobada por la mayoría de la opinión publica mexicana, especialmente por la parte más respetable de la misma, léase las buenas familias fieles cumplidoras de sus obligaciones religiosas. Sin embargo, como la prensa, y seguramente la conciencia, no lo dejaba en paz y buscaba congraciarse con el nuevo gobierno encabezado por el presidente Thomas Woodrow Wilson, el 12 de marzo, le envió un telegrama al secretario de estado William Jennings Bryan ampliando la información respecto a su actuación.

Empezaba por apuntar que, ante la discusión suscitada en la prensa, sería conveniente amplificar la información contenida en sus telegramas previos. Con toda certeza la pérdida de dos vidas humanas y el asalto a un gobierno constituido legalmente eran asuntos menores y por eso evitó explayarse sobre los hechos. Pero, ahora sí, daría una explicación amplia. Escribía que nunca creyó que las vidas de Madero González y Pino Suárez estuvieran en peligro. Para que creyeran sus palabras, describía que tras el arresto de Madero y sus ministros envió un mensajero de la Embajada con instrucciones de solicitarle a Huerta que no se cometiera más violencia, ni se derramara sangre y que si fuera posible liberara a los ministros. Huerta contestó que no se dañaría al presidente y al vicepresidente, y que, en consideración a la recomendación del estadounidense, dejaba en libertad a los ministros. O para decirlo en palabras llanas, acató la voz del amo. Prueba de ello es lo que Lane Wilson escribió el 19 de febrero contando como Huerta le preguntaba sobre qué hacer con el presidente Madero, pero al ver que la actitud del traidor era muy comprensiva, solamente le sugirió que hiciera lo que considerara mejor para la paz de México. La narrativa que sigue es para mostrar que el embajador poseía una piedad que no le cabía en el cuerpo.

Lane Wilson escribía que, a petición de la señora Pino Suárez, a quien visité, dirigí a una carta al general Aureliano Blanquete, solicitándole intercediera por la vida exvicepresidente, una expresión que con firmaba de lado de quien estaba el estadounidense. Pero eso no era todo, también, afirmaba no haber quedado contento con realizar esos esfuerzos y se dio a la tarea de visitar a miembros diversos del gabinete, asumimos que el reconocido por él, a quienes le expresó la profunda preocupación por la preservación de la vida del expresidente y su deseo de que le dieran un trato humano. En igual forma mostraba su desasosiego cuando, a petición de la familia Madero, envió dos mensajeros estadounidenses para solicitar al general Manuel Mondragón que le entregara el cuerpo de Gustavo Madero González. Como el socio del chacal estaba de buenas, autorizó que durante dos días los enviados escudriñaran entre los cadáveres tirados por la Ciudadela para ver si lo encontraban, lo cual no fue el caso. Y para que se viera hasta dónde llegaba el cinismo de ese sujeto, envío a su esposa a visitar a la madre y viuda del presidente llevándoles flores y expresiones de simpatía.

Sobre la muerte del presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez, Lane Wilson, señalaba que “es evidente para mí que, políticamente hablando, la muerte de estos dos mexicanos, relegados a la vida privada por sus renuncias, no deben suscitar mayores expresiones de desaprobación popular en los Estados Unidos que los asesinatos, no correspondidos por la justicia, de unos 75 u 80 estadounidenses en México durante los últimos dos años.” A la par de todo esto, lanzaba su opinión sobre Huerta a quien definía como “un soldado, un hombre de molde de hierro, de coraje absoluto quién sabe lo que quiere y cómo obtenerlo, y no es, creo, demasiado particular en cuanto a los métodos. Es un fiel seguidor en la política del general Porfirio Díaz y cree en el cultivo. de las relaciones más cercanas y amistosas con Estados Unidos. Yo creo que un patriota sincero, y estimo que renunciará a las responsabilidades del cargo tan pronto como sea posible, se restablezca la paz y la estabilidad financiera en el país”. Y para cerrar anunciaba que públicamente aceptaba la versión oficial sobre la muerte de Madero.

Esa versión había sido trasmitida el 23 de febrero por el secretario de relaciones exteriores de Huerta, Francisco León De La Barra quien fuera un miembro distinguido del Partido Católico Nacional y en un momento dado proyectado a ser el candidato presidencial para oponerse a Madero y al no prosperar, de perdida buscaban que este lo llevara como vicepresidente. En un telegrama dirigido al embajador mexicano en Washington, le indicaba que “la noche anterior, mientras los señores Francisco I. Madero y José Ma. Pino Suárez eran trasladados del Palacio Nacional a la Penitenciaría. como prisioneros para ser juzgados por varios cargos, dos grupos de hombres armados intentaron liberar a los prisioneros y atacaron dos veces a la escolta. Hubo una lucha en el que cinco personas, entre ellas los señores Madero y Pino, perdieron la vida. El Gobierno se ha comprometido a realizar una investigación judicial exhaustiva par aclarar cualquier circunstancia. Los últimos funcionarios serán enterrados con los honores debidos a los cargos que ocupaban. El gobierno federal es reconocido y apoyado por casi todos los gobernadores, incluidos los antiguos maderistas; anhelo general, con esperanzas fundadas, es que se restaure la paz. Los representantes de las naciones extranjeras se manifiestan sentimientos amistosos al gobierno. la opinión pública está tranquila y optimista.” El espectro de este escrito seguiría a León de la Barra y, en diciembre de 1915, lo alcanzó hasta París.

Allá declaró que la versión más aceptada sobre el asesinato del presidente Madero era una leyenda que ganó tracción por motivos políticos hasta convertirse en una realidad reconocida. Sin embargo, León de la Barra, sentía la obligación de emitir su versión sobre los hechos. Conforme a la nota publicada en The Washington Post el 16 de diciembre de 1915, el antiguo encargado de las relaciones exteriores dijo: “Declaro solemnemente y de manera precisa que la muerte de Madero y Pino Suárez no fue consecuencia de un acuerdo tomado a nivel del gabinete y que la primera información que tuve respecto a evento tan trágico, sin tener ninguna comunicación previa, me fue proporcionada por el general Huerta durante la medianoche del 22 de febrero de 1913. Al mediodía del viernes 21 de febrero, durante la reunión del gabinete, pregunté a los ministros de justicia [Rodolfo Reyes Ochoa] y guerra [Manuel Mondragón], si tenían alguna información oficial de la detención de Madero y Pino Suárez, a lo cual respondieron que no”. O el ciudadano León de la Barra vivía en una burbuja o trataba de pasarse de listo.

Por ese tenor continuo cuando afirmó que “si en caso de que tras examinarse los documentos que se le presentaran al secretario de justicia, se encontraban elementos para justificar la detención, estos deberían turnarse a la autoridad correspondiente… sobre esto estuvieron de acuerdo en forma unánime los miembros del gabinete, recomendando se actuara conforme a la ley”. El presidente mexicano llevaba cuatro días detenido y estos fulanos apenas iban a dilucidar si eso era o no legal. Pero León de la Barra terminó por enredarse con su lengua propia cuando aseguró que, en esa misma reunión, Huerta les comentó que debido a la falta de seguridad que había en el Palacio Nacional, ordenaría que Madero y Pino Suárez fueran trasladados a la penitenciaría en donde tendrían una vigilancia más estricta. La reunión finalizó alrededor de la una de la tarde y el secretario de relaciones exteriores se fue tranquilo a su oficina a despachar otros asuntos.

Ya casi se disponía a tomar el sueño repasador, cuando cerca de la media noche del 22 recibió una llamada de un ayudante de Huerta quien le requería, a nombre de este, se hiciera presente en Palacio Nacional pues algo muy grave había ocurrido. Al llegar ahí, Huerta le comentó a León de la Barra que Madero y Pino Suárez habían muerto en un enfrentamiento que se dio durante su traslado al centro penitenciario. “Durante el trayecto, tanto el auto en el que iban los prisioneros como el que servía de escolta, fueron atacados por dos grupos armados los cuales al parecer buscaban liberar a Madero y Pino Suárez, pero que en la refriega aparte de ellos dos, otras dos personas, también perdieron la vida, mientras que un quinto cayó herido y fue tomado prisionero.” Ante la noticia, según De la Barra, el mismo expresó que sería conveniente realizar una investigación a fondo, al frente de la cual propuso a José Vázquez Tagle quien fungía como el jefe del departamento de justicia militar y era hermano de quien fuera secretario de justicia en el gobierno de Madero. En respuesta, Huerta giró ordenes en ese sentido. Sin embargo, unos días después, el general Mondragón informó a León de la Barra que no se localizó a Vázquez y se determinó que las investigaciones las realizara González Suárez. Para cerrar sus declaraciones parisinas, Francisco León de la Barra y Quijano señalaba que, tras dar aviso del acontecimiento a los miembros del cuerpo diplomático acreditado en México, “of course,” a través del embajador Lane Wilson, preparó un comunicado de Huerta para los diarios, mismo que sometió a la consideración de los miembros del gabinete quienes lo aprobaron unánimemente. Dicha nota, publicada el lunes 24 de febrero, tras narrar los acontecimientos en la versión oficial, a la letra decía: “Así, se han suscitado los hechos simplemente. Nadie que me conozca personalmente o sepa del gran respeto que he mostrado, durante el ejercicio de mi gobierno provisional, por las leyes y la vida humana puede suponer que yo he tenido participación alguna, directa o indirecta, en este evento.” Como podemos ver, también el exceso de inocencia hace que algunos se conviertan en cómplices de atrocidades. Ni Henry Lane Wilson, ni Francisco León de la Barra y Quijano podían justificar no saber lo que aconteció aquella noche del 22 de febrero de 1913, cuando Francisco Cárdenas ejecutaba al presidente Francisco Ygnacio Madero González, mientras que Rafael Pimienta, se encargaba de hacerlo con el vicepresidente José María Pino Suárez. Los gatilleros atendieron las órdenes de un felón que únicamente se convertía en católico ferviente cuando inclinaba la testuz en el confesionario, Victoriano Huerta. Respecto a Lane Wilson y León de la Barra el fantasma de la complicidad por acción a uno y alegato de ignorancia del otro, ni el tiempo podía borrar su participación en los hechos.

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Añadido (1) Se la pasan clamando consignas en contra del “imperio.” Sin embargo, cuando de las cloacas de esa sociedad salen las miasmas a darles un “premiecito,” celebran con orgullo singular que lo peor de aquella nación los haya reconocido. Congruencia pura, sin adulteración.

Añadido (2) El ahora conocido como The Washington Compost hizo honor a su nombre nuevo y desató una campaña de linchamiento en contra de Nicholas Sandmann, un menor de 16 años estudiante de la Covington Catholic High School, todo por portar una gorra con el letrero MAGA y encarar a un charlatán que agredió a él y a sus compañeros de escuela. Hoy, el diario enfrenta una demanda por 250 millones de dólares. Eso sucede cuando los medios pierden la objetividad y se convierten en voceros partidistas.

Añadido (3) Al parecer, todos se han olvidado de que ni el triunfo es eterno, ni la derrota es para siempre. En ambas circunstancias hay que mostrar la prestancia bajo la premisa de que siempre hay un mañana por enfrentar y este no necesariamente se dará bajo las circunstancias pasadas y/o presentes.

Añadido (4) Mientras elaborábamos este escrito, a través de la ventana, comprobábamos que eso del calentamiento global está que arde. Prueba de ello son la temperatura que ronda los menos 20º C y la capa de nieve, con un grosor alrededor del medio metro, que llega hasta al pie de las montañas para encaramarse por ellas y aumentar el nivel de acumulación.
23 Febrero 2019 04:00:00
¿Cómo se calificaría en nuestros días este escrito de Ignacio Ramírez Calzada?
Entre los integrantes de la generación más gloriosa que haya dado la patria, la de los HOMBRES DE LA REFORMA, hay cuatro personajes quienes, desde nuestra perspectiva, destacan primordialmente. Uno, aun cuando cronológicamente no haya estado ahí, es el padre del Liberalismo Mexicano, José María Luis Mora Lamadrid. Un segundo, lo es José Telésforo Juan Nepomuceno Melchor de la Santísima Trinidad Ocampo, el padre de la Reforma Liberal. Como no faltará quien nos quiera recordar sobre el Tratado McLane -Ocampo y por ello descalificarlo, le recomendaríamos que antes de hacerlo leyera “El Tratado McLane-Ocampo. La comunicación interoceánica y el libre comercio,” (2005) de la historiadora Patricia Galeana. El tercero es la mente más brillante y radical de esa generación, Juan Ignacio Paulino Ramírez Calzada. El cuarto es el político refulgente y, por consiguiente, líder del grupo, el estadista Benito Pablo Juárez García. Los cuatro son denostados a más no poder por la iglesia, el conservadurismo y otros quienes, en busca de congraciarse con estos dos grupos últimos, se montan en su carromato para esconder la ignorancia. Es bien conocido el enfrentamiento que se daba entre Ramírez y Juárez, algo natural entre dos personajes de ese calibre intelectual. Sin embargo, ello en nada menoscaba lo que ambos significan en el proceso de formación de la nación. Por ello, con periodicidad frecuente, nos gusta revisar lo escrito, en el pasado y presente, acerca de los integrantes de este cuarteto de excelencia, así como lo que ellos plasmaron en paginas diversas. En ese contexto, nos fuimos a repasar las reflexiones que Ramírez Calzada elaborara, en abril de 1867, acerca del pueblo, mismas que aparecen impresas en el libro “México en pos de la libertad,” (1949). Mientras analizábamos el contenido, nos surgió la pregunta que da origen al título de esta colaboración, vayamos a su contenido.

En aquellos días, la causa Liberal estaba a un paso de poner fin a la aventura de Ferdinand Maximilian Joseph María von Habsburg-Lothringen, a quien identificamos como Maximiliano, para entonces abandonado por sus titiriteros, Charles-Louis Napoleón Bonaparte, Napoleón III y Giovanni Maria Mastai-Ferretti, Pío IX, quienes se convencieron de que el negocio no resultó lo esperado y dejaron de gastar sus dineros en la aventura transoceánica. En medio de todo ello, Ramírez Calzada procedió a realizar un análisis sobre la soberanía del pueblo. Empezaba por preguntarse cuando era ejercida la misma. Como primera instancia, recurría a ver si ello pasaba en el Congreso acerca del cual mencionaba que representaba al pueblo o actuaba como su apoderado. Sin embargo, pronto se percataba de que “nuestro sistema representativo no tiene trazas de conducirnos a la altura de Atenas ni rivalizar con Roma.” Para sustentar esto, indicaba que no seria posible “cuando vemos los elementos de que constantemente se compone el llamado Poder legislativo.” Partía de criticar la forma en que llegaban al cargo, ya que “los diputados, en su mayor parte, figuran no porque los conoce el pueblo, sino porque los conocen los ministros… la mitad de ellos son empleados y… la otra mitad descienden hasta esa categoría desde el momento en que recibe sus honorarios por la mano del ministerio. Viene después el veto y el Congreso acaba por no representar al pueblo”. ¿Podríamos decir que hoy las cosas son diferentes?

A continuación, don Ignacio cavilaba sobre la soberanía popular en los asuntos judiciales. Afirmaba que esa existiría “si [el pueblo] juzgase por sí mismo y siguiese para sus fallos las inspiraciones de su conciencia o las disposiciones que él mismo hubiese dictado; pero ¿Qué entiende de las partidas ni de las recopilaciones españolas, cuando el arte del abogado se reduce a una continua disputa sobre legislación envejecida?” Sin embargo, nada comprendía sobre derecho. Por ello, “los juicios de conciencia formarían un pueblo de jurados; los juicios por el derecho español nos ofrecerían un pueblo de tinterillos.” ¿Cuánto han variado estas circunstancias hasta nuestros días?

Para quienes exclamaban que “la soberanía del pueblo se ejerce natural y verdaderamente por medio del Poder Ejecutivo,” indicaba que “la experiencia nos enseña que los funcionarios encargados de los negocios administrativos se van alejando del pueblo a proporción que ejerce sobre el mayor numero de facultades, hasta no representarlo sino como el amo a sus esclavos, el sultán a sus súbditos, Maximiliano a los aztecas y el jefe de la policía a los habitantes del distrito”. En ese entorno, “el pueblo ve su corona de soberano sobre la frente del ejecutivo, como pudiera ver su reloj y su capa, para reclamarle esas prendas cuando puede”. ¿Habremos ya dejado atrás esa perspectiva?

Tras de lo anterior, el Liberal más radical buscaba determinar si la soberanía popular se encontraba a nivel municipal. Ahí, nos decía que supuestamente encontraba “que lo representaban Verduzco, Inda y Pacheco; pero estos ciudadanos, para legislar y administrar, ¿ocurren a los vecinos de quienes sacan sus títulos y sus recursos? ¡No! Solicitan para todo humildemente las instrucciones y la reprobación del gobernador del distrito y del ministerio.” De modo que la soberanía popular a nivel de los ayuntamientos no existía en abril de 1867. ¿Se habrá modificado este caso durante los días que corren?

Sin embargo, aun cuando resultaba “por todas partes gobernado y en ninguna gobernante,” existía un recurso para hacerlo sentir que era participe de las grandes decisiones: Las elecciones. De pronto, el individuo sentíase dueño de las decisiones importantes y ahí estaba frente a la casilla. “¡Templo Augusto! Los primeros que abren la puerta y toman asiento son el empadronador y el portero y comisionado, agentes del gobierno, con instrucciones adrede para instalar la mesa y vigilar sobre las demás operaciones; hacia la entrada ronda un policía; más allá se deja ver una patrulla, por el otro lado se sospecha un espía, y a ciertas horas se aparece la autoridad frunciendo el entrecejo.” ¿En verdad eso ha quedado atrás?

Acto seguido, escribía, “comienzan los ciudadanos: Este entrega doce boletas con un recado de su amo; el otro entrega un voto en blanco; aquel vota por pagar una copa de vino con que se le ha obsequiado; y un descendiente de Moctezuma se para al frente cargado con un huacal y dice ¡Compran pollos!” Eso era solamente una parte, “en cambio alguna casera lleva el sufragio de la vecindad que tiraniza. Si las elecciones electorales, haciendo en dos días lo que hacen en uno, nombrasen en el primero sus empadronadores y demás comisionados proponiendo y discutiendo desde entonces sus candidatos, y si ellas, en el segundo día, se reuniesen como en el primero, para entregarse a la elección y para resolver los demás negocios que se les ofreciesen; si en los días en que el pueblo estuviese reunido en sus funciones electorales se suspendiesen en las suyas todas las autoridades, poniendo la fuerza armada a disposición de la mesa correspondiente; si el pueblo o la mesa pudiesen juzgar sobre los crímenes que no demandasen demora; sí, por último, las banderas de los cuerpos militares y las insignias de la autoridad se depositasen en un ara, allí mismo donde esta reunido el soberano, entonces el pueblo imperaría una o mas veces al año, la elección seria directa , podría discutir algunas reformas e instrucciones, y lo que se llama apelación al mismo pueblo no sería ni un absurdo ni un sarcasmo”. ¿Podríamos decir que mucho hemos avanzado en esto hasta el grado de que es factible predecir la voluntad del pueblo a reflejarse en las urnas y por ello anunciar anticipadamente, con al menos cinco horas de antelación al cierre de casillas, cuáles serán los resultados?

Pero don Ignacio iba más allá y enfatizaba que “la apelación al pueblo, tal como se ha ensayado hasta el día, no es mas que un engaño; puede satisfacer las miras de un partido, pero jamás será comprendida entre las instituciones de la democracia.” Lo que a continuación escribía nos podría hacer pensar que realizó un viaje al futuro al increpar que “apelar al pueblo no es pedirle un voto desnudo, sino una opinión suficientemente razonada sobre los negocios que se le someten. Pedirle un voto expresado por las simples palabras sí o no, es hacerle violencia y sorprenderlo. Exigirle un voto a una comunidad sobre negocios graves e insólitos, sin dejarla reunir para deliberar y presentándole un orden ilegal por único expediente, es desconocer la naturaleza del pueblo, que, aunque es verdad que se compone de individuos, no funge en los negocios públicos sino como un cuerpo social, ya sea que se agrupe en una corporación, ya tenga necesidad de repartirse en numerosas juntas”. ¿Se calificaría hoy a Ramírez Calzada de estar al servicio de los intereses más oscuros, y no precisamente por el calificativo que le había endilgado la curia?

La reflexión siguiente concernía sobre “el derecho de apelar al pueblo, supuesto que no está reconocido ni autorizado por la ley, no puede considerarse, si se le adopta, sino como una prerrogativa natural, común a todos los ciudadanos; pero aun suponiéndola exclusiva de las autoridades superiores en ningún caso debe concederse que es privativa del Poder Ejecutivo.” Para este Liberal por los cuatro costados, “tan independiente es en su caso el gabinete como el Congreso, como la Suprema Corte y como las legislaturas de los estados. El ejercicio de esa prerrogativa, en un solo poder, tendría por consecuencia inevitable la dictadura; en todos los poderes un constante antagonismo y en todos los ciudadanos, la anarquía; todo sistema constitucional sería irrealizable”. ¿Cuál sería la opinión que al respecto tendrían los constitucionalistas de hoy?

La respuesta que daba entonces quien, entre otras muchas cosas, es el padre de la acuacultura en México, era que sería conveniente sacrificar “el sistema constitucional a la apelación del pueblo; pero este sacrificio ¿no es una verdadera revolución? Las revoluciones no nos asustan; aceptamos la revolución, con tal que ella signifique apelación al pueblo y voluntad del pueblo. En este caso tengamos presente que esa clase de revoluciones se hace de dos modos: O como propone el gobierno la suya, por una simple votación, o como también, se ha acostumbrado en la República, por medio de la fuerza, la coacción electoral o la guerra”. ¿Por cuál optaríamos en nuestros días?

Para no dejarnos a medias, procedió a darnos algunos ejemplos de aquellos tiempos. Nos indicaba que “la apelación al pueblo, por medio de reuniones imperfectas, reglamentadas y dirigidas por la autoridad ha sido ensayada por [Antonio de Padua María Severino López de] Santa Anna [y Pérez de Lebrón] para asegurar su dictadura y por los franceses para coronar emperador a Maximiliano; pero el pueblo ha opuesto constantemente a ese sistema la apelación por medio de la guerra. Sean cuales fueren las razones en que los imitadores de Napoleón III apoyen el sufragio universal expresado por votos dispersos, jamás el buen sentido de las naciones verá en ese modo de ejercer la soberanía sino una perfidia, que, si no puede ser reprimida por las leyes comunes, reclama de la insurrección un severo castigo.” ¿Hasta qué punto habremos ya dejado atrás los tiempos de acciones punitivas en contra de la disidencia y hoy solamente se actúa en estricto apego al imperio de la ley?

Pero en aquellos tiempos, la prevalencia de la legalidad se aparecía poco, Ramírez Calzada escribía que, “en verdad, un gobierno que por medio de semejantes procedimientos asegura sobre sus determinaciones la careta de legalidad, pierde el tiempo recorriendo sus expedientes para computar los votos en que ha recibido de la mayoría un testimonio de confianza; siempre le sobraran los sufragios por poco que se empeñe en obtenerlos; así hemos visto a Maximiliano con cuatro millones de firmas recogidas entre ocho millones de habitantes, comprendiendo niños y las mujeres, la mitad de ellos insurreccionados, una cuarta parte perseguidos y no sabiendo ni siquiera leer la muchedumbre de los proclamadores del imperio. Forey y otros jefes militares saben como se verifican esos prodigios.” ¿En verdad ya han quedado atrás actos como esos?

Para cerrar su escrito, don Juan Ignacio Paulino apuntaba que “la apelación al pueblo, verdadera y pacífica, hasta ahora, es un problema; sí este llega a resolverse, sus condiciones esenciales serán la reunión en uno o varios grupos, de todos los ciudadanos, y la discusión de los negocios, lejos de la sombra aterradora del Poder Ejecutivo.” Hasta pareciera que en este párrafo El Nigromante había hecho honor a ese nombre y mientras describía su presente lo hacia en el tiempo futuro. Para su fortuna, lo que aquí hemos revisado era la situación que tiene que ver con los avatares del Siglo XIX, de haberlo hecho en el XXI, de nada le hubieran valido las credenciales de Liberal puro, hubiera caído en el grupo de aquellos a los cuales nada les parece. ¿Pero qué nos sucede, acaso no hemos percibido cual es nuestra realidad nueva o usted, lector amable, opina lo contrario?

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‘Añadido (1) El domingo, “un grupo de aficionados de América y Pumas que se encontraban comiendo en un restaurante de Tlalnepantla se enfrentaron en una pelea después de que terminara el partido del Clásico Joven.” (
https://www.esto.com.mx 18-02-2019). El lunes, el dueño del primer equipo le decía a un egresado distinguido de la universidad a la que representa el segundo conjunto, “América perdió con Pumas porque queremos quedar bien con usted”. (http://www.eluniversal.com.mx 18-02-2019). Por si quedaban dudas de como es eso del panbol mexicano.

Añadido (2) Nadie discute los galones académicos del Dr. Narro Robles, pero ¿En verdad creerán sus promotores que representa algo para las bases priístas? Aun cuando tal vez lo que busquen sea un médico para que les expida el certificado de defunción.
Añadido (3) El día que la multinacional más antigua ponga a disposición de las autoridades judiciales, de cada una de las naciones, a sus ejecutivos y agentes de ventas quienes encubriéndose en sus ropajes holgados han cometido felonías, ese día vamos a empezar a creerle que ha cambiado. Mientras tanto, sus conclaves y declaraciones atronadoras las veremos simplemente como actos de maquillaje para buscar que sus arcas no mermen y tratar de evitar que la clientela se vaya a comprar en otros establecimientos mercantiles que ofrecen lo mismo, pero en otra presentación.
16 Febrero 2019 04:00:00
Planteaba cómo construiría su imperio y le daban consejos
Por lo que el día 15 hubieran sido 66 años.

Periódicamente, desde nuestra perspectiva Liberal-Juarista-Elíascallista, nos da por revisar lo que aconteció en nuestro país durante el Siglo XIX. En ese proceso, dado que ese tema nos es nuestra especialidad de estudio, gustamos de repasar la obra portentosa recopilada por Jorge Leónides Tamayo Castillejos, “Benito Juárez. Documentos, discursos y correspondencia”. En uno de los volúmenes, encontramos las cartas del emperador de opereta, Ferdinand Maximilian Joseph María von Habsburg-Lothringen, a quien nosotros simplemente identificamos como Maximiliano, en las cuales expresaba como planeaba construir “su imperio mexicano”. Asimismo, encontramos la misiva en la cual uno de su titiriteros, Charles-Louis Napoleón Bonaparte, conocido también como Napoleón III o Napoleón el pequeño, le daba consejos sobre como proceder para cumplir su encargo. Vayamos al tema sin olvidarnos que nos referiremos exclusivamente al Siglo XIX.

Era el 7 de noviembre de 1864, habían trascurrido casi seis meses desde su arribo a México, y Maximiliano le escribía a su ministro Félix Eloin indicándole que, tras su recorrido por los departamentos del interior, en donde no había quedado ciudad, pueblo y aldea en donde los habitantes no se hubieran volcado de alegría para mostrarle cuanto lo querían. En ese contexto, pudo percatarse de dos verdades irrefutables. La primera de ellas era que “el Imperio es un hecho basado sobre la libre voluntad de la inmensa mayoría de la Nación y que es la impresión de un Gobierno verdaderamente progresista…” Así que, con esa premisa bajo el ala, nada de que lo cuestionaban, él podía hacer lo que se le pegara en gana. Asimismo, durante su periplo, se percató de “que esta misma mayoría inmensa tiene sed de paz, de tranquilidad, y de justicia; que espera estos beneficios; que los pide con ansiedad a mi gobierno…” Para lograrlo, “la justicia hallara su base en instituciones adecuadas a nuestra época en las cuales se están obrando cada día con el más grande celo”. Pero tenía que mostrar que aquello no eran planteamientos solamente.

En ese tenor, indicaba que “si hasta el día de hoy [mi gobierno] ha usado de indulgencia para con sus adversarios políticos, a fin de darles el tiempo y la ocasión de reconocer la voluntad nacional e inclinarse ante ella, es ahora para él un deber imperioso de combatirles porque su bandera no lleva ningún credo político y no tiene mas objeto que el robo y el asesinato”. Ya en pleno paroxismo de gobernante, declaraba que “mis deberes de Soberano me obligan a proteger al pueblo con un brazo de hierro y, para corresponder a los deseos expresados altamente por todas partes declaramos, como Jefe de la Nación, con conocimiento entero de nuestra misión sagrada y del deber que hemos aceptado, que todas las guerrillas armadas que recorren todavía nuestra hermosa Patria para destrozarla turbando, amenazando a los ciudadanos laboriosos en sus trabajos y en su libertad, serán consideradas como gavillas de bandidos y caerán, por lo tanto, bajo la severidad inflexible e inexorable de la ley”. Para redondear que aquello iba en serio, dejaba claro haber ordenado “a todos los funcionarios, magistrados y Jefes militares de la Nación de perseguirlas y de exterminarlas con sus tropas”. Para que vieran que no era un matasiete, declaraba que, si bien “nuestro gobierno respeta todas las opiniones políticas, no puede tolerar unos criminales que violenten la primera de las libertades que tiene que garantizar, la de las personas y de las propiedades”. Con todo ese rosario de palabrería esperaba que los nativos fueran cayendo, uno tras otro, rendidos ante la verborrea plena de promesas paradisiacas que auguraban, en la mente de quien creía contar con el apoyo mayoritario, un futuro de paz y armonía. Sin embargo, mientras esperaba que eso se materializara, uno de sus patrocinadores, Napoleón III, tenía algunas sugerencias que hacerle.

En una misiva fechada el 16 de noviembre de 1864, aquel a quien el escritor Víctor Hugo apodara Napoleón el pequeño, decidió que, a su pupilo Maximiliano, no le caería nada mal proporcionarle algunas recomendaciones para evitar que fuera a fracasar en el ‘negocito’ que había emprendido con el financiamiento del gobierno galo.

Al inicio del comunicado, se justificaba no haberle escrito con antelación. Argüía que no lo hizo debido a que no contaba con suficiente información. Asimismo, le indicaba que previo a ponerse a dictar las líneas, decidió entrevistarse con Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Gotha y Borbón-Orleans, el rey Leopoldo II de Bélgica quien como es sabido también tenía algo en juego en la aventura mexicana a través de su hija, la princesa, Marie Charlotte Amélie Augustine Victoire Clémentine Léopoldine, a quien todos nosotros identificamos como Carlota, en sus funciones de esposa del barbirrubio austriaco. Como resultado del intercambio de opiniones, Napoleón III y Leopoldo II, estuvieron por “completo de acuerdo en lo que, en propio interés de V. M., es más conveniente aconsejarle”. O para decirlo en términos coloquiales que al enviado había que suministrarle unas cuantas zarandeadas en las entendederas para que se avispara.

Como Maximiliano no daba muestras de actuar con rapidez, le indicaban que “para comenzar, creemos que es tiempo de que resolváis lo antes posible las cuestiones referentes a la organización de México”. Por si no le quedaba claro el mensaje, le recalcaban que “después de haber, con toda razón, consultado a los hombres del país, es esencial que se manifieste vuestra voluntad y que cese la incertidumbre sobre puntos de gran, importancia.” Acto seguido, escribía algo que asemejaba un chasquido de los dedos.

Ya se los comían las ansias y esperaban “con impaciencia la solución de las cuestiones siguientes: 1. Los bienes del clero; 2. La organización administrativa; 3. La organización judicial; 4. [ aparece ninguna anotación, pudiera tratarse de alguna clave solamente conocida para entre el remitente y el destinatario]; 5. La ley sobre reclutamiento del ejército; y 6. La organización financiera”.
Acerca de los cinco puntos primeros, Napoleón III afirmaba no tener gran cosa que decir, estimaba que Maximiliano ya había decidido como procedería, aun cuando tenia sus dudas de que así fuera por ello, le insistía “en que V. M. tome alguna decisión; cualquiera cosa es mejor que la indecisión”. Pero lo que mas le preocupaba al francés era el asunto de los dineros pues en la medida en que Maximiliano no fuera capaz de obtener las fuentes de financiamiento, todo iría con cargo a los caudales galos y el negocio podría venirse abajo.

Por esto, le recomendaba al austriaco cuan “necesario [era] comprender el establecimiento del crédito [que] es de primordial necesidad para vuestro gobierno. Aquí ya han salido al mercado los bonos de un nuevo empréstito que, confundiéndose con el primero, podrían producir a V. M. 100 millones de francos para los primeros meses del año próximo”. Pero eso no era algo que habría de darse por generación espontanea, se requerían algunas acciones que lo acompañaran. Napoleón III dejaba en claro cuan “necesario [es] que se establezca un sólido banco en México y creo que es muy importante para V. M. que los principales banqueros de París, asociados a grandes casas de Londres, consientan en ponerse a la cabeza de dicho establecimiento”. Siguiendo con la lección al pupilo, le mencionaba que “es verdad que estos hombres de negocios esperan ganar dinero, pero prestarán grandes servicios a V. M. siendo los intermediarios con Europa para las transacciones financieras y fundando un crédito sólido en México.” Para que no le quedaran dudas, por si era de comprensión lenta, le remachaba: “Recomiendo, por lo tanto, a V. M. acepte sus ofrecimientos”. Ahí no paraba todo.

Perfectamente consiente de que Maximiliano no era el foco más brillante en el árbol de Navidad y por eso la Casa de Habsburgo decidió alejarlo del entorno sucesorio, Napoleón III quién tampoco andaba muy sobrado de lucidez, especialmente si se trataba de incursionar mas allá de las fronteras parisinas, sintió que había niveles y podía dar lecciones a quien ya para entonces empezaba a creerse que los nativos lo veían como Quetzalcóatl redivivo. En ese contexto, le espetó “y en esta ocasión me permito deciros que al fundar un nuevo imperio es imposible llegar a la perfección desde el principio; todas las medidas que se toman ofrecen siempre ciertas ventajas al lado de ciertos inconvenientes, la habilidad del soberano consiste en ver si las primeras superan a los segundos”. ¿Habrá pensado el galo que con esa conclusión estaba descubriendo la piedra filosofal? Aún faltaban lecciones sabias por impartir.

Continuaba, ahora al mencionarle que existía la cuestión de Sonora. Para empezar, le indicaba “Sé que los proyectos de Mr. Gwin no han agradado en México y, sin embargo, es el hombre que puede rendir mucho en ese país”. Aquí cabe hacer una precisión acerca de este personaje cuyo nombre era William McKendree Gwin. oriundo de Tennessee y médico de profesión quién incursionó en la política como miembro del Partido Demócrata y fue uno de los primeros senadores por el estado de California. Este ciudadano fue, en 1863, a Francia y logró convencer a Napoleón III de lo conveniente que seria colonizar el noroeste de México con pobladores de los estados Confederados y sabemos lo que vendría después. ¿Por qué será que en cada caso de perdida del territorio nacional o intento de, siempre aparecen miembros del Partido Demócrata estadounidense? Pero regresemos a la misiva de Napoleón III quien buscó hacerse aparecer como alguien preocupado por que no fuéramos a perder mas territorio.

Escribía que “para explotar Sonora, es necesario adoptar, para las minas la [practica] española y, para los colonos, la de América del Norte. En México se teme que Sonora se convierta en una provincia estadounidense, pero, creedme, si no se hace nada, lo llegará a ser por la fuerza de los hechos. Ya los colonos y aventureros se introducen individualmente y, cuando su número sea importante, sin organización y sin control del gobierno, se declararán independientes, lo que no llegará a suceder si el gobierno se pone a la cabeza de la inmigración, planta una bandera y organiza el país”. Como podemos observar, una y otra vez, Sonora ha sido tierra codiciada para convertirse en una estrella mas y no precisamente en el contexto de aquel slogan televisivo. Hasta ahí, según lo que escribía Napoleón III a continuación, todo eran minucias.

Como si de pronto sonaran las trompetas anunciando el evento principal, señalaba: “Llego ahora a la cuestión más delicada. Creo que V. M. debe conservar por largo tiempo el poder absoluto”. Eso era establecer un poder dictatorial, si se tratase de plebeyos, pero, en este caso, recordemos que las casas reales y sus descendientes están investidos por el dedo divino mediante la intervención del CEO en turno de la multinacional más antigua y se trata simplemente de un acto de benevolencia por el bien de los desposeídos. Para que aquello luciera decente, el consejo era “que, sin correr ningún riesgo, haga sancionar sus actos mediante una apariencia de representación nacional. Es decir que consideraría muy beneficioso, a los ojos de Europa, sobre todo, que V. M., después de concluida la organización del país y resueltas las grandes cuestiones pendientes, convocase por uno o dos días un Congreso cuyos miembros serían nombrados por V. M. entre los elegidos por los municipios; de esta manera el Congreso estaría integrado por gente que gozaría de la confianza de sus conciudadanos, pero la elección de V. M. impediría que se compusiese de opositores”. Esto sería todo un proceso de transformación en donde “en vuestro lugar, yo comunicaría a esta asamblea todo lo realizado; le anunciaría que una vez pacificado todo el país, trabajaría con celo en elaborar una constitución, pero solicitaría un voto de confianza que me diese todavía poder dictatorial por algunos años”. O para decirlo en términos llanos, todo dentro de la ley, fuera de ella nada aun cuando haya que someterla a un poco de tormento jurídico para que la realidad se ajuste a ella. Tal y como sucede en toda democracia moderna, faltaba más. Tras de la filípica, Napoleón III creyó conveniente suavizar el guamazo.

Antes de que Maximiliano saliera del atolondramiento, le indicó: “Someto estas ideas a V. M., rogándole me perdone si me permito aconsejarle, pero debe comprender que es un verdadero interés el que me guía a expresarle mi pensamiento con toda libertad.” Y para seguir con el “sana, sana” mencionaba “supe con gran placer que la gira de V. M. se cumplió con los mejores auspicios y que, durante vuestra ausencia, la emperatriz se desenvolvió con notable tacto y habilidad en sus funciones de regente. Os ruego presentarle mis homenajes”. Sin embargo, aun cuando lo envolvía en melindrosas palabras, volvía a la carga y señalaba: “V. M. ha realizado ya muchas cosas buenas y veo con alegría que todo el mundo le hace justicia, pero, permitidme deciros que es necesario ocuparse de las grandes cuestiones, del basamento y del armazón del edificio que V. M. empieza a levantar, antes de dedicar la atención a detalles”. Y entre esos había uno muy importante.

“El rey de Bélgica cree que sería útil, si es posible, emplear al ejército mexicano en trabajos públicos. En cuanto al ferrocarril que debe unir México a Veracruz, creo que nada es más importante.” Ni quien lo dude, toda una idea transformadora con la cual el pequeño concluía su mensaje. Pero no era el único quien escribía con destino hacia México, también lo hacía su esposa María Eugenia Ignacia Augustina de Palafox y KirkPatrick, 16ª Condesa de Teba, 15ª Marquesa de Ardales, mejor conocida como Eugenia de Montijo, quien el mismo 16 de noviembre se dirigía a Carlota mencionándole acerca de la reunión referida líneas arriba, además de enfatizar que “la grave cuestión continua siendo la financiera; de un momento a otro Vosotros estaréis obligados a recurrir a un nuevo empréstito emitido, en parte, probablemente, en Europa; el retorno de una parte del contingente inspirará confianza y cuando nuestras Cámaras se reúnan se podrá decirles que la otra parte no ha sido modificada”. Asimismo, le mencionaba que ya había hablado con el “emperador de la posibilidad de que se queden un tiempo mas los oficiales y suboficiales que deben regresar a Francia y me respondió que a los primeros se les había dado esta facilidad, permitiéndoseles ingresar a la Legión Extranjera y a los suboficiales se les haría quedar…” Igualmente mencionaba sobre el regreso de M. Corta, un personaje a quien Napoleón III envió a México para controlar el sistema financiero y especialmente los ingresos aduanales que eran los únicos seguros para el reintegro de los créditos anglo-franceses. Asimismo, se encargaba de evitar los derroches de Bazaine. Sin embargo, Corta no estaba muy a gusto en México e inventó mil excusas para regresar a París. Respecto al viaje de Maximiliano por el interior de México, Eugenia comentaba a Carlota que en Europa todos sabían de lo bien que le había ido, pero que necesitaba saber acerca de las medidas financieras que estaban implantadas. “Ante la proximidad de la apertura de las sesiones de la Cámara, quisiéramos poder decir lo que se ha realizado por la purificación y la organización de vuestro hermoso país, pues V.M. no ignora hasta qué punto la oposición siempre está pronta para servirse de todo”.

Como es factible apreciar, en estas misivas se delineaba como habrían de construir un imperio, de opereta, y cuales eran los consejos sabios y desinteresados que se le daban a quien buscaba redimir a una partida de aborígenes resistiéndose a entender las bondades de la transformación encabezada por un barbirrubio quien únicamente buscaba que alcanzaran los beneficios de la civilización que les proporcionaría, paz, justicia y progreso económico.

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Añadido (1) Al parecer, el ciudadano Bartlett Díaz no solamente anda con la percepción histórica extraviada. Ahora, mostró que los temas legales y la información precisa, también, tomaron rumbo desconocido para él. Malo cuando las secreciones biliares obnubilan las entendederas.

Añadido (2) Como ese negocio ya no da para más, el CEO de la multinacional más antigua le espetó que al incumplir los acuerdos, pues que se olvide de apoyo alguno. ¿Nos enteraremos algún día de los pactos secretos que el tal Nicolás no honró?

Añadido (3) Quien lo iba a decir. Ahora resulta que los “headhunters” del ignaro con botas eran todos unas eminencias si los comparamos con quienes seleccionan en los días que corren.
09 Febrero 2019 04:00:00
El origen del instituto del pueblo, allá por el pueblo
El tema que nos ocupará en este espacio, aun cuando da inicio allá por los rumbos del pueblo, habrá de tener resonancias importantes en la vida futura de México y el protagonista jugaría un papel relevante cuando trataron de juzgarnos al otro lado del Bravo. En esta ocasión, les comentaremos sobre algo relacionado con la historia de Piedras Negras, Coahuila bajo la premisa de que, en asuntos de nuestro sitio de origen, no alcanzamos el grado de expertos, y mucho menos queremos invadir los territorios de otros quienes poseen amplios conocimientos sobre el tema. Eso sí, debemos de apuntar que, hasta donde recordamos, únicamente don Rafael Villarreal Martínez, sin asumirse jamás como erudito, hace una mención precisa sobre el tópico en el segundo de sus libros, “Piedras Negras. Personajes Sitios y Recuerdos (2010),” el primero fue “Piedras Negras. Destino y Origen. 80 años, una narración para mis nietos (2005)” Así que, vayamos a lo que Samuel Guy Inman nos relata en su libro “Intervention in Mexico (1919).

Estamos seguros de que, para los versados en la materia, Inman es ampliamente conocido, pero para quienes comparten con nosotros el conocimiento limitado sobre el personaje, siempre será conveniente apuntar que nació, en 1877, en Trinity County, Texas. En 1901, se desempeñó como asistente de pastor en la Primera Iglesia de los Discípulos de Cristo en la ciudad de New York y posteriormente, en 1904, obtuvo su licenciatura en Columbia University. Después de ello, se convirtió en pastor de la Iglesia del Tabernáculo en Fort Worth, Texas. A lo largo de su vida habría de distinguirse por las acciones que desarrolló como misionero, profesor y reformador social. En ese contexto fue que arribó por los rumbos del pueblo.

Corría el año de 1908, el pueblo se llamaba Ciudad Porfirio Díaz y los habitantes en la cabecera municipal rondaban entre los 7 y 8 mil, incluidos nuestros ancestros paternos quienes tenían rato, algunos más de dos décadas, de haber llegado por ahí, los maternos tardarían algunos años para ubicarse por esos rumbos. De acuerdo con la descripción realizada por Inman, al arribar al pueblo, se percató de cuan importante era fomentar la educación como un instrumento que permitiera a México acceder a una nueva etapa. Convencido de que había el material humano para llevar a cabo la transformación, dejó atrás las palabras y procedió a la acción.

Lo primero que hizo fue elaborar un diagnóstico y encontró que en Piedras Negras no existía ningún sitio en el cual los jóvenes se pudieran reunir por la tarde-noche para alimentar el intelecto. Asimismo, el proceso educativo se detenía al terminar la primaria. No se contaba con ningún club literario, cursos de lectura, biblioteca publica o cualquiera otra actividad o sitio que permitiera acelerar el proceso neuronal. Ante eso, Inman decidió convertir un espacio de su vivienda en un salón de lectura. Para su sorpresa, durante la primera semana, un número significativo de jóvenes empleados de comercios, bancos y oficinas empezaron a visitar el sitio. A los pocos días aquellos jóvenes solicitaban les dieran clases de inglés, más tarde fue establecido un club de debates. Por esos días, daba inicio la feria de apuestas semestral. Durante seis semanas, el juego y la diversión se apoderaban del animo de los paisanos. Las instalaciones eran ubicadas en la plaza principal, además de que se efectuaban corridas de toros y, según Inman, había “cosas peores” con las cuales, también, daban rienda suelta al regocijo. Ante eso, los asistentes al club de debates sintieron que era la hora de discutir sobre que tan benéfico eran ese tipo de diversiones. Inman, sin embargo, actuaba cauteloso. Sabía que cualquier crítica podría provocar molestias al presidente municipal, cuyo nombre no menciona, ni nosotros encontramos en el listado respectivo ya que en 1905 aparece el general José E. Santos y de ahí se va a 1909 cuando lo era el doctor Lorenzo Cantú. Pero volviendo a los debates, estos resultaron muy animados. Para algunos, apoyando la postura oficial, la feria de apuestas era algo positivo. Afirmaban que el año anterior, había dejado utilidades al municipio por 10 mil pesos, mismos que se utilizaron para construir una escuela. El éxito de las discusiones fue tal que no solamente atrajo a los participantes, sino a un público numeroso y el espacio resultó pequeño.

Dado lo anterior, se solicitó al director y al superintendente de educación publica que intercedieran ante el presidente municipal para que les facilitara el teatro municipal. Tras de la labor de convencimiento y la aceptación para ceder el inmueble, procedieron a inflamar el ego de la autoridad a quien le vendieren que, si aquello se convirtiese en un evento importante, pues él tendría que presidirlo. Y como lo consideró trascendente, el domingo siguiente, los debatientes, diez de los prohombres más importantes del pueblo y por supuesto la primera autoridad, se reunieron en el sitio original de los debates y de ahí con la banda municipal por delante agarraron la Calle Real (hoy Zaragoza), y, tal como lo hicieran al anunciar las corridas de toros, partieron en un desfile que concluiría en el teatro municipal. Como el evento fue un éxito, se repitió por varios domingos. Pero eso no se quedó en discusiones teorizantes, como conclusión, se acordó que los juegos de azar eran dañinos y se solicitó al gobernador de Coahuila, Jesús María de Valle de la Peña (padre del escritor Artemio de Valle Arizpe), que prohibiera el otorgamiento de concesiones para tal fin, la respuesta fue en afirmativo. Eso no paró ahí.

Como a los paisanos se les despertó la neurona, pues los debates fueron creciendo en temas y audiencia. Aquello llegó a un punto en que era necesario contar con un sitio propio. Inman cuenta que, gracias a la contribución de un habitante prominente, el Club Comercial y varios ciudadanos del pueblo y de Eagle Pass, Texas, fue factible hacerse de un terreno al final de la Calle Real y edificar la construcción. La inauguración del inmueble se desarrolló como parte de los festejos del Centenario en 1910 y se convirtió en un festejó. Desde la presidencia municipal partió un contingente al frente del cual iba la banda municipal, un pelotón del ejercitó, el presidente municipal y los integrantes del cabildo, el representante del gobierno del estado, así como miembros de sociedades mutualistas y de las organizaciones obreras. Al arribar al sitio, Inman entregó al alcalde las llaves del inmueble y lo dedicó “al servicio de la humanidad.”

Conforme a la narrativa de Inman, en el Boletín de la “Pan-American Union,” se publicó un artículo dedicado al Instituto del Pueblo. En dicha pieza, era comentada la labor tanto educativa como la de formación de conciencia cívica y social, incluyendo la protección de los animales (y pensar que los animalistas creen formar una generación primigenia). En lo referente al aspecto educativo, se describía como de lunes a jueves, por las noches, se impartían quince materias que incluían entre otras, “taquigrafía en inglés y español, mecanografía, aritmética, geometría literatura inglesa y española, gramática en ambas lenguas, ética, higiene y educación física.” Durante el último periodo lectivo, acudieron a las aulas cien alumnos entre los que se contaban tanto hombres como mujeres. Durante las noches, entre clases, diariamente se ofrece una conferencia publica en la cual se tratan tópicos diversos como moral, filosofía y/o historia. Los viernes por la noche, bien podían ser dedicados a divertirse con juegos u ofrecer recitales musicales y/o literarios, así como presentar tópicos de interés popular. Asimismo, las celebraciones cívicas tanto de México como de los EU se observaban como una manera de permitir que se entendiera lo que cada país era y en esa forma promover la convivencia armónica entre esas dos naciones. Un aspecto muy importante dentro de las labores del Instituto era el fomento a la lectura. Inman estaba convencido que los mexicanos gustaban de la buena lectura y todo era cosa de permitirles el acceso a ella para que se animaran a leer. Para ello, establecieron dentro de su biblioteca un sistema de prestamos de libros. Los tópicos que mas se demandaban eran la historia, la filosofía y la ciencia que superaban por mucho a los de ficción (¿Cuál sería la opinión al respecto de aquel fulano deleznable, a quien algunos adoran allá en el pueblo, quien nos calificaba de únicamente disfrutar con la ingesta de carne asada?). “La traducciones de Emerson y Tolstoi eran más solicitadas que los libros de Cervantes o los escritores españoles modernos.” Además de ello, Inman estaba consciente de que había otro sector de la población que demandaba atención y eran aquellos cuyas capacidades intelectuales eran mas aptas para el trabajo manual. En ese sentido, se ofrecían cursos para que las jóvenes aprendieran a desarrollar sus habilidades relacionadas con el corte, confección y la elaboración de manualidades que pudieran ofrecerlas para la venta. En el caso de los varones, se les impartían cursos que les permitieran obtener conocimientos que les permitieran ser empleados en las diversas etapas de la actividad que en esos tiempos era la fuente principal de trabajo en la localidad, el ferrocarril. En todo este proceso educativo, se buscaba incorporar a los profesionales quienes vivían en la localidad.

Inman narra el caso de un juez federal a quien de la ciudad de México enviaron a vivir a Piedras Negras. El hombre, cuyo nombre no menciona, se sentía fuera de sitio y no encontraba en que ocuparse durante su tiempo libre. Al conocerlo, Inman decide invitarlo a que impartiera un curso en el Instituto. Aquello arrojó resultados muy positivos, al grado tal que sus horas fuera de oficina las empezó a dedicar a dar clases ahí, impartía derecho comercial, al tiempo que invitaba a otros profesionales para que se sumaran a la plantilla de maestros.

Hubo otros casos. Uno de ellos, fue el de un experto en la agricultura de temporal, Zeferino Domínguez, quien ofreció varias conferencias sobre el tema e instaló maquinaria para mostrar cual era la mejor semilla de maíz para ese tipo de cultivo. Asimismo, se presentó a charlar un ciudadano de origen chino, J. Kim Yuen, quien explicó acerca de como era factible encontrar una solución a la demanda que su gobierno presentaba para lograr una indemnización por la masacre cometida en contra de los chinos en Torreón. Ahí, también, se apersonó uno de los más importantes maestros mexicanos, Andrés Osuna Hinojosa fundador de la Escuela Normal de Saltillo, quien fuera el creador, en 1899, de la dirección general de instrucción primaria en Coahuila y, en 1918, sería gobernador de Tamaulipas. Pero, como ya se apuntó, el Instituto y sus directivos no eran ajenos a los tiempos que vivía el país.

El 1 de junio de 1911, Inman habría de empezar a involucrarse directamente con los personajes que transformarían al país para bien. Ese día fue testigo de la llegada, vía el puente internacional que une a Eagle Pass, Texas con Piedras Negras, de Francisco Ygnacio Madero González quien era recibido por el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza Garza. Por esos días, en su calidad de mandatario estatal, Carranza visitó las instalaciones del Instituto del Pueblo y el presidente municipal, el doctor Cantú, le comentó que todos los jóvenes quienes participaban en la vida política nigropetrense en favor de la democracia había obtenido su entrenamiento en el club de debates, en los cursos de lectura y en las clases nocturnas que se impartían en el Instituto. Posteriormente, Carranza e Inman se entrevistarían en el Hotel Coahuila, ese edificio ubicado en el cruce de las calles Guerrero y Zaragoza que hoy luce los estragos del tiempo. En dicho sitio, el primero giró instrucciones para que diversos profesores se reunieran con el estadounidense y discutieran cómo incorporar el modelo utilizado en el Instituto del Pueblo a los planes educativos estatales.

Para febrero de 1912, las cosas empezaban a lucir ominosas en la vida política del país. Las ambiciones personales afloraban, recordemos que, en noviembre del año anterior, Emiliano Zapata y el genéticamente predispuesto a la traición, Pascual Orozco ya habían demandado, vía el Plan de Ayala, la destitución del presidente Madero González. La noche del día 22 del mes mencionado, vaya fecha, se efectuó una ceremonia con motivo del natalicio del presidente estadounidense George Washington, recordemos que en aquellos tiempos aún no les llegaba lo de mover las celebraciones y juntarlas con otras. Además de dar lectura al discurso de despedida de Washington, se analizó la situación imperante en México. En ese entorno, se enfatizó cuán importante era respaldar al gobierno de Madero, los costos que tenía no obedecer a la autoridad constituida y lo relevante que era dar tiempo para que se consolidaran las reformas que el coahuilense tenía en marcha. Para remarcar esos temas, se organizó un comité el cual se encargaría de organizar diversas charlas sobre el tópico en el teatro de la localidad. El 16 de septiembre del año referido, una multitud se lanzó por la Calle Real y cuanta casa perteneciente a extranjeros encontraba al paso, la surtían de piedras. Sin embargo, Inman apunta, al encontrarse frente al edificio de la institución educativa se abstuvieron de practicar lanzamiento de objeto alguno. Ya de regreso, el grupo fue y se plantó al pie de la estatua, la de Hidalgo que desconocemos a donde fue a parar, ubicada justo enfrente del Instituto y aquello fue un discurso incendiario tras otro, sin que ninguno de ellos fuera enfocado en contra de los extranjeros que dirigían el plantel educativo. En ese ambiente de tensión trascurriría el resto del año y el primer mes y medio del siguiente.

Llegó el 22 de febrero de 1913 y con él la asonada en contra del presidente Madero González perpetrada por un católico muy devoto, el chacal Victoriano Huerta. Ante ello, el gobernador de Coahuila, don Venustiano, procedió en consecuencia y el destino volvió a llevarlo a Piedras Negras en donde consolidó su amistad con Inman. El Instituto del Pueblo habría de convertirse en un centro de operaciones del carrancismo, cuyos miembros utilizaban las máquinas de escribir, libros y mapas del instituto, además de ocupar constantemente la sala de lectura para efectuar reuniones. Además, Carranza envió a estudiar en los centros educativos de los Estados Unidos de América un número importante de maestros y jóvenes. Cuando las tropas del Constitucionalismo abandonaron Piedras Negras y otros llegaron a ocuparlo, la suerte de Inman varió y tuvo que abandonar el pueblo, aun cuando el Instituto continuó operando. Ello no implicó el fin de la amistad y la admiración que Inman profesaba hacia Carranza Garza.

Cuando el 8 y 9 de septiembre de 1919, el comité senatorial instaurado por el senador republicano por New Mexico, Albert Bacon Fall, dio inicio a sus audiencias, el primer testigo que apareció fue Samuel Guy Inman quien sostuvo que don Venustiano era un hombre que impulsaba la educación y promovía la libertad religiosa. Dicha comparecencia es un tema que con amplitud mayor abordamos en nuestro libro “El Senado estadounidense enjuicia a México y al presidente Carranza” (INEHRM, 2017). A lo largo del tiempo Inman continuó promoviendo el mejoramiento de las relaciones entre las naciones de América Latina y los EU. En reconocimiento a todo ello, el 3 de marzo de 1950, el presidente de México, Miguel Alemán Valdés, le impuso la condecoración del Águila Azteca (entonces con un significado muy alto) por sus acciones a favor de la cooperación interamericana y su apoyo a México en pro de la democracia revolucionaria.

Esta es apenas una breve semblanza sobre el Instituto del Pueblo, al cual en nuestros tiempos conocimos como el Instituto Andrés Osuna, y Samuel Guy Inman, un personaje que pocas veces es mencionado en la historia de Piedras Negras, Coahuila. ¿Influirá en ello que su relación con el Gran Arquitecto la asumía desde una perspectiva distinta a la que tienen algunos o es simplemente que se les ha pasado a los expertos en la historia del pueblo?

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Añadido (1) Cuanta carencia muestran con eso de querer endilgar a las abuelas el cuidado de los nietos, todo por ahorrarse unos pesos.
Añadido (2) Nos negamos a aceptar que esa sea la imagen de la diplomacia mexicana. La fotografía era patética y no pudimos sino añorar la estatura de figuras como Matías Romero Avendaño, Isidro Fabela Alfaro, Manuel Téllez Acosta, Genaro Estrada Félix, Luis Padilla Nervo, Jaime Torres Bodet, Manuel Tello Baurraud, Rafael de la Colina Riquelme, Alfonso García Robles, Jorge Castañeda y Álvarez de la Rosa, Bernardo Sepúlveda Amor y Rosario Green Macías, entre otros.
02 Febrero 2019 04:00:00
Alguien quería entregar el petróleo mexicano
Transcurría el décimo mes del año, 1940, el país llevaba cerca de 31 meses de euforia ultranacionalista tras de la expropiación petrolera, el logro máximo del gobierno encabezado por el presidente Lázaro Cárdenas Del Río. Para ese momento, Salvador Abascal Infante y sus huestes sinarquistas, creadas en mayo de 1937, habían dejado de dar lata. Las negociaciones realizadas por el jefe de la campaña presidencial, Miguel Alemán Valdés, con los hombres de negocios regiomontanos, quienes eran los apoyadores reales del movimiento, fue una carambola de dos bandas. Por un lado, dejó a los sinarquistas sin financiamiento y por otro, logró que los regios no apoyaran al candidato presidencial opositor Juan Andreu Almazán. Faltaba mes y medio para que el presidente de la República electo, el general Manuel Ávila Camacho tomara posesión. Sobre aquellos días les vamos a narrar una historia de la cual nos faltaba una parte.

Ya se iban, pero seguían mandando y, aun cuando expropiaron el petróleo a los estadounidenses, no terminaban de negociar con los ingleses. Como el petróleo de nada servía nacionalizado sin generar recursos, pues, como dicen por ahí, haciendo de tripas corazón y apretándose la nariz no les quedó sino terminar vendiéndoselo a ese par de almas de la caridad que eran la bestia austriaca y el duce italiano. Pudiéramos decir que el presidente Cárdenas, sin ser creyente ferviente, aplicó aquello que “primero está comer que ser cristiano.” Aquí debemos de apuntar que había otros en el mundo quienes no solamente vendían. Al norte del Bravo, el presidente Franklin Delano Roosevelt llamaba al duce italiano “admirable” y “se mostraba profundamente impresionado por lo que había logrado.” Pero dejemos disgregaciones y volamos al tópico central de esta colaboración.

La ocasión primera en que nos enteramos del tema fue cuando, hace años, leímos “Strategy, Security and Spies. Mexico and the U.S. as allies in World War II,” (Pennsylvania State University, 1997) de la economista e historiadora María Emilia Paz Salinas. De ahí, verificamos la información en las fuentes originales en los EUA, pero nos quedaba pendiente una pieza para cerrar el triángulo de la información dura. Era un documento que colocaba tambaleante todo el discurso nacionalista. Por un buen rato nos olvidamos del tema. Fue hasta hace unos días cuando encontramos el documento faltante. Pero hagamos un recordatorio breve de cómo surge todo esto.

El petróleo no se saca con un popote y hay que meterle centavos para sacar pesos. Pero, ni lo uno, ni lo otro abundaba en las arcas naciones. Ante eso, el mandatario de origen michoacano volteó la mirada hacia el oriente, se duda que buscara la llegada de los Reyes. Creyó que nadie lo observaba. Sin embargo, no todos estaban distraídos, los vecinos y el segundo mejor embajador que nos hayan enviado, Josephus Daniels, no quitaban la vista sobre lo que aquí sucedía. Veamos que pasaba en 1940.

Como si fuera regalo de reyes, el 6 de enero de 1940, The New York Times y The Chicago Daily Tribune publicaron declaraciones del gerente general de Petróleos Mexicanos, Vicente Cortés Herrera quien reclamaba al sindicato que la industria petrolera mexicana operaba en “condiciones desastrosas”. Prevalecían la “inexperiencia, ineficiencia y la carencia de responsabilidad.” La rapiña era rampante y el incremento de costos junto con el descenso en la producción ponía aquello en una situación muy delicada. Los trabajadores argüían que los problemas eran originados por los administradores quienes carecían de conocimientos. [No vayamos a perdernos, relatamos hechos de 1940]. En abril de 1938, el número de trabajadores petroleros era de 15,895 y los costos de operación mensuales alcanzaban 4.3 millones de pesos. Para enero de 1940, 19,316 personas laboraban en la industria y los costos de operación por mes eran de 6.5 millones de pesos. Durante ese periodo, la extracción de crudo disminuyó de 570 mil metros cúbicos mensuales a 470 mil. Cortés apuntaba que, sin avisar a los directivos, el sindicato decidía a quien contrataba. Asimismo, se enfrentaba falta de disciplina entre los obreros quienes se rehusaban a poner en práctica los planes de trabajo elaborados por los directivos. Aunado a ello, existía el robo de tubería e inclusive se daban casos de que se conectaran ductos de los tanques de almacenamiento a las casas de los trabajadores quienes desde ahí vendían el producto. [Por si alguien quiere decirnos que el huachicol empezó en los tiempos del ignaro con botas]. Se les otorgaban medicamentos sin costo alguno y en lugar de utilizarlos los vendían. Lo mismo sucedía con los juguetes que en Navidad les entregaban para sus hijos.

El 25 de enero de 1940, la prensa estadounidense dio a conocer que, en los campos petroleros del Golfo de México, se incrementaba la presencia de japoneses. La Compañía Petrolera Veracruzana, financiada por la firma nipona Mitsui, daba inicio a los trabajos para abrir a la explotación diez pozos nuevos en Jopoy, ubicado en Tamaulipas. Desde el 18 de marzo de 1938, los únicos dos permisos otorgados con tal fin habían sido para dicha empresa.

A principios de febrero, se anunciaba la conclusión del tratado de comercio entre los EUA y Japón que buscaba con quien hacer negocios y los hicieron con las autoridades petroleras mexicanas. La oferta era que, a cambio de llevarse siete millones de barriles de crudo, ellos pagarían con efectivo y bienes. El precio del crudo no sería menor al del mercado estadounidense. La cantidad por pagarse en efectivo sería pequeña, la mayor parte se haría con productos de algodón, equipo eléctrico de costo bajo y otros artículos similares. Durante los dos meses siguientes, nada de supo públicamente de cómo iban las negociaciones. Sin embargo, en marzo, el presidente Cárdenas Del Río envió al presidente de la compañía La Laguna, el Dr. Kisso Tzuru, un proyecto de acuerdo para construir un oleoducto a través del Istmo de Tehuantepec, el cual operaría mediante una inversión conjunta a través de la creación de una empresa que dirigiría el general Francisco José Mujica Velázquez.

A principios de abril, la Compañía Petrolera La Laguna y las autoridades mexicanas firmaban un contrato para que se enviaran a Japón 2.4 millones de barriles de productos petroleros, (dos millones de crudo, 210 mil de gasolina y 192 mil de queroseno), mismos que nos pagarían a 30 centavos de dólar por abajo del precio de mercado. Alegaban que esto era para compensar el costo de transportarlo a través del Canal de Panamá. En el contrato, se especificaba que los desembolsos se efectuarían en efectivo, salvo los cien mil dólares que fuentes no oficiales indicaban habían sido entregados cuando se signó el contrato, al momento de la entrega a tanques japoneses que estarían en Tampico y Minatitlán.

Un análisis elaborado por The New York Times enfatizaba que, si bien más de la mitad de las importaciones mexicanas provenían de los EUA, entre 1930 y 1940, el mercado mexicano se convirtió en un buen sitio para productos baratos provenientes de Gran Bretaña, Francia Alemania, Italia, Suiza y Japón. Este último país era el que mayor dinamismo mostraba. Entre 1931 y 1938, las exportaciones estadounidenses a México se duplicaron, mientras que las japonesas crecieron ocho veces, especialmente en productos como rayón, juguetes, equipo eléctrico, maquinaria pequeña y otros similares. Detrás de este boom, estaba el Dr. Tzuru (al nacionalizarse mexicano lo castellanizó a Turo) quien actuaba como gerente general de la Compañía Internacional de Comercio, la cual se encargaba de introducir al país artículos farmacéuticos, además de controlar otras siete u ocho negociaciones. Tsuru sostenía relaciones de negocios con políticos ligados a Francisco J. Múgica Velázquez y Emilio Portes Gil, incluyendo los generales, Juan Barragán Rodríguez, Dámaso Cárdenas Del Río y Antonio I. Villarreal González. Asimismo, a través de la Compañía Minera Turo, se infiltraron en la extracción de minerales inicialmente con la exportación de plomo y aspiraban a explotar las minas de hierro en Las Truchas, Michoacán. Se aseguraba que una gran parte del capital de operación de las compañías petroleras La Laguna y la Veracruzana era suministrado por Oji Paper Manufacturing Company of Tokio, presidida por G. Fujihara. Sin especificarse quien, se decía que los permisos de exploración que obtenían las empresas japonesas se lograban gracias a un subsecretario quien fue presidente de la Veracruzana. Se hablaba de que los japoneses habían gastado alrededor de tres millones de pesos en perforaciones ejecutadas en zonas que de antemano se sabía no había petróleo, pero que, no obstante, planeaban recibir mayores inyecciones pecuniarias para tal efecto.

Asimismo, en la costa oeste de México, vivían alrededor de 30 mil japoneses quienes mantenían una interacción amplía con los mexicanos ya fuera mediante el matrimonio o simplemente a través de la nacionalización. De igual manera, llamaba la atención la presencia en el Pacifico mexicano de la flota pesquera japonesa compuesta por veinte embarcaciones, aun cuando al parecer eran más. La compañía Kaishan, 80 por ciento de sus acciones pertenecían al gobierno de Japón, era la que aparecía como propietaria. A la par, se hablaba de centros de espionaje japonés ubicados en Tijuana y Guaymas en donde operaban las oficinas de una compañía pesquera. No muy lejos de este sitio, en un poblado pequeño, había una radiodifusora clandestina. En igual forma, se especulaba que los representantes de las empresas Mitsui e Iwai estaban en negociaciones con el gobierno de México para que se les concesionara el aprovechamiento de la sal en la bahía Ojo de Liebre en Baja California, Sur. Asimismo, los nipones deseaban construir un ferrocarril a la bahía de San Bartolo. En medio de todo ello, un miembro de una misión comercial mexicana que fue a Japón indicaba que acerca de lo que más les preguntaron fue sobre la relación de nuestro país con los EUA y no de las posibilidades de hacer negocios. Pero al parecer, como no se leían los diarios en inglés, en México todo era ver como se podían entablar relaciones más estrechas con las empresas japonesas, especialmente las petroleras.

Inmersos en todo lo anterior, a mediados de octubre, se dio a conocer habérsele otorgado a la Compañía Petrolera Veracruzana una concesión por cinco años para que explorara una área de 100 mil hectáreas en el estado de Veracruz. Hasta ahí llegó la indiferencia del gobierno estadounidense que había observado pacientemente como los nipones tomaban posesión de uno y otro negocio en México.

El 20 de octubre de 1940, el presidente Cárdenas Del Río recibió la visita del embajador estadounidense Daniels quien, con cara de “me” no entender, llegó ante don Lázaro y le mostró las páginas 2 y 3 de un ejemplar del Diario Oficial publicado el lunes 14 de octubre anterior (el documento que nosotros no habíamos encontrado). Al lado izquierdo en la mitad de la hoja 2, se leía: “Contrato de exploración y explotación petroleras, que celebran por una parte el C. Subsecretario de Economía Nacional, que en lo sucesivo se designara como ‘el Gobierno’, y por la otra la Compañía Petrolera Veracruzana, S.A., que en lo sucesivo se designara como la ‘contratista.’” A continuación, aparecía, en la Cláusula Primera: “La contratista se obliga a desarrollar trabajos de exploración geológica y geofísica técnicamente organizados en una superficie de 100,000.00 Hs (cien mil hectáreas) de terrenos de Reservas Petroleras Nacionales, ubicados en los municipios de Misantla y Jalapa en el Estado de Veracruz.” En esa área habrían de realizar trabajos de exploración e identificación de terrenos para lo cual, conforme a la cláusula Cuarta “dispondrá de un plazo de cinco años contados de la fecha de este contrato…” En la Quinta estipulación, se indicaba que “dentro del mismo plazo…hará el deslinde de los terrenos y los dividirá en diez fracciones de 10,000 hectáreas cada una…” La Sexta condicionante mencionaba que, a cambio de cumplir con las obligaciones, “…el Gobierno le concede el derecho de perforar y explotar pozos petroleros…por un plazo de veinte años a contar de la fecha en que termine el plazo señalado para exploración.” En la Séptima leemos: “Terminado el plazo para exploración geológica y geofísica, se obliga la contratista a ejecutar trabajos de exploración profunda, llevando a cabo, la perforación de dos pozos anuales, en tanto los terrenos ofrezcan perspectivas comerciales. Cuando en un año se perforen más de dos pozos, los excedentes se tomarán en cuenta para el cumplimiento de la obligación en el año siguiente o siguientes.” Respecto a los beneficio para el gobierno, en la cláusula Novena, se indica que el contratista …reconoce al Gobierno una regalía del cinco por ciento de la producción bruta de los pozos que explote… y el cinco por ciento de esa producción en favor de los superficiarios, por todo el tiempo que mantenga en explotación los pozos referidos.” En la Décimo Primera, se apuntaba que la contratista podía “…ejecutar en los terrenos materia de los mismos, todo aquello que requieran las expresadas labores [de exploración] bajo su exclusiva dirección y responsabilidad…” La Décimo Segunda declaraba que “el gobierno tiene el derecho de inspeccionar los trabajos que se lleve a cabo en los terrenos…” Para concluir, en la última, la Décimo Quinta se especificaba que “…durante la vigencia del presente contrato seguirá considerándose como mexicana y tanto ella como los extranjeros y los sucesos de ambos que tomen parte en negocios relacionados con el contrato, sea como socios o accionistas o con cualquier otro carácter, serán considerados como mexicanos en cuanto al mismo contrato se refiera…” Lo anterior, se fundaba en “…la obediencia a lo mandado en el acuerdo presidencial a la Secretaria de Economía Nacional…del 4 de mayo de 1937, registro número 526.” El contrato lo firmaban el subsecretario de economía, Modesto C. Rolland y por la empresa Enrique Malanche Torres quien fuera secretario del presidente Emilio Portes Gil.

Como respuesta a Daniels, el presidente Cárdenas alegó desconocer el asunto y ordenó se ratificará la medida. Se procedió a instrumentar machincuepas legales y Rolland fue sacrificado políticamente. Para cumplir con lo primero, se buscó un tecnicismo y, en base a ello, fue establecido que la Compañía Petrolera Veracruzana debería de cubrir un fondo de 20 pesos por hectárea para garantizar la operación. De no hacerlo, en un plazo de 30 días, se cancelaría la prerrogativa, lo cual sucedió y se echó abajo el contrato.

En el caso del ingeniero Rolland, con Cárdenas ya fuera del mando, durante la segunda quincena de diciembre, se le acusó de que, ante la ausencia del secretario Efraín Buenrostro Ochoa, autorizó a la Veracruzana la importación de 7 mil toneladas de celulosa, mientras les negaba permiso a otras que también utilizaban el producto. Nada pasó, ya fuera del sector público, Rolland fue empleado, en 1941, por el hombre negocios de origen libanés, Neguib Simón, para que proyectara y construyera la Ciudad de los Deportes que incluía la Plaza de Toros México edificación que va a cumplir 73 años y es una prueba fehaciente de que don Modesto era bueno para la construcción.

Sin embargo, en 1940, mediante retorcimientos de la ley, se quería entregar el petróleo mexicano y le endilgaron al ingeniero Rolland un rol muy incómodo. Aquí lo interesante es que tras de un mes de haberse firmado el contrato y seis días después de que apareció en el Diario Oficial, nadie en el gobierno mexicano se percató de la entrega de cien mil hectáreas para explotar petróleo. Tuvo que ser el embajador Josephus Daniels quien nos salvara por vez segunda. La primera fue cuando ignoró, en 1938, la carta del secretario de estado Cordell Hull quien casi nos envía los marines. La segunda en 1940, evitando, ante el descuido, que alguien entregara el petróleo mexicano a los japoneses. ¿Para usted, lector amable, quien fue el responsable de tal distracción?

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Añadido (1) Muy recomendable sería que los animalistas, mientras esperan que les sirvan la siguiente orden de tacos vegetarianos de chuleta y pastor, revisaran el texto de la comparecencia en el Senado de España, el 22 de enero pasado, del ganadero Victorino Martín. Tal vez, podrían empezar a comprender lo que es la fiesta brava en realidad. Y para quienes sustentan que los aficionados a la tauromaquia somos una horda de salvajes que gozamos con el tormento de los animales, les dejamos con parte de lo dicho por el propio Martín: “Si la gente disfrutara con el sufrimiento, tengan por seguro que hace mucho tiempo que habría gradas en los mataderos.”

Añadido (2) La fotografía revela todo, el pasado, el porqué de su actitud en el presente y ¿el futuro? Portando una vestimenta blanca, aparece el ciudadano Bergoglio quien, en su papel de CEO de la multinacional más antigua, coloca su pulgar sobre la frente de Maduro el cual, contrito, agacha la testuz y cierra los ojos al recibir la bendición. Ante tanta ternura, nos acordamos de la foto en donde aparece, también, con ropaje albo, el ciudadano Wojtyla junto a Pinochet desde el balcón de La Moneda. ¿Alguna duda que ellos, los de atuendo níveo, siempre están al lado de las almas pías?

Añadido (3) Hace unos días, al circular por la avenida principal del pueblo en donde moramos, tuvimos que detener el vehículo ya que, a una parvada de aproximadamente 50 patos, se les ocurrió cruzar la calle. Como no tenían prisa, pues a contemplar el espectáculo en medio de las muestras palpables de que el planeta está que arde.
26 Enero 2019 04:00:00
Ciudadanos y políticos querían llevarse Baja California y un pedazo más
Cuando escribimos “El Senado estadounidense enjuicia a México y al presidente Carranza” (INEHRM, 2017), uno de los apartados lo dedicamos a la propuesta que realizó, en enero de 1919, el Representante Demócrata por Arizona, Henry Fountain Ashurst, para que los EU adquirieran una porción de Sonora y la Baja California (BC). Aun cuando estábamos consientes que ese era el resultado de un proceso de intenciones y peticiones que diversos políticos y ciudadanos estadounidenses habían realizado desde tiempo atrás, no profundizamos en los antecedentes del tema. La información obtenida de la revisión de los documentos del departamento de estado de los EU, la dejamos archivada. Hoy, decidimos comentar sobre quienes veían, en las entonces tierras desoladas e inhóspitas, un potencial de desarrollo para los intereses estadounidenses, así como la respuesta que a ellas dio el gobierno estadounidense. Bajo la premisa de que algunas de las proposiciones pueden parecernos descabelladas y varias aseveraciones resultan ofensivas para todos nosotros, provistos de piel gruesa, vayamos al repaso de las propuestas que antecedieron a la de Ashurst.

Una vez, en 1853, la BC fue constituida en republica presidida por el aventurero William Walker. Mas tarde, con el permiso otorgado al cónsul estadounidense Elmer por el jefe político en BC, Antonio Perrin, en La Paz y en la bahía de Pichilingue fue factible que desembarcara, libre de derechos, todo el carbón que venia destinado a los buques de guerra de los EU. Posteriormente, en 1868, el gobierno del estadista Juárez García, autorizó el procedimiento descrito. Al trascurrir del tiempo, en Pichilingue, se establecería una base naval estadounidense hasta que el estadista Plutarco Elías Calles emitió, en 1925, las disposiciones para que se removiera de ahí. Sin embargo, años antes, en 1908, el gobierno del presidente José de la Cruz Porfirio Diaz Mori autorizó, el13 de marzo de 1908 uno de los más grandes despliegues de la flota del Pacífico en Bahía Magdalena con la presencia de 16 acorazados y 15 mil marineros. Al amparo de este permiso se realizaron practicas de maniobras militares. Esto provocó comentarios en el sentido de que habría de cederse el área a los EU. Aun a principios de marzo de 1910, el embajador mexicano en Washington, Francisco León de la Barra andaba desmintiendo esos rumores. Pero todo esto había ya convertido a la BC en un objeto de discusión entre los estadounidenses muchos de los cuales veían una “oportunidad” para agregar una estrella más a su bandera.

El 21 de abril de 1911, un abogado de nombre Byron Waters de la firma Waters & Goodcell ubicada en San Bernardino, California, se dirigía al presidente William Howard Taft para hacerle algunas sugerencias y observaciones sobre la BC. Comentaba que a pesar de todas las riquezas que poseía el territorio, continuaba despoblado y las condiciones eran similares a las que prevalecían, en 1846, en el sur de California cuando esta entidad fue “adquirida” por los EU. De acuerdo con los cálculos de este jurisconsulto, con la riqueza natural existente en BC, todo era imitar lo realizado durante los últimos sesenta años en el sur de California para que la BC se convirtiera en un emporio. Además, hacia otras observaciones.

“Dado el desastroso gobierno que impera en México,” escribía Waters, “el territorio de Baja California se convierte en una amenaza para las entidades estadounidenses ubicadas en la Costa del Pacífico, tal como se observó durante el intento reciente que hizo Japón por establecerse en esa región”. Mencionaba que las bahías tanto en el Golfo de California como en el Pacífico eran sitios muy adecuados para establecer bases navales defensivas y ofensivas. Bajo esa premisa era importante evitar que cayeran en manos de otras naciones que se convertirían en un peligro para la seguridad de los EU. Asimismo, Waters estimaba que como la población en BC era tan poca, en un tiempo relativamente rápido podría ser asimilada. Una vez adquirido el territorio, al operar bajo las leyes de California, podría ser dividido en cuatro o seis condados. Pero había otras propuestas más específicas.

El 3 de julio de 1911, un ciudadano de nombre F.A. Hihn, residente de Santa Cruz California, le escribía al presidente Taft urgiéndolo a adquirir BC dado que este territorio no era de ninguna utilidad para México. Ante esto, con unos centavos de por medio, el gobierno mexicano estaría dispuesto a mover la línea fronteriza del oeste de Nogales a la costa este del Golfo de California. Esto permitiría una salida libre del Río Colorado, le daría a Arizona un puerto marítimo, el Golfo seria únicamente para la flota estadounidense y en caso de guerra nadie podría entrar ahí, se construiría un fuerte en Cabo San Lucas; entre Ensenada y Santo Domingo, se instalaría una colonia para tuberculosos; entre Santo Domingo y Juanaco (San Juanico en el municipio de Comondú, BCS) una colonia penal y al sur de Juanaco otra para enfermos mentales. Según Hihn, una vez que Madero fuera electo presidente, dado que la Revolución fue financiada con fondos de la familia, pues que mejor forma de recuperar los gastos que vendiendo ese pedazo de territorio. Seguramente este señor Hihn al revisar las estrofas del Himno Nacional Mexicano creyó leer “…que el cielo un López de Santa Anna en cada hijo te dio…” Pero ahí no quedó todo, quince días después volvió a escribir al mandatario estadounidense y quiso reforzar su propuesta invocando la Doctrina Monroe y la salvaguarda no solamente de los intereses estadounidenses en México, sino la de todos los países. Según Hihn, China y Japón buscarían asegurar su presencia en la costa de México y enviarían gente para que la poblaran. Enfatizaba que era necesario fortificar la entrada del Golfo de California para proteger el comercio costero de los EU. Pero aún quedaban interesados en el tema.

El 21 de julio de 1911, Ralph Henry Cameron quien fungía como delegado al Congreso por Arizona, recordemos que esta entidad fue aceptada como estado en los EUA hasta el 14 de febrero de 1912, y un ingeniero minero de apellido Smith, fueron al departamento de estado a preguntar si en la Constitución de México no había alguna disposición para vender un pedazo del territorio nacional. Ignorante a mas no poder este individuo, desconocía que esa Constitución, la de 1857, fue elaborada por la mas brillante generación que haya dado México, la de LOS HOMBRES DE LA REFORMA y estos, pese a lo que algunos arguyen, no tenían espíritu de loteros. Al decirles que no era así, preguntaron si acaso en el Tratado Gasden, o de la Mesilla como lo conocemos nosotros, el lotero de Manga de Clavo no había ofrecido un pedazo más de territorio a cambio de unos quince o veinte millones de dólares. Cuando les dijeron que no existía nada al respecto, entonces dijeron que traían un “proyectito” para adquirir “26,000 millas cuadradas de territorio en ambos lados del Rio Colorado, y cerca de siete mil en Baja California que abarcara el delta del Colorado y el Valle Imperial” y de paso llevarse “un pedazo de Sonora hasta la Isla de Tiburón con lo cual Arizona tendría un puerto en Cabo Lobos o Puerto Libertad”. Pero la prensa estadunidense también ponía su grano de arena.

En febrero de 1912, The Denver Post publicaba una nota titulada “5,000,000 acres of land japs want in Lower California are rich in ore” (Los 20,234,300,000 metros cuadrados de tierra que los japoneses quieren en Baja California son ricos en minerales). Japón, según el artículo, planeaba colonizar esas tierras con 20,000 combatientes ya que, aparte de las riquezas naturales, la Bahía Magdalena era un sitio estratégico desde el punto de vista militar. Por esto, era necesario impedir la presencia japonesa en esa zona, además de que la finalización del Canal de Panamá convertiría a la BC en un punto muy importante para el comercio de mercancías. Pero, sobre todo, si en el futuro inmediato México seguía metido en sus revueltas y fuera necesario que los EU se hicieran cargo de nosotros para que nos apaciguáramos, pues entonces la BC era de un valor incalculable.

En una nota anónima recibida por el departamento de estado, el remitente hacía la observación de que, si se construyera un ferrocarril que fuera de San Diego a Cabo San Lucas, sería factible estar mil millas más cerca al Canal de Panamá. Así, una persona podría salir de New York, navegar, cruzar el Canal y llegar a Cabo San Lucas en donde abordaría el tren y 15 horas después estaría en San Diego. Con todo esto, en cinco años, la BC estaría poblada de estadounidenses. Más sugerencias seguían llegando sobre la BC.

El 16 de marzo de 1912, el secretario de estado, Philander Chase Knox, recibía un comunicado de James E. Daniels, un ciudadano residente de Monroe, California, quien, tras lisonjearlo, lo alentaba a que se comprara la BC ya que los japoneses podrían apoderarse de la Bahía Magdalena, establecer ahí una base naval y mas tarde tratar de apoderarse del Canal de Panamá. Para Daniels, México podría ser persuadido fácilmente de que vendiera y la adquisición contaría con el apoyo mayoritario de los estadounidenses. Como respuesta, el secretario en funciones, Huntington Wilson, le agradeció sus comentario y le aseguró que su carta seria archivada correctamente.

Posteriormente, el 22 de abril de 1914, un médico de Los Ángeles, E. F. Henderson, escribía al secretario de estado William Bryan, diciéndole porque deberían los EU comprar la BC: Porque estaba muy lejos de la ciudad de México y no era de ninguna utilidad para México, pero si para los EU; cuando se termine el Canal de Panamá, China y Japón habrán resuelto sus problemas respectivos y serán una amenaza para los intereses comerciales y estratégicos de los EU; y, por razones humanitarias ya que los pobladores de BC requerían la protección del gobierno estadounidense que les proporcionara servicios de salud, educación y aprendieran las costumbres estadounidenses.

El 19 de mayo de 1914, la Arizona and California River Regulation Commision adoptó un acuerdo para solicitar la gobierno de los EU que adquiriera los terrenos adyacentes al Río Colorado para que este cuerpo de agua quedara todo dentro de territorio estadounidense. Pero eso no era nada comparado con la petición que realizaba un mexicoamericano.

Desde Joplin, Missouri, un abogado y notario público llamado John Castillo Jr. Requería al secretario Bryan que, de una vez por todas, se trazara una línea recta desde el Río Grande (Bravo) hasta el extremo de la línea sur de New Mexico y Arizona directamente hasta el oeste del Golfo de California y pues ya de paso tomara la totalidad de la Península de BC., todo esto, decía Castillo, se justificaría bajo los principios de la Doctrina Monroe.

En base a la carta que un “amigo” le envió, el senador demócrata por California James D. Phelan, presidente de la Comisión de Ferrocarriles en el Senado, le comentaba, en enero de 1916, al secretario de estado Robert Lansing, que la frontera suroeste de los EU requería de una revisión cuidadosa, que la flota estadounidense necesitaba un sitio para practicar y que los japoneses acechaban con apropiarse de la BC, así que lo mejor era adquirirla pues el territorio no tenía ningún valor para México. Además, escribía Phelan, todo es que el nuevo gobierno en México realice una enmienda a su Constitución y asunto arreglado. Nuevamente la ignorancia, los hombres del norte, con Venustiano Carranza Garza, al frente no andaban ofreciendo pedazos de tierra, lo de ellos no eran los bienes raíces sino la integración de la patria nueva. La respuesta de Lansing a Phelan fue: “Por razones que son obvias, no puedo otorgar a su propuesta ninguna consideración seria…” Pero había otros ciudadanos que decían conocer la idiosincrasia del mexicano y daban su opinión respecto a la adquisición de la BC.

Uno de ellos era un vecino de Spokane, Washington, Arthur H. Crowell, quien de paso por Helena, Montana, tomó papel membretado del Hotel Placer y escribió al secretario Lansing que, basado en su experiencia, “…los miembros de la mejor clase [¿Serían los que resultaron del amancebamiento entre los hijos de López de Santa Anna y de los que fueron a traer a Maximiliano?] de México estaban de acuerdo en que se perdiera la BC y una esquina de Sonora…” Proponía que para no provocar problemas, se nos diera El Chamizal y ellos se llevaban lo otro. Y para que esto fuera “smooth,” nada como una buena campaña de prensa. Nuevamente la propuesta pasó a ser parte del archivo de las consideraciones no serias. Habría otras.

El 10 de julio de 1916, durante el primer periodo del 64º Congreso, el representante demócrata por el segundo distrito de New York, Charles Pope Caldwell, presentó una propuesta de acuerdo (House Resolution. 258) para que se integrara una comisión compuesta por cinco miembros, entre los cuales estarían un senador y un representante, quienes se abocarían a negociar la compra de una porción del norte de México y la Península de Baja California. Los resultados de las negociaciones deberían comunicarse al Congreso durante la primera sesión que se efectuará en diciembre del año arriba referido. Con esto, habrían de encontrarse soluciones a los problemas fronterizos entre ambos países y la paz reinaría en México. La respuesta le llegó a través del secretario de estado en funciones, Frank L. Polk, quien le comunicó que una propuesta de ese tipo “dado las circunstanciadas prevalecientes, la discusión de una propuesta de acuerdo como este produciría efectos muy poco afortunados en el ánimo de los mexicanos”. Una respuesta similar recibió Henry de la Warr Flood, el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores en la Cámara Baja, quien representaba al 10º distrito de Virginia. Otros legisladores hacían el papel de mensajeros.

Uno de ellos era, el senador demócrata por Texas, John Morris Sheppard, quien envió al secretario del interior, Franklin K. Lane, una misiva, dirigida al presidente Woodrow Wilson y a su secretario Joseph Tumulty, que le remitió un ciudadano de Omaha Nebraska, John A. McShane. Esta persona decía haber vivido por más de treinta años en México y poseer, en Chihuahua, 600 mil acres de tierra con coníferas y varias minas. Tras de aseverar que, en base a su experiencia, la mayor parte de la población estaba imposibilitada y no poseía la capacidad para gobernarse. Además, lucía piadoso, al pedir que no se interviniera por adquirir propiedades, sino por razones humanitarias. Proponía que la porción de tierra a comprar de México fuera a partir de trazar una línea desde Brownsville, Texas hasta el sur de Topolobampo. Así, se llevarían una quinta parte del territorio mexicano y solamente un tercio de su población, además de una cantidad invaluable de riquezas en recursos naturales. Como todo ese territorio no valía nada para México, los centavitos que este país recibiría le permitirían rehabilitar sus finanzas. Casi nos hace llorar la lectura de tanta magnanimidad. A esta propuesta, el secretario Lansing respondió al senador Sheppard: “…por razones que son obvias no puedo tomar seriamente esta proposición…”

Si todas estas proposiciones no tuvieron mayor eco no fue porque de pronto a las autoridades estadounidenses les hubiera salido el amor por México, lo que sucedía es que en Europa la guerra ya estaba en curso y aun cuando el presidente Wilson prometía que no enviaría a sus chamacos al frente, estaba consciente de que no podía distraerse en una aventura militar en México y mucho menos permitir la posibilidad de que nuestro país fuera a acceder a los coqueteos alemanes, además de que aquí no gobernaban loteros. Sin embargo, eso no fue el final de las controversias sobre la BC, en los 1920s, el peor embajador que nos hayan enviado los EU, James Rockwell Sheffield, inventó que el estadista Elías Calles había entregado Bahía Magdalena a los japoneses, en base a ello, con la ayuda de William Randolph Hearst, armaron todo un tinglado que formó parte de aquel cuento de que México encabezaba una conspiración mundial en contra de los EU, pero eso es otra historia la cual les contaremos en otro libro que casi está listo. En el hoy, el capital estadounidense y asiático en la Península de BC está más que presente, pero eso sí, el territorio sigue perteneciendo a México, al menos para efectos legales.


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Añadido (1) Para unos, está dedicado únicamente a combatir los “diablitos.” Para otros, es el cerebro real detrás de la 4T. ¿Cuál versión será verdadera?

Añadido (2) Eso de ver el muro en el patio ajeno y no la muralla en el propio es un pecado. ¿A poco nos va a decir que la sede de la multinacional más antigua está circundada por arreglos florales y el acceso es libre?

Añadido (3) Quien lo hubiera dicho, en pleno proceso de boqueo, las posturas del PRD adquieren calidad de exportación. En los EU, el Partido Demócrata luce como los aurinegros de antaño. ¿Les pagarían derechos de autor?

Añadido (4) En los 1960, una abrumadora mayoría (no sabían lo que les esperaba) apoyaban a Fidel. En la Venezuela de 2019, no se observa que la colectividad en favor de Maduro supere a los que se le oponen.
19 Enero 2019 04:00:00
Sobre la observancia de las leyes
Vivimos los tiempos en nos quejamos, en un gran porcentaje con razón de sobra, de que la observancia de la ley es casi letra muerta para tal o cual autoridad. Sin embargo, cuando se trata de ser actores en ese proceso, todos como sociedad, buscamos la forma de darle la vuelta al acatamiento de las normas que nos rigen y endilgar a otros por qué no obedecemos tal o cual disposición. Al respecto, este escribidor ignorante amplio en esos terrenos, pero siempre dispuestos a recurrir a quienes han abordado el tema, recurrimos a un escrito que al respecto elaboró el padre del Liberalismo Mexicano, José María Luis Mora Lamadrid. El texto en cuestión aparece publicado originalmente en “El Observador de la República Mexicana” el 6 de junio de 1827, nosotros lo encontramos en el libro titulado “El Clero, la Educación y la Libertad,” impreso en 1949. Si bien alguien pudiera tacharnos de anacrónicos por recurrir a este tipo de análisis generados hace casi dos siglos, estamos ciertos de que conforme revisen el contenido habrán de reconocer que es intemporal.

El doctor Mora inicia por citar a Montesquieu en el Espíritu de las Leyes cuando menciona que “las bases y principios motores y conservadores del sistema republicano, sienta que la virtud es el alma de esta clase de gobierno…” Para explicar lo que virtud significa, el liberal mexicano indica que en “dos modos puede hacerse obrar a los hombres, y estos están reducidos a la persuasión o la fuerza”. Parte de reconocer que “en el sistema republicano, … los medios de acción y de resistencia que trae consigo la libertad considerada en todos sus ramos, disminuyen la fuerza del gobierno, que no puede adquirir aumento sino con la perdida de la de los ciudadanos.” Enfatiza que para lograr el equilibrio y evitar la anarquía, “es necesario que la falta de vigor en el gobierno para hacer efectivo el cumplimiento de las leyes, se supla por el convencimiento íntimo de todos los ciudadanos, en orden a la importancia y necesidad indispensable de la fiel y puntual observancia de sus deberes.” Sin hacerse ilusiones de que eso es una tarea fácil y mucho menos inmediata, advierte que “los efectos de la fuerza son rápidos, pero pasajeros; los de la persuasión son lentos, pero seguros”. Advierte lo importante que es, “para que las leyes surtan efecto, contar con el convencimiento de los miembros de la sociedad. Cuando esto se logra, dichas disposiciones se hacen eternas, invencibles e invulnerables…” Sin embargo, si la autoridad las sustenta en “picas y bayonetas, se eluden en todas partes, pues los hombres destinados a hacerlas obedecer, cuyo número es cortísimo comparado con la masa de la nación, no pueden multiplicarse haciéndose presentes en todos los puntos del territorio, ni encadenar familias empeñadas en sustraerse a su dominación”. Por esto, llama la atención sobre el procedimiento a seguir para expedir las leyes.

Estas “no deben dictarse sino después de un examen prolijo, circunspecto y detenido; pero la moral, y la conveniencia publica exigen imperiosamente que una vez dictadas, sean fiel y religiosamente cumplidas, así por los particulares como por los agentes del poder.” En este contexto, se hacía varias preguntas, mismas que respondía. ¿Qué cosas son las leyes? Las reglas a que un pueblo quiere sujetarse, y bajo las cuales quiere ser gobernado. ¿Y qué es infringir las leyes? Es en el particular un crimen por el cual se pone en lucha y pugna abierta con toda la sociedad; es un acto por el cual destruye en cuanto está de su parte la confianza y seguridad pública; es finalmente un rompimiento escandaloso del contrato a que se ha obligado con la sociedad entera, y en cuya virtud esta le asegura el ejercicio de sus derechos, su vida, su honor, el fruto de su trabajo y de su industria”. Acto seguido, advertía sobre lo que podría venir. “Una infracción conduce a otra: el que ha hollado las leyes, para ponerse a cubierto de la autoridad que lo persigue, se ve en la necesidad de cometer mil excesos, y con su pernicioso ejemplo alienta a los demás a imitarlo, dándoles idea de la posibilidad practica de avanzar a semejantes atentados. En efecto, el ejemplo es infinitamente seductor; naciones ha habido en las que se han propagado por este medio funesto mil crímenes desconocidos antes en ellas, sin que hayan bastado a contenerlos, ni la severidad de las penas, ni la actividad de la policía, ni las ejecuciones multiplicadas”. A continuación, comenta sobre lo que sucede a los pueblos cuando se vive fuera del marco de la ley.

En “caso de que se infrinjan las leyes, y se desprecien las penas, …hay mil motivos para temer estar próxima la ruina del edificio social…Esto puede precaverse muchas veces por el pronto, severo y ejemplar castigo del delincuente; la espada vengadora de la justicia puede restablecer la confianza y seguridad, por medios que aunque dolorosos y sensibles, dan necesariamente este resultado, cuando uno o algunos miembros de la sociedad son los infractores; más cuando el poder mismo es el perpetrador estos atentados, ¿quién será capaz de contener el torrente de males y calamidades que se precipita sobre la nación que ha dado el ser a ese monstruo devorador?” A partir de ello, reflexionaba que no podría entender como un gobierno podría aceptar tal deterioro en los cimientos que los sostienen.

Era conveniente tener presente que “los títulos de los gobiernos están reducidos a la ley o la fuerza, porque o ellos existen por la voluntad nacional expresa o tacita, y entonces son legítimos; o no tienen más ser, que el que les presta una pequeña parte de la sociedad opresora del resto, y entonces son despóticos”. Sobre estos últimos no se ocuparía, el doctor Mora, por “estar ya desterrados de todos los países cultos.” Analizaría “aquellos que no pueden aparecer tales sino a virtud de algunas leyes, o lo que es lo mismo, de algunos pactos o convenciones que fijan sus facultades y deberes imponiéndoles una obligación rigurosa de no obrar sino con arreglo a aquellas, sujetarse ciegamente a estos”. Si este tipo de gobierno solapa la infracción de la ley, la destrucción será la consecuencia. Están ahí no por una concesión graciosa sino porque la voluntad nacional “no quiso simplemente que gobernasen, sino que lo hiciesen con total sujeción a ciertas reglas que les han sido prescritas, y cuya oportunidad y eficacia no está sujeta a su calificación”. En esto no se vale alegar patrioterismos fútiles.

El liberal guanajuatense enfatizaba que “el pretexto de la salvación de la patria… no los pone a cubierto de las empresas de una facción que prevalida del mismo y auxiliada de la fuerza puede derribarlos y entronizarse sobre sus ruinas, sin que en caso tan apurado puedan alegar en su favor las leyes holladas por ellos mismos, y destituidas con semejantes procedimientos de su vigor y prestigio. Estas no son simples conjeturas …son hechos comprobados por la experiencia.” Para sustentar sus palabras, ejemplificaba con Francia y América.

Nos daba tres ejemplos iniciales en “Napoleón, Iturbide y San Martín [quienes] fueron los primeros que socavaron con la trasgresión de las leyes los cimientos de su grandeza; se atuvieron a la fuerza para elevarse, y otros a su vez se valieron de la misma, aunque con mejores títulos para derrocarlos.” Asimismo, advertía que “se engañan pues los hombres cuando aseguran con arrogancia que las constituciones son hojas de papel y no tienen otro valor que el que el gobierno quiera darles”. Mora le daba cierto grado de tolerancia a que fueran pronunciadas por el corzo, pero a la vez reprochada que fueran repetidas “por algunos pigmeos sin mérito, servicios ni prestigio, que. han aparecido como por encanto en la escena pública, y nada tienen de común”. Estos últimos, lejos de imitar las cosas positivas que Napoleón hiciera, procedían a reproducir “sus faltas y crímenes más bajos, para lo cual basta un corazón perverso”. De nada les valió a los tres las acciones realizadas por las cuales se convirtieron en héroes, “luego que salieron de la senda constitucional, cayeron con una rapidez asombrosa del alto puesto que ocupaban.” Si eso sucedió con ello, “¿qué suerte espera a los viles animalejos, a los insectos despreciables que quieran imitarlos? La más triste y miserable; haber causado el mal y perecer sin dejar memoria ni vestigio de acciones transmisibles a la posteridad.” El texto que sigue es para cavilarse ayer y ahora, aquí y afuera.

“Pero la historia es pérdida para hombres que no ven sino lo material de los sucesos, sin pararse a examinar su origen y resultados, ni penetrar en el fondo de las cosas. Las mismas causas deben necesariamente producir los mismos efectos; sin embargo, los gobiernos se suelen engañar hasta persuadirse que han de ser excepción de la regla general, cuando por lo general no son sino un nuevo ejemplo que la comprueba. En efecto; aunque los pueblos no rompan a los primeros extravíos de sus jefes, al fin llegan a cansarse y sacudir el yugo que los oprime; así es que la repetición de excesos que inspira confianza a sus perpetradores apura el sufrimiento de las naciones”. Y tras de esto plasmaba una advertencia. “No fíe pues ningún agente público de la tranquilidad aparente que observe a los primeros pasos de sus extravíos entonces se empieza a formar la tempestad, que aunque tarde vendrá a descargar sobre su cabeza, y su estrago será tanto más considerable, cuanto lo sean los materiales que han entrado a constituirla”. Sin embargo, la ecuación aún no estaba completa. Mora Lamadrid reconocía haber analizado “los inconvenientes de la trasgresión de las leyes; pero aún no hemos explicado en qué consiste esta…” Procedía a esclarecerlo.

“Un gobierno puede traspasar las leyes haciendo lo contrario de lo que ellas prescriben; obrando fuera de las facultades que ellas le conceden, y haciendo o disimulando que sus agentes procedan del mismo modo. No cumplir lo que las leyes mandan, por ejemplo negar el auxilio a un tribunal que lo pide, cuando se le concede a otro de la misma clase aunque de grado inferior, es por su esencia y naturaleza una infracción sujeta a la misma responsabilidad, y origen de todos los males que acabamos de exponer; porque el compromiso y juramento que se presta de su observancia abraza no solo la obligación de no contrariarlas, sino también la de cumplirlas; las omisiones son frecuentemente tan perjudiciales y aun más que las-mismas trasgresiones, pues cuando estas no pueden ocultarse a nadie , aquellas se escapan sin cesar aun a la más perspicaz vigilancia”.

Mientras “que todos se alarman con los ataques verdaderos o supuestos que se dan contra la libertad civil y la seguridad individual, y nadie hace alto en que la cuenta de inversión de los fondos públicos y los presupuestos se presenten en la época, modo y forma legal. Sin embargo, estos objetos son de primer interés, y las naciones que los han visto con descuido y abandono tarde o temprano han tenido que arrepentirse y llorar los funestos resultados de su negligencia”. Esto no era todo. “Otro exceso… bastante común en los gobiernos…es persuadirse o afectar que pueden todo aquello que la ley no les prohíbe, cuando es cierto que no están autorizados sino para lo que ella los faculta. A esta persuasión ha dado origen el error capital, de que la constitución y las leyes vienen a poner límites a un poder que ya existía revestido de facultades omnímodas, y no a crearlo y a formarlo”. Un error de este tipo, para el antiguo clérigo, era hasta cierto punto disculpable en Europa en donde la autoridad dé los reyes [era] independiente de los pueblos; pero no en América cuyos gobiernos son de época reciente y de origen conocido”. Lo que sigue es para cavilarse objetivamente.

“En el país de Colon, los jefes de las repúblicas no tienen otros títulos que la voluntad nacional consignada en las constituciones sancionadas por los representantes de los pueblos; nada pues pueden obrar legalmente fuera de las facultades que les han sido expresamente concedidas. De lo contrario resultan que sin tocar en lo más mínimo las leyes, estarían facultados para destruir las garantías sociales, atentar contra la seguridad personal, dilapidar el tesoro público, y ejercer el poder arbitrario en toda la extensión ilimitada de la palabra, sin que pudiese. hacérseles una reconvención legal. Las leyes no impiden directamente estos males; ellas se reducen a prohibir ciertos actos y procedimientos que conducen naturalmente a cometerlos; más como la enumeración que pueda hacerse de los medios que conducen a su infracción jamás puede ser cabal, por las relaciones infinitamente variadas que existen entre las acciones. humanas y los diferentes aspectos que presentan, nunca podrá conseguirse poner coto al poder de los gobiernos si quedan facultados para hacer todo lo que no se les prohíbe expresamente, y no se procura limitarlos al ejercicio de aquellas funciones que les han sido prescritas y forman la fuerza de su actividad política. Aseveraba que “el medio más frecuente de que hacen uso los gobiernos para hollar las leyes es valerse de los agentes subalternos cuando tienen un interés muy conocido en dar este paso siempre peligroso, y quieren ponerse a cubierto de la censura pública que comprometa su seguridad”. Tras de estas precisiones, pasaba a mostrarnos ejemplos concretos con los tres personajes ya mencionados, más un cuarto que hoy es empleado por un iluminado para justificarse.

No hay duda de que “Napoleón…ha ejercido más que ningún otro la tiranía, pero siempre tras de un fantasma de representación nacional, y bajo de apariencias y formas liberales, se puede decir que es el creador de este sistema solapado. Él ha hecho este funesto presente a las naciones que acaban de sacudir el yugo que habían llevado por siglos, y… no le han faltado imitadores entre los jefes que se han puesto a la cabeza de los nuevos gobiernos.” Bajo ese tenor, se desarrolló “la conducta de Sanmartín, la de Iturbide y últimamente la de Bolívar, jefe de una nación conquistadora, es demasiado conforme a la de aquel emperador. Bolívar para sobreponerse a la voluntad nacional solemnemente consignada en una constitución, y Sanmartín e Iturbide para sofocarla impidiendo se, instalase la asamblea constituyente, o diese el lleno a sus funciones, han esparcidos sus agentes, colocándolos a todos en puestos importantes; en seguida los han alentado para que infrinjan las leyes, o pidan a mano armada su revocación, pretextando peligros y conspiraciones, haciendo valer la necesidad supuesta de dar energía al gobierno, y atropellar con todas las formas tutelares de la libertad civil y seguridad individual; se ha procurado que estos agentes hagan aparecer en oposición los intereses de la libertad con los de la independencia nacional, para que partiendo de suposición tan falsa como imposible, se sacrifiquen estos en obsequio de la conservación de aquellos”. Eso sucedía en el antepretérito y, por desgracia, se repite en varios sitios del presente. “En vano los verdaderos amantes de la patria han levantado el grito contra semejantes supercherías, se les ha hecho callar, persiguiéndolos por la violencia o por apodos denigrativos de su conducía: Se han contrapuesto a sus sólidos discursos, temores abultados y sofisterías estudiadas, y se ha dado el nombre de opinión publica a los alborotos populares, y a los actos de la fuerza. De este modo se ha perdido o retardado el fruto de las revoluciones, y de tanta sangre por alcanzar el goce de derechos que se pierden en el momento preciso que debían empezarse a disfrutar”. El cierre del escrito es para analizarlo sin ubicarlo en un espacio geográfico determinado, ni en un periodo especifico.

José María Luis Mora Lamadrid escribía en 1827: “los pueblos no han peleado precisamente por la independencia sino por la libertad: No por variar de señor, sino por sacudir la servidumbre, y muy poco habrían adelantado con deshacerse de un extraño, si habían de caer bajo el poder de un señor doméstico. Este no deja de serlo porque carezca del título y denominación de rey; los nombres en nada alteran ni varían la sustancia de las cosas. Desde el momento en que el gobierno o sus agentes traspasan impunemente las leyes, sea cual fuere la denominación y forma de estos o aquel, la confianza pública desaparece, la libertad es perdida, y la revolución queda armada. Romperá más tarde o más temprano, sus resultados serán más o menos funestos, pero ella es inevitable. Así es como se perpetúan sin intermisión las reacciones civiles de un pueblo, haciendo de él un campo de guerra y de destrucción, que a la larga será presa del primer usurpador ambicioso. Donde no hay fuerza moral, donde no hay unión, patriotismo ni libertad, no hay tampoco defensa contra la usurpación…clamamos pues a los gobiernos: Modelad vuestro poder a las leyes, si queréis conservarlo: y a los pueblo: Refrenad al gobierno, y sabed que cuantos esfuerzos hagáis por vuestra libertad, los hacéis por la felicidad de la nación y el crédito de vuestros jefes. El mayor bien de los pueblos es ser obedientes a la ley: el mayor bien de los gobiernos es la dichosa necesidad de ser justos”. Como en todos sus escritos, el padre del Liberalismo Mexicano nos provee con una lección que nos permite aprender y consolidar nuestras coincidencias con esa filosofía política-económica.


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Añadido (1) Si el diario neoyorquino y el periodista mintieron, nada debe detener la demanda correspondiente. El presidente de México, cualquiera que sea su nombre y partido político, no puede ser tachado de mentiroso y simplemente dejar pasar el asunto.

Añadido (2) ¿Cuándo saldrán los encargados de los asuntos relacionados con el abastecimiento de combustible a refutar lo que el jueves por la noche, con cifras en mano, aseveró alguien quien fue a aprender “malas mañas” al exterior y hoy es un investigador de un centro de docencia económica?

Añadido (3) Triste el espectáculo que ofrecen los priístas en las cámaras, reducidos al nivel de los petistas a quienes buscan arrebatarles el título poco honroso de los genuflexos del año, y llevan la delantera.
12 Enero 2019 04:00:00
La educación bajo el enfoque social del estadista Elías Calles
Como resultado de nuestro artículo anterior, un lector amable nos señaló: “presumes de ser ‘[Elías]callista’ y lo único que se te ocurre presentar es la propuesta educativa de Cárdenas, ¿Qué acaso tu ‘ídolo’ no hizo nada por la educación?” Tras de aclararle que no somos idolatras de nadie, le respondimos que analizamos a todos tengamos o no afinidades ideológicas, y mucho gusto repasaríamos las acciones que el estadista Plutarco Elías Calles planteó respecto a la instrucción de la población, vayamos al tema.

El estadista Elías Calles asume el poder el 1 de diciembre de 1924. En ese momento muchos estimaban que habría de ejercerlo bajo el mando absoluto del presidente que se iba, Álvaro Obregón Salido. Manteniendo una relación estrecha, más no servil, con su antecesor, Elías Calles continuó la construcción del edificio institucional en el cual la educación tenía un espacio muy importante y el antiguo maestro rural le confirió un sentido social.

En el contexto de su primer informe de gobierno, el 1 de septiembre de 1925, Elías Calles dedicó 2928 palabras a la educación. Precisaba que “sin descuidar la educación universitaria, el esfuerzo… se ha orientado de preferencia hacia las escuelas urbanas de primera enseñanza, las escuelas de obreros, las de carácter técnico e industrial, y, muy principalmente, hacia la educación rural, para hacer llegar los beneficios de la educación a las grandes masas de campesinos, mestizos e indígenas.” No obstante, la reducción en el presupuesto, mediante economías diversas, se ampliaron “las sumas asignadas al personal docente.” Las escuelas rurales, alcanzaron un total de 2,001 (962 construidas en los últimos ocho meses) y eran atendidas por 2,360 maestros (1214 más que en diciembre de 1924) con una asistencia media diaria de 108,449 alumnos (un incremento de 63,120). El objetivo era convertirlas en “centro y origen de actividades sociales benéficas a la comunidad, …alejadas de la política electoral o personalista,” y que los educandos adquirieran “habilidades manuales y espirituales [desconocemos que significaba esto] que se traduzcan en aumento de su capacidad económica.” A la par que se distribuían libros y útiles escolares, “se repartían implementos de labranza para los campos anexos a las escuelas, los que han sido cultivados, en algunos lugares…, de tal manera que las cooperativas escolares [disponían de] pequeños capitales que pronto podrán bastar para que las escuelas se sostengan por sí mismas.” La atención al sector rural no implicaba el abandono a las escuelas primarias en las áreas urbanas. En todo el país operaban 344 con 105, 978 alumnos atendidos por 2165 profesores.

Asimismo, se impulsó la enseñanza industrial y técnica, en donde los alumnos a la par de la teoría accedían a la práctica que les permitía generar productos para venderlos. Esto creaba una mezcla en donde se conjuntaban “los fondos propios de Departamento de Enseñanza Técnica, …obtenidos con los productos de los talleres y las cuotas de colegiaturas de las escuelas que de él dependen y que han permitido aumentar… los equipos de maquinaria y herramientas, los instrumentos y aparatos para laboratorios, y los muebles y enseres diversos que se [requirieran] en las [27] escuelas [ en todo el país].” El presidente Elías Calles mencionaba como ejemplo de la forma en que operaban a las Escuelas “J. Cruz Gálvez” en Hermosillo, Son, las cuales tras de reorganizarlas fue factible que “los talleres de imprenta, carpintería, lavanderías y fábrica de calzado, [estuvieran] trabajando, y ésta última tiene actualmente contratos por más de $100,000.00.” Otra era la Escuela Industrial de Orizaba.

Asimismo, el presidente comentó sobre el inicio de operaciones, el 30 de noviembre de 1924, de una estación de radio [hoy Radio Educación] dependiente de la SEP que “diariamente transmite el Boletín Meteorológico, consejos a los agricultores y una conferencia cultural de diez minutos; los miércoles y sábados, conferencias y audiciones artísticas y propaganda cultural… [Es] “utilizada… por la Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo, para enviar sus boletines comerciales.” A la par, se instalaron aparatos receptores en la mayoría de las escuelas federales en los estados.

Anunciaba que las escuelas de Bellas Artes y el Conservatorio de Música pasaron a depender de la Universidad Nacional que contaba con 11,071 estudiantes. El estadista Elías Calles insistió en propiciar “el acercamiento… entre las clases laborantes y los elementos universitarios, [quienes] deben…empeñarse en prestar servicios sociales a la comunidad y especialmente al proletariado.” Comentaba sobre el éxito de la escuela de verano de la Universidad e informaba que, desde 1924, se promovía [eso que ahora alguien dice es adquirir ‘malas mañas’ afuera], se daba un intercambio con la Universidad de París.

Una vez que informó sobre lo realizado en materia cultural y conservación del monumentos y edificios históricos, mencionó que “se estableció el Departamento de Psicopedagogía e Higiene, con el propósito de… conocer las constantes” del desarrollo físico y mental de los niños mexicanos, para deducir de ellas la aplicación de los métodos de enseñanza y las normas para la vigilancia de su salud física y mental.” Asimismo, sería obligatorio “que todas aquellas escuelas privadas [con] más de cien niños deberán tener su médico escolar…”

Daba a conocer las publicaciones impresas con fines educativos, y “que las bibliotecas deben responder a la evolución social y a las nuevas tendencias educativas… [Por ello,] el Departamento de Bibliotecas ha creado varios tipos, cuyos libros van… de acuerdo con las condiciones y el medio de vida de aquellos grupos a quienes se destinan…[y] se han formado bibliotecas especiales …, según las condiciones étnicas, éticas y económicas de cada grupo social.” Están divididas en rurales, industriales, populares, institucionales, infantiles y escolares”.

El 1 de septiembre de 1926, en 3936 palabras, Elías Calles informaba sobre la educación. Destacaba el incremento, en mil, de las escuelas rurales lo que permitía instruir a 143,435 niños y 36,738 adultos. En igual forma, enfatizaba [que]dichas escuelas eran “construidas casi en su totalidad por los vecinos de los pequeños poblados, con insignificante ayuda económica del Erario Federal.” En ese mismo entorno, se apoyaba “la formación de maestros rurales y de profesores de escuelas semiurbanas, aparte de las Normales Regionales que funcionaban ya… Además de seis misiones culturales que recorren diversos estados…” Al igual que el otro estadista mexicano, Benito Pablo Juárez García, Elías Calles no consideraba a los indígenas como entes antropológicos, buscaba incorporarlos al proceso de desarrollo de la nación. Por ello, puso a funcionar [, en 1926] la Casa del Estudiante Indígena, cuyos educandos asisten a diversas escuelas primarias, técnicas e industriales de la capital, en donde están en contacto diario con criollos y mestizos. Los resultados destacan la fuerza mental, la facultad de inmediata adaptación y la importancia de los indios como factor de civilización y de progreso, en contra de lo afirmado por sus constantes calumniadores o explotadores [quienes siguen ahí, disfrazados de indigenistas, sacando raja del atraso.]”

En materia de enseñanza primaria y normal, operaban 824 escuelas. Dada la escasez de dineros, se optó por “inaugurar cinco escuelas al aire libre para las barriadas más pobres de la capital, con resultados favorables. También se instauró una Policlínica Escolar para atender a los niños enfermos y a los obreros asistentes a nuestras escuelas nocturnas, la cual fue dotada con todos los elementos médicos y quirúrgicos necesarios.” Había otros logros.

La “Caja Nacional Escolar de Ahorros y Préstamos que empezó a funcionar el primero de enero [de 1926]. Fundada para educar a la niñez escolar en el hábito del ahorro y la economía, logró en …siete meses, con los depósitos de cinco centavos semanarios de los niños que asisten a las escuelas primarias, reunir $95,000.00 que están moviéndose en préstamos a sociedades cooperativas de producción y a empleados de la Secretaría que nos ocupa, con tipos de interés y garantías bancarios.” Destacaba el “éxito [de] la Institución “Etic” para la exhibición permanente y almacén de ventas de artículos manufacturados en escuelas federales. Esta institución, [funcionaba] en forma de núcleo de cooperativas escolares de producción y de consumo… ha vendido de enero a la fecha, más de $60,000.00 de artículos producidos en las escuelas y tiene en existencia otro tanto, constituyendo a la vez que un estímulo para la producción industrial de los alumnos, una ayuda para su sostenimiento económico.” En las “veintinueve escuelas técnicas industriales y comerciales, dependientes de la Secretaría de Educación, [se captaron] los productos propios de estas escuelas, por colegiaturas y artículos manufacturados en sus talleres, [que] han llegado, en el período que se reseña, a $181,229.26, que íntegramente han sido aplicados al desarrollo de las mismas escuelas…”

Para las 1062 bibliotecas en operación, 681 nuevas, “se adquirieron 67,876 volúmenes y [distribuyeron] 74,023 libros, más de 131 mil folletos de divulgación educativa, económica y social, boletines e impresos distintos.”

En lo concerniente a la Universidad Nacional, se ha logrado “cada vez más el propósito… de acercamiento al pueblo de estos altos establecimientos de enseñanza…, que no sólo deberán ‘hacer ciencia y difundir ciencia’, sino procurar que ésta se traduzca en beneficio social.”

En el tercer informe de gobierno, 985 palabras describían las actividades educativas. Mencionaba haber “logrado poner en contacto a la escuela con la colectividad, para que sus beneficios no se limiten sólo a los educandos…sino que aprovechen al pueblo [y] despertar y desarrollar [su] potencialidad económica…, procurando desde la escuela la adquisición de conocimientos de aplicación práctica inmediata…” Se trataba de que la actividad no tradicional, como “cultivos, cría y cuidado de animales domésticos, manufactura y de pequeñas industrias, confección de prendas de vestir, trabajos de ornato, preparación de alimentos, construcción de muebles y juguetes, curtiduría y pintado de pieles, tejido de telas y sarapes, alfarería, etc.,” hasta entonces “excesiva y un poco dispersa, se reduzca y concentre de acuerdo con las condiciones y con el medio, para que…accione más intensa[mente] sobre el vivir colectivo.”

A pesar de la estreches presupuestal, se incrementaba “el número de maestros rurales, las misiones culturales, las bibliotecas públicas, la distribución de volúmenes impresos, varios de ellos en el exterior.” Asimismo, se mantuvo la totalidad de las instituciones educativas existentes el año anterior y ampliaron “ los servicios en todos aquellos ramos en que así lo ha exigido el notable aumento de inscripción escolar habida en 1927, enriqueciéndose y fundándose también nuevos centros y talleres, entre los que es particularmente interesante la Tenería anexa a la Escuela Industrial y Fábrica de Calzado “Cruz Gálvez”, de Hermosillo, Son., tenería que empezará a funcionar este mismo mes, y que será, por su dotación de maquinaria, la más importantes del Norte del país.”

El presidente Elías Calles enfatizaba: “el Ejecutivo… renunció a derechos y prerrogativas que le concede la Constitución… en lo que toca a libre nombramiento y remoción de empleados federales, e igual tendencia de estabilización del profesorado se procura en las escuelas secundarias técnicas y universitarias, para garantizar la posición académica y económica de los profesores, y… lograr…la dignificación y liberación del maestro y su apartamiento definitivo de contingencias políticas.”

En su informe último, el 1 de septiembre de 1928, el estadista Elías Calles analizaba en 5134 palabras, el sector educativo cuyo presupuesto era de 28.1 millones de pesos. 125 mil “eran los alumnos inscritos en las primarias del Distrito Federal [en donde 44 mil miembros de] las agrupaciones de padres de familia …prestan ayuda social, moral y material… [a] las escuelas. Esta cooperación puede estimarse en $70,000.00 en el año actual, [la cual era una muestra de confianza y apoyo a las autoridades].” Comentaba sobre una ley de Escalafón casi terminada, enfatizaba que alrededor de 284 mil niños y adultos concurrían a las escuelas rurales y primarias federales foráneas en donde los atendían 4570 maestros, recalcaba sobre los siete grupos que recorrían el país en misiones culturales integradas por un profesor de educación y técnica de enseñanza, una trabajadora social, un agrónomo, un maestro de pequeñas industrias y otro de deportes. En el país, funcionaban 17674 escuelas públicas y privadas en las cuales 34536 profesores atendían 1.3 millones de alumnos. Mas de 7 mil alumnos cursaban la secundaria.

En las escuelas técnicas, los pagos de los alumnos por inscripción, colegiatura y productos líquidos de las obras que ejecutan en los talleres y en las clases generaron cerca de 108 mil pesos que ingresaron al erario. Asimismo, “la Caja Nacional Escolar de Ahorros y Préstamos, que empezó a funcionar el 1o. de enero de 1926, ha reunido durante los tres años de su funcionamiento” 330 mil pesos, de los cuales se han devuelto a niños que terminaron el sexto año, 23.6 mil pesos. Hasta agosto de 1928 funcionaban 351 cajas escolares en las escuelas primarias y secundarias del país. En ellas, “60,000 alumnos… reúnen aproximadamente $12,000.00 mensuales.” “Con la ayuda económica de la Caja, en forma de préstamo, ya redimido, por conducto de la Secretaría de Educación, quedaron establecidas 3,000 bibliotecas de escuelas rurales en la República Mexicana, cuyo importe de $50,000.00 quedó…cubierto a la Caja Escolar desde el 20 de julio próximo pasado.” “Al Banco Cooperativo Agrícola se le han proporcionado en diversas partidas, en calidad de préstamo, $100,000.00 para diversas agrupaciones agrícolas, préstamo que deberá quedar saldado antes de concluir la presente administración…”

Con un presupuesto de 2.4 millones, operaba la Universidad a la que acudían 9379 alumnos. Ahí, se dio “un mayor acercamiento… a los diversos grupos sociales, una liberalidad mayor en cuanto a la admisión de los estudiantes (sin perjuicio de la natural disciplina) y una adaptación cada vez más acentuada a las necesidades de la comunidad…Además, …se está preparado la realización del ideal de autonomía que la Universidad viene persiguiendo y que el Ejecutivo estará dispuesto a concederle llegado el caso.”

En materia de comunicación, vía la radio, la SEP realizó importantes labores de divulgación de enseñanza entre los campesinos, sin restarle atención a la divulgación cultural, científica y artística, y propaganda nacional en el extranjero. En igual forma se continuo con el impulso a bibliotecas, así como con la distribución y edición de obras diversas.

Como es factible observar, la propuesta educativa del estadista Plutarco Elías Calles partía del reconocimiento de que la situación en el país no era homogénea y que los planes de instrucción, a partir del nivel básico, deberían de implantarse de acuerdo con el entorno de cada sitio y con la participación de los padres de familia. Aunado a ello, se planteaba un esquema que lo mismo permitía el desarrollo de las capacidades de los alumnos que decantaba a quienes contaban con las aptitudes para continuar con la formación escolar académica hacia niveles superiores. La política educativa del Elíascallismo era plena de enfoque social como instrumento para combatir la ignorancia y propiciar la mejora económica-social, pero hay en ella una alta dosis de pragmatismo que con el trascurrir del tiempo se fue perdiendo hasta llegar a lo políticamente correcto en donde se arguye que todo el mundo debe de ir a la universidad, lo cual es una falacia. Una cosa es que la oportunidad de acceder a la educación superior deba de estar disponible, y otra muy distinta es que todos posean las capacidades intelectuales para participar y cumplir satisfactoriamente con los rigores que debe de prevalecer en la vida académica de la educación superior. Por ello, Elías Calles planteaba que la ciencia se tradujera en beneficio social, porque quienes accedieran a la universidad deberían de ser los mejores y capaces de apoyar a aquellos que operaban en los estratos diferentes para que cada uno en su campo colaborara y fuera factible alcanzar el crecimiento y desarrollo económico del país. El objetivo era crear una sociedad con individuos instruidos convertidos en entes productivos y no en un grupo clientelar de analfabetas funcionales en espera de la dádiva. Eso era plantear la educación con sentido social, no se necesitaba colgarle etiquetas.


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Añadido (1) Este asunto del cierre de las válvulas domésticas huele a gaaaaaaaaaas y al parecer los vientos provienen del norte.
Añadido (2) Un partido panbolero paupérrimo es más importante que los problemas generados por el desabasto de combustibles. Bueno, es que cada uno exhibe prioridades según su nivel.
Añadido (3) Mientras todo se enfoca al desabasto de combustibles, la Guardia Nacional avanza sigilosamente con paso de ganso…
05 Enero 2019 04:00:00
La propuesta y acciones reportadas sobre la educación durante el cardenismo
Hace días rememorábamos algo que, en la infancia-adolescencia, nuestros mayores nos comentaban sobre sus tiempos de educandos durante los años treinta del siglo pasado. Nos decían que, antes de dar inicio a las actividades escolares, era obligatorio para los alumnos cantar la Internacional o la Marcha del Agrarista. Entonces, poco entendíamos. No fue sino hasta que acudimos a la escuelita parroquial, y empezáramos nuestro proceso de consolidación de Juaristas-Elíascallistas, cuando finalmente nos percatamos de todo lo que aquello significaba. No obstante, no habíamos revisado y como operó la propuesta educativa del presidente Lázaro Cárdenas Del Río. En ese contexto, fuimos a buscar lo que mencionó tanto en su toma de posesión como en los informes presidenciales.

El 1 de diciembre de 1934, en su toma de protesta, Cárdenas utilizó 436 palabras para delinear la política educativa. Sintetizaba, en tres puntos, el enfoque nuevo que los gobiernos de la Revolución Mexicana habían dado a la educación. El primero era el incremento en el presupuesto destinado a dicha actividad, cuyo monto era el segundo más importante del gasto público total. Esto, que permitió aumentar el número de docentes, llevó a “ensanchar de modo considerable la educación popular”. En igual forma, se “ha definido con toda claridad y valor la tendencia más adecuada para lograr que la conciencia de los niños abarque y comprenda las actividades humanas dentro de un punto de vista científico y generoso”. Con base en ello, indicaba, “ha nacido la escuela socialista, a la que el Gobierno… le impartirá un franco impulso para hacer que la enseñanza corresponda a las necesidades y aspiraciones legítimas que tiene el pueblo mexicano, no solo multiplicando y mejorando los centros docentes en el campo y en la ciudad, sino concretando su finalidad social…” Para concretarlo, “lo que la escuela socialista persigue, es identificar a los alumnos con las aspiraciones del proletariado, fortalecer los vínculos de solidaridad y crear para México, de esta manera, la posibilidad de integrarse revolucionariamente dentro de una firme unidad económica y cultural.” A partir de eso, proponía convertir a la escuela en algo más.

Debería ser “la mejor colaboradora del sindicato, de la cooperativa, de la comunidad agraria, y combatiendo, hasta destruirlos, todos los obstáculos que se oponen a la marcha liberadora de los trabajadores”. Igualmente era requerido “un fuerte y decidido apoyo por parte de los maestros revolucionarios, sin cuya colaboración será imposible realizar el programa que, conectándose con las formas económicas en que se está desarrollando nuestra Revolución, pretende armonizar las fuerzas del trabajo de hoy con la conciencia que va a sustentar la acción de los hombres de mañana”. Se busca “que los maestros rectifiquen la perspectiva de la escuela antigua, cuyo fin es preparar a los individuos para luchar contra sus semejantes y crear una escuela nueva en la que, educados los alumnos bajo la actividad en común, puedan sentir, entender y amar la transformación pacífica de las normas sociales que hay que esgrimir para llegar al terreno de bienestar económico y moral que ambicionarnos para México.” Nueve meses después reportaría las acciones realizadas durante ese lapso.

El 1 de septiembre de 1935, el presidente mexicano informaba, en 1071 palabras, que estaba en marcha “el nuevo sistema de enseñanza, [cuyo propósito es] inculcar en la niñez un sentimiento de solidaridad con las clases laborantes, [las] prepare en mejor forma para la vida práctica, [y] les permita participar en la creación de un nuevo orden jurídico - social que acabe con la enorme desigualdad económica existente en nuestro pueblo.” Desde la perspectiva de Cárdenas, la educación socialista ya arrojaba resultados al darse “nuevas orientaciones impresas a la enseñanza rural y en el desarrollo del cooperativismo y espíritu de asociación entre los educandos”. A la par, “se aumentaron 2,200 plazas de maestros rurales: 1,100 disponibles desde febrero último y 1,100 a partir del mes en curso”. En igual forma, anunciaba que la SEP ya estudiaba “el establecimiento de la Escuela Politécnica”, la cual se planeaba operara a partir de 1936, cuyo objetivo sería dar “preferencia a las enseñanzas técnicas que tienden a capacitar al hombre para utilizar y transformar los productos de la naturaleza, a fin de mejorar las condiciones materiales de la vida humana”.

En materia de educación rural, comentaba que, a finales de 1935, se contaría con 27 Centros de Educación Indígena y un número similar de Escuelas Regionales Campesinas en las cuales se preparan “maestros rurales de suficiente cultura, ampliamente compenetrados del momento histórico, con sólida experiencia en la organización del trabajo y con las aptitudes necesarias para la vida cívica y social; y forma, además, peritos en la explotación agrícola, zootécnica de industrias derivadas que, y poseyendo también un claro concepto de sus deberes para con la comunidad rural, serán activos y sinceros agentes de progreso, en beneficio de las clases campesinas”. En igual forma, los profesores rurales, “sin desatender…sus actividades docentes” han apoyado [en] la organización de los ejidos, la formación de sociedades cooperativas y en otras importantes labores de naturaleza social.” Esa labor generaba resistencias y “15 maestros rurales cayeron asesinados a manos de individuos a quienes la ignorancia y el fanatismo azuzaron”.

Otros programas de la educación socialista eran “las escuelas nocturnas para obreros [que,] además de sus labores ordinarias, [difundían] la ideología del Gobierno de la Revolución [,] explica[ban] las doctrinas socialistas dentro de las tendencias normativas del Estado Mexicano y organiza[ban] a los grupos de trabajadores que concurr[ían] a dichos planteles”. Asimismo, informaba sobre la modificación de “los programas, organización y métodos de las escuelas secundarias, …con motivos de la implantación de la enseñanza socialista” resaltando “el auge que el cooperativismo ha tomado en aquellos establecimientos”.

Resaltaba la apertura de escuelas para “Hijos del Ejército” destinadas “a albergar a los hijos, niños y niñas [ojo, el ignaro con botas no fue el primero en hablar así] de nuestros soldados, estarán dotadas de servicio de internado y tendrá talleres, para que los alumnos, además de la instrucción primaria, reciban enseñanzas industriales que los preparen para la vida”.

“La Comisión Técnica Consultiva de la Secretaría de Educación,” se convirtió “en Instituto de Orientación Socialista, con el objeto de fijar, en todos sus aspectos, la labor educacional y dictar normas precisas derivadas de la adopción de la escuela socialista. Se ha logrado que 17 Institutos de índole semejante se funden en diversas poblaciones del país.” Asimismo, para apoyar la labor de divulgación, “se han impreso y distribuido, …folletos doctrinarios coadyuvando a la propaganda de nuestra reforma escolar. Para el resto del año se han planeado minuciosamente, ediciones (económicas) de libros de texto”.

Para mejorar la operación del sistema escolar, planteaba la coordinación entre la federación, estados y municipios “a fin de obtener un sistema escolar único; que todas las entidades federativas apliquen a la educación pública cuando menos el 40% de su presupuesto de egresos; que los sueldos de los profesores de todo el país alcancen un nivel que les permita satisfacer desahogadamente sus necesidades, y, …que... se paguen con toda puntualidad”. Asimismo, expresaba su confianza en “que los habitantes del país, interpretando debidamente la alteza de miras de la Asamblea Nacional de Querétaro que inspiró las reformas hechas al artículo 3o. de nuestra Carta Fundamental, implantando la Escuela Socialista que establece la doctrina de realizar una transformación que mejore las condiciones económicas que guardan actualmente la mayoría del pueblo mexicano, prestará cada vez más su cooperación activa, desinteresada y eficaz, a los esfuerzos que gastan los maestros por cumplir celosamente un precepto constitucional que es timbre de orgullo para la Revolución y promesa reivindicadora para la actual y futuras generaciones”.

Por lo anterior, Cárdenas reiteraba el “solemne el llamado… a todas las clases sociales de la República, …para que, rompiendo absurdos prejuicios, abandonando rancias ideas y librándose de perversas influencias que quisieran ver aherrojado el espíritu de la niñez, acepten y proclamen los postulados de la enseñanza socialista, cuyo contenido moral garantizamos los hombres de la Revolución con el porvenir de nuestros propios hijos”. El presidente Cárdenas olvidó mencionar que sus políticas habían dado un fruto, no el deseado. El 3 de marzo de 1935, un grupo de inconformes con el enfoque socialista establecieron la primera institución de educación superior privada en nuestro país, la Universidad Autónoma de Guadalajara. Esto lo convertía, involuntariamente, en el padre de la educación superior privada en México, algo que deberían de abonarle a la cuenta de logros durante su sexenio.

Al inicio de septiembre de 1936, en el segundo informe de gobierno, 782 palabras sintetizaban lo desarrollado en materia educativa mediante la “creación de nuevos establecimientos escolares y de aumento de plazas en el Magisterio Nacional, se sentaron las bases para modificar nuestros sistemas de enseñanza y se fundó un órgano coordinador de la cultura superior. El presupuesto de 52 millones de pesos representaba el 18.13% del total. En ese contexto, informaba el presidente, “se están llevando a cabo 29 obras de construcción y reparación de edificios escolares, destinándose a ello trescientos cuarenta mil pesos, y la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, por cuenta de la Educación, está ejecutando obras de la misma índole, que importan dos millones, novecientos mil pesos”. El presupuesto también permitía se “continuara el proceso de creación de infraestructura educativa en todos los niveles, además de crear bibliotecas en centros obrero-campesinos, otras con carácter de ambulantes y algunas más semifijas. Aunado a ello, se elevaron los sueldos a los maestros rurales para quienes “se reorganizó la Revista “El Maestro Rural” como texto de consulta…, además de que “se encuentra ya en prensa la biblioteca del maestro rural.” “Se han editado y distribuido 1.500,000 libros de lectura para las escuelas rurales y está lista para su distribución entre las urbanas, la serie de libros correspondiente.” Igualmente, “se donaron 96,000 volúmenes a sindicatos, comités agrarios y escuelas, y se publicaron 21 folletos con un tiro de 270,000 ejemplares, destinados a obreros y campesinos.

“En la elaboración de programas para las escuelas rurales y urbanas y en la preparación del personal directivo del Magisterio, ha prestado eficaz ayuda el Consejo de Orientación Socialista, que está preparando la Tercera Conferencia Internacional de Educación”. Asimismo, “con el fin de integrar el sistema educativo…, se creó el Consejo Nacional de Educación Superior y de la Investigación Científica”. A la vez, eran integrados “el Consejo Técnico de Educación Agrícola, el Instituto Nacional de Psicopedagogía y el Consejo Consultivo del Instituto Técnico Nacional, asignándose ciento cincuenta mil pesos para becas de los jóvenes que hagan sus estudios en este último establecimiento”. Además, “en el extranjero se adquirieron 8 equipos para laboratorio que se destinarán al Instituto Politécnico Nacional, a saber: de electricidad, de mediciones eléctricas, de soldadura eléctrica autógena, de taller mecánico, de fábrica de jabón, de fábrica de vidrio, y de laboratorio de biología; además del material escolar indispensable”.

Por causas desconocidas, en el tercer informe de gobierno, de don Lázaro solamente se refirió a la educación en 117 palabras. Sin aludir a la educación socialista, mencionó que, entre las demandas específicas y las actividades palpables de la masa popular, estaba “en primer término, el anhelo nacional por la escuela. En efecto, en los pueblos más apartados, en el campo y en la ciudad, la principal exigencia de los trabajadores ante la visita presidencial es la de la escuela, no obstante, los sesenta y cinco millones de pesos que se han erogado para el Ramo de Educación por las distintas Dependencias Federales en el año de este Informe”.

Durante el cuarto informe del presidente Cárdenas, ocupado más en los asuntos económicos, los referentes a la expropiación petrolera y las relaciones exteriores, dedicó a la educación 166 palabras. Nuevamente, el concepto de educación socialista fue omitido, apuntando que era necesario “señalar los escollos que haya por remover para lograr la más amplia y definitiva conquista de nuestra clase en todos los problemas que le afectan, desde los de la educación, de perfeccionamiento, de unión y de prosperidad que constituyen la medula de sus aspiraciones”. Enfatizó el requerimiento de “precisar qué ritmo de actividades debemos desarrollar conjuntamente gobernantes y gobernados para educar a nuestras masas indígenas, y sacarlas del estado moral y económico en que se encuentran y…lograr su incorporación completa a nuestra nacionalidad”. En ese contexto, “necesitamos precisar qué actividades y de qué cuantía deben desarrollarse para que nuestro sector popular se vea libre de la lacra del analfabetismo; para que nuestras clases campesinas y obreras perfeccionen sus conocimientos relativos a su actividad habitual y para que dentro de cada sector ideológico y clasista la representación se finque en la conciencia plena de la colectividad...”

En su penúltimo informe, el 1 de septiembre de 1939, indicó que 1.2 millones de pesos se invirtieron en construcción de escuelas, nada mencionó sobre la educación socialista.

El 1 de septiembre de 1940, la educación reaparece en 448 palabras, sin invocar el adjetivo socialista, mencionando lo positivo de orientarla “…en el sentido de estudiar los problemas que afectan a la comunidad, forma[r] hábitos de trabajo y cooperación, crear el concepto de responsabilidad y disciplina sociales y plasmar en los educandos una actitud solidaria con todos los componentes de la sociedad mexicana, entre ellos, las masas productoras.” De 1934 a 1940, el analfabetismo pasó del 50 al 45 por ciento, y los alumnos inscritos en las escuelas primarias aumentaron de 1.42 a 1.80 millones. Pero, “la demanda de escuelas rurales [aún no queda] satisfecha con el funcionamiento…de 16,545 planteles, 13,020 [los] sostiene la Federación, 2,406 los Gobiernos de los Estados y 1,189 las empresas particulares…” “La educación secundaria [se plantea] como un servicio en favor de los adolescentes, tanto para explorar la vocación como para ampliar en general su cultura… [y] se acentúa la tendencia pre-vocacional, … [mientras se destinan] nuevas escuelas secundarias al servicio exclusivo de los hijos de los obreros”. Se busca que los alumnos obtengan “la preparación técnica que los capacita para la transformación y utilización de los recursos naturales, incorporándolos [al] progreso económico industrial del país”.

“Para cumplir…una de las tareas imperativas de la Revolución, fue creado en 1937,[así está en el texto original, pero fue en 1936] el Instituto Politécnico Nacional, donde el alumnado, además de aprender artes y oficios, estudia carreras profesionales y subprofesionales, se capacitan técnica y biológicamente para intervenir en el proceso de producción y se forman especialistas en distintas ramas de investigación científica y técnica llamados a impulsar la economía del país mediante una explotación metódica de nuestra riqueza potencial. No obstante que, como consecuencia de la Ley de octubre de 1933, la Universidad Nacional de México [dejó de ser un] organismo oficial encargado de impartir la cultura superior, convirtiéndose en institución autónoma, el Gobierno Federal ha cooperado a su sostenimiento mediante subvenciones periódicas que…seguirán aumentando anualmente”. Igual trato recibieron la “Universidad Obrera de México y otros institutos de educación en distintos Estados de la República”. Tras de todo esto, tres preguntas nos surgen.

¿Por qué el presidente Cárdenas ya no mencionó la “educación socialista” a partir de su tercer informe de gobierno? ¿Recordaría lo que el estadista Plutarco Elías Calles escribiera, el 27 de noviembre de 1927, en un artículo publicado en The New York Times bajo el título: “Calles sets down his aims for Mexico”, (Calles establece sus objetivos para México), en donde precisaba: En México hay una tendencia clara hacia el individualismo, y este solamente puede ser satisfecho dentro de los límites establecidos por el llamado sistema capitalista? ¿Por esto, Cárdenas prefirió apoyar la candidatura de Manuel Ávila Camacho y no la de Francisco José Múgica Velázquez?


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Añadido (1) Lo de “benditas” transitaba por el camino de una sola vía y por ello, la aureola se fue al barranco.

Añadido (2) Sé esperaba refutara el señalamiento con cifras. Respondió, sin embargo, con un insulto que quiso disfrazar de sarcasmo. Ya lo decíamos, el “sombrerote” lo delataba.
29 Diciembre 2018 04:00:00
Los añadidos de 2018 / B de B
El domingo por la noche recordamos lo que, hace un par de años, nos advirtió nuestro amigo hidalguense quien es un priísta auténtico de los que están ahí por convicción. Nada de que poseyera dotes de clarividente, simplemente era la versión objetiva de alguien que analizaba información de primera mano y preveía el desastre que se aproximaba. (7 de julio de 2018)

A toro pasado cualquiera pretende ser José Tomás. Nada más hay que leer las declaraciones del senador Emilio Gamboa Patrón, quien ahora quiere hacer creer a los cándidos que él si tenía los dos pies firmes sobre la arena y la figura erguida cuando el burel pasaba rozando la faja. ¿De veras? (7 de julio de 2018)

Al ver la fotografía de toma de posesión en el PRI, no pudimos sustraernos a recordar a Mario Benedetti y a la Nacha Guevara cuando esta interpretaba los versos del primero: “…Después de todo usted(es) es (son) el palo mayor/de un barco que se va a pique/ Por eso digo, señor(a) ministro(a), / ¿De qué se ríe(n)? / ¿De qué se ríe(n)?...’ (21de julio de 2018)

Se podrá o no estar de acuerdo, eso es asunto de cada uno y sus preferencias políticas, con el secretario de turismo, Enrique De La Madrid Cordero. Sin embargo, lo que no puede negársele es que ha salido a dar la cara y plantear su postura en un momento en que todos nuestros políticos solamente buscan quedar bien con los que arribaran o andan en la rebatinga por ver cómo pueden apoderarse de aquello que llevaron a un deterioro que casi lo destruye. (27 de octubre de 2018)

Con la caída del puente peatonal en Miami, se demuestra que no solamente aquí se “cuecen habas”. La construcción de dicha pieza considerada como “state of the art”, tardó cinco años y costó 14 millones de dólares. Fue financiada con recursos provistos bajo el programa “Transportation Investment Generating Economic Recovery (TIGER),” una de las joyas de la administración estadounidense que concluyó en enero de 2017. (17 de marzo de 2018)

Mal negocio cuando los políticos se autonombran enviados del Gran Arquitecto para destruir a quienes tienen una percepción distinta a la suya. No, no se alteren esto nada tiene que ver con nuestros asuntos domésticos, nos referimos a la Representante Demócrata por el Distrito 43 de California, Maxine Moore Waters quien declaró: ’I’ve been sent by God to get Trump!’ ¿En verdad el Altísimo usa intermediarios para ejercer venganzas, pues que acaso no era la expresión máxima de la bondad? (28 de julio de 2018)

El circo que vemos en el proceso para confirmar a Brett Kavanaugh, como ministro de la Suprema Corte de Justicia de los EUA, nos muestra hasta dónde puede llegar la degradación en el ámbito político y el poco respeto que algunas personas pueden tenerse a sí mismas con tal de alcanzar notoriedad o empujar su agenda política. (22 de septiembre de 2018)

Al otro lado del Bravo, tres eventos importantes han sucedido alrededor de los magistrados de la Suprema Corte de los EUA. Primero, avalan la disposición presidencial de negar el acceso a migrantes de seis países. Segundo, emiten un fallo indicando que ningún empleado público puede ser forzado a pertenecer a un sindicato y pagar cuotas. Tercero, uno de los magistrados, Anthony McLeod Kennedy, anuncia su retiro. ¿Nuestros expertos internacionalistas y los encargados de la diplomacia mexicana se habrán percatado de lo que ello implica en el contexto futuro de las relaciones México-EUA? Esperamos que así sea, dado que siempre van un paso delante de los acontecimientos o ¿Acaso estamos equivocados? (30 de junio de 2018)

De pronto los seis de los siete miembros del denominado G 7 nos salieron con amnesia histórica y rechazaron que Rusia fuera parte de este por su belicosidad externa. Al parecer los siete olvidaron que detrás de ellos hay un pasado de coloniaje, depredación e intervención que los coloca al mismo nivel de aquel a quien ahora segregan. La hipocresía y el arrepentimiento falso es la divisa de quienes hoy se dicen puros y castos. (16 de junio de 2018)

Mas tardó doña Angela en regresar a Alemania en que le recordaran que su liderazgo estaba sostenido sobre un par de palillos de dientes. Su empecinamiento en la apertura indiscriminada de fronteras tiene hartos no solamente a sus aliados radicales de ocasión, sino a un amplio sector del pueblo alemán que ya no quiere andar haciendo actos de contrición por lo que vivieron durante el tiempo en que fueron dominados por aquel originario de un estado vecino del sureste. (16 de junio de 2018)

“…Y la cuestión judía que se extendió por toda Europa no fue contra su religión, sino contra su función social, que se relacionaba con la usura y la banca…” Si usted, lector amable, piensa que esta declaración se emitió en los tiempos de gestación de la bestia austriaca, está muy equivocado. Son las palabras que, el 30 de abril de 2018, emitiera el líder palestino, Mahmoud Abbas. Saque sus conclusiones. (5 de mayo de 2018)

Ante las acusaciones, el gobierno español emitió un comunicado aceptando que quien lo preside, Pedro Sánchez, al elaborar su tesis doctoral solamente plagió el 13 por ciento de su contenido y eso es aceptable!!! O como diría aquel, “que tanto es tantito,” íbamos a escribir otra cosa, pero… (15 de septiembre de 2108)

Cuando veíamos al francesito Macron hablar ante el Congreso de los EUA, no pudimos sustraernos a un par de imágenes del pasado. En el siglo XIX, durante el conflicto Prusia – Austria, Napoleón III le juraba lealtad a Bismarck, mientras a trasmano firmaba un acuerdo con los austriacos para, según él, asegurarse por todos lados. Caro le saldría su viveza, acabaría destronado y desterrado. En el siglo XX, cuando la ocupación de Francia por los Nazis, con el beneplácito de Vichy y la población gala, aun cuando después se inventaron lo de las plaquitas por las calles de París, Charles de Gaulle le pidió apoyo a Winston Churchill quien lo rescató y lo mantuvo a buen resguardo para que se la pudiera pasar dando discursos y después proclamarse en el campeón de la resistencia (a larguísima distancia). Sin embargo, dado que Churchill no practicaba el juego del tío lolo, a la hora del triunfo dejó al francés en el lugar que le correspondía. Eso bastó para que De Gaulle rumiara que los convirtieron en potencia de segunda y ahí siguen, sin advertir que estamos en los albores del siglo XXI y no del XIX. Sí, los numerales romanos lucen iguales, pero el orden es distinto y eso hace una diferencia muy grande. (28 de abril de 2018)

Ahí estaban los dos, sencillitos y simpáticos a más no poder. Uno soñando con que su empresa vuelva a dominar el mundo. El otro, se conforma con ser el líder de Europa contando, por supuesto, con la ayuda del primero. (30 de junio de 2018)

El francesito amnésico olvidó quienes sacaron a sus paisanos del hoyo en los dos guerras previas. Además, se dio un tiro en el pie cuando criticó los nacionalismos, ¿A poco los franceses ya dejaron de serlo? No hay duda, la contaminación de París ya le afectó las neuronas. (17 de octubre de 2018)

El francesito Macron ya puede, con información de primera mano, afirmar que el calentamiento es algo real y que quema. Por cierto, ¿En dónde quedó aquel retador que llamaba a formar un ejército europeo? Le salió muy caro andar de pendenciero. (8 de diciembre de 2018)

Esto no se circunscribe a si adquieren armas, la dificultad es que el tejido social está hecho añicos. Además de que han creado una sociedad de zombis enajenados con películas, programas de tv y video juegos que únicamente promueven la violencia. Todo esto reforzado por la dependencia de juguetitos electrónicos que hacen creer a muchos que los dotan de inteligencia porque saben operarlos, mientras acaban convertidos en unos autómatas que ya no saben ni leer, ni escribir correctamente. Pero de esto nadie quiere hablar pues es políticamente incorrecto. Lo peor es que por acá no andamos muy lejos de lucir igual. (17 de febrero de 2018)

Los animalistas se escandalizan por la existencia de la tauromaquia calificándola de un acto de barbarie. No hemos visto, sin embargo, que con enjundia similar se manifiesten en contra de las porquerías hollywoodenses y televisivas o el contenido de los videojuegos que hacen apología de la violencia y trastocan la realidad de millones de seres humanos de todas las edades. Pero como seremos pen…santes, rechazar toda esta bazofia sería políticamente incorrecto y se imaginan lo que podrían decirles en las, recientemente bendecidas, redes sociales. (18 de agosto de 2018)

En Santander, el torero Morante de la Puebla sale escoltado por la policía para protegerlo de un público furioso que se sentía robado. Falta de confianza, que se venga para acá y aquí le sueltan toritos engordados, a lo mucho de cuatro años, pitones del tamaño de un platanito, y con dar dos o tres trapazos los mexhincados lo sacan a hombros entre vítores. (28 de julio de 2018)

Nos equivocamos en el añadido del 28 de julio pasado. Aquí tampoco perdonaron al ‘maistro’ José Antonio Morante Camacho (a) Morante de la Puebla por querer lidiar erales disfrazados de toros. Debería volver al retiro que anunció, en agosto de 2017, bajo la queja de que: “el toro tan grande que sale hoy va en contra del toreo de arte, y ya no puedo más.” Vaya tamaño de sinvergüenza. (15 de diciembre de 2018)

No solamente en México los ‘maistros’ muestran su clase. En España hacen lo mismo, salvo que allá los exhiben. Según “Radiohuesca.com: «Las astas de los seis toros [de la ganadería de Vellosino] lidiados en la feria taurina de San Lorenzo, [en Huesca] el pasado día 12 de agosto, por Enrique Ponce y [Julián López] El Juli, han dado positivo en el análisis por su posible manipulación. La multa podría alcanzar los 150.000 euros… ya que se trata del afeitado de las astas de los seis toros, un caso inédito en España... (ABC 06-12-2018)” ¿Adquirirían esas mañas por estos lares o, como diría el ranchero, “eso es de nacencia”. (08/12/2018)

Hace unos días, inmersos en la pereza intelectual, veíamos una película dirigida y escrita por Alberto Bojórquez, ’Lo Mejor de Teresa’ (1976), cuyos intérpretes principales son Tina Romero, Jorge Martínez de Hoyos, Alma Muriel, María Rojo y Stella Inda. Un filme nada del otro mundo, salvo cuando uno de los actores secundarios, Justo Martínez, interpretando el papel de un personaje llamado Ricardo quien era un burócrata de medio pelo, se suelta alabando, con voz de orador de los 1960s, las grandezas económicas de su natal Tabasco, y, tras de invocar la poesía de Carlos Pellicer, indica: ’… recuerden ustedes, un día de estos el presidente de la republica puede ser tabasqueño…’ (6 de octubre de 2018)

Si nos atenemos a las versiones que corren, resulta que, a la una de la tarde del primero de julio, ya se sabía el resultado de la elección presidencial. Si con encuestas, ¿o serán clarividentes?, pueden proyectar el porvenir, entonces ¿Para que gastar tanto dinero en armar procesos electorales y hacer que el ciudadano vaya a perder el tiempo haciendo filas para votar? (11 de agosto de 2018)

Lo confesamos, pertenecemos a la minoría ignorante. Nada sabemos sobre topografía, dirección de los vientos, sistemas de navegación, tráfico aéreo, torres de control, pistas de despegue y aterrizaje, hangares y características mecánicas de los aviones. Así que, por favor, excusen de preguntarnos al respecto. Por ello, vemos con admiración a las decenas de millones de mexicanos expertos en el tema quienes ansiosos esperan la consulta para opinar sobre cuál es el sitio más adecuado para establecer el aeropuerto en la ciudad de México. Vaya fortuna de la nación al contar con tal número de versados en esos asuntos. (1 de septiembre de 2018)

En eso de la controversia aeroportuaria no hay que apasionarse en la defensa o el ataque. Recordemos que canceladores y cancelados son mercaderes, solamente visiten ropajes distintos, que al final de cuentas habrán de llegar a un acuerdo con beneficios para ambos y los únicos quienes se quedaran con sus resabios entre sí son los que toman partido a ultranza, desde lejos, por uno u otro bando. (3 de noviembre de 2018)

Cuando anunciaron que construirían el Tren Maya, el responsable de esos asuntos inmediatamente anunció que, como ya contaban con los derechos de vía, no habría ningún problema ambiental. Hoy, nos enteramos en boca de quienes saben del asunto que, de construirse el susodicho tren, se verían afectadas varias zonas consideradas como zonas naturales protegidas. ¿Pero cómo, quien es el responsable de no dar parte a los ecosistemas de que ahí había derechos de vía que estaban vigentes? (25 de agosto de 1018)

Como somos incapaces de generar riqueza, entonces vamos todos a convertirnos en muertos de hambre. Ni quien lo dude, el éxito de esa política está asegurado. (21de julio de 2018)

Para quienes aún no le entendían a eso de la austeridad. Langosta y champagne para ellos. Frijoles con gorgojos, por aquello de la proteína, y agua de borrajas para el resto. Si aún quedan dudas, favor de consultar el Hola más reciente. (6 de octubre de 2018)

De pronto nos pareció que entrabamos al túnel del tiempo y leíamos una versión resumida del Programa Nacional para el Fomento Industrial y Comercio Exterior (PRONAFICE) 1984-1988, el cual siempre hemos considerado el mejor documento elaborado en la materia. Sin embargo, dicho programa fue concebido bajo las circunstancias de un México y un mundo que ha cambiado un poco a lo largo de 34 años. De haberse instrumentado entonces, otros hubieran sido los resultados ante la apertura. Sin embargo, plantearlo ahora como ’el modelo económico del cambio,’ en versión ’reloaded,’ luce muy cuesta arriba por decir lo menos. Al respecto, alguien nos comentó: ’no’hombre, eso suena moderno, has de ver lo que plantean otros…’ (11 de agosto de 2018)

Enfrente estaba el diario Excelsior y nos llamaron la atención un par de desplegados. Uno era firmado por el SUTERM y otro por Minera Autlán, al revisar los textos nos dijimos: ¿Quién dejaría este periódico de los 1970s por aquí? Sin embargo, pronto tuvimos que corregirnos al observar la fecha de la edición, 5 de julio de 2018. (7 de julio de 2018)

De pronto, al ver al supuesto funcionario del futuro portando aquel sombrero creímos que nos habíamos metido a una página del ayer. Estábamos equivocados, era un muestra de que el cambio generacional ya llegó…en reversa y nos brincó con todo y lo atrabiliario del chicharronerismo. (13 de octubre de 2018)

Esperemos que el castigo no vaya a terminar en autoflagelación. (7 de julio de 2018)

Hemos conocido de varios casos de servidores del estado mexicano quienes dejándose llevar por el deseo de tomar revancha, vaya usted a saber de qué, fueron y cruzaron la boleta por el color café. Hoy andan, literalmente, dándose frentazos contra la pared. Su esperanza amenaza convertirse en la mitad del sueldo, trabajar seis días a la semana y que los envíen a sitios en donde no serán bien recibidos para terminar convertidos en patitos de feria por aquello de que serán un blanco fácil. Ese es el escenario más halagüeño, el terrorífico es que en diciembre los envíen a filosofar al calor hogareño. Ahí, podrán refocilarse y narrar a sus cercanos como lograron vengarse de los priístas malvados. Pero ni quien los critique, ellos ejercieron su derecho democrático. (4 de agosto de 2018)

Mientras estaban ocupados y aplaudían rabiosos la medida más reciente, no se percataron de que la autonomía universitaria era enviada por el caño. Increíblemente, tuvo que ser un panista quien les advirtiera lo que les iban a hacer. Ante esto, recordamos que la escuelita parroquial, a la cual acudimos, es la única de las de ese tamaño cuya autonomía no depende del dinero público. (15 de diciembre de 2018)

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Añadido a los Añadidos: Lector amable, agradecemos que durante el 2018 haya dedicado un poco de tiempo para revisar nuestros escritos, aun cuando no siempre coincidieran con su perspectiva. De no ocurrir eventos fuera de nuestro control, nos encontraremos en este espacio semana a semana durante 2019, el cual deseamos le sea venturoso y pleno de salud.
22 Diciembre 2018 04:00:00
Los añadidos de 2018 / A de B
Desde el 21 de marzo de 2015, semana a semana, al final de cada colaboración, incorporamos uno o varios comentarios a los cuales denominamos añadidos. A manera de editorial breve, tratamos temas que en ese momento forman parte del acontecer cotidiano. Con ellos proveeremos, en esta y la colaboración próxima, un resumen de lo acontecido durante este año. Vayamos al repaso.

Al momento en que refriteros-merolicos-descubridores del agua tibia, de esos que todos los días anuncian algo que, según ellos, es novedoso, aparecen panegiristas quienes, en tropel, los glorifican como si hubieran descubierto la piedra filosofal. Sin embargo, cuando alguien presenta un estudio original con respaldo científico sólido que arroja resultados bien fundados, optan por ignorarlo. Sobre todo, si está demostrando y explicando que las causas de muchos de los males y conductas de un sector importante de la población tienen su origen desde edad temprana. Pero, como seremos pen…santes, se nos olvidaba que quien hace ese tipo de investigación no pertenece a cofradía alguna, ni mucho menos se apellida Smith o Jones. (7 de abril de 2108)

Todos andan sobresaltados por la ola de suicidios que se han generado entre gente famosa, mientras los mismos medios masivos que, en México y los EUA, dan las notas sobresaltados han ignorado un trabajo recientemente publicado por una científica mexicana, ella sí real no de las de folletín que aquí inventan, en el cual se encuentra la respuesta al porqué de eventos como los que hoy ocupan los titulares de los medios que a toda costa evitan dar a conocer cosas que podrían inquietar a sus lectores. Pero ya sabemos, deja más la venta de alarma que el proveer con información responsable. (9 de junio de 2018)

¿No habrá entre la pléyade de sabios, que pululan alrededor de los funcionarios gubernamentales de la Ciudad de México, uno que les indique sobre los efectos que la contaminación atmosférica tiene sobre la salud humana? O ¿Será que ellos no se preocupan por nimiedades y por eso fomentan las actividades físicas al aire libre? (25 de agosto de 2018)

El calentamiento global sigue con el acelerador a fondo. Si alguien lo duda, basta voltear a ver a los habitantes de la región este en los Estados Unidos de América quienes, seguramente por necios, andan portando abrigos, chamarras, gorros, guantes, botas y prendas térmicas. Todo, como dirían en el pueblo, “por dar la contra.” ¿Qué acaso no revisan los estudios de “científicos” debidamente pagados? (6 de enero de 2018)

Allá por 2003, una tercia de funcionarios del Estado Mexicano, una dama y dos caballeros, defendieron con todo para evitar que el Golfo de California fuera cerrado a la pesca comercial. Entonces, se buscaba que los pescadores terminaran de croupier, meseros, garroteros, pinches, botones, meseros y anexas. Al final de cuentas, a dos de ellos les costaría el cargo, pero se evitó que aquel desaguisado se materializara. Hoy, en base al fantasma llamado vaquita marina, se decretó un embargo pesquero en contra de México. Un triunfo más de los animalistas. Esperamos que, en estos días, haya quien defienda a los pescadores con la enjundia y el cerebro con el cual lo hicieron aquellos del pretérito. (28 de julio de 2018)

La escuela del saltimbanquismo en México tuvo como exponente máximo durante el Siglo XIX a su alteza serenísima, Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón. En el Siglo XX y lo que va del XXI, en lucha encarnizada, acabaría por adueñarse de la representación máxima de ese instituto infamante, el guanajuatense por derecho de sangre, Porfirio Alejandro Muñoz Ledo y Lazo de la Vega. Sin embargo, cada vez hay más competidores en eso de la machincuepa, y como aún le faltan ocho décadas a este siglo, pues nada le asegura a este último personaje que podrá sostenerse en ese lugar deshonroso hacia finales de la centuria. (13 de enero de 2018)

De saltimbanqui pasó a convertirse en equilibrista, especialmente después de la comida. (1 de septiembre de 2018)

De saltimbanqui pasó a equilibrista para terminar de hinojos con los brazos abiertos en cruz. Cuando se creyó que vendría un espectáculo aberrante, inclinó la testuz y besó el calzado de quien tenía enfrente. A lo que lleva el abuso en la ingesta de alcohol. (8 de diciembre de 2018)

Al ciudadano Bartlett Díaz lo consideramos uno de los pocos políticos ilustrados con que contamos, pero se muestra extraviado en la percepción histórica. Por ello, hay que recordarle que el Estado Mexicano moderno nace a partir de los planos elaborados por el presidente Venustiano Carranza Garza; la desbroza del terreno efectuada por el presidente Adolfo de la Huerta Marcor; los cimientos que colocó el presidente Álvaro Obregón Salido; y, la construcción del edificio institucional, el cual albergó el crecimiento y el desarrollo económico de México durante setenta años, obra del estadista Plutarco Elías Calles. (24 de octubre de 2018)

Cuentan las historias fantásticas que, en 1988, durante la elección presidencial, Manuel de Jesús Clouthier del Rincón obtuvo 3,267,159 votos (11.7 por ciento del total) ubicándose en el tercer lugar. En la realidad, conforme a quienes tuvieron acceso a los datos reales, el porcentaje que alcanzó anduvo entre 5 y 6 por ciento del total, pero para ayudar a la imagen de un demócrata tan preclaro, faltaba más, pues se le agregaron unos pocos y ni siquiera tosió. Respecto a este personaje, nos encontramos, una librería de viejo una publicación editada en 1988, de la autoría del periodista Abraham García Ibarra, titulada “La Contra Mexicana: Los bárbaros del norte”. (20 de enero de 2018)

Esperemos que algún día quien estuvo ahí, en aquella noche-madrugada del verano de 1988, le narre a sus lectores lo que vio, oyó y vivió entonces. Nada tiene que ver con las relatorías inventadas por aquellos que cuentan la historia de oídas, por versiones de terceros o porque creen adaptaciones como la que les presenta el que ya olvidó (¿?) los días en que demandaba a la oficina gubernamental, contra la que hoy arremete, le pagara las notas de la gasolina que consumía, como si se tratara de una Suburban, su Volkswagen. Esos recursos, le eran vitales para poder continuar con su “lucha” por la democracia. (23 de junio de 2018)

Se los dijimos, en su pueblo lo conocen muy bien y sabían que el chico era una maravilla, pero para los “business”. (24 de febrero de 2018)

¿Habrá por ahí alguien que le explique a ese par lo que significa el respeto a la investidura presidencial que alguna vez, para nuestra desgracia, ostentaron? Día a día, con su comportamiento, demuestran porque nunca debieron de haber llegado a ese cargo. (10 de marzo de 2018)

El asunto no fue más allá de los linderos de Cuautitlán y ahora nos lo quieren vender como si hubiese sido un evento nacional. Las acciones más sobresalientes fuera de esos límites las realizaron cometiendo fechorías, camino a Guadalajara, en las estaciones del ferrocarril en donde se bajaban a robar a las vendedoras de garnachas. Cuando llegaron allá, ni quién les hiciera caso. (4 de agosto de 2018)
Para quienes lo han olvidado, así como para aquellos que lo desconocen, el primer gran “boom” de las universidades privadas se dio justo después del movimiento universitario capitalino de 1968. Un apunte para reflexionar sobre lo que generan ese tipo de revueltas. (8 de septiembre de 2018)

Son los ratoncitos de siempre a los cuales la publicidad hace lucir como percherones. Pero no hay que preocuparse, dentro de cuatro años los de siempre vuelven a imaginar que ante ellos hay unos corceles majestuosos que irremediablemente, antes de que la medianoche arribe, habrán de recuperar su condición perene de roedores. (7 de julio de 2018)

Lo acontecido el fin de semana anterior en Monterrey es un ejemplo de la estulticia humana soliviantada por merolicos, de pluma y verbo, a sueldo de directivos y patrocinadores, quienes hacen creer a los descerebrados que en un partido de panbol (eso no es futbol soccer) habrán de lograr que sus frustraciones se conviertan en logros positivos. Y mientras los estúpidos se matan y golpean, veintidós fulanos en calzoncillos hacen como que juegan, en realidad únicamente les interesa ir a cobrar el cheque próximo. Hoy, todos se alarman y andan espantados. Ante ello, como nos vamos a olvidar de Sor Juana en aquello de “¿O cuál es de más culpar, /aunque cualquiera mal haga; / la que peca por la paga / o el que paga por pecar?” (29 de septiembre de 2018)

Fue en una gira que supuestamente promovería la armonía y la paz. Pero al salirse del script, y hablar de más, terminó por ahondar la división tanto entre la feligresía como en la población en general. Esas acciones, les hicieron recordar porque no quieren a sus vecinos al este. Además, olvidó algo fundamental: ¿Qué tal si algunos de sus seguidores se le salen del “huacal” y le empiezan a pedir “pruebas” fehacientes acerca de lo que sustenta su prédica? (27 de enero de 2018)

Nuevamente el campeón de la palabra vacua, el ciudadano Jorge Mario Bergoglio Sivori, el Papa Francisco, nos recetó sus peroratas grandilocuentes cuando dijo: “Una de las más grandes blasfemias es invocar a Dios como garante de los propios crímenes, usarlo para justificar el homicidio, la matanza, la reducción en esclavitud, la explotación, la opresión y la persecución de personas y enteras poblaciones… La violencia publicitada y ejecutada en nombre de la religión no puede sino provocar descrédito hacia la religión misma…” Ante ello, nos preguntamos: ¿Cuándo empieza de desacralizar a todos los miembros de su organización que han actuado, a lo largo de los tiempos, bajo esa premisa? ¿Memoria selectiva, la perdida de retentiva, o cinismo? Si quisiera refrescar la memoria, le bastaría simplemente con un repaso a los métodos píos que aquí emplearon para evangelizar o bien como nos embarcaron en la reyerta inútil durante el siglo pasado. (3 de febrero de 2018)

En los tiempos en que acudíamos a la escuelita parroquial, para aprender economía, nos decían que el 5 de febrero se suspendían las clases no para conmemorar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, sino el día de San Felipe de Jesús, forma en que es conocido Felipe de las Casas Martínez, pariente de Bartolomé de las Casas de Sosa y quien sabe cuántos más por el noreste de México. Para quienes se pregunten porque fue seleccionado ese día para entronizar al nuevo arzobispo primado de México. Del aniversario número 101 de la Constitución de 1917 y el 161 de la Constitución de 1857, ni acordarse, eso queda únicamente para los herejes necios como este escribidor. (3 de febrero de 2018)

Después de observar el comportamiento de los hombres públicos en la toma de posesión del nuevo arzobispo de México, concluimos que todos sus actos están encaminados a cumplir un deseo infantil frustrado, ser monaguillos. (10 de febrero de 2018)

La última vez que nuestras autoridades adoptaron una postura digna ante un insulto clerical fue en febrero de 2015 cuando el sencillito argentino nos estigmatizó. Se le envió una nota diplomática de protesta firmada por un católico practicante quien entonces se desempeñaba como canciller. Ante eso, el porteño sudamericano tuvo que recular y ofrecer una disculpa. Si así actuaran siempre, el respeto prevalecería en la relación. (14 de abril de 2108)

En México, los representantes de una de las instituciones que carga con un pasado y presente pleno de impudicia y corrupción vienen a querer darnos lecciones de ética y honestidad. Para confirmar ese presente, en Chile, 34 miembros de alto nivel de ese corporativo dicen que ofrecieron al CEO su renuncia para que decida si los sanciona por sus pecados. La pregunta a este último caso es: ¿Se debe al encubrimiento de porquerías o será un castigo porque la gira del ejecutivo del negocio por aquellas tierras anduvo por los linderos del desastre y eso, con el ego del porteño, merece un correctivo ejemplar? (19 de mayo de 2018)

Para quienes decían que el ciudadano Bergoglio Sivori era distinto a sus predecesores, muy conveniente es leer las declaraciones del antiguo nuncio apostólico en los Estados Unidos de América, el arzobispo Carlo Maria Vigano. Seguramente al abstenerse de responder, don Jorge Mario pensaba en otro gaucho, José Hernández quien en Martin Fierro escribiera: Vengan Santos milagrosos, /Vengan todos en mi ayuda, /Que la lengua se me añuda /Y se me turba la vista; /Pido a Dios que me asista /En una ocasión tan ruda… (1 de septiembre de 2018)

Hasta ternura provocan quienes, en su antiyankismo, ven a China como la esperanza salvadora. Si supieran historia, y analizaran con objetividad el presente, se percatarían que, ante los chinos, los estadounidenses son apenas unos párvulos en eso de ejercer el poder como un imperio. (3 de marzo de 2018)

Muy ’orondos’ comentábamos que, al dejar atrás nuestra etapa de economistas, cerramos la época de aprendices de adivinos para convertirnos en historiadores. En esas andábamos, cuando un par de amigos, Guillermo Robles Martínez Guizar y Sergio Enrique Castro Peña, economistas ambos, nos recordaron amablemente que quien predijo lo que ocurriría con Alemania tras de la firma de los Tratados de Versalles, fue el economista, John Maynard Keynes en el libro ’Las Consecuencias Económicas de la Paz.’ (1919) … (12 de mayo de 2018)

Gracias al apoyo que recibí por parte de la doctora Patricia Galena, directora general del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INHERM), fue factible que, con el respaldo del personal de esta institución, se editara y esté ya disponible, desde hace un par de días, mi primer libro “El senado estadunidense enjuicia a México y al presidente Carranza”. (27 de enero de 2018)

Lector amable, nos permitimos compartirle que el segundo libro de la autoría de este escribidor, “Las Conferencias de Bucareli. Un acto pragmático de la diplomacia mexicana,” acaba de aparecer publicado por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM). Si usted está interesado en conocer una versión distinta a la que se ha esparcido a lo largo de noventa y cinco años sobre este tópico, le recomendamos la lectura de este volumen… (1 de diciembre de 2018)

Mas que nunca a lo largo de este mes, una y otra vez, he recordado las palabras que constantemente me repetías. Tenías razón, sabes a lo que me refiero, pero que te voy a contar, tu supiste de lo difícil que es recorrer esos senderos. Vaya que te extrañe ese día, como cada uno a partir del 29 de marzo de hace cuatro años, DON RAFAEL VILLARREAL MARTÍNEZ (24 de marzo de 2018)

Este miércoles 18, se cumplirán dos años de que, sin aspavientos, ni quejas, con la dignidad y firmeza que caracterizó tu vida, enfrentaste la llegada de la hora final. Con respecto a la pregunta que me hacías constantemente durante los últimos tiempos, la respuesta ha llegado en este año. Cómo hubiera deseado transmitírtela y escuchar la respuesta en tu voz siempre alegre DOÑA ESTELA RÍOS SCHROEDER. (14 de julio de 2018)

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Añadido a los Añadidos: A usted lector amable, le deseamos que, en compañía de los suyos, pase una esplendorosa y Feliz Navidad.
15 Diciembre 2018 04:00:00
Un remedo que no fue remedio en la Francia revoulcionaria / b de b
Acerca de cómo se dieron las relaciones entre el Estado y la iglesia católica en la Francia revolucionaria, la semana anterior nos quedamos en que las cosas empezaron a cambiar cuando se publica el decreto del 27 de noviembre de 1790. Partamos de este punto para ver como los revolucionarios franceses actuaron tratando de controlar a la iglesia católica tomando una serie de medidas que no eran sino un remedo de esta y eso no fue ningún remedio pues terminó en un fracaso.

Francois Furet en “Revolutionary France: 1770-1880” (1992), apunta que, “según lo estipulado en decreto, las autoridades civiles exigirían a los sacerdotes practicantes que en un período no superior a dos meses debían “prestar juramento a la Constitución y, en consecuencia, a la Constitución Civil del Clero que se había incluido en ella.” En relación con esto, en “Priest and Parish in Eighteen Century France: A Social and Political Study of the Curés in a Diocese of Dauphiné. 1750-1791” (1977), Timothy Tackett, considera que “los revolucionarios cometieron un error terrible error al no tomar en cuenta que hasta ese momento la gran mayoría del bajo clero los había apoyado en las medidas implementadas.” Sin embargo, al emitir esa disposición que los forzaba a tomar partido, se veían en “la necesidad de adoptar una posición absoluta e inequívoca a favor o en contra de la totalidad de la Constitución Civil, por lo cual el clero de las parroquias se vio envuelto en un dilema agonizante.” Como resultado de estas medidas, la relación del papa con la iglesia en Francia se convertía en algo puramente mítico, mientras que los miembros del clero terminarían convertidos en funcionarios estatales.

Hasta enero de 1791, solamente un tercio de los ministros eclesiásticos de la Asamblea y únicamente siete obispos, principalmente sin diócesis, acordaron prestar juramento. Ahora, conforme a lo dispuesto por la Asamblea, había dos clases de sacerdotes: constitucionales y refractarios. La reacción fue tan adversa que la Asamblea no tuvo otra opción que reconsiderar su intransigencia y, como lo indica Alberth Mathiez en “The French Revolution” (1927), “autorizó al sacerdote refractario a permanecer en sus parroquias hasta que fuera reemplazado.”

Tackett enfatiza que los diputados en París diseñaron e implantaron esas medidas sin consultar al papa, y mucho menos habían buscado la opinión y aprobación del clero francés. Esta fue sin duda la razón principal del rechazo del juramento por parte de muchos clérigos quienes, aun cuando estaban de acuerdo con la mayoría de los demás aspectos y consideraban que la Constitución Civil era una mejora deseable sobre lo dispuesto bajo el antiguo régimen, el hecho de no ser tomados en cuenta les incomodaba al considerar que era una medida impuesta y no consensuada. A ello, se aunó el descontento generado entre la alta jerarquía, principalmente los obispos. En ese contexto, en “Church and State in France: 1300-1907” (1907), Arthur Galton indica que muchos de los obispos eran emigrados: la mayoría de ellos muy hostiles a la Revolución.” Al parecer, los obispos que abandonaron el país conspiraban, mientras que algunos que permanecían intentaban incitar a la población a la guerra civil. En medio de todo esto, el papa Pío VI no tomó ninguna posición oficial hasta marzo de 1791. En esa fecha, emitió el breve Quod Aliquantum, en el cual describió que la Constitución negaba las creencias más sacras, aboliendo los servicios más sagrados (es decir, los oficios corales de los monjes) y produciendo calamidades, lo que sería increíble de no haberse ya experimentado sus repercusiones.

Retornando a lo escrito por Mathiez, en este punto, las reformas religiosas ya se les habían salido de control a los revolucionarios. Se generó una lucha abierta entre los sacerdotes refractarios y los constitucionales agravados cuando el directorio del departamento de París “emitió, en abril de 1791, una ordenanza con la cual organizaba la administración de los sacerdotes refractarios dándoles el tratamiento de un culto tolerado.” Como respuesta, los sacerdotes constitucionales protestaron argumentando que después de tomar partido por la Revolución, en cuanto aparecieron los problemas, “fueron amenazados con dejarlos a su suerte”. Los sacerdotes constitucionales ya no confiaban en Lafayette y su partido y comenzaron a unirse a los clubes de los jacobinos. Esta lucha religiosa no solamente fortaleció al partido aristocrático, sino que “también provocó la formación de un partido anticlerical que no había existido anteriormente.” Al respecto, en “De-Christianization in A Critical Dictionary of the French Revolution” (1989), Mona Ozouf apunta que, tras de todo esto, algunos jacobinos tomaron un papel activo atacando el catolicismo romano y proponiendo la sustitución de la Constitución Civil y la creación de una religión nacional. “También hubo mascaradas anticlericales, y prácticamente en todas partes hubo intentos de sustituir rituales revolucionarios por ceremonias cristianas.” Pero antes de llegar a describir lo que finalmente aconteció al respecto, es importante revisar las acciones de resistencia que provocaron las medidas diversas.

En “Christianity and the French Revolution” (1927), François Victor Alphonse Aulard indica que el 29 de noviembre de 1791, la Asamblea Legislativa aprobó un decreto que abolía “la obligación de prestar el juramento especial ... no se exigía nada, excepto el juramento cívico impuesto a todos los funcionarios; De esta manera trataban de dilucidar quiénes eran los sacerdotes deseosos de conspirar contra el país.” Esto, podría decirse, fue el paso inicial hacia la era de terror que se avecinaba.

Conforme a la narrativa de Charles Tilly, en “The Vendée: A Sociological Analysis of the Counterrevolution of 1793” (1967), conforme la Convención intentaba imponer sanciones severas en contra sus enemigos, políticos o religiosos, la insurrección se incrementaba lo cual implicaba que dichas medidas no eran suficientes para detener las rebeliones. “En marzo de 1793, se generó un gran levantamiento en el oeste de Francia que amenazó la vida misma de la Revolución. Los campesinos de Poitou, Anjou y Britany [el área llamada Vendée] se unieron para atacar a las fuerzas de la República. Tal como lo indican, Linda S. Frey y Marsha L. Frey en “The French Revolution” (2004), la excusa inicial fue la oposición al reclutamiento, pero lo que realmente estaba detrás de todo ello era el desacuerdo con “algunas políticas de la Convención, como la ejecución del rey y las disposiciones emanadas de la Constitución Civil del Clero.” Acerca de cuanta gente se enganchó en la revuelta, los números varían, Frey y Frey escriben que “en el Vendée más de 50,000 hombres combatieron en contra del gobierno revolucionario. Por otra parte, Tilly considera que “entre 60,000 y 120,000 hombres tomaron las armas para dar vida a la contrarrevolución de 1793.” A pesar de esas diferencias, Tilly enfatiza que quienes lucharon en la región de Vendée estaban principalmente a favor de la restitución de la monarquía y el apoyo al catolicismo. Ellos usaron como “símbolo el Sagrado Corazón de Jesús con una cruz superpuesta.” Para contrarrestar la rebelión, la Convención trató de implantar medidas extremas de castigo en contra de los sacerdotes, inclusive decretó la pena de muerte para aquellos clérigos que se mostraban rebeldes. Ante la gravedad de la situación, los revolucionarios franceses mostraron que no solamente quienes pasaron bajo el tratamiento del doctor Joseph-Ignace Guillotin habían perdido la cabeza, sino quienes aún esperaban su turno parecía que ya no la tenían en su sitio. En contexto, procedieron a reinventar el mundo y adoptaron el papel de creadores primigenios hasta el punto de que, sí los transpolamos a nuestros días, podríamos decir que son los patriarcas de los hoy políticamente correctos que a todo le cambian el nombre para no incomodar a los “snowflakes.”

Los revolucionarios franceses empezaron por abandonar los términos “Monsieur y Madame” por otros que sonaran más democráticos como “Citoyen y Citoyenne.” Posteriormente, para enfatizar que con ellos había arribado una nueva era de libertad, en octubre de 1793, decretaron que el calendario gregoriano resultaba obsoleto y había que sustituirlo con algo que no era mas que un remedo al cual llamaron el nuevo calendario republicano. Esto por supuesto implicaba que esa era nueva para la humanidad dio inicio con la proclamación de la República francesa el 22 de septiembre de 1792 y ese sería el año número uno.

Eran tan ingeniosos los revolucionarios franceses que el calendario lo dividieron en 12 meses de treinta días cada uno. Esos meses llevaban los nombres de elementos naturales conforme a las condiciones que prevalecían en París y sus alrededores, y eran: Vendémiaire (22 de septiembre al 21 de octubre); Brumiaire (22 de octubre al 20 de noviembre); Frimaire (21 de noviembre al 20 de diciembre); Nivôse (21 de diciembre al 19 de enero); Ventôse (19 de febrero al 20 de marzo); Germinal (21 de marzo al 19 de abril); Floréal (20 de abril al 19 de mayo); Prairial (20 de mayo al 18 de junio); Messidor (19 de junio al 18 de julio); Thermidor (19 de julio al 17 de agosto); y, Fructidor (18 de agosto al 16 de septiembre). Estos meses estaban compuestos por tres “décades” o semanas de diez días cada una. Los días recibían los nombre de primidi, duodi, tridi, quartidi, quintidi, sextidi, septidi, octidi, nonidi y décadi. Para sustituir las celebraciones católicas de cada día asignarlo a conmemorar un santo, se determinó que fueran nombrados para celebrar una semilla, un árbol, una flor, un animal, o una herramienta. Si quisiéramos “estirar la liga” hasta podríamos decir que ahí están los orígenes de los ambientalistas y animalistas. Pero continuemos con las genialidades revolucionarias. Respecto al tiempo, cada día del calendario republicano consistía en diez horas, misma que estaba compuesta 100 minutos decimales el cual se subdividía en 100 segundos decimales. Como resultado cada hora tenia 144 minutos de los que conocemos, el minuto contenía 86.4 segundos. Esta imitación burda no fue suficiente para detener la lucha.

Los enfrentamientos siguieron hasta la primavera de 1794 cuando los revolucionarios derrotaron a los rebeldes. Durante la refriega, un tercio de la población en el Vendée perdió la vida. Sin embargo, esto no implicó que en el resto del país las rebeliones cesaran. Retomando los conceptos de Frey y Frey, es factible indicar que el terror prevaleciente en la Francia revolucionaria, entre los veranos de 1793 y 1794, fue tan mortífero como pudiera serlo una plaga o una guerra. El numero de victimas alcanzó alrededor de 40,000 personas.

En “The French Revolution and Religious Reform” (1901), William Milligan Sloane escribió que fue hasta el verano de 1794, al momento en que los termidorianos acabaron con el reinado de Maximilien François Marie Isidore de Robespierre, cuando las cosas comenzaron a cambiar en relación con los asuntos religiosos. En septiembre, los mismos “termidorianos, radicales y moderados, estaban dispuestos a rechazar todo lo que él [Robespierre] había defendido, y entre ello se encontraba lo que había sido su doctrina fundamental, contar con una religión nacional con ministros funcionales como parte de la nómina estatal.”

Con respecto a lo anterior, Aular menciona que Pierre-Joseph Cambon propuso terminar los pagos de gastos y estipendios para cualquier religión o sus miembros. Sin embargo, sería hasta el 21 de febrero de 1795 (tercer Ventose del año III) cuando se publicara un decreto que restableciera cierta libertad legal a la Iglesia. Los puntos principales del decreto fueron: la libertad de todas las religiones, la condena como delitos menores de quienes se opusieron o insultaran al ejercicio de la adoración pública, el Estado ya no pagaría a ningún sacerdote ni proporcionaría ningún edificio para la adoración, la prohibición de ceremonias externas. Se colocaron bajo supervisión política, signos o inscripciones y todas las proclamas públicas o convocatorias de asambleas, la proscripción de usar ropa religiosa y todas las reuniones religiosas. Además, no se impondría ninguna donación o impuesto para el mantenimiento de la religión. Como consecuencia de estas medidas, inmediatamente el catolicismo recuperó su presencia a lo largo del país y dejó de existir la distinción entre los clérigos. En síntesis, se consideró que la razón volvía a prevalecer. El terror había terminado, pero aún quedaban pendientes muchos problemas por resolver antes de que un Concordato se firmara años después. Pero por el momento, la iglesia y el Estado podrían trabajar sin que uno intentara hacer el trabajo del otro. Las “décades” fueron abolidas en Floréal año X (abril de 1802) y el calendario republicano fue anulado por Napoleón el 1 de enero de 1806. Para entonces, el corzo cargaba la derrota ante el ejercito de harapientos de Haití el cual en noviembre de 1803 lo obligó a retirar sus tropas y el 1 de enero de 1804 declaraba su independencia. Asimismo, ya había vendido a los EUA el territorio de la Louisiana (Desde el estado de Montana hasta el de Louisiana) a cambio de 15 millones de dólares. Y por supuesto ya se había coronado emperador el 2 de diciembre de 1804 ante la presencia de Barnaba Niccolò Maria Luigi Chiaramonti, el papa Pío VII. En eso acabó la Francia revolucionaria y aquello de “Liberté, Égalité, Fraternité” (Libertad, Igualdad, Fraternidad).

Contra la creencia común de que las revoluciones comienzan debido al descontento popular, aquí tenemos un ejemplo de cómo al final son consecuencia de las acciones tomadas por los miembros de la burguesía. También, los eventos explicados en este par de colaboraciones ejemplifican lo que sucede cuando el Estado y la iglesia se involucran en una lucha para establecer cuál gobierna sobre el otro. Aun cuando desde nuestra perspectiva no es requerida la presencia de intermediarios en la relación de cada uno con el Gran Arquitecto, respetamos a quienes coinciden con la perspectiva de Alexis Charles Henri Clérel, Vizconde De Tocqueville para quien la civilización no puede existir sin la religión, a lo cual agregaríamos siempre y cuando las instituciones que representan a esta última entiendan que su actividad debe de circunscribirse a los asuntos estrictamente espirituales. En ese contexto, es necesaria la presencia del Estado para establecer los límites en los cuales la religión puede operar sin interferir con las funciones del gobierno. No significa que el dominio de uno sobre el otro, y no tiene nada que ver con las creencias religiosas, se trata de definir dónde deben operar el Estado y la iglesia. En nuestra opinión, sin el respeto de una institución por otra, ninguna nación puede sobrevivir. Los poderes terrenales y espirituales deben cumplir sus deberes en diferentes esferas de acción. Cualquier mezcla, tarde o temprano, producirá un cóctel peligroso cuyo principal contenido es la sangre. No obstante, las múltiples lecciones con las que la historia nos ha provisto, ayer y hoy, los líderes religiosos y políticos tienden a olvidar cuál es su campo de acción. Al final, repiten los mismos errores, la curia busca dar lecciones de democracia cuando su institución es el ejemplo mas vivo de antidemocracia. Ante ello, muchos líderes políticos tratan de ubicarlos y la confrontación termina por generarse. Y como en esos asuntos es fácil soliviantar las pasiones de los irracionales, ambos bandos terminan enfrentados generando reyertas inútiles que dejan un numero incalculable de vidas humanas perdidas hasta que los dirigentes deciden encontrar la forma de solucionar los problemas con el mismo tipo de arreglos temporales que perduran mientras no haya quien decida prender el fuego nuevamente invocando que debe de prevalecer su muy particular percepción sobre como ha de darse la relación con el Gran Arquitecto y en algunos casos optan por crear un remedo para, según ellos, remediar un mal lo cual termina por empeorar la situación.

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Añadido (1) Los Tratados de Bucareli no es algo que inicia en mayo de 1923, viene de tiempo atrás y nada tiene que ver con la entrega del país u otras consejas. Para conocer una narrativa sustentada en datos duros, le recomendamos leer “Las Conferencias de Bucareli. Un acto pragmático de la diplomacia mexicana.” (INEHRM 2018) de la autoría de este escribidor. Se encuentra en la Librería del INEHRM, sita Francisco Y. Madero No. 1, casi esquina con Av. Revolución, en San Ángel, Ciudad de México. En el resto del país, acuda a la Librería Educal más cercana y cuestióneles acerca de cuándo estará disponible.

Añadido (2) ¿Cuántos de quienes hoy lucen como figuras políticas refulgentes del gabinete (14 de 24, el 58.3 por ciento del total) adquirieron “malas mañas” cuando fueron a estudiar al extranjero?

Añadido (3) Mientras estaban ocupados y aplaudían rabiosos la medida más reciente, no se percataron de que la autonomía universitaria era enviada por el caño. Increíblemente, tuvo que ser un panista quien les advirtiera lo que les iban a hacer. Ante esto, recordamos que la escuelita parroquial, a la cual acudimos, es la única de las de ese tamaño cuya autonomía no depende del dinero público.

Añadido (4) Nos equivocamos en el añadido del 28 de julio pasado. Aquí tampoco perdonaron al ‘maistro’ José Antonio Morante Camacho (a) Morante de la Puebla por querer lidiar erales disfrazados de toros. Debería volver al retiro que anunció, en agosto de 2017, bajo la queja de que: “el toro tan grande que sale hoy va en contra del toreo de arte, y ya no puedo más.” Vaya tamaño de sinvergüenza.
08 Diciembre 2018 04:10:00
La disputa Estado-Iglesia en la Francia revolucionaria / A de B
Es frecuente leer o escuchar a los miembros de la curia católica salir a dar recomendaciones de cómo han de comportarse los dirigentes políticos de las naciones, incluida la nuestra por supuesto, o bien emitir opiniones dogmáticas sobre que hay que hacerse en materia de leyes o gobernanza, pero eso sí demandan que nadie interfiera en los asuntos de su empresa. Cuando eso sucede, a este escribidor, creyente firme de que los asuntos de la fe y los del Estado deben de manejarse en esferas totalmente separadas, lo primero que le viene a la mente es lo ocurrido en la Francia del Siglo XVIII durante los tiempos de la Revolución. Sobre esos eventos, hace varios años, escribimos algo destinado a otros fines, pero que hoy nos permitimos compartir con usted lector amable.

A lo largo de la historia, en todo el mundo, las relaciones entre la Iglesia católica y los que gobiernan los países han estado alejadas de ser tersas. Se ha dado una lucha continua para definir qué entidad gobierna a la otra. Es común en este tipo de batallas, tan pronto como el gobierno establece medidas específicas relacionadas con el desempeño de los miembros de la Iglesia; el clero proclama que es el comienzo de una guerra contra las creencias cristianas. Sin embargo, debemos de apuntar que a pesar de algunas veces las medidas lucen extremas en la superficie, los hombres a cargo del Estado entienden lo que Tocqueville escribiera en “The Old Regime and the French Revolution” (1856) sobre la religión en Estados Unidos cuando evoca la importancia de la religión prevaleciente y su contribución “a la estabilidad del Estado y al mantenimiento de la ley y el orden ... y que una comunidad civilizada no puede existir sin la religión.” Lo que don Alex olvidó apuntar fue que, en los EU, a diferencia de otras naciones, nunca ha existido una religión de Estado. A ello, debemos de agregar lo que Arthur Galton escribió en “Church and State in France: 1300-1907” (1907) “ni la revolución [francesa] ni sus líderes eran anticristianos ni siquiera anticlericales.” El conflicto, entonces y hoy, no es sobre si se deben o no exterminar las creencias religiosas, sino en quién y cómo han de establecerse las reglas sobre actividades de la Iglesia en un país o región y como hacer para que esta institución multinacional no quiera dictar las normas de convivencia de las sociedades. Bajo estas premisas, enfoquémonos en lo sucedido en la Francia de la revolución.

En Francia, conforme a lo que señala Mona Ozouf, en “De-Christianization in A Critical Dictionary of the French Revolution.” (1989), la cristianización se consolidó durante el siglo dieciséis, “cuando el catolicismo post-tridentino intentó reafirmar su dominio [y] la Iglesia buscó mejorar a sus sacerdotes intelectual y moralmente construyendo seminarios a través del país y estableciendo un esquema regular de visitas pastorales.” Ello generó que antes de la Revolución Francesa, el catolicismo se convirtiera en la religión dominante. Ello, en las palabras de A. Aulard en “Christianity and the French Revolution,” (1927), se traducía en que ‘era la religión de una nación que los papas llamaban la hija mayor de la Iglesia.” En medio de todo ello, a finales del siglo dieciocho, el cristianismo florecía. Había muy pocos miembros de otras religiones o no católicos. La iglesia católica era una entidad opulenta que vivía de su propia riqueza, mientras que el gobierno absolutista de Luis XVI daba muestras de agotamiento debido a su pereza y carácter débil. Cuando la crisis económica se hizo presente, el rey no pudo hacerle. El país estaba al borde de la bancarrota y, como lo señalan Linda S. Frey y Marsha L. Frey, en “The French Revolution,” el rey Luis XVI” (2004), no tuvo más remedio que llamar a los Estados Generales, el cuerpo representativo de Francia que no se había reunido desde 1614. No era lo suficientemente capaz ni lo suficientemente imaginativo como para enfrentar esta nueva situación.” A esto debe de agregarse un elemento importante que subyacía detrás de esta crisis, un conflicto de clases. No fue el hambre de la mayoría de los ciudadanos y la distribución desigual de los ingresos lo que desencadenó la Revolución, sino una lucha entre las clases altas, social y económicamente hablando. La aristocracia y el clero disfrutaron de los beneficios de las decisiones del rey, mientras que la burguesía quedaba al margen a pesar de su fortaleza económica. Estas son las raíces de los eventos que habrían de generarse.

Cuando comenzó la revuelta contra la monarquía, los líderes utilizaron a los campesinos solamente como una herramienta para establecer la Revolución, pero al final la Asamblea estuvo dominada por miembros de la burguesía. Los burgueses, una vez en control de la dirección política, mientras la gente en las calles se amotinaba, pudieron negociar la rendición del antiguo régimen. Al comienzo de la Revolución Francesa, menciona Francois Furet en Revolutionary France: 1770-1880” (1992), “todas las órdenes, el clero con menos vehemencia que las otras dos, exigían el fin del despotismo y una monarquía controlada.” Uno de los primeros pasos que dio la Asamblea fue instituir una monarquía constitucional que convirtió al rey en una figura decorativa condenada tarde o temprano a desaparecer institucional y físicamente. El principal objetivo de los revolucionarios era la “reconstrucción del cuerpo político sobre principios universales.” En esta reforma se incluía una reforma de las relaciones entre iglesia y el Estado. No obstante que el antiguo régimen estaba al borde de la destrucción, “la religión católica como tal no estaba amenazada por la mayoría revolucionaria de la Asamblea Constitucional.” Al respecto, Alberth Mathiez, en “The French Revolution” (1927), menciona que lo que la Asamblea buscaba “era regular, en nombre de la nación, las relaciones entre el clero y la autoridad laica, para armonizar a la Iglesia con las nuevas instituciones ... ni la religión ni la teología estaban en duda.” En consecuencia, lo que es un hecho innegable, tal como lo indica Charles Tilly en “The Vendée: A Sociological Analysis of the Counterrevolution of 1793” (1967) es que “a partir de los Estados Generales, las cuestiones religiosas se convirtieron cada vez más en cuestiones políticas. Una de las cosas revolucionarias de la Revolución fue que convirtió a la organización religiosa en un asunto de política pública.” Sin embargo, como lo apunta William Milligan Sloane en “The French Revolution and Religious Reform” (1901), en medio de la agitación cuando la Revolución estaba en el proceso de reorganizar el Estado y dar paso a la reforma sobre el papel desempeñado por la Iglesia, “el clero, ocupado exclusivamente con la preservación de sus privilegios, cometió un serio error al no considerar ni presentar, lo cual se volvía imperativo después de la abolición de los diezmos, un plan constructivo para la reforma de las finanzas eclesiásticas.” Como lo menciona Mathiez, “la reorganización del Estado implicaba necesariamente la de la Iglesia. La reforma financiera, de la cual dependía la salvación del Estado, habría sido un fracaso si se hubieran preservado todos los fundamentos eclesiásticos.”

El 4 de agosto de 1789, de acuerdo con Aulard, los miembros de la Asamblea Constitutiva en Francia comenzaron a implementar una serie de reformas sobre la constitución de la iglesia gala. La abolición, primero, del sistema feudal y los derechos feudales; después todo tipo de diezmos; suprimiendo los honorarios ocasionales de los sacerdotes del país; prohibiendo el envío a Roma de dinero por las anualidades; cancelar los privilegios de los obispos, arzobispos y demás; y prohibir la tenencia de beneficios si superaban los 3000 francos. Entre los miembros del clero las reacciones a estas medidas fueron mixtas. Mientras que el clero superior y el papa exhibían su disgusto, el clero inferior mostró apoyo. Pero eso fue solamente al comienzo, no obstante, la proclamación inicial de la Asamblea Constituyente del catolicismo como la religión del Estado. El 19 de diciembre de 1789, se ordenó la venta de 400 millones de libras de propiedad de la Iglesia. A medida que la Revolución avanzaba y los miembros de la Asamblea estaban más orientados hacia los principios de la Declaración de los Derechos del Hombre, el predominio del catolicismo como la creencia oficial disminuyó. Consecuentemente se tomaron una serie de acciones.

Primero, el 13 de febrero de 1790, todas las órdenes y congregaciones religiosas fueron suprimidas. Más tarde, el 29 de marzo de 1790, para aumentar las diferencias ya existentes entre la iglesia y la Asamblea, el embajador francés, el cardenal François-Joachim de Pierre de Bernis, desleal a su mandato, aconsejó al conde Giovanni Angelo Braschi, el papa Pío VI, que condenara los principios de la Declaración de los Derechos del Hombre, lo cual realizó en consistorio secreto. Como lo escribe Aulard, para el Papa este documento cuestionaba la autoridad de la iglesia, especialmente cuando se afirmaba que “la ley es la expresión de la voluntad general ... igualmente la afirmación de que todos los ciudadanos tienen derecho a participar en la legislación ya sea en persona o por medio de su representantes.” Bajo el supuesto de que la revolución era cambio, vuelco e innovación; los revolucionarios franceses implementaron las medidas necesarias que algunos consideraron como el comienzo de la cristianización de la sociedad y otros como un retorno a los orígenes del cristianismo. Sin embargo, como acertadamente lo narra R. R. Palmer en “Twelve Who Ruled: The Year of the Terror in the French Revolution,” era imposible para un grupo de hombres quienes “creían firmemente en un Ser Supremo, distante convenientemente” destruir totalmente laa religión en un país donde la mayoría de la población era católica. William Milligan Sloane en “The French Revolution and Religious Reform” (1901), indica que lo primero que hicieron fue comenzar a construir una “religión” alternativa con los mismos principios. El primer paso formal fue la promulgación, el 12 de julio de 1790, de la Constitución del Clero, que se dividió en cuatro títulos. El primero abolió el establecimiento preexistente de arzobispados, obispados, prebendarios, abadías, prioritarios, sustituyendo diez distritos metropolitanos o arzobispados y ochenta y tres obispados.” En síntesis, escribe Tilly, “fue una reorganización de las divisiones territoriales de la Iglesia francesa para corresponder a las nuevas divisiones civiles”. La segunda disposición se refería al nombramiento y la institución del ministerio. Los electores de la asamblea departamental nominaron a los candidatos para obispos; los de la asamblea de distrito hicieron las nominaciones para sacerdotes de parroquia. El tercer título se centró en los salarios de los miembros del clero; mientras que el cuarto establecía reglas sobre la residencia del clero que serían supervisadas y controladas por los que controlaban de los municipios.

Desde la perspectiva de Timothy Tackett, en “Priest and Parish in Eighteen Century France: A Social and Political Study of the Curés in a Diocese of Dauphiné. 1750-1791” (1977), muchos de las curas, especialmente aquellos quienes moraban en la región del Dauphiné, vieron las nuevas reglas como “un retorno a las condiciones del cristianismo primitivo ... la Constitución, escribió el Abad Cazaneuve, no solamente revive entre nosotros los días gloriosos de los comienzos Iglesia al destruir los abusos introducidos por la superstición.” Sin embargo, las cosas empezaron a cambiar cuando, el 27 de noviembre de 1790, los revolucionarios publican un decreto. Respecto a esto y como terminó el experimento revolucionario francés, les comentaremos en la colaboración próxima.

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Añadido (1) Dado que, allá por el pueblo y sus colindancias, la semana anterior no apareció publicada nuestra colaboración, ello impidió que compartiéramos con usted, lector amable, la noticia de que el segundo libro de la autoría de este escribidor, “Las Conferencias de Bucareli. Un acto pragmático de la diplomacia mexicana” acaba de aparecer publicado por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM). Si usted está interesado en conocer una versión distinta a la que se ha esparcido a lo largo de noventa y cinco años sobre este tópico, le recomendamos la lectura de este volumen. Estamos seguros de que en él encontrará información que lo hará reflexionar sobre lo que varios escribieron repitiendo lo que otros, anteriormente, publicaron como cierto, pero sin revisar datos duros. Hasta el momento, el volumen se encuentra disponible en la Librería del INEHRM, sita Francisco Y. Madero No. 1, casi esquina con Av. Revolución, en San Ángel, Ciudad de México. Por lo que respecta al resto del país, le recomendamos que vaya a la Librería Educal más cercana y les cuestione acerca de cuándo lo tendrán disponible.

Añadido (2) De saltimbanqui pasó a equilibrista para terminar de hinojos con los brazos abiertos en cruz. Cuando se creyó que vendría un espectáculo aberrante, inclinó la testuz y besó el calzado de quien tenía enfrente. A lo que lleva el abuso en la ingesta de alcohol.

Añadido (3) El francesito Macron ya puede, con información de primera mano, afirmar que el calentamiento es algo real y que quema. Por cierto, ¿En donde quedó aquel retador que llamaba a formar un ejército europeo? Le salió muy caro andar de pendenciero.

Añadido (4) No solamente en México los ‘maistros’ muestran su clase. En España hacen lo mismo, salvo que allá los exhiben. Según “Radiohuesca.com: «Las astas de los seis toros [de la ganadería de Vellosino] lidiados en la feria taurina de San Lorenzo, [en Huesca] el pasado día 12 de agosto, por Enrique Ponce y [Julián López] El Juli, han dado positivo en el análisis por su posible manipulación. La multa podría alcanzar los 150.000 euros… ya que se trata del afeitado de las astas de los seis toros, un caso inédito en España... (ABC 06-12-2018)” ¿Adquirirían esas mañas por estos lares o, como diría el ranchero, “eso es de nacencia”.
24 Noviembre 2018 04:00:00
La relación entre Madero y Zapata
Hace días celebramos el 108 aniversario del inicio de la Revolución Mexicana. En ese contexto, daremos un repaso a la relación entre, el presidente Francisco Ygnacio Madero González y quien fuera el caballerango de confianza de Nachito De La Torre y Mier, hijo político del presidente José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, el morelense Emiliano Zapata Salazar. Poco es mencionado que Madero miraba hacia el futuro y ello pasaba por que el proceso de cambio se diese de manera gradual. Zapata planteaba arrasar con todo y retornar a un régimen de propiedad de la tierra que, tal vez, fuera exitoso en el México precolonial, pero no correspondía a las circunstancias futuras en el siglo XX. Revisemos dicha relación.

El 17 de agosto de 1911, Zapata escribió a Madero indicándole: “causa mucha indignación en pueblo y Ejército el amago de las fuerzas federales que están con intención de ataque contra nosotros. Si se derrama sangre, no seré yo el responsable, pues usted comprenderá que se trata de asesinar los mismos principios que usted proclamó…yo, ni por un momento he dudado de que usted sostendrá los principios por los cuales el pueblo mexicano derramó su sangre y en la cuestión a que en este momento me refiero tengo fe y la he tenido siempre, en que usted evitará el derramamiento de sangre que se prepara contra nosotros.” El 22 de agosto, Madero hizo “…constar que en vista de la actitud pacífica y respetuosa de todos los jefes subalternos del general Zapata que nunca han intentado rebelarse contra el Gobierno ni su autoridad, y en atención a los servicios que prestaron a la Revolución y considerando igualmente que me han ayudado de un modo eficaz a la obra de licenciamiento de las fuerzas de su mando…interpondré toda mi influencia para que sus servicios sean aprovechados, según sus aptitudes, por el Gobierno.” En otra misiva, de fecha similar, el coahuilense mencionaba que “en atención a los servicios que ha prestado usted a la causa durante la Revolución y la dificultad para mí de recompensar debidamente en los actuales momentos, quiero que sepa que no he dado crédito a las calumnias que han lanzado contra usted sus enemigos; que lo considero un leal servidor mío; que aprecio debidamente los servicios que usted prestó a la Revolución, en atención a lo cual, cuando yo llegue al poder le aseguro que le recompensaré debidamente sus servicios.” Zapata, el 27 de agosto, hizo saber al pueblo de Morelos que “Los enemigos de la patria y de las libertades de los pueblos, siempre han llamado bandidos a los que se sacrifican por las causas nobles de ellos… llamaron bandidos a Hidalgo, a Alvarez, a Juárez, y al mismo Madero, que es la encarnación sublime de la Democracia y de las libertades del pueblo mexicano, y que ha sido el derrocador más formidable de la tiranía...” El 6 de noviembre, aclamaba a Madero: “Hónrome en felicitar a Ud. por la protesta que acaba de hacer del delicado puesto de Presidente de la República, deseándole que el Ser Supremo le conceda realizar sus nobles propósitos en bien de la paz y de la prosperidad de nuestra querida patria.” Poco duró la admiración.

Muchos invocan el Plan de Ayala proclamándolo el grito libertario por la tierra. Sin embargo, escasos historiadores muestran como ese documento desnuda a quien creyó ser más de lo que era, y lo exhibía, junto con otro, en cuyo código genético estaba impresa la traición, como hambriento de poder. Para que no ser acusados de falaces, reproduciremos, con la sintaxis original, el documento originado el 28 de noviembre de 1911. Este iniciaba con …los que subscribimos…declaramos solemnemente ante la faz del mundo civilizado que nos juzga [vaya modestia] y ante la Nación… los principios que hemos formulado para acabar con la tiranía que nos oprime y redimir a la patria de las dictaduras que se nos imponen las cuales quedan determinadas en el siguiente Plan:

1o.- Teniendo en consideración que el pueblo mexicano acaudillado por Dn. Fran/co I. Madero, fue a derramar su sangre para reconquistar sus libertades y reivindicar sus derechos conculcados, y no para que un hombre se adueñara del poder, violando los sagrados principios que juró defender bajo el lema de ‘Sufragio Efectivo No Reelección’ ultrajando la fe, la causa, la justicia y las libertades del pueblo; teniendo en consideración: que ese hombre a que nos referimos es Dn. Fran/co I. Madero, el mismo que inició la precitada revolución el cual impuso por norma su voluntad e influencia al Gobierno Provisional del ex Presidente de la República Lic. Dn. Fran/co L. de la Barra, por haberle aclamado el pueblo su Libertador causando con este hecho reiterados derramamientos de sangre y multiplicadas desgracias a la Patria de una manera solapada y ridícula no teniendo otras miras que satisfacer sus ambiciones personales, sus desmedidos instintos de tirano y su profundo desacato al cumplimiento de las leyes preexistentes emanadas del inmortal Código de 57 escrito con la sangre de los revolucionarios de Ayutla.; teniendo en consideración: que el llamado jefe de la revolución libertadora de México, Dn. Fran/co I. Madero, no llevó a feliz término la revolución que gloriosamente inició con el apoyo de Dios y del pueblo, puesto que dejó en pie la mayoría de los poderes gubernativos y elementos corrompidos de opresión del gobierno dictatorial de Porfirio Díaz, que no son, ni pueden ser en manera alguna la legítima representación de la Soberanía Nacional y que por ser acérrimos adversarios nuestros y de los principios que hasta hoy defendemos, están provocando el malestar del país y habriendo nuevas heridas al seno de la Patria para darle a beber su propia sangre; teniendo en consideración que el supradicho Sr. Fran/co I. Madero actual Presidente de la República trata de eludirse del cumplimiento de las promesas que hizo a la Nación en el Plan de San Luis Potosí, ciñendo las precitadas promesas a los convenios de Ciudad Juárez; ya nulificando, persiguiendo o matando a los elementos revolucionarios que le ayudaron a que ocupara el alto puesto de Presidente de la República por medio de sus falsas promesas y numerosas intrigas a la Nación; teniendo en consideración que el tantas veces repetido Fan/co I. Madero ha tratado de ocultar con la fuerza bruta de las bayonetas y de ahogar en sangre a los pueblos que le piden, solicitan o exigen el cumplimiento de sus promesas en la revolución llamándolos bandidos y rebeldes, condenando a una guerra de exterminio sin conceder ni otorgar ninguna de las garantías que prescriben la razón, la justicia y la ley; teniendo en consideración que el Presidente de la República Sr. Dn. Fran/co I. Madero, ha hecho del Sufragio Efectivo una sangrienta burla al pueblo, ya imponiendo contra la voluntad del mismo pueblo en la Vice-Presidencia de la República al Lic. José María Pino Suárez, o ya a los Gobernadores de los Estados, designados por él, como el llamado Gral Ambrosio Figueroa verdugo y tirano del pueblo de Morelos, ya entrando en contubernio escandaloso con el partido científico, hacendados feudales y caciques opresores, enemigos de la revolución proclamada por él, a fin de forjar nuevas cadenas y de seguir el molde de una nueva dictadura, más oprobiosa y más terrible que la de Porfirio Díaz; pues ha sido claro y patente que ha ultrajado la soberanía de los Estados, conculcando las leyes sin ningún respeto a vidas e intereses, como ha sucedido en el Est. de Morelos y otros, conduciéndonos a la más horrorosa anarquía que registra la historia contemporánea; por estas consideraciones declaramos al susodicho Fran/co I. Madero, inepto para realizar las promesas de la revolución de que fue autor, por haber traicionado los principios con los cuales burló la fe del pueblo, y pudo haber escalado el poder, incapaz para gobernar por no tener ningún respeto a la ley y a la justicia de los pueblos, y traidor a la patria por estar a sangre y fuego humillando a los mexicanos que desean sus libertades, por complacer a los científicos, hacendados y caciques que nos esclavizan, y desde hoy comenzamos a continuar la revolución principiada por él, hasta conseguir el derrocamiento de los poderes dictatoriales que existen. 2o.- Se desconoce como jefe de la Revolución al C. Fran/co I. Madero y como Presidente de la República por las razones que antes se expresan, procurando el derrocamiento de este funcionario. 3o.- Se reconoce como jefe de la Revolución Libertadora al ilustre [traidor por esencia genética] General Pascual Orozco segundo del caudillo Dn. Fran/co I. Madero, y en caso de que no acepte este delicado puesto, se reconocerá como jefe de la Revolución al C. General Emiliano Zapata. [Brotó la ambición personal] 5o.- La Junta Revolucionaria del Est. de Morelos no admitirá transacciones ni componendas políticas hasta no conseguir el derrumbamiento de los elementos dictatoriales de Porfirio Díaz y Dn. Fran/co I. Madero; pues la Nación está cansada de hombres falaces y traidores que hacen promesas de libertadores, solo que llegando al poder se olvidan de ellas y se constituyen en tiranos. [Seguramente por eso Madero promovió, en 1912, las elecciones más democráticas en la historia de México] 6a.- …hacemos constar: que los terrenos, montes y aguas que hayan usurpado los hacendados, científicos o caciques a la sombra de la tiranía y de la justicia venal entrarán en posesión de estos bienes inmuebles desde luego, los pueblos o ciudadanos que tengan sus Títulos correspondientes de esas propiedades, de las cuales han sido despojados por la mala fe de nuestros opresores, manteniendo a todo trance, con las armas en la mano la mencionada posesión, y los usurpadores que se consideren con derechos a ellos, lo deducirán ante tribunales especiales que se establezcan al triunfo de la Revolución. 7a.- En virtud de que la inmensa mayoría de los pueblos y ciudadanos mexicanos, no son mas dueños que del terreno que pisan, sufriendo los horrores de la miseria sin poder mejorar su condición social ni poder dedicarse a la industria o a la agricultura por estar monopolizados en unas cuantas manos las tierras, montes y aguas; por esta causa se expropiarán previa indemnización de la tercera parte de esos monopolios a los poderosos propietarios de ellos, a fin de que los pueblos y ciudadanos de México, obtengan ejidos, colonias, fundos legales para pueblos o campos de sembradura o de labor y se mejore en todo y para todo la falta de prosperidad y bienestar de los mexicanos. 10a.- Los Jefes Militares insurgentes de la República, que se levantaron con las armas en la mano a la voz de Dn. Fran/co I. Madero para defender el Plan de Sn Luis Potosí y que ahora se opongan con fuerza armada al presente Plan, se juzgarán traidores a la causa que defendieron y a la Patria, puesto que en la actualidad muchos de ellos por complacer a los tiranos, por un puñado de monedas, o por cohecho o soborno están derramando la sangre de sus hermanos que reclaman el cumplimiento de las promesas que hizo a la Nación Dn Fran/co I. Madero. 12a.- Una vez triunfante la Revolución que hemos llevado a la vía de la realidad, una Junta de los principales Jefes revolucionarios de los diferentes Estados, nombrarán o designarán un Presidente interino de la República, quien convocará a elecciones para la nueva formación del Congreso de la Nación, y este a la vez convocará a elecciones para la organización de los demás poderes federales. 14a.- Si el Presidente Madero y demás elementos dictatoriales, del actual y antiguo régimen, desean evitar inmensas desgracias que afligen a la Patria, que hagan inmediata renuncia de los puestos que ocupan y con eso, en algo restañarán las graves heridas que han abierto al seno de la Patria, pues que de no hacerlo así, sobre sus cabezas caerá la sangre derramada de nuestros hermanos y 15a.- Mexicanos: considerad que la astucia y la mala fe de un hombre está derramando sangre de una manera escandalosa por ser incapaz para gobernar; considerad que su sistema de gobierno está agarrotando a la Patria y hollando con la fuerza bruta de las bayonetas, nuestras instituciones; y así como nuestras armas las levantamos para elevarlo al Poder, ahora las volvemos contra él por faltar a sus compromisos con el pueblo mexicano y haber traicionado la revolución iniciada por él: No somos personalistas[¿?], somos partidarios de los principios y no de los hombres.

Zapata buscaba quitar las tierras a unos para dárselas a otros sin proponer como mejorar las condiciones de vida de los campesinos, lo que ambicionaba era el poder. El 14 de marzo de 1912, le escribía a Emilio Vázquez Gómez mencionado estar “…enterado del movimiento revolucionario en el Norte, por lo cual felicito a Ud., y espero que de esa manera combinaremos los dos movimientos hacia la Ciudad de México, para terminar con el desastroso gobierno del traidor Madero. Ya Ud. sabe que mis partidarios y yo, proclamamos a Ud. nuestro futuro “Presidente de México”, pues tenemos fe en Ud. como el hombre que sabrá cumplir el Plan de San Luis Potosí, reformado en Villa Ayala y en Tacubaya...” Posteriormente, el 23 de octubre de 1913, adjudicándose poderes que nadie le otorgó, se comunicaba con Villa para decirle que “En atención a los servicios que ha prestado Ud. a la causa que se defiende, así como también al patriotismo y demás méritos que en Ud. concurren, he tenido a bien nombrar a Ud. Jefe de la Revolución en el Estado de Chihuahua, [¿Acaso alguien podría creer que Villa estaba esperando el reconocimiento de Zapata?] para que… en lo sucesivo reúna y organice, active la campaña que se emprende contra los defensores del mal Gobierno ilegal de Huerta, [¿Era porque no fue él quien ejecutó la asonada?] hasta llegar a atacar a la Capital de la República en unión de las tropas insurgentes del Sur y Centro; pero teniendo que defender y luchar siempre por el exacto cumplimiento del Plan de Ayala.” En parte ya había logrado su objetivo, el derrocamiento de Madero.

Después, creyó acceder al presidente Woodrow Wilson por recibir a dos estadounidenses, Charles Jenkinson quien vino a Veracruz como representante de la Cruz Roja y Thomas W. Reilly, un capitán veterano de la Primera Guerra Mundial quien estuvo con Villa como periodista. Mientras Carranza Garza demandaba la salida de Veracruz de los estadounidenses, Zapata buscó presentarse como la opción para gobernar. Envió, el 23 de agosto de 1914, una carta a Wilson. Arremetió contra Madero por sus orígenes familiares y deducía que “…no tardó en entenderse con los demás hacendados, y en invocar la legislación…como un pretexto para no cumplir las promesas que había hecho para restituir a sus dueños las tierras robadas y para destruir el aplastante monopolio ejercido por los hacendados, mediante la expropiación de sus fincas por causa de utilidad pública y con la correspondiente indemnización, si la posesión era legítima…” Mencionaba que “…hay que romper los viejos moldes de la legislación, y viendo en el Plan de Ayala la condensación de sus anhelos y la expresión de los principios que deben servir de base a la nueva legislación, ha empezado a poner en práctica dicho plan, como ley suprema y exigida por la justicia, así es como los revolucionarios de toda la República han restituido sus tierras a los pueblos despojados han repartido los monstruosos latifundios y han castigado con la confiscación de sus fincas a los eternos enemigos del pueblo, a los señores feudales, a los caciques, a los cómplices de la dictadura porfiriana y a los autores y complices del Cuartelazo de la Ciudadela.” Indicaba que “se puede asegurar…que no abrá paz en México, mientras no se eleve el Plan de Ayala al rango de ley o precepto constitucional, y sea cumplido en todas partes. Esto no solo en cuanto a la cuestión social, o sea a la necesidad del reparto agrario, sino tambien en lo referente a la cuestión política, o sea a la manera de designar el Presidente Interino que a de convocar a elecciones y ha de empezar a llevar a la práctica la reforma agraria.” Enfatizaba que “el país está cansado de imposiciones, no tolera ya que se le impongan amos o jefes; desea tomar parte en la designación de sus mandatarios; y puesto que se trata del gobierno interino que ha de emanar de la revolución y de dar garantías a ésta, es lógico y es justo que sean los genuinos representantes de la Revolución, o sea los jefes del movimiento armado, quienes efectuen el nombramiento de Presidente Interino. Así lo dispone el artículo doce del Plan de Ayala, en contra de los deseos de D. Venustiano Carranza y de sus circulo de políticos ambiciosos, los cuales pretenden que Carranza escale la Presidencia por sorpresa, o mejor dicho, por un golpe de audacia y de imposición: Esta convicción de los jefes revolucionarios de todo el país es la única que puede elegir con acierto el Presidente Interino, pues ella cuidará de fijarse en un hombre que por sus antecedentes y sus ideas preste absolutas garantías; mientras que Carranza por ser dueño o accionista de grandes propiedades en los Estados Fronterizos, es una amenaza para el pueblo campesino, pues seguiría la misma política de Madero, con cuyas ideas está perfectamente identificado, con la diferencia única de que Madero era débil, en tanto que Carranza es hombre capaz de ejercer la más tremenda de las dictaduras, con lo que provocaria una formidable revolución, más sangrienta quizá que las anteriores.”

Los documentos muestran a Zapata hambriento de poder sin enfoque al futuro. Madero no era un tirano, su esencia democrática quedó demostrada en 1912. Carranza no era un dictador, era terco ni quien lo dude, pero tenía una visión de país a largo plazo y aceptaba las propuestas de otros, tal como se plasmó en la Constitución de 1917.

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Añadido (1) Al ciudadano Bartlett Díaz lo consideramos uno de los pocos políticos ilustrados con que contamos, pero se muestra extraviado en la percepción histórica. Por ello, hay que recordarle que el Estado Mexicano moderno nace a partir de los planos elaborados por el presidente Venustiano Carranza Garza; la desbroza del terreno efectuada por el presidente Adolfo De La Huerta Marcor; los cimientos que colocó el presidente Álvaro Obregón Salido; y, la construcción del edificio institucional, el cual albergó el crecimiento y el desarrollo económico de México durante setenta años, obra del estadista Plutarco Elías Calles.

Añadido (2) Es lógico que esa ciudad, en donde la piratería se encuentra por todos lados, tuviera como insignia un producto de esta. ¿Se le agregará el lema la Ciudad de los Corsarios?
17 Noviembre 2018 04:00:00
La leyenda de una casaca
Allá en un sitio en donde lo mágico terminaba por traslaparse con la realidad, existía una leyenda sobre una prenda de vestir de color oscuro que a primera vista lucía modesta, pero elegante, la cual durante años varios intentaron portarla y terminaron por ser mostrados cuan pequeña era su estatura para llevarla. Había sobrevivido todo tipo de revueltas y discordancias e inclusive hubo un momento en que un analfabeto funcional, para no alterar las buenas conciencias abajeñas, estimó llevarla a vender, después de todo en la mercadeada él tenía experiencia basta. Ya había decidido que la trasladaría al sitio en donde terminan los trebejos y cacharros. Sin embargo, alguien por ahí recordó que uno de sus ancestros había conocido la prenda cuando era portada por quien primero la llevó. Ante ello, convenció al mercader que se la donara y él la pondría en un sitio en donde no incomodara a las buenas conciencias que en cuanto recordaban la casaca se santiguaban y elevaban plegarias al Altísimo como sí se tratara de un objeto del demonio. No obstante, esa no era la actitud que otros habían asumido a lo largo de los años cuando tuvieron frente a ellos aquel ropaje codiciado de ser portado por quienes creían que era cosa de un zurcido por aquí, una estirada por allá y lista para que la casaca les ajustara como guante en mano. Pero partamos de los orígenes de la vestimenta en comento.

El material con el cual fue elaborada es de los que ya no se encuentra en ningún sitio. Hay quienes dicen que fue producido exclusivamente para confeccionarla y tras de ello desaparecieron las telas y tintes con que fue hecha. La singularidad de dicha prenda es que lo mismo sirvió para los momentos de pobreza que para los de gloria. En ambos nunca dejó de lucir esplendorosa. Fue capaz de resistir la humedad de la mazmorra, la lluvia de los días cuando el portador no encontraba en donde guarecerse, el agua salina que salpicaban las olas al chocar con la barcaza, el olor del tabaco cuando se forjaban los puros, los polvos de la meseta y la arena del desierto que se colaban a través de la ventanilla del carruaje. A todo ello era repelente y en nada socaba la dignidad con que se presentaba cuando era portada por aquel hombre en los eventos solemnes. Algunos creyeron que se deterioraría cuando, en su viaje hacia el piso, una dama la embadurno de afeites, pero eso no sucedió. A la hora del triunfo, ahí estaba resplandeciente como si hubiese recién salido de la tintorería. Ella fue la vestimenta emblema del triunfo. En ese instante varios voltearon a verla y se dijeron, para sus adentros que, a costa de lo que fuera, la portarían algún día.

Sin embargo, quien la llevaba aun no terminaba de forjar la nación y hubo de enfrentar, enfundado en ella, los arrebatos de los codiciosos. Así, uno tras otro, pasaron los días hasta que llegó aquel en que, colgada en el perchero a un lado de la cama, era salpicada por el agua caliente. A primera vista parecía que la tela estaba dañada. Por ello, cuando su portador emprendió el viaje sin retorno, algunos creyeron que se la llevaría puesta como compañera del descanso final. Sin embargo, hubo un instante, cuando se quedaron solos el cuerpo inerte y el fiel servidor, este ultimo tomó una decisión que a nadie trasmitió en ese momento. Optó por una réplica que lucía muy similar y con ella vistió a quien ya transitaba por el mundo intangible. Dobló la pieza original y, cuidadosamente, la colocó en una caja de caoba que guardó en un sitio que solamente él conocía y entonces procedió a abrir las puertas del recinto para que pasaran quienes tenían que hacerlo y proceder a las exequias que el caso demandaba. Nadie se percató del cambio.

Durante varios años, las revueltas entre los vencedores los mantuvieron ocupados buscando quien habría de adjudicarse el liderazgo. Cuando las cosas se aclararon y surgió un vencedor, un día de tantos, apareció un hombre encorvado de caminar lento que evidenciaban el paso de los años. Había tomado la decisión de ir a buscar al triunfador a quien conocía desde que este era un joven lleno de ambiciones y de energía que le permitieron convertirse en el discípulo más cercano de aquel quien había portado originalmente la casaca. Ahora las circunstancias eran distintas y, por momentos, al hombre mayor le surgían dudas de si podría acercarse con la misma confianza a quien, para entonces, ya estaba entronizado como el líder nuevo. Dejando atrás temores, va y se anuncia solicitando audiencia indicando solamente que el motivo de esta era un asunto muy personal. Dado que todos lo conocían por ahí, no le fue difícil que la franquearan el paso y pronto estuvo ante aquella figura que ya lucía distinta al de los días de la defensa de la patria. Tras de los saludos correspondientes, el hombre empezó a relatar lo ya comentado respecto a la prenda. Aquello fue una sorpresa para quien lo escuchaba, conocía el valor de la vestimenta que creyó ya no existía y que, en un momento dado, había aspirado a portarla, pero estaba resignado que nunca la volvería a ver. Ante la noticia de que era factible acceder a ella requirió le fuera mostrada inmediatamente. Sin embargo, aquel hombre, quien actuaba como guardián, no iba a dejarla en las manos de nadie sin establecer condiciones. Esa vestimenta debería de ser preservada para la eternidad y quien aceptara recibirla se comprometía a darle un trato respetuoso, y asegurarse su preservación. La cara recia del triunfador se contrajo, como venía ese don nadie, pensó para sus adentros, a ponerle condiciones. Sin embargo, recapacitó y dando su palabra en prenda aceptó cumplir las exigencias, después de todo sabía que aquella casaca era única y portarla era un blasón de orgullo. Un apretón de manos selló el compromiso. Tres días mas tarde, regresa aquel hombre con la caja de caoba herméticamente cerrada. Al verlo arribar, inmediatamente le es permitido el paso y pronto estaba frente a quien se encargaría de resguardarla.


Tan pronto se quedó solo el ahora poseedor de la casaca, procedió a abrir la caja y, tras admirarla por un buen rato, no pudo resistir la tentación. No era cosa de dejar pasar el tiempo, despojándose de su uniforme militar, cuidadosamente desdobló la pieza e introdujo su brazo por la manga derecha y luego realizó movimiento similar del lado izquierdo. Fue a buscar un espejo y se encontró, con una gran decepción, que nadaba en el ropaje. Ante ello, su impulso primario fue llamar a su sastre, pero se reprimió. No era asunto de pespuntes y ajustes. Prefirió esperar y, cuidadosamente, se despojó de ella para volverla a guardar en la caja de donde la había extraído, ya habría tiempo para que le ajustara con elegancia. Casi habían trascurrido cuatro años cuando estimó que era el momento de probársela nuevamente. Se volvió a desilusionar, la casaca seguía luciendo varias tallas más grandes. Cuando llegó el momento de retirarse tomó la caja de caoba y se apersonó ante quien se quedaría en su lugar. Le explicó de que se trataba y que ahí se la encargaba. Ya solo, el receptor procedió a ver aquello y con poco cuidado la desdobló. No queriendo quedarse con la duda se la enjaretó y lanzó una maldición al ver que la casaca le lucía espantosa y la falta del brazo derecho agravaba aquello. Decepcionado, la puso a buen recaudo, no la necesitaba para corretear damas y hacer sus negocios. Nunca más se ocuparía de ella hasta el día en que volvió a tener enfrente a quien se la había dejado “por mientras.”

Con su voz pastosa, el retornante solicitó al que se iba que le entregara la caja que había dejado a su resguardo. De entrada, tuvo una cara de sorpresa la cual le duró muy poco ante el gesto agrio que obtuvo como respuesta. No le quedó sino buscarla, pero no recordaba en donde la colocó. Finalmente, se dirigió a un sitio en donde amontonadas estaban cosas que tenían como destino el basurero.

Ahí estaba la caja resplandeciente y el alma volvió al cuerpo del olvidadizo.

Tras de recuperarla, el visitante se fue y cuando llegó a su morada procedió a probársela nuevamente. El resultado fue el mismo, holgura que hacia lucir infame al pretendiente. Ante ello, decidió jurar ante la prenda que sus actos habrían de seguir el modelo que el portador original había iniciado. Y así fue por cerca de las tres décadas siguientes, armó homenajes y colocó monumentos conmemorativos al portador original de la prenda. Tras de cada inauguración de una obra o cuando las mayorías le solicitaban que no se fuera, llegaba y se probaba la casaca. Los resultados eran los mismos, algo sobraba y la pieza no lucía elegante. Cuando arribaron aquellos días de fiesta, creía que el reconocimiento a su labor era unánime. Decidió que portaría la pieza para el evento principal. Sin embargo, seguía luciendo de talla mayor. Lanzó injurias a diestra y siniestra y hasta quiso destrozarla lo cual no pudo realizar pues, como dirían por ahí, la tela no se dejó. Enfurecido, y de mala gana, la colocó en la caja que ordenó le construyeran para guardarla. En los meses siguientes, se ocupó mas de los problemas crecientes y no se preocupó más de aquella vestimenta. Cuando todo se venia abajo y no le quedó sino optar por la transición pactada, decidió que en cumplimiento de la promesa antigua enviaría la caja con la levita a quien tomaría su lugar.

El destinatario procedió a abrirla y encontró una nota explicativa. La indiscreción de alguno hizo correr la voz del acontecimiento. Dado que al receptor le llamaban la atención los asuntos esotéricos, no faltó quien pensara que la casaca sería parte de alguna sesión. Eso jamás sucedería, el hombre sentía un gran respeto por dicha prenda hasta el grado que nunca intentó portarla. Pronto, sujetos de ropajes largos y oscuros, acompañados por otro de hablar extraño, armaron una trama en la cual utilizaron al que se identificaba plenamente con ellos y cometieron la asonada. En medio de todo aquello, hubo quien recogió la caja de caoba con la casaca y evitó que cayera en manos de los que planeaban destrozarla. Entre campanadas jubilosas por haberse cumplido el objetivo de los facinerosos, incluida la muerte del antiguo líder, una persona no identificada cruzaba las calles llevando una caja de caoba de tamaño regular.

se sabía a donde iba, ni que llevaba ahí, mientras apresuraba el paso hasta perderse por los callejones de la gran ciudad.

Sin que nadie pueda explicarlo, un día allá por los mismos linderos, salvo que mucho más abajo en el río, en donde el portador original de la levita había aguantado hasta el limite de la desesperanza, caminaba por las calles un sujeto andrajoso cargando una caja cuya calidad no combinaba con la vestimenta. Las buenas conciencias del pueblo no tardaron en señalarlo como un loco. Sin embargo, el fulano tenía muy claro a donde deseaba llegar. Estaba sobre la calle principal del pueblo y decidió ir hasta su final. Ahí, preguntó por el mero jefe, en principio lo rechazaron, pero porfió y se quedó sentado afuera del edificio en donde le indicaron estaba aquel a quien buscaba. Varias horas estuvo ahí hasta que vio salir a su objetivo y prestó lo abordó, atropelladamente le explicó qué quería verlo, pero eso tenia que ser en privado. Los “quedabien” ya se abalanzaban cuando fueron detenidos por un ademan de quien acto seguido puso la mano sobre el hombro de aquel andrajoso y le pidió que lo acompañara al sitio donde despachaba. Sin que se lo preguntaran, abrió la caja y mostró su contenido, al observar aquello, se iluminó el rostro del hombre, era la pieza que un día su padre observó en el portador original. Conocía la leyenda y aceptó convertirse en el guardián. Inmediatamente giró órdenes para que al hombre aquel lo incorporaran a la causa. Al estar solo, adoptó una actitud similar a la que tuvo su paisano un par de años antes. La guardó respetuosamente y, salvo aquel día cuando el sol le brillaba en su máximo esplendor cruzó por su mente calzársela, pero pronto alejó aquel pensamiento, él era el más fiel seguidor del portador original y no se mancharía tratando de imitarlo, transitaba por un camino propio sin necesidad de apropiarse de ropajes ajenos. Pasaron los años y nuevamente la caja quedó a la deriva, iba en el tren destrozado que se quedó a medio camino. Alguien la rescató y la llevó ante el triunfador a quien el ahora derrotado le había narrado la leyenda. Tanto él, como quien lo sucedió jamás intentaron colocar sobre su cuerpo aquella pieza. Ambos, en ocasiones varias, portaron casacas, pero elaboradas exprofeso para ellos quienes consolidaban la nación nueva. Turnaron la caja con la casaca a quienes los sucedieron, pero, conscientes estos de su estatura, jamás intentaron portarla. Hasta que llegó a manos de quien los traicionaría.

Para él, la prenda no le significaba nada, representaba la antítesis de lo que deseaba. El portador original promovía el avance de los de su raza y no que permanecieran en espera de ver que les daban mientras los consideraban objetos antropológicos. Sin embargo, el receptor reciente de la prenda no podía arremeter en contra de todo lo que había detrás de aquella prenda y la puso a buen recaudo. Sin embargo, aquel día, cercano al inicio de la primavera, creyó que su estatura alcanzaba la del portador original y en la soledad de su aposento procedió a enjaretársela. Inicio por la manga izquierda y luego por la derecha. Buscó un espejo y casi se infarta, la prenda lucía varias tallas mas grande que su cuerpo y eso le enfadó. Atropelladamente, la aventó sobre el primer mueble que encontró. Nuevamente, la casaca se encargaba de dimensionar la talla histórica del que osaba creer que era fácil portarla.
Una vez concluido el encargo del pretenso fallido, tres más habrían de resguardar aquella prenda, ninguno osó querer aparecer como herederos y portarla. Bajo premisas distintas, cada uno estaba convencido de que no necesitan recurrir a ello para cumplir su encomienda. Tras de ellos, arribó alguien quien, con sus actos, lograba que muchos pensaran que era adecuado portara la casaca tan codiciada. El aludido estaba convencido de que lo realizado por él valía por sí mismo y siempre mantuvo guardada con gran respeto la caja que contenía la prenda, lo cual no le impidió alabar en público de manera frecuente al portador original de la misma. Su accionar le significó que, como a ningún otro, se le guardara un reconocimiento y cariño especial. Mientras reflejaba los estragos de la jornada, combinados con los de la enfermedad, llegó el momento de que arribara su sucesor a quien le entregó la caja contenido la casaca.

No fue necesario le comentara nada al respecto, todo lo sabía acerca de ella.

Con gran respeto mantuvo a buen resguardo la pieza sin tener siquiera intenciones de calzársela. Sin embargo, desconocía las intenciones de quien lo sucedió. Este, se creyó heredero directo y con todo derecho a portar la vestimenta. No hubo día, después de dar un discurso o inaugurar obra en que no llegara a sus aposentos y se la probara. Los resultados fueron similares, le quedaba muy grande. Instrumentó un conjuro y estimó que, sí colocaba estatuas del portador original por doquier y le declaraba un año en su honor, la prenda se ajustaría a su físico. Eso jamás sucedió. Frustrado cumplió con el ritual y transfirió la prenda a su sucesor quien poco interés tenia en portarla, sus raíces genealógicas no se identificaban con aquello. Los tres siguientes que la recibieron andaban mas ocupados en cambiar el modelo que en identificarse con el pasado, aun cuando al último de esa tercia hubo un día en que se le metió que podía portarla.

Fue cuando le hicieron creer que ganaba su lugar en la historia como el gran demócrata, en realidad actuaba como ejecutor de una orden, y pensó que esa noche aparecería ante sus gobernados teniendo como fondo la pintura del portador original quien vestía la prenda y él al frente con la casaca original.

Pero antes había que probársela en la intimidad. Cuando eso sucedió, la pieza lucía varios tallas más grandes y lo empequeñecía, o mejor dicho lo situaba comparativamente. Se enfureció, destrozó muebles y rompió otras piezas. Todo se reflejó en su rostro que tuvo que ser maquillado para que pudiera aparecer ante cámaras. Lo que vino inmediatamente lo relatamos en el primer párrafo de este escrito. Sin embargo, al fin de ese tiempo de desastre vino otro a quien cualquier vestimenta que utilizara le quedaba grande y lo hacia lucir ridículo. Cuando la entregó al siguiente, este ni siquiera abrió la caja con la levita, su formación le enseñó que nada de alabanzas o aproximaciones a ella.

Así llegaron los días en que apareció alguien quien creyó poder portar aquella casaca con prestancia. Sin embargo, al ver el perchero, se antojaba que la vestimenta era de talla mayor. Como es costumbre en esos casos, los “quedabien” lo animaban a ponérsela en cuanto la tuviera a su alcance. Solamente de recordar quien fue el primero, después del usuario original, que infructuosamente intentó calzarla, llamó a muchos a la reflexión. Varios han sido los que han intentado llevar la casaca y nadie ha sido capaz de alcanzar la talla de su portador original. La leyenda cuenta que quien intenta usarla sin reunir la grandeza del usuario original acaba por terminar en condiciones muy cuestionables. Eso es la leyenda de la casaca, una pieza modesta pero de elegancia singular que ubica a quien no sabe medir sus alcances. Vale recordar que buscar montarse en la gloria de otros siempre termina por exhibir la pequeñez de quien lo intenta.
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Añadido (1) Si en futuro inmediato no quieren los inversionistas tener problemas ya conocen la receta: Adquieran un botín, pero asegúrense de que cecee ya que de otra forma no funciona.

Añadido (2) El francesito amnésico olvidó quienes sacaron a sus paisanos del hoyo en los dos guerras previas. Además, se dio un tiro en el pie cuando criticó los nacionalismos, ¿A poco los franceses ya dejaron de serlo? No hay duda, la contaminación de París ya le afectó las neuronas.

Añadido (3) Con eso de la moda retro, fueron y sacaron del armario el espíritu de George Parnassus y al amparo de este arman la refriega de color semisubido. Sin embargo, la falta de pericia siembra dudas entre la fanaticada.
10 Noviembre 2018 04:00:00
Quince años
Antes de que, por el titular de esta columna, alguien vaya a figurarse que ahora incursionaremos por las exquisiteces los eventos sociales, incluida una perorata como aquella que Fernando Soler se receta en el papel de Rodrigo Cataño en la película “Una familia de tantas” (1949), permítanos aclararle que esos temas no son de nuestro resorte. Aquí realizaremos un recuento breve de lo que, alrededor de este espacio histórico-opinativo-informativo, ha ocurrido desde aquel 8 de noviembre de 2003 cuando este escribidor retornó al ejercicio de la palabra escrita mientras buscaba, entonces, como habría de reinventarse al dar por concluida su etapa como servidor del Estado Mexicano.

Se los hemos comentado en otras ocasiones, pero siempre es importante recordarlo. Pudimos acceder a este espacio gracias a que don Francisco Juaristi Septién y Francisco Juaristi Santos accedieron a nuestra solicitud y creyeron que algo interesante podíamos trasmitir con nuestros escritos a los lectores de Zócalo. Así fue como iniciábamos, en 1125 palabras, emitiendo nuestra opinión sobre aquello que titulábamos “Dos grupos en lucha por la nación”. A partir de ahí, emprendimos un recorrido que nos ha llevado a abordar a lo largo de 743 artículos, este incluido, un sinfín de temas sobre historia, economía, política, deportes, anécdotas personales y cuentos, entre otros tópicos.

Al principio, fue un constante batallar en la búsqueda de fijar nuestra postura y, porque no decirlo, dejar a un lado el temor de que si aquello que abordábamos estaba enfocado en una forma tal que fuera a terminar por convertirse en simplemente una embadurnada de cuartillas sin tener pies, ni cabeza. En ese proceso nos pasamos los primeros nueve meses, es simple coincidencia, nada que ver con alegorías de otro tipo de gestación. A partir de ahí, empezamos a cambiar el enfoque y la percepción de lo que escribíamos. A eso contribuyeron innegablemente las obligaciones emanadas del retorno a las aulas nos volvieron a sumergir en la disciplina escolar entre lecturas de libros y artículos, preparar ensayos, estar listos para cumplir con las responsabilidades, primero de la maestría y posteriormente del doctorado en historia, a la par que se escribía una tesis y después una disertación. Todo ello implicaba que achicaran los días mientras ponían las neuronas a funcionar como hacia muchos años no se les demandaba, pero al final todo esto generaba una satisfacción como pocas veces hemos tenido. Fue un periodo de seis años en que hubo que hurtar un espacio al tiempo para continuar con esta colaboración semanal.

Por razones obvias, la historia fue convirtiéndose en el tema recurrente en nuestras colaboraciones. A través del tiempo fue factible reafirmar nuestra admiración, fundada, por los estadistas Benito Pablo Juárez García y Plutarco Elías Calles sobre cada uno de ellos hemos escrito más de veinte artículos exclusivamente analizando su actuación. Si nos preguntaran cual de todos esos escritos sobre esos personajes tenemos más presentes sin dudarlo señalaríamos, por motivos muy personales que nos guardamos, en el caso del primero, “El sol, la primavera y Juárez” (22-III-2014). Mientras que en el caso del segundo sin duda es “El nacionalismo pragmático en la reconstrucción del país” (22-IX-2014).
En ese contexto de la creación de la nación, entre el 20 de mayo y el 17 de junio abordamos la perspectiva que desde el exterior tenia la prensa sobre el triunfo de la república. Jamás imaginamos que dichos escritos llamarían la atención de la historiadora, la doctora Patricia Galeana quien, tras entrevistarnos, tuvo a bien darnos la oportunidad de publicar nuestro primer libro “El Senado Estadounidense enjuicia a México y al presidente Carranza,” (INEHRM, 2017).

Al mismo tiempo, este ejercicio editorial nos ha permitido clarificar y replantear la perspectiva que sobre los presidentes Venustiano Carranza Garza, José de la Cruz Porfirio Díaz Mori y Álvaro Obregón Salido. En el caso del coahuilense, nos quedamos con dos escritos “Carranza e Inman en Piedras Negras” (23-III-2013) y “Y tras de firmar el Plan de Guadalupe…” (30-III-2013). Por lo que concierne al oaxaqueño, tras de asimilar por varios años la zarandeada intelectual que nos dio aquella guardia a la entrada del cementerio de Montparnasse, nos quedamos con “El héroe­villano quien se fue vía la transición pactada” (21-V-2016). Referente al sonorense, sin duda alguna nuestro apunte favorito es “El presidente Obregón en el contexto actual del petróleo y la relación Estado-Iglesia” (17-VIII-2013).

Si se trata de recordar lo abordado sobre nuestros políticos contemporáneos, debemos de recordar lo que planteábamos sobre el presidente Adolfo López Mateos en “La palabras del presidente de México de origen mexiquense” (07-I-2017), aun cuando no podríamos dejar de lado que sobre él elaboramos el artículo que más rápido que hemos escrito durante estos quince años, en menos de una hora teníamos listo “La historia de don Adolfo el niño, joven, adulto, presidente,” (29-III-2014). Definitivamente en el caso del presidente Carlos Salinas de Gortari, lo escrito en “Salinas-Colosio-Zedillo” (1-III-2014) es lo que de manera más clara plasma la perspectiva que tenemos respecto a su gestión presidencial. Respecto a los últimos tiempos, nos quedamos con “Las reformas no son actos separados, ni de corto plazo” (22-IX-2014) en el cual exponíamos que los cambios no serían actos mágicos de sanación y requerían tiempo para ver sus resultados, algo que quienes, correctamente, las realizaron no fueron capaces de trasmitir y acabaron pagando del precio de su poca capacidad de capacidad de comunicación. En igual forma, a través de varios artículos nos ocupamos de las elecciones realizadas en nuestro país. En su momento, aun cuando precisamos que no concordábamos con la propuesta de quien resultó perdedor en 2006 y 2012 y quien se alzara con el triunfo en 2018. Salvo en la segunda de ellas, en las otras dos no expresamos simpatía por candidato alguno. La postura continúa siendo la misma, apostamos por el futuro y no por regresar a un pasado que ya no puede insertarse en el siglo XXI. Pero no todo se ha circunscrito a la historia nacional, también, nos hemos ocupado de los eventos suscitados en exterior.
Entre el 26 de abril y el 24 de mayo de 2008, publicamos una serie de artículos bajo el titulo “Un breve repaso a la historia estadounidense” la cual abarcaba desde 1776 hasta 1861. Sin embargo, en ese inter de manera fortuita se dio una entrevista que nos llevó a escribir “Un breve repaso a la historia estadounidense: Un paréntesis de doscientos años para comentar sobre William Jefferson Clinton /IV” (10-V-2018) en donde apuntábamos lo sorprendido que estábamos de aquello que nos dijera el expresidente estadounidense, algo que seguimos sin explicar el porqué. Asimismo, sobre el tema de lo abordado en relación con los acontecimientos en los EUA, estimamos que “Al norte o al sur del Bravo, mezclar política y religión nada bueno genera” (15-X-2011) nos provee un ejemplo de lo que no debe de hacerse al mezclar esos dos temas.

Si usted, lector amable, nos ha seguido a través de estos tres lustros seguramente tendrá muy claro que uno de los temas que con mayor recurrencia hemos abordado es el de la relación Estado-iglesia. Como en ocasiones diversas, la fascinación con el mismo nos viene desde la infancia cuando orgullosamente podemos decir que del único sitio de enseñanza en que se nos expulsó fue de las lecciones de catecismo en preparación para la primera comunión. Posteriormente, reafirmaríamos nuestro laicismo en la escuelita parroquial universitaria. Sin embargo, no seria hasta que nos adentramos en el estudio de la historia cuando pudimos apreciar en toda su magnitud la influencia negativa que el clero ha tenido en la vida de nuestra patria. En ese contexto escribimos un par de artículos titulados “Los papas y México” (07-VI-2014) y (14-VI-2104). Pero si de lo que se trata es de exhibir lo que genera la ambición de poder soliviantada con el fanatismo de algunos, tenemos que remitirnos a la serie de nueve artículos que presentamos entre el 13 de enero y el 6 de marzo de 2004 bajo el titulo “Del Occidente al Centro”. En ellos, se aprecia que lo iniciado en 1926 vuelve a renacer a finales de los 1930s bajo la bandera del sinarquismo. En igual forma, vale repasar “Una constitución para comentarse” (1-IV-2006) sobre la constitución de los cristeros o “La carta pastoral que pocos han leído” (12-X-2015) en al cual se desnudan las mentiras que por años propagaron los que se vendieron como víctimas por lo cual es recomendable revisar “La Cristiada: Los antecedentes” (23-IV-2012). Pero si queremos un ejemplo de hasta dónde puede llegar la estulticia de algunos mojigatos, nada como repasar “El tango: ¿Un baile pecaminoso?” (11-II-2017). Pero ya en otras latitudes, y sobre el mismo tema, debemos de recordar la serie de escritos que bajo el título “La Constitución del Clero de 1790” comentábamos, en tres escritos entre el 21 de julio y el 4 de agosto de 2007, acerca de lo que aconteció cuando en plena Revolución Francesa, se intentó sustituir la religión católica por un remedo que terminó por fracasar. Y ya que andamos por Europa, vale apuntar la serie de artículos publicados entre el 14 de abril y el 27 de mayo sobre lo acontecido al pueblo alemán que obnubilado cayó bajo el embrujo de la bestia austriaca. Respecto a esta ultima no podemos olvidar como en nuestro país, en su momento el gigolo-cobarde-nazi-sinarquista, José Vasconcelos, a cambio de unas monedas, se convirtió en su vocero-adorador. Ello lo tratamos en “La defensa a Vasconcelos y similares” (2-X-2010) y en “La peste del antisemitismo” (28-III-2015).
Otro aspecto que muchas veces se olvida es el extraño maridaje que se da entre la izquierda y la derecha, aclaramos que no estamos refiriéndonos al amancebamiento de hace unos meses entre nuestros autóctonos panistas y perredistas, hablamos de aquel que se dio entre el derechista rabioso, Joseph R.

McCarthy y los jesuitas de avanzada uno de los cuales, el vicerrector de la Universidad de Georgetown, Edmund A. Walsh, ideó aquella cacería conocida como el macartismo bajo la cual apuntalaron la reelección del senador por Wisconsin, la historia al respecto la narramos en “La izquierda y la derecha, una historia de relaciones pecaminosas” (26-IX-2015). Y ya que andamos por los senderos del norte, recordemos algo de lo escrito sobre las relaciones México-EUA.

Respecto a lo anterior, nos quedamos con la serie de artículos publicados entre el 25 de enero y el 15 de febrero de 2014 acerca de las entrevistas y como se dieron las relaciones entre los presidentes de las donaciones mencionadas en el párrafo anterior. A los cuales agregaríamos un par bajo el titulo “Así nos ha ido con los demócratas…” (10-IX-2016) y ‘Así nos ha ido con los republicanos…” (17-IX-2016) bajo los cuales planteamos una perspectiva que no necesariamente coincide con la narrativa popular. En medio de todos estos escritos, no podía faltar aquel que le tomara un cariño especial.

Dos han sido los casos en que lo aquí plasmado han sido tomados por otros como propios y sin rubor repetidos públicamente. El primero de los casos nos sucedió con “Ildefonso Vázquez: El héroe revolucionario olvidado por los nigropetrenses” (17-XI-2008). El texto fue tomado por quien se decía cronista de nuestro pueblo, es fecha que no encontramos documento alguno que bajo su autoría narre la historia del lugar, Julio Santoscoy Cobo y, sin rubor alguno, el 2 de septiembre de 2010, día en que le agregaron el nombre del revolucionario al CBTIS 34 fue y lo recitó como suyo. El otro caso, fue el de alguien quien supuestamente ejerce con el titulo de licenciado en derecho, Juan Manuel López García quien en
http://www.nssoaxaca.com, originado en la ciudad de Oaxaca, se dio a la tarea de presentar como suyos los artículos “José María Morelos el padre del TLC, (03-X-2015); “El zorro, el peje lagarto y el bronco, fauna de ralea similar” (10-X-2015); Bartolomé de las Casas, Lázaro de la Garza, el Papa y los políticos mexicanos” (17-X-2015); y, “El problema de la educación pasa por la economía” (24-X-215). En el primero de los casos no hicimos reclamo alguno porque así nos lo pidió una de las dos personas que nos podía ordenar. En el segundo, hicimos la protesta correspondiente hasta que por fin el sujeto carente de ética dejo de cometer el hurto. Pero vayamos a otro encuentro de nuestros escritos el cual sucedió cuando en una pagina http://www.eldiariodetaxco.com, nos encontramos reproducido el artículo “La educación y la libertad” (27-IV-2013). De inmediato solicitamos explicaciones y tras de recibirlas acordamos con el periodista don José Arroyo Reyes que se publicarían semanalmente y hasta la fecha, ahora en http://www.guerrerohabla.com vamos ya, con esta, en 277.

Cabe señalar que en estos quince años solamente hemos escrito un articulo a pedido expreso. Quien nos lo solicitó, Don Rafael, tenía autoridad para ordenarlo, pero durante largo tiempo condescendió con nuestras evasivas. Finalmente, el 1 de diciembre de 2007, publicamos “El más ilustre coahuilense del México posrevolucionario: Manuel Pérez Treviño”. Sobre este personaje habíamos escuchado una narrativa amplia de nuestro abuelo paterno, pero carecíamos de información dura. Cuando finalmente la obtuvimos procedimos en consecuencia. Estimamos que, a partir de ahí, una de sus nietas, María Elena Laborde Pérez Treviño tomó la pluma y procedió a rescatar del olvido al general para dejar memoria escrita de su actuación trascendental en la historia de México.

En diversas ocasiones hemos recurrido a la narrativa mezcla de verdad y ficción, en ese renglón caen: “La dama del vestido estampado con flores de colores vivos” (14-III-2015) basada en una experiencia personal con múltiples cuestionamientos; “El auténtico jefe del grupo” (23-I-2016) sobre un evento en un pueblo que puede ser cualquiera de la geografía nacional, pero que sucede en uno muy específico; “La yegua colorada tuvo la culpa” (12-III-2016) acerca de como ese animal casi provoca un conflicto internacional; “El parador del tranco” (20-VIII-2016) algo que puede suceder en cualquiera de las que eran llamadas casas de asistencia; y “Las aventuras del coronel” (4-III-2017) narración sobre las hazañas de un revolucionario del antier. Otro aspecto que hemos cubierto es lo referente a los deportes de los cuales estimamos que “El baloncesto: Una anécdota” (21-V-2005) sobre unos chamacos sonadores de quince años; “Del estadio Piedras Negras al Yankee Stadium, sin olvidar los campos llaneros’” (06-VI-2015), además de “Aquellos años de futboleros en el pueblo (04/08/2018) son los más representativos.

Sin duda nos fue muy grato reseñar la presentación de los dos libros de la autoría de Don Rafael Villarreal Martínez. “Piedras Negras: Destino y Origen” (6-VIII-2005) y “Personajes, sitios y recuerdos” (19-II-2011). En ambos libros, el autor sin presumir de ningún título rimbombante que lo acreditara como cronista de nada, narró la vida de su pueblo y sus habitantes a lo largo del siglo XX.

En estos tres lustros hay una tercia de artículos que nunca hubiéramos deseado escribir, pero no podíamos evitar hacerlo. Estos fueron: “Despedida al declinar del sol” (07-IV-2014); “Al manifestarse el alba” (23-VII-2016) y “Las hazañas beisboleras del tío Manuel Francisco” (13-V-2017) en las cuales narramos el hasta luego a Don Rafael Villarreal Martínez y a doña Estela Ríos Schroeder, así como al tío Manuel Francisco Villarreal Martínez cuando partieron a su cita con el Gran Arquitecto.

Esta ha sido una reseña breve sobre los tópicos abordados a lo largo de tres lustros. Por permitirnos someter a la consideración publica nuestros puntos de vista, hemos de agradecer al apoyo que nos han otorgado don Francisco Juaristi Septién, Francisco Juaristi Santos, don José Arroyo Reyes, Francisco Liñán Delgadillo, Francisco Covarrubias, Estela Flores, Abdel Robles, Josué Pérez Saavedra, Marcela Naciff Oceguera, así como a todos aquellos que intervienen para su publicación, y por supuesto a usted lector amable que, estamos conscientes, no siempre podrá coincidir con nuestra perspectiva pero es quien con su lectura nos permite comparecer semana a semana. Aquí seguiremos mientras nos sea permitido y haya quien considere que lo expuesto vale la pena leerlo. Mientras tanto, MUCHAS GRACIAS.

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Añadido (1) Ante un señalamiento preciso y constructivo, encontramos una respuesta bañada en secreciones biliares.

Añadido (2) Hubo otro mensaje que nadie percibió. En la biblioteca, en la parte superior a la derecha, la pintura con el rostro del personaje quien inicio la primera gran transformación de este país. ¿Cuál es el motivo por el cual hoy lo marginan, ignorancia o simple percepción selectiva de la historia?
Añadido (3) Lo apuntamos en el Añadido (1) de la semana anterior. Se reunieron y todos contentos.
03 Noviembre 2018 04:00:00
Recuerdos de jóvenes del ayer calificados hoy, con tabla rasa, de apátridas por estudiar en el extra
Érase un país que ya no existe, aun cuando algunos quieran retrasarlo hasta los días anteriores a esos años. El tiempo trascurrido es tan lejano que la bruma casi lo oculta. Pocos recuerdan aquellos días en que una gran mayoría de los habitantes del país andaban, cual jibaritos, locos de contento no porque fueran a vender mercancía alguna, sino como resultado de lo que aquel líquido había logrado. Unos, se habían enriquecido como nunca, otros sentían que vivan sus días mejores y que en el futuro alcanzaría para todos. En ese contexto, los dirigentes estaban consientes de que, ante lo que venía, el sistema cerrado ya no daba para más. Para ello, se requería preparar a los muchachos y ofrecerles la opción de que se formaran en otro ambiente y estuvieran listos para saber enfrentar los acontecimientos por venir. A partir de ahí, damos paso a un relato suscitado en un microcosmos educativo de país vecino en aquel poblado situado en la región del oeste.

Por esas coincidencias del destino, dos antiguos condiscípulos de una universidad ubicada en el medio oeste se encontraron en posiciones complementarias. Uno, era encargado de promover los asuntos de desarrollo científico y tecnológico que en aquel país era incipiente por decir lo menos. El otro, había creado un instituto que ofrecía un programa que permitía preparar profesionales para que de ahí se dirigieran a continuar sus estudios de post grado a la universidad por la cual optaran. En términos aeroportuarios, para invocar un tema de moda, diríamos que aquello era un centro tipo “hub,” con la salvedad de que en aquel transito no había bandas transportadoras, ni carritos que trasladaran de un sitio a otro, era necesario cubrir cada centímetro caminando a un ritmo bastante alejado de la lentitud y la modorra. El centro educativo tenía varios años operando y por ahí habían pasado ya quienes con el tiempo terminarían en calidad de “próceres” en su país. Sin embargo, los asistentes nunca acudieron en grupos numerosos. Pero aquello cambiaría.

En el pico de la gloria de las bondades derramadas por aquel líquido, el programa educativo fue diseñado bajo la premisa de que era necesario darles opción al mayor número de profesionales jóvenes que se pudiera para que estuvieran expuestos a un entorno educativo distinto. En esa forma, se abrió la convocatoria y, tras del proceso de selección respectivo, quedó definido un grupo numeroso, más que cualquier otro que se hubiese remitido al exterior con tales propósitos, cuyos integrantes presentaban características heterogéneas, lo único que era homogéneo en ellos su deseo de vivir la experiencia de irse a preparar a otros lares. Sobre los eventos que se suscitaron en aquel microcosmos estudiantil, no podía faltar quien recopilara en su disco duro algunas de las vivencias acontecidas en aquellos días.

Dado que por entonces eso de hablar el idioma de aquel país no era asunto que se dominara plenamente, los seleccionados fueron enviados a tomar un curso para que se pusieran al día en el manejo de este. En uno de esos grupos había cuatro profesionales a quienes parecía les faltó tiempo estudiantil previo y se convirtieron en los chamacos terribles de la clase, el tiempo les haría ver que no todos les soportarían sus travesuras tardías. Así, llegó el fin de aquel año y al mes siguiente se trasladaron al sitio en donde vivirían la experiencia nueva.

De pronto uno a uno, hasta llegar a la mitad del mes, fueron arribando hasta convertir aquello en algo parecido a un proceso de recuperación de territorio. Convertidos en clientes solamente eran superados por los provenientes de más al sur del continente, también recipiendarios de las bondades de aquel líquido, a quien en el lado este del país receptor los conocían como los “ta’ barato”. Los primeros días todo era apapachos, mientras los ayudaban a buscar donde vivir y eran introducidos a lo que enfrentarían en el aspecto social y académico. Nunca fue tratado como tema oculto aquello de que, como parte del proceso, se buscaba que conocieran las bondades del sistema económico y político de aquella nación y que al retornar a su país comentaran sobre ello. De cómo lo hicieran, o lo hizo cada uno, dependía de hasta donde tuviera bien firme lo que era y habría de ser. En medio de todo esto, no faltaba la presencia de miembros de religiones diversas, excepto la católica, quienes “generosamente” ofrecían invitaciones de ayuda vía la “host family” o bien damas jóvenes que formaban parte del programa de “conversation parterns.” Ello sin faltar las invitaciones al servicio religioso dominical en donde se ofrecía el desayuno en donde no faltaba aquel que vivía en el “dorm” y como el domingo no había servicio de alimentos, pues enfilaba hacia esos sitios en donde, además de alimentos, en una de esas encontraba con quien conversar. Eso era escenografía, vayamos a la vida académica ya que a eso los habían enviado.

Contrario a lo que pudiera pensarse, aquello no tenía facha de ser un día de campo. Entre ocho de la mañana y cinco de la tarde aquello era un trajinar de un salón a otro, lo mismo acudían a recibir lecciones sobre el idioma en todo su conjunto, que iban a repasar o aprender lo que les enseñaron de economía, administración, estadística, matemáticas, econometría, contabilidad, computación y métodos de enseñanza. Eso sí, una vez por semana, no faltaba la “coffee hour” en donde a media mañana grupos de religiosos ofrecían café y panecillos mientras trataban de convencer pecadores de que podían encontrar un sitio en donde salvar sus almas. No podemos negar que algunos cayeron, mientras que la mayoría simplemente los escuchaban y evadían la invitación, unos por convicción religiosa y otros porque eran unos herejes quienes estaban convencidos de que no eran necesarios intermediarios entre ellos y el Gran Arquitecto. Al retornar a las actividades escolares, diversos fueron los acontecimientos que se vivieron, cada uno de ellos aleccionadores.

En una de las materias, destinada modificar los oídos de artilleros que tenían los aprendices del idioma, a algunos alumnos se les hizo fácil replicar sus actos “simpáticos” que habían realizado en su país de origen y empezaron con la “chacota,” la cual no pudieron sostener por mucho tiempo. La profesora quien impartía la materia no era partidaria de la indisciplina y pronto le florecieron los genes teutones y con firmeza les advirtió que en esa clase ella era la que llevaba la voz cantante y no permitiría desmanes, el orden se restauró. Eso era en el aula, fuera de ella era bastante accesible, especialmente cuando se trataba de bailar polkas alemanas. Continuando con las anécdotas intramuros, vale mencionar la ocasión en que, con el salón repleto listo para dar inicio a la materia de estadística, de pronto aparece el profesor con el rostro cariacontecido y al pararse ante el podio menciona que hacia unos instantes se había suscitado un atentado en contra del presidente del país. Salvo unos cuantos, la mayoría integrada por estudiantes provenientes de naciones diversas se soltaron aplaudiendo. Con la cara enrojecida, el profesor procedió a darles una lección al decirles “Yo estoy en desacuerdo con las políticas implantadas por el presidente, pero jamás me podré regocijar de la desgracia de un ser humano.” El silencio absoluto se apoderó del recinto, y la vergüenza de los aplaudidores, acto seguido, se anunció la suspensión de actividades. Tiempo después, en esa misma clase, estaban los alumnos silenciosamente enfrascados en un examen cuando de pronto se escucha que uno de los alumnos cuyo nombre evocaba una llave de lucha libre, nativo del sur del continente, suelta un “chin….

madre…” ni duda cabe que le había llegado la influencia de sus compañeros nativos del norte del continente. En otro incidente, mientras uno de los maestros quien era un veterano de la guerra perdida, cuyo nombre traducido era similar al de un púgil de los años cincuenta, buscaba mantener la disciplina durante sus lecciones. Sin embargo, había por ahí un joven proveniente del noroeste quien al parecer andaba buscando convertirse en el vengador por territorios perdidos y decía que les iba a demostrar a sus anfitriones que él y sus paisanos eran muy superiores, la mayoría lo evitaba. Sin embargo, en una ocasión, puso como ejemplo de la música folclórica de su país a la que interpretaban quienes hacían alegorías a sujetos de estofa baja. Otro de los compañeros, portador de una barba que lo hacía lucir como si estuviera recién bajado de la Sierra Maestra aun cuando para nada simpatizaba con aquellos, no estuvo de acuerdo y empezaron una discusión que por poco termina a puñetazos.

Asimismo, entre los estudiantes había un par que llamaban la atención. Uno, decidió que para aprender el idioma dejaría de lado totalmente su lenguaje nativo, lo cual le acarreó burlas y un apodo que cargaba como sambenito. El otro, gustaba de arribar a clases a bordo de su bicicleta con el pantalón del lado derecho arremangado con una liga y portando un sombrero de palma, no pocas eran las bromas que se le hacían y pocos lo frecuentaban. Pero vayamos a la convivencia afuera de las aulas.

Para desestresarse, acostumbraban a irse a jugar béisbol. Antes de iniciar formalmente el partido, uno de los estudiantes quien presumía de haber jugado profesionalmente en su país, para mostrarlo portaba spikes de fierro, utilizaba a otro en función de mozo de estoques quien le servía de pitcher para que le lanzara y él bateara mientras su esposa lo filmaba. Cabe decir que el “slugger” años más tarde se encargaría de las finanzas de su estado natal hasta que tuvo que salir de huida antes de que lo invitaran a pasar un tiempo en el retiro espiritual recordando en donde dejó los centavitos. En esos mismos terrenos, el de los diamantes beisboleros, un día, aquello casi termina en tragedia por culpa del bateador referido y un padre de la patria futuro quien era muy aficionado al béisbol, pero carecía de cualquier facultad para practicarlo. Todo terminó entre “espikeados” y correteada de bat en mano para cobrar la afrenta. Ahí terminaron ese tipo de practicas deportivas. Pero vayamos a la vida social de los miembros de aquella brigada de “cerebros humedecidos”.

Todos se decían muy de avanzada, pero cuando se trataba de guardar las buenas costumbres con nada transigían. Así sucedió cuando una pareja, hombre y mujer, llevados por la fuerza de las hormonas decidieron irse a vivir juntos sin que mediara papel alguno. Aquello fue el acabose, se les declaró muerte civil.

Amigos antiguos les retiraron la palabra, si acudían a una reunión los aislaban, algo que muy poco le importaba a su vecino de pasillo de por medio quien tranquilamente se ponía a charlar con ellos, mientras los demás lo miraban anotándolo en la lista de vetados futuros. Lo mismo le sucedía a un par de damas oriundas del sur del continente quienes, bastante adelantas a la época, convivían como pareja y en las reuniones sufrían aislamiento. Eso sí, cuando alguien del sexo opuesto se acercaba a charlar con ellas mas le valía no enfocarse mucho en una de ellas, inmediatamente la otra hacía sentir su presencia. Sin embargo, no se crea que todo era mojigatería, había por ahí un personaje de nombre similar a un prócer de la clerecía, quien después salió con que no lo era tanto, el prócer por supuesto, quien vivía intenso romance con una dama del sur del continente, pero a ellos no les aplicaban la regla de exclusión, vaya usted a saber por qué. Cuando el homónimo decidió abandonar el sitio, no sin antes prometer regreso, era común ver por las tardes sentada junto a la ventana de su apartamento a la dama, desconocemos si emulaba a un personaje mitológico en espera de su amado. Por otra parte, en las reuniones de parejas, los de avanzada mostraban hasta donde llegaban y pronto las damas acababan platicando en la cocina, mientras los varones se quedaban en la sala. Pero si de atavismos antiguos se trataba, nada como el ejemplo que daba uno de ellos nativos del noroeste de su país quien, a la menor provocación, sin previo aviso, llevaba invitados a su apartamento y ponía en serios aprietos a su esposa quien no encontraba como responder a la situación. Así trascurrían los meses, hasta que cada uno tomó el camino para continuar con sus estudios de posgrado en sitios diversos. Sin embargo, un buen numero decidió permanecer en aquel lugar rodeado de montañas y de vida aparentemente apacible.

Ya instalados en el nivel de posgrado, las cosas habrían de volverse más intensas en el aspecto académico. Aun cuando eran bastantes, ya no eran mayoría. Un buen número de estudiantes provenían del medio oriente, entre ellos solamente había una mujer nativa de un país que años después sufriría una guerra exprés, las miembros del sexo femenino estaban destinadas a permanecer en casa cuidando críos y cuando la abandonaban salían bien cubiertas de pies a cabeza. A ellas les estaba vedado asistir a reuniones o siquiera asomarse por las aulas. Como la unidad no era la característica entre los proveniente de aquella región, uno de esos días un par de ellos protagonizaron, literalmente, a media calle un combate pugilístico. Un poco de mas civilidad mostraban dentro de los salones de clase quienes eran provenientes de las regiones diversas del continente. Ello no evitaba que de pronto alguno incursionara en una discusión, civilizada, con sus profesores como le sucedió al de barba prominente quien llegó a rozar los linderos prohibidos y fue salvado cuando llegó el “break” y comedidamente su amigo proveniente del sur del continente, le recordó quien terminaba por calificar e hizo que regresara con una postura más prudente cuando la clase se reanudó. Sin embargo, hubo otro quien se invistió de cepaliano y arguyó que los términos de intercambio habían operado en contra de sus países. Como el profesor profesaba cualquier cosa menos afecto y admiración al creador de esa teoría, se le fue a la yugular y mediante gráficos en el pizarrón y explicaciones verbales al calce le demostró que estaba equivocado. Pero no todo era enfrascarse en discusiones en el aula, fuera de ella se daban otras.

Sin que medie explicación alguna, de pronto se integró un grupo de cinco estudiantes, dos damas, una de ellas germana, la otra de raíces italianas, y tres caballeros, dos provenientes del sur del continente y un tercero del norte de este. En ese contexto, hubo una ocasión en que uno de los procedentes del sur le grita al del norte, tras mencionarlo por su nombre, “vamos a echarnos unos palitos, te doy la cola…” al escuchar aquello uno de los amigos del aludido pegó gritos de exclamación, aun cuando bien sabia que aquello, dicho en lenguaje del norte, significaba “vamos a echarnos unos tragos, te doy un aventón…” Eso acostumbraban a hacer, aun cuando uno de ellos solamente ingería quién sabe cuántos vasos de “seven up on the rocks with a lime”, al concluir una de sus clases irse por ahí y enfrascarse en discusiones que duraban hasta que, avanzada la madrugada, los corrían del sitio. Aquello estaba lejos de alcanzar la uniformidad de criterios o concretarse a un tópico, lo más sorprendente es que nunca pasaban de la divergencia de opiniones y al final todos salían contentos con destino a rumbos distintos. Al día siguiente había que volver a enfrentar las tareas académicas. Entre estas, se encontraban ver como resolver los asuntos relacionados con la econometría, en donde el uso de los programas de computadoras implicaba todo un reto. En la escuela solamente había una PC y era necesario hacer fila antes de usarla mediante una llamada telefónica. Lo mas conveniente era irse al centro de computo provisto de tarjetas, perforarlas y después introducirlas al lector para obtener aquellas “sabanas” en donde aparecían los procedimientos y resultados. Toda una hazaña era evitar que las tarjetas perforadas no fueran a caerse porque reordenarlas era tarea titánica.

Bajo esa dinámica trascurría el tiempo hasta que un día llego el aviso de que aquel liquido milagroso ya no lo era y la crisis había alcanzado a su país. Todo se recortaba y las colegiaturas no podrían pagarse más allá de ese semestre. En ese momento, quienes tenían margen hubieron de añadir un curso mas y completar sus créditos, aquellos que se vanagloriaban de no vivir estresados quedaron al garete. Al final de cuentas, varios regresaron con el respaldo oficial de sus estudios, otros retornaron como se fueron sin papel que sustentara su paso por allá, uno con el doctorado y varios arguyendo que lo obtuvieron sin que esto fuera realidad, pero durante varios años engañaron hasta aquel escándalo de la mitad de la siguiente década en que tuvieron que aceptar su falsificación. Esto es un anécdota apretado sobre aquel grupo de jóvenes de entonces a quienes al trascurrir del tiempo algunos los calificarían, con tabla rasa, de adoctrinados por haber osado cruzar las fronteras patrias para vivir la experiencia escolar.

La gran mayoría de ellos no retornó poseyendo esa característica, simplemente tenían un panorama más objetivo sobre las virtudes y defectos de la nación, lo cual les permitía despojarse de patrioterismos y volver para enfrascarse en el proceso de cambio que, quiérase o no, se dio con positivos y negativos, pero que es difícil negar era requerido.

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Añadido (1) En eso de la controversia aeroportuaria no hay que apasionarse en la defensa o el ataque. Recordemos que canceladores y cancelados son mercaderes, solamente visiten ropajes distintos, que al final de cuentas habrán de llegar a un acuerdo con beneficios para ambos y los únicos quienes se quedaran con sus resabios entre sí son los que toman partido a ultranza, desde lejos, por uno u otro bando.

Añadido (2) Mientras debaten sobre el destino de la caravana de migrantes, al final del pasillo tras del espejo, cual alegoría borgiana, se observan figuras de oscuros y largos ropajes quienes se frotan las manos mientras calculan los beneficios que obtendrán con lo que han creado.
27 Octubre 2018 04:00:00
Henríquez Guzmán: La candidatura de quien, entonces, no comprobó oriundez
Continuamos con candidaturas presidenciales fallidas. Ahora, nos ocuparemos de la intentona del general Miguel Henríquez Guzmán. Un personaje que, al igual que Juan Andreu Almazán, se formó en las filas del grupo triunfante de la Revolución Mexicana. En ese contexto, consolidó su carrera político-militar, mientras que su hermano Jorge amasaba una fortuna económica al amparo de los contratos para construir obra pública. Se decía que su consanguíneo nada tenía que ver, pero no era desconocida la cercanía entre ambos y que el hombre de negocios era el principal consejero del político. Igualmente, nadie ignoraba la amistad que unía al divisionario con el expresidente Lázaro Cárdenas Del Río. En ese contexto, Henríquez Guzmán busca suceder al presidente Miguel Alemán Valdés. Vayamos al tema.

Henríquez Guzmán clamaba haber nacido, en agosto de 1898 en Ciudad Porfirio Díaz, hoy Piedras Negras, Coahuila. Sin embargo, durante su campaña presidencial, su oriundez fue cuestionada. Por lo tanto, a finales de 1951, se solicitó a quien, en nuestro pueblo natal, se desempeñaba como oficial del Registro Civil, Óscar Pope Jiménez, que revisara los archivos para verificar la aseveración. El resultado fue que no había documento alguno que probara lo que el general alegaba. (“Piedras Negras, Destino y Origen: 80 años una narración para mis nietos,” Rafael Villarreal Martínez, 2005). Esto no agradó al candidato y mucho menos a sus simpatizantes. Sin embargo, no fueron capaces, documentos en mano, de exhibir que lo afirmado por Pope Jiménez fuera falso. Antes de continuar, debemos de apuntar que la intentona presidencial, en 1951, de Henríquez Guzmán no era la primera.

Seis años antes, en 1945, buscó suceder al presidente Manuel Ávila Camacho. Sin embargo, al ver que las cosas no se inclinaban por su lado, se convirtió, de súbito, en un demócrata convencido. En este contexto, recurrimos al facsímil que aparece en el libro “Henríquez y Cárdenas ¡Presentes! Hechos y realidades de la campaña henriquista,” Enrique Quiles Ponce, (1980). Se trata de una nota periodística aparecida, el 10 de junio de 1945, en el diario Novedades. El titular clamaba “No puede haber así elecciones democráticas, afirma Henríquez”. En el cuerpo de la publicación, el divisionario de oriundez dudosa indicaba que diversos “…grupos de todas las clases sociales…,” se le acercaron para ofrecerle “…la candidatura a la Presidencia de la Republica para el sexenio 1946-1952,…sin dar respuesta a tales proposiciones, me dedique escrupulosamente a observar el ambiente nacional… llegando a la conclusión inequívoca de que el engranaje oficial, salvo excepciones, presiona por la candidatura del señor licenciado Miguel Alemán…, circunstancias que excluyen toda posibilidad de una elecciones democráticas.” Tras de ello, afirmaba que no aceptaba participar en la contienda electoral ya que no quería contribuir “…a que se acentué más la división del elemento revolucionario…y a que nuestro país permanece en estado de guerra – encontrándose una unidad aérea en el frente de Filipinas-…” Detrás de esto, a Henríquez Guzmán, de acuerdo con lo anotado por Quiles Ponce, le quedó el resentimiento de que tanto el expresidente Cárdenas, como el mandatario Ávila Camacho le habían negado el apoyo requerido para cumplir sus ambiciones democráticas (¡!). Todo quedó para mejor ocasión y Henríquez Guzmán se refugió en la vida privada y a consolidar su posición económica, aun cuando su hermano Jorge fuera quien aparecía como el hombre de negocios. Eso no implicaba reposo en sus actividades políticas.

En la narrativa de Quiles Ponce, se menciona una entrevista potencial entre Henríquez Guzmán con el presidente Alemán Valdés. Al saberse de ello, lo buscarían los expresidentes Ávila Camacho, quien lo recibió en su domicilio, y Cárdenas Del Río que fue a visitarlo a su casa. En el verano de 1950, la sucesión presidencial estaba en boca de todos y Henríquez Guzmán estaba dispuesto a buscar la candidatura. Algunos políticos sentían haber sido desplazados y trataban de volver. Al respecto, Octavio Rodríguez Araujo en “El henriquismo: Última disidencia política organizada en México,” (1975), señala que “el 25 de abril de 1950 veinticinco cardenistas, en un desplegado en la prensa, plantearon el problema de la sucesión presidencial sobre la base de si hubiera de rectificarse el camino señalado por el régimen de Cárdenas o debía volverse a él.” Revisando “I. Apuntes 1941-1956, Tomo II,” Lázaro Cárdenas (1986), encontramos que el 13 de julio de 1950, Cárdenas recibió en Jiquilpan al expresidente Ávila Camacho. Durante la charla, este mencionó que lo visitó Henríquez Guzmán para comentarle acerca “…de la corriente que en su favor ha sentido para su candidatura a la Presidencia de la República y que espera conocer el sentir en todo el país para resolver si acepta su postulación”. Asimismo, Ávila Camacho le indicó a su anfitrión que en México se decía que las actividades de un grupo de cardenistas por Henríquez Guzmán estaban avaladas por él. La respuesta fue que “…tales versiones son naturales en el medio político en que vive el país y que mi actitud política se mantiene invariable. Que soy amigo del general Henríquez, como lo es él también.” En la fecha mencionada arriba, Cárdenas indica haber recibido del pretendiente a candidato presidencial, aun cuando no da mayores detalles.
Sin embargo, revisando a Quiles Ponce, encontramos que tras de la entrevista de Henríquez con el presidente Alemán Valdés, el general y su hermano Jorge fueron “a una granja llamada ‘La Joya’ localizada en Zitácuaro, Michoacán.” Ahí, se da un dialogo interesante entre Cárdenas y Henríquez. A la pregunta del primero “¿Que dice la política, mi general?”, el segundo responde “Pues no sé nada, mi general. Realmente, no tengo aspiraciones presidenciales.” Ante esto, el michoacano responde “Mire, mi general, usted es patriota, y debe de asumir la gran responsabilidad: Alemán se quiere perpetuar en el poder a través de su pariente Casas Alemán, y eso no lo vamos a permitir.” La replica del nativo de quien sabe dónde, es “pero mi general, en la oposición no hay probabilidad de triunfo, porque para eso hay que derramar sangre.” La contra respuesta es: “No importa, yo estoy con usted.” En ese mismo contexto, se alude que posteriormente los hermanos Henríquez y el expresidente se encerraron a platicar sin que se conozca, al menos públicamente, el tema del dialogo. Lo que posteriormente aparece en los apuntes de Cárdenas Del Río esta fechado el 24 de agosto de 1950, cuando anota: En Villa Obregón. La prensa de hoy publica un manifiesto político de los partidarios del general Miguel Henríquez Guzmán señalándolo como candidato a la Presidencia de la Republica.” Trascurrirían varios meses para que todo se formalizara.
Recurriendo a lo escrito por Daniel Cosío Villegas en “La sucesión presidencial,” (1975), “desde el 2 de enero de 1951 se dijo que Antonio Espinosa de los Monteros, entonces al frente de nuestra embajada en Washington, trabajaba ya en su favor… dos días mas tarde cuatro mil ferrocarrileros se separan de su sindicato para lanzar la candidatura de este general. Además, comienza a hablarse de formalizar una Federación de Partidos del Pueblo.” De acuerdo al texto de Rodríguez Araujo, “el 8 de] enero de 1951, en su casa, [en Chimalistac] acompañado de[l general] Marcelino García Barragán,” Miguel Henríquez citó a una conferencia de prensa y declaró que sí iba a aceptar su postulación como candidato a la presidencia”. De acuerdo con Cosío Villegas, dicho anunció dio pie al mote de que habían nacido los “henriquecidos.” Tras de eso, se dieron situaciones diversas.

Los campesinos poblanos, apunta Cosío Villegas, alentados por Gonzalo Bautista, decidieron separarse de la Confederación Nacional Campesina. César Martino, cardenista de cepa pura, anunció que los miembros de ese sector en La Laguna, los de Iguala y Cuautla seguirán un camino similar. A partir de se momento, dan inicio los trabajos para lograr el registro oficial del Federación de Partidos del Pueblo Mexicano, (FPPM) fundada originalmente en 1946. Una vez que se logró el objetivo, indica Coso Villegas, “se convocó a una asamblea nacional constitutiva que se celebra del 29 al 31 de marzo de 1951…” En marzo Henríquez visitó a Cárdenas” y le manifestó que sí participaría y que creía ganar, fundamentalmente por el descontento que privaba en el país. Esto no aparece en el recuento minucioso diario que el expresidente presenta en sus Apuntes. Ante ello, cabe mencionar lo escrito por Quiles Ponce quien señalaba que “…los discursos del general Henríquez Guzmán aceptando su postulación, y rindiendo la protesta respectiva, fueron sometidos a la consideración oportuna del general Cárdenas en una finca de Chupícuaro, Quiroga Michoacán…” En ese contexto, un buen número de cardenistas aparecían como partidarios del henriquismo.

Elisa Servín en “El movimiento Henriquista y la reivindicación de la Revolución Mexicana,” señala como los henriquistas más conspicuos a “…Graciano Sánchez, fundador y ex dirigente de la CNC, el ingeniero César Martino, ex director del Banco de Crédito Ejidal, el coronel Wenceslao Labra, fundador de la CNC, o J. Trinidad García, también fundador de la CNC, quienes organizaron y dirigieron a la UFCM [Unión de Federaciones Campesinas de México]. {Asimismo,] …exgobernadores [como] Bartolomé Vargas Lugo, de Hidalgo; Gonzalo Bautista, de Puebla; Marcelino García Barragán, de Jalisco; Francisco Parra, de Nayarit; Pedro Rodríguez Triana, de Coahuila [el atrabiliario Pedro Quinto quien desgobernó esa entidad entre 1937 y 1941]; Pedro Torres Ortiz, de Colima, y Vicente Estrada Cajigal, de Morelos. [Igualmente] ex colaboradores de Cárdenas y Ávila Camacho como Raúl Castellano, ex secretario del [presidente Cárdenas]; José Muñoz Cota, también ex secretario de Cárdenas, Ernesto Soto Reyes, líder del ala radical en el Senado durante el gobierno cardenista o el exsenador por Michoacán Antonio Mayés Navarro. Finalmente, se unieron… el general Genovevo de la O, viejo zapatista, Rubén Jaramillo, líder campesino en Morelos, Celestino Gasca, ex dirigente de la CROM y diputado y senador cetemista por Guanajuato, Juan Gutiérrez, líder ferrocarrilero que llegó a la gerencia de Ferrocarriles Mexicanos durante el cardenismo, y Agustín Guzmán, dirigente del sindicato minero.” Quiles Ponce agrega a Cándido Solorzano Morales y Salvador Solórzano Bravo, padre y hermano político respectivamente del divisionario de Jiquilpan.

El periodista potosino, Francisco Martínez De La Vega, el general Luis Alamillo Flores y el marino, Francisco Mancisidor. Posteriormente, se incorporarían, Francisco J. Múgica, Ignacio Ramos Praslow, Agustín Leñero y Pofirio Del Castillo. Además, en la parte operativa estaban un par de servidores antiguos de Cárdenas, un teniente, Lupe Monroy, quien cada noche reportaba ‘confidencialmente’ al expresidente lo ocurrido. El enlace entre Henríquez y Cárdenas era el capitán Honorato Gutiérrez. Aunado a este grupo, según lo apuntado por Cosió Villegas, “…por la ciudad de México se vio en más de una ocasión a doña Amalia [Alejandra Solórzano Bravo] y Cuauhtémoc [Cárdenas Solórzano] repartiendo propaganda henriquista.” Ante esta lista, vale revisar lo anotado por el expresidente Cárdenas en sus “Apuntes” correspondientes al 26 de diciembre de 1951.

En esa fecha, Cárdenas escribía: “Una tarde de marzo de 1951, me visitó el señor general Miguel Henríquez Guzmán y me hizo conocer su decisión de participar en la próxima campaña política como candidato a la Presidencia de la Republica y al preguntarme mi opinión, le manifesté que a la representación nación al del pueblo sólo se llega por uno de dos caminos, por voluntad unánime del pueblo a tal grado que el gobierno se vea obligado a reconocer el triunfo o cuando el gobierno simpatiza con la candidatura en juego y siempre que no haya oposición mayoritaria.” Henríquez, anota Cárdenas, le participaba haber encontrado gran descontento especialmente en la s zonas rurales. La recomendación del expresidente fue de que analizara serenamente la situación en general. Posteriormente, Cárdenas apunta, “siguió visitándome con frecuencia, conversándome del curso de su campaña…pero jamás recibió de mi promesas de que participaría yo en su campaña, ni llegue a estimular a ningún elemento para que se sumara a su candidatura.” Unos días mas tarde, el 5 d enero de 1952, Cárdenas recibe al candidato priista Adolfo Ruiz Cortines quien le “…mostró la documentación que guarda como pruebas de que no sirvió a los invasores norteamericanos durante la invasión a Veracruz…Habló de la necesidad de moralizar todos los sectores sociales y asentí agregando, ser una lacra que viene creciendo velozmente y que urge detener si queremos evitar nuevas convulsiones en el país.” Tras de ello, el expresidente anotó haber escuchado los mismos propósitos morales y sociales de labios de Henríquez Guzmán “…solo que expresados con mayor vehemencia y más energía en la actitud.” A raíz de esta visita, surgieron una serie de controversias en torno a sí Cárdenas apoyaba o no a Henríquez Guzmán, por ello, el expresidente escribió, el 23 de marzo, en sus “Apuntes” que no negaba su amistad longeva con Henríquez, pero “…en lo político lo respeto en sus actividades, como respeto a todos los demás candidatos.” Sin embargo, los henriquistas no le perdonaron esa ambivalencia y, retornando a Quiles Ponce, mencionaba que el 23 de mayo de 1952, se entrevistaron el presidente Alemán y el general Cárdenas “…a bordo del yate presidencial “Sotavento…Tan luego como el ex Presidente Cárdenas abordó el Sotavento, … se hizo a la mar, y regresó pasadas las nueve de la noche…” En los “Apuntes” correspondientes al 23 de mayo, el michoacano escribió: “Playa Azul de Melchor Ocampo a Playa Azul en carro, con el ingeniero Antonio Gómez García, capitanes Lino Salcedo y J. Guadalupe García y civil Guillermo Girón, que encontré en Zihuatanejo esperándome.” Para los henriquistas lucía que habían perdido un apoyo que daban por seguro.

Finalmente, el 6 de julio de 1952, se efectuaron las elecciones presidenciales y los resultados fueron: Adolfo Ruiz Cortines con 2.7 millones de votos, Henríquez Guzmán con 579 mil, y Efraín González Luna 285 mil. Los henriquistas alegaron fraude, el 7 de julio, en la versión del expresidente Cárdenas, trataron de “verificar un mitin en la Alameda, Hemiciclo Juárez que fue disuelto por la policía con saldo de sangre y numerosos detenidos…El Excelsior publica haberse registrado siete muertos y numerosos heridos.” El 12 de julio, Cárdenas se entrevista con Henríquez y el 14 conversa con Ruiz Cortines. Poco a poco, los ánimos fueron serenándose y Henríquez Guzmán tranquilizándose, había otros intereses económicos-familiares que no era cosa de ponerlos en riesgo, después de todo había vida tras de la aventura presidencial y muchos de sus seguidores lograrían su objetivo al reinsertarse en la política nacional.

Esta es una versión comprimida de la candidatura de un personaje quien, entonces, no pudo comprobar su oriundez. En ese contexto, el domingo 11 de noviembre de 1951 visitó Piedras Negras, Coahuila y según Quiles Ponce, “a las 11 horas, [partió] del aeropuerto de México. Aterrizaje en Monterrey para comer.

A las 14 horas, salida de Monterrey a Piedras Negras, Coah., arribando a esta población a las 16:45 hrs. [¿] Solar nativo [?] del candidato. Habló en nombre de los ferrocarrileros Juan Gutiérrez, quien emocionó con brillante y patriótico discurso. Del aeropuerto al centro, el candidato a hombros del pueblo durante un buen trecho. A las 17 horas salida a Villa Acuña.” Decía profesarle un amor profundo al que invocaba como su pueblo natal y para demostrarlo bastaban quince minutos. Hasta donde se conoce, no volvió a pararse por ahí, lo cual comprueba que su oriundez era dudosa, por decir lo menos.

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Añadido (1) Ahora que van a cortar el servicio del agua a la CDMX, nos encontramos en el volumen 7 de “Seis Siglos de Historia Grafica de México, 1325-1976,” un texto en el cual se lee: “A fines del mes de noviembre [de 1922], la ciudad de México careció de agua potable debido a una descompostura en la planta de bombas de La Condesa. Diversas manifestaciones se hicieron culpando al Ayuntamiento. El pueblo acudía a las fuentes publicas y otros sitios para adquirir tan preciado líquido, hasta que el día 30 se efectuó una imponente manifestación la que al llegar al palacio municipal se originó un motín que ocasionó 14 muertos y 30 heridos. La muchedumbre prendió fuego al edificio y las tropas de la guarnición restablecieron el orden…” Entre las pancartas que portaban los protestantes, se leía: “Agua, Agua, Agua.” Y “Agua pedimos a Dios y al H. la dimisión.” Esperemos que noventa y seis años después, no vayan a repetirse escenas similares.

Añadido (2) Se podrá o no estar de acuerdo, eso es asunto de cada uno y sus preferencias políticas, con el secretario de turismo, Enrique De La Madrid Cordero. Sin embargo, lo que no puede negársele es que ha salido a dar la cara y plantear su postura en un momento en que todos nuestros políticos solamente buscan quedar bien con los que arribaran o andan en la rebatinga por ver cómo pueden apoderarse de aquello que llevaron a un deterioro que casi lo destruye.

Añadido (3) ¿Ya empezaría la colecta de llaves para elaborar la estatua de Poncio Pilatos?.
20 Octubre 2018 04:00:00
Andreu Almazán, los EUA y la defensa de una victoria que él clamaba como suya
Desde la infancia, cada vez más lejana, siempre nos llamó la atención escuchar las pláticas que sobre la Revolución Mexicana y sus personajes sostenían los mayores y en innumerables ocasiones entrometernos en ellas. En ese contexto, crecimos escuchando los sentires disímbolos que nuestros abuelos tenían sobre el estadista Elías Calles; la admiración suprema que uno de ellos profesaba por el general Pérez Treviño; la nunca entendida admiración del otro por el general Murguía López de Lara; los agradecimientos familiares por perdonar la vida del pariente que se vertían sobre quien fuera gobernador de Nuevo León, Sáenz Garza; el recuerdo paterno de su testimonio infantil de la rebelión escobarista; el tío abuelo que adoraba al general Villa; el padrino que, con la familiaridad de la consanguinidad, recordaba como “tío Venus” al presidente Carranza Garza; en medio de todo ello, de vez en vez, surgía el tema de las elecciones de 1940. Para algunos, aquellos fue un fraude, para otros simplemente se trató de un negocio más que había realizado Juan Isidro Andreu Almazán. Nunca pudimos dilucidar quien tenía la razón pues todo eran opiniones subjetivas. Sin embargo, hace unos días, el tema se nos apareció súbitamente y decidimos ir a buscar material que nos permitiera comentar al respecto.

Andreu Almazán, general oriundo de Olinalá, Guerrero, formó parte del grupo ganador durante la Revolución Mexicana y en ese entorno ocupó cargos diversos hasta que fue enviado como jefe de la VII Zona Militar en Nuevo León y desde ahí, mientras le entraba un furor por realizar construcciones en las instalaciones militares, iba convirtiéndose en un personaje aparentemente importante para la elite regiomontana, a más de que su Constructora Anáhuac se consolidaba, algo que sucedía desde los tiempos en que era secretario de comunicaciones en el gobierno del presidente Pascual Ortiz Rubio. En ese contexto, crecían sus relaciones con los miembros de la iniciativa privada regiomontana quienes le hicieron creer que contaba con su respaldo para cuando llegara el momento al final de cardenismo. A la par, en el centro del país, esos mismos construían la base popular de una posible candidatura mediante el apoyo soterrado a la Unión Nacional Sinarquista. En la realidad, lo que buscaban era tener monedas de cambio al momento de la sucesión presidencial. El sinarquismo fenece de facto con las negociaciones realizadas entre el jefe de la campaña presidencial del general Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán Valdés, y los empresarios regios. Sin embargo, Andreu Almazán fue utilizado para obtener algo más y se convirtió en el opositor más connotado a la candidatura oficial al aglutinar a su alrededor grupos conservadores diversos que formaron el Partido Revolucionario de Unificación Nacional (PRUN). Cuando llegaron las elecciones, la fuerza del estado fue utilizada para apoyar al candidato Ávila Camacho quien resultaría triunfador. Muchas son las versiones de que se cometió un fraude, pero al final de cuentas todo quedó en protestas y la aceptación última de Andreu Almazán de que no había obtenido el triunfo. Sin embargo, previo a que eso sucediera, se suscitaron una serie de eventos de resistencia antes de conceder.

Es de reconocerse que la elecciones no fueron un ejemplo de pulcritud, excepto en lo que narra en sus Memorias, Gonzalo N. Santos. Escribió que la mañana del 7 de julio de 1940, realizaba un recorrido por las casillas en donde se votaría en la ciudad de México y al arribar a la que correspondía para que emitiera el sufragio el presidente Cárdenas del Río, encontró que estaba en manos de los almazanistas. Ante ello, recurrió al método Thompson para disuadirlos. Al terminar de convencerlos, aquello quedó un poco percudido con colores rojizos. Y como el Alazán Tostado no iba a permitir que el señor presidente fuera a salpicarse con inmundicias, mandó llamar al H. Cuerpo de Bomberos quienes en un santiamén dejaron aquello “rechinando de limpio” al grado de que, cuando arribó a votar, el mandatario de origen michoacano lo felicitó por la asepsia del sitio sin molestarse en preguntar el porqué de aquello, eso es algo que cualquier demócrata que se respete no cuestiona. Acciones de este tipo, fomentaron la leyenda de que un fraude, nunca comprobado, se había cometido. Los almazanistas jamás quedaron satisfechos. En “Memorias del General Juan Andreu Almazán: Informes y documentos sobre la campaña política de 1940” (1940), escritas por el protagonista mismo, el periodista Diego Arenas Guzmán, en la introducción a la reimpresión, responsabilizó a los presidentes Cárdenas y a Franklin D. Roosevelt de los resultados lectorales. Al primero, porque “jugó despiadadamente con la fe del pueblo en la efectividad de los sistemas democráticos para darse el gobierno que mejor le pareciera. Mientras que, según Arenas Guzmán, el segundo compartía culpas por “…no haber guardado la neutralidad que privadamente… habían prometido algunos de los funcionarios de ese gobierno”. Sobre la acusación al primero, vale decir que actuó como lo hace cualquier presidente quien no está dispuesto a entregar el poder a aquel que habrá de revertir todo lo que ha realizado y para ello, aun cuando suene cínico, se vale de los recursos de que dispone, lo que no impide que algunos de quienes los implantan en la practica se excedan en ocasiones. Por lo que concierne a la intervención estadounidense profundizaremos un poco más.
De acuerdo con E. David Cronon en “Josephus Daniels in Mexico”, ni antes, ni después de las elecciones, hay evidencia de que la Casa Blanca apoyara los planes revolucionarios de Almazán. Un antiguo conocido de México, George Creel, quien en 1920 ya había tratado de arreglar las relaciones México-EUA (ver “El Senado estadunidense enjuicia a México y al presidente Carranza,” INEHRM, 2017), solicitó a un asesor en la Casa Blanca, Marvin McIntyre, que intercediera ante sus superiores, indicándole que “si lo favorecemos, cerrando los ojos ante lo que acontece en la frontera, [trafico de armas y municiones], puede ganar fácil e inmediatamente. Por otra parte, si nos declaramos contrarios a él [Almazán], será barrido antes de iniciar y miles de vidas se perderán inútilmente.” Tras de consultar al presidente Roosevelt y al secretario de estado, Cordell Hull, McIntryre envió a Creel un telegrama a Creel indicándole “My advice is Hands Off” (mi consejo es manos fuera). Esto no era nuevo, desde tiempo atrás, el gobierno estadounidense tenia tomada una decisión. Cuando, en 1938, se suscita la revuelta de Saturnino Cedillo, el mandatario estadounidense le indicó a Donald R. Richberg, quien actuaba como negociador de las compañías petroleras estadounidenses para ver como salvaban la expropiación de ese año, que los EUA no apoyarían ningún golpe de estado en contra del presidente Cárdenas. Sin embargo, esto no fue automático, veamos algunas acciones que se desarrollan en los días posteriores a las elecciones.

Conforme a la información con que provee Friedrich W. Schuler en “Mexico between Hitler and Roosevelt” (1998), no obstante, la información recibida, Creel continuó ofreciendo sus buenos oficios a Andreu Almazán para que pudiera entrevistarse con el secretario Hull. En el terreno nacional, el antiguo líder de la CROM, Luis Napoleón Morones indicó que él podía lograr el apoyo para la causa de la American Federation of Labor. En sus Memorias, Andreu Almazán relata el plan que tenía diseñado ante la intransigencia de reconocerle lo que el consideraba era su victoria. Tenía programado llamar a una huelga general de contribuyentes a partir del primero de noviembre y durante los últimos cinco días de ese mes suspender todos los servicios de comunicaciones electrónicas y de transportes. Tras de narrar como operaría todo eso, de pronto menciona que el 16 de julio de 1940, les anunció a sus colaboradores que, al día siguiente, viajaría a Veracruz y de ahí a La Habana desde donde buscaría el apoyo externo para su movimiento. En el trayecto, cuenta Andreu Almazán, se entrevistó con el secretario de hacienda, Eduardo Suárez y no perdió tiempo para tratarle asuntos de negocios como lo era el pago a una empresa, “Augusto Flores A. y Cía.”, en la que tenía intereses el candidato derrotado, a la cual le debían pagos por trabajos realizados en el Ferrocarril del Sureste. Retornando al libro de Schuler, ahí se apunta que por esos días en la capital cubana se celebraba la Conferencia Panamericana, lo cual Andreu Almazán creyó le permitiría conferenciar con el secretario de estado Hull o algunos miembros de la delegación estadunidense quienes se negaron a tener acercamiento alguno con él, solamente cruzó palabras, de manera no oficial, con el agregado militar de los EUA en Cuba a quien le solicitó que ese país no interviniera en los asuntos mexicanos. En igual forma, se entrevistó con británicos prominentes, recibió comunicación del embajador de Gran Bretaña en los EUA, Lord Lothian, quien le prometía una posible ayuda militar. Andreu Almazán tomó la isla caribeña como su centro de operaciones y envió a su seguidores a las fronteras con los EUA y Guatemala. Aun cuando el insurrecto pretenso indica que después se fue a Panamá para que “los agentes del General Cárdenas y la prensa me perdieran de vista,” en realidad lo hizo a invitación de un reportero de la Associated Press, Edmund Chester, quien le prometió que allá se entrevistaría con el jefe de la seguridad estadounidense en el Canal de Panamá quien eras un amigo. Ya para entonces, el subsecretario de estado, Summer Wells había ordenado al personal del gobierno estadounidense que no tuviera el mínimo contacto oficial con el mexicano. Eso no impidió que, Andreu Almazán, se entrevistara con un funcionario menor de la embajada en ese país a quien le solicitó una visa confidencial para ingresar a los EUA, quería entrar de incógnito a dicho país. Finalmente le otorgaron el documento, pero a su nombre y el 26 de agosto arribó a Mobile, Alabama, en donde fue sujeto a una revisión exhaustiva por parte de los oficiales inmigración. Días antes, sus partidarios en los EUA y México habían realizado algunas acciones.

En los EUA, un asesor de Andreu Almazán, Víctor Velázquez, clamaba ante el departamento de estado que los trabajadores mexicanos estaban desertando de los sindicatos y alineándose con el almazanismo. Asimismo, conforme a la narrativa de Schuler, Creel y un ayudante del candidato derrotado, Manuel Reachi, buscaron el apoyo de la NBC, así como las revistas Life y Time. A la par, otros seguidores trataban de adquirir armas en los EUA para cuando llegara el momento de lanzarse a la rebelión. Mientras tanto, en México, el presidente del PRUN, el general Emilio Madero González, hermano del presidente Francisco Ygnacio, trataba de convencer de que la mayoría del pueblo apoyaba a su candidato.

Asimismo, en sus Memorias, Andreu Almazán indica que Eduardo Neri le comunicó, algo que el primero consideró una locura, que se había nombrado presidente de la república a otro guerrerense, el general Héctor F. López Mena quien estaba en el sur esperando el desafuero del presidente Cárdenas por el Congreso almazanista. Igualmente, Neri le demandó a Andreu Almazán que exigiera al gobierno de los EUA que el embajador Daniels no asistiera a la instalación del Congreso cardenista. El 15 de septiembre, el Congreso mexicano declara presidente electo a Manuel Ávila Camacho. Ante eso, a los seguidores del almazanismo no les queda otra opción sino tomar las armas para ello coquetearon en busca del apoyo alemán. Asimismo, el 26 de septiembre, se entrevistó con Elliot Roosevelt, el hijo del presidente, quien según Andreu Almazán lo felicitó por su victoria y le recomendó, dado que supuestamente contaba con el apoyo del ejército, que optara por un golpe de estado. Esto no lo aceptó Andreu Almazán. En igual forma, Roosevelt le dijo que su padre no lo apoyaba públicamente por encontrarse en la mitad de la campaña para su reelección. Sin embargo, en cuanto entraran a México los almazanistas, le seria otorgado el reconocimiento de los EUA. Conforme a la versión de Cronon, Elliot Roosevelt le prometió abrir las estaciones de radio que operaba en Texas para difundir apoyo a la revuelta en México. En la reseña de Schuler, dos días después de la entrevista, el departamento de estado reconoció como vocero del PRUN a Francisco A. Cárdenas. En ese momento, ya había dispersos prestigiados almazanistas por San Antonio, Texas, California, New York y Baltimore. Dado que ese reconocimiento se interpretó como un apoyo a los rebeldes, el presidente Roosevelt ordenó a Summer Wells actuar en contra de los almazanistas y lo primero fue revertir el reconocimiento mencionado.
Según Andreu Almazán, el 5 de octubre, el licenciado Velázquez le comunicó que Elliot Roosevelt afirmaba que su padre no daría ningún apoyo al presidente Cárdenas. Sin embargo, un mes mas tarde, tras de la reelección del presidente estadunidense, Andreu Almazán buscó al vástago para tratar de recordarle sus promesa y nunca lo encontró. Lo que no sabía era que desde el 10 de octubre uno de sus apoyadores, Creel, había sostenido una entrevista con el presidente y, a finales de ese mes, se trasladó a México junto con inversionistas estadounidense, quienes hablaron con Ávila Camacho acerca de las posibilidades para realizar negocios. De ahí, se deriva una carta de Creel al presidente Roosevelt indicándole que había oportunidades excelentes de inversión para ayudar a México. La promesas se desvanecían, existían otras que supuestamente le hicieron los petroleros quienes, a cambio de revertir la expropiación, le prometieron doscientos mil dólares. Días mas tarde, se anunciaba que el vicepresidente Henry Agard Wallace acudiría a la toma de posesión de Ávila Camacho. Aquello era el fin de la aventura.

El 26 de noviembre de 1940, Andreu Almazán regresa a México. Sus partidarios lo habían abandonado, nadie estaba dispuesto a embarcarse en una aventura rebelde, aun cuando después lo acusarían de haberlos traicionado y pactado la rendición. Sus apoyadores del ayer, Velázquez y Neri señalaban que Andreu Almazán recibió en La Habana doscientos mil dólares de parte del embajador mexicano, una cantidad similar de los petroleros estadounidenses, adicionalmente el 7 de noviembre le entregaron quinientos mil pesos y a finales de ese mes trescientos setenta mil pesos. Esto es negado por Andreu Almazán en una entrevista que le realizaron para la revista “El Hombre Libre.” De lo que no hay duda es que tras su retorno a México se reintegró a la actividad de los negocios y a salvar lo que se pudiera de su nombre. Aun cuando, se comenta, que “el gobierno de Manuel Ávila Camacho le confisca la maquinaria de sus empresas y sólo le permite conservar los negocios en Acapulco (el hotel El Papagayo) y en Cuernavaca (el Casino de la Selva).” Cualquiera que hayan sido los motivos por los cuales Andreu Almazán desistió de ir más allá al final todo se vuelve a resumir en un hecho muy simple, en México, a lo largo de la historia, desde la presidencia del Manuel del Refugio González Flores (1880-1884) hasta nuestros días, salvo los asesinatos de los presidentes de origen coahuilense, Francisco Ygnacio Madero González y Venustiano Carranza Garza, el poder presidencial nunca se ha transferido sin la bendición del que se va y en el caso de Juan Isidro Andreu Almazán eso nunca sucedió.

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Añadido (1) ¿Cuál sería el motivo de la visita que realizó el expresidente Luis Echeverria Álvarez al presidente Enrique Peña Nieto?
Añadido (2) Los senadores Madero Muñoz y Salgado Macedonio, así como la diputada Clouthier Carrillo no niegan que para sentirse en su ambiente nada como una pulcata. En una cantina se sentirían incomodos, el nivel resultaría muy alto para ellos. ¿Acaso no es lo que demuestra el lenguaje que utilizan en sus intercambios verbales y electrónicos?
Añadido (3) A lo largo de todos los años en que hemos llevado el auto a verificar, NUNCA nos ha solicitado cooperación alguna. Eso nos pasa por ser mortales simples y no caer en la categoría de próceres a la que pertenece la ciudadana Sheinbaum Pardo.

Añadido (4) No estamos de acuerdo con lo que dice el astrónomo Manuel Peimbert acerca de que el país “…será mejor cuando más mexicanos ingresen a la educación superior.” Esa es una premisa falsa, número no es sinónimo de calidad. Lo que se requiere es replantear el modelo educativo y, alejado de lo políticamente correcto, aceptar que no todos tienen la capacidad intelectual, ni las aptitudes requeridas para acceder a la educación superior. Por ello, en paralelo, debe de apoyarse, realmente, la preparación técnica acorde con las destrezas de cada uno.
13 Octubre 2018 04:00:00
Morelos argumentó, pero la inquisición lo condenó de antemano / y b
En la colaboración anterior, narramos las primeras dieciséis acusaciones que, en platillos diferentes, la ¿Santa? Inquisición le sirvió al generalísimo Morelos. En esta ocasión nos ocuparemos, recordando que lo tomamos del libro “Morelos y la Iglesia Católica” (1948), de las once imputaciones restantes, ofrecidas en lozas despostilladas y el desenlace que tuvo ese juicio amañado en donde todo estaba decidido con antelación. Vayamos al tema.

En el décimo séptimo, el promotor fiscal del ¿Santo? Oficio, doctor José María Tirado y Priego continuaba ofreciendo guisos cada vez menos apetecibles e indicaba “que constituido individuo de la Junta revolucionaria y hecho capitán general y vocal de ella, concurrió a la formación del decreto constitucional de 22 de octubre de 1814, lleno de errores…” Para que usted, lector amable, se percate y juzgue objetivamente dichas aberraciones, nos permitimos reproducir lo que se apuntaba en el artículo 1º del decreto aludido: “… La religión católica, apostólica, romana es la única que se debe profesar en el Estado…” Asimismo, en el artículo 17, se añadía “que todas las personas gozarían de seguridad… con tal de que reconozcan la soberanía e independencia de la nación y respeten la religión católica…” Ya para esos momentos, la tarde se había echado encima y las respuesta de Morelos no fue de lo más lucida. Indicó “que es cierto que concurrió a la Constitución, dando algunos números del Espectador Sevillano y de la Constitución española y también firmándola como vocal del Gobierno; pero no por eso la defiende.” Ahí, se suspendió la audiencia para reanudarla al día siguiente cuando Morelos declaró haber “…reflexionado que la opinión de despreciar las excomuniones la apoyaba también en que, estando José Bonaparte [mejor conocido como Pepe botella] en España y siendo tan malo, no había un papel en que se hubiere excomulgado, por lo que creyó el asunto de su independencia puramente político y no de religión”. Estas vacilaciones no convencieron al inquisidor quien arremetió con fuerza mayor.

En el décimo octavo, se apuntó “que siendo individuo del llamado Supremo Gobierno, y residiendo en este reo [Morelos] la usurpada autoridad de hacer ejecutar cuantas herejías y blasfemias contiene su abominable Código, no solo lo fiemo, afianzándose con este hecho en los errores que comprende, sino que lo mandó guardar y ejecutarlo, violentando a los pueblos, no solo con la fuerza corporal de las armas, sino con lo espiritual de los juramentos…” Lo que sigue es un ejemplo de cómo el fanatismo, citando a Héctor Aguilar Camín, un escritor que no es de nuestros favoritos, pero ni modo que vayamos a plagiarnos frases, “El poder ofusca a los inteligentes y a los pendejos los vuelve locos.” Y en esta circunstancia cayó, a principios del siglo XIX, el inquisidor Tirado cuando apuntó que Morelos era “…deudor de los delitos de todos sus secuaces y de las mas horrendas hereticales blasfemias cometidas contra Dios , como si a su Divina Majestad se le pudiera agradar con el pecado y fuese dar a Dios culto lo mismo que insultarle con el perjurio, befa y escarnio de su nombre sacrosanto, traído escandalosamente para autorizar los robos, adulterios, estupros, homicidios y demás escandalosas abominaciones de que abunda la rebelión y de que es autor y fautor este infame reo.” En la contestación de Morelos, se aprecia como la reclusión hacia mella. La respuesta indicaba que “es cierto que la juró [la Constitución] y mandó jurar, no reflexionando los daños que acarreaba, y, antes bien, creía que eran en orden al bien común, tomados sus capítulos de la Constitución española y de la Constitución de los Estados Unidos, como se lo aseguraron sus principales autores, que lo fueron el licenciado [José Manuel de] Herrera, presbítero, de quien ya se habló; el licenciado [Andrés] Quintana [Roo]; licenciado José Sotero [de] Castañeda y otros como [José Sixto] Verduzco y [Francisco] de Argandar; pero que ahora reconoce los errores que se le indican.” Ante la flaqueza, el acusador tomó vuelo.

En el décimo noveno, vertió “que siendo, para este reo, compatibles la observancia de la religión católica con las corrompidas máximas de la inicua rebelión, y habiendo exigido la obligación del juramento tan indiferentemente por ‘estas como aquellas, supone que, así la religión cristiana como las sectas y errores que la contradicen, son para este reo de igual aprecio, y que tanto pesa en el fondo de su corazón la autoridad de Jesucristo como la de Belial su enemigo [Dada nuestra ignorancia consultamos, y encontramos, que este vocablo significa inútil en hebreo. Posteriormente fue referido como la personificación del diablo. El Nuevo Testamento presenta a Satanás como el gobernante del mal, pero antes de eso, se decía que Belial era su predecesor. En demonología, es una de las fuentes de demonios más notables de Satanás. ¿Será Belial el que induce a los que se arriscan la sotana para cometer porquerías?]. Retornemos al texto acusatorio en donde Tirado decía que Morelos “lo mismo es sospechoso de tolerantismo y para él son indiferentes todas las sectas y la misma religión católica, apostólicas, romana, puesto que entiende y cree ser obligatorio y de tanta licitud el juramento que se hace por guardar la fe de Jesucristo, como hacerlo por los pecados e iniquidades que reprueba.” Morelos lucía derrotado y respondió “que como la Constitución se leyó en un día, precipitadamente, no tuvo tiempo para reflexionar en ella; pero confiesa que la juró y mandó jurar.” Con el acusado replegado, le arrojaron una vianda hedionda.

En el vigésimo, le servían un guiso amargo condimentado con sospechas de tolerantismo, ateísmo y materialismo “por estar imbuido en las máximas fundamentales del heretical pacto social de Rousseau y demás pestilencias doctrinales de Helvecio, Hobbes, Espinosa Voltaire y otros filósofos reprobados por anticatólicos. [No satisfecho con eso,] este desgraciado hombre no se contentó con tener el arrojo de leer semejantes libros prohibidos y anatematizados por la Iglesia, sino que también trascribió, copió, suscribió sus delirios, firmándolos en la Constitución americana; tales son decir que la ley es la expresión de la voluntad, que la sociedad de los hombres es de mera voluntad y no de necesidad; y de aquí provine el considerar al hombre independiente de Dios, de su eterna justicia, igualmente que de la naturaleza, de la razón y de la honestidad…” Como respuesta ante esto, reiteró lo anterior, mientras afirmaba “que siempre le pareció mal, por impracticable y no por otra cosa, pero que ahora conoce y confiesa los errores que contiene.” Con el rival al borde del ‘knockout,’ había que tirarle una cazuela con todo tipo de desperdicios.

En el vigésimo primero, lo acusaron de solamente enseñar a robar, y de convertir en virtudes los crímenes más atroces, además de haberse “abismado …en el profundo de los males y en el ultimo extremo de las herejías…” Acabara por establecer “…por principios de moralidad el deleite sensible de los epicúreos o el dolor pugnante, que añadió Helvecio; y si no incurrirá en este extremo, caerá , sin duda, en la herejía de los maniqueos, suscitada novísimamente por [el filósofo francés y calvinista protestante Pierre] Bayle, que reduce lo bueno y lo malo a dos principios infinitos, opuestos entre si infinitamente.” La réplica reflejaba la derrota de Morelos quien dijo que era verdad lo que de él se dice, “…y creía que era licito, porque veía que sus contrarios hacían lo mismo y no se juzgaban ni él no sus cómplices de menos condición.” Con las manos bajas, era fácil botarle cualquier pedazo de carne pestilente.

En el vigésimo segundo, le vertieron un batidillo de todo lo que se les ocurrió al tiempo que lo acusaban de desconocer a la iglesia, pero “…adornarse con su autoridad respetable para ser obedecido por los pueblos, reducirlos y engañarlos a fuer de ministro del Altísimo, ha destruido enteramente la jerarquía católica establecida [sic] por institución divina [recontra sic], quitando y poniendo curas y ministros eclesiásticos a su antojo y capricho…” Asimismo, le achacaban ser “profanador de los sacramentos y causa de concubinatos, que son ciertamente todos los matrimonios que han celebrado y celebran sin la autoridad y presencia del propio párroco…” A ello, Morelos contestó “que al principio de la insurrección solo fue su intento poner un eclesiástico que se entendiera con los eclesiásticos, como su superior para que los corrigiera, con el fin que no se careciera de pasto espiritual, y a este se le dio el titulo de vicario general castrense, para cuyo empleo solicitó, por medio de carta, al padre Espíndola, que no contestó, después de haberlo sido el licenciado Herrera, doctor Velasco y el doctor San Martín; que esto fue en el rumbo del Sur, porque en el Norte nombró aquel comandante, que lo fueron Cos y Argandar; que estos tenían facultad de poner ministros que administraran los sacramentos , aun el de matrimonio, en cuya validación no tuvo duda, por haberlo dicho el padre Pons, provincial de Santo Domingo de Puebla,…que en Polonia se levantó una provincia, y habiendo los sacerdotes religiosos que había entre ellos administrado sacramentos y celebrado matrimonios, el Papa no solo lo aprobó, sino que alabó su celo, lo que creyó el confesante y más habiendo leído en Benjumea, Tratado de Matrimonio, que en casos extraordinarios como este podía asistir a los matrimonios valida y lícitamente la persona de mas excepción que se hallase presente, aunque no fuera sacerdote ni eclesiástico…” De nada le valió, a continuación, le tiraron porquerías incomibles.

En el vigésimo tercero, le espetaban que “…a imitación de asquerosos animales que se alimentan de inmundicias propias de su lujuria, ambición y dominante soberbia, también ah comido y bebido en las cenagosas fuentes de Lutero y otros herejes sacramentarios, para destruir la autoridad legislativa de la Iglesia…” Asimismo, le restregaban que “…sancionó en su maligna Constitución ser licito el levantamiento contra el legitimo príncipe, declarando la guerra a …Fernando VII, bajo el pretexto de tiranía y despotismo…” A esto, Morelos argumentó “que entró en la insurrección no haciendo reflexión en lo que contiene el cargo y llevado de la opinión de su maestro Hidalgo, pareciéndole se hallaban los americanos, respecto de España, en el caso que los españoles que no querían admitir el Gobierno de Francia; y mas cuando oía decir a los abogados que había una ley en cuya virtud, faltando el rey de España, debía volver este reino a los naturales, cuyo caso creyeron verificado…” De aquí tomaban para elaborar el siguiente plato.

En el vigésimo cuarto, le acusaban de “…haber intentado manchar las virtudes de nuestro amado monarca, [y]… denigrando la conducta y fidelidad de sus buenos vasallos, americanos y españoles, propagando contra ellos proclamas sediciosas, falsas temerarias… firmándolas de su puño y autorizándolas con el poder de las armas… [para incitar a desobedecer al rey] y a la obediencia de este monstruo, que quiso erigirse arbitro y señor de la América, en contradicción de Dios y de los hombres, de la iglesia, del rey y de la patria.” El otrora cura de Carácuaro respondió haber firmado algunas proclamas elaboradas por Cos y por ser vocal de la Junta de Gobierno “…pero no ha aspirado a erigirse arbitro de la América, ni quería admitir el tratamiento de alteza serenísima que le daban, suplicando mas bien que le dijeran siervo de la nación.” Lo que le presentarían a continuación era una secreción biliar.

En el vigésimo quinto, le echarían en cara ser de baja extracción, “… pues ni dice quienes eran Manuel Morelos y Juana Pavón…ni acierta a dar el nombre de su abuela paterna, ni [el de] su abuela materna y sus costumbres se indican bien en su ingenua confesión de que tiene dos hijos, uno de trece años y otro de uno...” Vaya pecados, no saberse el árbol genealógico y haberse comportado como un ser humano normal y no como uno de esos aberrantes que esconden paternidades o las bestias que realizan otro tipo de bazofias al amparo de la sotana. Sobre su ascendencia, mencionó que “…sabe lo que ha dicho, y que su padre era un hombre honrado, menestral [artesano] en el oficio de carpintero, y el padre de su madre tenía escuela en Valladolid, y que sus costumbres no han sido edificantes, pero tampoco escandalosas.” A estas alturas, se les terminaron los ingredientes para seguir dándole más desperdicios.

En el vigésimo sexto, le servían la acusación de no haber confesado todos sus pecados, los cuales irremisiblemente, aun cuando los ocultase a los ojos de los hombres habría de presentarse al Tribunal de Dios para dar cuenta de ellos. La respuesta fue la más lacónica de todas “…no ha sido su intención ocultar la verdad.” Ante la escasez fueron, por lo que sobró en cada uno de los veintiséis platillos previos y los mezclaron para integrar el último.

En el vigésimo séptimo, fue integrado por acusaciones de haber ocultado otros crímenes ocultados por “su refinada hipocresía…” y le repitieron la retahíla de todo cuanto ya lo habían acusado, demandando su excomunión, la confiscación de sus bienes y se le impusiera “…castigo, satisfacción y desagravio de la justicia divina y humana y de la vindicta publica, ejemplo y escarmiento de otros…” Lo ultimo que respondió Morelos fue que “no ha negado la verdad…y únicamente le queda el escrúpulo de decir que solo ha declarado dos hijos, teniendo tres, pues tiene una niña de edad de seis años que se halla en Querétaro…” Todo quedaba listo para el veredicto.

El 26 de noviembre de 1815, Morelos aparecía ante sus acusadores y fue “sentado en un banquillo sin respaldo, [desde donde] escuchó frente a los dos inquisidores, el fiscal, los ministros subalternos, los dos consultores togados, el provisor del arzobispado y el numeroso publico el siguiente fallo: El presbítero D. José María Morelos es hereje formal, fautor de herejes, perseguidor y perturbador de la jerarquía eclesiástica, profanador de los santos sacramentos, cismático, lascivo, hipócrita, enemigo irreconciliable del cristianismo, traidor a Dios, al Rey, al Papa.” Asimismo, “se le condenó a que asistiese a su auto en traje de penitente, con sotanilla, sin cuello y vela verde; a que hiciera confesión general y tomara ejercicios, y para el caso remotísimo de que se le perdonar ala vida, a que pasara el resto de ella en África, rezando todos los viernes los salmos penitenciales y el rosario.” Y con la piedad característica de la inquisición, “se azotó después a Morelos durante el rezo del salmo Miserere y en seguida vino la misa rezada.” Esto, nuevamente, era simplemente el entremés, faltaba el plato fuerte. La narración sobre esta monstruosidad la dejamos en el patriarca de la derecha mexicana, Lucas Alamán y Escalada.

El 27 de noviembre [en el edificio ubicado al este de la Plaza de Santo Domingo, en donde después se ubicaría la Escuela de Medicina], Alamán narra, “sé siguió la ceremonia de la degradación… Morelos tuvo que atravesar toda la sala del tribunal, de uno a otro extremo, con el vestido ridículo que le habían puesto [una sotana amarilla] y con una vela verde en la mano… Morelos, con los ojos bajos, aspecto decoroso y paso mesurado, se dirigió al altar: allí…se le revistió con los ornamentos sacerdotales y puesto de rodillas delante [del Inquisidor General del Virreinato, el obispo de Oaxaca, Antonio Bergoza y Jordán,] ejecutó la degradación por todos los órdenes, según el ceremonial de la Iglesia”. [En latín le dijo: “Apartamos de ti la facultad de ofrecer el sacrificio a Dios, y de celebrar la misa. Con esta raspadura, te quitamos la potestad, que habías recibido en la unción de las manos. Te despojamos con razón del vestido sacerdotal. Te privamos del orden levítico, porque no cumpliste tu ministerio dentro de él. Como a hijo ingrato, te echamos de la herencia del señor”.]

De acuerdo con Alamán, “todos estaban conmovidos… el obispo se deshacía en llanto; solo Morelos con una fortaleza tan fuera del orden común, se mantuvo sereno, su semblante no se inmutó, únicamente en el acto de la degradación se le vio dejar caer alguna lagrima (ese momento fue cuando el verdugo se acercó a raerle las manos). Veinticinco días mas tarde, el 22 de diciembre de 1815, por orden del virrey Félix María Calleja del Rey, con el beneplácito de las siempre pías autoridades eclesiásticas, las que hipócritamente habían pedido se le perdonara, fue fusilado José María Teclo Morelos y Pérez de Pavón, a quien nunca pudieron probarle las herejías que decían había cometido y quien jamás negó sus creencias religiosas, pero estaba ablandado. Eso, ni la carta que escribió el 12 de diciembre de 1815, de nada le valió, de antemano la alta curia lo había condenado. No quería un Siervo de la Nación, sino alguien que los ayudara a acumular sirvientes obedientes para continuar con su labor de fomentar la ignorancia, la superchería y la miseria. Para tener siempre presentes estas lecciones de la historia.

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Añadido (1) Cuando el CEO de una corporación culpa a elementos etéreos para justificar los problemas que no puede resolver, es tiempo de que el consejo de administración cite a una reunión con carácter de urgente para evaluar el asunto y tomar las medidas conducentes, a menos que no les importe la preservación de la empresa que cada día luce más deteriorada.

Añadido (2) De pronto, al ver al supuesto funcionario del futuro portando aquel sombrero creímos que nos habíamos metido a una pagina del ayer. Estábamos equivocados, era un muestra de que el cambio generacional ya llegó…en reversa y nos brincó con todo y lo atrabiliario del chicharronerismo.
06 Octubre 2018 04:00:00
Las respuestas de Morelos a las imputaciones de la inquisición / a
Tres semanas atrás nos ocupamos en este espacio de cómo, mediante su brazo ejecutor el Tribunal del Santo Oficio, la Iglesia católica acusaba y condenaba al iniciador del movimiento independentista, Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte Villaseñor. En esta ocasión, recurriendo al contenido del libro “Morelos y la Iglesia Católica” (1948), mostraremos otro ejemplo de la “piadosa” obra de la empresa trasnacional más antigua, al abordar las veintisiete acusaciones que los representantes de dicha firma mercantil hicieron a José María Teclo Morelos y Pérez de Pavón, discípulo y fiel interprete de las directrices libertarias del primero, así como las respuestas que el vallisoletano dio a cada una de ellas. En esta colaboración nos ocuparemos de las primeras dieciséis de ellas, dejando las once restantes para la colaboración siguiente.

Morelos fue tomado prisionero el 5 de noviembre de 1815 y, alrededor de dos semanas más tarde, el día 24, ya lo tenían sentado en el banquillo de los acusados ante la Inquisición. Con ferocidad singular, el doctor José María Tirado y Priego, promotor fiscal del Santo Oficio querelló y acusó a Morelos de criminalidad, al tiempo que le echaba en cara haber abandonado todas las bondades aprendidas y recibidas al ser cristianizado para pasarse “…de su purísimo y santo gremio al feo, impuro y abominable de los herejes Hobbes, Helvecio, Voltaire, Lutero y otros autores pestilenciales, deístas, materialistas y ateístas, que seguramente ha leído…” Tras de emitir esta sarta de sandeces, Tirado procedió a calificarlo de “…hereje formal, apostata de nuestra religión católica, ateísta, materialista, deísta, libertino sedicioso, reo de lesa majestad, divina y humana, enemigo implacable del cristianismo y del Estado, seductor protervo, hipócrita, astuto, traidor al rey y a la patria, lascivo, pertinaz, contumaz y rebelde al Santo oficio, de que en general le acuso…” Eso era simplemente el entremés, faltaba el resto que venía servido en veintisiete platillos diferentes sobre los cuales Morelos daría la opinión respectiva. He aquí los primeros dieciséis de ellos.

En el primero, le restregaban haber abandonado todas las bondades de haber nacido en el seno del cristianismo, de no estar agradecido por ordenarse sacerdote a los veinticinco años y haber ejercido la profesión. Por todo ello, “…debió ser fiel y reconocido a tantos beneficios de Dios; pero, lejos de eso, abusó de todos, separándose del santo ejercicio de pastor de almas para convertirse en lobo carnicero.” A esto, Morelos contestó “que se creyó mas obligado a seguir el partido de la independencia que seguir en el curato, porque el cura Hidalgo, que fue su rector, le dijo que la causa era justa, y que, habiendo ocurrido al gobernador de la mitra, Escandón, a pedirle licencia de altar portátil, le comunicó su resolución y los le dijo que procurara evitar la efusión de sangre en cuanto fuese posible.” Esto apenas iniciaba.

En el segundo, le endilgaron la retahíla desde que dejó el curato el 25 de octubre de 1810 para adherirse al movimiento independentista y le recordaron que desde el 13 de octubre de ese mismo año, el Santo Oficio “declara autores de herejía y sujetos a las penas de ellas a todas las personas que aprueben la sedición de Hidalgo, reciban sus proclamas, mantengan su trato y correspondencia epistolar, le presten cualquier genero de ayuda, favorezcan sus ideas revolucionarias…” dadas las fechas mencionadas y “no pudiendo negar que llegaron a sus noticias esos edictos y confesando fue comisionado por aquel Hidalgo…es un verdadero secuaz suyo, incurso de las penas de fautoría, o, al menos sospechoso de herejía.” La respuesta fue directa: “…aunque supo de los edictos, no se tuvo por excomulgado ni incurso en sus penas, porque se dijo que eran puestos porque el Santo oficio y los obispos estaban oprimidos por el Gobierno, y este dirigido por Napoleón.” No era todo en materia de excomuniones,
En el tercero, le endilgaban “que entre todas las excomuniones y censuras que despreció, la mas notable es la fulminada por el ilustrísimo señor obispo de Valladolid [Manuel Abad y Queipo], en 22 de junio de 1814, en que nominatim, es decir con su nombre, sobrenombre y apellido, lo declara hereje y público excomulgado vitando. Desde entonces se hicieron mas execrables en él los delitos de comunicar con los fieles, principalmente in divinis, y mantenerse sordo en tan lamentable estado…” Morelos respondió no tener “…presente haber llegado a su noticia dicho edicto, a lo menos la cláusula de que se habla en este capítulo…” Ahí no concluía eso de si sabía o no acerca de la excomunión.

En el cuarto, le repetían los ingredientes para decirle que “ha confesado ya que en la casa del comandante de Teipán, D. N. Fuentes, encontró, en principios de noviembre de 1810, un paquete de ejemplares del citado edicto del tribunal, de 13 de octubre del mismo año, de manera que desde entonces supo la excomunión fulminada y desde entonces es fautor de herejía, o, al menos, muy sospechoso de ella”. La contestación simplemente indicó “que se remite a lo que tiene dicho sobre considerar oprimido al tribunal por el Superior Gobierno”. Y se continuaba machacando sobre el mismo tenor.

En el quinto, venia el mismo revoltijo mencionado que al decir que no creía justas las penas y excomuniones “…cayó en la temeraria opinión de no ser validas dichas excomuniones, error que no pudiendo atribuirse a ignorancia en una persona que había estudiado la ciencia moral, bastante para recibir ordenes y obtener curato en oposición, es preciso concluir que es hijo de una extraviada creencia acerca del legitimo poder de las llaves de la iglesia”. La réplica volvió a argumentar que “…no estaba obligado a tener ni respetar las citadas censuras, por considerar oprimido al tribunal que las imponía”. Lo sucesivo empezaban a entintarlo.

En el sexto, con ribetes rojos, aparecía la acusación de que “…ocultando misteriosamente haber celebrado no una, sino muchas veces, el tremendo sacrificio [decir misa] en el tiempo mismo en que estaba de corifeo en la insurrección y con las manos manchadas de sangre derramada por él y su orden, es publico y notorio haberlo hecho así, sin temor de la irregularidad y demás penas canónicas a que estaba sujeto, con desprecio de ellas, bastante para constituirlo, no solo sospechoso de hereje, sino verdadero hereje”. Morelos no negó haber celebrado misa, lo cual hizo hasta enero de 1811 cuando “…se conoció irregular...” y después había celebrado otro par, pero “no ha dicho otra, porque ya hubo capellanes puestos por el declarante”. A continuación, remachaban sobre el mismo tópico.

En el séptimo, se mostraba la ausencia de variedad, acusándolo de homicida voluntario y hereje que “Él, obstinado y endurecido y tranquilo en el abismo de sus iniquidades, confesaba, comulgaba y cumplía con los preceptos anuales. Según lo ha dicho en su audiencia; de manera que, o hacia continuos sacrilegios con conciencia cierta de lo que eran, y aquí se prueba el grado de insolvencia a que llegó, o levantó esta nueva secta heretical que autoriza los crímenes y abre camino para alternarlos lícitamente con los sacramentos.” La respuesta fue cruda, dijo que “tenía los homicidios por justos, y lo mismo la guerra, por lo que no tenia embarazo en confesar y excomulgar y aun oír misa, porque no se reputaba excomulgado, lo mismo que hacen las tropas del Gobierno”. Pasemos a la acusación siguiente.

En el octavo, era mostrado “…su desprecio en esta línea el no rezar, como no reza, el oficio divino,…y aunque podrá ocurrir a la disculpa de cortedad de vista, a mas de que esta no le impide muchas otras funciones, lo cierto es que ha pedido breviario después que se le comenzaron a dar audiencias, sin embargo que antes no lo había querido, aun ofreciéndoselo, con el dicho pretexto de su corta vista, lo que le convence de hipócrita, astuto, y que el fin de pedir breviario no es para rezar, sino para alucinar a V.S.I.” Morelos no negó la carencia de rezo desde que se metió a la lucha dado que no tenia tiempo y “aunque hoy le han dado breviario, no ha rezado porque la luz no le alcanza”.

En el noveno, aparecía “que tampoco tiene bula de la Santa Cruzada…y aunque en cualquier persona probaría esto descuido…en este reo, como en todos sus secuaces, prueba desprecio de las abundantes gracias hechas a España por la Silla Apostólica.” Morelos indicó que no la poseía desde que se incorporó al movimiento, primero porque no había en donde adquirirla y después “porque se dio entre ellos la bula por no valida y solo dirigida a sacar dinero para hacerles la guerra”.

En el décimo, se le acusaba de aprovecharse del pueblo creyente al venderles que “era la causa de la religión la que se sostenía…” Morelos no negó “que contó en muchas partes con su sacerdocio, con la adhesión del pueblo a los sacerdotes, persuadiéndolos de que la guerra tocaba algo de religión…”

En el undécimo, aquello era un platillo en donde nadaban acusaciones de calumniar a los miembros de la Iglesia, el rey y los europeos en general. Además de invocar que se utilizaban las enseñanzas religiosas de manera falsa. Morelos no negó criticas al rey el gobierno por obedecer a Napoleón. En el caso de los europeos, solamente de aquellos que han obrado mal. Respecto a los obispos, al de Valladolid no se le ha reconocido como tal y respecto al resto de la acusación “…no es responsable porque no la ha dicho”.

En el duodécimo, aquello aparecía luciendo un rojo incandescente, acusando a Morelos de cruel y sanguinario no solamente con los europeos, sino también con los americanos que se oponían a sus ideas, lo acusaban de que “…en el atrio de la iglesia de Acapulco degolló a más de cien personas…” No negó algunos hechos. Cuando el gobierno no aceptó el canje de doscientos europeos por la vida de Mariano Matamoros, se dispuso a pasarlos por las armas, lo cual no se efectuó en el atrio, sino en la Quebrada, eso sí, “…a ninguno se le quito la vida sin sacramentos.”

En el décimo tercero, le servían lo dicho en una carta, del 24 de noviembre de 1811, al obispo de Puebla en donde le decía “…Por lo que, a mi toca, me será más fácil ocurrir por dispensa después de la guerra, que sobrevivir a la guillotina…” Esto acorde al inquisidor era que “…quiere vivir en estado de irregular excomulgado y miembro podrido de la iglesia, con la esperanza remota de una dispensa que no pensaba pedir hasta después de la guerra.” Morelos aclaró “que quería más bien sacar dispensa después de la guerra que morir sin sacramentos en la guillotina”.

En el decimocuarto, lucía una secuencia de papeles en los cuales se escribieron los edictos que Morelos “…incluyó entre los papeles inútiles , para cartuchos…” además de otros que había ordenado a “…los párrocos y prelados de los conventos los quitaran de las puertas de las iglesias…” con lo cual se mostraba como “…el despreciador de la siempre autoridad de este Santo Oficio…” por lo cual incurrió en la excomunión que en el mismo edicto debió ver fulminada contra los que les quiten y que es sospechoso de herejía…” Con la mayor naturalidad, Morelos simplemente apuntó: “Que le pareció que en casos extraordinarios no regían esas leyes”.

En el decimoquinto, era un revoltijo indicando “que no le sufragan, ni le debió de quitar el escrúpulo que le quedó, las razones que leyó en su Editor, que le componían el doctor [José María] Cos, el licenciado [Ignacio López] Rayón, licenciado [Andrés] Quintana Roo y licenciado Velasco, pues nadie como él debió conocer la ninguna autoridad de estos fanáticos, especialmente del doctor Cos y con mas especialidad del canónigo Velasco, señalados aun por los mismos rebeldes , por sus herejías; siendo esto cierto que ninguna autoridad puede bastarle para despreciar un tribunal constituido por la Silla Apostólica, es claro que mucho menos le disculpa la de estos libertinos, de cuyos errores se confiesa secuaz; debiendo ser preguntado si tiene noticia de los hechos y dichos heréticos de los citados cuatro o de alguno de ellos.” Al respecto, el acusado respondió no saber entonces del libertinaje de Velasco “y se aquieto con las opiniones de los otros, como un discípulo se aquieta con las de su maestro”.

En el décimo sexto, venia un ingrediente adicional. Decía “que aunque por si mismo no es sospechoso, lo es mucho en este reo el hecho de haber enviado en junio de este año, a su hijo [Juan Nepomuceno Almonte] de trece años a estudiar a los Estados Unidos; porque siendo cierto que en estos países reina la tolerancia de religión, se deja inferir de los sentimientos de este reo que su animo ha sido que su pobre hijo estudie los libros corrompidos que con tanta libertad corren en dichos Estados y se forme un libertino hereje, capaz de llevar un día adelante las máximas de su sacrílego padre”. Muy satisfecho habría estado el inquisidor Tirado, si la vida le hubiera alcanzado, de ver como el comportamiento en la adultez de ese sujeto en nada se pareció al de su padre.

Pero en 1815, Morelos reconocía lo que había engendrado y preocupado por su educación dijo “que, por no haber colegios entre ellos, envió a su hijo con el licenciado Herrera y el licenciado Zárate, que fueron enviados por la Junta a buscar auxilios; pero encargándoles mucho que no lo dejaran extraviar”.
Como es factible observar en esta primeras dieciséis acusaciones prevalece la subjetividad, sin mostrar pruebas palpables de que Morelos hubiera abjurado a sus creencias religiosas. Sus respuestas son las de quien esta convencido de haber obrado en el sentido correcto y que la interpretación de la fe que cada uno tenga, desde su muy personal y respetable perspectiva, en nada impiden buscar la libertad de los pueblos bajo la norma de que los asuntos teológicos y los de gobierno deben mantenerse en esferas de acción separadas. Como observaremos en la colaboración siguiente, Morelos nunca renegó de la doctrina, ni siquiera en la hora del cadalso. Sin embargo, ya sabemos que eso nada vale para los fanáticos del todo o nada, algo que fácilmente olvidan los cegados por la incandescencia del verbo.

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Añadido (1) Ayer, habrías festejado 95 años. Te extrañamos un día sí y otro también…

Añadido (2) Hace unos días, inmersos en la pereza intelectual, veíamos una película dirigida y escrita por Alberto Bojórquez, “Lo Mejor de Teresa” (1976), cuyos intérpretes principales son Tina Romero, Jorge Martínez de Hoyos, Alma Muriel, María Rojo y Stella Inda. Un filme nada del otro mundo, salvo cuando uno de los actores secundarios, Justo Martínez, interpretando el papel de un personaje llamado Ricardo quien era un burócrata de medio pelo, se suelta alabando, con voz de orador de los 1960s, las grandezas económicas de su natal Tabasco, y, tras de invocar la poesía de Carlos Pellicer, indica: “… recuerden ustedes, un día de estos el presidente de la república puede ser tabasqueño…”
Añadido (3) Para quienes aún no le entendían a eso de la austeridad. Langosta y champagne para ellos. Frijoles con gorgojos, por aquello de la proteína, y agua de borrajas para el resto. Si aún quedan dudas, favor de consultar el Hola más reciente.

Añadido (4) ¿Acaso también van a quitar de la historia que en esos seis años el país creció a una tasa promedio de 6.23 por ciento anual; que la inflación promedio anual fue de 2.9 por ciento; que la deuda pública bruta con respecto al PIB fue del 12 por ciento en promedio; y que un peso valía un peso? O ¿Van a cancelar la operación de la Línea 1 del Metro y convertirán los túneles en un sitio en dónde callejonear para sentirse en su ambiente? O ¿Dirán que la obra pública realizada entonces, y que cada día tenemos presente, no se construyó en aquellos años? El presidente Gustavo Díaz Ordaz Bolaños Cacho podrá no ser de nuestros favoritos y tener todos los defectos que se le quieran achacar, pero ni modo que vayamos a negar las acciones positivas que se desarrollaron durante su gobierno como hoy pretenden hacerlo, ordenando el retiro de placas, los políticamente correctos convertidos en adalides de la estulticia.

Añadido (5) Por favor, que alguien le informe a la docta. Los presupuestos en el gobierno federal no se asignan simplemente por decir quiero tantos más cuantos millones, hay que justificarlos con programas específicos a los cuales habrán de destinarse y eso se realiza con la antelación debida y el rigor profesional presente.
29 Septiembre 2018 04:00:00
Una reflexión educativa del antier con actualidad plena
Al observar en estos días la muestra de ignorancia amplia que nos exhiben algunos de nuestros legisladores y la invocación constante que, por otro lado, se hace respecto a la excelencia en el tema educativo, decidimos ir a buscar las publicaciones que realizara el padre del Liberalismo mexicano y quien colocó los cimientos de la educación laica, el doctor José María Luis Mora Lamadrid. En un libro pequeño, publicado originalmente por la UNAM en 1941, titulado “Ensayos, ideas y retratos,” encontramos un apartado denominado “Pensamientos sueltos sobre la Educación Pública.” Bajo la premisa que lo hacemos para facilitar la lectura, y no para, indebidamente, tratar de hacer pasar como propios y presumir sapiencia de la que carecemos, los textos del doctor Mora no aparecerán entrecomillados. Eso sí, cuando realicemos un comentario lo precisaremos. Vayamos a lo que el historiador, sacerdote y político guanajuatense escribió en los 1830s, un texto cuya validez prevalece.

El doctor Mora iniciaba apuntando que uno de los grandes bienes de los gobiernos libres es la libertad que tiene todo ciudadano para cultivar su entendimiento. El mas firme apoyo de las leyes es aquel convencimiento intimo que tiene todo hombre de los derechos que le son debidos y de aquel conocimiento claro de sus deberes y obligaciones hacia sus conciudadanos y hacia la patria. En el sistema republicano más que en los otros, es necesidad absoluta proteger y fomentar la educación; este requiere para subsistir mejores y mas puras costumbres, y es mas perfecto cuando los ciudadanos poseen en alto grado todas las virtudes morales; así el interés general exige que leyes sabias remuevan los obstáculos que impiden la circulación de las luces. Al respecto, decimos, que aun cuando hoy todavía existen quienes buscan vendernos “la obra bienhechora educativa” de los días de la colonia, lo único que ésta fomentó fueron rezos y cánticos religiosos que llevaron al fanatismo y la ignorancia.

Respecto a lo anterior, el historiador nativo de Chamacuero, hoy Comonfort, indicaba que bajo la dominación de un gobierno [el que representaba a la corona española] que contemplaba en sus intereses el mantener a sus vasallos en la más profunda ignorancia de sus derechos, se ponían obstáculos al cultivo de las ciencias sociales. Aquí, señalamos que en nuestros días una tendencia similar prevalece arguyendo que lo único importante son las áreas que tienen que ver con asuntos técnicos, mientras desdeñan lo que tiene que ver con las humanidades a las que tratan de presentar como materia añeja e inútil. Pero retornemos al texto generado en el antepretérito, en donde se indicaba que el temor de perder la posesión de un país rico [el nuestro], ofuscó a España hasta el grado de desconocer su propia utilidad; creyó que la ignorancia era el medio mas seguro de impedirle la emancipación de la América, y para oprimir sin dejar arbitrio a reclamos, debía poner trabas a la cultura de las facultades mentales, y acostumbrar a los americanos a obedecer ciegamente las ordenes de una autoridad lejana, presentándolas como emanación de una divinidad. El único periodo en tres siglos en que se comenzó a vislumbrar en América un rayo de razón duró poco, y la Constitución de Cádiz [de 1812] nos llegó cuando ya habíamos levantado el estandarte de la Independencia. Los pocos conocimientos que entonces teníamos sobre materias políticas, las preocupaciones en que yacía sumergida la mayoría de la nación, y la falta de un plan combinado para llevar adelante la gloriosa empresa de nuestra Independencia, nos impidieron lograr no solo la separación de la metrópoli, sino aprovechar la pequeña libertad que deberíamos haber gozado. En aquellas circunstancias solo sirvió la Constitución para inferirnos el agravio de no verla planteada en nuestro país, y bajo el pretexto de que de hacerlo se daba margen a que sacudiésemos el yugo que nos agobiaba. Esto, recordémoslo, aun tardaría tiempo y pasaría por la restauración del viejo sistema que realizó, en 1814, Fernando VII y sería hasta 1821 cuando lográsemos la independencia. Pero retornemos al doctor Mora.

El Liberal alababa a los diputados que la opinión pública sentó en el congreso que era un foco de civilización. Eso era en tiempos idos, en el de ahora hay quienes presumen incivilidad e ignorancia. Los de entonces, retomando a Mora, se hallaron en posición muy crítica para dar el impulso que merecía la educación pública. Apenas tuvieron tiempo para salvar a la patria de la ruina en que se intentaba sepultarla; de aquella augusta reunión quedaron leyes que harán honor eterno a sus autores, y la posteridad sabrá colocarlos con justicia en la memoria de las generaciones futuras; sensible nos es que no hubieran tenido tiempo para dictar las que imperiosamente reclama una nueva República para el arreglo de la instrucción pública. De ahí que como antes de la independencia no la había cual debía ser, ni después de proclamada ésta se ha dado un paso adelante en la materia, y si muchos retrógrados en nuestro concepto, en el día podemos decir, que la educación está reducida a cero.

Para entender la Constitución y las leyes es indispensable saber leer; para pesar las razones alegadas en la tribuna nacional, sea para la formación o reforma de la una y las otras, se requiere tener algunos conocimientos generales, a lo menos haber adquirido algunas reglas en el arte de pensar, para sujetar el juicio; de lo contrario, no es posible que las reglas morales que deben servir de guía al hombre social, tengan todo el buen resultado que desean los filósofos y los legisladores. ¿Cómo puede aguardarse la religiosa aplicación de ellas no entendiéndolas? Un individuo dotado de un regular talento será siempre un déspota, que gobernará a su salvo a un puñado de hombres que no tienen voluntad propia, ni son capaces de juzgar de las cosas por sí mismos. Esto era en los comienzos del siglo XIX, en los del ahora, encontramos que aun cuando muchos involucrados en la vida política ostenten grados académicos universitarios, ello no les asegura capacidad de análisis y comprensión.

Desde la perspectiva del sacerdote, lo cual no le impedía ser un Liberal, los hombres grandes se conocen por sus escritos o por sus acciones, la imprenta es el canal por donde se trasmiten sus nombres; siendo entre nosotros tan corto el número de los que saben leer y escribir, ¿Será posible que la mayoría de la nación elija para sus representantes a los que por su saber y virtudes debían ocupar las sillas de legisladores? los pueblos no sufragarán siempre movidos por un intrigante, y no se correrá el riesgo de que depositen sus más preciosos intereses entre las manos de un hombre que solo aspira a hacer su fortuna. ¿No es tanto más temible este peligro cuanto el ciudadano honrado y virtuoso por lo regular no se mezcla en ambicionar ni pretender empleos? El riesgo es de mayor trascendencia si consideramos que un cuerpo legislativo puede estar formado de miembros inmorales, sin conocimientos, sin virtudes cívicas y que únicamente buscan ocasión en que hacer un tráfico de sufragios. Esto no fue escrito ayer por la tarde, pero continuemos con la perspectiva de los 1830s.

El poder ejecutivo a cambio de un empleo logrará de ellos leyes que le convengan a sus fines particulares; ¿y podrá decirse que las ha dictado la sana razón y el bien de los pueblos? Los infelices que sencillamente dieron su voto serán las primeras víctimas; sobre ellos gravitará el peso de la opresión; sobre ellos caerá el torrente de todos los males. No es preciso agotar las razones, tenemos en apoyo de nuestra opinión a la experiencia; no necesitamos ocurrir a lo que ha sucedido en otros tiempos y en otros países, basta tener la vista fija en lo que pasa en el continente americano: los sujetos que reúnen la opinión de los hombres de bien, los sujetos que por su literatura y virtudes debían ser la columna de la República, se han retirado de los negocios públicos, cansados de sufrir groseras injusticias y desmerecidos insultos. No es cosa difícil extraviar a un pueblo que en lo general carece de ilustración y de experiencia; en los momentos en que arde en los pechos el amor sagrado de la patria y de la libertad, es cuando puede conocerse la opinión pública. Si esto lo hubiese escrito el doctor Mora hubiese en estos días ya le hubieran caído encima las “benditas redes sociales.”

El también político, aseguraba que para sacudir un yugo no se requiere más que sentir; una carga pesada agobia; pero para establecer el sistema que reemplace al duro despotismo, es indispensable tener conocimiento de la ciencia social; para llevar a cabo la obra de la regeneración es preciso formar un espíritu público, es preciso grabar en el corazón de cada individuo que sus leyes deben, respetarse como dogmas, en una palabra, es preciso que las luces se difundan al máximum posible. ¿No debía, pues, llamar muy particularmente la atención de los legisladores la enseñanza pública? ¿No será más duradero el edificio social, sentado sobre buenos cimientos? ¿De qué sirven, no decimos ya mil leyes de circunstancias, sino buenas, si no se ha de conocer el bien que han de producir? Desengañémonos: de nada sirve un edificio por majestuoso que aparezca, si no tiene base sobre que descansar. Por si mismo vendrá a tierra, y sepultará bajo sus ruinas a los desgraciados que lo habita. A esto, nosotros apuntaríamos, que el objetivo no es atiborrar la nación de instituciones educativas bajo la perspectiva simple de que por crearlas todos nos habremos de convertir en ciudadanos ilustres. ¿De qué sirven escuelas si quienes en ellas enseñan no reúnen las capacidades para hacerlo y adoptaron ese papel, el de instructores, simplemente como un medio de vida? ¿Qué clase de profesionales habrán de graduarse de centros escolares en donde el rigor académico no existe? Además, la educación debe de proporcionarse acorde con las capacidades de cada individuo y no basada en modas o para cumplir metas estadísticas. La instrucción, a cualquier nivel, debe de estar sustentada en conocimientos reales.

En este párrafo y los dos siguientes, el Mora Lamadrid realiza unas reflexiones que lo mismo pueden plantearse en el antepretérito lejano que en los días que trascurren y que no requieren comentario adicional alguno. Menciona como cada individuo tiene su deseo de mejorar su suerte, si es que la disfruta mala, de aumentar su felicidad, y de conservarla, debe necesariamente buscar los medios para lograr sus fines. Careciendo de instrucción ¿No será más difícil que acierte a fijar las reglas que deben sujetar sus acciones, y que al mismo tiempo que garantizan derechos también imponen obligaciones? ¿No sería muy difícil que, guiado por su interés personal, desconociese el bien de sus conciudadanos? Se requiere algo más que la luz natural para conocer que el bienestar de la comunidad redunda en beneficio propio; y la ignorancia jamás extiende la vista a lo futuro; no calcula sobre las diferentes edades del hombre; cree que es eterna la juventud, o a lo menos que los placeres de esta época de la vida lo son. El amor a las ciencias es casi en nosotros la sola pasión duradera, las demás nos abandonan a medida que sus resortes se relajan. La juventud impaciente vuela de uno a otro placer; en la edad que la sigue los sentidos pueden proporcionar deleites, pero no placeres; en esta época es cuando conocemos que nuestra alma es la parte principal de nosotros; entonces es cuando conocemos que la cadena de los sentidos se ha roto, que todos nuestros goces son ya independientes de ellos, y que quedan reducidos a la meditación.

En este estado la alma que no apela a sus propios recursos, que no se ocupa de sí misma, experimenta un hastío cruel que le hace amarga la vida. Si intenta buscar placeres que no le son ya propios, tiene el dolor de verlos huir cuando cree acercarse a ellos. La imagen de la juventud nos hace más dura la vida, como que no podemos gozar; el estudio solo nos cura de este mal, y el placer que nos causa nos hace olvidar que caminamos al sepulcro. Es muy útil proporcionarnos goces que nos sigan en todas las edades; es un consuelo tener recursos que nos alivien en la adversidad. Las ciencias solas son las que nos sirven en todas las épocas de la vida, en todas las situaciones en que podemos encontrarnos.

La cultura del espíritu suaviza el carácter, reforma las costumbres. La razón ilustrada es la que sirve de freno a las pasiones, y hace amar la virtud. ¿Y no es el sistema que nos rige donde se requiere más moralidad, más desprendimiento del propio interés? Por eso decía, y con razón, el profundo filósofo ginebrino, que, si los hombres examinasen de cerca todas las virtudes que se necesitan en un gobierno popular, se confundirían del enorme peso que cargaría sobre ellos. Ser soberano y ciudadano, juez y parte al mismo tiempo, requiere una virtud heroica para desprenderse de los sentimientos del hombre, y adornarse en algunos momentos de las cualidades propias de la civilidad. ¿Cómo será posible que la naturaleza sola baste en estos casos? ¿No será indispensable que la filosofía haya ganado el corazón para que éste obre con arreglo a lo que exige el bien comunal independiente del propio?

Estas cortas reflexiones nos parecen suficientes para convencer la necesidad que tenemos de educación pública. Legisladores: a vosotros toca dictar las leyes que la conveniencia nacional exige a fin de proteger la enseñanza. En vuestras manos está remover los obstáculos que contienen en su marcha los adelantos del entendimiento. Nada haréis si vuestro edificio queda sentado sobre cimientos movedizos; vuestra obra caerá por sí sola, y todos seremos sepultados bajo sus ruinas. Esa misma petición es valida para los tiempos que corren, excepto que ahora todo se concreta a obedecer ciegamente y la reflexión es tópico prohibido so pena de emprender el camino hacia el averno. En ese contexto, vayamos a estas reflexiones.

El joven que adopta principios de doctrina, sin conocimiento de causa, o lo que es lo misma, sin examen ni discusión; al que se acostumbra a no dudar de nada, y a tener por inefable verdad cuanto aprendió; finalmente, el que se hace un deber de tener siempre razón, y de no darse por vencido aun de la misma evidencia, lejos de merecer el nombre de sabio no será en la sociedad sino un hombre pretencioso y charlatán. ¿Y podrá dudarse que produce este resultado la enseñanza clerical recibida en los colegios? ¿No se enseña a los estudiantes a conducirse de este modo en las cátedras, en los actos públicos y privados, para obtener los grados académicos, o las canonjías de oposición? En efecto, la disputa, y la obstinación y terquedad, sus compañeras inseparables, son el elemento preciso y el único método de enseñanza de la educación clerical; él comienza con los primeros rudimentos, y no acaba sino con la vida del hombre, que continúa en el curso de toda ella, bajo el imperio del sistema de ideas que se ha formado, de cuya verdad es muy raro llegue a dudar.

He aquí el origen del charlatanismo de México y de las gentes que se han encargado de gobernarlo, que son por lo general los que se han educado en los colegios; acostumbrados a hablar de mejoras solo para lucir lo que se llama talento, jamás se ocupan de ejecutarlas, porque las tienen por ideales e imposibles, y se atienen a la rutina, que es lo que bien o mal les ha servido de regla práctica de conducta. Referente a esto, estimamos que insertándolo en los tiempos del ahora, eso de adoptar actitudes radicales no es privativo de la derecha, entre los miembros de la llamada izquierda las posturas de que “yo soy el poseedor de la verdad absoluta” se ha vuelto norma y muchos de ellos no se preocupan por sustentar sus posturas en un respaldo teórico-académico sólido.

Todo se resume en la corrección política y el fanatismo de que “quien no piense como yo debe de ser llevado a la hoguera,” una situación digna del medievo, aun cuando quienes la adoptan traten de presentarse como adalides del progreso. Eso, nos lleva a concluir con una reflexión del doctor José María Luis Mora Lamadrid quien indicaba: El charlatanismo es la plaga general de la República. Llamamos charlatanismo ese espíritu de hablar de todo sin entender nada; ese hábito de proyectar y hablar de reformas y adelantos que no se tiene la voluntad ni resolución de efectuar; en suma, esa insustancialidad, ligereza y poca atención con que se tratan los asuntos más serios, y de que nadie debería ocuparse sino para tomar sobre ellos resoluciones positivas e irrevocables. Para reflexionar en el hoy.
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Añadido (1) Lo acontecido el fin de semana anterior en Monterrey es un ejemplo de la estulticia humana soliviantada por merolicos, de pluma y verbo, a sueldo de directivos y patrocinadores, quienes hacen creer a los descerebrados que en un partido de panbol (eso no es futbol soccer) habrán de lograr que sus frustraciones se conviertan en logros positivos. Y mientras los estúpidos se matan y golpean, veintidós fulanos en calzoncillos hacen como que juegan, en realidad únicamente les interesa ir a cobrar el cheque próximo. Hoy, todos se alarman y andan espantados. Ante ello, como nos vamos a olvidar de Sor Juana en aquello de “¿O cuál es de más culpar, /aunque cualquiera mal haga; / la que peca por la paga / o el que paga por pecar?”

Añadido (2) No negamos que los salarios mínimos en México son bajos comparados con otras economías, pero no deben de incrementarse si esto no va ligado a un aumento en la productividad lo cual no sucede de la noche a la mañana y requiere la participación de todos los sectores de la producción. Por ello, seria muy conveniente que quienes ahora proponen elevarlos presentaran un programa que respalde su propuesta. Aumentar salarios mínimos por decreto genera un titipuchal de aplausos al principio. Al final, sin embargo, inmersos en un desgarriate económico, todo acaba en medio de millones de recordatorios familiares. Claro que a algunos no les importa esto, ¿Por qué será?
22 Septiembre 2018 04:00:00
Un presidente quién recibió el país al borde de la bancarrota
Hacía tiempo que no recordábamos aquello. Sin embargo, unos días atrás, mientras charlábamos con la maestra, Fabiola García Rubio, historiadora joven, y el maestro Guillermo Robles Martínez Guizar, economista contemporáneo nuestro, el tema apareció en medio de la plática. Era la evocación del presidente Miguel De La Madrid Hurtado y las condiciones en que recibió el país en 1982. Ella, las rememoraba desde su, entonces, perspectiva infantil, mientras que él lo enfatizaba desde el ángulo de aquellos nuestros tiempos juveniles, ya alejados de la adolescencia, cuando que el Estado Mexicano nos patrocinaba los estudios en el extranjero. De pronto, a la memoria de este economista del ayer, reconvertido en historiador, empezaron a llegar de manera intermitente un sinnúmero de imágenes, a las cuales hubo de ponerles un alto. Había que ir a cumplir con la encomienda que era el motivo por el cual estábamos allí. Pero el tópico no quedó en el olvido. Al día siguiente, empezamos a cavilar al respecto. Sabemos que, en estos tiempos, el tema no cae dentro de los límites de lo políticamente correcto. Sin embargo, ello forma parte de la historia que nuestra generación y ni modo que ahora lo vayamos a negar. Somos a quienes nos tocó el proceso de transición de un régimen construido alrededor de economía cerrada, la cual, a pesar de que arrojó resultados positivos, se les pasmó a nuestras clases dirigentes, gubernamentales y miembros del sector privado. Ambas, preferían seguir gozando de las ventajas que eso proporcionaba y no quisieron, o no planearon, prepararse para el proceso evolutivo que se vivía en el entorno mundial. Sobre esto, comentaremos a continuación.

Vivíamos los años dorados del petróleo que nos había hecho olvidar la crisis de 1976. El presidente José López Portillo y Pacheco, tomando ventaja de los precios del petróleo, logró que aquello luciera esplendoroso. Los sueldos y salarios alcanzaban hasta para ahorrar. Al Gobierno federal, le sobraba dinero para invertirlo y podía mandar a estudiar al extranjero a un número considerable de jóvenes profesionales a quienes con tabla rasa hoy se nos cuelga el sambenito de regresar convertidos en apátridas-entreguistas. No vamos a negar que algunos retornaron en esa condición, aún cuando no necesitaban de haberse ido para adoptar esa actitud, pero lo que podemos afirmar con toda certeza es que, cuando regresamos, la gran mayoría contábamos con una perspectiva más amplia y objetiva en todos los sentidos sobre lo que vendría. Ello, no implicaba que pensáramos colaborar para convertir la nación en un protectorado y mucho menos ayudar para transformarnos en ciudadanos de segunda de país alguno. Pero volvamos al México de inicios de los 1980s.

Dado que se disponía de divisas, importar era una opción y como, al abrir la llave, fluían sin parar las divisas generadas por el petróleo, ni quien se preocupará. Todos pensábamos que por fin el país era rico y, como diría el presidente López Portillo, “tendremos que aprender a administrar la abundancia.” Inmersos en ello, poco reparábamos que el mundo apuntaba para dejar de caracterizarse por el predominio de enclaves cerrados y pronto habría que enfrentarse una interrelación amplia e intensa. Aún cuando no por ello podemos dejar de dar algún crédito al presidente López Portillo decidió apoyar que su sucesor fuera el entonces secretario de programación y presupuesto, Miguel De La Madrid Hurtado, representante de las nuevas tendencias económicas mundiales.

Acerca del proceso del “destape” poco sabíamos, entonces andábamos más preocupados por los asuntos académicos y ver en donde iríamos a continuar los estudios. Lo que al respecto sabíamos provenía de lo que leíamos en el diario Excelsior que llegaba con una semana de retraso, y únicamente un ejemplar de cada día, a la Biblioteca Norlin de la Universidad de Colorado-Boulder, recordemos que hablamos de la “prehistoria” cuando la internet solamente era utilizada en el área militar estadounidense. Así que, cuando llegaba el diario, se convertía en un elemento con una demanda alta. De pronto, el 25 de septiembre de 1981, era un viernes y andábamos mas preocupados por como aprovechar el fin de semana para recuperarnos del ajetreo académico que de estar pensando sobre otras cosas. De pronto, en el cruce de las avenidas Broadway y College, del entonces apacible Boulder Colorado, se nos aproxima uno de nuestros compañeros, José Luis Nava, quien todo agitado nos dice: “Rodolfo, ya supiste, destaparon a De La Madrid.” Al responderle negativamente, procedió a darnos una reseña del evento, lo cual escuchamos con una actitud neutral, en aquel palenque no habíamos tenido gallo en juego, así que ya veríamos que sucedía en el porvenir. Aquello, nos resultó sorpresivo, pero a la vez, recordamos una noche del otoño de 1978 cuando, a invitación de nuestro amigo y condiscípulo universitario, el maestro economista, Luis Fernando Morfin Avilés, habíamos acudido a la inauguración de las oficinas de BanPacifico ubicada en la esquina de Reforma y Florencia. De pronto, se formó un grupo de ocho personas entre las que se encontraba el propietario de dicha institución bancaria, Arcadio Valenzuela, un trio de funcionarios del banco a quienes no conocíamos, Luis, este narrador entonces economista imberbe y los representantes del Gobierno federal, el subsecretario de hacienda, Miguel De La Madrid Hurtado y el director general de crédito, Jesús Silva Herzog Flores. Aún no sabemos como nos integramos a ese grupo. Si somos francos, el subsecretario no nos pareció de personalidad avasalladora y mucho menos nos imaginábamos que estábamos ante quien, en el futuro, sería el presidente de México, algo que comentamos varias veces después con nuestro amigo. Pero volviendo a lo que paso después del destape, como es usual, empezaron a surgir por aquí y por allá quienes conocían a fulano o perengano que eran gente del candidato y bueno, pues se sentían ya en la gloria. Así, por esos días, una de nuestras compañeras, Priscila Ramírez Flores, nos suelta sin mas preámbulo: “Anoche me llamó Emilio y me dijo que él y Genaro están muy involucrados en la campaña de Miguel de la Madrid, ¿tú qué sabes, es cierto?...” Para empezar, le dijimos, ¿a qué Emilio y Genaro te refieres? Y nos dio los apelativos de ambos, Gamboa Patrón y Borrego Estrada. Nada sabíamos de ese par, pero nos entró la curiosidad y le preguntamos sobre quienes eran y como los conocía. Con ambos se había cruzado, varios años antes, cuando laboraban en el IMSS. Contar sobre el grado de participación que tuvieron tales personajes en la campaña y el gobierno delamadridista es ocioso hacerlo. Y así trascurriría 1982, mientras una buena cantidad de mexicanos continuamos los estudios de postgrado en la Universidad de Colorado y otros tantos llegaron a cursar el propedéutico. Hasta allá no se sentían todavía los crujidos de la economía mexicana.

Sin embargo, tras de las elecciones presidenciales, y el triunfo de Miguel De La Madrid Hurtado, las ondas concéntricas de eventos ocurridos en el exterior años antes y un manejo inadecuado, generado en gran parte por la soberbia, hicieron que las cosas empezaran a descomponerse. Todo inició cuando, el presidente de México desatendió los consejos de quien, sí sabía de petróleo y como se movían los mercados de ese producto, Jorge Díaz Serrano. Al final de cuentas, nuestro país no era sino uno mas de los jugadores y no el factor decisorio. Pronto, la entrada de divisas empezó a ser escasa y no quedó sino echar mano de las reservas monetarias. Aquello no pintaba nada bien y pronto los capitales, que no tienen nacionalidad, empezaron a emigrar hacia otras latitudes. A finales del verano, a la economía, como diría aquel viejo cronista boxístico, “la traían tambaleante de pilar a poste.” Los enfrentamientos entre el sector publico y privado se acrecentaron cuando el presidente nacionaliza la banca. Posteriormente, ante la escasez de moneda extranjera, sin antifaz de por medio, decide convertir alrededor de 6 mil millones de dólares, los ahorros en moneda extranjera que los mexicanos mantenían en las instituciones crediticias mexicanas, en los llamados mexdólares. El crédito externo se fue encareciendo hasta que, de plano, México perdió la confianza en los mercados internacionales. Varios años después, en mayo de 1987, mientras participábamos como secretario técnico en un “Seminario sobre la Deuda Externa de América Latina,” efectuado en el Centro para la Investigación y la Docencia Económica (CIDE), evento organizado por el doctor René Villarreal Arrambide, uno de los dos a quienes reconocemos un amplio y sólido conocimiento de la teoría económica, el otro es Sergio Enrique Castro Peña, escuchamos, mesa de por medio, junto con varios más, la narrativa de José Ángel Gurria Treviño acerca de como él, junto con Jesús Silva Herzog Flores se fueron a renegociar la deuda sin mas dinero que el efectivo que llevaban en la bolsa pues las tarjetas de crédito mexicanas no eran aceptadas en ninguna parte del exterior.

En ese contexto, se dio el arribo de Miguel De La Madrid Hurtado a la presidencia de México. El daño en la economía era mayor. No obstante que el promedio del crecimiento del Producto Interno Bruto durante el sexenio 1977-1982 fue de 6.48 porciento, en el ultimo año cayó en 0.52 porciento. La deuda pública externa había llegado a 58,874 millones de dólares y representaba el 91.57 porciento del PIB. El tipo de cambio que en 1981 alcanzó una paridad de 26.16 pesos por dólar para 1982 tal relación llegaba a 149.25 por uno. Las reservas monetarias entre 1981 y 1982, disminuyeron de 5035 a 1832 millones de dólares. La inflación durante ese mismo periodo pasa de 28.68 por ciento a 98.84 por ciento. No obstante que a lo largo del sexenio el salario mínimo se incrementó en 276.42 porciento, de nada servía en medio de la crisis. A todo ello, había que agregar un elemento que poco se toma en cuenta. México empezaba a pagar el desaguisado que había ocasionado la desastrosa administración de James Earl Carter en los EUA. Como ondas concéntricas, con retraso, nos llegaban los efectos y vaya que los pagaríamos en los años por venir.

Así, se inicia el gobierno del presidente Miguel De La Madrid Hurtado quien pronto tendría que empezar a pagar el desaguisado servido por su antecesor. México se convierte en no sujeto de crédito. Un ejemplo muy focal de ello se da durante la primavera-verano de 1983 cuando los estudiantes en el exterior empiezan a afrontar problemas al momento en que el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) se retrasa a la hora de cubrir las colegiaturas en las diversas universidades estadounidenses. Ante esto, dichas instituciones anuncian que no aceptarían registrar ningún estudiante que fuera patrocinado por el gobierno de México. En el otoño, CONACYT se declara insolvente para seguir con sus patrocinios. Pero eso era nada, crisis real era la que se vivía en el país día con día.

Hoy pocos lo recuerdan y hasta se escandalizan cuando ven las imágenes de Venezuela. Sin embargo, en el de 1982-1983, la escasez de productos básicos era real. Habíamos vivido bajo el espejismo de que para que lo producimos si es factible importarlo. Pero cuando los dólares escasearon e incrementaron su valor, de pronto nos dimos cuenta del tamaño del error cometido. El desabasto de pasta dental, jabón, papel higiénico, azúcar y varios productos alimenticios estaba ahí. Sin embargo, hay algo que apuntar y poco se menciona, mientras la situación descrita prevalecía en la mayor parte del país, en la zona fronteriza los pobladores no pasaban por esa situación, la proximidad del mercado estadounidense les permitía salvar la escasez. De lo que no podían sustraerse era del ambiente de incertidumbre que prevalecía a lo largo del territorio nacional. El enfrentamiento estaba ahí y nadie sabía en que podría acabar aquello. Pero la confrontación no se daba solamente por asuntos económicos, estaba presente también en el ámbito político. Quienes insistían en mantener el modelo tal como hasta entonces había operado y aquellos que percibían que eran necesarios los ajustes ante un mundo cambiante. En medio de todo ello, estaba el factor estadounidense que a toda costa buscaba el cambio brusco y sin etapas intermedias. Cualquier cosa que hiciera el gobierno encabezado por De La Madrid debería de ser inmediato y a la derecha. Caro hubo de pagar el mandatario mexicano el papel trascendental que jugó, vía encabezar el Grupo Contadora, para alcanzar la paz en Centro América y evitar que los EUA intervinieran haciendo el uso de la fuerza.

Esta es una remembranza breve sobre las condiciones en que daba comienzo una nueva administración en nuestro país. Si todo aquello se resistió fue debido en gran parte a que, quiérase o no, las instituciones eran lo suficientemente sólidas para superar la crisis y hubo muchos mexicanos, algunos a quienes hoy se les cuelga el sambenito de colonizados, quienes, sin fines entreguistas, aportaron su esfuerzo para que al final fuera factible salir del trance. Asimismo, aún cuando mucho ha sido criticada y atacada, la actuación del presidente Miguel De La Madrid Hurtado permitió iniciar un proceso de transición que, quiérase o no, era necesario realizar para enfrentar un mundo cambiante. Para quienes insisten en que debimos de haber permanecido como estábamos, seria muy recomendable voltear hacia el Caribe y ver las condiciones en que vive la población de una isla que optó por retrasar el cambio. Tras de esto no faltara quien nos diga que ahora resultamos, y como no si fuimos a estudiar al extranjero, matraqueros del neoliberalismo, pero eso es totalmente alejado de la realidad. Nuestra postura, se funda en el nacionalismo pragmático aquel que parte del principio objetivo de entender nuestra realidad mientras reconocemos nuestras debilidades y estamos conscientes de las fortalezas con que contamos para que, mediante el esfuerzo conjunto de todos los sectores, sea factible lograr que la patria alcance el crecimiento y el desarrollo económico. Si queremos hablar de un país en las proximidades del precipicio, o si deseamos llamarlo al borde de la bancarrota, eso podría darse en una situación como las que vivimos en los primeros años de la década de los 1980s. Lo de ahora, reconociendo toda la problemática que prevalece, nada tiene que ver con lo que predominaba en aquellos tiempos, quienes ya teníamos conciencia durante esos años podemos dar fe de ello.

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Añadido (1) El pasado 18 de septiembre, tuvimos oportunidad de impartir, en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), la charla “Las Conferencias de Bucareli.” Un tema que abordamos desde una perspectiva que nada tiene que ver con las consejas que se venden al respecto. Nuestro agradecimiento a la directora general del INEHRM, doctora Patricia Galeana y a sus colaboradores el maestro David Guerrero Flores y la maestra Fabiola García Rubio por el apoyo y las atenciones con que nos distinguieron. Asimismo, un reconocimiento a los asistentes al evento quienes, con su presencia, nos otorgaron el honor de exponerles nuestra perspectiva sobre el tema.

Añadido (2) El circo que vemos en el proceso para confirmar a Brett Kavanaugh, como ministro de la Suprema Corte de Justicia de los EUA, nos muestra hasta donde puede llegar la degradación en el ámbito político y el poco respeto que algunas personas pueden tenerse a sí mismas con tal de alcanzar notoriedad o empujar su agenda política.
15 Septiembre 2018 04:00:00
Hidalgo y la iglesia acusadora
Hoy, 15 de septiembre, habrá de festejarse el aniversario número 208 de lo que oficialmente hemos adoptado como el inicio de la lucha para concluir los, entonces, casi tres siglos de dominio español en contubernio con la iglesia católica. El dominio de los primeros concluiría en 1821, con los segundos todavía tendrían que pasar 36 años más para que dejaran de inmiscuirse directamente en los asuntos de gobierno. Al mencionar la gesta independentista, la primera imagen que viene a nuestra mente es la de quien diera inicio a dicho movimiento libertario, aun cuando no necesariamente ese haya sido el objetivo primario, Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte Villaseñor. Dado que no somos expertos en ese período especifico de nuestra historia y es mucho lo ya analizado acerca de dicha gesta, en esta ocasión habremos de ocuparnos de cómo las autoridades eclesiásticas católicas arremetieron en contra de quien, entonces, ponía en riesgo la asociación de la corona española y la iglesia católica, al cual resultó muy productiva. Cuando no existen elementos de peso soportados por la razón, entonces no queda sino invocar la herejía y la anatema para dar a las acusaciones un cariz celestial. En ese contexto, revisaremos los documentos contenidos en el libro “Los procesos militar e inquisitorial del padre Hidalgo y otros caudillos insurgentes” (1953), el cual está basado en la obra “Colección de documentos para la historia de la guerra de independencia,” publicada en1887. Repasemos el tema, precisando la salvedad de que los textos que tomaremos serán trascritos conforme a la ortografía y redacción actual con la finalidad de facilitar su lectura.

Además de enfrentar a un tribunal militar, don Miguel tuvo que vérselas con los miembros de esa institución comprometida, a costa de lo que fuera, con salvar las almas de los herejes, aquella que de santo solamente tenia el nombre, el Tribunal del Santo Oficio comúnmente conocido como la Inquisición. Esta, desde tiempo atrás, ya lo tenia en la mira y así lo asentó en el edicto que la enviaron, el 13 de octubre de 1810, citándolo para que se presentara “a contestar los cargos de herejía, apostasía, etc. de que ha sido acusado.” Vayamos a revisar el contenido de ese documento.

Iniciaba mencionado su nombre y lo llamaba “Cura de la Congregación de los Dolores en el Obispado de Michoacán, titulado Capitán General del Ejército de los Insurgentes.” Acto seguido, le comunicaba que ante ellos compareció “…el señor Inquisidor Fiscal de este Santo Oficio e hizo presentación en forma de un proceso que tuvo principio en el año de 1800, y fue continuado a su instancia hasta el de 1809, del que resulta probado contra vos el delito de herejía, y apostasía de nuestra Santa Fe Católica, y que sois un hombre, sedicioso, cismático y hereje formal por las doce proposiciones, que habéis proferido, y procurado enseñar a otros; y han sido la regla constante de nuestras conversaciones, y conducta, y son en compendio las siguientes.” Cada una las aseveraciones en que estaban basadas las acusaciones eran derivadas de las declaraciones presentadas por denunciantes diversos.

La primera imputación estaba fundada en las aseveraciones que un fraile de nombre Joaquín Huesca, “Mercenario y lector de filosofía, hizo ante el Comisario de Valladolid (hoy Morelia) el 16 de julio de 1800,” mismas que ratificó tres días mas tarde. Se acusaba a Hidalgo de negar “…que Dios castiga en este mundo con penas temporales”, según Huesca, cuando él increpó a Hidalgo diciéndole que “que si castigaba y era de fe”, Hidalgo respondió que “no era de fe; y que solo era propio de la Ley antigua el castigar con penas temporales, como plagas y langostas, y que si no ¿de donde estaba que fuera de fe?” al respecto, el denunciante le contestó que en la Epístola de San Pablo a los Corintios…” Retornando al texto de la Inquisición, este afirmaba que Hidalgo había dudado de “la autenticidad de los lugares sagrados de que consta esta verdad: Habéis hablado con deprecio de los Papas y del Gobierno de la Iglesia, como manejado por hombres ignorantes, de los cuales uno, que acaso estaría en los infiernos estaba canonizado.” A quien se refería era a Ildebrando di Sovana, Gregorio VII (1073-1085), aquel quien intentó imponer el papado sobre los poderes seculares hasta el punto de defender que también correspondía al papa la designación de los reyes, por tener éstos un poder delegado de Dios. Además, el antiguo monje toscano fue quien, en el Concilio de Roma de 1074, proclamó el celibato de los eclesiásticos, eso que hasta nuestros días sigue generando inmundicias. Ante esto, nadie podrá negar que el párroco de Dolores no solamente tenía toda la razón, sino que hasta adelantado a su tiempo estaba sobre lo que provocaban las mediadas tomadas por el ciudadano di Sovana a quien calificaba de haber “… sido muy nocivo para la iglesia por su ignorancia…” Pero continuemos con el rosario de acusaciones.

Se le imputaba a Hidalgo asegurar que “…ningún judío, que piense con juicio, se puede convertir, pues no consta [en el texto original de la Escritura…], la venida del Mesías: y negáis la perpetua Virginidad de la Virgen MARÍA.” Según Huesca, cuando “en prueba de la venida del Mesías, le refirió el texto de Isaías Ecce Virgo concipiet, et pariet,” Hidalgo le espetó que “no había tal voz Virgen en el texto, sino otra voz hebrea, que significaba mujer corrompida…” Dado que nosotros somos legos en asuntos teológicos, nos concretamos a reproducir el alegato que aún tenía cuerda. Los inquisidores imputaban al guanajuatense de adoptar “…la doctrina de Lutero en orden a la divina Eucaristía y confesión auricular, negando la autenticidad de la Epístola de San Pablo a los de Corinto y asegurando que la doctrina del Evangelio de este Sacramento está mal entendida, en cuanto a que creemos la existencia de Jesucristo en él.” Este cargo era derivado de lo que, el 20 y 24 de agosto de 1800, refirió el fraile Manuel Estrada, Mercenario y predicador, quien aseguraba haber escuchado a Hidalgo decir que “la sagrada Eucaristía no se conoció en los términos que hoy se enseña en la iglesia, hasta mediados del siglo tercero, que antes se tuvo por pan bendito; y hasta entonces no se conoció la Confesión auricular.” Al respecto, cabe anotar que la razón le asistía a Hidalgo, el ignorante era otro. Lo que sigue no es apto para mentes puras y castas, pero los inquisidores iban por todo.

Entraban a terrenos escabrosos cuando afirmaban que el cura líder del movimiento insurgente tenia “…por inocente, y licita la Polución [antes de que alguien vaya a pensar que los religiosos de entonces eran ecologistas tempranos, la palabra es utilizada como sinónimo de eyaculación], y fornicación como efecto necesario, y por consiguiente al mecanismo de la naturaleza, por cuyo error habéis sido tan libertino, que hicisteis pacto con vuestra manceba de que os buscase mujeres para fornicar, y que para lo mismo le buscaríais a ella hombres…” O sea que don Miguel no solamente le daba gusto al cuerpo, sino que, según la iglesia, hasta le hacía de conseguidor. Pero no es todo. Quien lo acusaba originalmente, era una dama de nombre “María Manuela Herrera, casada y de 41 años mujer de buena nota, [¿se referirían a que facturaba bien?] que frecuentaba los sacramentos, [quien] se presentó ante el Comisario de Querétaro en 4 y 5 de mayo del año pasado de 1808…” Según ella, quien “llevó amistad ilícita…” con Hidalgo, en una ocasión “…estando ambos en conversación, le dijo: “¿Qué querrá vuestra merced creer que hay infierno, y que hay diablos? No creas eso Manuelita, que esas son soflamas…” La ciudadana en cuestión afirmaba que hacia “…la denuncia por mandato de su confesor, y en descargo de su conciencia.” Aún faltaban más cargos.

Le echaban en cara de ser “…tan soberbio, que decís que no os habéis graduado de Doctor en esta Real Universidad por ser su claustro una cuadrilla de ignorantes; y dijo, que temiendo, o habiendo llegado a percibir , que estabais denunciado al Santo Oficio, os ocultasteis en el velo de la vil hipocresía, de tal modo, que se aseguró en informe, que se tuvo por verídico, que estabas tan corregido, que habíais llegado al estado de un verdadero escrupuloso, con lo que habéis conseguido suspender nuestro celo, sofocar los clamores de la justicia, y que diésemos una tregua prudente a la observación de vuestra conducta…” Aun los inquisidores desconocían la declaración que, por escrito, les presentaría, el 7 de noviembre de 1810, Joseph Ignacio Muñiz, cura de Xocotitlan, quien afirmaba “que la juventud escolar de Valladolid bautizó a este reo [Hidalgo] con el nombre de Zorro como que previo en el un abismo de astucias….” Pero como la revuelta estaba ya en marcha, no les quedaba sino reprocharle “…que vuestra impiedad represada por temor había prorrumpido como un torrente de iniquidad por estos calamitosos días, poniéndoos al frente de una multitud de infelices , que habéis seducido, y declarando la guerra a Dios, a su Santa Religión, y al Patria: con una contradicción tan monstruosa que predicando según aseguran los papeles públicos, errores groseros contra la fe, alarmáis a los Pueblos para la sedición con el grito de la Santa Religión con el nombre y devoción de María Santísima de Guadalupe, y con el de Fernando séptimo, nuestro deseado y jurado Rey; lo que alegó en prueba de nuestra apostasía en la fe católica, y pertinencia en el error; y últimamente nos pidió que lo citásemos por edicto y bajo la pena de excomunión mayor os mandásemos que comparecieses en nuestra Audiencia en el término de treinta días perentorios que se os señale por término desde la fijación de nuestro edicto, pues de otro modo no es posible hacer la citación persona.” Acto seguido procedían a darle trato de forajido.

Lo acusaban de haberse burlado de la “misericordia del Santo Oficio…” como si esa hubiera existido alguna vez. Asimismo, mandaban que su carta “se fije en todas las iglesias de nuestro distrito, y que ninguna persona la quite, rasgue, ni cancele bajo de la pena de Excomunión mayor, y de quinientos pesos aplicados para gastos del Santo oficio, y de las demás que imponen el derecho Canónigo, y Bulas Apostólicas contra los fautores de herejes; y declaramos incursos en el crimen de fautoría y en las sobre dichas penas a todas las personas sin excepción, que aprueben vuestra sedición, reciban vuestras Proclamas, mantengan vuestro trato, y correspondencia epistolar, y os presten cualquier género de ayuda, o favor, y a los que no denuncien, y no obliguen a denunciar, a los que favorezcan nuestras ideas revolucionarias, y de cualquier modo las promuevan, y propaguen, pues todas se dirigen a derrocar el Trono y el Altar, de lo que no deja duda la errada creencia, de que estáis denunciado, y la triste experiencia de vuestros crueles procedimientos, muy iguales, así como la doctrina, a los del pérfido Lutero en Alemania.” El negocio se veía amenazado y no era cosa de dejarlo ir, así como así. La carta era firmada, desde la Inquisición de México, por el doctor Bernardo de Prado y Obejero, el licenciado Isidoro Sainz de Alfaro y Beaumont y Por mandado del Santo oficio, el doctor Lucio Calvo de la Cantera, secretario.

Por supuesto que Hidalgo jamás compareció por voluntad propia. Como todos lo sabemos, enfrentó el proceso inquisitorial en Chihuahua tras de que el traidor Ignacio Elizondo lo atrapó en Acatita de Bajan, Coahuila. Una vez afrontando el proceso militar le cuestionaron si había tenido conocimiento de la carta antes mencionada e Hidalgo respondió que “…si supo de tal edicto por una carta que desde Querétaro escribieron a un soldado del ejército en que se referían los artículos de que se le acusaba, pero no [había] leído el edicto, ni trató de hacerlo mediante que no pensaba comparecer temeroso de ser castigado, no por los delitos de herejía de que s le acusa, sino por el partido en que estaba empeñado…” Pero si la carta inquisitoria nos parece despiadada, leamos la que, el 23 de septiembre de 1810, había emitido Manuel Abad y Queipo, obispo de Michoacán, en ella mostraba hasta dónde puede llegar el fanatismo encubierto en ropajes celestiales. Revisemos algunas de esas líneas.

Invocando la autoridad del Gran Arquitecto, el obispo lo llamaba Dios, y toda la corte celestial, Abad escupía: “…sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla, excura del pueblo de Dolores, le excomulgamos y anatematizamos desde las puertas del Santo Dios Poderoso; lo separamos para que sea atormentado, despojado y entregado a Datán Abirán…Que el Padre que creó al Hombre lo maldiga que el Hijo que sufrió por nosotros le maldiga; que el Espíritu Santo que se derrama en el Bautismo le maldiga…” Así, seguía invocando a cuanto habitante celestial recordaba hasta escribir “sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla en donde quiera que esté, ya sea en la casa, en el campo, en el bosque, en el agua o en la Iglesia.” Acto seguido para que no fuera a escapársele nada de la maldición, Abad y Queipo invocaba “Sea maldito en vida y muerte. Sea maldito en todas las facultades de su cuerpo. Sea maldito comiendo y bebiendo, hambriento, sediento, ayunando, durmiendo, sentado parado, trabajando o descansando y sangrando…” Después, seguía maldiciendo cada uno de los órganos del cuerpo de Hidalgo hasta finalizar mencionando que todo eso le sucediera, “…a menos que se arrepienta y haga penitencia.” Ni quien pueda dudarlo, la piedad cristiana en todo su esplendor. Pero aún faltaba el epílogo, una vez que Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez fueron ejecutados, pleno de fervor religioso y seguro de obtener un titipuchal de indulgencias, Félix María Calleja del Rey, Conde de Calderón, ordenó que, junto a la exhibición de las cabezas de los cuatro citados, “en letras grandes y al óleo, se pusiera la inscripción “las cabezas de [los nombres de los independentistas] insignes facinerosos, y primeros caudillos de la insurrección que robaron bienes del culto de Dios y el real erario. Saquearon y arruinaron las casas y haciendas, derramaron con la mayor atrocidad la inocente sangre de sacerdotes fieles y magistrados justos, de sus conciudadanos, amigos y parientes; arrojaron, por las calles y por los campos, desnudos, insepultos, y para pasto de las fieras, los venerables cadáveres de aquellas victimas de su furor; ahuyentaron a los prelados de sus iglesias; rebelaron contra legitimas potestades, divina y humana, para sustituir la impiedad, desolación y anarquía. Aquí clavadas por mandado del señor general Don Félix María Calleja del Rey, ilustre vencedor de Aculco, Guanajuato y Calderón y restaurador de la América. Serán el testimonio de la justicia y el escarmiento de los impíos, traidores, rebeldes ladrones y asesinos.” Ni quien lo dude, Abad y Calleja eran dignos defensores del negocio, perdón de la fe.

En esa forma concluía la primera etapa de “…la… insurrección [que] tuvo principio en el expresado pueblo [Dolores Hidalgo, Guanajuato] el día diez y seis de septiembre próximo pasado como a las cinco de la mañana, [cuyos] principales motores de ella fueron el que declara [ Hidalgo] y Don Ignacio Allende…” Así lo dejó Hidalgo asentado el 7 de mayo de 1811 durante su proceso militar efectuado en la ciudad de Chihuahua. Simplemente para recordar la historia a quienes de pronto olvidan algunos pasajes en medio de la luz cegadora que el éxito genera.

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Añadido (1) Estamos ciertos de que, a usted, lector amable, aún le sobrará fervor patrio para entonces. Por ello, lo invitamos para que este martes 18 de septiembre a las seis de la tarde, se dé una vuelta por Francisco I. Madero No. 1 en San Ángel, CDMX, sitio en donde se ubican las instalaciones del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM). En ese lugar, habremos de ofrecer una charla sobre un tema que usted, sin duda, conoce, “Las Conferencias de Bucareli.” ¿Pero qué tal si lo que nos han narrado no se apega a lo acontecido hace 95 años? Esperamos verlo por ahí para comentarlo.

Añadido (2) El CEO de la trasnacional más antigua no encuentra como resolver la revuelta que vive la empresa. La epidemia generada por las alteraciones hormonales de un número significativo de los representantes en diversos puntos de venta ha provocado un enfrentamiento interno que cimbra el negocio. Ante la urgencia del problema, el CEO convocó a sus empleados a una reunión a realizarse dentro de cinco meses. En ella, se discutirá como resolver el asunto. Así que quienes aquí lo buscan para que los asesore acerca de cómo lograr la paz, ya tienen la primera lección a la mano basada en la máxima del filósofo poblano, Antonio Espino Mora, “Momento. La cosa es calmada...”

Añadido (3) Ante las acusaciones, el gobierno español emitió un comunicado aceptando que quien lo preside, Pedro Sánchez, al elaborar su tesis doctoral solamente plagió el 13 por ciento de su contenido y eso es aceptable!!! O como diría aquel, “que tanto es tantito,” íbamos a escribir otra cosa, pero…
08 Septiembre 2018 04:00:00
Los últimos días del general Zaragoza Seguín
Dado que septiembre es un mes abundante en asuntos cívicos de toda índole, a los mexicanos en general, y a lo coahuilenses en particular, nos pasa de largo que a las 10:15 horas del lunes 8 de septiembre de 1862, en la ciudad de Puebla, Ignacio Zaragoza Seguín fallecía víctima del tifo. Acerca de la victoria que las tropas a su mando obtuvieron sobre las huestes francesas apenas cuatro meses y tres días antes de que expirara, muchas han sido muchas las páginas escritas y los discursos laudatorios que al respecto se han generado, aun cuando no falta quien trate de minimizar el evento. Sin embargo, al otro lado del Bravo, los estadounidenses, lo elevan a un grado tal que festejan el hecho en un nivel superior al que nosotros le otorgamos. Si, ya sabemos que nos dirán que lo hacen por ignorantes, pero eso no es el caso. En realidad, nuestros vecinos han terminado por convertir a Zaragoza Seguín en el “primer héroe binacional” o, también, podríamos calificarlo como el primer personaje histórico “teleciano.” Recordemos que eso de enfatizar la celebración el cinco de mayo toma vuelo a partir de mediados de los años noventa del siglo pasado, cuando se firma el TLCAN-NAFTA. Detrás de esto, se encuentra el hecho de que don Ignacio nació, el 24 de mayo de 1829, en Bahía del Espíritu Santo del estado de Coahuila y Texas. Pero no vamos aquí a enfrascarnos en una biografía de aquel cuyo apellido forma parte del nombre oficial de nuestro estado natal. Nos ocuparemos de dar una revisada breve, a lo contenido en la obra grandiosa “Benito Juárez: Documentos, discursos y correspondencia, recopilada por Jorge Leónides Tamayo Castillejos, respecto al intercambio epistolar que Zaragoza Seguín sostuvo con diversos personajes entre el 4 de agosto y el 3 de septiembre de 1862.

El lunes 4 de agosto, desde Acatzingo enviaba una misiva al general Ignacio Luis Antonio Mejía Fernández de Arteaga quien se desempeñaba como gobernador militar de Puebla. En ella, enfatizaba su satisfacción porque, en una previa, Mejía le comentaba que sobre el cese “de los desmanes de que habían sido víctimas los pueblos del estado”. Asimismo, Zaragoza respondía al asunto de “… que se ponga en libertad los casados con familia, diré a usted que en estos momentos todos deben cooperar de todos modos para defender la nacionalidad y, si vamos haciendo esas excepciones, ni usted, ni yo estaríamos aquí”. En igual forma, no se guardaba emitir su parecer cuando Mejía le decía “que le han dejado sin guarnición. Aunque usted no me pide consejo le daré uno: En el [Cuerpo] 1º Nacionales de Puebla, que dice usted es el mas instruido, refunda usted los demás y así tendrá un mejor Cuerpo; además, en caso necesario, aquí tiene usted de reserva a todo este Cuerpo de Ejército”. Y si de disciplina se trataba, Zaragoza no andaba con miramientos cuando le decía a Mejía que “ha hecho usted bien en mandar formar causa al oficial del [Cuerpo] 4º de Puebla, por el cambio de hombres por fusiles y espero me dé cuenta del resultado para castigarlo.” El intercambio epistolar entre estos dos personajes continuaba al día siguiente, pero debemos advertir que, si por casualidad hay por ahí un lector amable de origen poblano con la cobertura epidérmica sensible, por favor, deténgase aquí y diríjase a revisar escritos menos ásperos porque el general Zaragoza no tenía de ellos la mejor de las opiniones.

Enfatizaba ver “que hasta las autoridades simuladamente protegen a los vagos en las ciudades populosas, entonces no queda otro recurso al que manda un ejército y que tiene la obligación de cubrir las bajas naturales…” Dos párrafos después, el coahuilense apuntaba que “El Estado de Puebla tiene una Brigada en campaña y estoy seguro de que si no hubiera tomado reemplazos de leva la Brigada hubiera concluido, porque su estado, desde que salió de Puebla, no le ha dado una alta, antes bien órdenes de bajas, porque son casados, porque tienen familia, porque no tienen voluntad de servir. ¿Tiene usted la ilusión que hemos de tener voluntarios en nuestro ejército? Creo que no, porque usted, lo mismo que yo, conoce la ninguna ilustración de nuestro pobre pueblo y el egoísmo arraigado de la clase media y de la nulidad de nuestra ridícula aristocracia. ¿Con estos inconvenientes busca usted gente voluntaria?...” Tras de exponer que dadas esas circunstancias no había otra forma de integrar el ejército, Zaragoza arremetía frontalmente y apuntaba: “No se forme usted ilusiones, mi amigo, el estado de Puebla ha sido malo, es malo, y será malo toda vez que no tiene patriotismo y que, si hoy da sus recursos, esto es porque no puede hacer otra cosa. Dios nos libre de sufrir un revés por acá en Oriente, entonces verá usted lo que es ese pueblo levítico, hijo de frailes y de monjas, con rarísimas excepciones. Desearía ya no volver a hablar de este negocio de leva que me ha causado tantos disgustos…” Si algún ciudadano poblano ha llegado hasta aquí y se encuentre fúrico en contra de nuestro héroe, valdría la pena serenarse y reflexionar sobre las circunstancias en que se encontraba quien buscaba, careciendo de todo, como parar al invasor y veía que algunos hacían hasta lo imposible porque volvieran a empoderarse en México los europeos, una causa la cual hasta nuestros días tiene adeptos. Veamos lo que el 7 de agosto comentaba al estadista Juárez García.

Indicaba que la posición de Lorencez en Orizaba era critica por lo cual estaban haciendo todo lo posible para dar inicio a las operaciones en dicha ciudad dentro de los diez días próximos. “…Sin embargo, me encuentro en un grandísimo inconveniente, cual es la falta de trasportes pues como usted verá por la relación que le acompaño no tenemos ni la cuarta parte de lo que necesitamos, pues estos son los mismos 200 carros grandes, 50 o 60 carretas y 800 mulas de carga. Hay otros inconvenientes, pero estos se vencerán por la abnegación y el patriotismo de nuestro ejército.” Y continuando con la estreches con que se vivía, el 9 de agosto, en una epístola dirigida al coahuilense, Miguel Blanco Múzquiz, quien se desempeñaba como secretario de guerra y marina, le indicaba que “según lo que yo vi en la ciudad de Puebla, los informes que me ha dado el Sr. [coronel Joaquín] Colombres, comandante del Cuerpo de Ingenieros, y lo que me escribe el Sr. Gral. [Ignacio] Mejía, la línea de fortificaciones es muy extensa y demanda gastos que los fondos del Estado no pueden sufragar. Colombres ha escrito ya a usted algo sobre esto, pidiéndole asigne 2000 pesos semanarios y el número de gente necesaria para concluir a tiempo dichas fortificaciones.” A continuación, indicaba “yo recomiendo a usted que se haga lo que le ha indicado el Sr. Colombres, [nativo de Puebla] pues en las circunstancias en que nos encontramos es tal su importancia que se da a conocer por sí sola”. Nueve días después, la pluma de Zaragoza generó una misiva, en respuesta a la fechada el 14 de agosto del presidente Juárez García.

En el cuerpo de la misma, indicaba lo grave que era la renuncia que días antes presentara al ministerio de relaciones y de hacienda, Manuel Doblado Partida. Sin embargo, ello, afirmaba Zaragoza, “…no ha influido, ni influirá en nada respecto de la situación del Cuerpo del Ejército de Oriente. Su patriotismo, su deber, su honor, le tienen enfrente del enemigo de la Patria, y desde el General en jefe hasta el último de los soldados sabrán cumplir con la obligación que tienen como mexicanos”. En igual forma, ante la petición del presidente, Zaragoza emitía “su opinión particular” sobre la incorporación posible de Joaquín Francisco Zarco Mateos y de Juan Antonio de la Fuente Cárdenas al gabinete. “Creo, ante todo, que los hombres que hoy deben ponerse al frente de los negocios, deben tener antecedentes que les hagan merecer la confianza del primer Magistrado del país, y la de la gran mayoría del partido liberal; sin esas dos condiciones, se aumentarían los obstáculos que siempre rodean a los gobiernos”. En base a ello, Zaragoza consideraba que era conveniente se llamara a Zarco y De la Fuente “cuya ilustración, conocimientos y patriotismo le son a usted conocidos, así como a la Nación. Ambos han dado prueba evidente de su saber: El Sr. Zarco, a pesar de la grita que se levantó contra él, supo desempeñar dignamente su puesto, en medio de mil dificultades diplomáticas. El Sr. De la Fuente, ha sido tal vez el único ministro extranjero que ha dirigido a un Gobierno una nota en que defienda a su país con tanta energía como la que él tuvo en la que dirigió al emperador de Francia….” Pero pronto dejaba atrás las opiniones y volvía a la realidad del día con día, indicándole al mandatario que “he visitado las divisiones, les he visto una falta cuasi absoluta de vestuario; no puede usted figurarse la pena que causa ver a estos hombres que acaso van a morir, y que ni siquiera tienen con que cubrirse. Por lo mismo, ruego a usted encarecidamente, mande construir 5 o 6000 vestuarios; pero que estos sean compuestos de camisa y calzoncillos de manta, y pantalón y capote de paño, pues no tienen con que taparse, y hay veces en que duermen con la ropa mojada”. Pero eso no era todo, también, le comunicaba que “estamos malísimos de provisiones, pues se han acabado enteramente las ultimas que llegaron en el convoy de principio de mes. Tengo necesidad de dirigirme diariamente a los pueblos para poder vivir con mi ejercito y esto me tiene a mal con los Gobernadores de los Estados”. En otra carta, de la misma fecha, le indicaba a Ignacio Mejía que “para mañana no hay ni un grano de frijol…” Bajo esas circunstancias Zaragoza lideraba a los patriotas que daban todo por defender a la patria, mientras otros le negaban cualquier tipo de apoyo.

El 27 de agosto, desde el Palmar, volvía a escribir a Mejía indicándole “Una vez que consintió usted en que los reaccionarios de Puebla se quedaran con gran parte de la vela, [que se utilizaba para hacer sombra] para sus procesiones, en Atlixco hay una muy grande y, necesitándose para tiendas de campaña de este Cuerpo del Ejército, que no asiste a festividades religiosas sino que va a batirse con el enemigo extranjero, le suplico que en el acto la mande traer y la remita a este Cuartel General para hacer tiendas de campaña”. De igual forma, demandaba que “…la multitud de bayonetas que se hallan en Perote…espero que las mande usted poner en buen estado y me las remita, porque aquí hay cuerpos a los que absolutamente les faltan.” En medio de todo esto, la disciplina no andaba ausente y quien la quebrantara tenia su castigo. Ejemplo de ello, es cuando “fue necesario fusilar al Capitán Antonio Álvarez, único cómplice de la deserción del excoronel Agapito Gómez…” Asimismo, “en el 2º Ligero de Guanajuato, también hubo su motín; se fusiló al cabecilla que era un soldado y todo ha quedado quieto…” respecto al asunto del tal Agapito, el mismo 27 informaba al presiente Juárez que “el Gral. González Ortega había confiado el mando de un cuerpo de caballería al excoronel Agapito Gómez, hombre con quien debía tener, como tenía, una ilimitada confianza, porque durante la revolución prestó muy buenos servicios, hasta el grado de merecer siempre el aprecio de todos los jefes del ejército. Este jefe olvidando lo que debía a su Patria, y engañando al Cuerpo que mandaba, lo conducía a las filas del traidor [José] Tomás [de la Luz] Mejía [Camacho]…” Tras de que la oficialidad y la tropa conocieron a donde los llevaban “…se sublevaron contra ellos,… Gómez y el excomandante Joaquín Berriozábal escaparon.…” pero el antes mencionado Álvarez fue atrapado y se procedió como ya se apuntó. Ante hechos como estos, Zaragoza escribía “…si es de sentirse que haya infames entre nosotros enfrente del invasor también es satisfactorio que en la misma situación la tropa de pruebas de lealtad y patriotismo, como la de Zacatecas sublevándose contra la traición de sus jefes y como la de Guanajuato permaneciendo subordinada al grito de sedición”. Ese 27 de agosto, también, se dirigió a Mejía para indicarle sobre el arribo de 3500 refuerzos para los franceses lo cual implicaba que habrían de redoblarse los trabajos para detenerlos. Asimismo, lo encomiaba por haber hecho caso omiso de los caprichos de Colombres “quien tiene cabeza de vizcaíno; pues nada perdemos con comenzar todas las obras que se crean necesarias, porque si no las concluimos nosotros, habremos hecho por nuestra parte cuanto debemos hacer…” Pero lo que seguí prevaleciendo era las carencias y las escasez de fondos. El 29 y el 31 de agosto, pedía primero a Blanco que le enviara vestuario para el ejército, al tiempo que le remitía una relación de lo que se gastaba diariamente en le ejército. Por otra parte, a Mejía, le explicaba sobre la necesidad de vela para tiendas de campaña y lo que la carencia de estas provocaba y hasta describía el espectáculo bello que se apreciaba cuando dichas tiendas estaban montadas.

En medio de todo ese intercambio epistolar, Zaragoza se dio tiempo para ir a la ciudad de México de donde regresó el 25 de agosto a El Palmar. Ahí estuvo un par de días poniendo al corriente lo pendiente. El 29, se trasladó a las Cumbres de Acultzingo en donde se entrevistó con González Ortega. Al día siguiente, en compañía de este y Miguel Negrete Novoa, emprendió la visita de cada destacamento. Al término de la gira, González Ortega dijo sentirse enfermo, mientras que Zaragoza lucía rozagante. Sin embargo, el 1 de septiembre, cuando llegó a El Palmar empezó a sentirse enfermo. En principio se creyó que era “la fatiga del viaje o el “chaparrón que le sorprendió al volver de la expedición”. Dado que a pesar de los cuidados médicos aquello no mejoraba, se decidió trasladarlo a Puebla. En el camino hacia la capital poblana, desde Amozoc, el 3 de septiembre, dictaría la que sería su última misiva dirigida a Ignacio Mejía, la cual fue firmada por su secretario el teniente coronel, Bruno Lozano. En ella, se leía: “Hace tres días comencé (a) estar un poco malo, y al día siguiente, según la opinión de los médicos se me declaró fiebre la que, habiendo tomado un carácter grave, me he visto precisado a ponerme hoy en camino para esa ciudad, con el objeto de irme a curar; espero tenga usted la bondad de conseguirme una casa cómoda donde pueda estar solo, para atender mis males. Manan llego a esa ciudad y deseo me tenga usted la casa lista para irme a apear directamente (a) ella. Al separarme de El Palmar, he entregado el mando del ejercito al ciudadano Gral. Jesús González Ortega, dando las ordenes respectivas para que se le reconozca como general en jefe y a quien se dirigirá usted para asuntos de servicio…” Dos días después, Mejía informaba al presidente Juárez García que, si bien la enfermedad era grave, aun no se presentaban síntomas alarmantes, los doctores Petricioli y Orellana lo atendían. Los médicos le aconsejaron guardar cama seis días. “Por la noche, volvió a la manía de querer ponerse las botas de montar y partir al campo de batalla…” mientras demandaba un lecho más cómodo “y que no estuviese expuesto al viento y la lluvia…” A la par, imaginaba estar en el campo de batalla dando órdenes. “El día 7 deliró continuamente y apenas conoció a la señora su mama y a la señorita su hermana… pasó el resto del día ya muy desasosegado o muy rendido y siempre delirando y creyéndose prisionero y renegando de los franceses porque no sabían ensillarle su caballo”. El médico personal de Juárez, Juan N. Navarro acudió a revisarlo, pero al auscultarlo vio que nada había por hacer, pronosticó que a más tardar la fiebre acabaría con él al día siguiente. Navarro fue quien primero avisó al secretario de guerra y marina sobre el desenlace. Posteriormente, Mejía informaba al presidente Juárez que “la fiebre siguió su curso y de ayer a hoy se agravó de manera que ha fallecido…” a la edad de 33 años, cinco meses y 15 días. El día 11, el cuerpo inerte de Zaragoza fue trasladado de Puebla a la ciudad de México en donde el 13 de septiembre fue sepultado en el Panteón de San Fernando. Ahí, permaneció hasta el 5 de mayo de 1976 cuando fueron exhumados ante la presencia del entonces presidente de la república, Luis Echeverría Álvarez. Respecto al evento, siempre recordamos lo que el gobernador de Coahuila, Óscar Flores Tapia comentaba, con respeto profundo respeto y la emoción de todo Liberal, al mencionar lo afortunado que fue por haber visto portando el uniforme, los espejuelos y las botas que cubrían el cuerpo del general coahuilense el cual permanecía tal y como lo fue en vida, incorruptible.

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Añadido (1) Ayer hubieras celebrado 93, porque tú decidiste que esa fuera la fecha…

Añadido (2) ¿Por qué se sorprenden?, los verdes siempre han sido fieles… a quien les ofrece un manojo de billetes. Eso está en su ADN

Añadido (3) Pues dicen los ingenieros que ahí en donde está construyéndose es el sitio correcto. A pesar de ello, falta la opinión de las decenas de millones de mexicanos expertos en el tema. Ni modo que los vayan a marginar.

Añadido (4) Para quienes lo han olvidado, así como para aquellos que lo desconocen, el primer gran “boom” de las universidades privadas se dio justo después del movimiento universitario capitalino de 1968. Un apunte para reflexionar sobre lo que generan ese tipo de revueltas.

Añadido (5) Pero como quieren que se comporten en otra forma. Son los hijos del asambleísmo. El casimir no es elixir que trasforme las neuronas.
01 Septiembre 2018 04:00:00
El estadista Elías Calles y la creación del Banco de México
Somos escasos, quienes reconocemos abiertamente que el estado mexicano moderno, ese que nos permitió crecimiento y desarrollo económico a la vez, fue diseñado por Venustiano Carranza Garza y materializado bajo la construcción de Plutarco Elías Calles. A pesar de la trascendencia de su obra, ambos continúan pagando las consecuencias de haber emitido reglas claras y objetivas para el manejo de la relación estado-iglesia. La personalidad recia de los dos no da para crear leyendas románticas, por lo cual los políticamente correctos buscan a toda costa minimizar sus obras, algo que han logrado en grado mayor en el caso de Elías Calles un personaje al que, quienes no revisan la historia objetivamente, le otorgan un papel secundario. Sin embargo, quienes analizamos la historia en base a datos duros, y no en consejas, reconocemos lo realizado por el sonorense.

Entre las múltiples acciones positivas que realizó, se encuentra la creación del Banco de México de lo cual hoy, 1 de septiembre, se cumplen 93 años, sobre esto comentaremos.

Iniciaremos revisando brevemente los antecedentes desde el porfiriato hasta la fundación del Banco de México. Durante el gobierno del presidente Díaz Mori, en 1884, se fusionan el Banco Mercantil Mexicano y el Banco Nacional Mexicano. Con ello nace el Banco Nacional de México que se convierte en el banco de la tesorería del gobierno. En ese mismo año, se emite el Código de Comercio al amparo del cual habría de establecerse orden en el sector bancario, además de estipular el porcentaje de reservas en metálico, y que la información financiera fuera presentada en forma clara. En ese contexto, el estado mexicano actuaria como el gran rector en la conformación de la estructura de la banca. Como consecuencia, surgía como banco emisor único el Banco Nacional de México, lo cual provocó la reacción del Banco de Londres y México. Como las leyes establecían que para convertirse en emisor era requerido tener domicilio en al país, y esta institución no lo tenía, quedaba fuera del juego. Así, compró el Banco de Empleados y al fusionarse, se convirtió en una institución mexicana. Al emitirse, en 1897, la Ley de Instituciones de Crédito, cada entidad federativa debería contar con al menos un banco emisor, lo que se cumplía parcialmente, pues en algunos operaban de manera regional. A finales del porfiriato totalizaban 24, incluyendo al Nacional de México y el de Londres y México que lo hacían a nivel nacional. En ese contexto, surgió en México la emisión de papel moneda que contaba con respaldo en metálico. Conforme a los datos proporcionados por Moisés Ochoa Campos en “Calles, el estadista” (1976), en 1911, la circulación de billetes alcanzaba un total de 116.7 millones de pesos.

Sobresalían el Nacional de México, (54.8 millones de pesos) y el de Londres y México (19.3 millones de pesos Esto lo alteraría la Revolución Mexicana.

Las instituciones de crédito alegaban bancarrota debido a que las fuerzas revolucionarias en contienda las obligaron a realizar prestamos forzosos.

Posteriormente, se esclarecería que con ese pretexto muchos funcionarios bancarios buscaban encubrir fraudes y negocios poco exitosos. Lo real fue que el billete dejó de tener aceptación. Al momento en que Huerta asesina al presidente Francisco Ygnacio Madero González, el usurpador ordena a la banca le entregue todo el respaldo metálico que sostenía la emisión de billetes, y los obliga a emitir moneda que lógicamente solo tenia el valor del papel en que estaba impresa. Ello no implicaba que los principales bancos emisores dejaran de realizar sus tarea. Con la rebelión a la asonada en pleno, Venustiano Carranza Garza emite, el 7 de octubre de 1913 desde Hermosillo, Sonora, la circular número 6 que prohíbe la circulación de los billetes emitidos por el Banco Nacional de México, los cuales se alegaba no cumplían con lo establecido en la ley, ni eran aprobados por un gobierno legal, y solamente buscaban apoyar a Huerta y terminaban por ser fraudulentos. Cuando los Constitucionalistas ejercían la autoridad, recurrimos a Ricardo J. Zevada quien, en “Calles, el presidente” (1983), apunta que “Rafael Nieto, secretario de Hacienda, consultó desde 1915 a los bancos sobre la mejor manera de unificar la circulación fiduciaria, liquidar los antiguos bancos de emisión y formar un banco único de emisión. (Circular del 1º de noviembre en El Constitucionalista, 4 de noviembre de 1915)”. Finalmente, la Constitución Política de 1917, en su Artículo 28 establecería que: “En los Estados Unidos Mexicanos no habrá monopolios ni estancos de ninguna clase;…exceptuándose únicamente los relativos a la acuñación de moneda, a los correos, telégrafos y radiotelegrafía, a la emisión de billetes por medio de un solo Banco, que controlará el Gobierno Federal…” En base a ello, el presidente Carranza Garza actuó.

Retornando al texto de Zevada, es factible apuntar que “posteriormente, el Congreso de la Unión autorizó al presidente Carranza, para obtener un empréstito hasta por cien millones de pesos [oro] para la fundación del Banco [Único de Emisión de la República]. El decreto del 21 de septiembre de 1917 (Diario Oficial del 10 de octubre), daba oportunidad a particulares para contribuir a formar el capital del banco. El 8 de diciembre del mismo año, Carranza envió a la Cámara de Diputados, una iniciativa de ley que autorizaba al banco admitir billetes hasta por el doble del capital exhibido y no mas del doble de las monedas de oro, barras de ese metal o de plata que mantuviera en su activo. Operaría además como banco de deposito y descuento. Posteriormente, el 12 de septiembre de 1919, el ejecutivo retiró su iniciativa de ley”. Las cosas en materia de la banca única permanecerían en ese estado y fue hasta febrero de 1928 cuando el presidente Obregón propone, pero le es negada, “una adición al Artículo 28 de la Constitución para crear ocho bancos de emisión concesionados a particulares”. Sin embargo, el 15 de febrero de 1923, en el Diario Oficial, el Congreso autoriza a Obregón “organizar el Banco Único de Emisión, que se denominara Banco de México…con un capital inicial de veinticinco millones de pesos autorizado hasta cien millones de pesos”. Es interesante mencionar que, en el apartado V del Artículo primero, se mencionaba que “los billetes, tendrán circulación enteramente voluntaria y en ningún caso se considerara forzosa su admisión para el público”. No obstante, la disposición fue hasta diciembre de 1924 cuando se empezaría a convertir en realidad.

Mediante decreto del 24 de diciembre de 1924, se crea la Comisión Monetaria S.A. que sustituye a…la Comisión de Cambios y Moneda. El 25 de agosto de 1925, el presidente Elías Calles expidió la Ley Constitutiva del Banco de México, publicada en el Diario Oficial el 31 de agosto de dicho año. Respecto a esto, es conveniente recurrir a la cita textual del Informe Presidencial que el estadista sonorense presentó al Congreso el 1 de septiembre en donde se mencionaba que …fue una necesidad apremiante la reorganización de la Comisión Monetaria, porque, como dependencia de la Secretaría de Hacienda, se había contaminado de todos los vicios y corruptelas engendradas por la acción política malsana que imperó, en otro tiempo, en aquel ramo de la Administración.

De allí que el decreto de 24 de diciembre de 1924 haya tendido a independizar administrativamente la Comisión Monetaria constituyéndola en sociedad anónima, y que le haya asignado dos órdenes de funciones: las bancarias de depósito y descuento, y las que antes desempeñaba en conexión con el Gobierno federal, como sucesora de la antigua Comisión de Cambios y Moneda…. la Secretaría de Hacienda, desde la fecha de reorganización de la Comisión Monetaria, abandonó la vieja práctica de disponer, como aprovechamientos del Erario, de los productos de la acuñación de la plata. Estos han venido depositándose religiosamente en las cajas de dicha institución, para formar el fondo regulador de la circulación monetaria establecido por la Ley de 25 de mayo de 1905.

Desde que, con motivo de su reorganización, fue renovado el personal directivo de la Comisión Monetaria y comenzó ésta a actuar de acuerdo con su nuevo estatuto, se evidenció la factibilidad de funcionamiento administrativo de una institución semejante fuera de la perniciosa influencia de la política y, durante toda su vida, ofreció un campo de experimentación excelente sobre el cual han sido elaborados la Ley Constitutiva, la Escritura Social y los Estatutos del Banco de Emisión. La labor acabada de mencionar fue empeñosamente ejecutada por una comisión que integraron los señores don Elías S[alomoh].A[binun]. de Lima [y Senior], Licenciado don Manuel Gómez Morin y licenciado don Fernando de la Fuente [Sanders], bajo la dirección inmediata del secretario de ramo, ingeniero don Alberto J[osé]. Pani [Arteaga]… Antes de continuar, cabe hacer un paréntesis para ubicar a estos cuatro personajes. De Lima, nativo de Curazao, había manejado, durante el porfiriato el Banco Mexicano de Comercio e Industria y era considerado por Obregón como uno de los financieros mas capaces en México. Gómez Morín fue enviado, en 1921, a la Universidad de Columbia a estudiar el sistema de la Reserva Federal en los EUA y la operación de la banca central, posteriormente, fundaría el PAN. De La Fuente era un financiero amigo cercano de Obregón y Elías Calles. En 1937, participaría en la fundación del Partido Social Demócrata Mexicano con tendencia nacionalista, anticomunista y antisemita. Pani lo mismo actuó como enviado especial a las reuniones de los Tratados de Versalles que mas tarde seria secretario de relaciones exteriores como encargado de las finanzas nacionales. Volvamos al Banco de México y el discurso del presidente Elías Calles.
El banco será organizado bajo la forma de Sociedad Anónima. Se llamará Banco de México. Su capital será de cien millones de pesos oro, representado por acciones… nominativas de cien pesos cada una y divididas en dos series: la Serie “A”, que tendrá íntegramente pagado el cincuenta y uno por ciento del capital social, sólo podrá ser subscrita por el Gobierno de la República y será intransmisible; y la Serie “B”, que podrá ser subscripta por el Gobierno federal o por el público. Se ocupará esencialmente en emitir billetes y regular la circulación monetaria en el República, los cambios sobre el exterior y la tasa del interés; descontar documentos de carácter genuinamente bancarios y efectuar las operaciones bancarias que requiera el servicio de la Tesorería y, subsidiariamente, todas aquellas que en general competen a los bancos de depósito y descuento.

Su administración,…estará a cargo de un Consejo integrado por cinco representantes de la Serie “A” y cuatro de la “B”, y ser vigilada por dos comisarios…la ley concede al secretario de Hacienda de votar ciertas resoluciones del Consejo, realizar el control constitucional del Gobierno sobre el Banco. El problema de armonizar este control con… la de independencia administrativa de ésta [a] fin de libertarla de posibles abusos del Poder Público o intromisiones perjudiciales de la política, [fue resuelta] …respecto del Consejo Directivo -que ser el que nombre el gerente, a los subgerentes y al cajero principal-por los siguientes medios: Primero, aplicando parcialmente el principio de recusación recíproca…esto es dando a los tenedores de cada serie uno, de los consejeros nombrados por la otra; Segundo, prescribiendo que en ningún caso podrán ser consejeros ni comisarios los funcionarios y empleados públicos y las personas que desempeñen un puesto de elección popular durante todo el tiempo que deba durar su encargo; Tercero, dejando al secretario de Hacienda - quien, …no podrá formar parte del Consejo Directivo-la sola facultad de vetar resoluciones de dicho Consejo, siempre que puedan afectar al equilibrio económico de la República, tales como: las que se refieren a la emisión de billetes, a la inversión en valores extranjeros, a depósitos constituidos en el exterior y a operaciones relacionadas con la regulación de la circulación monetaria o con la Deuda Pública; Cuarto, conociendo exclusivamente a los tenedores de acciones de la serie “B” el derecho de designar a los dos comisarios, y; Quinto, ordenando que mientras el público no subscriba acciones de la serie “B”, el Gobierno federal nombrar los consejeros que a esta serie corresponden, eligiendo un consejero de cada una de las ternas que deberán proponerle las instituciones bancarias y las confederaciones de Cámaras de Comercio y de Cámaras Industriales, y, como las Cámaras Agrícolas no están todavía confederadas, designando una persona que por sus conocimientos esté capacitada para representar los intereses Agrícolas de la República.
Recientes aun… las múltiples emisiones fiduciarias de la revolución, al efecto, [se] limita al doble de la existencia oro en caja -después de deducir la garantía metálica de los depósitos- la emisión máxima permisible, prescribiendo que los billetes serán emitidos solamente en cambio de monedas de oro, nacionales o extranjeras, de lingotes de oro a razón de setenta y cinco centigramos de oro puro por peso, de giros de primer orden, pagaderos a la vista y en oro, sobre el exterior, y en las operaciones de redescuento con los otros bancos. Siendo voluntaria la circulación de los billetes, obliga al Gobierno federal, a los Gobiernos de los Estados y a los ayuntamientos a recibirlos ilimitadamente en pago de impuestos y de todos sus créditos; hace imprescriptibles los billetes, ordenando que se canjeen por oro en la matriz del Banco y las sucursales; declara que la falta de pago de un billete producir acción ejecutiva previo requerimiento ante notario y salvo el caso de que el pago se niegue por falsedad del billete; declara también que la falta injustificada de pago de un billete pondrá al Banco en estado de quiebra, y que, en caso de liquidación será excluida de la masa la cantidad necesaria para cubrir el valor de los billetes en circulación y, finalmente -como si todas las seguridades acabadas de enunciar no fueron suficientes-, si en la liquidación del Banco no hubiere bastantes para pagar el importe de los billetes en circulación, la ley establece esta otra garantía, que no pueden tener los billetes emitidos por bancos privados: la responsabilidad, por la diferencia, del Gobierno federal.

Como, por una parte, la pesada rigidez de la circulación monetaria estrictamente metálica ha venido poniendo cada vez más trabas al desenvolvimiento comercial e industrial del país y las vanas promesas que durante más de ocho años ha estado haciendo el Gobierno de derribar esas trabas y facilitar la movilización de los capitales por medio del billete, han agotado a tal punto la paciencia del público, que la realización del proyectado Banco de Emisión, a |últimas fechas, se ha convertido en necesidad nacional inaplazable y en imperiosa demanda popular y como, por otra parte, las reservas acumuladas en la Tesorería, con el activo saneado de la Comisión Monetaria, son ya suficientes para exhibir la totalidad de las acciones de la serie “A” y el diez por ciento de las de serie “B”, la Ley Constitutiva del Banco de México, S. A.

Concluía anunciando que “…a las diez horas de la mañana, fue inaugurado el Banco de México, S. A., con cuyo acto queda satisfecha otra de las condiciones de seguridad para la reanudación del servicio de la Deuda Exterior y, por tanto, del restablecimiento del crédito de México en el extranjero…” Así finalizamos este relato de un capítulo trascendental en la historia de México que algunos insisten en minimizar llevados por su poca objetividad.

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Añadido (1) Para quienes decían que el ciudadano Bergoglio Sivori era distinto a sus predecesores, muy conveniente es leer las declaraciones del antiguo nuncio apostólico en los Estados Unidos de América, el arzobispo Carlo Maria Vigano. Seguramente al abstenerse de responder, don Jorge Mario pensaba en otro gaucho, José Hernández quien en Martin Fierro escribiera: Vengan Santos milagrosos, /Vengan todos en mi ayuda, /Que la lengua se me añuda /Y se me turba la vista; /Pido a Dios que me asista /En una ocasión tan ruda…

Añadido (2) Lo confesamos, pertenecemos a la minoría ignorante. Nada sabemos sobre topografía, dirección de los vientos, sistemas de navegación, tráfico aéreo, torres de control, pistas de despegue y aterrizaje, hangares y características mecánicas de los aviones. Así que, por favor, excusen de preguntarnos al respecto. Por ello, vemos con admiración a las decenas de millones de mexicanos expertos en el tema quienes ansiosos esperan la consulta para opinar sobre cuál es el sitio más adecuado para establecer el aeropuerto en la Ciudad de México. Vaya fortuna de la nación al contar con tal número de versados en esos asuntos.

Añadido (3) ¿A cuántos más veremos pronto con actitud de “boobleheads”?
Añadido (4) De saltimbanqui pasó a convertirse en equilibrista, especialmente después de la comida.
25 Agosto 2018 04:00:00
En las aulas, “eran otros tiempos…”
Como resultado de nuestra colaboración de la semana anterior, uno de nuestros pocos, pero selectos, lectores amables nos hizo un comentario evocando, con alta estima, como el libro que ahí mencionábamos, “Cuentos, Leyendas y Poemas,” escrito por Miguel Salinas, había sido parte de su formación académica durante sus años primeros de instrucción. Cuando leíamos esto, vino a nuestra mente lo que, como él nos mencionaba, “eran otros tiempos,” en donde, decimos nosotros, sin los artilugios electrónicos y tecnológicos del presente, los maestros cumplían su encomienda con un grado altísimo de profesionalismo. Lo de ellos era preparar chamacos para que contaran con los conocimientos que les permitieran enfrentar el futuro en las aulas y en la vida cotidiana. La relación profesor-educando era de respeto del segundo hacia el primero y ello arrojaba resultados positivos. Mientras estábamos en medio de todas estas cavilaciones, una tras otra vino a nuestra mente las imágenes de quienes nos enseñaron lo básico que nos permitió ir por la vida desbrozando el camino de la ignorancia para adquirir conocimientos nuevos. Acerca de aquellos a quienes con el paso del tiempo tendemos a olvidarlos porque nos volvemos “muy importantes,” versara esta colaboración.

Era la mañana del lunes de 4 de septiembre de 1961, la confluencia de las calles Xicoténcatl y Rayón lucía muy concurrida. En el centro de Piedras Negras, Coahuila estaba, esta, ubicada la escuela primaria federal Francisco Pascual Estrada a la cual una parvada de chamacos llegaba para dar inicio al año escolar nuevo. Ellas vistiendo su falda de color guinda con tirantes, blusa y calcetas blancas. Ellos de pantalón kaki y camisa guinda. La abrumadora mayoría llegaban felices, aun cuando los del primer grado, como es natural, íbamos temerosos.

Algunos berridos se llegaban a escuchar, en medio de los cuales hubo un caso en particular que nunca hemos olvidado, ni el nombre de quien lo representó. Era un chamaco quien se resistía a quedarse en la escuela, ante lo cual el padre decidió ejercer la autoridad y a punta de cuero lo obligó a permanecer, mientras quienes observábamos la escena nos quedábamos sorprendidos y buscábamos nuestro lugar para formarnos en la fila. Al calce vale mencionar que antes de llegar al cuarto año, el receptor de la cueriza ya había abandonado las aulas. En lo personal, para nosotros, aquel sitio no era extraño. Tres años antes, en la construcción ubicada en el centro del complejo educativo operaba el jardín de niños que, después, habría de llamarse Elena Mateos de López. Ahí, literalmente, de la mano de Rosa María Herrera Pérez habíamos dado inició a la convivencia formal en la instrucción. Ella, junto con Silvia Oliva Garza González, se encargaba de irnos introduciendo a la vida escolar, mientras que Armandina Velazco y Cota bajo los acordes del piano buscaba atenuar las discordancias musicales de aquellos infantes imberbes. Aquí cabe hacer un apunte al calce.

Tanto el jardín de niños como la escuela primaria formaban parte del complejo educativo integral que llegaba hasta las carreras profesionales, un concepto adelantado a su tiempo y poco comprendido entonces, concebido por el profesor Fausto Zeferino Martínez Morantes. Pero retornemos a septiembre de 1961.
Ahí estábamos en aquel salón enmarcado por ventanales amplios sentados en medio de un grupo en donde se delimitaba perfectamente las filas de las niñas y de los niños. Al frente, delante del pizarrón, se encontraba Martha Nélida Riojas Carrasco quien habría de enfrentar con un alto grado de paciencia y vocación magisterial la encomienda de sacar de la ignorancia plena a aquel grupo de chamacos. En lo personal, evocamos con gran respeto y agradecimiento todo el tiempo que nos dedicó, durante el periodo de clases y varios minutos después de ellas, para que en nuestra cabeza dura entraran los conocimientos y aprendiéramos correctamente las letras y los números. Éramos la segunda generación que se formaba al amparo de los libros de texto gratuitos cuya distribución instaurara un año antes el gobierno del presidente don Adolfo López Mateos bajo la supervisión de su secretario de educación pública, Jaime Torres Bodet, quien, podrá tener todos los defectos personales que se le quieran achacar, fue el responsable de que se trasformara para bien el sentido de la educación en México. En esos volúmenes, bajo la guía de Riojas Carrasco, aprendíamos a leer y escribir, mientras conocíamos los episodios históricos y los personajes quienes habían construido nuestra nación. Ello nos habría de servir para cimentar el nacionalismo y la identificación con nuestro país, pues debemos de recordarlo, entonces el contacto con el resto de la nación era limitado, mas cerca, a cinco minutos, nos quedaban los Estados Unidos de América. Ya estaba por finalizar el año escolar y, como se acostumbraba entonces, era común que llegaran a visitar los grupos las autoridades escolares.

En esa ocasión arribaron, la directora de la escuela Herminia Martínez Morantes, el inspector de la zona escolar, Rafael Castro Flores y otra profesora de figura menuda cuyo nombre, Rosa H. Saucedo Maldonado, nada nos dijo entonces, pero que muchísimos años después habríamos de enterarnos que, además de su fama bien ganada como instructora, había participado en la Revolución Mexicana. El trío de personajes seleccionaba al azar algún educando y le realizaba preguntas para medir sus conocimientos. Al final, dada la actuación de los chamacos, felicitaron a la responsable del grupo por haber impartido correctamente las enseñanzas. A los pocos días, ya andábamos en pleno verano esperando que volviera a arribar septiembre para cursar el segundo año.

Al iniciar el segundo año, nos volvimos a encontrar prácticamente los mismos, excepto un par de nuevos compañeros, que habíamos cursado el primero. Quien se encargaría de seguirnos conduciendo por el camino de la enseñanza sería Rosa María Rodríguez Aguirre. Por razones que desconocemos, ella puso énfasis especial en la lectura. Aquello era una combinación singular. No solamente había que leer, era necesario comprender lo que se estaba revisando y además hacerlo con celeridad. En este contexto, organizaba competencias de lectura de rapidez y los chamacos que con mayor velocidad lo hicieron alcanzaron las 235 y 200 palabras por minuto. Indudablemente que aquello dejó amplia huella en nosotros y de ahí se deriva nuestra avidez por recurrir a la lectura como un medio para paliar la ignorancia. Si mal no recordamos para entonces se dieron algunos cambios en la dirección de la escuela y arribó a dirigirla, por muy poco tiempo, una profesora de nombre Dolores Robles Montalvo quien ocupó el cargo por un periodo corto. Mientras todo esto acontecía, la enseñanza era cosa de un día y otro también, cosas nuevas se aprendían y era un disfrute acudir a la escuela.

Al terminar el ciclo escolar quedábamos listos para ir al tercer año.

Listos estábamos el lunes 2 de septiembre de 1963 para iniciar lo que habría de ser un año muy interesante. Ya para entonces, la escuela Estrada estaba bajo la dirección de María Cruz Villasana Sandoval quien habría de conducirla durante varios años por el sendero del éxito y la disciplina hasta convertirla en la mejor escuela primaria de la localidad. En ese contexto, se desempeñaban los profesores que ahí laboraban, entre el grupo se encontraba alguien que desarrollaba una energía singular, y quien entonces se presentaba ante el grupo de tercer año, María del Socorro Lozano Dávila. La actitud que asumía como forma de enseñanza iba más allá de las aulas. A la parte académica, le agregaba la actividad física. En ese contexto, una vez por semana durante la tarde, encabezaba el grupo y lo dirigía ya fuera a los rumbos de lo que entonces era conocido como “La Pedrada” o bien las instalaciones del Cuartel y ahí se armaban los partidos de béisbol con ella como participante activa. Nada de presumir de liberación femenina, simplemente aquello era divertirse junto con los chamacos.

Regresaban todos empolvados y sudorosos, pero contentos tras de aquel ejercicio físico. Así fue por varios meses hasta que se suscitó un incidente en las instalaciones militares en donde cayó a la alberca una compañera, cuyo nombre nos reservamos, y como no sabia nadar pues casi se ahoga de lo cual la salvó un miembro del Ejercito Mexicano. Ahí terminaron las excursiones y a quedarse exclusivamente con la interacción en el aula en donde el respeto siempre imperó.

Claro que no faltaba por ahí un chamaco inquieto a quien no podía poner en paz.

Pese a ser un alumno excelente, estaba sobrado de energía y no había forma de mantenerlo en el pupitre. Para apaciguarlo tomó medidas heterodoxas, aprobadas inclusive por la madre del aludido, pero que mejor no las mencionamos pues en estos tiempos de corrección política podrían provocar urticaria no obstante que al involucrado en nada molestan y las recuerda con agradecimiento. El año escolar trascurría con éxito académico, cuando, por razones personales, Lozano Dávila anunció que dejaría temporalmente la enseñanza. Un día apareció ante el grupo quien la reemplazaría. Por su aspecto, lucía como integrante de un grupo de los rebeldes sin causa, conducía una motocicleta Islo, su nombre era Víctor Hugo Martínez Rosaslanda. Proveniente de la ciudad de México llegaba con mucha fogosidad, mal encauzada, y al parecer se había quedado en los tiempos en que “la letra con sangre entra.” Conforme trascurrió el tiempo, optó por fomentar entre los alumnos la práctica del futbol como una vía para mejorar las relaciones. El tercer año terminaba entre azul y buenas noches, esperando que el siguiente fuera mejor.

El año lectivo 1964-65 habría de ser uno especialmente productivo en la enseñanza. Un año antes, proveniente del Distrito Federal, había arribado José Carlos Santiago Gómez. Aparte de su pasión futbolera, era un enamorado de la enseñanza de la historia y como nunca disfrutamos del aprendizaje de esta. Recordable es su muy peculiar forma de imponer la disciplina entre los alumnos.

Si alguno(s) no guardaban el orden durante la clase o bien se embarcaban en alguna refriega durante el recreo, había designado a un compañero rollizo quien armado de un tablón amplio de una pulgada de grueso se ubicará al fondo del salón. A su lado, se colocaba al mal portado quien dé pie no debería de moverse.

Al mínimo balanceo, se le ordenaba al “verdugo” accionar el pedazo de madera sobre las posaderas del castigado. Claro que eran otros tiempos, hoy, el profesor, sería sujeto a ser llevado ante la picota de los derechos humanos para quemarlo en leña verde, hasta donde recordamos ningún padre de familia fue a quejarse por aquello. La enseñanza recibida en ese lapso fue muy positiva, muchos fueron los conocimientos adquiridos y salíamos prestos para pasarnos el verano practicando beisbol, mientras esperábamos que llegar el inicio del quinto año escolar.

De entrada, el año pintaba muy bien, retornaba a las aulas para colocarse al frente del grupo María del Socorro Lozano Dávila cuyas credenciales de enseñanza eran de excelencia. El proceso de aprendizaje marchaba muy bien. De pronto, por razones que desconocemos, anunció que se retiraría. Esto provocó inquietud tanto en los alumnos como en los padres de familia quienes estaban muy involucrados en el proceso de enseñanza. Mientras eso sucedía, los alumnos sobrados de energía dedicaban las horas del recreo y la dedicada a la educación física que impartía José Guadalupe Garza De La Cerda, a jugar voleibol acompañado por el atletismo. Para el desarrollo de esta ultima actividad, se acondicionó un espacio en el cual se practicaba el salto de altura, mientras que, no muy lejos de ahí, algunos lanzaban la bala, objeto que en una ocasión casi mata a un compañero.

Aunada a esta actividad física, los chamacos acostumbraban a regresar pronto para el turno vespertino, pero no se crea que para irse a meter al salón de clases. El motivo de su apuro era ponerse a jugar beisbol de una manera singular. Armados con una pelota de hule esponja y la mano convertida en majagua, en el patio que da a la calle de Rayón, improvisaban el diamante beisbolero teniendo como primera base un árbol, la segunda era la parte posterior del monumento que sostenía el busto de Francisco Pascual Estrada, la tercera era una toma de agua y en homeplate se convertía lo primero que se tuviera a la mano. Épicos resultaban los partidos, mientras que los infantes sudaban a raudales y mas tarde sus camisas guindas parecían mapas con líneas blancas que marcaban el sudor ya seco, sabían que les esperaba una reprimenda en casa, lo cual poco les importaba. Pero volviendo a la enseñanza, los cambios continuaron, tras de que por un periodo breve estuvo como su profesora María de Jesús de Hoyos Villarreal. Tras de ella, recién egresada de la escuela Normal, llegó Gertrudis Alicia Lozano Dávila quien puso un esfuerzo extra por subsanar lo que el cambio de profesores generó en los alumnos. Cuando terminó el ciclo escolar, creíamos que nos pasaríamos el verano en la holganza. Sin embargo, nuestra madre decidió que requeríamos preparación extra y, poniéndose de acuerdo con las progenitoras de otros compañeros, nos enviaron a tomar clases de verano con quien había sido su mentora en la escuela primaria, Ildefonsa Paredes. Esta persona fue capaz, en un par de meses, de imponernos disciplina y dejarnos listos, académicamente hablando, para ingresar al último año de la escuela primaria.

Ahí estábamos, el jueves 2 de septiembre de 1966, a punto de iniciar la última etapa de aquella nuestra primera experiencia de vida escolar. Jesús Cervera Gutiérrez era quien sería nuestro profesor en sexto año. Una persona con carácter alegre y juvenil quien buscaba proveer la enseñanza en un ambiente relajado que invitara a recibir los conocimientos alejados de la solemnidad. Con él accedimos por vez primera al conocimiento de la historia, la cultura y la geografía universal. Un libro era básico en ese proceso, se titulaba “Cultura y Espíritu,” el cual, junto con los de historia y geografía, continúa formando parte de nuestra biblioteca. En medio de todo ello, había otras actividades en la escuela, tales como la función de cine semanal que era provista por Manuel Aguilar quien, a cambio de un cobro módico, nos exhibía películas mexicanas y ni modo que ahora neguemos que las de El Santo eran las más populares entre los chamacos quienes, a grito pelado, coreábamos el nombre del Enmascarado de Plata.

Pero en eso de actividades distintas a la académica, Cervera Gutiérrez se interesaba promover otras de índole diversa. Impulsó la creación y actuación de la banda de guerra. Igualmente, se involucraba en la organización de concursos en donde los alumnos demostraban sus habilidades como oradores o declamadores.

Asimismo, fomentaba las competencias de, algo que hoy habrá de lucir a los ojos de los modernos como arcaico, el balero, el trompo y las canicas juegos hoy desconocidos para los infantes hijos de la Tablet. En igual forma, los viernes por la tarde, había un espacio dedicado a los chistes, los cuales estaban muy lejos de los que hoy escuchamos plenos de vulgaridad e ignorancia. Todo ello en nada afectaba la calidad de la educación que se impartía, a cada acción se le daba su tiempo y espacio. Finalmente, el viernes 24 de junio de 1967, en el patio central de la Francisco P. Estrada, concluían su educación primaria 86 alumnos, 46 quienes habían sido tutorados por Luis Lauro Cavazos Corral y 40 pertenecientes al grupo de Cervera Gutiérrez.

Esta ha sido una semblanza apretada de recuerdos sobre aquellos que, no obstante, el tiempo trascurrido, recordamos con afecto singular. Gracias a sus enseñanzas pudimos adquirir los conocimientos básicos que nos sirvieron de fundamento para el resto de nuestra formación académica y vida profesional. En las aulas, como apuntara nuestro lector amable, “eran otros tiempos…”
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Añadido (1) Cuando anunciaron que construirían el Tren Maya, el responsable de esos asuntos inmediatamente anunció que, como ya contaban con los derechos de vía, no habría ningún problema ambiental. Hoy, nos enteramos en boca de quienes saben del asunto que, de construirse el susodicho tren, se verían afectadas varias zonas consideradas como zonas naturales protegidas. ¿Pero cómo, quien es el responsable de no dar parte a los ecosistemas de que ahí había derechos de vía que estaban vigentes?

Añadido (2) ¿No habrá entre la pléyade de sabios, que pululan alrededor de los funcionarios gubernamentales de la Ciudad de México, uno que les indique sobre los efectos que la contaminación atmosférica tiene sobre la salud humana? O ¿Será que ellos no se preocupan por nimiedades y por ello fomentan las actividades físicas al aire libre?
18 Agosto 2018 04:00:00
Cuando la instrucción se planteaba con base al conocimiento integral
En la búsqueda constante por paliar la ignorancia amplia que poseemos tenemos por costumbre, como paso inicial, irnos de paseo por la librerías de todo tipo. Esa costumbre la adquirimos hace más de cuatro décadas cuando llegamos al Distrito Federal. Innumerables fueron las ocasiones en que recorrimos las ubicadas en el centro de la ciudad; las localizadas en las avenidas de Insurgentes, desde Baja California hasta la glorieta del metro; Universidad, Miguel Ángel de Quevedo, y el centro de Coyoacán. En una de esas visitas, no hace mucho tiempo, nos encontramos un libro que nos llamó la atención, especialmente ahora que todos nuestros reformadores conspicuos dilucidan como habrán de afrontar la reforma educativa y en medio de tanto afán nada los detiene por querer proporcionar más a los educandos, hasta les ofrecen una mano con seis dedos, ¿Será para de esa forma asir mejor la mente de los potenciales aprendices? Pero esto son los de ahora, modernos y duchos en las artes de como enseñar. Lo que aquí vamos a comentar es algo que pertenece a tiempos un poco más lejanos, vayamos al texto.

El volumen aparece publicado originalmente en 1925, aun cuando nosotros lo que encontramos fue la sexta edición de 1943, bajo el título “Cuentos, Leyendas y Poemas: Escogidos y anotados.” Su autor, Miguel Salinas profesor titular jubilado de lengua y literatura española en la Universidad Nacional de México. Si ya sabemos de que en caso de que nuestro escrito al respecto llegara a ser visto por alguno de esos que están pendientes de a que hora sale la versión mas reciente del juguetito electrónico de moda y para quien el lenguaje es cosa de símbolos y abreviaciones, pues seguramente dirá que somos unos anquilosados en la prehistoria. Sin embargo, dado que estamos ciertos de que usted, lector amable, entiende la utilidad de los avances electrónicos, pero a la vez está consciente de que eso no anula que el lenguaje se exprese, de manera verbal y escrita, en forma correcta coincidirá con nosotros la importancia que debe de tener en la formación de los educandos el lenguaje y la comprensión de la lectura que permita el acceso al conocimiento general. Recordemos que el volumen en cuestión aparece justo en los tiempos en que el Estado Mexicano Moderno estaba en su nacimiento pleno y se buscaba que los profesionales del futuro tuvieran una formación educativa integral y sólida. Repasemos lo que se plasmaba en el prólogo de la obra.

“Para satisfacer las necesidades de la educación, los programas de estudio piden a los maestros de lenguas vivas que adiestran a sus discípulos, a fin de que sepan expresarse con claridad y sin incongruencias de sentido, de que pronuncien con pureza y corrección y de que escriban sin yerros ortográficos. Los ejercicios sistemáticos de lectura pueden llenar ampliamente estas exigencias”. En esa forma, se planteaba el esquema de formación educativa para el México del futuro. Por ello, Salinas recomendaba que al estudiante había que llevarlo paso a paso, haciéndole leer las obras en su totalidad, aun cuando fueran cortas. Para ello ofrecía una explicación.

“Haciendo a un lado lo que atañe únicamente a la forma del lenguaje y atendiendo al meollo, a lo sustancial de los trozos leídos, no cabe duda que es más provechoso leer una pieza completa que un fragmento de ella. Por eso las obras que contienen artículos completos son mas aceptables que las colecciones de fragmentos. El alumno que lea varios párrafos de una producción literaria aprenderá sin duda mucho de lo que se refiera a Morfología, Sintaxis y la Ortografía; pero no se penetrará de todo aquello que es necesario para formar un todo completo y bien hecho y esto debe saberlo, porque sus diarias necesidades se lo exigen.

Así es que la superioridad desde el punto de vista docente, de los libros formados por artículos íntegros sobre aquellos que constan solo de fragmentos, es evidente. Inspirado en estas ideas, [apuntaba el autor Miguel Salinas], me decidí a publicar el presente libro que contiene cuentos, poemas y otras obras literarias cortas, pero completas. Como en la buena enseñanza de las lenguas lo mismo que en la de cualquier arte, no puede prescindirse de una base científica, porque sin ella, la enseñanza resulta empírica, incompleta y desprovista de sólidos fundamentos, en nuestro caso no es posible desatenderse de la Gramática; esta es auxiliar muy poderoso que no debe ser desdeñado. Y aquí pasaba el autor a señalar lo que, desde nuestra perspectiva, resulta un elemento valiosísimo para los educandos.

De acuerdo con tal modo de pensar, he puesto una serie de notas a cada uno de los artículos que constituyen esta antología. Algunas notas servirán para enseñar al joven lector algo de Geografía, Historia, Mitología, indispensable para comprender lo que se lea; otras explicaran el significado de los vocablos poco usados, lo que enriquecerá el vocabulario del estudiante (cosa necesarísima); otras apoyaran el buen uso de ciertos términos, locuciones y giros empleados por el autor, o censuraran el mal uso, haciendo ver, en todo caso, que tal uso esta o no esta de acuerdo con las leyes gramaticales que no son sino la expresión de los modos de hablar consagrados por los grandes maestros de la lengua.”

El libro está compuesto de 27 piezas, poemas, cuentos y relatos surgidos de las plumas de Rafael Delgado, Amado Nervo, Rubén Darío, José Santos Chocano, Fernán Caballero (seudónimo de Cecilia Böhl de Faber), Andrés Bello, Ricardo Palma, Luis González Obregón y varios más. Cada uno de los escritos vale la pena revisarlos, si el espacio nos lo permitiera hubiéramos reproducido el cuento “Doña Fortuna y Don Dinero” generado por la pluma de Caballero. Sin embargo, ante la falta de espacio nos concretaremos a reproducir el escrito titulado “El Café” anexando las notas que Salinas hacia respecto a ciertos términos en los cuales se cubren aspectos botánicos, de anatomía humana, históricos y geográficos. Procedamos con el texto reproducido palabra por palabra.

El café, (1) como bebida, comenzó a usarse en México en los últimos años del siglo XVIII o en los primeros del XIX. Se traía de las Antillas. (2) Como producto de cafetos plantados en México, se recogió entre los años de 1825 y 1830. Después su cultivo y su uso se extendieron más y más en nuestro país.

Las primeras tazas de café que se bebieron en París datan del reinado de Luis XIV. (3) Un embajador turco lo llevó a la corte de Francia y lo ofreció, en sus reuniones, a las damas y a los caballeros franceses. Esta planta, enteramente desconocida en Europa y en América, es originaria de Arabia y de Abisinia [Etiopía]; fue llevada a algunas comarcas de Asia; y después a varias islas de Oceanía.

Durante la época del citado rey, se trato de aclimatar algunos cafetitos en Holanda; dos o tres de ellos fueron regalados al rey de Francia, quien los entregó a un marino que había nombrado gobernador en La Martinica. El marino, durante la travesía, cuidó esmeradamente de las plantitas. La nave sufrió recio temporal; el agua del los barcos escaseo; el pasaje fue puesto a ración; pero el gobernador daba diariamente una porción de la suya a las plantitas, a fin de que no perecieran. Llegadas a La Martinica, fueron trasplantadas; prosperaron admirablemente y diez años después los cafetales de la isla se contaban por millares. De allí se extendieron a todas las Antillas y al Continente Americano. El cafeto es un arbusto lindísimo. Cuando tiene dos metros de altura y está en floración o en fructificación, presenta aspecto m uy bello. Alcanza una altitud de cuatro metros.

El tallo pardo amarillento de este gracioso arbolillo siempre se yergue rectamente; en torno de él brotan las ramas que son unas varitas largas, finas, flexibles, que cuelgan hacia abajo en forma de arco; en ellas, de trecho en trecho, brotan dos hojas opuesta, casi sentadas, (4) de figura aovada [oval] y de color verde brillante; en las axilas (5) de las hojas, en la época de floración, aparecen en verticilos unas flores finísimas de nívea blancura y de suavísimo perfume. Es tal la cantidad de flores que se acumulan en una rama, que esta ofrece el aspecto de encantadora guirnalda.

Cuando las flores se secan, van apareciendo apretados racimos de frutos pequeños que crecen poco a poco hasta llegar a mas de un centímetro; primero son verdes, después adquieren un tinte rojo oscuro como el de la cereza. Si se abre el fruto, se hallarán dentro de él dos granos unidos por una parte plana con ligera hendidura en el centro; estos granos, secos, tostados y molidos producen un polvo con el cual se prepara la bebida que tanto nos agrada. Si es delicioso contemplar las ramas de los cafetos cuando forman blancas guirnaldas, lo es también admirarlas cuando están cuajadas de racimos encarnados en cada axila de las hojas.

El café se cultiva abundantemente en Veracruz, Oaxaca, Chiapas, Michoacán, Colima y en otros Estados. Constituye una riqueza para muchas comarcas. En Tepoztlán (Morelos), vi unos cafetos tan bellos como no los vi en las huertas de Colima.

El que trajo a México el café y lo aclimató en la ciudad veracruzana de Córdoba, (6) fue don Juan Antonio Gómez. Los niños mexicanos, al gustar en su desayuno el sabroso café, deben consagrar un recuerdo de gratitud a este benéfico varón. De esta manera concluía el texto, el cual con las notas incorporadas permitía al educando poseer mayores elementos que le ayudaran a comprender lo que leía, al tiempo que recibía información que le permitía ampliar sus conocimientos o despertar la inquietud por ir más allá en la búsqueda del saber. Porque al final de todo, lo importante no es andar por la vida tratando de acumular diplomas, como si estos fueran programas de aquellos que en la antigüedad repartían anunciando el circo. Lo importante es que la escuela se convierta en un sitio en donde se aprenda a pensar y en función de ello se adquieran conocimientos que abran las puertas hacia mejores condiciones de vida. No somos de los que creemos en la masificación de la educación simplemente por decir que tenemos “X” número de licenciados, “Y” cantidad con maestrías o “Z” cuantía con doctorados. Obtener cada uno de esos grados debe de estar sustentado en el rigor académico.

Los pergaminos nada significan sin conocimientos, mismos que deben de generarse desde la edad temprana. De nada sirven los juguetitos electrónicos si detrás de ellos no hay conocimiento. Aplastar teclas cualquiera lo hace. Métodos como el propuesto por Miguel Salinas en la obra que hemos comentado nos parece que debería ser rescatados utilizando los avances con que hoy contamos. Ello permitiría que los estudiantes no simplemente pudieran estar en condiciones de acceder a lecturas, sino de ampliar sus conocimientos en varios campos a la vez, algo que definitivamente permitiría recuperar y elevar la calidad educativa de este país, misma que hoy se nos dice habrá de mejorarse abriendo universidades en lo que pudiera hace pensar que se va a estar compitiendo con los Oxxo hasta llegar a tener una en cada esquina. Ahí, se emitirían títulos, como ya en muchos casos sucede actualmente, sin conocimiento adquirido que los respalde. Desde lejos, muy lejos, dábamos el ultimo sorbo de la taza número “N” conteniendo café veracruzano, mientras concluíamos con este escrito sobre aquellos tiempos cuando la instrucción se planteaba con base al conocimiento integral.

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NOTAS

1 CAFÉ. La botánica enseña que el café pertenece a la familia de las rubiáceas. Con la voz café se nombra, en general, la planta que lo produce, el grano que da esta, la bebida que se prepara con dicho grano y el establecimiento donde se sirve. En el México viejo hubo dos cafés notables: El Café de la Gran sociedad, amplio y elegante, y el Café del Infiernito que no era lujoso como el anterior. El arbolito productor del café se llama también cafeto; un terreno plantado de cafeto, cafetal; al cultivador de este grano se le dice cafetero y lo mismo al vendedor; la vasija en que se prepara y se guarda el café se denomina cafetera. En el lenguaje familiar llamamos café a la desazón o disgusto que se da a una persona; A juan le dieron un buen café (disgusto) Del café se extrae un medicamento llamado cafeína

2 ANTILLAS. Se llaman así a las numerosas islas que se tienden desde la Florida hasta las costas de Venezuela. Hay cuatro muy extensas llamadas Las Grandes Antillas: Cuba, Haití o Santo Domingo, Jamaica y Puerto Rico. De las pequeñas, que son numerosas, unas se denominan islas de sotavento; otras islas barlovento. Los habitantes de las Antillas se denominan antillanos; los de Cuba, especialmente, cubanos; los de Haití o Santo Domingo, haitianos o dominicanos; los de Jamaica, jamaicanos; los de Puerto Rico, portorriqueños o portorricenses.

3 LUIS XIV. Rey de Francia de la familia de los Borbones; comenzó a reinar bajo la tutela de su madre, en 1643, a la edad de cinco años; murió en 1715. Al siglo en que se efectuó este largo reinado se le llamo Siglo de Luis XIV. Durante ‘el, Francia llegó a muy alto grado e esplendor y poderío. Sus contemporáneos llamaron a Luis El Rey Sol.

4 OPUESTAS, SENTADAS. Se llaman opuestas las hojas que brotan en un mismo punto de la rama y que quedan colocadas, una a un lado y otra al opuesto. Hojas sentadas son las que carecen de pecíolo [el rabillo que une la lámina de una hoja a su base foliar o al tallo]; casi sentadas, las que lo tienen muy corto.

5 AXILAS. Son los huecos que están debajo de los brazos de nuestro cuerpo, entre la espalda y el pecho. Se llaman sobacos en lenguaje vulgar; el hedor despedido por el sudor de las axilas se llama sobaquina. Por extensión, se llama axila en las plantas el sitio en que la hoja se inserta en la rama.

6 CÓRDOBA. Hay en el mundo tres ciudades que llevan el nombre de Córdoba: Una en España, posee famosa mezquita; otra en la República Argentina y otra en México, en el Estado de Veracruz cerca de Orizaba. La voz Córdoba se debe escribir con b; algunos que llevan este vocablo como apellido lo escriben con v.

Añadido (1) Los animalistas se escandalizan por la existencia de la tauromaquia calificándola de un acto de barbarie. No hemos visto, sin embargo, que con enjundia similar se manifiesten en contra de las porquerías hollywoodenses y televisivas o el contenido de los videojuegos que hacen apología de la violencia y trastocan la realidad de millones de seres humanos de todas las edades. Pero como seremos pen…santes, rechazar toda esta bazofia sería políticamente incorrecto y se imaginan lo que podrían decirles en las, recientemente bendecidas, redes sociales.

Añadido (2) Se dicen espantados porque, de las alcantarillas, en Pennsylvania y Washington, sale inmundicia. Tuvieron que trascurrir casi tres cuartos de siglo para que se percataran de los eventos. Pero, debemos de recordar que en ese corporativo todo se hace sin apresuramientos. Tal vez por ello es hora, no basta con enviar voceros, de que el CEO del negocio, el porteño sencillito, no sale a dar la cara y poner el pecho por delante. Hay que dejar que se enfrié el asunto pues se podría provocar que la clientela se alejara más y eso significaría menos utilidades lo cual sería imperdonable. Respecto a todo esto, habría que preguntarnos: ¿Cuántas albañales alrededor del mundo contendrán suciedad similar a la excretada por los suelos estadounidenses? ¿Habrá uno por aquí cerca que no tarda en hacer erupción?
11 Agosto 2018 04:00:00
Un coahuilense distinguido quien se encuentra olvidado
Hace aproximadamente diez años, en este espacio, comentamos acerca de alguien que para sus paisanos no era sino el nombre de una calle olvidada al norte de la ciudad. Nos referíamos al único general que aportó Piedras Negras Coahuila a la Revolución Mexicana y quien además fuera gobernador de Nuevo León en 1915, Ildefonso Valentín Vázquez Tamez. El relato lo hicimos a partir del libro que sobre él escribiera, en 1940, su hermano Ricardo L. Vázquez. Casi dos años después de nuestro escrito, los nigropetrenses estimaron que un coterráneo tan ilustre merecía algo más y decidieron que el CBTIS 34, llevara el nombre del “General Idelfonso Vásquez Tamez.” Pero su caso no es el único, hay otro personaje de los rumbos del norte que pocos rememoran. Vayamos al tema de esta colaboración.

Hace unos días, mientras comentábamos con el rector de la Universidad Autónoma de Piedras Negras, Xavier Martínez Aguirre, acerca del contendió del libro de nuestra autoría, “El Senado estadounidense enjuicia a México y al presidente Carranza”, surgió el nombre de Eliseo Arredondo Garza. En ese contexto, Xavier, quien fuera nuestro maestro de biología en la escuela preparatoria de Piedras Negras, Coahuila, nos indicaba: “¿Tú sabes que Arredondo nació en Nava, Coahuila? Al responderle en afirmativo, nos replicó: “Hace tiempo me encontré, en una librería de viejo del Distrito Federal, un volumen sobre la vida de este hombre, ¿lo has leído?” Nuestra respuesta fue negativa, pero ahí quedó sembrada la curiosidad. Y así, hasta que, hace unos días, nos fuimos a recorrer librerías de viejo en la hoy Ciudad de México y encontramos la obra que nos fue recomendada, la cual lleva por nombre “Eliseo Arredondo” escrita, en 1945, por Ricardo L. Vázquez Tamez.

El libro parte de una perspectiva de lo que, suponemos era el entorno cotidiano durante los 1940s en Nava, Coahuila. Una población a la que Vázquez define como “un sonriente villorrio del norte del Estado de Coahuila; sus habitantes, cuya ocupación es el cultivo de la tierra, son francos amables y desinteresados…[viven] rodeados de una tranquilidad ejemplar…[es] un pueblo que debe su existencia a la fertilidad del campo, porque el campesino, acostumbrado a contemplar el lento desarrollo de su cultivo, adquiere el habito de la paciencia y la maravillosa virtud del cariño a lo propio…” Y usted, lector amable, se preguntará ¿y que con todo esto? La respuesta es simple, Vázquez mantenía la imagen del entorno de la población aludida como él la conoció durante las primeras décadas del siglo XX cuando moraba en Piedras Negras. Además, Nava era el sitio en donde, con una población de cuatro mil habitantes, nació el 4 de mayo de 1870, Eliseo Arredondo Garza.

Conforme a la narrativa, al adentrarse en la instrucción escolar el entonces infante empieza a dar muestras de que como dicen en el pueblo “daba para más” y sus padres Juan Arredondo Villarreal y María Inés de la Garza Garza decidieron trasladarse a Cuatro Ciénegas para que su hijo pudiera tener acceso a una instrucción de mayor calidad. Aun cuando no es mencionado en el libro en cuestión, detrás de ese movimiento hay otro aspecto poco conocido. En Cuatro Ciénegas vivía una de las hermanas de María Inés, María de Jesús quien estaba casada con Jesús Carranza Neira, uno de cuyos hijos llevaba el nombre de Venustiano. Aquí, como dato curioso, cabe mencionar que las damas en cuestión eran descendientes en línea directa del fundador de lo que hoy es San Nicolás de los Garza, N. L., Pedro de la Garza de Velasco y del fundador de Monterrey, Diego de Montemayor Hernández. Pero dejemos asuntos genealógicos y volvamos al personaje central de nuestro escrito, Eliseo Arredondo, quien tras concluir su educación básica es enviado a Saltillo para cursar el bachillerato en el Ateneo Fuente y posteriormente pasar a la ciudad de México en donde se titularía, en 1899, como abogado. Sus actividades iniciales como jurisconsulto las desarrollaría en el despacho de uno de los abogados de mayor reputación entonces, Jacinto Pallares. De ahí, regresaría al norte, en donde se desempeña como juez de Letras en Monclova para posteriormente, en 1901 pasar a ocupar el mismo cargo en Piedras Negras en el Distrito de Río Grande y posteriormente en el Distrito de Viesca. Arredondo poco a poco va consolidando su prestigio como juez, ganándose fama de honrado. Por lo cual, en junio de 1904, regresa a Piedras Negras como juez de Distrito. En el escrito de Vázquez, se menciona que “…es Arredondo uno de los abogados jóvenes de mayor prestigio; ha sabido salir airoso de todos los cargos judiciales donde ha tenido oportunidad de actuar y esto, raro en aquella época, mucho contribuye a darle fama de justo, honrado y preparado”. Pero vayamos ahora a lo que sería su vida en la política.

Tras regresar a Torreón y dedicarse a desempeñar a la actividad profesional privada, lo alcanza la candidatura de Francisco Ygnacio Madero González y su despacho se convierte en centro antirreeleccionista. Una vez que triunfa Madero, la política en Coahuila sufre cambios y tras de haber sido gobernador provisional, Venustiano Carranza Garza decide renunciar y participar en las elecciones para el cargo de mandatario estatal. Una vez electo, Carranza llama a su primo Eliseo para que lo acompañe como secretario de gobierno cargo que desempeña hasta 1912. Esa sería la primera de las varias responsabilidades Arredondo realizaría al lado de quien en el futuro habría de diseñar los planos del estado mexicano moderno. Posteriormente, el originario de Nava participa en el que sin duda alguna es el único proceso electoral, en toda la historia de México, en donde se dejó que la democracia fuera plena y sin artilugios, el de 1912. Es votado por mayoría para representar el Distrito de Monclova como miembro de la XXVI Legislatura en la cual muestra su postura Liberal.

Cuando llega los ominosos días de febrero de 1913, tras de haber estado de vacaciones en Nava, narra Vázquez, Arredondo se traslada a Saltillo y “por mandato bondadoso del destino” le toca jugar un papel importante al momento en que el gobernador Carranza Garza decide lanzarse en contra del usurpador. En medio de todo esto, hay por ahí una conseja que los malquerientes del hombre de Cuatro Ciénegas se han dado en fomentar, inclusive en los papeles del departamento de estado de los EU hay documentos que pudieran dar pie a versiones tergiversadas si no se revisa con detalle el accionar del coahuilense. Don Venustiano estaba indignado por la felonía de Huerta al asesinar a Madero, pero no era de aquellos que tomaba decisiones al troche y moche. En ese contexto, decide armar una estratagema para ganar tiempo. Comisiona a Eliseo Arredondo para que vaya a México y negocie con Huerta con quien se entrevista. De acuerdo con la obra de Vázquez, a la par Arredondo ve a Francisco León de la Barra quien lo pasea por el Palacio Nacional mostrándole los estragos causados por la felonía. En esos días, el enviado de Carranza se entera de que “Huerta …ha girado órdenes para que se envíen tropas a Saltillo, y Arredondo comprendiendo que sería la muerte del movimiento calla, para luego convencer a De la Barra y este corre hacia Huerta, obteniendo el resultado deseado. Arredondo triunfa al lograr que se rectifiquen las órdenes dictadas al general [Arnoldo] Cas[s]o López. Obtenía su primera victoria consiguiendo la suspensión del envío de tropas”. Después de esto, Arredondo estaba urgido de regresar a Coahuila y recurre al hijo del general Bernardo Reyes, Rodolfo, quien aún se soñaba heredero del reyismo y buscando ganar adeptos, en este caso don Venustiano, apoya a Arredondo para que regrese a Coahuila, siendo Monclova el sitio en donde se entrevistan y le comenta todo lo concerniente a la situación en la ciudad de México. Si bien, Arredondo andaba en las negociaciones de altura, esto no impidió que lo tomaran preso en Nuevo León acusado de sedición. Por ello, “escribe a su hermano Juan encargándole que vea a su muy estimado compadre Ildefonso Vázquez [el padre de Ricardo e Ildefonso] de Piedras Negras, y le suplique que haga gestiones para obtener su libertad. El señor Vázquez ve a Fructuoso García Zuazua, Daniel Castaño, doctor Lorenzo Cantú y algunos otros amigos influyentes, obteniendo la libertad de su compadre”. De ahí, es enviado, nuevamente, a México para dialogar con el “sobrino de su tío, Félix Díaz a quien le promete un entendimiento con Carranza, el cual Díaz ingenuamente cree que es verdadero y permite el retorno de Arredondo al norte.

MÁs tarde, en Hermosillo, Sonora, al lado de Carranza desempeña comisiones importantes y una vez que el Ejercito Constitucionalista triunfa, decide enviarlo de avanzada a la ciudad de México llevando como comisión organizar el ministerio de gobernación al frente del cual es designado. En ese entorno, Vázquez narra cuando es presentado, ante Carranza cuya figura lo impresiona, como el hermano de “Poncho.” No obstante, el buen desempeño del cargo, Arredondo dura poco tiempo en el cargo. Los asuntos con los EU, en especial con el presidente Woodrow Wilson, demandaban que Carranza contara con un interlocutor de todas sus confianzas ante el gobierno estadunidense. Por ello, nombra como agente confidencial a Eliseo quien el 27 de septiembre de 1914 recibe el nombramiento. Recordemos que aun cuando Huerta ya había huido, los “marines” seguían de visita en Veracruz. Además de esto, las facciones revolucionarias hacían “su luchita” en los EU, en especial Francisco Villa quien tenía una imagen positiva de aquel lado, misma que su dinero le había costado. Por ello, Arredondo, emprendió una campaña entre los representantes diplomáticos de naciones amigas para convencerlos de que Villa no era lo que se trataba de vender, y que el futuro de México debería ser encauzado bajo la tutela de Carranza. En medio de eso, se suscita la Convención de Aguascalientes y a toda costa se busca hacer creer que Villa es el hombre fuerte, y “lo demás el caos.” En eso, se genera un cambio en el departamento de estado de los EU, renuncia William Jennings Bryan y su lugar es ocupado por Robert Lansing. Pronto, Arredondo logra entrevistarse con él y le plantea el escenario desde la perspectiva carrancista. La simple entrevista permite que las relaciones den un giro. Ante recomendación de Arredondo, previo acuerdo con los estadounidenses, Carranza publica, el 11 de junio de 1915, un manifiesto en el cual solicitaba el reconocimiento estadunidense para su gobierno. Nada de que buscara ser subordinado, entendía como se movía la economía, el comercio y las finanzas y era necesario abrir el canal diplomático para acceder a las otras instancias. Mas tarde, el 7 de julio, Arredondo recomienda que los constitucionalistas tomen la ciudad de México y establezcan ahí su gobierno. Pero en medio de todo ello, Arredondo desempeño un papel fundamental cuando partidarios del felón Huerta planeaban hacer una incursión en México. El hombre de Nava siguió uno a uno los pasos de ese grupúsculo y mantuvo alerta a los Constitucionalistas, mientras negociaba que en los EU no se le otorgaran apoyos a los partidarios del felón, lo cual logró con éxito.

Finalmente, los esfuerzos de Arredondo cristalizan y el 19 de octubre de 1915, Robert Lansing informaba a Eliseo Arredondo “que el presidente de los Estados Unidos aprovecha esta oportunidad para reconocer al gobierno de facto de México, del cual el general Venustiano Carranza es el jefe del Ejecutivo.” Más tarde, con las relaciones diplomáticas reanudadsa, el nombramiento de embajador recae en Eliseo Arredondo Garza quien toma posesión el 8 de diciembre de 1915. Poco tiempo después, cuando Francisco Villa ataca Columbus y como respuesta recibimos la Expedición Punitiva, ante lo cual “la habilidad diplomática de nuestro embajador vuelve a surgir y salvar a nuestro país de un verdadero conflicto… Pero aquella habilidad de Arredondo pudo surtir sus efectos, gracias a que toca en suerte que es el señor Carranza el hombre fuerte de México. Cuando el embajador le anuncia que el Gobierno americano tiene una nota redactada que enviará a México, aquel jefe de la Revolución Constitucionalista le dice en lacónico mensaje que revela al hombre “…contestare nota del presidente en el mismo tono en que venga redactada, sean cuales sean las consecuencias…”

Una vez que se arregla el conflicto con los visitantes no deseados, Arredondo regresa a México para mas tarde ser nombrado enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante la corona española. Allá, aparte de trabajar con denuedo para dar a conocer la otra imagen de México, se enfrasca en intensas veladas literarias con el poeta yucateco Antonio Mediz Bolio y el escritor Luis G. Urbina [el padre biológico de la actriz Silvia Pinal]. En ese cargo dura hasta la muerte del presidente Carranza Garza, cuando presenta su renuncia y regresa a México en donde fallecería el 18 de octubre de 1923.

Este ha sido un comentario apretado sobre la vida de Eliseo Arredondo Garza. Asimismo, hemos podido comprobar que nunca dejamos de ser alumnos de nuestros maestros, ya que arribamos a esta lectura atendiendo las sugerencias de quien nos enseñara biología en nuestros tiempos preparatorianos, Xavier Martínez Aguirre. El escrito de Ricardo L. Vázquez Tamez, no obstante haber sido escrito hace setenta y tres años, nos proporciona información con la cual pudimos paliar nuestra ignorancia amplia sobre un personaje que, lo confesamos, poco conocíamos y mucho menos le habíamos otorgado la importancia que merece su desempeño preponderante en los momentos en que se iniciaba el proceso de lo que sería el estado mexicano moderno.
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Añadido (1) Nuestro agradecimiento a la periodista, Abida Ventura autora de una nota excelente titulada “México-EU, análisis de capitulo poco conocido,” en ella comenta el contenido de nuestro libro “El Senado estadounidense enjuicia a México y al presidente Carranza”. Esta fue publicada el pasado 7 de agosto en la Sección Cultural del diario El Universal editado en la Ciudad de México.

Añadido (2) Ya en otra ocasión lo comentamos en este espacio. A la hora de la refriega, se dicen de todo, avientan al otro cuanto encuentran al paso y tratan de dejar al rival hecho una piltrafa. Ante ello, los partidarios de los contendientes se apasionan hasta el punto de imitar a su favorito y echarse enemistades. Sin embargo, al terminar la contienda, los combatientes acaban por irse a “echar un taco” juntos. Mientras tanto, los seguidores se quedan con el resentimiento hacia el vecino. Nos referimos a la lucha libre o ¿Acaso usted, lector amable, pensó que nos referíamos a otra actividad? Ni lo mande el Santo, por supuesto que el Enmascarado de Plata.

Añadido (4) Si nos atenemos a las versiones que corren, resulta que, a la una de la tarde del primero de julio, ya se sabía el resultado de la elección presidencial. Si con encuestas, ¿o serán clarividentes?, pueden proyectar el porvenir, entonces ¿Para que gastar tanto dinero en armar procesos electorales y hacer que el ciudadano vaya a perder el tiempo haciendo filas para votar?

Añadido (3) De pronto nos pareció que entrabamos al túnel del tiempo y leíamos una versión resumida del Programa Nacional para el Fomento Industrial y Comercio Exterior (Pronafice) 1984-1988, el cual siempre hemos considerado el mejor documento elaborado en la materia. Sin embargo, dicho programa fue concebido bajo las circunstancias de un México y un mundo que ha cambiado un poco a lo largo de 34 años. De haberse instrumentado entonces, otros hubieran sido los resultados ante la apertura. Sin embargo, plantearlo ahora como “el modelo económico del cambio,” en versión “reloaded,” luce muy cuesta arriba por decir lo menos. Al respecto, alguien nos comentó: “No’hombre, eso suena moderno, has de ver lo que plantean otros…”
04 Agosto 2018 04:00:00
Aquellos años de futboleros en el pueblo
En esta ocasión, como se diría en términos taurinos, previa solicitud de permiso a la autoridad, en este caso usted lector amable, dejaremos de lado los temas históricos, nacionales e internacionales, para entrarle a la nostalgia de aquellos años en el pueblo, cuando al corretear tras un balón íbamos aprendiendo esas cosas que hoy a toda costa tratan de evitar a los chamacos para que no se “traumen”. Como en aquellos tiempos la corrección política no existía, entonces había que asimilar la competencia como parte de la vida; ni los triunfos eran eternos, ni la derrota perenne, siempre había un mañana por enfrentar. Pero vayamos a los días en que, a la par de los libros, el futbol ocupaba un espacio en nuestra vida de chamaco pueblerino, porque ni modo que vayamos a presumir que nuestra natal Piedras Negras, Coahuila era una metrópoli. Adentrémonos en el recuerdo.

Era los inicios de la década de los sesenta en aquel pueblo más cercano a los Estados Unidos de América que al centro del país. Ello, sin embargo, ayudaba a que día con día, se forjara el carácter mexicanista sin sentirse en momento alguno subordinado, o que nuestras autoridades lo estuvieran, al país vecino. Los acontecimientos nacionales los seguíamos a través de la prensa editada en la ciudad de México, la cual llegaba con un día de retraso. Asimismo, durante las noches, en medio de la estática se lograba sintonizar las radiodifusoras XEW, la XEX o bien la XEB. De televisión mexicana todavía nada, teníamos que conformarnos con las cadenas estadounidenses ABC, CBS y NBC. Pero como aquí el tema son los años futboleros, pues hemos de apuntar que, mediante los diarios y la radio, sin recordar específicamente ni cuando, ni como, terminamos por dar seguimiento a dicho deporte. Eran los tiempos cuando el futbol mexicano era dominado por el Guadalajara. Aun recordamos aquella narración cuando en medio de un ruido intenso fue posible “captar” la transmisión del juego en el cual ese equipo enfrentaba al Oro tapatío para definir el campeonato, el cual obtendría este último. Eso sí, no perdíamos las crónicas de cada partido que aparecían publicadas en el Esto, Novedades, Excélsior o El Universal. Y por quien sabe que razones, tal vez porque escuchamos acerca del triunfo sobre el Santos de Pelé, acabamos convertidos en fieles seguidores del Necaxa, aquel que dirigido por Ross alineaba a Morelos, Dellacha, Juárez, Evaristo, Giacomini, Reynoso, Peniche, Baeza, Ortiz y otros. En ese contexto, seguimos el Mundial de 1962, en donde la Selección mexicana jugó en Viña del Mar. Y mientras eso pasaba, llegaban los meses iniciales de 1964.

Cursábamos el tercer grado de educación primaria y llegaron al pueblo, provenientes de la ciudad de México, varios profesores a quienes el soccer les apasionaba. Dos de ellos, Víctor Hugo Martínez Rosaslanda y José Carlos Santiago Gómez, fueron a parar a la escuela primaria Francisco Pascual Estrada. El primero de los dos, pronto se dio a la tarea de que en las horas de recreo nos organizáramos y procediéramos a patear el balón. Sobre el piso pavimentado del patio posterior de la escuela referida quedaron restos de piel de quienes acometíamos la competencia como si lo hiciéramos sobre una cancha de pasto. Para finales de 1964, ya como equipo, si mal no recordamos se llamaba Santos, competimos en la Liga Infantil que entonces presidían Heriberto Elizondo y Esteban González. La competencia se desarrollaba en lo que entonces eran unos llanos habilitados de campo futbolero al cual identificábamos como El Latino, pues ahí había estado años atrás un restaurante con dicho nombre. En ese sitio hoy se ubica, por los rumbos de la avenida Adolfo López Mateos, la escuela secundaria Benito Juárez y un poco más adelante el jardín de niños Severino Calderón. Habíamos pasado del cemento al terreno pedregoso en donde el pasto con dificultades se aparecía, pero poco importaba. Lo que valía la pena era sentirse futbolista, aun cuando los resultados para nada nos fueron favorables. Hemos de mencionar que quienes dirigían aquella liga lo hacían por el puro placer de promover el deporte. Ante esto, al año siguiente, se dio el cambio de directiva y pasaron a encabezarla, Santiago Garza Martínez y Hugo César Romero. Las cosas mejoraron, aun cuando el apoyo seguía ausente. Pero, para los chamacos de entonces, lo que importaba era jugar. Pronto creció el número de equipos que participaban en las categorías infantil, juvenil y primera fuerza por lo cual tuvieron que buscar otros sitios. Para precisar esto, tuvimos que recurrir a lo escrito por la única persona quien ha sido capaz de narrar, en dos volúmenes, la historia del día con día de Piedras Negras durante el Siglo XX, don Rafael Villarreal Martínez quien en su libro segundo “Piedras Negras, Destino y Origen: Personajes, sitios y recuerdos” apuntaba que como “…el campo del Latino no era suficiente para jugar los partidos el fin de semana,… fue necesario buscar otros. Los localizaron en los terrenos del antiguo aeropuerto, en lo que hoy es la guardería del IMSS por el rumbo de la colonia de las Cien Casas. Entonces aquello [estaba] en las afueras de la ciudad, pero eso no impedía a menores y mayores desplazarse hasta allá para practicar su deporte favorito”. Efectivamente, varias fueron las ocasiones en que, a bordo de un camión urbano, nos trasladamos a ese lugar.

Entre semana, por la tarde al salir de clases, agarrábamos nuestros liachos y nos íbamos a practicar al campo El Latino hasta que oscurecía. Grato era en un momento dado, cuando el cansancio llegaba, tirarse en algún resquicio de pasto y observar el cielo, mismo que en ningún otro lado, ni tiempo, hemos vuelto a ver tan cercano, ni tan diáfano. Una vez concluido el entrenamiento, si en la bolsa había cincuenta centavos, algo que tampoco vamos a presumir era cosa de diario, cruzábamos la calle y nos íbamos a disfrutar un raspado de hielo al puesto que tenía don Diego Martínez. Ya con la oscuridad encima emprendíamos el regreso a casa, en donde aún nos quedaba pendiente realizar la tarea escolar para el día siguiente. Durante el primer año que practicamos ese deporte, los partidos oficiales eran los domingos, al año siguiente serian indistintamente sábado o domingo. Como aquello se practicaba en pleno invierno, aun recordamos los días en que antes de las ocho de la mañana, hora en que iniciaban los partidos, estábamos ahí, alrededor de una fogata armada con las varas encontradas en las proximidades, tratando de quitarnos el frío, el cual solamente se iba al momento en que empezábamos a corretear tras del balón y con una década en las alforjas quien iba a recordar temperatura baja alguna.

No obstante estar inmersos en las prácticas futboleras, en lo personal éramos fieles seguidores del béisbol. En ese contexto, en una ocasión platicando con quien era nuestro maestro de cuarto año, José Carlos Santiago Gómez, le exaltábamos la importancia de ese deporte y nos dijo algo que nunca hemos olvidado “…en unos años, el futbol va a ser mas popular que el béisbol…” por supuesto que lo rebatimos. Sin embargo, con el trascurrir del tiempo tuvimos que aceptar que tenia razón. Mientras que durante la primera temporada lo único que acumulamos fueron derrotas y este escribidor recibió más goles que los que podemos contarles, no quedó sino esperar el año próximo para ver si mejorábamos en algo.

Durante la temporada 1965-1966, éramos los mismos, pero nos cambiamos y en lugar de Santos nos convertimos en Estudiantes. Como el color del uniforme de la escuela Estrada, así la identificábamos, era pantalón kaki y camisa guinda, adoptamos un uniforme sencillo, bueno es una forma elegante de decir que no alcanzaba para más, de camiseta blanca, calzoncillos y medias guindas. Este escribidor quien era el encargado de que el balón no fuera a parar al final de la cabaña, vestía todo de guinda. Entre los otros equipos competidores, recordamos a los representativos de la Ford, escuela Club de Leones, Relojería González, escuela Rafael Ramírez y no estamos seguros si había uno o dos más conjuntos que competían.

Antes de entrar a lo que sucedió durante la competencia, cabe resaltar algo que nos llamó la atención. Como sucedía en este tipo de competencias, la mesa directiva tenía sus reuniones semanales, la cuales se efectuaban ya fuera en la sede del Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana, ubicada en la esquina de las calles Guerrero y Morelos o bien en la casa de don Santiago localizada en la calle de Rayón, a un lado del domicilio de los abuelos paternos. A dichas reuniones, se permitía el acceso de todo aquel que estuviera involucrado en los asuntos del soccer local. Y por supuesto que este escribidor, entonces con diez años, no se perdía ninguna a las cuales asistía no solamente en calidad de mirón, sino que fueron varias las veces que alzó la mano para pedir la palabra y emitir su opinión sobre alguno de los temas tratados. Pero vayamos a la acción futbolera.

Quienes se encargaban de dirigir al grupo integrado por dieciséis chamacos eran Arturo Soberón y Andrés Coronado. Y aquello empezó a funcionar mejor de lo esperado, entre triunfos y empates, el grupo iba ahí en el liderato del grupo. Aquí, rescatamos una vieja nota publicada, el 5 de marzo de 1966, en el diario La Voz del Norte editado en Piedras Negras, Coahuila. En el titular anunciaba: “Estudiantes están en el primer lugar del infantil de futbol.” En el cuerpo de la noticia, se leía: “El equipo Estudiantes que viene participando en el Campeonato Municipal Infantil de Futbol Soccer, logró derrotar el pasado sábado 26 [de febrero de 1966] a [la Escuela Club] de Leones. Un trallazo de Mario Frausto [Puente quien se desempeñaba como medio campista] logró anidarse en la meta de los contrarios para que cayera el único tanto del partido. Con esta victoria, los Estudiantes lograron un triunfo mas que les permitió seguir conservándose como líderes invictos del torneo. Hasta el momento suman cuatro victorias y tres empates. Cabe mencionarse que en lo que va del campeonato la meta de los Estudiantes no ha sido violada ya que su portero Rodolfo Villarreal Ríos no ha permitido que sus rivales le anoten.” Cabe apuntar que hasta ese momento contabilizaban 420 minutos sin que el entonces guardameta aceptara un gol. Posteriormente, se mencionaba cada uno de los nombres de los integrantes del equipo. A partir de eso mencionaremos los nombres de cada uno y la posición que desempeñaban en el campo de juego.

Lo que en el escrito del ayer no se anotaba específicamente era que, en aquello, de evitar goles, había otros responsables quienes actuaban como defensas. Los titulares en esas posiciones eran, como centrales, Gilberto Mata Ríos y José Ángel Rodríguez de la Torre, mientras que por las laterales estaban Rodolfo Ruiz Moreno y José Galdino Rodríguez Galindo. A ellos se unían como sustitutos, Gilberto Aguilera, Luis Alonso Salinas González y Carlos Villarreal. Todos ellos estaban encargados de ayudar a minimizar los problemas del portero quien al final de cuentas era el único responsable si el balón cruzaba el arco constituido por tres postes metálicos y terminaba al fondo de aquella red que ya mostraba los estragos del tiempo. Vayamos a los otros integrantes del equipo. La media cancha, aparte del ya mencionado Frausto Puente, el otro titular era Sergio Guadalupe Múzquiz Villarreal a quienes apoyaban los hermanos Óscar y Arturo Román González. En la delantera estaban Guadalupe Rodríguez Baeza y Pedro Hugo Rodríguez Moore por los extremos izquierdo y derecho respectivamente, mientras que por el centro jugaban Rolando Ruiz Moreno y el goleador del equipo Leobardo González Aranda. Estamos seguros de que si usted, lector amable, llegó hasta aquí habrá de preguntarse por pura curiosidad y ¿Hasta dónde llegó la inviolabilidad de la meta del Estudiantes?

El siguiente partido, el 6 de marzo (domingo) nos enfrentábamos al equipo de la Ford, integrado por los hermanos Octavio y Arturo Carranza Aguirre, Víctor Javier Zacarías González, Humberto García Reyes, Manrique Dávalos Rodríguez, Francisco Salazar Mercado y varios más cuyos nombres no recordamos. Eran dirigidos por Heriberto Elizondo y ocupaba el segundo lugar, así que el encuentro era importante. Durante el primer tiempo, Estudiantes logró anotar en un par de ocasiones. Sin embargo, ya casi para finalizar la primera mitad, faltaban dos minutos, se arma una melee en el área chica estudiantil y finalmente los de amarillo, ese el color del uniforme de los de la Ford, introducen el balón en el arco. Hasta este momento no termina de quedarnos claro si fue Humberto u Octavio quien empujó el balón. Lo que si recordamos es la algarabía con la cual Arturo celebró aquello con lo cual concluían 428 minutos sin que el chamaco de entonces, escribidor de hoy, recibiera un gol. Solamente eso festejarían nuestros amigos de la Ford, en el segundo tiempo recibirían otro gol y con ello, se alejaban sus esperanzas de coronarse en ese torneo. Pero tampoco vamos a pecar de presuntuosos, ese mismo año hubo un tropiezo.

En un partido de exhibición, en el que mediaba como premio un trofeo y el orgullo, los Estudiantes perdieron por 1-0 ante la escuela Rafael Ramírez dirigida por Jesús Ramírez, un equipo al en el torneo oficial derrotarían en un par de ocasiones. La competencia formal la concluirían, el sábado 2 de abril de 1966, coronándose invictos.

Al final de cuentas, ese sería un gran año para aquellos chamacos de la Estrada, como se acostumbraba a decir. Bueno, eso fue en el terreno deportivo porque al final del año escolar este escribidor tuvo que ir a estudiar un curso de verano para ponerse a tono antes de entrar al sexto año. Hasta ahí nos alcanzó el futbol cuando en un descanso de las lecciones, le permitieron escuchar por la radio aquel gol de Borja ante Francia y mas tarde los lamentos de don Fernando Marcos González cuando los galos empataban.

Ha trascurrido medio siglo y un par de años, los chamacos de entonces hoy andan en los linderos de la tercera edad. Uno de ellos, economista de origen quien a edad tardía descubriría su verdadera vocación, se fue a los archivos de su disco duro e impresos para recordar a los integrantes de aquella parvada de chamacos quienes tomaban la práctica del deporte, en este caso el futbol, solamente como un vehículo para ir formando el carácter. Por ello, emprendían el viaje hasta allá, casi en las afueras del pueblo, para ir a corretear tras de un balón. De los integrantes de aquel grupo, Gilberto y José Ángel tuvieron llamado adelantado a la cita con el Gran Arquitecto. Hace varios años saludamos por ahí a Pedro Hugo y en otra ocasión a uno de los entrenadores, Arturo. Desconocemos lo que haya sido del resto de los integrantes de aquel grupo, algunos fueron nuestros compañeros hasta la secundaria y preparatoria, pero desconocemos que haya sucedido posteriormente con ellos. Esa es la historia de aquellos a quienes nos bastaba correr tras y patear una pelota para divertirnos y armar sueños. Así fueron aquellos nuestros años de futboleros en el pueblo.

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Añadido (1) El asunto no fue más allá de los linderos de Cuautitlán y ahora nos lo quieren vender como si hubiese sido un evento nacional. Las acciones más sobresalientes fuera de esos límites las realizaron cometiendo fechorías, camino a Guadalajara, en las estaciones del ferrocarril en donde se bajaban a robar a las vendedoras de garnachas. Cuando llegaron allá, ni quien les hiciera caso.

Añadido (2) Los nenes hacen berrinche pues no los consultaron. Creen que en verdad es cierto el cuento del que se han agarrado para sacar raja todo este tiempo. Mal negocio es ese de la realidad alternativa, porque cuando se encuentran con la otra puede que hasta terminen sin nada y entonces con que van a seguir lucrando.

Añadido (3) Hemos conocido de varios casos de servidores del estado mexicano quienes dejándose llevar por el deseo de tomar revancha, vaya usted a saber de qué, fueron y cruzaron la boleta por el color café. Hoy andan, literalmente, dándose frentazos contra la pared. Su esperanza amenaza convertirse en la mitad del sueldo, trabajar seis días a la semana y que los envíen a sitios en donde no serán bien recibidos para terminar convertidos en patitos de feria por aquello de que serán un blanco fácil. Ese es el escenario más halagüeño, el terrorífico es que en diciembre los envíen a filosofar al calor hogareño. Ahí, podrán refocilarse y narrar a sus cercanos como lograron vengarse de los priístas malvados. Pero ni quien los critique, ellos ejercieron su derecho democrático.
28 Julio 2018 04:00:00
Nada de que somos subordinados
Hace unos días, durante la presentación de nuestro libro en la sección de preguntas y respuestas, recibimos un cuestionamiento de uno de los asistentes al evento, quien textualmente nos dijo: “¿Cuáles son las razones por las que históricamente México ha estado subordinado a Estados Unidos? ¿Qué hay que hacer para lograr desembarazarnos de esa sujeción y tener un pleno desarrollo soberano e independiente? Sobre la respuesta que emitimos al respecto, aquí en versión ampliada, versara el contenido de esta colaboración.

Dimos inicio a nuestra respuesta indicando que México no ha estado subordinado a los Estados Unidos. Esto, nos negamos a aceptarlo. Reconocemos que hemos tenido una relación muy cercana. Sin embargo, decir que hemos sido súbditos de los Estados Unidos es negarnos como mexicanos, es degradarnos y eso, como mexicanos, no lo aceptamos. Como historiadores, con todo lo que hemos revisado, nos negamos a admitirlo. Ustedes, se preguntarán en que sustentamos nuestras palabras y nos pedirán que les expongamos el porqué. Simplemente en este pasaje, el que está contenido en “El Senado estadounidense enjuicia a México y al presidente Carranza”, estamos viendo como el gobierno de México no se sujeta al gobierno de los EUA. Aquí, hay que enfatizar que el Senado es uno de los órganos de gobierno de ese país.

México ha sufrido las invasiones de los Estados Unidos, hemos tenido gobernantes de todo tipo, algunos de los cuales no han sabido manejar las relaciones y cuyas acciones pudieron dar la apariencia de que somos súbditos de los estadounidenses, pero ello no implica que en realidad lo fuésemos. Hemos tenido una relación muy difícil, pero conforme nuestros dirigentes han sabido manejarla, ha sido factible mantener nuestra independencia. Fuimos súbditos de la corona española, de eso no nos cabe la menor duda. Estuvimos sujetos al yugo de la Iglesia católica, eso tampoco lo podemos negar. Sin embargo, en ese contexto, debemos de dar un repaso breve a la forma en que nuestros dirigentes han enfrentado la relación con los Estados Unidos.

Cuando José María Morelos y Pérez de Pavón le proponía a James Madison apoyo para echar a los hispanos, no le prometía a cambio sujeción, sino un tratado de amistad y comercio que beneficiara a ambas partes.

Con el estadista Benito Pablo Juárez García, durante los días más aciagos de la República, jamás se pensó en cambiar a un invasor por otro. Ello, no le impidió solicitar el apoyo estadounidense para echar fuera al cuarteto francés-austriaco-clerical-apátridas. Esto, sin embargo, no implicaba convertirse en súbdito de los EUA, aún cuando se reconociera el potencial económico de ese país. Cuando se fueron los invasores, fue factible mantener la relación con la soberanía por delante, aún cuando eso no le impidió mantener una convivencia política-económica-diplomática cercana con los vecinos al norte.
Durante la presidencia de José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, cuando Rutherford Hayes le otorga el reconocimiento diplomático, Díaz en ningún momento lo acepta a cambio de convertirse en súbdito de nadie. Durante esos años, la inversión externa, incluida la estadounidense, estuvo presente, pero nunca implicó la sujeción.

Si bien Francisco Ygnacio Madero González encontró refugio en tierras estadounidenses para desde allá relanzar su lucha en busca de un cambio democrático, jamás, ni entonces, ni después ya como presidente, comprometió la dignidad del país a cambio de apoyo alguno.

El presidente Venustiano Carranza Garza entendió perfectamente cuales eran las circunstancias bajo las cuales se daban las relaciones con los EUA. En 1914, rechazó respaldar la invasión cuando a cambio le ofrecían el apoyo para derrocar a Huerta. En ese mismo año, se negó a que la trinca ABC (Argentina, Brasil y Chile), bajo la égida estadounidense, le dictara la solución a la salida de Huerta. La dignidad fue la divisa cuando los hechos de 1916 o bien cuando en 1919, una comisión senatorial andaba enjuiciando al país en general y a él en lo particular. Sin embargo, todo lo anterior no le impedía reconocer las cosas positivas que existían al otro lado del Bravo y cuando fue necesario echar mano de los expertos estadounidenses los contrato, al tiempo que mantenía relaciones de amistad con muchos estadounidenses y en ese proceso de reconocimiento envió a varios de sus colaboradores a prepararse en escuelas estadounidenses. Todas estas acciones en nada lo convertían al país en subordinado de los vecinos al norte.

En el breve tiempo en que Adolfo De La Huerta Marcor estuvo al frente del ejecutivo federal, tuvo la habilidad suficiente para negociar de igual a igual con las autoridades estadounidenses. Tampoco él ofrecía la subordinación a cambio.

Por lo que concierne a la actuación de Álvaro Obregón Salido, es quizá el presidente mexicano que mayor conocimiento tenia de lo que era lidiar con los estadounidenses. Los conocía en el campo de los negocios pues ellos eran los compradores principales de lo que cultivaba, garbanzo. Quienes le adjudican haber sido un entreguista al firmar las Conferencias de Bucareli, les tenemos noticias y esperamos muy pronto, mas de lo que pudieran imaginarse, mostrarles con respaldo documental y no en decires o consejas que eso en nada acabó convirtiéndonos en subordinados de nadie.

El estadista Plutarco Elías Calles entendió, como nadie, la forma en que habría de darse la relación con los EUA sin caer en la subordinación. Bajo la política del nacionalismo pragmático, fue capaz de trabajar juntamente con el mejor embajador que nos hayan enviado los EUA, Dwight W. Morrow, y a la par que se edificaba el estado mexicano moderno, se sentaban las bases de una relación nueva con los EUA en la cual no cabía subordinación alguna.

A los presidentes Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez no se les puede acusar de que con sus acciones hayan impulsado que el país se convirtiera en subordinado de los EUA.

Al presidente Lázaro Cárdenas Del Río algunos lo han tratado de colocar en el otro extremo y llegan a decir que fue el único que no fue subordinado, permítanos decirles que esa percepción es errónea, mantuvo una relación muy cercana con los EUA, pese a lo que para varios fue un acto de ruptura. La intervención del embajador estadounidense Josephus Daniels fue fundamental para que no tuviéramos otra visita armada. Ello, no implicó que Cárdenas adoptara subordinación alguna, simplemente entendió las circunstancias y con la dignidad de la nación por delante, mantuvo las relaciones.

Cuando en los tiempos del presidente Manuel Ávila Camacho, se suscita la Segunda Guerra Mundial, actuamos como aliados de los EUA, pero no como sus subordinados.

A la par, se vivieron tiempos de bonanza económica, gracias a las exportaciones que se realizaban a los EUA, lo cual no nos llevó a subordinación alguna.

El presidente Miguel Alemán Valdés entendió los tiempos nuevos y actuó en consecuencia. Era el momento de replantear el cómo hacer negocios con el vecino y a partir de ahí cambiaron las formas. Sin embargo, en ningún momento el país se convirtió en subordinado de nadie.

La austeridad Republicana del presidente Adolfo Ruiz Cortines fue la divisa con la cual enfrentamos la relación con los EUA y para nada podemos acusarlo de subordinado. El haber instaurado el modelo del desarrollo estabilizador, en nada implicó que el país inmediatamente acabara convirtiéndose en un objeto subordinado.

Ni modo de que alguien vaya a acusar al presidente Adolfo López Mateos de subordinado, sobre todo cuando durante su mandato la diplomacia mexicana se caracterizó por un alto grado de independencia y brillara como nunca.

Si bien, el presidente Gustavo Díaz Ordaz Bolaños no es el más simpático para algunos, la divisa de su gobierno fue mantener la independencia de la nación, sin que ello implicase el aislamiento o que fuera a negar cuán importante era la relación económica y política con los EUA. Muy conveniente sería que revisar sus discursos ante el Congreso estadounidense.

Al presidente Luis Echeverría Álvarez pueden achacársele todos los negativos que se quiera, pero de lo que no hay manera de calificarlo es de que haya enfrentado la relación con los EUA en una postura subordinada.

En el caso del presidente José López Portillo y Pacheco, con su europeísmo, poco puede achacársele de actuar como subordinado de los EUA. Esto acabaría por costarnos muy caro.

Al presidente Miguel De La Madrid Hurtado aún no terminamos de entender todos los malabares que tuvo que hacer para mantener la independencia y no terminar con un país subordinado.

Por lo que concierne al presidente Carlos Salinas De Gortari, algunos le achacan que al firmar el TLC nos subordinó a los EUA. No estamos de acuerdo con ello, se incrementó el grado de relación, pero bajo las circunstancias de entonces no teníamos otra opción. Sin embargo, nos hizo falta, a todos, pericia para obtener mayores y mejores resultados bajo ese escenario nuevo de interrelación.

Aún cuando en el caso del presidente Ernesto Zedillo Ponce De León pareciera que fuimos sumisos, las acciones que ejecutó fueron las requeridas y nada le quedamos a deber del préstamo que nos realizó William Jefferson Clinton quien calificaba ese acto como uno de los que mas acertados durante su administración, al menos así nos lo dijo a un metro de distancia. Por supuesto que el presidente Zedillo no nos sometió a subordinación alguna.

Ni siquiera vamos a decir que durante la administración de Vicente Fox Quesada hayamos llegado a la abyección de la subordinación. Aún cuando al respecto debemos de reconocer que jamás entendió como se daban las relaciones, en gran parte por haber atendido los consejos de Castañeda, el chico.

En el caso de Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa, muchos fueron los tumbos entre los que se vivió su presidencia,pero igualmente negamos que el país haya sido subordinado de los EUA.

Por lo que respecta al presidente Enrique Peña Nieto, a pesar de todo lo que se quiera decir, en ningún momento buscó o realizó algo para que nos convirtiéramos en subordinados de los EUA.

En todo esto de la no subordinación, cabe citar las palabras que el presidente Venustiano Carranza Garza pronunciara en su informe presidencial del 1 de septiembre de 1918, reproducidas por Luis Cabrera Lobato en “La Herencia de Carranza.”

“Que todos los países son iguales: deben respetar mutua y escrupulosamente sus instituciones, sus leyes y su soberanía.”

“Que ningún país debe intervenir en ninguna forma y por ningún motivo en los asuntos interiores de otro. Todos deben someterse estrictamente y sin excepciones, al principio universal de no intervención.”

“Que ningún individuo debe pretender una situación mejor que la del nativo del país a donde va a establecerse, ni hacer de su calidad de extranjero un título de protección ni de privilegio. Nacionales y extranjeros deben ser iguales ante la soberanía del país en que se encuentren…”

México, junto con sus gobernantes y habitantes, es un país que ha sabido defender su soberanía. En algunos momentos ello ha tenido un alto costo, se acepta. Sin embargo, no podemos hablar de que estamos subordinados a los Estados Unidos de América. El mantener una relación de respeto y reconocimiento a quienes somos y con quien convivimos no nos hace subordinados de nadie. En nuestro caso, conocemos a los Estados Unidos de cerca. Crecimos en la frontera con ellos y sabemos cómo se da la convivencia día a día. Acudimos a sus universidades y ahí aprendimos a valorar la grandeza de nuestra patria y entender en grado mayor la relación con los EUA. Hemos aprendido a distinguir como es la sociedad estadounidense y como se opina a favor y en contra de nosotros, sabemos de primera mano cómo se enfrenta la problemática del diario vivir en un país que no es el nuestro. Hemos visto a los EUA desde lejos. Hemos convivido con sus habitantes de todos tipos.

Por todo lo anterior, no podemos aceptar, ni lo haremos jamás, que los mexicanos vayamos a asumirnos como subordinados de esa nación. Lo que debemos de entender es que la geografía nos ha puesto uno al lado del otro. Querámoslo o no hemos de aceptar que tenemos enfrente una nación con mayor poderío económico que el nuestro, pero eso no tiene por qué llevarnos a la subordinación, ni al enfrentamiento. Debemos de partir del punto de reconocer cuales son nuestras debilidades y cuales nuestras fortalezas. Cuando nuestros dirigentes y nosotros lo hemos reconocido, México ha podido crecer y desarrollarse.

Si alguien dice que México está bajo la egida de otra nación, lo primero que habría que cuestionarnos es sino se trata de disfrazar un sentimiento individual convirtiéndolo en uno colectivo para ocultar lo que no se atreve a declarar públicamente. No es válido que, para descalificar a quien o quienes no son de nuestras simpatías, se ande endilgando por ahí que México, sus gobernantes y sus habitantes somos subordinados de nadie. Porque ni este escribidor, ni usted lector amable somos mexicanos vasallos de ninguna otra nación. O ¿Acaso estamos equivocados?

vimarisch53 @hotmail.com

Añadido (1) El miércoles 25 de julio, conforme a lo planeado, en las instalaciones del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), se efectuó la presentación como novedad editorial de nuestro libro “El Senado estadounidense enjuicia a México y al presidente Carranza.” Nuestro agradecimiento para la Dra. Patricia Galeana, Directora General del INEHRM. Asimismo, debemos de resaltar que fue un honor compartir la mesa de presentación con la Maestra Fabiola García Rubio y el Doctor Felipe Ávila Espinosa quienes expresaron palabras encomiables sobre el contenido del libro antes mencionado. Nuestro reconocimiento para el Maestro David Guerrero Flores quien estuvo a cargo de la organización excelente del evento. En igual forma, debemos de expresar nuestra gratitud para quienes acudieron al acto, así como para aquellos que tuvieron la gentileza de expresarnos su interés y respaldo, aún cuando no pudieran acudir al mismo.

Añadido (2) Allá por 2003, una tercia de funcionarios del Estado Mexicano, una dama y dos caballeros, defendieron con todo para evitar que el Golfo de California fuera cerrado a la pesca comercial. Entonces, se buscaba que los pescadores terminaran de croupier, meseros, garroteros, pinches, botones, meseros y anexas. Al final de cuentas, a dos de ellos les costaría el cargo, pero se evitó que aquel desaguisado se materializara. Hoy, en base al fantasma llamado vaquita marina, se decretó un embargo pesquero en contra de México. Un triunfo mas de los animalistas. Esperamos que, en estos días, haya quien defienda a los pescadores con la enjundia y el cerebro con el cual lo hicieron aquellos del pretérito.

Añadido (3) Mal negocio cuando los políticos se autonombran enviados del Gran Arquitecto para destruir a quienes tienen una percepción distinta a la suya. No, no se alteren esto nada tiene que ver con nuestros asuntos domésticos, nos referimos a la Representante Demócrata por el Distrito 43 de California, Maxine Moore Waters quien declaró: “I’ve been sent by God to get Trump!” ¿En verdad el Altísimo usa intermediarios para ejercer venganzas, pues que acaso no era la expresión máxima de la bondad?

Añadido (4) En Santander, el torero Morante de la Puebla sale escoltado por la policía para protegerlo de un publico furioso que se sentía robado. Falta de confianza, que se venga para acá y aquí le sueltan toritos engordados, a lo mucho de cuatro años, pitones del tamaño de un platanito, y con dar dos o tres trapazos los mexhincados lo sacan a hombros entre vítores.
21 Julio 2018 04:00:00
Un recuerdo histórico sobre la intervención eclesiástica
Con la desmemoria reinante, vale la pena hacer un recorrido de casi quinientos años que tal vez sirva para refrescar algunas seseras. Aun cuando estamos conscientes de que, en el ahora, nadie está interesado en las cosas del pasado.

Eso es para los ociosos-amargados, que se la viven insistiendo en que debemos de aprender del pretérito. Sin embargo, necios como lo somos, realizaremos un repaso sobre lo acontecido a lo largo de todos esos años para que, a usted, lector amable, y a nosotros, no se nos olvide lo que ha ocurrido cuando el estado y la iglesia no han actuado separados y la segunda se mete en asuntos alejados de la espiritualidad, aun cuando les haya generado riquezas a más no poder.

Nada de que vamos a clamar que el paraíso fue destruido y que los arribantes eran unos ángeles o unos malvados, mucho menos al saber quiénes somos y de dónde venimos desde tiempos bastantes lejanos. Ello no implica poner de lado que para que los ibericoss sometieran a los nativos contaron con la ayuda de la cruz que, al convertirse en fiel compañera del látigo, la espada y el hierro incandescente formaron el cuadrilátero diabólico dentro del cual se instauraron trescientos años de saqueo-miseria-fanatismo-ignorancia. Gracias a la bondad de ese dechado de monerías que era Rodrigo Lanzol y Borja, conocido como el papa Alejandro VI o Rodrigo Borgia, la corona española se hizo de estas tierras a cambio de imponer la religión católica. Antes, Isabel y Fernando habían encargado a Tomas de Torquemada que pusiera a funcionar la hoguera, la rueda, el garrote vil, el cepo, la cierra el potro, el aplastacabezas, la gota china, la horquilla y quien sabe cuantos instrumentos más por medio de los cuales buscaban que los herejes vieran la luz celestial y aceptaran que el catolicismo era la bondad pura. Por supuesto que cuando incursionaron por estas tierras trajeron no solamente la palabra para convencer, sino también estos aparatitos, pues por acá habrían de encontrar seres sin alma, a los que tendrían que meter en razón con métodos sutiles y, mediante el adagio antiguo de que la letra con sangre entra, terminaran adorando lo que ellos ofrecían como la verdad absoluta. Si bien en el proceso algunos personajes como el arrepentido de Bartolomé, Motolinía, Vasco, Junípero y algunos otros aplicaron quirúrgicamente la bondad, cuidando que no fuera más allá de mantener el statu quo de superior-inferior, esto ya sabemos que molestara a los políticamente correctos pero es al fin de cuentas la verdad. O ¿Acaso nos van a negar que tras de casi trescientos años la esclavitud y la encomienda resultaron en la miseria que imperaba entre la mayoría de la población de la cual el 98 por ciento era analfabeta, pero experta en rezos y cánticos religiosos? Por supuesto que habrá, también. Quien pueda decirnos que olvidamos la arquitectura magnífica que nos heredaron con los templos, lo cual no rebatiríamos, excepto que les recordaríamos sobre el número de vidas que costaron esa edificaciones y les realizaríamos una pregunta: ¿Qué habría sucedido si por cada centro de oración hubieran construido un par de escuelas, en las que se formaran seres pensantes, y una biblioteca? La respuesta es simple, otra hubiera sido la sociedad mexicana resultante del coloniaje. Sin embargo, eso no podía permitirse. Corrían el riesgo de que se les fuera la clientela. Así, llegamos a los días de lucha por la independencia, producto de las circunstancias más que de un objetivo primario.

No faltara quien nos indique que debemos de recordar que Hidalgo y Morelos eran sacerdotes, pero a ello responderíamos que ambos fueron víctimas del santo oficio cuyos integrantes, de la mano de Abad y Queipo y otros, velaban por la preservación de la fe como vehículo de sustracción. Una vez que los dos primeros fueron eliminados, la curia acabó por encontrar quien les asegurara que habrían de prevalecer. Así fue como el criollo plebeyo quien un día se sintió noble, Agustín, terminó entronizándose como consumador de la independencia. De inmediato, vía Pío Marcha, se autonombraba emperador que resultó de opereta a pesar del Té Deum y la complicidad del clero. Y luego, cuando demostró su inutilidad, lo dejaron caer. Más tarde, en todas nuestras Constituciones, a partir de 1824, se instauraba por ley la religión única, la católica, al tiempo que era obligatorio pertenecer a ella para clamar la ciudadanía mexicana. En ese entorno, se nos apareció la alteza serenísima que cuantas veces podía se montaba en el apoyo de la clerigalla o viceversa. ¿A poco no recuerdan que cuando Gómez Farías intentó poner en orden a los clérigos, el quince uñas desatendió los espolones y navajas para regresar corriendo a restaurar el orden establecido en favor de sus socios? Claro que entre facinerosos cuando llega la hora de repartirse el botín, pues siempre surgen desavenencias. Así, sucedió durante la Guerra de los Polkos. Con el visitante adentro camino a llevarse la mitad del territorio, la curia, para vengarse del gallero de Manga de Clavo, le armó un relajo. Claro que este no era de gratis, ya los obispos mexicanos habían recibido, y exigían que les dieran más, una buena cantidad de dólares para permitir que el ejercito invasor se fuera por la libre y completara la obra.

Después de lo anterior, trascurriría una década para que, con el estadista Benito Pablo Juárez García al frente, LOS HOMBRES DE LA REFORMA instauraran la separación del Estado y la Iglesia mediante las leyes que llevan ese nombre. Se dio fin al negocio que usufructuaba la curia al controlar el registro de nacimientos, fallecimientos, cementerios y sobre todo el diezmo y las primicias, a más de que dejaron de gozar del fuero y se terminaba el monopolio de la religión única. La iglesia reparó y quien se encargó de descalificar afrenta tan grande fue el arzobispo de México, el neolonés, José Lázaro de la Garza y Ballesteros, quien, acompañado por otros de igual calaña, se opusieron. Más tarde, encontraron al timorato de Ignacio Comonfort de los Ríos quien, temeroso de contradecir las creencias religiosas de su “mami,” se dio autogolpe y acabamos, entre 1858 y 1861, inmersos en la Guerra de Reforma. Ahí, la curia encontró en el joven macabeo, Miguel Miramón y Tarelo, quien defendiera sus derechos “divinos.” Como lo sabemos, al final la curia y su aliado fueron derrotados y empezaron a tramar la revancha y como aquí no encontraban nada, pues cruzaron el charco. Hasta allá fueron, encabezados por el arzobispo de Puebla, Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, para confabularse con otro reaccionario recalcitrante Giovanni Maria Mastai-Ferretti, mejor conocido como el papa Pío IX. Con la ayuda de este convencieron a Maximiliano para que viniera a redimirnos y salvarnos del aborigen que nos gobernaba. Aun cuando la curia terminó peleada con el ungido, el daño ya estaba hecho y nos metieron en una guerra que trajo destrucción y miseria. La República se salvó gracias a la inteligencia-tozudez-redaños de Juárez y LOS HOMBRES DE LA REFORMA. Al derrotar al invasor, pasamos de ser un conglomerado de feudos para convertirnos en una nación.

Durante los años del presidente José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, en el marco de la reconciliación, se dieron escarceos de acercamiento y entre que Vincenzo Gioacchino Raffaele Luigi Pecci, conocido como el papa León XIII, le puso piel de oveja al asunto con su encíclica Rerum Novarum, y que el presidente Díaz fomentaba su amistad con el obispo oaxaqueño Eulogio Gregorio Clemente Gillow y Zavalza, el héroe del 2 de abril acabó por recibir la bendición nupcial de parte del importador de nobles, De Labastida y Dávalos. A lo largo del periodo de Díaz, la iglesia recuperó fortuna y la influencia político-espiritual que tanto le importaba. Claro que, a la hora de la despedida, como acostumbran cada que cae uno de quienes los apoyan, la curia guardó silencio y esperó a ver como soplaban los vientos, mientras creaba su partido político. Logró que uno de los suyos, León de la Barra, ocupara el interinato y la curia negoció con Francisco Ygnacio Madero González darle o no el apoyo, cosa que hizo a regañadientes. Una vez que el coahuilense se instaló en la silla y abrió el juego político, el Partido Católico Nacional tuvo un éxito inesperado. Ello, les abrió el apetito por hacerse del poder político y pronto la curia vía ese partido, se amafió, de palabra y obra, con el embajador estadounidense, Henry Lane Wilson en la búsqueda de un católico devoto que les ayudara en su empresa. Finalmente lo encontraron en aquel a quien confesaba y admiraba el sacerdote Francis P. Joyce, se trataba de Victoriano Huerta quien, colmado de bendiciones celestiales y pecuniarias, se dio a la tarea de ejecutar el crimen del presidente constitucional. Sin embargo, nuevamente, la criatura les falló, entre los humos del alcohol y el petate, el fulano se les descarrió y no los dejó ejercer el poder. Durante la Revolución Mexicana, Venustiano Carranza Garza mantuvo a la curia a raya, al tiempo que promulgaba leyes como la del divorcio. La curia acabaría por detestarlo cuando expulsó a cien sacerdotes, incluido el arzobispo de Guadalajara a quien apodaban “el chamula,” Francisco Orozco y Jiménez. Pero aún faltaba más, al momento en que es promulgada la Constitución de 1917, aun con la tinta fresca, la curia lanzó el 24 de febrero de ese año un documento en contra de ella y mas tarde, en abril, solicitaría a los padres de familia no enviar a sus hijos a escuelas públicas. Una vez que retornó del exilio, Orozco emitió una carta pastoral, el 4 de junio de 1917, criticando el documento en cuestión. Mas tarde, Giacomo Della Chiesa, conocido como el papa Benedicto XV, envió una epístola a los obispos mexicanos felicitándolos por su documento de febrero, al tiempo que criticaba la Constitución y los conminaba a defender el catolicismo. En pleno proceso de reconstrucción nacional, el presidente Carranza Garza dejó para después el enfrentamiento con la curia. Sin embargo, esta no se iba a quedar quieta y empezó a instrumentar su revancha.

En Guadalajara, Orozco se asoció con el jesuita francés Bernard Bergoen y empezaron a edificar la tramoya para lograr la revancha, tardarían nueve años. En 1926, soliviantaron el fanatismo y con la mascarada de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa lanzaron a los creyentes a que se fueran a matar para salvar a su religión decían ellos. Para eso, contaron con la bendición del jerarca máximo, Ambrogio Damiano Achille Ratti, a quien se conoce como Pío XI. Este, mediante su encíclica Iniquis Afflictisque, emitida el 18 de noviembre de 1926, los invitaba a pelear con denuedo en defensa de su religión. Para entonces, habían armado el teatro de que les cerraron los templos y les impedían profesar su culto, una patraña que subsiste hasta nuestros días entre los crédulos, que no creyentes. Con tamaño permiso, a principios de diciembre, los obispos mexicanos dieron su anuencia para que sus feligreses fueran a linchar a quien no compartiera su interpretación de la fe. Mientras tanto en los EU, la alta curia y grupos de católicos afiebrados como los Caballeros de Colón, al tiempo que aportaban recursos pecuniarios para apoyar la revuelta, pedían al presidente Calvin Coolidge que mandara las tropas para que salvaran a México del estadista, bueno ellos no lo calificaban así, Plutarco Elías Calles. Tres años habrían de trascurrir con mexicanos matando mexicanos mientras los miembros de la alta curia estaban en San Antonio, Texas y en Roma sorbiendo su chocolate puntualmente a las cinco de la tarde, a la vez que conspiraban tratando de impedir que el estado mexicano moderno viera la luz. Finalmente, un miembro de la curia estadounidense, el paulista, John J. Burke entendió que aquello no iba a ninguna parte y se puso en contacto con quien seria el mejor embajador que nos hayan enviado los estadounidenses, Dwight W. Morrow. Pronto, estaban en charlas con el estadista Elías Calles para ver como concluir con aquel baño de sangre que solamente satisfacía a quienes se decían representantes exclusivos del Gran Arquitecto. Cuando casi se logra un acuerdo, en Roma, deciden aplazar la respuesta. Para entonces, la curia mexicana ya había armado la mano de un fanático quien posteriormente asesina, en julio de 1928, al presidente electo, Álvaro Obregón Salido. Eso lo aprovechan los extremistas mexicanos instalados en Roma para convencer a Pío XI de que aun no era tiempo de concluir el conflicto, a más de que este andaba muy ocupado negociando con otro católico ferviente, Benito “El Duce” Mussolini, que le escriturara el Estado Vaticano, y como apenas era el verano de 1928, pues que mas daba si esperaban un rato, después de todo eran mexicanos los que se estaban destrozando. No fue sino hasta después de febrero de 1929, cuando, ya firmados los Tratados de Letrán, la curia romana decidió retornar a la negociación mexicana. Aquí debemos de hacer un paréntesis y recordar que años más tarde, el nuncio apostólico en Alemania, Eugenio Pacelli, quien después sería renombrado como el papa Pío XII, apuntalaría, mediante la firma de un concordato, el gobierno de otro angelito, la bestia austriaca, Adolf Hitler, quien les salió un alumno aventajado en eso de utilizar los métodos de tortura como vía de convencimiento. Pero retornemos a 1929, cuando Pío XI nombró al jesuita Edmund Walsh, el vicerrector de Georgetown University, para que viniera a concluir las negociaciones. Este personaje, a quien, más tarde, los estadounidenses habrían de “agradecerle” ser el cerebro creador del macartismo, ese pasaje que tanto alaban los fanáticos, llegó a México y quiso colgarse las medallas del arreglo. Sin embargo, Morrow lo colocó en su sitio relegándolo. Finalmente, se firma el Modus Vivendi y se termina la cristiada. Por supuesto, a la curia le importaban poco las cien mil vidas que se perdieron y los recursos miserablemente gastados en esa reyerta inútil, lo que ellos querían era ver como empezaban a resarcirse de sus bienes y canonjías. A pesar del arreglo, no dejaron de darse situaciones tirantes entre la curia y el estado mexicano, aderezadas por actos como los de Tomas Garrido Canabal y su remedo de religión para sustituir a la católica, o lo que es lo mismo combatir el fuego con fuego. Durante el cardenismo, el enfrentamiento generó conflictos como el de Guadalajara, en donde como respuesta al socialismo cardenista, acabó naciendo, en 1935, la primer universidad privada de México, la Universidad Autónoma de Guadalajara. Sin embargo, a partir del gobierno del presidente Manuel Ávila Camacho, el Modus Vivendi empezó a operar plenamente y la Iglesia
se dedicó a sus asuntos, incluyendo por supuesto retacar las arcas de valores.

Esta situación prevaleció hasta 1992, cuando el presidente Carlos Salinas De Gortari modifica el artículo 130 de la Constitución, reabre la puerta de la vida pública a los clérigos y se establecen relaciones diplomáticas con el Vaticano.

A partir de ahí, volvieron a entrometerse en los asuntos políticos. En el año 2000, Karol Wojtyla, identificado como el papa Juan Pablo II, convirtió en santos a una parvada quienes, en su tiempo, impulsaron a otros para ir a asesinar a quienes no compartieran su interpretación de la fe. Ahora, tenemos a los clérigos buscando convertirnos en un estado teocrático. A la par, la institución que no es capaz de someter a la consideración de sus miembros ni siquiera el nombramiento de un párroco de pueblo, ya no digamos el de su dirigente máximo, se dice promotora de la democracia y pretende dar lecciones al respecto. Lo mismo, arguye ser el ejemplo de la decencia y las buenas costumbres, mientras que, durante los últimos tiempos, se la ha pasado pagando millones de dólares para evitar que elementos distinguidos de su cofradía vayan a parar a las mazmorras por las porquerías que cometen, aun cuando se dan casos de que alguno si lo haga, bueno hay que entender que en todo hay clases y ahí más que en ninguna otra compañía. Pero esto es simplemente un recuerdo histórico sobre lo que ha sucedido en México, durante casi cinco centurias, cuando se da la intervención eclesiástica en asuntos que nada tienen que ver con la espiritualidad. Para tenerlo presente, como dirían el pueblo, “por lo que se ofrezca.”

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Añadido (1) En nuestro natal Coahuila somos inexistentes dado que no reunimos ciertas características muy peculiares, lo cual entendemos. Sin embargo, en otros sitios hay quien encuentra algo positivo en nuestros escritos. En ese contexto, este miércoles 25 de julio a las seis de la tarde, en la Ciudad de México en las instalaciones del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) ubicadas en Francisco Y. Madero No. 1 en San Ángel, habrá de presentarse, como novedad editorial, nuestro libro “El Senado estadounidense enjuicia a México y al presidente Carranza.” Si usted, lector amable, anda por esos rumbos y dispone de tiempo, esperamos saludarlo por ahí.

Añadido (2) Como somos incapaces de generar riqueza, entonces vamos todos a convertirnos en muertos de hambre. Ni quien lo dude, el éxito de esa política está asegurado.

Añadido (3) En el infierno, el quince uñas y Lucas Alamán andan festinando como si hubieran ganado la copa mundial panbolera. Por fin, sus propuestas serán realidad plena.

Añadido (4) Al ver la fotografía de toma de posesión en el PRI, no pudimos sustraernos a recordar a Mario Benedetti y a la Nacha Guevara cuando esta interpretaba los versos del primero: “…Después de todo usted(es) es (son) el palo mayor/de un barco que se va a pique/ Por eso digo, señor(a) ministro(a), / ¿De qué se ríe(n)? / ¿De qué se ríe(n)?...”
14 Julio 2018 04:00:00
Doña Margarita y el estadista Juárez ante la hora final
En medio del vertimiento de miel que inunda las páginas de los diarios, redes sociales y medios de comunicación electrónicos, aún quedamos quienes, dada nuestra formación personal y profesional, optamos por mantenernos al margen de aquellos que esparcen el producto apícola cual clérigo en época de bendiciones. Ante ello, preferimos seguir en lo nuestro que es la historia. En esta ocasión no es para narrar las hazañas de nadie, sino que habremos de ocuparnos de doña Margarita Eustaquia Maza Parada y el estadista Benito Pablo Juárez García en la hora de la despedida última.

A lo largo de un año, seis meses y dieciséis días, a partir del fallecimiento de doña Margarita, el estadista Juárez sabia que cada día vivía la cuenta regresiva. Y lo que se había iniciado el 2 de enero de 1870, llegó a su fin el 18 de julio de 1872. Pero antes de ir a esto último, vale comentar que, conforme a lo que apuntan las crónicas, el estadista mexicano resintió el golpe de la perdida la cual vino a agravar la enfermedad que desde octubre de 1870 ya había manifestado el grado de peligrosidad que representaba. Pero en enero de 1871, el fallecimiento de doña Margarita suscitó que, en medio del duelo, se emitieran opiniones laudatorias de todo tipo, al calor de las cuales, se generó una controversia entre lo expresado por dramaturgo, novelista, poeta, periodista, y político liberal, Juan Antonio Mateos Lozada y lo que escribió el escritor, periodista, maestro, político, militar y diplomático, Ignacio Manuel Altamirano Basilio. Antes de continuar, debemos de apuntar respecto a este último personaje que en “Navidad en las Montañas”, junto con Nikolai Vasilievich Gogol en “Taras Bulba”, son los dos únicos escritores cuya fuerza narrativa nos han hecho sentir durante la lectura el clima imperante durante el relato. Pero dejemos digresiones personales y volvamos a texto objeto de esta colaboración.

La controversia entre Mateos y Altamirano, reproducida en esa obra extraordinaria, recopilada por Jorge Leónides Tamayo Castillejos, “Benito Juárez: Documentos, discursos y correspondencia,” ocurre cuando, el 5 de enero de 1870, el primero publica un artículo fustigando al clero por su ausencia en los funerales de doña Margarita. Tras de ponderar las virtudes de la dama fallecida y resaltar como muchos de los liberales, en conflicto por aquellos días con el estadista, fueron capaces de dejar a un lado las diferencias y hacerse patentes en el duelo, hubo otros personajes que no pudieron imitarlos.

Indicaba Mateos (nos abstenemos de utilizar comillas, pero la cita es textual) que ¡mientras la sociedad entera vestía sus ropas de duelo, el clero católico enmudecía y se ocultaba en la niebla impura de sus rencores, gozándose en el gran infortunio del pueblo que quebrantó sobre su frente osada al cetro de la usurpación y del fanatismo! Los bronces callaron, las lamparas se apagaron, y los ropajes luctuosos no cubrían las aras de los altares, ni una prez resonó en las bóvedas de las catedrales, ni se marcó el oficio de difuntos en los facístoles del coro. La Sra. Juárez había fallecido en el seno de la religión católica; pero el clero la rechazaba como esposa del Reformador, y no abriría las bóvedas sepulcrales del altar de los Reyes para recibirla.

¡Cuando un alto dignatario de esa secta paga el tributo a la naturaleza, el aparato es magnífico, entonces, del púlpito, tribuna del error y del fanatismo, se desprende un himno de alabanza, para el agitador revolucionario, para el impostor impío, para el profanador de las creencias, para el sacrílego que ha llevado a la muerte al pueblo y derramado su sangre en los campos de la liza, por sostener el auge soberbio del poder y de la Iglesia, combatiendo contra el siglo, contra la tradición, contra la historia y contra el porvenir!
¿Es acaso el clero de fray Bartolomé de las Casas, velando por las víctimas de la conquista, el de Motolinía levantando el Tecpan, o el de Higareda cuidando de los expósitos en la cuna? ¡El clero católico!, ¿Qué le debemos? ¡La ignorancia, la superstición y la tiranía! Nos ha combatido con las armas, nos ha declarado fuera del seno del catolicismo, ¿y qué nos importa, si nosotros ya le habíamos excomulgado del seno del cristianismo y de la civilización moderna?
¿Qué quiere decir esa abstención criminal? ¿Es acaso un signo de reprobación? ¿En nombre de qué Dios pretende ahora imponernos su voluntad imperiosa? ¿En nombre de qué culto cierra sus misales en los días de pesadumbre nacional? ¿Cree, por ventura, que iremos en demanda de su lengua muerta para hacer oír nuestras preces y nuestras oraciones? ¿Piensa acaso que en sus labios de donde han salido los anatemas que han ensangrentado el suelo de la patria, tienen más valor los salmos del alma en sus horas de recogimiento?
¿No sabe que si tiene templos es debido a nuestra condescendencia, que si vive es merced a nuestras instituciones que dan sombra tanto a la mezquita como a la sinagoga y a la basílica? ¿Por qué exigís de nosotros lo que no queremos hacer, vosotros los proclamadores de la libertad religiosa, nos diréis ahora? Pero nosotros os responderemos que siempre que vuestra conducta misteriosa tienda a una significación política, nos habéis de encontrar en el terreno.

Maldecidnos en la oscuridad de las sacristías, cruzad las ciudades y los campos con la frente inclinada y los brazos sobre el pecho haciéndose mártires de la fe, para despertar el odio contra nosotros, hablad en el confesionario, celebrad vuestras elucubraciones, amedrentad a los moribundos negándoles los sacramentos, todo, todo os lo permitimos, menos que rebajéis el valor de nuestras glorias, ni que os neguéis a rendir homenaje a lo que la humanidad venera.

Pero vosotros estáis ciegos; estos funerales proporcionaban un vasto campo a vuestras imposturas; los estandartes católicos entraban victoriosos al hogar del Presidente de la República; debíais haber hecho una fiesta religiosa, porque la esposa del hombre que ha proclamado la tolerancia, que os ha deshecho el monopolio de la superstición, que os ha vencido, ayer ha inclinado su frente y doblado su rodilla, cuando la moribunda recibía en la fe de su creencia el pan de la eucaristía; pero vosotros no sabéis olvidar, y os recogéis en las tinieblas en vuestra eterna protesta. Bien merecéis la suerte que os ha cabido, desde el huérfano infalible del Vaticano hasta a los prófugos del concilio ecuménico, y a vosotros, rebuscadores de reliquias entre las ruinas del Pompeya y Herculano del catolicismo.

El pueblo no os ha echado de menos en la fúnebre ceremonia, ni el toque mortuorio de vuestras campanas, ni el murmullo sordo de vuestras preces. La sencillez republicana no ha extrañado las detonaciones de la artillería, ni las armas a la funerala, ni las banderas a media asta, ni los pésames oficiales; le ha bastado la ovación espontánea del pueblo que ha seguido, triste y lleno de piedad religiosa, el féretro que deposita tan ilustres cenizas.

¡El signo de la redención será clavado por sus manos en esa tumba venerada, sobre la cual se extiende el arco del cielo y esa bóveda inmensa donde brillan las centellas que forman la corona de Dios! Hasta aquí llegaba este escrito que más que un reclamo era, en muchos sentidos, una pintura al desnudo de la institución que se ha autoinvestido como poseedora monopólica de la comunicación directa con el Gran Arquitecto. Sin embargo, la presencia demandada por Mateos no era considerada necesaria por Altamirano quien en “El Federalista” publicó una respuesta critica a las palabras de su correligionario.

En ella, apunta que su amigo el distinguido poeta y literato Juan A. Mateos, en un artículo que ha publicado en “El Monitor”, extraña que el clero, tan adulador con los vetustos magnates del partido enemigo, y que hace un ruido escandaloso a la muerte del más inútil de sus canónigos, no haya hecho una demostración de duelo por el fallecimiento de una matrona digna por mil títulos de respeto, tanto más, cuanto que murió en el seno del catolicismo.

Tiene razón Mateos en extrañar la actitud del clero, según las costumbres antiguas; pero los que no creemos que el clero nos pueda servir para nada con el ser supremo, nos hubiéramos afligido con una manifestación que resucitaba repugnantes costumbres viejas, y que no podía ser sincera de parte de quienes deben aborrecer a muerte todo lo que es liberal.

Por lo demás, ¿para qué sirven esas preces en latín detestable, esa canturria desapacible que recuerda los gemidos mercenarios de las plañideras romanas, y ese doble que fastidia por lo impertinente y por lo inútil? ¿Qué tienen que hacer esos hombres negros y antipáticos, cargados con el peso de sus propias culpas junto a la tumba sagrada de las personas virtuosas? Sería absurdo suponer que necesita un ángel de la bendición de esa gente. No: Dios me libre de desear a las personas que estimo y venero, que tengan en su muerte semejante acompañamiento.

Que Juan Mateos retire su filípica contra el clero, y que la convierta en acción de gracias porque se abstuvo de mezclarse entre nosotros junto al sepulcro de la santa mujer republicana. En la modesta losa que cubrirá la tumba de la que fue esposa del presidente de la República, no habrá más que un nombre inscrito; pero ese nombre será cubierto con la corona de inmortales que colocará allí siempre el cariño filial, y será venerado por aquellos que adoran la virtud verdadera.
A esta controversia terciaria, muchos años más tarde, Jorge L. Tamayo quien señalaba que Mateos no tenía razón. (Nuevamente recurrimos a la cita textual sin entrecomillarla). Precisamente la lealtad de Juárez a sus convicciones hizo que ni en la larga enfermedad, ni en la agonía, ni mucho menos en el funeral, participara ningún sacerdote. Es esta una de las tantas muestras de la grandeza de Juárez, de la lealtad a sus convicciones dentro y fuera de su casa. No tenía porque, si el clero había sido excluido de la vida de Margarita, participar de manera formal en el funeral y en los comentarios posteriores. Margarita vivió manteniendo firme su ideario cristiano, en particular católico, pero seguía a su esposo en su posición anticlerical. Tamayo calificaba el texto de Mateos de una intransigencia similar a la que atribuyó al clero. Para concluir, Tamayo indica que no tiene razón Juan A. Mateos; Juárez se hubiera sentido molesto de que las campanas doblaran a difunto; que el clero hubiera hecho acto de presencia aun en tono de cortesía, a la capilla ardiente de la mujer que le había acompañado en su lucha contra el fanatismo y que habían formado juntos a sus hijos dentro de esa actitud. Pasemos ahora al momento de la despedida eterna del estadista.

Según narran las crónicas, el mal cardiaco que afectaba al estadista se recrudeció ante la ausencia de doña Margarita y en julio de 1872 hizo crisis.

Sin embargo, ello no evitó que aun el día 17 estuviera, desde sus oficinas, atendiendo asuntos y dictando acuerdos. Entre ellos dos llaman la atención. Uno era referente al indulto a un desgraciado que había sido sentenciado a muerte por el prefecto de Xochimilco por los delitos de asalto y robo. El otro, establecía que se dijera al gobernador de Durango que, en confirmación de las ordenes expedidas por el general Sostenes Rocha Fernández, que acogiera con benevolencia a todos los rebeldes que depusieran las armas y librara salvoconducto a los soldados, cabos y sargentos que se presentasen para que pudieran retirarse a sus casas. Tras de ello, por la noche, se dedicó a leer el que sería su último libro “Cours d’histoire des législations comparées,” escrito por un profesor del Colegio de Francia en Paris, Jean Louis Eugène Lerminier. Al día siguiente ya no abandonó sus habitaciones, pasando la mayor parte del tiempo bajo la supervisión de su médico, José Alvarado, a quien en un momento dado le preguntó: “¿Es mortal mi enfermedad?” El galeno respondió a ello: “No es mortal en el sentido de que ya no tenga usted remedio. Agrega Alvarado que Juárez entendió que le quería decir: “Tiene usted una enfermedad de la que pocos se escapan.” Al pardear la tarde, alrededor de las seis, recibió al general Ignacio R. Alatorre quien solicitó hablarle para pedirle instrucciones pues estaba por salir a campaña. Lo recibió, discutió planes e hizo sugestiones para el buen éxito de su gestión. Tras de ello, durante las próximas cinco horas, aquello fue librar la última batalla. De nada valió el esfuerzo, el Gran Arquitecto lo tenia citado a las 23:30 horas y ni modo que fuera a llegar tarde. A la hora de los funerales, no se desato polémica literaria alguna, inclusive uno de quienes se le oponían, José María Vigil pronunció una pieza oratoria laudatoria en nombre de la Prensa Asociada. Así, el 23 de julio de 1872, en medio de una multitud que acudía a despedir a quien sostuvo la República a bordo del carruaje para a partir de ahí convertir lo que era un conglomerado de feudos en una Nación, el orador oficial, José María Iglesias Inzáurraga pronunciaría la oración fúnebre, de la cual reproducimos algunos pasajes.

Las anticuadas ideas de siglos pasados seguían ejerciendo un dominio absoluto en nuestro modo de ser. La ignorancia, el fanatismo, la intolerancia, las preocupaciones de todo género reinaban en un país llamado, por irrisión, democrático, republicano y constituido bajo el sistema federal. Hasta 1855, lo repito, nuestra sociedad parecía condenada aún por mucho tiempo a lo que formaba entonces su estado normal. Las tinieblas en que se hallaba envuelta parecían de duración indefinida. La aurora de la gran regeneración social no asomaba todavía. Como dice Julieta a Romeo en el gran drama de Shakespeare, era el ruiseñor, no era la alondra el ave que cantaba en la enramada.

Triunfante la revolución de Ayutla, cupo a Juárez la insigne gloria de haber librado el primer combate y obtenido la primera victoria en el campo cerrado de la reforma. Su célebre ley sobre extinción de los fueros eclesiástico y militar abrió una nueva era de completa transfiguración. La igualdad legal de los ciudadanos de una República había sido hasta entonces sacrificada a la necesidad o a la conveniencia de transigir con las clases privilegiadas. La cuestión religiosa apareció también, desde aquel momento, con todo su vigor, queriendo presentar como de derecho divino las concesiones hechas al clero por la potestad regia en épocas en que estaba enteramente supeditada a la teocracia. La contienda fue larga y encarnizada, como sucede siempre en las guerras de religión.

Nacida de las primeras tentativas reformistas, vinieron a enardecerla más los célebres decretos expedidos en Veracruz, en cuyas resoluciones se comprendía una completa revolución social. La antigua legislación teocrática desaparecía, arrancada de cuajo por la hoz de la civilización moderna.

En aquellos días angustiosos: cuando el patriotismo parecía próximo a extinguirse; cuando el imperio se tenía ya por un hecho consumado con el que era forzoso conformarse; cuando de locura se calificaba desafiar el poderío inmenso del emperador de Francia, el desaliento cundió en las filas de los republicanos, y la resignación llegó a ser estimada por muchos como la última virtud. Los más animosos continuaban la lucha, no ya con la halagüeña esperanza del triunfo, sino con la firme decisión de sacrificarse noblemente en cumplimiento del deber.

En medio de tanta desolación, nunca perdió Juárez la confianza en el porvenir.

Animado también del heroico propósito de morir en la demanda, si tal suerte le deparaba el destino, sentíase a la vez lleno de esa fe entusiasta que a todo se sobrepone y de la que hacía partícipes a los demás, mediante el contagio que propagan siempre los grandes sentimientos.

Dos principios, sin embargo, sobrenadan en ese confuso piélago, como característicos de la política de Juárez; dos principios, sin cuya observancia no hay porvenir posible para este trabajado país: El respeto a la autoridad constituida; la transmisión del poder supremo, no al impulso maléfico de las revoluciones, sino por el ministerio santo y respetado de la ley…

No podemos cerrar esta colaboración sin trascribir lo que fue la última nota escrita por el estadista Juárez, en la cual se leía: “Cuando la sociedad está amenazada por la guerra, la dictadura o la centralización del poder es una necesidad como remedio practico para salvar las instituciones, la libertad y la paz.” Muy recomendable cavilar sobre esta treintena de palabras hoy que la miel escurre en las planas de los diarios, en as redes sociales y en los medios de comunicación electrónicos.

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Añadido: Este miércoles 18, se cumplirán dos años de que, sin aspavientos, ni quejas, con la dignidad y firmeza que caracterizó tu vida, enfrentaste la llegada de la hora final. Con respecto a la pregunta que me hacías constantemente durante los últimos tiempos, la respuesta ha llegado en este año. Como hubiera deseado trasmitírtela y escuchar la respuesta en tu voz siempre alegre DOÑA ESTELA RÍOS SCHROEDER.
07 Julio 2018 04:00:00
La opinión del embajador estadounidense en aquellos días del gobierno interino
La semana anterior, les comentamos sobre el libro “Entre el Porfiriato y la Revolución: El gobierno interino de Francisco León De La Barra” enfocándonos en el análisis excelente que sobre la situación interna realizó el doctor Felipe Arturo Ávila Espinosa. Sin embargo, obviamos mencionar cuál era la perspectiva que desde aquí trasmitía a Washington el embajador de los EUA en México, Henry Lane Wilson. Ante ello, nos fuimos a revisar la información recopilada en la serie “Papers Relating to the Foreign Relations of the United States.” En los reportes, elaborados por ese sujeto repugnante, encontramos la explicación de los eventos que sucederían un par de años más tarde. Pero vayamos a los días del verano de 1911.

En el reporte que enviaba el 11 de julio del año referido, Lane Wilson buscaba a toda costa aparecer como el gran clarividente de lo que habría de suceder en México, por lo cual casi se lo embarraba en la cara al secretario de estado, Philander Chase Knox. Iniciaba la nota indicándole que como se lo había mencionado en comunicados anteriores, del 23 y 31 de mayo, “la situación que se había creado por el éxito del movimiento revolucionario del Sr. Madero podría llevar a una falta de respeto permanente a la autoridad constituida y una perturbación de los procedimientos administrativos.” De ahí, partía a dar un panorama general del estado de cosas en las regiones del país.

Lane Wilson mencionaba que, en los estados de Guerrero, Sinaloa, Morelos, Puebla, Oaxaca, Veracruz y Durango, la anarquía prevalecía con signos de haber llegado para quedarse. Asimismo, aun en las entidades en donde había presencia federal, era frecuente encontrar “casos de desafío a la ley, falta de respeto a la autoridad, carencia de respeto por los derechos de propiedad, así como prevalecimiento de la violencia y la rapiña.” Asimismo, era frecuente que “dos, tres e incluso cuatro gobernadores reclamar[an] el ejercicio de funciones ejecutivas en un solo Estado al mismo tiempo.” A ello, aunaba la problemática que partía del circulo cercano de los gobernadores “hasta el funcionario local más pequeño,” lo cual incidía sobre la confianza publica en todo el país. Por lo que respecta a “la economía la situación empeora constantemente y, a menos que el Gobierno muestre una mayor firmeza y más energía para enfrentar las dificultades que han surgido y están brotando, en lugar de esforzarse por aplacar, en muchos casos, las demandas fantásticas de los trabajadores industriales, puede haber pocas esperanzas de mejora. De un extremo de la República a otro, en las ciudades, en las minas, y en las plantaciones, las clases trabajadoras han dejado de trabajar y están haciendo demandas, en muchos casos acompañadas de violencia, por aumentos en los salarios y disminución en las horas de trabajo, todas estas exigencias van más allá de lo que la clase empleadora podrá cumplir.” Eso no era todo lo que con respecto a la economía mencionaba Lane Wilson.

Indicaba que, en muchos sitios, los pobladores se negaban a pagar impuestos estatales y federales, argumentando que “era parte del programa de la revolución que los pobres deben ser liberados de la carga impositiva…” De pronto, nos pareció que revisábamos otros tiempos, pero inmediatamente recapacitamos y volvimos a ubicarnos en aquellos días del gobierno interino en donde, de acuerdo con el embajador estadounidense, había muchos lugares en los cuales las fincas “han sido tomadas por la fuerza por grupos de gente pobre, en la creencia de que la revolución había anulado todos los títulos [de propiedad] antiguos y que las tierras debían ser restaurados a las personas en propiedad común.” A continuación, Lane Wilson demostraba como, en raras ocasiones, utilizaba el intelecto para razonar positivamente al afirmar “que se requerirá energía, sabiduría y consejos para lograr la cura de los males que surgen de opiniones engañosas, interpretación errónea de la idea de libertad, y las pretensiones exageradas de una clase trabajadora que ha sufrido mucha injusticia en el pasado, pero que ahora parece incapaz de lidiar con sus oportunidades de una manera racional y práctica.” Sin embargo, era mucho pedirle que la neurona prevaleciera sobre las secreciones biliares y a continuación mostraba que el “desdén” de que fue objeto en marzo de 1911 en New York seguía presente y habría de cobrárselo a l precio que fuera. Olvidando que había un presidente en funciones, procedía a mostrar a Francisco Ygnacio Madero González como el responsable de la situación.
En ese contexto, el cerebro del cuartelazo futuro mencionaba que si Madero no se demostraba a si mismo que era capaz de manejar la emergencia descrita cuyas consecuencias eran la anarquía, la violencia, la maldad y la administración conflictiva, todo lo cual llevaba a los disturbios que surgían, era factible dudar de que, durante las elecciones de octubre de 1911, el coahuilense fuera a llevarse la victoria. Asimismo, indicaba que cada día era posible ver como ver como “la oposición, en parte pública y en parte secreta, está surgiendo contra el Sr. Madero y que hay un debilitamiento gradual pero distinto de los vínculos que lo han conectado con algunos de sus partidarios más antiguos y entusiastas.” Aquí, Lane Wilson aprovechaba para justificar lo que ya fermentaba, al dilucidar que las causas detrás de esa decepción con Madero eran resultado de que cada día eran más los seguidores del coahuilense quienes veían en él la “carencia de carácter, uniformidad de la política y una visión concreta de las cosas, algo que es esencial que posean los líderes, pero que es de importancia trascendente en México, dado las condiciones anormales que aquí prevalecen.” Para reforzar sus dichos, Lane Wilson apuntaba que el ejercito estaba insatisfecho y podía ser calificado de “casi abiertamente desleal, lo que pone en cuestionamiento a lo que es, prácticamente, la única salvaguardia que existe… contra la turbulencia.”

Asimismo, no dejaba de mencionar que “la Iglesia Católica Romana y el partido que toma su nombre, se han vuelto antagónicos violentos a Madero y… a lo largo de la República andan exponiendo los motivos de su oposición, mientras que desacreditan sus políticas, al tiempo que critican la debilidad y vacilación que, supuestamente caracteriza [a Madero] en la dirección de los asuntos diversos.” En igual forma, hacia alusión a los remanentes del Partido Científico el cual, si bien lo observaba como disperso y desacreditado, para Lane Wilson, representaba la riqueza, la cultura, y las tradiciones históricas de México, quienes “gustosamente darán su apoyo a cualquier causa que pudiera restaurarles, incluso de manera moderada, a las posiciones, el poder del que alguna vez disfrutaron. Un elemento que contemplaba entre los opositores a Medero eran los políticos jóvenes y progresistas, “generalmente imitadores cercanos de las ideas estadounidenses,” quienes al principio lo veían como quien podría terminar con los abusos, “ahora están comenzando a mirarlo como un soñador y falso profeta.”

Otro grupo estaba conformado por los miembros “de las clases más pobres que esperaban la redención con el advenimiento de Madero y ahora [al ver que las promesas no se materializan] pueden ser fácilmente influenciados por cualquier líder dispuesto a prometerles el cumplimiento de los ofrecimientos que ellos creían serian concretados por Madero.” Tras de todo esto, el representante diplomático en México bosquejaba como podía aglutinarse a todos esos descontentos bajo la egida de un líder militar, el que en primera instancia venia a su mente era Bernardo Reyes, pero inmediatamente lo desechaba. Para redondear su perspectiva, indicaba haberse “reunido con el Sr. Madero en varias ocasiones y me he esforzado por formar alguna opinión de su persona. Él es insignificante en apariencia, tímido de modales, y vacila en el habla, y parece ser muy nervioso e incierto en cuanto a las respuestas que tiene con respecto a muchas preguntas públicas importantes.” El mapa de la asonada ya estaba bosquejado, era cuestión de tiempo para llevarlo a la práctica. Por lo pronto seguía madurando su plan de acción fingiendo que era un diplomático preocupado por el futuro del país en donde laboraba.

Para el 18 de julio, ya se había entrevistado con el presidente interino Francisco León de la Barra Quijano. En su reporte, informó que el presidente mexicano está algo preocupado por los diversos brotes de inconformidad que han ocurrido. Sin embargo, no se mostraba muy aprensivo, pero expresó tener “la intención a partir de ahora de abandonar la política de paciencia y tolerancia…” Asimismo, dijo que “tiene la intención de tratar severa y drásticamente a todos aquellos que trastornen la paz pública, para ello, indicó que “había seleccionado como jefe de las fuerzas armadas a un hombre de gran vigor y valor, quién sería nombrado en un futuro muy cercano y recibiría órdenes para suprimir despiadadamente los levantamientos y los desórdenes de cualquier tipo.” En ese contexto, León de la Barra, según los decires de Lane Wilson, anunciaría esa decisión en un par de semanas a lo mucho, lo cual este decía “traerán al país, al menos temporalmente, condiciones mucho más normales. Tras de eso, Lane Wilson se fue a vacacionar y al parecer el cerebro se le oxigenó y pudo ver, al menos por un momento, las cosas de forma más objetiva.

Para el 22 de septiembre, reportaba que desde su regreso, el 6 de septiembre, había observado cuidadosamente que, durante los últimos dos meses, la situación en México había mejorado. Era factible observar el retorno del orden, la paz y la prosperidad a la República. Indicaba que “la cooperación cordial entre el presidente [León] de la Barra y el Sr. Madero ha provocado una restauración práctica del orden en un gran parte de la República, y que a excepción de los Estados de Sinaloa, Chiapas, Morelos y Oaxaca la gente está retomando rápidamente a la vida normal y ordenada. Los nuevos funcionarios, quienes representan mayoritariamente al partido revolucionario, están cumpliendo con sus obligaciones inherentes a sus cargos con prudencia encomiable, firmeza y energía.” En igual forma, señalaba que la situación política tendía a despejarse, siendo cada vez mas evidente que Madero triunfaría en las elecciones presidenciales, no obstante, la pérdida de prestigio que había sufrido. Los rivales políticos mas importantes para el maderismo tales como los hermanos Francisco y Emilio Vázquez Gómez y el general Bernardo Reyes, ya no representaban poder alguno. El Partido Católico después de muchas vacilaciones, había finalmente apoyado la candidatura de Madero. Ante este panorama, Lane Wilson concluía que “las elecciones darán como resultado el triunfo completo de los maderistas.” Y como todo lo veía en rosa, mencionaba que “observo con gran satisfacción que, en el presente, han desparecido casi por completo las evidencias de cualquier sentimiento antiamericano o de sospechas expresadas sobre el carácter de nuestro política hacia esta República. Esto va acompañado, además, por un alto grado de respeto de la población.” Sin embargo, un mes después de su llegada, la altura de la ciudad de México ya le cobraba la factura.

El 6 de octubre, Wilson indicaba que “poseía pruebas de había planes para lanzar una contrarrevolución el 15 de octubre. El general Huerta, junto con otros, está involucrado…” Al respecto comentaba que al chacal futuro debería de retirársele de las tareas que se le tenían encomendadas como perseguidor de Zapata.
Posteriormente, si bien reportaba que la elecciones se desarrollaron normalmente, salvo algunos disturbios que no representaban el sentir de la opinión publica mexicana, dedicaba una gran parte de su informe a mencionar que entre esa anormalidades estaba “El famoso bandido Zapata quien esta[ba] invadiendo y aterrorizando porciones de los Estados de Veracruz, Puebla, Morelos, Guerrero y México, y bandas formidables se han comprometido todo tipo de crímenes dentro de las 40 millas de las puertas de esta ciudad capital.” Asimismo, el ejército ha encontrado a una banda de 800 bandidos a unas 50 millas de la Ciudad de México y esa lucha todavía está en marcha. En los Estados de Tabasco, Chiapas, y Sinaloa existen en este momento movimientos revolucionarios desconectados con Zapata, pero igualmente peligrosos para el orden público y la reanudación por la gente de actividades pacíficas.” Para no parecer tan alarmista, reculaba, y decía que tal vez al ascender Madero disminuyan esas revueltas, pero que más tarde habrían de recrudecerse y “muchos Zapatas aparecerán”. Mientras eso llegaba, fue a ver al presidente Francisco León De La Barra Quijano.

Según Lane Wilson, el presidente mexicano le solicitó que fuera a verlo para informarle que su hermano Luis “había ido a los Estados Unidos, en una comisión no oficial a nombre de él y el presidente electo Madero para entrevistarse en San Antonio, Texas con el general Reyes. El mensaje era invitarlo a abandonar su hostilidad y actitud revolucionaria y por el bien de su país para regresar a México y ejercer sus derechos políticos como ciudadano.” Posteriormente, el enviado, se trasladaría a Chicago para entrevistarse con el presidente William Howard Taft a quien, en nombre de los dos mencionados, le explicaría la situación general en México y lo concerniente a los intereses estadounidenses en el país, así como la política del gobierno mexicano en cuestiones internas. De igual manera, le solicitaría al mandatario estadounidense que endureciera los castigos a los revoltosos mexicanos que violaran las leyes de neutralidad al adentrarse en territorio estadounidense. Lo que sigue pinta de cuerpo entero los planes de Lane Wilson.

Según el estadounidense, el presidente mexicano le compartió su “aprensión con respecto a las perspectivas del gobierno de Madero.” Según esta versión, León de La Barra Quijano no veía que Madero poseyera el empaque necesario “para el trabajo ejecutivo y el manejo de grandes asuntos. Esperaba, sin embargo, que si los primeros seis meses de la nueva administración transcurrían sin problemas el país podría establecerse en condiciones normales.” Y aquí fue en donde el subconsciente empezó a delatar a Lane Wilson quien respondió que desde su perspectiva “el peligro vendría después de seis meses…” Sustentaba su argumentación en que un semestre era el periodo de gracia que requiere cualquiera para instrumentar sus políticas y hasta después de ese lapso es cuando se empieza a ver si hay o no resultados.

Ni quien lo dude Henry Lane Wilson siempre tuvo claro el plan de acción que desarrollaría para cobrarse aquella afrenta neoyorkina. El gobierno interino le dio espacio para madurar sus acciones y escoger a quienes, en su nombre ejecutarían la sonada, una historia que todos sabemos en que terminó.

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Añadido (1) El domingo por la noche recordamos lo que, hace un par de años, nos advirtió nuestro amigo hidalguense quien es un priísta auténtico de los que están ahí por convicción. Nada de que poseyera dotes de clarividente, simplemente era la versión objetiva de alguien que analizaba información de primera mano y preveía el desastre que se aproximaba.

Añadido (2) Esperemos que el castigo no vaya a terminar en autoflagelación.
Añadido (3) Son los ratoncitos de siempre a los cuales la publicidad hace lucir como percherones. Pero no hay que preocuparse, dentro de cuatro años los de siempre vuelven a imaginar que ante ellos hay unos corceles majestuosos que irremediablemente, antes de que la medianoche arribe, habrán de recuperar su condición perene de roedores.

Añadido (4) Como pronto habrá de instituirse, el galardón de hojalata que se denominara El Abyecto del Año, desde el domingo por la noche, el número de candidatos a obtenerlo ha ido creciendo exponencialmente. Como se trata de un premio eminentemente democrático, ya están inscritos miembros de todas las clases sociales. Aun cuando, hemos de anotar que algunos líderes políticos y del sector de negocios, de manera ventajista, han tomado la delantera. Pero ello no impide que otros, con foro público, hagan su esfuerzo diario por alcanzarlos.
Añadido (5) Enfrente estaba el diario Excelsior y nos llamaron la atención un par de desplegados. Uno era firmado por el SUTERM y otro por Minera Autlán, al revisar los textos nos dijimos: ¿Quién dejaría este periódico de los 1970s por aquí? Sin embargo, pronto tuvimos que corregirnos al observar la fecha de la edición, 5 de julio de 2018.

Añadido (6) A toro pasado cualquiera pretende ser José Tomás. Nada mas hay que leer las declaraciones del senador Emilio Gamboa Patrón quien ahora quiere hacer creer a los cándidos que él si tenia los dos pies firmes sobre la arena y la figura erguida cuando el burel pasaba rozando la faja. ¿De veras?
30 Junio 2018 04:00:00
Un gobierno interino
Antes de que alguien piense que ya encontró un caso para ir a reportarlo al tribunal de la santa inquisición, versión siglo XXI, permítanos decirles que se equivocan. Nada de plantear escenarios posibles del presente-futuro inmediato, de lo que nos ocuparemos es de un evento al cual, la gran mayoría de los historiadores ha ignorado o simplemente lo tratan de manera marginal. En ese contexto, en términos generales, pareciera que entre la renuncia la Presidencia de México de José de la Cruz Porfirio Díaz Mori y la llegada al poder de Francisco Ygnacio Madero González todo hubiera entrado en un impasse y nada sucediera. Los especialistas en esa época le colocan un velo a lo acontecido entre mayo y noviembre de 1910 y saltan del porfirismo al inicio del mandato de Madero. En lo personal, lo confesamos, el tema nos había parecido poco atractivo. Sin embargo, hace unos meses, de manera inesperada llegó a nuestras manos un libro sobre el tópico y al leerlo reafirmamos cuan amplia es nuestra ignorancia, aun cuando siempre estamos dispuestos a paliarla y sobre ello versara esta colaboración.

Bajo el título: “Entre el Porfiriato y la Revolución: El gobierno interino de Francisco León De La Barra” (Instituto de Investigaciones Históricas. UNAM. 2012), el doctor Felipe Arturo Ávila Espinosa nos ofrece un análisis que hasta donde tenemos conocimiento es el único dedicado exclusivamente al tópico. A lo largo de 150 páginas encontramos un estudio sólido, bien documentado que nos va presentando a los personajes involucrados en la acción de esa época como seres humanos enfrascados en una lucha por lograr que sus puntos de vista prevalezcan a la hora de tomar las decisiones. En esta lectura no hay figuras pétreas en olor a santidad, se nos expone un entorno en donde hay de todo al amparo de las acciones en torno a las cuales los protagonistas buscan prevalecer pues saben que en ello les va lograr un espacio en la construcción del país nuevo.

La obra del doctor Ávila Espinosa está dividida en cinco grandes apartados durante los cuales se nos invita a reflexionar sobre cómo se presentó la dualidad de poderes; los problemas que enfrentó el gobierno interino para actuar en un tiempo y espacio tan reducido en donde cualquiera de sus decisiones podía alterar la paz e incendiar la yesca; los obstáculos que encuentra en cada una de diversas regiones del país en donde los intereses de todo tipo buscaban prevalecer, unos para no perderlos y otros para ganarlos. Asimismo, nos presenta un panorama de la política nacional en donde lo mismo se aprecian fisuras entre el grupo triunfante que se relanzan los intereses viejos que, ante el proceso de reacomodo, veían la opción para resurgir. En medio de todo ello, se analiza como operó el Gobierno federal en materia de política económica, de administración pública, laboral, agraria y como enfrentó la convivencia con los representantes de otras naciones. Pero demos un repaso mas amplio a cada uno de estos apartados.

En lo concerniente al arribo de León De La Barra al interinato, debemos de apuntar que fue evento distinto al planeado inicialmente. Aun cuando en este libro es mencionado brevemente, es importante apuntar que, en marzo de 1911, se reunieron en el Hotel Plaza de New York, el ministro de Hacienda, José Yves Limantour y al embajador de México en Washington, Francisco León De La Barra Quijano con Francisco Madero, padre y Gustavo Adolfo Madero González. Durante dicha reunión, se acordó que el vicepresidente Ramón Corral renunciaría, nombrándose a Limantour como ministro de relaciones exteriores y al renunciar el presidente Díaz Mori ocuparía la primera magistratura. Sin embargo, como lo apunta el texto del doctor Ávila Espinosa, al final de cuentas la cancillería seria asignada a León De La Barra, dado que el encargado de las finanzas nacionales era la cabeza visible de los científicos y proponerlo como interino provocaría el rechazo. En ese entorno, Madero estaba preocupado por quien habría de encabezar la transición pactada dado lo cual no veía con malos ojos al embajador mexicano en Washington quien proyectaba una imagen de confianza a las elites nacionales, además de ser conocido en los círculos internacionales, además de que para el ejercito y la iglesia no lo consideraban un elemento que pudiera alterar el statu quo. Aquí hay un elemento importante a resaltar, el grupo que apoyaba a Madero no apostaba a la destrucción del régimen profirista, sino a utilizarlo para que la vida económica del país se consolidara bajo una perspectiva económica más moderna. Tanto los que se iban como quienes llegaban no apostaban a destruir lo logrado, pero estaban conscientes de que era necesario recuperar el orden y por ello optaron por alguien como León De La Barra quien habría de enfrentar un poder acotado, pues al tiempo que accedía formalmente a la presidencia, debería de negociar con Madero quien tenia mucho que decir. De esa forma, el presidente interino integró su gabinete tendiendo puentes con el maderismo, con el limantourismo y hasta con las huestes del general Bernardo Reyes Ogazón. Todo ello implicaba “la desaparición del predominio de los científicos y de los porfiristas tradicionales.” En medio de todo ello, surgió un poder dual, el del presidente interino en funciones y el del líder revolucionario. El análisis que en la obra se realiza sobre este poder bicéfalo debería de ser motivo de lectura obligatoria para los que ahora andan proponiendo gobiernos de coalición, muchas y provechosas serian las lecciones que pudieran obtener. Pero vayamos al segundo gran elemento de la obra, el como mantener la paz y el orden.

Una vez ya conseguido el objetivo principal, la retirada del presidente Díaz Mori y la consecución de una transición pactada, ahora el presidente interino enfrentaría como apaciguar a todos aquellos que cuando cargaron el fusil y se cruzaron las cananas, lo mismo pensaron que aquello iba para largo o bien que una recompensa sustancial les habría de llegar una vez cumplido el objetivo. El primer problema era lograr que los insurrectos aceptaran las condiciones establecidas en los Convenios de Ciudad Juárez, a la vez que estuvieran de acuerdo en reconocer el liderazgo maderista y al gobierno constituido y a partir de ahí comprometerse a que sus subordinados no habrían de cometer tropelía y media. Esto no era nada fácil, como lo mencionamos en líneas arriba todos querían una tajada del triunfo y esa aún no se veía materializada. Muchos fueron los incidentes en donde prevaleció el desorden y el pillaje. Esto provocó alejamiento entre los lideres rebeldes y la dirección maderista. Y aquello llegó al asunto de los dineros para compensar a quienes estaban dispuestos a retirarse después de haber tomado parte en el movimiento armado. Aun cuan do Limantour, según los datos que nos proporciona el escrito del doctor Ávila Espinosa, había dejado 63 millones de pesos en las arcas y un superávit presupuestal de más del 60 por ciento, todos sabemos que eso no es infinito y a la hora de iniciar la repartición, todos buscaron sacar la mayor parte posible. Aunado a ello, se planteaba hasta que punto se le permitía al viejo ejercito encargarse de preservar el orden. De las 60 mil fuerzas insurrectas, más de la mitad regresó a sus casas, pero ello ni implicó que el proceso se viera exento de protestas. Surgieron lideres nuevos demandando ser ellos quienes representaban la voz del pueblo. Sin embargo, eso no les bastó y a la hora de las reparticiones no se les otorgaron cargos, ni canonjías. Ni quien lo dude, ayer, hoy y siempre, a la hora del triunfo, todos reclaman su piscacha de victoria con algo mas que palmadas en la espalda, ahí se olvidan promesas y lo importante es un pedazo de gloria bien acompañada de billetes y poder. Una lección intemporal más que debería de ser revisada, no tardaremos mucho en volver a ser testigos de eventos similares. Sin embargo, en la escala de la lucha por el poder, no todo se quedaba a nivel de pueblo o quienes decían representarlo, faltaba atender a los grupos de poder regional.

No queriendo generar un estado de sobresalto, la dupla gobernante Madero-león De La Barra, optaron por no entregar las gubernaturas a jefes militares surgidos del movimiento armado, como lo apunta Ávila Espinosa, optaron por aquellos que representaban las mejores opciones para el proyecto maderista y las elites locales. Sorprendentemente, en menos de un mes, todos los gobernadores porfiristas habían sido reemplazado, dándose un proceso más vertiginoso y drástico en el norte en donde el movimiento tuvo la fuerza mayor, mientras que en el centro y sur los interese locales opusieron resistencia significativa. En estas últimas regiones, se llegó a enfrentamientos armados, como fue el caso de Chiapas en donde el obispo Francisco Orozco y Jiménez (esto es un agregado nuestro), hizo un ensayo para ver cómo le saldría, años más tarde, la cristiada, ya sabemos que para él quienes perecieran no eran fatalidades, sino que así cumplía con la cuota de mártires que vaya usted a saber quién le asignó debería cumplir. Sin embargo, hubo otros casos en donde la disputa por el poder local, prefecturas y presidencias municipales, se derivó como un medio para cobrar afrentas añejas con los jefes políticos del profirismo. Asimismo, durante el interinato, se tuvo el tino de realizar elecciones a nivel local y mayor acierto fue que quien encabezaba el gobierno, León De La Barra, se mantuviera al margen y, salvo cuando era requerido, pocas fueron sus intervenciones. En cambio, Madero tuvo una participación mas activa apoyando a los suyos y denostando a los rivales. En igual forma, el autor, quien es un experto en el estudio del zapatismo, nos hace un relato puntual de como se dio la resistencia de Emiliano Zapata al gobierno interino y a Madero. Como es factible apreciar, el cambio no se dio, como comúnmente se quiere creer, entre apapachos y arrumacos. Aun las transiciones pactadas llevan consigo un jaloneo intenso para ver quien habrá de dominar la escena presente y futura, vayamos a esa parte.
Durante los periodos de transición, el reacomodo es inevitable. En ese inter todos buscan ocupar un espacio en grado mayor. Entre el grupo ganador, se dejó a un lado la concepción del Partido Antirreeleccionista para dar paso al Partido Constitucional Progresista el cual habría de convertirse en el brazo político del maderismo. En esa nueva versión, Madero optó por sacudirse a aliados antiguos como los hermanos Francisco y Emilio Vázquez Gómez quienes al verse obligados a renunciar a sus cargos en el gabinete terminaron por permitir a León De La Barra consolidar su autoridad y mas tarde no les quedó sino convertirse en opositores al coahuilense quien acabó optando por José María Pino Suárez como su compañero de fórmula. En este proceso de reacomodo, también jugó un papel importante Bernardo Reyes a quien tenía una influencia notable dentro del ejercito por lo cual Madero le ofreció una alianza. Sin embargo, Reyes y Madero representaban posturas opuestas, el primero representaba el regresó del profirismo y el segundo la ruptura con ello. Escuchando voces melosas, Reyes creyó que podría contender en contra de Madero y lanzó su candidatura, la cual en poco tiempo se vino abajo al percatarse de que su popularidad era mínima. Ante ello, pidió al legislativo que se alargara el interinato, la respuesta fue en negativo y optó por abandonar la con tienda. Aquí cabe una cita, “el maderismo actuó como partido semioficial que, desde el poder, con múltiples recursos, desbarató al partido reyista.” Una lección que seguramente no repasaron algunos en tiempos futuros.

Si bien Reyes dejó de ser un obstáculo, había otro elemento que nunca podía dejarse de lado, el ejercito federal. Respecto a él, Madero mostraba reticencias en lo privado, pero sabedor del poder que tenía, en público buscaba congraciarse con los integrantes de las fuerzas armadas. Ello, generaba que los militares mantuvieran cierta reticencia hacia el caudillo coahuilense. Por su parte, León De La Barra mantenía relaciones excelentes con la milicia. En medio de todo ello, Madero envió a Federico González Garza [aquel que después fuera suegro de Jesús Reyes Heroles de quien el Gobernador de Coahuila, Oscar Flores Tapia dijera que lo único revolucionario que tenía era su padre político] para invitarlos a celebrar una alianza de concordia. Si bien, no se realizaron las reformas requeridas por la institución, a cambio se alejó a sus líderes de la política y procedieron a darles todo tipo de ascensos y canonjías. Sin embargo, los resabios quedaron ahí y ya habría tiempo de ajustar cuentas. Los que no esperaron para hacerse presentes y buscar un espacio fueron los miembros de la curia católica quienes crearon el Partido Católico Nacional, al amparo de él buscaron que León De La Barra aceptara la candidatura presidencial, pero este en un acto de congruencia la rechazó. Finalmente apoyaron a Madero, lo cual no les impidió impulsar, sin resultados efectivos, a León De La Barra para la vicepresidencia. Conforme a las reglas electorales de entonces, Madero y Pino Suárez se alzaron triunfantes. El proceso fue además una muestra de que el interinato de León De La Barra fue exitoso en el terreno de respetar la legalidad, el voto y los resultados. Una etapa nueva daba inicio en la vida nacional gracias a la responsabilidad de los actores quienes eran capaces de no ir por el todo o nada. Revisemos ahora los logros de la administración del queretano.

Legos como somos en esta etapa de la historia mexicana, el texto de Ávila Espinosa nos permitió paliar dicha ignorancia. No obstante, la presión que ejercía la opinión pública, entre la cual prevalecía la idea de que se había terminado con un régimen corrupto, donde prevalecía el amiguismo, el trafico de influencias y la complicidad entre el gobierno y el mundo de los negocios, ante lo cual el maderismo mismo demandaba castigos, el gobierno de León De La Barra no se embarcó en vendettas e hizo prevalecer las instituciones jurídicas y las políticas públicas. Las elites buscaban una transición política gradual y pacífica. El presidente interino hubo de enfrentar los nuevos tiempos en la relación-obrero patronal y consciente de que el estado debería de intervenir más activamente en ello, para lo cual creo el Departamento del Trabajo, al amparo del cual actuó como el garante de la propiedad y de la legalidad. En materia agraria, ni promovió el retorno de las tierras a sus antiguos propietarios, ni toleró la ocupación de ellas por parte de grupos rebeles. En ese contexto, Creo la Comisión Nacional Agraria que se ocuparía de atender los problemas en la materia. En materia económica, el gobierno interino buscó proteger las inversiones, promover la participación del capital externo, al tiempo que adoptaba una política fiscal sin nuevas cargas. Asimismo, en materia de relaciones exteriores, en junio de 1911, creo una comisión especial para atender los reclamos y fijar indemnizaciones en los casos de aquellos extranjeros afectados por la Revolución. En síntesis, el gobierno interino cumplió con su cometido y León De La Barra pudo hacer una transición pacifica del poder a Madero González’

En síntesis, al recorrer las paginas de “Entre el Porfiriato y la Revolución: El gobierno interino de Francisco León De La Barra” de la autoría del doctor Felipe Arturo Ávila Espinosa, nos hemos encontrado una narrativa clara y concisa que muestra a personajes de carne y hueso, la cual además de proveernos con información puntual es presentada en un lenguaje que atrapa al lector y lo lleva a reflexionar sobre un evento que la gran mayoría desconocemos al detalle. Sin duda, una lectura recomendable con lecciones múltiples, mismas que siempre debemos de tener presentes por lo que pudiera ofrecerse.

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Añadido (1) El globo fue inflado hasta el punto de lucir invencible. Sin embargo, llegó la hora de la verdad y acabó reducido a su dimensión justa. Ninguna novedad, simplemente mostró lo que era: Un producto de la publicidad.

Añadido (2) Ahí estaban los dos, sencillitos y simpáticos a más no poder. Uno soñando con que su empresa vuelva a dominar el mundo. El otro, se conforma con ser el líder de Europa contando, por supuesto, con la ayuda del primero.

Añadido (3) Al otro lado del Bravo, tres eventos importantes han sucedido alrededor de los magistrados de la Suprema Corte de los EUA. Primero, avalan la disposición presidencial de negar el acceso a migrantes de seis países. Segundo, emiten un fallo indicando que ningún empleado publico puede ser forzado a pertenecer a un sindicato y pagar cuotas. Tercero, uno de los magistrados, Anthony McLeod Kennedy, anuncia su retiro. ¿Nuestros expertos internacionalistas y los encargados de la diplomacia mexicana se habrán percatado de lo que ello implica en el contexto futuro de las relaciones México-EUA? Esperamos que así sea, dado que siempre van un paso delante de los acontecimientos o ¿Acaso estamos equivocados?

Añadido (4) Durante meses soliviantaron, y lucraron con, las campañas en donde prevalecieron las descalificaciones e injurias. Hoy, nos salen con que “al fin se terminaron, ya no soportábamos más”. ¿Lo dejamos simplemente en una evocación a Sor Juana en aquello de “Parecer quiere el denuedo/ de vuestro parecer loco/ el niño que pone el coco/ y luego le tiene miedo… o les damos un calificativo más preciso?
23 Junio 2018 04:00:00
Ante la elección presidencial
Estamos muy conscientes de que este es el último fin de semana en que se puede hablar acerca del proceso electoral próximo. De no respetarse tal disposición, es factible caer en pecado capital y convertirse en portador del sambenito que puede llevarlo al cadalso, la hoguera o, si bien le va, ser sujeto de una multa de varios ceros a la derecha de un dígito entre el uno y el nueve. Todo por haber interrumpido el periodo de reflexión al que una ley electoral, propia de algún país en los linderos de la incivilización, ha condenado a sus ciudadanos a quienes considera viven aún en un estado intelectual limitado al grado de que si alguien llega y le comenta algo favorable o desfavorable sobre un candidato puede influirlo a la hora del voto y eso afectaría la santidad en que debe de desarrollarse todo proceso democrático de un país de valores tan altos como el nuestro. Eso que hacen en otras naciones en donde el mismo día de la votación nadie guarda silencio y siguen efectuando proselitismo por sus favoritos es propio de irresponsables que no va con nuestra idiosincrasia electoral, la cual, conforme a los autores de las leyes electorales, se encuentre en un estado de desarrollo infantil cuando se cuenta con cuarenta años. Pero vayamos al evento más importante dentro de todo ese proceso electoral, la elección presidencial.

Llevamos meses atiborrados por comentarios de todo tipo emitidos por expertos en el tema quienes apoyados en encuestas que, como ya lo hemos mencionado en este espacio, dejan mucho que desear y nos han hecho pensar que son realizadas al gusto de quien paga o aquellos que las elaboran sin rigor o bien quienes las leen no saben analizarlas y se compran lo que dice el cabezal de cualquier diario o medio de comunicación. Solamente de esa manera se puede entender que cuando hay entre el 40 y 50 por ciento, de quienes se dicen encuestaron, que no respondieron o dijeron que aún no sabían por quien votarían, se nos diga que la distribución del voto es w, x, y o z. Además, hay algo que siempre nos llama la atención, ni nos dicen cómo determinaron el universo muestral, ni dónde realizaron la encuesta, algo que es básico para poder dar o no confiabilidad a ese tipo de trabajos. Ya no digamos que nos expliquen el cómo y bajo qué circunstancias se realizaron los levantamientos muestrales. Pero como vivimos en los tiempos de las generalidades, pues nos dicen que esto ya se acabó y no hay porque molestarse el 1 de julio para ir a votar, todo lo han decidido los encuestadores y aquellos, quienes en base a los datos que les proporcionan, se dan a la tarea de hacer análisis y san se acabó. Ante esto, nos preguntamos: ¿Para qué se gastan miles de millones de pesos en campañas, si todo se puede lograr mediante un par de encuestas y una serie de artículos que las validen y entonces ya sabemos quien ganó sin perder tanto tiempo? Sin embargo, como esto no se da, decidimos dar un repaso breve sobre como vemos a los cuatro contendientes, mismos que abordaremos conforme a la antigüedad en que están colocados en la boleta.

Iniciamos con Ricardo Anaya Cortés a quien algunos calificaron del chico maravilla del sexenio actual, pero al cual sus paisanos queretanos conocían lo bastante como para desconfiar de él. Ni duda cabe, bueno para el verbo fue granjeándose las simpatías de correligionarios, y no, hasta que la ambición se apoderó de él y empezó a mostrar que eso de las lealtades no era su tema. Uno a uno fue dejando en el camino a quienes lo apoyaron en su carrera política fulgurante. En esa forma, se hizo de la candidatura presidencial del PAN y amalgamó un muégano con los restos del PRD que, ante la penuria, demostraron, una vez más, que eso de la ideología es algo en desuso y nada como el pragmatismo para $obrevivir. Al final, ni panistas, ni los pocos perredistas que aún se guardan algún respeto, quedaron contentos con la selección del candidato de su partido. El panismo tradicional ha mostrado poco entusiasmo y los perredistas lo ven ajeno. A ello, se debe de agregar que mientras el candidato Anaya dice ser un adalid del combate a la corrupción, ha sido incapaz de demostrar fehacientemente que las acusaciones que se le hacen, por la misma razón, son únicamente producto de la contienda política.

En respuesta ha prometido que, si gana, enviará a la cárcel al Presidente Peña Nieto, al candidato Meade Kuribreña y a quien sabe cuántos más. Al parecer, historia es una materia que no cursó el candidato panredista. En este país desde la sucesión del primer periodo del presidente José de la Cruz Porfirio Díaz Mori (salvo los asesinatos que se dieron de los presidentes Francisco Ygnacio Madero González y Venustiano Carranza Garza) hasta el actual, quienes han llegado a la presidencia lo han hecho, a pesar de que no necesariamente simpaticen con él, bajo la aprobación-negociación del presidente saliente. Esto podrá sonar incomodo para los adalides de la democracia, pero es la historia y si alguien duda de ella pues que retorne al pasado y la reescriba. Pero regresando al candidato Anaya Cortes, estimamos que a la hora de la votación una gran cantidad del voto duro panista habrá de sufragar por otro y eso seria un golpe muy fuerte para aspirar a la victoria, especialmente ahora que las migajas del perredismo ya cantan la derrota pues se sienten agraviados al verse utilizados simplemente como un logotipo que actuó de pegote.

El caso de José Antonio Meade Kuribreña, su candidatura hasta cierto punto resultó inesperada. Sin embargo, a toro pasado, puede decirse que no lo fue tanto si observamos los cargos diversos que ocupó durante el sexenio, SEDESOL-SRE-SHCP. Dado que el Presidente Peña Nieto compró eso de que la imagen de su partido, el PRI, era mal vista por la ciudadanía, decidió que bajo las siglas de este presentaría un candidato ciudadano al cual apoyarían otros dos el PVEM y PANAL. Si bien la parafernalia se cumplió, a la hora de la acción la realidad mostró otra cosa. Alrededor del candidato colocaron tres personajes. Un par de fajadores y un niño bien. Uno de los dos primeros es Enrique Ochoa Reza, quien, como nos dijera un periodista respetable, cada vez que podía se bajaba del taxi para agarrarse a trompones; el otro es Javier Lozano Alarcón, un fajador de barriada quien por quítame estas pulgas ya estaba enfrascado en la refriega dispuesto a seguir la premisa de don Roque, aquel muñeco que manipulaba el ventrílocuo Paco Miller, “le rompo la cara a cualquiera”. Para compensar esto, pusieron a Aurelio Nuño Mayer quien, independientemente de su capacidad intelectual, no puede sacudirse la imagen de un niño bien cercana a la de un pedante, pues la campaña simplemente no iba hacia ningún lado. Los priístas tradicionales, acostumbrados a la disciplina, al sentirse marginados pues simplemente hicieron el vacío a un candidato a quien sentían ajeno. Como aquello pintaba para desastre, finalmente decidieron hacer a un lado a ese trío y traer a un priísta, René Juárez Cisneros, para que buscara recomponer aquel desaguisado. Será el sereno, pero desde ese momento la campaña agarró un aire que no tenía y hasta el candidato se vio más suelto. Un ejemplo de ello lo dio en los dos últimos debates en donde, sin ser una lumbrera, lució muy por encima de los otros contendientes, algo que por supuesto los analizadores partidarios de uno u otros jamás aceptaran. Esto no implica que ya por eso pueda lucir como un triunfador absoluto, pero ha sido capaz de plantear que hay algo más que un candidato acartonado que no conectaba con nadie.

Tampoco vamos a decir que luce una personalidad arrolladora, pero al menos demuestra que tiene algo más de lo que se apreciaba. Sus probabilidades de triunfo dependen de dos vertientes. Una gran parte originada en el voto duro, el de los priístas si optan sufragar por alguien que viste su logotipo, pero no es su correligionario, antes de hacerlo por otro que no viste su marca, pero actúa como su correligionario de hace cincuenta años. Otra, la del voto duro del panismo resentido por haber sido marginados y que en cierta forma ven a Meade Kuribreña como uno de los suyos que, haciendo uso de su muy personal y respetable concepción de cómo debe de relacionarse con el Gran Arquitecto, domingo a domingo va a misa y comulga. Aquí, cabe recordar que eso no le impidió, cuando estaba a cargo de la cancillería mexicana, mandar un estate quieto al sencillito porteño, Bergoglio Sivori, quien se quiso pasar de chistosito con nuestro país. La otra vertiente es el voto potencial de aquellos que no son dados a manifestarse públicamente, ni pertenecen a ningún partido político, pero que, elección tras elección, cruzan la boleta por quien creen que se asemeja a su muy personal perspectiva.

Por lo que concierne a Andrés Manuel López Obrador, cuando ya no lo dejaron seguir usufructuando la franquicia del PRD, decidió abandonarlo, como antes lo había hecho del PRI, y crear su negocio personal. Al amparo de este, decidió autoelegirse como candidato presidencial, al tiempo que amorosamente abría los brazos a cuanto tránsfuga, no siempre de reputación honorable, provenía de sus antiguos y otros institutos políticos. Así, todos tomados de las manos, fueron alcanzando la purificación de sus pecados hasta convertirse en seres en olor a santidad. Con una maquinaria bien aceitada, cuya procedencia de recursos aun no queda clara para los legos como nosotros, de pronto apareció ungido como el gran salvador de la patria. Fue capaz de vender un discurso de ser antisistema, aun cuando jamás a renunciado al patrocinio de este. En ese contexto, ha proclamado un discurso que apela al regreso de los buenos tiempos de vacas gordas.

Sin embargo, lo que no apunta es que aquello se dio bajo circunstancias que en el mundo actual ya no existen y que a retroceder el reloj de la historia ni siquiera los cubanos le apuestan. Se presenta como un ejemplo de pulcritud y trasparencia y deja de lado que cuando ejerció el cargo de jefe de gobierno del DF la nitidez brilló por su ausencia. Es fecha de que no se pueden abrir los expedientes de la construcción de los segundos pisos. Quienes marchan a su lado estiman que por hacerlo la sociedad ha olvidado su pasado, mismo que asemeja la piel de un dálmata.

Pero eso sería lo de menos, con preocupación, a pesar de su discurso de “amor y paz,” entre sus muy cercanos se aprecia una sed de revancha que a nada bueno conduce. Pareciera por momentos que algunos esperan ansiosos la noche de los cuchillos largos para cobrarse agravios con todo aquel que no comparta su credo, de no eliminarlo físicamente, cuando menos lo expulsan del país. Pobre de aquel que ose en las redes sociales contradecir la verdad eterna de lo que predica su líder, saltan con todo tipo de diatribas acompañadas con la amenaza futura de hacer pagar tal audacia. Dícese ser el heredero del estadista Benito Pablo Juárez García y ni practica la austeridad republicana, ni mucho menos entiende lo que era la filosofía político-económica de este. Habla de laicismo y promete traer al ciudadano Bergoglio Sivori para que arregle nuestros problemas. A la par, como su socio Norberto Cardenal Rivera Carrera ya anda en desgracia político-religiosa, pues ahora está asociado con los líderes de otras interpretaciones de la fe y por momentos pareciera que nos acercaríamos a un estado teocrático si llegara a ganar. En cuanto a la concepción económica del Benemérito no la entiende, este proponía un sistema generador de riqueza en donde el individuo, con su esfuerzo, fuera capaz de salir de su condición paupérrima y no estuviera esperanzado a la dádiva. Asimismo, como siempre venderá aparecer enérgico con el vecino, pues nos comenta que irá a poner en orden al presidente de aquel país a quien, según sus decires, le ordenará que reinstale, vaya ingenuidad-modernidad-independencia, el programa de la Alianza para el Progreso. De que tiene muchos seguidores, ni quien lo dude. Sin embargo, falta ver si son tantos como los que se nos dicen o simplemente es la percepción que se tiene de la CDMX hacia abajo.

El caso de Jaime Rodríguez Calderón, un candidato supuestamente independiente, luce como un contendiente de relleno. Nadie va a negar que en ocasiones hasta resulta simpático y en los debates pudo haber hecho una o dos propuestas interesantes, pero otras francamente solo pueden dejarse para el anecdotario. Como gobernante en Nuevo León, se vendió como un bronco y acabó como potrillo domesticado. Indudablemente que cumple una función en la contienda presidencial, pero de ahí a que se le considere con posibilidades de triunfo hay un trecho larguísimo. Lo que sí demuestra esta candidatura es que los llamados candidatos independientes, ni lo son, ni el hecho de asumirse como tales les aleja de terminar por caer en vicios similares a los de que lo hacen bajo las siglas de los partidos. Su victoria, en términos religiosos, solamente podría darse mediante un milagro y esos, en el siglo XXI, ya no suceden.

Es el punto de vista de este escribidor-historiador quien, aunado a lo expuesto, ha encontrado una división profunda entre la sociedad mexicana, aderezada con una sed de revanchismo enfermizo. Lo que no halla entre los candidatos es una propuesta clara para ver cómo vamos a salir de los problemas. Todos, sin excepción, acaban por invocar el pobretismo como base de la política para resolver las dificultades económicas. Hay un sector amplio de la población que ya hace cuentas de cuanto va a agregar a sus ingresos, simplemente por respirar, ahora que gane fulano o perengano. Lo que ninguno de los candidatos nos dice es cómo va a enfrentar la problemática, en todos los sentidos, que tenemos con los EUA, porque no es con bravatas, ni con declaraciones efectistas a los medios, como se resuelven las diferencias y eso lo conoce de primera mano uno de ellos, pero ni este se manifiesta objetivamente.

Apostarle a que quienes no compartan mi perspectiva son mis enemigos y por tanto voy a eliminarlos en un acto de purificación, en nada ayuda a plantear el futuro del país. Tampoco nada se resuelve con decir que los otros son corruptos y cuando el acusador es exhibido arguye que le tienen mala fe. El asunto del combate a la corrupción es al final de cuentas una cobija bajo la cual todos buscan cubrirse, pero en cuanto pueden la usan para agenciarse recursos. Quienes, si la hemos combatido, no hablamos de oídas, sabemos lo que ello implica y no anduvimos en busca de quedar bien con nadie, nos queda claro que estos de ahora son simplemente tartufos engañabobos.

Pero en fin, encuestas o no, manipuladas o bien realizadas, lo único que valdrá es lo que cada uno de los mexicanos registrados en el padrón electoral decida hacer al momento de ir a las casillas y cruzar la boleta por quien consideren es la persona idónea para encabezar la dirigencia de este país bajo la premisa de que enfrente tenemos un futuro con retos inconmensurables y que para poder tener éxito debemos de tomar en cuenta lo positivo del pasado, pero jamás tratar de replicarlo tal cual pues este se dio bajo otras circunstancias que se han ido y, como las oscuras golondrinas de Bécquer, jamás volverán. Sin embargo, mejor esperamos al primero de julio, después de todo somos historiadores, aun cuando ello, no impedirá alguna acometida por no haber rendido pleitesías.

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Añadido (1) Esperemos que algún día quien estuvo ahí, en aquella noche-madrugada del verano de 1988, le narre a sus lectores lo que vio, oyó y vivió entonces. Nada tiene que ver con las relatorías inventadas por aquellos que cuentan la historia de oídas, por versiones de terceros o porque creen versiones como la que les presenta el que ya olvidó (¿?) los días en que demandaba a la oficina gubernamental, contra la que hoy arremete, le pagara las notas de la gasolina que consumía, como si se tratara de una Suburban, su Volkswagen. Esos recursos, le eran vitales para poder continuar con su “lucha” por la democracia.

Añadido (2) Por un momento, llegamos a creer que presenciábamos una escena de una película coloreada, las originales eran en blanco y negro, en las cuales se reproducía el momento cuando en las vecindades las damas salían a lavar las ropas. Nos equivocamos, era el debate entre los candidatos al gobierno de la CDMX. Solamente faltó que volara un jabón zote y el contenido de la cubeta.
16 Junio 2018 04:00:00
Continuamos con la perspectiva del estadista respecto a la crisis mundial de entonces / b de b
Abordar temas de situaciones del ayer, aun cuando por momentos pareciera que son de actualidad, pudiera generar que se tache a quien lo hace de desfasado o bien nostálgico del tiempo ido.

Ese no es el caso de este escribidor quien cuando lo efectúa busca en cada uno de los tópicos las lecciones que puedan ser de utilidad para las situaciones actuales bajo la premisa de que nunca será factible tratar de instrumentar a rajatabla las recetas que dieron resultados positivos bajo otras circunstancias y/o escenarios. Recurrir a ello es un error que nada bueno deja.

Asimismo, no se puede ir a otra ocurrencia muy socorrida como es el juzgar el pasado a la luz de los eventos de la actualidad, pues ello irremediablemente nos llevara a conclusiones falsas.

Tomando en cuenta esto, procedemos a presentar la fracción segunda de aquella entrevista que el estadista mexicano, Plutarco Elías Calles otorgó a el diario El Nacional en 1933 y cuya parte primera expusimos en este espacio hace una semana. En esta ocasión, el tema versa sobre que utilizar como patrón monetario, ¿el oro o la plata? Vayamos al análisis manteniendo en mente que fue efectuado entonces en medio de la Gran Depresión.

El sonorense daba inicio indicando que hasta ese momento todos los esfuerzos habían sido inútiles para mejorar la situación económica agobiante; por el camino seguido vamos seguramente al más tremendo fracaso universal, a la catástrofe más trascendental de la vida económica del mundo, porque los cuerpos legislativos , los jefes de Estado y muchos de los que pudieran ser directores de los pueblos, no entienden la realidad, o si la entienden le tienen miedo, o están demasiado apegados y tienen demasiado respeto y reverencia a los sistemas establecidos, por más que los hechos y la realidad de la vida estén comprobando con luz meridiana, que estos sistemas son ya un completo fracaso. En plena carrera y con vuelo don Plutarco no se detuvo y continuó con su diagnóstico de los males y por qué aquejaban al planeta. Así, nos indicaba que pareciera, pues, que faltan en muchos de los pueblos que van a la cabeza del mundo, líderes con la templanza de alma suficiente y con el respaldo moral y político necesarios para enfrentarse con sus terribles problemas, porque ya es tiempo de hacerlo, dado que las grandes multitudes hambrientas del presente no pueden seguir esperando, ni soportar más esta situación económica que está pesando sobre la humanidad causándole terribles sufrimientos. Aquí cabe hacer una reflexión respecto a los resultados reales de las políticas empleadas en aquel entonces.

Contrario a lo que históricamente se nos ha vendido, no fue el New Deal, ni la pláticas a un lado de la chimenea lo que vino a resolver el problema económico generado por la Gran depresión. Si bien debemos de reconocer que Franklin Delano Roosevelt mantuvo con vida al paciente, no fue mediante su sopa de letras, como eran denominados cada uno de los cincuenta mil programas que creo. De hecho, la crisis se agravó porque el neoyorkino desoyó al presidente saliente Herbert Clark Hoover y no quiso apoyarlo para iniciar antes de su toma de posesión un programa de emergencia para evitar que los males se esparcieran con mayor daño sobre la población. Roosevelt prefirió jugar a la política y esperar unos meses hasta que tomara el cargo para presentarse como el gran salvador, a pesar de que en las circunstancias bajo las cuales se vivía no digamos ya meses, sino cada día era importante hacer algo para evitar el desastre. Lo que finalmente sirvió para reactivar realmente la economía estadounidense fue el involucramiento estadounidense en la Segunda Guerra Mundial. Si, ya sabemos que mencionar esto puede provocar que se nos tache de cualquier cosa. Sin embargo, a quien lo haga lo invitaríamos a revisar el proceso histórico y las cifras más allá del simplismo maniqueísta o bien de lo que nos han vendido los que acostumbran contar la historia en retazos tergiversados conforme a sus intereses muy particulares. Pero retomemos las palabras del ya para entonces ex mandatario mexicano.
Ahora, entraba al análisis monetarista y nos indicaba que como señal inequívoca del tremendo fracaso del ‘standard de oro” en el mundo, fracaso que puede ser o que es un indicio de la bancarrota total del sistema económico capitalista, cuando menos en la forma en que hasta ahora ha venido función ando, tomaremos como ejemplo uno de los pueblos que por muchos años ha vivido en la prosperidad, que ha sido y es justamente respetado por su organización y su fuerza económica y donde el “Dios oro” se está derrumbando: Los Estados Unidos de Norteamérica. Tras de ello, procedía a proporcionar datos concretos al respecto.

Iniciaba por indicar que la totalidad de oro en los Estados Unidos [en 1933] es de cuatro mil trescientos millones de dólares. Existen, además, quinientos millones en moneda plata (pesos fuertes) en las cajas de la Tesorería Federal, con solo un valor en metal de ciento veinte millones de dólares, de lo que resulta, como conclusión lógica que como garantía efectiva hay un total de cuatro mil cuatrocientos veinte millones de dólares que responden por obligaciones en oro con un total de ochenta y dos mil trescientos millones de dólares, provenientes por depósitos del pueblo americano en los bancos, obligaciones y deudas internas del Gobierno Federal y por otros renglones de menor importancia. Es cierto, también, que debe tenerse presente que existe, adicionalmente, la garantía que da el crédito oral, la estabilidad y el prestigio del gobierno; pero no hay que olvidar que estos valores -como se ha visto tantas veces en la historia del mundo- son aleatorios en la vida de los pueblos y pueden quedar nulificados por trastornos de orden político, o por sacudimientos de orden social, fenómenos ambos que tan fácilmente se desencadenan cuando hay colectividades hambrientas azotadas por las miserias. Esa situación de los Estados Unidos, con ligeras variantes, es la misma en Inglaterra y en otros países de primera fila. La situación del resto del mundo es aún más delicada. Tras de su sustentar su análisis con cifras, continuaba a mostrar porque, en su opinión, era necesario pasar del patrón oro al patrón plata.

Indicaba que los hechos que había anotado eran un verdadero peligro para la estabilidad del billete, del papel moneda, sin garantía leal y efectiva en metálico, y es por todas esas razones por lo que en la tremenda crisis en que nos encontramos se tiene el deber de ser previsor y volver a la plata , paso que en mucho ayudara a resolver la situación aflictiva, a más de tomar otras medidas de orden económico y social que son necesarias, y no esperar que un movimiento de carácter revolucionario, que puede ser anárquico, conduzca a mayores males. Entre estos mencionaba los que a su parecer lo eran.

Enfatizaba que el nivel de los precios cada día hace más difícil la producción, cada día también se dificulta más el pago de las deudas publicas y privadas. El abuso del crédito ha alcanzado tan grandes proporciones que no será posible realizar el alza de los precios por medio del papel moneda o de los demás instrumentos de crédito -muchos de ellos ya muy desprestigiados- y así es que siendo insuficiente el ‘stock de oro’ y no habiendo posibilidades de aumentarlo con la rapidez que el caso lo requiere, los pueblos tienen por su propia voluntad y como resultado de un análisis juicioso de la situación, que utilizar el metal plata para moneda, metal que el mundo produce en condiciones adecuadas al consumo. Acto seguido, Elías Calles daba una muestra de estar consiente hasta donde llegaban sus limitaciones cal saber en donde se tomaban ese tipo de decisiones y quienes habrían de dictar las medidas para instrumentarlas.

En el contexto anterior, el ex presidente apuntaba que le parecía inútil entrar en detalles respecto a la forma en que deba de hacerse la rehabilitación de la plata como moneda, por no ser esta la ocasión para particularizar; pues establecer la relación fija que debe tener con el oro, la ley que deban tener las monedas, las medidas de carácter legislativo que deban dictar los gobiernos para la rítmica acomodación del sistema monetario, son cosas que no pueden escapar a la penetración de aquellos a quienes competa resolver este asunto, ya sean los conferencistas de Londres, si esa reunión se lleva a cabo con todo éxito como lo espero, o los cuerpos legislativos de los países que se resuelvan a rehabilitar la plata como moneda obrando aisladamente. Sin embargo, el reconocer sus limitantes no le impedía emitir una opinión sobre cuales podrían ser los beneficios de adoptar el patrón plata.

Por ello, señalaba que solamente haría hincapié en los beneficios que, desde su concepto, la rehabilitación de la plata como moneda traerá al mundo: Aumento de los precios de las mercancías al aumentar la moneda en circulación, incrementándose la producción en paralelismo con el aumento de la moneda. Rehabilitación de la economía de los pueblos orientales, por el crecimiento del poder adquisitivo, restaurando el comercio con dichos pueblos y poniéndolos en condiciones de mejorar ente ellos el ‘standard de vida’ por elevación de los salarios de los trabajadores, despertando en estas mayores necesidades, convirtiéndolos, en una palabra, en mayores consumidores. En base a este análisis afirmaba que China, la India, volverán a un periodo de prosperidad que descansa en el talón plata y serán grandes compradores de los países industriales, los que podrán trabajar a mayor capacidad. El mismo fenómeno se producirá en otras muchas naciones, podríamos decir, en las dos terceras partes del mundo. Aquí se equivocó el estadista, muchísimos años después, recuperación su poderío económico basados no en la compra, sino en la venta, jugando el papel aparente de partidarios del mercado libre, aun cuando en realidad lo único que han hecho es aprovecharse de las circunstancias y las debilidades de las potencias para inundarlos con sus productos, sin que haya de la parte china reciprocidad a la hora de las adquisiciones. En lo que definitivamente tenía razón era en el hecho de que han de crearse economías fuertes que permitan a quienes vivan en ellas ser agentes consumidores derivado esto de un ingreso alto a partir de un incremento en productividad, las elevaciones de salarios basadas en el decreto lo único que terminan por generar es inflación y la consecuente pérdida de poder adquisitivo real a pesar de lo que nos quieran vender los encantadores de serpientes quienes claman que hay que subir los sueldos y salarios como método redistributivo de la riqueza y cuando eso no sucede tienen que recurrir a la ficción que se deriva de poner a funcionar la maquinita y a producir dinero como si fuera papel de aquel en el que antaño se anunciaban las funciones de teatro o circo. Lo que a continuación se presenta debe de recordarse era emitido en el contexto de un mundo que ya no es el nuestro, pero que entonces tenía mucha razón de ser.

Conforme a la perspectiva del sonorense, la minería mundial entraría en actividad -si se tomaran las determinaciones propuestas- reduciendo el costo de otros metales, como el plomo y el zinc, que son necesarios para la vida de los hombres, dando ocupación a miles de asalariados que en la actualidad se encuentran sin trabajo. Tal vez serian millones los que se ocuparían en las minas, las fundiciones, ferrocarriles, etc.; y estos trabajadores al duplicar o triplicar su capacidad de consumo, darían ocupación a otra legión de hombres que laborarían en los campos y en las fábricas para proveerlos de sus necesidades.

Con todo lo anterior, se facilitaría una firme regularización de los tipos de cambio internacionales, que evitaría tantas variaciones repentinas provocadas por la avaricia de los banqueros especuladores. Se facilitaría igualmente, el que algunos países que han Abandonado el talón oro lo restablecieran complementándolo con el apoyo de la plata y, en una palabra, el mundo marcharía hacia una situación normal, encontrando facilidades para el establecimiento de un equilibrio razonable entre la producción y el consumo mundiales. Sin embargo, apuntaba, no creo que la cuestión de la moneda sea como antes dijes, el único factor que ha producido la actual situación deprimente que sufre la humanidad. Hay muchos problemas de carácter político y social que hay que atacar y atacar con firmeza, hasta alcanzar resoluciones firmes. Bajo esa premisa concluía.

La humanidad necesita nuevos derroteros y descansar sobre una organización más justa, para que no sea un grupo de privilegiados los que tengan en sus manos los destinos del mundo, acaparando su riqueza. Hay que tener también muy presentes los valores espirituales, pues mientras los intereses materiales sean la única norma que guíe a los hombres, la tranquilidad de ellos en la vida y la paz de las naciones serán una mentira. Ni quien dude que esta reflexión última del estadista Elías Calles contenga un alto grado de verdad. Sin embargo, en el mundo real a través de los siglos nunca ha sido la espiritualidad la ha normado las relaciones entre los pueblos. Ni siquiera quienes venden eso como su divisa la llevan a cabo en la práctica. En lo que sí estamos totalmente de acuerdo con el estadista mexicano es que es para poder crear riqueza en los pueblos es necesario generar empleos bien remunerados basados en la productividad, lo cual permitirá estar en condiciones de que los productos elaborados puedan competir en los mercados externos y a partir de ahí buscar mejorar las condiciones del intercambio lo cual debe de realizarse bajo los principios más cercanos a la equidad, al tiempo que los pueblos deben de abocarse a desarrollar sus economías conforme a sus circunstancias, entendiendo sus fortalezas y debilidades para a partir de ahí poder enfrentar la competencia externa bajo el principio de que allá afuera no hay hermanos de la caridad y nada de quererse vender como víctimas para lograr beneficios, los cuales nadie los regalara.
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Añadido (1) De pronto los seis de los siete miembros del denominado G 7 nos salieron con amnesia histórica y rechazaron que Rusia fuera parte del mismo por su belicosidad externa. Al parecer los siete olvidaron que detrás de ellos hay un pasado de coloniaje, depredación e intervención que los coloca al mismo nivel de aquel a quien ahora segregan. La hipocresía y el arrepentimiento falso es la divisa de quienes hoy se dicen puros y castos.

Añadido (2) Mas tardó doña Ángela en regresar a Alemania en que le recordaran que su liderazgo estaba sostenido sobre un par de palillos de dientes. Su empecinamiento en la apertura indiscriminada de fronteras tiene hartos no solamente a sus aliados radicales de ocasión, sino a un amplio sector del pueblo alemán que ya no quiere andar haciendo actos de contrición por lo que vivieron durante el tiempo en que fueron dominados por aquel originario de un estado vecino del sureste.

Añadido (3) Creer que los chamacos se van a convertir en científicos porque les dan una tablet o que el campesino mexicano anda en la mitad del campo con su iPod consultando el mercado de futuros de Chicago para ver qué semilla avienta al surco es una muestra amplia de como algunos viven desfasados de la realidad de este país.

Añadido (4) Al ver tanta necedad, repetir una y otra vez lo mismo, no pudimos evitar que a nuestra mente viniera la imagen de un borracho de piquera o, como dirían los políticamente correctos, de aquel que estaba un poco alegre y el ambiente del bar lo había contagiado.
09 Junio 2018 04:00:00
La opinión del estadista sobre la crisis económica mundial de entonces / a de b
Mientras que la abrumadora mayoría de los comentaristas nos proveen un día sí, y otro también, con su perspectiva, fundada o no, sobre lo maravilloso que es el candidato de su preferencia y lo malvados y corruptos que resultan los otros, a la vera de ellos nos encontramos quienes no tenemos “gallo en este palenque”. Entre quienes conformamos este último grupo, muy reducido en cuanto número, pero no en lo concerniente a contenido, algunos prefieren analizar las diversas perspectivas político-filosóficas y otros nos vamos a dar una vuelta por la historia.

Por supuesto que quienes optamos por esto último no podemos olvidar aquellas palabras que, en nuestros lejanísimos años de adolescencia, nos dijera una condiscípula, recordada gratamente, “no me gusta la historia por que es muy aburrida”. Si en el ayer no compartíamos esa perspectiva, en el hoy tratamos de aportar nuestro esfuerzo para que los relatos del pasado no causen la impresión que entonces provocaba la reticencia mencionada. En ese contexto, mientras dilucidábamos el tema sobre el cual escribiríamos en esta colaboración, nos encontramos un texto que, algo nada extraño, conforme a nuestra ignorancia vasta desconocíamos. Apareció publicado originalmente en el diario El Nacional en 1933, posteriormente fue reproducido en la Colección “México Actual”. - Num. 6 elaborada por la Secretaría de Relaciones Exteriores. Y, en una edición facsimilar, lo editó la Escuela de Economía de la UNAM en 1989. El título del artículo era “La rehabilitación de la plata como moneda,” y estaba firmado por el estadista Plutarco Elías Calles. Bajo la premisa de que no habremos de entrecomillar los textos, pero los plasmaremos tal y como se escribieron originalmente, vayamos a la parte primera de esta pieza que aun cuando fue generada en el entorno de la crisis de 1929, por momentos recobra una actualidad que debería de hacernos reflexionar.

El estadista mexicano, constructor del edificio que albergaría al estado mexicano moderno, iniciaba su reflexión señalando que la crisis económica mundial que comenzó a dejarse sentir desde el otoño de 1929, lejos de ir decreciendo, va aumentando día a día sus desastrosos efectos, que se traducen en el cierre de fábricas, en el abandono del trabajo de los campos, en millones de seres sin trabajo que no cuentan ni con los elementos más indispensables para satisfacer las necesidades de la existencia; en la baja del “standard” de vida del resto de la población mundial que aun tiene ocupación, pero que la conserva con sueldos reducidos… Acto seguido, el antiguo maestro de escuela primaria externaba una crítica hacia los líderes mundiales.

Mencionaba que los conductores de los pueblos, los estadistas, los financieros, los economistas, habían demostrado una cobardía absoluta para enfrentarse resueltamente con un problema que en forma tan seria está afectando los intereses de la humanidad; y la política que han seguido los países, ha sido una política absurda de retraimiento, con la pretensión de encerrarse dentro de sus fronteras, estableciendo todo tipo de trabas y dificultades al libre comercio internacional, cuando deberían estar convencidos esos economistas, financieros y estadistas, de que el problema no puede resolverse por el esfuerzo o la actitud de un país obrando aisladamente, sino que se necesita de la cooperación internacional para obtener la realización de acuerdos y puntos de solución que la realidad de la vida indique, y que todos deben aceptar para llegar, no a paliar la situación, sino a resolverla con todo valor y buena fe. Aquí esta un ejemplo de cómo quienes dicen querer volver al pasado ni siquiera lo conocen y mucho menos lo entienden. El estadista que edificó el estado mexicano moderno tenía una visión bien definida de lo que era el mundo del futuro. No presumía de globalista, el término ni siquiera existía, pero claramente entendía que los sistemas cerrados no llevaban a ningún lado, la cooperación internacional y la negociación entre las naciones era la alternativa para resolver los problemas que entonces ya pintaban para aterradores. En ese contexto, retomemos al texto del sonorense.

En el cuerpo del mismo, expresaba su esperanza de que los líderes hubieran comprendido la situación y escribía que afortunadamente parece que los fracasos que en la solución de esta situación han tenido y están teniendo los países -por seguir ese camino de egoísmo que hasta el presente han tomado como norma, pretendiendo cada pueblo mejorar su situación aislándose de los demás, - han traído como consecuencia la formación de una nueva corriente de orientación. En efecto se va a celebrar en breve, en Londres, una conferencia económica internacional, conferencia a cuyo carácter de ‘económica; agregaríamos nosotros; ‘y monetaria,’ para que allí, con un concepto de cooperación mundial, se vaya a estudiar la actual situación de crisis y a buscar los medios eficaces para resolverla, tomando medidas de aceptación universal que trasformen el estado de miseria del mundo, de inactividad, de falta de trabajo, en un estado de prosperidad; estado en que la actividad de las fábricas, la del campo y la de todas las fuerzas humanas, entrando en acción, consiga rehabilitar la producción y restablecer la vida normal de esta humanidad que tantos dolores está sufriendo. Que conste, don Plutarco no hablaba de llegar a acuerdos para firmar tratados, ya fueran bilaterales o multilaterales, a lo que se refería era a la acción conjunta de las naciones para resolver la crisis que día con día se agudizaba. A partir de ahí, emitía diversos considerandos sobre los temas que posiblemente se trataran en la reunión mencionada.

En ese contexto, apuntaba que en dicha conferencia tal vez surjan discusiones sobre las deudas intergubernamentales procedentes de la guerra, la cuestión de las tarifas que tan justamente han preocupado a los pueblos, las trabas y dificultades que se han puesto al comercio internacional, así como otras medidas que esos mismos pueblos han adoptado tratando de nivelar su balanza comercial. Estos puntos, indiscutiblemente y en virtud de la nueva orientación que se está tomando, me parece a mí que serán considerados simultáneamente…A este respecto, pareciera que el estadista mexicano reseñaba la agenda a tratar en la reunión próxima del G7 que se inició el día de ayer en Quebec, Canadá. Aunado a ello, había otro aspecto que Elías Calles consideraba que se prestaría atención preferente, en la reunión de entonces no en la de ahora, era a la cuestión monetaria.

Y las palabras que a continuación reproduciremos, escritas por el ya para entonces Jefe Máximo, deben de revisarse con la percepción clara de cuales eran las circunstancias que entonces prevalecían en el mundo. Antes de ir a ellas, como nuestro amigo el economista Guillermo Robles Martínez Guizar nos lo sugirió, porque ni modo de que vayamos a presumir de que todas nuestras lecturas son producto de una búsqueda profunda e intensa, les recomendamos que revisen la obra escrita por el economista estadounidense, John Kenneth Galbraith, El Dinero (1979), en cuyo Capítulo XII, “La Inflación Final,” se hace un análisis excelente sobre el patrón oro y sus efectos en Europa durante la década de los 1920s. Podrán parecernos lejanos aquellos tiempos, pero las lecciones que de ahí emanan no son para tirarse al olvido. En ese contexto, quien fuera Presidente de México entre 1924 y 1928, indicaba que todos creemos que en esa conferencia llegarán los representantes de los pueblos al convencimiento de que, careciendo el mundo de la cantidad de oro que se necesita para la vida industrial y comercial de las naciones, así como para el desarrollo de su economía, estas tendrán que volver sus ojos a la necesidad de revalorizar la plata como moneda. Esta idea se va arraigando entre los banqueros, economistas y estadistas que han podido librarse de la influencia malsana de los grandes acreedores, o mejor dicho, de los grandes especuladores, que en perfecto acuerdo trabajan en las principales capitales del mundo: Londres, Nueva York, parís, Berlín, etc., para hacer fantásticas fortunas por medio de combinaciones financieras nada morales y a costa del bienestar de las grandes masas. Un comportamiento como este ha sido la constante entre quienes operan los mercados en los sitios indicados, nada de que sorprenderse, ni ayer, ni hoy. Pero en el entorno de ese pretérito era donde se generaban las palabras del político mexicano, algo que siempre debemos de tener presente cuando juzgamos eventos del pretérito, las circunstancias en que se generaron en su momento son totalmente distintas a las que se viven hoy en día.

Bajo esas circunstancias, indica que si en la conferencia a la que se venia refiriendo llegara al acuerdo de rehabilitar la plata como moneda, creo que entre otras medidas que se tomarían, se dictaría como primordial la de suprimir de la circulación todo papel moneda de dos unidades: digamos, por ejemplo, de dos dólares abajo, pues en los Estados Unidos circulan cientos de millones de billetes de uno y de dos dólares; en Francia circula una enorme cantidad de billetes de cinco, diez, veinticinco y cincuenta francos, y así sucesivamente en todos los países. Esto desde luego, traería como consecuencia la necesidad de emplear una gran cantidad de plata y el alza inmediata del metal argentífero. Pero antes de continuar con los asuntos monetarios, el fundador del Partido Nacional Revolucionario (PNR) hacía una reflexión sobre los adelantos tecnológicos.

Nos decía que la ciencia de la producción de la riqueza ha dado pasos gigantescos en estos últimos tiempos, al grado que los tecnócratas [ya vemos que la palabrita no es invención de ningún contemporáneo como algunos quieren hacernos creer, aun cuando la acepción que don Plutarco le daba al termino pudiera resultar distinta a la que hoy se le da] se alarman por el porvenir; temen que el maquinismo desaloje al hombre y lo condene a la miseria; y es esto porque se ha descuidado estudiar la otra ciencia complementaria de la producción; la ciencia que establezca la sabia circulación y justa repartición de la riqueza producida. Como iniciación en este camino hay que rehabilitar el poder de consumo de los pueblos, ayudándolos a revalorizar sus productos, y, por ende, a rehabilitar su moneda. De ahí pasaba a realizar un análisis breve sobre la situación de varios países y su relación con el uso de la plata como moneda.

E iniciaba apuntando que, como se sabe, hay muchos países que tradicionalmente han tenido como moneda la plata, y que en la actualidad no la usan, ya sea que estén prescindiendo de ella por la depreciación del metal o bien por encontrarse en situación económica difícil. Estos países, de dictarse las medidas que dejo apuntadas, volverían a su vieja moneda, a la que le tienen confianza y cariño y con la que han formado riquezas y alcanzado bienestar; y el poder adquisitivo de estos pueblos, entre los que podemos citar la India, la China, los países de la América Latina y algunos otros europeos, quedaría rehabilitado, provocando esta acción un aumento del comercio internacional al alza del valor de las mercancías; y esto produciría un mayor consumo de materias primas, la rehabilitación de las fábricas con el empleo consiguiente de un gran número de trabajadores, y, por último, el mejoramiento y la estabilidad de los cambios internacionales… Hasta ahí concluía la parte primera de la entrevista realizada al estadista Plutarco Elías Calles.

Como es factible observar a lo largo del texto, quienes a lo largo de los años se han dedicado a denostar al constructor del estado mexicano moderno tachándolo de fariseo, comunista y persona de escasa luces intelectuales, lo único que demuestran es su amplio desconocimiento a la concepción bajo la cual nació el modelo político-económico que permitió a México crece y desarrollarse a lo largo del siglo XX. Ni siquiera son capaces de llegar a comprender que la propuesta de los hombres del norte nada tenia que ver con el estatismo aberrante. Ni mucho menos planteaban la exclusión de tal o cual sector productivo. En la construcción de la economía que ellos proponían, los sectores productivos tenían asignado el papel que les debe de corresponder.

El de ellos era un sistema en que al campo se le consideraba un ente generador de riqueza y no en un pozo sin fondo de ayudas asistenciales. A la vez, se planteaba contar con un sector empresarial, no uno rentista de negocios, que generara los bienes y productos requeridos que no solamente fueran capaces de satisfacer la demanda interna, sino que pudieran competir en los mercados internacionales. Ellos, los generadores del Estado mexicano moderno, no apostaban a modelos de economías cerradas, sabían que la interrelación con el resto del mundo tendría que darse, pero también estaban consientes de cuales eran nuestras fortalezas y debilidades, mismas que operaban en el contexto del nacionalismo pragmático y no bajo la premisa maniquea en donde todos los demás eran malvados y nosotros los bondadosos. Pero sobre todo, no apostaban a un modelo asistencialista como base para fincar el futuro del país. Por ello, quienes dicen que quieren retomar el pasado lo único que demuestran es su amplio desconocimiento de las raíces del estado mexicano moderno y lo que es peor, no son capaces de entender todo lo que aquello llevaba en su esencia. Pero peor que estos son los que niegan que el modelo surgido estado mexicano moderno, con todos los errores que tuvo, funcionó y fue capaz de mejorar las condiciones de vida de la población. Que conste nunca afirmamos que fuera el modelo perfecto, que no tuviera fallas y mucho menos vamos a negar que hay un sector que no ha podido superar las carencias, pero para hacer que este sector prospere no lo vamos a lograr mediante el “pobretismo”, disfrazado de asistencialismo social, en donde la dádiva no genera beneficio alguno sino simplemente un clientelismo político aberrante que nunca habrá de sustituir a la inversión productiva como fuente generadora de riqueza.

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Añadido (1) Cualquiera que haya cursado y aprendido correctamente sus lecciones de estadística sabe que de haber presentado un trabajo similar al que se realiza en las encuestas publicadas, en cualquier universidad seria, lo reprobaban.

Añadido (2) Ya apareció la cofradía de la vela perpetua, con todo tipo de vestimentas, demandando castigo para los panboleros quienes, conforme a su idiosincrasia ya conocida, se fueron de fiesta con damitas de reputación bien conocida. ¿En verdad quienes andan de persignados no temen que alguien vaya y les saque del clóset los esqueletos que ahí guardan?

Añadido (3) ¿Habrán cambiado ya su perspectiva quienes perennemente han calificado a los asociados con esa empresa de comunicación de estar hechos con un material amarillento-cafesoso o, simplemente, mientras lograban la purificación espiritual, fueron procesados con un componente similar al tiempo que eran asimilados como parte de ella?

Añadido (4) Todos andan sobresaltados por la ola de suicidios que se han generado entre gente famosa, mientras los mismos medios masivos que, en México y los EUA, dan las notas sobresaltados han ignorado un trabajo recientemente publicado por una científica mexicana, ella sí real no de las de folletín que aquí inventan, en el cual se encuentra la respuesta al porque de eventos como los que hoy ocupan los titulares de los medios que a toda costa evitan dar a conocer cosas que podrían inquietar a sus lectores. Pero ya sabemos, deja más la venta de alarma que el proveer con información responsable.
02 Junio 2018 04:00:00
No pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…
El sol se resistía a ceder su brillantez, pero sabedor estaba de que en unos momentos daría inicio su declinar diario. Sucedió hace muchísimos años, eran apenas los días primeros del mes con el cual llega el verano. Un grupo de jóvenes estaban a las puertas del recinto religioso, tenían que cumplir con aquel ritual no escrito, pero que era parte del ceremonial instituido en el proceso de fin de estudios. En ese grupo pequeño, apenas eran diez, uno de ellos se encontraba ahí simplemente por no querer aparecer, una vez más, aislado del resto. Tras de realizar el recorrido tomaron sus asientos, en fila primera, distribuidos equitativamente en dos grupos a los que separaba el corredor que culminaba en el altar. Al dar inicio la liturgia, aquel joven, formado en el seno de una familia liberal, en el sentido político-religioso del vocablo, recordó que en los últimos cinco años apenas por una segunda ocasión acudía a ese ritual. Y así, trascurrió todo el ceremonial hasta el momento en que el oficiante llamó a la toma de la comunión. Ocho de ellos acudieron prestos a realizar, como usualmente lo hacían, lo que sus muy respetables y personales creencias les indicaban, un noveno mostraba que la postura vociferada durante un lustro era palabrería hueca y solícito inclinaba la testuz. Mientras tanto, el otro miembro del grupo permanecía erguido, existe constancia grafica de ello, sabedor que las miradas se fijaban sobre su espalda. Sin embargo, no iba a cambiar en ese momento su postura, misma que estuvo a punto de tener consecuencias mayores, pero en ese momento no lo sabía, simplemente actuaba conforme a su ideología que había sido cimentada en aquella institución educativa. Y mientras observaba aquello llegaron a su mente de manera intermitente las imágenes de todo lo vivido durante el lustro anterior. No pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

Mientras observaba a quien postrados de hinojos esperaban a que el sacerdote terminara todo el ritual para que bajara a repartirles las hostias, el joven recordó como había llegado ahí por puro accidente y desconocedor de lo que realmente era aquella institución que se anunciaba como apolítica y aconfesional. Si fue a parar en ella se debió a que las instituciones públicas aun vivían las secuelas del desorden que generaron los ganadores a rio revuelto. Y como su padre conocía que el joven no era de carácter dócil y en una de esas se enganchaba en asuntos políticos, no quiso que se fuera a repetir la historia de otros familiares que acabaron siendo ni lo uno, ni lo otro. En esa búsqueda, alguien le recomendó esa institución en donde imperaba la disciplina y el nivel académico era “muy bueno” y allá lo envió. A ello, tal vez, contribuyó que una de las ramas familiares provenía de aquellos rumbos. No pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

Era la segunda quincena del mes en donde entonces los aguaceros vespertinos eran la norma. La mañana estaba soleada y por vez primera llegó al lugar para acudir a clases. Para abrir boca, la primera sesión que atendería sería una de matemáticas que tomaría junto con estudiantes de ingeniería. Desconocedor de la distribución del sitio, echó a caminar a ver si por pura suerte se topaba con el lugar asignado. En el trayecto, se encuentra con un joven de espejuelos quien lucía como que desafiaba las estrictas normas que prohibían que el cabello rozara el cuello de la camisa y le pregunta si sabia en donde estaba aquello. La respuesta es afirmativa y al iniciar la charla encontraron con que iban hacia el mismo espacio y además cursarían carrera similar. Al terminar esa clase, pasaron a tomar el resto de las materias asignadas para ese día. No pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

Mientras veía elevarse el cáliz, recordaba que durante el trascurrir de los cinco años, el grupo llegó a ser integrado por dieciocho jóvenes. Y dio comienzo al repaso de cada uno de ellos, inició por los que no habían llegado hasta ese día. Uno era centroamericano quien tras el sismo ocurrido en su país ya no regresó. El segundo era un “churumbelito” quien por razones familiares abandonó pronto el barco. Un tercero, cargando tantos apellidos como su humanidad voluminosa, decidió que mejor se ocupaba de las joyas que vendía su familia y dejó la escuela. El cuarto proveniente de los rumbos donde Rulfo narra que manda el espíritu del cacique, un buen día dijo que ya no le interesaba estudiar y retornó a manejar el comercio de su familia. Un quinto era tan enigmático como el tamaño de su bigote y así como llegó, se fue. El sexto habría de convertirse en la aportación fatídica que cada generación otorgaba puntualmente. Un séptimo, simpático como el solo, simplemente no estaba diseñado para andar en los fragores académicos y, convencido de ello, regresó a su tierra. El octavo era un narrador de historias fantásticas, que su paisano se encargaba de dimensionar, quien le agarró tanto cariño al sitio que decidió permanecer un año más por ahí.

La decena que comparecía ese día estaba integrada por dos damas y ocho aspirantes a caballeros. Como manda el Manual de Carreño, iniciemos con ellas.

Una acostumbraba decirles a las cosas por su nombre y actuaba en consecuencia.

La segunda cargaba un apellido de raigambre por los rumbos y eso le pesaba mas de lo que podía aparentar. Ambas, eso sí, dedicadas al estudio. El octágono restante lo integraban un par quienes eran parientes y fueron a estudiar con el objetivo definido de que, al terminar, habrían de dedicarse a los negocios de la familia, lo cual hicieron con éxito de sobra. Un tercero, quien no era mal estudiante, tenía como característica principal ser proclive a traicionar hasta el que estaba al otro lado del espejo. El cuarto, simplemente iba a la escuela a pasar el tiempo, a la fecha es un misterio como fue capaz de graduarse. Un quinto era un fanático de su lugar de origen al cual le atribuía maravillas, además de declararse comunista. El sexto, muy buen estudiante, era amigo de todos y se caracterizaba por la franqueza. Un séptimo proyectaba una imagen de joven sabio rebelde, la cual respaldaba con resultados académicos que le permitieron ser el mejor del grupo. El octavo, era aquel joven liberal que entonces repasaba el pretérito y quien durante cinco años tuvo como actividad principal enfocarse a los asuntos escolares. A lo largo del lustro siempre proyectó una imagen que demostraba porque no pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

Mientras observaba como el clérigo se pertrechaba de un número suficiente de hostias que bajaría a repartir, el joven liberal recordaba cuantas veces hubo de acudir a las sesiones en donde el objetivo final era el adoctrinamiento. Pronto, se enteraría que los dos estadistas eran presentados en ropajes similares al usado por Lucifer y de que los comunistas pululaban por todos lados. En una ocasión para guarecerlos de que fueran a pecar de obra y espíritu, los llamaron en un día inhábil para que no fueran a cometer el pecado de irse a asomar y ver pasar al líder socialista sudamericano. En el paquete de herejes, lo mismo incluían a quien entonces era el CEO de la añejísima institución, en uno de cuyos sitios se encontraba ese día, hasta aquel quien entonces era el conductor del noticiero televisivo más importante. Pero todo eso podía hacerlo a un lado, estaba ahí para formarse académicamente y lo demás pues a guardárselo para una ocasión mejor. No le quedaba duda de que no pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

Al ver que el sacerdote bajaba a repartir lo que para los creyentes simboliza el cuerpo de Jesucristo, vino a su mente que sus maestros cumplían las expectativas, ni duda cabía, bueno excepto uno con quien se encontró al principio de la carrera. Aparte de exhibir carencia de conocimientos, los cuales justificaba llamándolos “trampitas,” un día se puso a despotricar en contra de la materia de estudio. De no haber sido porque otro maestro, un estadounidense, mostraba sapiencia, más de la mitad hubieran tomado otro rumbo. Por supuesto que también se encontraba aquel que era toda solemnidad y el joven aún no olvidaba cuando su compañero con cara de sabio rebelde le criticó cara a cara su forma de dar clases. Había otro par de profesores en proceso de dar pasos hacia estadíos mayores. Uno de ellos les ofrecería a tres de los integrantes de ese grupo quedarse a laborar como profesores al finalizar los estudios, sorpresivamente en ese trio estaba incluido el joven liberal cuyo silencio le había permitido que su ideología pasara inadvertida aun para quienes formaban parte de aquel grupo que acostumbraba reunirse cuando el sol tenía rato de haber declinado. Dos de ellos agradecieron la oferta y el tercero aceptó, meses después, mediante la escasez de honorabilidad que lo caracterizaba habría de apropiarse de un galardón que no le pertenecía. Pero volvamos a los profesores. Del segundo de esos profesores, aun recordaba el día en que se paró frente al grupo lleno de nervios y les impartió lo que sería la primera clase que presentaba. Con el tiempo, ese profesor habría de convertirse en uno de los maestros en la vida profesional de aquel joven liberal quien era capaz de, aun sin compartir ideología, tener una admiración y respeto por otro profesional, su maestro de marxismo. En una de las sesiones de esa materia, sucedió un evento singular. Era impartida conjuntamente con los estudiantes de Derecho y estos eran un poco menos apegados a la rigidez disciplinaria. Así, dado que el profesor era invidente, a uno de ellos, familiar de dos de los integrantes del grupo de diez, se le hizo fácil a media clase ponerse a leer el diario deportivo Esto y mientras se enteraba de quien había anotado el gol más espectacular, de pronto se escucha por el altavoz colocado en la parte superior del aula: “Por favor tenga respeto con su profesor y deje de leer el periódico…” El silencio se apoderó del sitio y hasta la fecha el joven liberal de entonces desconoce cómo se percataron de ello. De lo que siempre estuvo cierto fue que no pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

Al observar que ya se habían repartido a la mitad del grupo las hostias, aquel joven liberal recordó como su relación con la mayoría de los miembros del grupo se concretaba básicamente a las horas de academia. Salvo las veces en que se embarcaron en aventuras panboleras en donde llegaron a disputar una final intrafacultad y aquel partido en donde durante un primer tiempo paró toda la metralla que le enviaron los del equipo de arquitectura que para el segundo lo fusilaron inmisericordemente. Fuera de ahí, la relación era esporádica y distante. Ello le valió que casi al finalizar el último semestre lo declararan, vía voto mayoritario, el tipo más impopular o, como se decía por aquellos tiempos, “el más sangrón” con todo lo que ello implicaba. Solamente uno de los nueve les espetó que estaban equivocados y si lo declaraban eso era por no conocerlo. Él sí sabía quién era, de hecho fue el único quien lo superó en promedio y con quien acostumbraba enfrentar las tareas académicas cuando era necesario realizarlas en conjunto. Era una muestra más de que no pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

Mientras se aproximaba el eclesiástico al lugar en donde aquel joven liberal permanecía de pie, recordó las ocasiones en que se enfrascó en discusiones divergentes con alguien, entonces estudiante preparatoriano, quien, años después, llegaría a los linderos del máximo cargo de esa institución religiosa en la entidad, un atrevimiento que le costó la carrera cuando arribó un CEO de la institución quien no compartía su perspectiva. Asimismo, recordaba los sitios en donde había morado a lo largo de esos años. Desde aquella casa de huéspedes en donde conocería a quienes serían sus amigos durante esos años con quienes convivía en las horas fuera de la vida académica y en ocasiones múltiples se fueron a presenciar partidos de panbol. Con el resto de la mayoría de los otros huéspedes mantenía relaciones cordiales, mientras observaba a otros amantes de la meditación quienes acostumbraban subir a la cúpula de dicha casa y aspirar sahumerios que les permitían al día siguiente obtener calificaciones más que notables y que, eso sí, no había fin de semana en que no cumplieran con el ritual religioso. Y en este último entorno, recuerda a un amigo quien nunca dejó de observar las normas de su perspectiva religiosa. El viernes por la tarde suspendía toda actividad hasta el sábado a las seis de la tarde todo era dedicarse a las actividades de su iglesia. Pero apenas anochecía ese día, tomaba camino a realizar visitas sociológicas por rumbos diversos de la ciudad, los cuales conocía muy bien. En una ocasión, invitó al joven liberal a que lo acompañara. Iniciaron por visitar un sitio en el cual predominaba la que entonces era la letra número 20 del abecedario. Tras de tocar la puerta, por una mirilla los vieron y les franquearon el paso. Al parecer aquel amigo era bien conocido por ese rumbo, el joven liberal simplemente se dedicaba a observar, diez pesos en la bolsa no daban para más. De ahí, siguió el tour que sería, como lo mencionamos, eminentemente de carácter sociológico. Bien cierto estaba de que no pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

Y se aproximó el religioso al joven liberal, quien seguía a pie firme la liturgia, para convidarle el vino y el pan. Amablemente declinó el ofrecimiento, no sabia que a sus espaldas había alguien tomando nota de aquella herejía. Era un sujeto que desempeñaba el papel triste de ir aula por aula para revisar que el cabello no rozara el cuello de la camisa, que las patillas no fueran a superar el lóbulo de la oreja y que estas se encontraran libres de coberturas capilares. En el grupo de diez había quienes una y otra vez engañaron al inquisidor quien, no sobra decirlo, era limitado de entendederas. Eso, no le impedía hurgar si alguna jovencita no despertaba la lascivia al portar faldas que superaran con creces las rodillas mientras mostraba los encantos femeninos. Pero hablando de radicales, nada como los que el joven liberal se encontró cuando prestaba su servicio militar. Ahí, escuchaba a los retoños de un prominente anticomunista lanzar epítetos para ir a matar a quienes no compartían su ideología, estos también eran devotos cumplidores semanales del ritual religioso. El joven liberal durante un lustro se abstuvo de visitar templo alguno, y vaya que en la ciudad abundaban, era su mecanismo de autodefensa para soportar la andanada ideológica. No pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

Finalmente, concluyó el evento y el joven liberal de entonces salió más fortalecido que nunca sobre su perspectiva ideológica. Durante un lustro pudo cimentarla enmedio del silencio. Han trascurrido muchísimos años y aun cuando no comparte la perspectiva ideológica de esa institución, nunca dejará de reconocer que la enseñanza académica que ahí recibió fue de un nivel de excelencia. En cuarenta y un años, no ha olvidado que no pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

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Añadido (1) Una de las ventajas que genera el ausentarse por un tiempo de un sitio es que, al retornar, los acontecimientos se perciben de manera distinta.

Hemos encontrado un grado de encono nunca visto en quienes estiman que ya les escrituraron el país y simplemente esperan la fecha, a la par que afilan los cuchillos, para salir a tomar revancha. Eso genera que quienes no comparten dicha postura permanezcan silenciosos y, aun cuando parecen pocos, esperan el momento para expresarse ahí en donde nadie va a ir a fisgonearlos. En ese mismo contexto, existe un consenso general de que nunca se nos había ofertado una baraja tan pobre. Ante todo esto, no queda sino citar a nuestro amigo hidalguense quien con precisión filosófica nos dijo: “…que el G:. A:. U:. se apiade de este país después del 1 de julio...”

Añadido (2) El 25 de febrero de 1994, en el diario El Financiero, se publicaba la columna Indicador Político firmada por el periodista Carlos Ramírez. A la letra se leía: “…el PRI quiere ganar las elecciones con encuestas y no con votos…El problema de las encuestas está determinado por la desconfianza a quien se le pregunta su preferencia electoral y por la capacidad de manipulación de resultados… De todos modos, las encuestas no deben desdeñarse, aunque tampoco proyectarse como la tendencia dominante de las elecciones. Las encuestas reflejan el estado de ánimo de los encuestados en el momento preciso que se hacen las preguntas… Si los candidatos principales se confían en las encuestas, podrían cometer errores de seriedad en la dimensión y alcance de sus campanas…” ¿Seguirá manteniendo una postura similar durante estos días o todo es según del color del cristal con que se mira?
26 Mayo 2018 04:00:00
La bestia, disfrazada de mesías, asaltó el poder…en Alemania / y G
En medio de la crisis económica que vivía Alemania al inicio de los 1930s, se daba una batalla política que se dirimía literalmente a golpes. El grupo que más se beneficiaba de esto era la S.A. o las camisas cafés en donde lo mismo se congregaban golpeadores profesionales que jóvenes aficionados a embarcarse en un pleito por el simple placer de dar rienda suelta a sus instintos. Aunados a estos, aparecían nacionalistas fanáticos y anticomunistas. Para ellos, el nacional socialismo era “una idea, una fe, una religión…” veían la organización del partido como “una forma de transición y a la vez como un medio para reunificar Alemania”. A partir de aquí, revisemos como se da la etapa final de asalto al poder que la bestia austriaca perpetraría.

Por el carácter belicoso de los integrantes de las camisas cafés, eran reacios a acatar órdenes. En agosto de 1930, en Berlín, atacaron la sede del Partido Nacional Socialista. Aparte de la intervención policiaca, llamada para restaurar el orden, fue necesario que Hitler interviniera personalmente. En ese proceso, se dio a la tarea de dejar muy claro que él era el líder máximo de la S.A. para ello, estableció que todos los líderes de ese grupo paramilitar deberían de jurarle lealtad. Aun cuando Hitler mandó llamar de Bolivia a su antiguo jefe, el capitán Ernst Julius Günther Röhm para que actuara como su jefe de asesores en la S.A., lo cual implicaba que se hiciera cargo militarmente de su operación.

Dentro de esta organización, Hitler promovió el fortalecimiento de la SS (los escuadrones de protección) al mando de Heinrich Luitpold Himmler. Todo eso no fue suficiente y, en abril del año siguiente, fue necesario volver a realizar una purga de miembros de la S.A. quienes no terminaban por aceptar el liderazgo absoluto de Hitler quien se valió de la SS para efectuarla. Sin embargo, dada la naturaleza de los miembros de la S.A., no querían seguir el camino encubierto de legalidad que Hitler trataba de venderles, ellos querían acción. Finalmente, valiéndose de las acciones del general Karl Eduard Wilhelm Groener, Hitler convenció a él y, mediante sus acciones lo hizo con los reacios, de que era el hombre que representaba la legalidad. Bajo ese disfraz, otros fueron cayendo rendidos.

A inicios de 1931, la bestia austriaca continuó su proceso de gestación. Fue a atraer para su causa lo mismo a los miembros de la Liga Agraria que a los nobles de Brandeburgo. Tras escuchar a la bestia en gestación, los primeros, dejaron atrás su resentimiento por haber perdido votos ante los nacionalsocialistas y juraron apoyar a estos. Asimismo, miembros de la Liga Pangermana y el Partido Nacionalista se sumaron a la causa de los nazis. Al iniciarse la segunda mitad de 1931, el austriaco acordó con el líder del Partido Nacional Popular Germano, Alfred Ernst Christian Alexander Hugenberg, trabajar conjuntamente para derrocar al sistema de Weimar. A ellos agregaría, en enero de 1932, a los industriales del Rhin y Ruhr quienes impresionados por la verborrea empezaron a enviar sumas considerables hacia las arcas de los nazis. Para finales de 1931, los nacionalsocialistas ya contaban con 800 mil miembros entre sus filas, de los cuales el 38 porciento eran menores de treinta y cinco años. Lo que a continuación trascribiremos es parte de los textos de Carsten y corresponde a eventos de 1931-32, para que después no vayan a acusarnos de que mandamos mensajes con doble propósito, pero si suena actual, pues se trata de un asunto de causalidades.
“La propaganda, mas que la de ningún otro partido, llegó hasta los pueblos pequeños y las mas remotas villas…los clérigos protestantes actuaban como oradores en los mítines. Los nacionalsocialistas, se percataron de que nacionalismo y religión, preferentemente combinados, eran los tópicos más populares, además de los referentes a la desigualdad generada por el sistema”. Lo que permitió a los “nazis convertirse en respetables (sic) fue su nacionalismo intenso, su manipulación de la religión, y el apoyo que les otorgaron los conservadores…” Asimismo, en muchos otros sitios, fue el “odio hacia los socialdemócratas lo que hizo que un gran número de alemanes cayeran rendidos ante los nacional socialistas…” por lo que respecta a las reacciones de los miembros de las religiones diversas, ‘los católicos estaban aterrorizados por el neo-paganismo de los nacionalsocialistas…” su ‘salvador’ Eugenio Pacelli (el futuro Pío XII) aun no los negociaba con la bestia para que vivieran tiempos mejores. En las áreas en donde entre la población había quienes profesaban el catolicismo y el protestantismo, estos últimos eran proclives a terminar adorando los mensajes de los seguidores de la bestia.

En materia de ejercicio del gobierno, a partir de 1930, en Alemania ya no operaba un sistema parlamentario. El presidente, mariscal de campo Paul von Hindenburg se la pasaba emitiendo decretos de emergencia, mismos que después enviaba al legislativo para que se los aprobaran. “El canciller era el líder del Partido Central Católico, Heinrich Bruning cuyo nombre fue sugerido al mandatario por el poderoso general Kurt von Schleicher, quien aparte de ser la eminencia gris del ejército, gozaba de toda la confianza del gobernante”. Esto implicaba que se diera un cogobierno entre el presidente y el canciller con una agravante, el primero era ya un hombre de edad avanzada, 82 años, y se había convertido en un tipo fácilmente influenciable. Además, su periodo gubernamental llegaba a su fin en 1932, y era necesario buscar su reelección. Y aquí empezaron las labores de parto que arrojarían el alumbramiento de la bestia austriaca.
Los nacionalsocialistas decidieron que llevarían como su candidato al sujeto que, en 1932, se acaba de nacionalizar alemán, Hitler, mientras que los comunistas apoyaban a su líder. Por su parte, la derecha y del Partido Central postularon al presidente entrado en años. Con la finalidad de que el austriaco de origen no alcanzara el poder, los socialdemócratas votaron por Hinderburg.

Sin embargo, eso no fue suficiente. En las elecciones de marzo de 1932, no pudo alcanzar la mayoría absoluta, mientras que Hitler obtenía el 30 por ciento. En una segunda vuelta, el presidente obtuvo 53 porciento del total, mientras que el recién germanizado alcanzaba el 37 por ciento y el candidato comunista 10 por ciento. Bajo esta perspectiva, el gobierno quedó en situación muy precaria.
Apenas unos días después de las elecciones, el ministro de defensa, el general Wilhelm Groener expresó sus intenciones de disolver la S.A. que seguía causando disturbios. Posteriormente, se empezaron a manifestar signos de descontento con el general von Schleicher actuando como el vocero de la alarma. La situación llegó al punto de generar una crisis de gobierno evidenciada cuando Schleicher amenazó con una renuncia masiva de los generales mas importantes. Esto tuvo un efecto negativo sobre el gobierno de Bruning cuya relación con el presidente se vio deteriorada. Esto redondeo los planes de Schleicher quien deseaba incorporar al gobierno a los nacionalsocialistas, pero no podría hacerlo mientras Bruning continuará en el cargo. Eso no perduraría por mucho tiempo, el presidente perdió la confianza en su canciller y este terminó por renunciar en mayo. En su lugar fue nombrado el candidato de Schleicher, Franz von Papen. Este procedería de inmediato a buscar como incorporar a los nacionalsocialistas al gobierno. pero para que esto sucediera era requerido disolver el Parlamento y convocar a elecciones. En julio, cuando se efectuaron las votaciones, el partido de la bestia austriaca obtuvo 13.75 millones de votos que le agenciaron 230 diputados.

Los comunistas alcanzaron 89 diputaciones. Entre los dos representaban mas del cincuenta por ciento de las curules. Sin embargo, no se podía formar gobierno.

Después de las elecciones, Schleicher y Papen trataron de atraer a su bando a Hitler mediante una política de cooperación ofreciéndole la vicecancillería y el ministerio del interior prusiano que controlaba la policía. Sin embargo, sabedor de que los vientos corrían a su favor, el austriaco demandó la cancillería, y seis posiciones ministeriales, lo cual era entregarle el gobierno. “…lo que deseaba era el poder total y no una tajada del pastel; y sus seguidores adoptaron una actitud salvaje y violenta como su líder”. Esto los llevaría a sufrir un retroceso en las elecciones de noviembre cuando perdieron dos millones de votos y treinta y cuatro sitios en el Parlamento. Esto también era resultado de que el desempleo había disminuido y parecía que la crisis económica empezaba a retraerse.

A pesar de lo anterior, la crisis política alcanzó a Papen quien demandó al presidente le diera poderes para cambiar la Constitución y gobernar sin el Parlamento. Ello fue objetado por Schleicher quien no deseaba ver al ejercito defendiendo a un gobierno impopular. Al final de cuentas Papen fue obligado a renunciar y, contra su voluntad, Schleicher fue investido como canciller. A toda costa buscó encontrar la forma de negociar con los sindicatos y convertirse en el ‘canciller social.’ Después de fracasar en las negociaciones con Hitler, le ofreció al líder formal de los nacionalsocialistas, Strasser, una posición ministerial. Este renunció a su partido y no hizo ningún esfuerzo por encabezar el grupo opositor dentro del partido, ni aceptó la propuesta en el gobierno.

Inmediatamente, Hitler se dirigió a sus leales y tomó a su cargo las funciones de Strasser. Los nacionalsocialistas atravesaban una crisis grave y pocos veían un futuro brillante. En medio de ello, el 4 de enero de 1933, Hitler y Papen, se reunieron en la casa del banquero Kurt Freiherr von Schröder. Con ello darían inicio los últimos momentos del parto que arrojaría afuera a la bestia. Papen encontró el aliado que le faltaba para cobrarle afrentas a Schleicher, se aliaban los nacionalsocialistas y los nacionalistas. Al enterarse este ultimo de las negociaciones, hizo un requerimiento similar a las de su antecesor, pero tuvo igual suerte, el presidente le rechazó la petición. Lo que Hinderburg deseaba era otro gobierno de Papen, algo a lo cual los generales se oponían. Dos de ellos lo apercibieron de lo peligroso de que se diera una situación así, pero lo que encontraron como respuesta fue la propuesta para que el cabo austriaco se convirtiera en canciller. De esa manera, la bestia austriaca nacería, y estaría lista para asaltar, el poder el 30 de enero de 1933, un día de ignominia en la historia de la humanidad. Pero claro, los alemanes no se percataban de ello.

Esa misma noche, las calles se llenaron de júbilo, como si se hubiese anunciado la llegada del mesías salvador. En cada pueblo hubo fiesta, largas filas de ciudadanos marchaban por las calles portando antorchas. Por horas, muchísimos desfilaron enfrente de la cancillería desde donde la bestia, acompañado por sus mas cercanos, admiraba el espectáculo complacido. Tras de una sucesión de gobiernos débiles, cada vez mas impopulares, Alemania contaba ahora con un gobierno fuerte con un amplio respaldo popular. Sin embargo, aún había un problema por resolver entre los dos partidos ahora en el poder solamente contabilizaron el cuarenta y dos por ciento de los votos en noviembre anterior y el gobierno continuaba dependiendo de la confianza del presidente cada vez mas entrado en años. Era necesario convocar a elecciones, mismas que se efectuarían el 5 de marzo. Mientras tanto, se disolvió el Parlamento y nadie se opuso a la instauración del gobierno de la bestia austriaca. Millones le dieron la bienvenida.

Las elecciones dieron por resultado una victoria de los nacionalsocialistas al obtener el cuarenta y cuatro por ciento del total; los nacionalistas ocho por ciento, lo cual eles dio la mayoría. Los opositores, social demócratas, comunistas y católicos centrales emergieron debilitados del proceso. Pero aún faltaba algo más. El 23 de marzo, el Parlamento sesionó en el Teatro de la Opera Kroll. Las proximidades del lugar y las calles adyacentes estaban custodiadas por miembros uniformados de la S.A y la S.S. con el fin de intimidar a los diputados. A los comunistas, se les quitaron sus escaños y a muchos de los socialdemócratas, se les prohibió asistir a la sesión. En ella, la bestia austriaca presentó a votación la Ley de Habilitación mediante la cual podría emitir leyes sin la aprobación del Parlamento o el presidente de Alemania. Esta disposición legal le otorgaba poderes plenos al gobierno por cuatro años y además podría cambiar la Constitución. La ley fue aprobada por 441 a 94 votos, solamente los sociales demócratas votaron en contra. La bestia había asaltado el poder. A partir de ahí continuaría con una política basada en utilizar propaganda que se adaptaba según fueran las simpatías de la gente. Se jugó con el miedo de los alemanes al comunismo y la antipatía que generaba el régimen republicano. Se repudiaban los Tratados de Versalles, era prometido retornar a los días de la grandeza germánica y su papel relevante en el concierto mundial. El nacionalismo era el arma más utilizada, además de culpar a los judíos por todos los males. Todo ello fue acompañado por las acciones infames como las desarrolladas el 30 de junio de 1933, la conocida como “La noche de los cuchillos largos,” en la cual se entronizó la S.S. ejecutando lo mismo miembros de la S.A., que líderes católicos y conservadores prominentes, o bien figuras gubernamentales del pasado inmediato como Schleicher y su esposa; el general Friedrich William Adalbert von Bredow quien fuera la mano derecha del anterior; Strasser; Gustav von Kahr, quien traicionara a la bestia en 1923; y muchísimos más que representaran una amenaza al régimen naciente. Muy pocos, se percataban que una vez establecidos en el poder los nacionalsocialistas, solamente un terremoto, de grado diez en la escala de Richter, los despojaría de él. Atrás quedaban las promesas de inclusión, solamente había una opción y todo aquel que se opusiera a ella, si le iba bien sería expulsado, los demás pasarían a ser ejecutados o confinados a los campos de concentración. Todo ello, se resumiría en la Segunda Guerra Mundial en donde entre 55 y 60 millones de personas, incluyendo seis millones de judíos victimas de las atrocidades de la bestia, perderían la vida. Todo por que un día el pueblo alemán creyó que recuperaría su grandeza si seguía a pie juntillas las promesas de aquella bestia que, disfrazada de mesías, les vendía ser capaz de terminar con todas las injusticias, revertir su situación económica y traer gobernabilidad. Una lección que los habitantes de los pueblos en problemas no deben de olvidar. Nada es resuelto por actos de magia o mediante promesas vacuas, el camino que luce fácil al final termina por crear generaciones de ciudadanos arrepentidos. Recordemos, la historia debe de leerse siempre en tiempo presente.

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Añadido (1) El lunes por la mañana, al leer las crónicas que algunos comentaristas políticos realizaban sobre del segundo debate, no pudimos sustraernos a recordar lo que nuestro maestro de marxismo, (aunque no lo crean en la escuelita parroquial cursamos esa materia) Antonio Nario Aldana, comentaba acerca de los escritos de algunos filósofos. Los comparaba con las crónicas que sobre el partido de panbol del día anterior realizaba, allá por los 1960s en el diario deportivo Esto, el periodista español, Antonio Huerta. En nada reflejaban lo acontecido, todo era producto de la imaginación para tratar de convencernos de algo irreal.

Añadido (2) Hoy que todos andan queriendo presentar primicias sobre la salud del ciudadano López, vale la pena recordar que en un artículo, publicado hace dos meses, titulado “Hablemos de prospectiva 2018 o el ‘secreto’ del señor López” (
http://www.guerrerohabla.com 22-03-2108), el economista Sergio Enrique Castro Peña realizó un análisis amplio y bien fundamentado sobre el tema. Simplemente como un apunte para los ofertantes de “novedades”.
19 Mayo 2018 04:00:00
Cuando la economía mejoraba, llegó la gran depresión / F
Como lo mencionábamos al final de la colaboración anterior, en 1924, las autoridades alemanas buscaban la forma de iniciar la recuperación no solamente económica, sino de la vida institucional del país. En ese contexto, los miembros de la República de Weimar acordaron firmar, en agosto de 1924, el llamado Plan Dawes. A este siguió, en 1925, la suscripción del Pacto de Locarno mediante el cual se negoció una nueva frontera con Francia, establecer acuerdos para ver la forma en que se resolvían las disputas con otras naciones, y se logró evitar la imposición de sanciones nuevas sobre Alemania por parte de los países victoriosos.

Entre 1925 y 1928, poco a poco, Alemania entraba en la fase de recuperación. Hasta cierto punto, la prosperidad entre los habitantes iba ganando un sitio. Las instituciones parlamentarias parecían ser aceptadas por la mayoría del electorado. La actividad que Gustav Stresemann realizaba como ministro de relaciones exteriores daba frutos. Además de renegociar y reestructurar la deuda, había hecho que la economía pudiera ser manejable. En igual forma, en 1926, la primera zona de la región de Renania fue evacuada por los Aliados, Alemania fue admitida en la Liga de las Naciones, y se firmó el Tratado de Berlín con la Unión Soviética (un acuerdo que establecía la neutralidad mutua). Pero el logro más importante de Stresemann fue alcanzar un acuerdo con el primer ministro francés, Aristide Briand, mediante el cual se dio la reconciliación de Alemania y Francia, lo cual haría que ambos fueran galardonados, en 1926, con el Premio Nobel de la Paz. Esto no fue obstáculo para que, en otros frentes, Stresemann actuara con decisión en busca de recuperar territorios para su país. En ese contexto, aprovechó que Polonia vivía una crisis económica y política e inicio una guerra comercial en contra de esa nación. Buscaba con ello que, al intensificarse la lucha interna de los polacos, Alemania pudiera recuperar los territorios cedidos a Polonia tras de la Primera Guerra Mundial, además de poder insertar en ese mercado un mayor numero de productos alemanes. No obstante, en 1928, Alemania junto con otras catorce naciones firman el Pacto (Frank B.) Kellogg- (Aristide) Briand mediante el cual se declara a la guerra ilegal. Aquí, cabe hacer un paréntesis. Este hecho confirma que están equivocados quienes continúan empeñados en calificar la década de los 1920s como un periodo de aislamiento estadounidense. Lo que sucedió entonces fue que los EU simplemente se involucraron en asuntos externos que fueran de su competencia directa y les pudiera generar beneficios para sus intereses económicos y diplomáticos. Pero retornemos al tópico principal de esta narrativa.

En 1928, las medidas económicas empezaban a verse reflejadas en la política. Los nacional socialistas veían como su presencia entre los votantes iba reduciéndose a más del cincuenta por ciento, algo similar sucedía con los comunistas, mientras los partidos moderados incrementaban su número de adeptos, una situación muy común cuando los bolsillos empiezan a recuperar volumen. Esto de ninguna manera significaba que la gestación de la bestia hubiera sido interrumpida. Si acaso bajó la presencia pública, pero ello no impedía que continuara moviéndose para completar su ciclo, aparecer en la arena pública y asaltar el poder.

Hacia finales de 1924, el panorama lucía oscuro para los nacionalsocialistas. Sus partidarios se retiraban y salvo un núcleo leal a Hitler en Bavaria, nadie pensaba que sobrevivirían. Sin embargo, a principios de 1925, una vez que el sujeto fue liberado de prisión, volvió a la carga y reorganizó a su grupo. En ese proceso definió que solamente tendría un enemigo: Los judíos. Asumió un liderazgo totalitario indicando que sus órdenes deberían de acatarse incondicionalmente y que los líderes regionales serían nombrados por él. Sin embargo, en la región norte de Alemania, durante el tiempo en que Hitler estaba en prisión, Gregor Strasser fue nombrado como líder del movimiento en aquella zona. Este personaje operaba autónomamente y se decía que era más socialista que Hitler. Entre los más fervientes seguidores de Strasser, se encontraba un joven doctor de nombre Joseph Goebbels quien en 1926 escribía: “Nada lograremos si defendemos los intereses de la propiedad y la educación. Alcanzaremos todas las metas si movilizamos a nuestro favor el hambre, la disparidad y el sacrificio…Creo en el socialismo del proletariado.” Sin embargo, a la bestia austriaca, aun en proceso de gestación, no le gustaba que ese grupo se moviera con tanta independencia de su liderazgo y, el 14 de febrero de 1926, convocó a una reunión de todos los líderes, quienes simpatizaban mayoritariamente con Strasser. Esta, se efectuó en Bamberg en Bavaria. Ahí, Hitler habló por varias horas invocando que la recuperación alemana pasaba por la destrucción del bolchevismo que, decía el, era una invención de los judíos. Su perorata superó por mucho a la de Strasser y al final quedó claro que ahí no había más línea a seguir que la del austriaco. Goebbels, aun cuando no estaba de acuerdo, calló con lo cual sembraba para su futuro al lado de la bestia.

Durante abril, Hitler y Goebbels se entrevistaron varias veces y el segundo acabó convencido de que las ideas del primero sobre “colectivismo e individualismo, en lo referente a la propiedad de la tierra y a la nacionalización, la cual debería limitarse a ciertas empresas y campos como el trasporte”. La fascinación llegó al punto de que el futuro propagandista-vocero del nazismo, escribió en su diario: “Adolfo Hitler, te amo porque eres grande y a la vez simple…” Mas tarde anotaría, “el es un genio, el instrumento automáticamente creativo de una fe divina. Cuando estoy frente a él me estremezco. El es: como un niño, amable, bueno, piadoso; o como un gato, inteligente y astuto; o como un león, rugiente, y gigantesco….” Para septiembre de 1926, tras de que Goebbels abandonó a sus aliados antiguos y con mayor presencia en el círculo cercano del austriaco, escribía que no creía en una combinación de grupos que pudieran estar de acuerdo en este u otro punto, lo que debería de prevalecer era el liderazgo de aquel que fuera el mas fuerte. “El problema de Alemania no era la unión de los nacionalistas, sino la destrucción del marxismo y entonces consolidar el nacionalismo. Este nacionalismo nuevo estará integrado por los trabajadores, por los jóvenes alemanes. Será socialista, o nunca lo será. Esto no es asunto de unión. Es una pelea hasta que uno triunfe y el otro muerda el polvo…” Tras de leer esto, con revoltura estomacal inmensa, no queda duda de porque después sería capaz de propagar la gran engañifa que le vendieron al pueblo alemán. Pero aún faltaba tiempo para que la bestia asaltara el poder.

En 1928, se efectuaron elecciones en Alemania y los partidos moderados y republicanos obtuvieron una victoria significativa. Entre los socialdemócratas, los cristianos y dos partidos liberales sumaron cerca de diecisiete millones de votos que representaron el cincuenta y cinco por ciento del total. Así, nació la “Gran Coalición”, encabezada por un canciller perteneciente a los socialdemócratas quien contaba con una mayoría segura en el Parlamento. No obstante, cabe mencionar que el veintisiete por ciento de los votantes se oponían a la República de Weimar, algo que resultaba significativo para el futuro. Asimismo, entre los triunfantes, especialmente en el más importante de ellos el Partido Demócrata Social no había líderes que pudieran atraer a las masas. Esto, se vio agravado cuando estallaron una serie de escándalos por corrupción, en los cuales financieros judíos, Julius, Henry y David Barmat, así como los hermanos Slarek, se vieron involucrados. Aun cuando se trataba de casos aislados, a los ojos de los enemigos de la República de Weimar, aquello se convirtió en el símbolo de que, en los círculos altos, la corrupción era generalizada. Estos hechos proveyeron a los nacional socialistas y los comunistas con municiones suficientes para atacar el sistema de Weimar, acusando a los jefes de enriquecerse a las expensas de los trabajadores honestos, así como a los judíos de obtener ganancias a costa del país”. Dado que ese tipo de propaganda, ayer y hoy, vende mucho entre las masas, millones cayeron presos de los slogans de los nacionalsocialistas. Con ello, acabaron con la política exterior de Stresemann a quien, junto con otros políticos, sometieron a una campaña de ataques personales, lo cual llevaría al ministro del exterior a su muerte en octubre de 1929. En medio de todo esto, la ola nacionalista renació exponencialmente en Alemania.

Trepados en la cresta de esa ola, surgió la desaprobación al Plan Young, firmado en 1929, mediante el cual Alemania era obligado a pagar reparaciones a sus antiguos enemigos por otros cincuenta y ocho años, aun cuando se derogaran algunas de las restricciones contenidas el Plan Dawes. No obstante, el nombre de socialistas, Hitler quería deslindarlo del concepto comúnmente conocido. Para ese sujeto, “…el socialismo era un invento de los judíos para tener a Alemania “agarrada por las orejas”. Aclaraba que el término utilizado por sus seguidores “nada tenía que ver con el socialismo marxista. El marxismo es antipobreza; el socialismo verdadero no lo es.” Bajo esa premisa, los ataques al capitalismo y la plutocracia encontraba eco “entre los funcionarios a nivel local pertenecientes a la clase media. Pero aun era mayor la penetración entre los desempleados…estudiantes y oficiales jóvenes del ejercito [varios de ellos miembros de las familias nobles antiguas]…quienes favorecían soluciones radicales a los problemas de Alemania,” así como, “la utilización de algo nuevo y revolucionario que exterminara el sistema; esto no debería de ser reaccionario, ni comunista, sino socialista alemán”. En medio de todo ello, Alemania fue víctima de la crisis mundial.

En 1929, la Gran Depresión llegó a los Estados Unidos generando los pánicos financieros y las quiebras bancarias que afectaron al resto del mundo y especialmente a Alemania. Los Estados Unidos ya no pudieron proporcionar los préstamos que necesitaba la República de Weimar. Además, el comercio mundial casi se paralizó y muchos alemanes quedaron desempleados. Uno de cada tres alemanes estaba sin empleo en el momento más grave de la crisis económica y la pobreza y el hambre eran generalizados. La República de Weimar estaba sumida en una crisis económica y social. Inmersa en ella, se efectuaron elecciones en septiembre de 1930.

Aun cuando los conservadores ganaron las elecciones, hubo otros elementos que vale la pena mencionar. Los nacionalsocialistas alcanzaron un crecimiento notable al lograr 6.4 millones de votos que representaban el 18.3 por ciento del total y que le proporcionaron 107 asientos en le parlamento cuando, en 1928, apenas tenían doce. En igual forma, los comunistas y católicos centristas obtuvieron avances. Esto mostraba que, a pesar de la victoria, los conservadores reducían su mayoría. Todo esto acabaría por tomar un derrotero no deseado al implantarse las medidas económicas.

El gobierno de Estados Unidos presionó a Gran Bretaña y Francia, para que le pagaran sus deudas de guerra. Al no disponer de dinero, estos países exigieron que Alemania pagos mayores por concepto de reparaciones, provocando de esa manera una depresión económica. El gobierno alemán, se vio ante la disyuntiva de reducir los gastos gubernamentales en un intento por equilibrar el presupuesto o aumentarlo para tratar de reactivar la economía. Heinrich Brüning, quien se convirtió en canciller en 1930, eligió la opción profundamente impopular de un programa de austeridad que reducía el gasto y los programas diseñados precisamente para ayudar a los más necesitados.

El canciller Brüning, se embarcó en una serie de políticas económicas y políticas desastrosas. Las primeras implicaron la devaluación de la moneda alemana, pero esto solamente tuvo el efecto de causar una hiperinflación que agravó los problemas económicos de Alemania. Además, Brüning descartó la Constitución y gobernó por decreto presidencial para administrar las condiciones socioeconómicas en el país. La Gran Depresión y la respuesta de Brüning llevaron a muchas personas a desilusionarse con la República e incluso con la democracia. El desempleo empezó a crecer y de 2.6 millones de desempleados en marzo de 1930, paso a 5.67 millones en diciembre de 1931 y 6.13 millones en febrero de 1932 “Más de la mitad de ellos no recibían los beneficios del apoyo de bienestar social, el cual en sí era insuficiente para mantener una familia”. Ante esto, las consecuencias fueron negativas en grado alto.

La S.A., las camisas cafés, el grupo paramilitar cuyos procedimientos violentos fueron claves para el ascenso de Hitler al poder, fue un beneficiario del incremento en el número de desempleados. A través de los años, ese grupo reclutó alrededor de 300 mil hombres. Más del sesenta por ciento de los integrantes de este conjunto eran desempleados permanentes a quienes se albergaba en las barracas de la S.A. en donde se les daba casa y comida. Aunados a ellos había otros grupos entre los que se encontraban académicos proletarizados, estudiantes sin esperanzas de obtener un empleo en el futuro y sin dinero para poder subsistir. En las universidades los nacionalsocialistas encontraron terreno fértil. En ellas, nacionalsocialistas y extremistas de derecha lo mismo interrumpían las clases, impartidas por aquellos profesores que no eran de su agrado debido a su postura izquierdista, que golpeaban a estudiantes de izquierda o judíos.

En medio de toda esa violencia y la situación económica sin mejorar, “cientos de miles de alemanes esperaban estáticos que ese movimiento, el nacionalsocialista, y sobre todo su líder, habría de liberarlos de la miseria y el sufrimiento, y establecería un Tercer Reich de poder y gloria, una Alemania mas fuerte que la de Bismarck durante el Segundo Imperio, en la cual los comunistas y socialistas desaparecieran para siempre”. La precariedad hacía que los alemanes alucinaran y en medio de la penumbra se lanzaron con todo para que el ciclo de gestación de la bestia se cumpliera. En la colaboración próxima les narraremos como se dio ese evento del cual no solamente los alemanes, sino la humanidad entera habría de ser víctima.

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Añadido (1) En México, los representantes de una de las instituciones que carga con un pasado y presente pleno de impudicia y corrupción vienen a querer darnos lecciones de ética y honestidad. Para confirmar ese presente, en Chile, 34 miembros de alto nivel de ese corporativo dicen que ofrecieron al CEO su renuncia para que decida si los sanciona por sus pecados. La pregunta a este último caso es: ¿Se debe al encubrimiento de porquerías o será un castigo porque la gira del ejecutivo del negocio por aquellas tierras anduvo por los linderos del desastre y eso, con el ego del porteño, merece un correctivo ejemplar?

Añadido (2) Quiso presentarse como la salvadora de la patria. Durante seis años, aparte de promover la industria del rebozo, lo único que hizo fue convalidar el desgobierno. Hoy, dado que no emocionó a nadie, aun el marido la apoyaba a hurtadillas, trata de presentar como acto de dignidad lo que fue simplemente un desastre.
12 Mayo 2018 04:00:00
La gestación casi era interrumpida, pero…/ E
Continuamos con esta evocación histórica de la Alemania de los 1920, acerca de la cual hemos recibido comentarios provenientes de ambos extremos del espectro político indicándonos que lo descrito no se parece al comportamiento del que ellos apoyan, en nuestros días, sino que personifica al del bando contrario.

Pero mientras otros, en todo su derecho, dilucidan a quien se asemeja o no lo acontecido hace casi un siglo en tierras teutonas, procedemos a seguir con este episodio cuyos resultados finales serían deplorables no solamente para los alemanes, sino para la raza humana.

A finales de 1922, inicios de 1923, tras de que tomó el control del partido y una vez que relegó a su fundador para convertirlo en figura decorativa, la bestia austriaca sentía que llegaba su tiempo. Esto, se vio reforzado al ver cómo, en octubre de 1922, uno de su calaña a quien admiraba, el Duce Mussolini, se había hecho del poder en Italia. Por cierto, tanto el duce como la bestia tendrían una relación más que amable con la Iglesia católica. Al duce, le perdonarían sus ‘travesuras,’ faltaba más, como no iba a hacerlo, si fue él quien les firmó los Tratados de Letrán en 1929. Entre la bestia austriaca y Eugeni Pacelli, el futuro Pío XII, se desarrolló una gran empatía que culminó con la firma del Concordato entre Hitler y el Vaticano, mismo que sería muy benéfico para la iglesia católica en Alemania. Pero, esos son acontecimientos que vendrían despues, retornemos a los 1920s y, con fundamento en la narrativa de Francis Ludwig Carsten, prosigamos con el asalto al poder que paso a paso instrumentaba la bestia austriaca.

Para finales de 1922, la bestia austriaca tomó como bandera la oposición a los Tratados de Versalles y clamaba que debería de encarcelarse a los criminales, así los calificaba, quienes en noviembre de 1918 aceptaron esas condicionantes.

Como era de esperarse, tales arengas ganaban adeptos entre un pueblo derrotado.

Durante 1923, las cosas empeoraron. La especulación era aterradora, se sufría una inflación espantosa la cual llevaba a vivir una situación precaria a quienes percibían salarios fijos. Los fundamentos de la sociedad crujían. Los trabajadores volteaban en busca de un salvavidas y creían encontrarlo en los comunistas quienes adquirieron fuerza en el centro de Alemania en donde alcanzaron el poder en Sajonia y Thuringia. Por su parte, la clase media y media baja, los desheredados y los miserables recurrieron a los partidos de derecha en busca de salvación. Ante esta situación, Bavaria y su gobierno se convirtieron en pieza clave. Desde 1920, se había movido, más que ningún otro en Alemania, hacia la derecha. En ese contexto, ofrecía protección a los grupos paramilitares, líderes de derecha y activistas que eran buscados por las autoridades alemanas para castigarlos por las fechorías políticas que habían cometido. En ese territorio, continuaban operando organizaciones como el Partido Nacional Socialista que había sido disuelto en el resto del territorio germano.

Desde ahí, habría de instrumentarse la marcha hacia Sajonia y Thuringia para después arribar a Berlín y proclamar un gobierno alemán nuevo investido con poderes dictatoriales, un autentico gobierno nacional en lugar de la coalición encabezada por Gustav Stresemann quien era apoyado por los socialdemócratas y al que acusaban de haber traicionado los intereses teutones.

En ese contexto, la división del ejército en Bavaria, bajo el mando del general Otto Hermann von Lossow, procedió a enlistar miembros de los grupos paramilitares y nacionalistas. Para él, Bavaria no debería separarse de Alemania, sino iniciar la marcha sobre Berlín para establecer una dictadura nacional que salvase al país de los marxistas. Y en esa forma, un gran número de oficiales jóvenes y cadetes de la escuela militar de infantería abrazaron la causa bávara. A quienes permanecieron leales a su juramento y no se deslumbraron por los colores negro, blanco y rojo, negándose a obedecer las ordenes del gobierno de Bavaria, los llamaron ‘perros rojos’ que simpatizaban con la causa judía, además de calificarlos de traidores a la causa nacionalista.

En ese ambiente, seguía creciendo la figura de la bestia austriaca del futuro la cual con su encendido verbo seguía alucinando a los cortos de neuronas que reaccionaban al puro impulso. Veamos un ejemplo.

La noche del 22 de octubre, apunta Carsten, Hitler pronunció un discurso en una reunión de las asociaciones patrióticas. Entre los presentes, se encontraba una joven quien con las funciones neurales alteradas, al igual que los otros asistentes, fue y le contó a sus padres como “no tenían idea del silencio que reinaba cuando ese hombre, [bueno, así calificaba esa criatura pobre a la bestia austriaca] hablaba, era como si los miles de oyentes hubieran dejado de respirar; durante minutos hay gritos de júbilo en la sala cuando él, lleno de ira, vapulea las obras de aquellos que, desde la revolución, han castigado a nuestra gente, y de quienes le impidieron, a él y a sus seguidores, conciliar cuentas con los líderes de noviembre”. Sin embargo, eso no era todo lo que la joven deslumbrada tenía por narrar. Continuó indicando que “Adolfo Hitler está impregnado de una fe tan firme en la honestidad de sus convicciones nacionalistas que inconscientemente transmite estos hechos a sus oyentes. Dios quiera y que prepare el camino para tiempos mejores y reúna a muchos compañeros bajo el suástica…” No hay duda, aquello era una alucinación total, tal vez producto de la necesidad de creer en algo que los sacara del socavón económico en que estaban inmersos. Pero continuemos con la narrativa de aquella joven fascinada por el verbo del austriaco. “Cada grupo esta representado. Entre trabajadores y miembros de la tropa, se sientan lo mismo oficiales de rango alto que soldados de asalto y ancianos pensionados, todos se aglutinan alrededor de la gran idea que Hitler representa para ellos…Cada ser humano, ante los problemas actuales de su alma que coinciden con la miseria económica, busca apoyo y encuentra este sostén en un hombre que no lo desilusionará; así uno puede entender el fervor creado por su apariencia…” De pronto, pareció como si una ventisca helada corriera cercana a nosotros, nos percatarnos que, salvo el nombre propio y la alusión a símbolos, algo similar hemos escuchado por ahí no hace mucho tiempo y no precisamente provenientes de labios juveniles. Dejemos digresiones y volvamos a la narrativa original.

Para noviembre de 1923, Hitler y los suyos creyeron que había llegado el momento de proclamar una revolución nacional al obligar al gobierno bávaro a romper con Berlín. Los rebeldes deciden ocupar los edificios públicos, pero al final son sometidos y sus lideres detenidos. Durante las semanas siguientes, el austriaco alebrestado y nueve de sus asociados fueron juzgados por intento de traición en una corte de Múnich. Las sentencias que les impusieron fueron leves consistentes en periodos cortos durante los cuales serían sometidos a una detención honorable. No obstante, la derrota que le infringió el ejército, “Hitler fue cuidadoso de mantener buenas relaciones con el ejército, el cual pensaba un día podría serle de utilidad.” Para justificar esta postura, aducía que “al escuchar que había sido la policía quien abrió fuego y no el ejército, este había preservado su honor; el ejercito se mantiene tan limpio como lo estaba hasta antes de la contienda”. Estaba cierto de que un día las Fuerzas Armadas habrían de ser su pilar para cometer las tropelías que ya rondaban adentro de su testa. Después de todo, los miembros veteranos de la milicia eran los derrotados de la Primera Guerra Mundial la cual terminó con el mundo que ellos habían conocido y aspiraban a recuperar. Por su parte, a los oficiales jóvenes les ofrecía un futuro de maravillas. Prometía venganza contra los responsables de la derrota, un renacimiento del nacionalismo, una Alemania poderosa y libre, en donde no existiera la influencia extranjera. Cuando el 8 de noviembre, en su intento de asonada, proclamó su gobierno, los principales militares fueron relegados a cargos secundarios, el austriaco pasó de ser el tamborilero para convertirse en el conductor de la banda. Pero para que dicha banda operara, aun tendrían que pasar varios años y por lo pronto debería de pasar, desafortunadamente, solamente unos cuantos meses detenido en la fortaleza de Landsberg de donde fue liberado a finales de 1924. Durante ese tiempo, se dedicó a escribir.

El resultado fue la parte primera de Mein Kampf (Mi Lucha) un librejo de calidad literaria pobre, pero que resultó muy llamativo para los fanáticos dado que repetía lo que deseaban escuchar. Era un escrito cargado de antisemitismo, acusando a los judíos de ser los responsables de la ruina de todas las culturas.

En igual forma, culpaba a Francia de ser el enemigo más terrible de Alemania.

Indicaba que la política colonial y de intercambio prevaleciente en los años previos a la guerra debería de abandonarse para instaurar una de expansión territorial, debería de retornarse y tener como objetivo imponer las propuestas que permitieran imponer el orden teutón, mismas que habían sido implantadas por los colonos germanos durante la Edad Media. O sea, planteaba volver al antepasado para recuperar la grandeza de Alemania. ¿En dónde hemos escuchado eso? Asimismo, tenía como meta la expansión territorial que debería de darse durante los cien años siguientes moviendo las fronteras hacia el este. Aparte de esto, enfocaba sus ataques a los grupos políticos internos.

Estimaba que los partidos del Centro y el Social Demócrata estaban integrados por traidores. Respecto al primero, estimaba que sus líderes apreciaban más a cualquier polaco o bien a un traidor alsaciano y francófilo que a los alemanes que no quisieron adherirse a, lo que él llamaba, una organización criminal.
Asimismo, los acusaba de que bajo el pretexto de que representaban los intereses católicos, ese partido “aun en tiempos de paz daba una mano para arruinar en todas las formas posibles el baluarte más importante de una visión mundial del cristianismo, Alemania…” Al segundo, le imputaba haber vendido y traicionado el germanismo en la vieja Austria porque siempre ha estado en favor de los enemigos de Alemania y por supuesto indicaba que sus líderes eran judíos. En medio de todo eso, había otros eventos en Alemania.

Para el otoño de 1923, el marco alemán ya se estabilizaba; la inflación estaba bajo control. Gustav Stresemann, primero como canciller, y posteriormente como ministro de relaciones exteriores, estaba convencido de que un elemento clave en el proceso de recuperación era mantener buenas relaciones con Francia. Asimismo, en agosto de 1924, se firma el llamado Plan Dawes, llamado así en honor de quien presidió el comité de negociaciones, Charles G. Dawes. Mediante este convenio, se acordó que: La zona del Ruhr iba a ser evacuada por tropas extranjeras; los pagos de reparación comenzarían en mil millones de marcos el primer año, aumentando anualmente a dos mil quinientos millones de marcos después de cinco años; el Reichsbank sería reorganizado bajo la supervisión aliada; las fuentes para el dinero de la reparación incluirían el transporte, impuestos especiales e impuestos aduaneros; y Alemania recibiría un préstamo de aproximadamente 200 millones de dolares, principalmente a través de emisiones de bonos de Wall Street en los Estados Unidos. Como resultado de estas medidas, la economía alemana iniciaría un periodo de recuperación, lo cual no impidió que el proceso de gestación de la bestia, que por un momento pareció interrumpirse, siguiera dándose. Sobre esto comentaremos en la colaboración siguiente.

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Añadido (1) Falleció el Doctor Jesús Kumate Rodríguez, hijo de un inmigrante japonés. Cuentan las crónicas que su padre le encomendó que, en su nombre, tenía que mostrar el agradecimiento a la patria que lo recibió. Vaya que lo cumplió con creces, fue un mexicano ejemplar cuyo accionar tuvo como objetivo fundamental salvar vidas. Uno de los profesionales quienes contribuyeron a construir este país. Orgullosamente portaba su condición de priísta honesto.

Añadido (2) Muy “orondos” comentábamos que, al dejar atrás nuestra etapa de economistas, cerramos la época de aprendices de adivinos para convertirnos en historiadores. En esas andábamos, cuando un par de amigos, Guillermo Robles Martínez Guizar y Sergio Enrique Castro Peña, economistas ambos, nos recordaron amablemente que quien predijo lo que ocurriría con Alemania tras de la firma de los Tratados de Versalles, fue el economista, John Maynard Keynes en el libro “Las Consecuencias Económicas de la Paz.” (1919) …

Añadido (3) Son unos tigres cuando están solitos frente al micrófono, el telepromter o el teclado. Sin embargo, en cuanto tienen al sujeto a un lado, actúan como mininos de angora. Al verlos, no pudimos sustraernos a recordar al filósofo mexiquense Porfirio Remigio…

Añadido (4) Como ya les escrituraron el país, un par de damas descendientes de inmigrantes europeos, sentenciaron que, después del primero de julio, todo aquel que ose disentir con la llegada del mesías, debe de tomar sus tiliches e irse no a donde él se propone hacerlo sino, un poco más cerca, fuera del país.

Añadido (5) Por lo que pudiera venir, no está por demás recordar las palabras, atribuidas erróneamente al teatrista y poeta alemán, Bertolt Brecht, pero que en realidad las pronunciara, en 1946, el pastor protestante alemán, Martin Niemöller: “Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guarde silencio porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a por los judíos, no pronuncié palabra, porque yo no era judío. Cuando finalmente vinieron por mí, no había nadie más que pudiera protestar”.
05 Mayo 2018 04:00:00
Ante una nación en problemas muy serios, la bestia era engendrada e iniciaba su gestación / D
La nación pasaba por momentos de apuro, ante ello, sus habitantes se asieron a un iluminado que les prometía que bajo su mando las soluciones llegarían de manera fácil. Olvidaron, o no quisieron revisar, los antecedentes de ese que les prometía el oro y el moro. Eso sucedió con el pueblo alemán que, tras ser derrotado en la Primera Guerra Mundial, fue víctima de los acuerdos leoninos firmados al amparo de los llamados Tratados de Versalles. Vaya paradoja, Versalles fue el sitio en donde nació el Imperio Alemán en 1871, años después sería el escenario en donde sería condenado a padecer no solamente las consecuencias de la derrota, sino, creyendo que se salvaba, convertirse en víctima de las atrocidades del nativo de un estado vecino del sureste cuyas acciones no se suscribirían al territorio teutón, sino que haría que la humanidad pagara las consecuencias de su bestialidad. Todos sabemos lo que aquello ocasionó, pero poco nos asomamos a revisar su origen, en esta ocasión nos concretaremos a revisar el proceso de gestación de la bestia austriaca, un tema que siempre habrá de provocarnos repugnancia, pero que, dado los tiempos que vivimos, este escribidor-historiador se siente comprometido a revisar.

Tras de consultar en publicaciones diversas sobre el tema, decidimos seleccionar la versión que proveyó el historiador inglés más importante sobre la historia de Alemania, Francis Ludwig Carsten quien, en su libro, “The Rise of Fascism” (1967), nos muestra como este movimiento, el fascismo, se esparció por Europa durante los 1920s y 1930s, colocando énfasis especial en los casos en donde el fascismo se originó y alcanzó el poder: Italia, Austria y Alemania.

En el verano de 1918, ya no quedaba duda de que el poderío militar alemán había fallado. Los generales, Paul von Hindenburg y Erich Ludendorff, quienes de hecho ejercían una dictadura militar, dejaron el gobierno en manos del canciller, el príncipe Maximilian von Baden, quien era un moderado y dos miembros del Partido Social Demócrata. Meses mas tarde, el 9 de noviembre, el emperador Wilhelm II abdicó y se fue a Holanda. El 11 de noviembre, se firma el armisticio y concluyen las hostilidades entre Alemania y los Aliados. En medio de la derrota, dos millones de jóvenes alemanes murieron y 4.2 millones quedaron heridos, en total se contabiliza que el 19 por ciento de la población masculina fue considerada, en una forma u otra, como víctimas de la guerra. Asimismo, el bloqueo impuesto por las fuerzas aliadas, generó hambruna. Sin embargo, en medio de todo ello, los alemanes buscaron como volver a empezar, aun cuando les faltaba lo peor. Pero mientras eso llegaba, procedieron a buscar recomponer el desastre.

Con sus antiguos gobernantes en la huida, se formaron Consejos de Soldados y Obreros los cuales realizaron su primer congreso nacional en diciembre de 1918, en el cual se acordó que, en enero de 1919, se efectuarían elecciones para elegir los miembros a la Asamblea Nacional en donde habría d decidirse el futuro político de Alemania. Mientras llegaba esa fecha, el país era gobernado por los Consejos integrado por tres miembros del Partido Social Demócrata Independiente de Alemania liderados por Friedrich Ebert, y tres más del Partido Social Demócrata de Alemania bajo la guía de Hugo Haase. Finalmente, el 19 de enero de 1919, se efectuaron elecciones para elegir miembros a la Asamblea nacional. La mayoría de los escaños fueron obtenidos por los integrantes de los partidos moderados quienes decidieron que la Asamblea Nacional fuera establecida en la ciudad de Weimar. Se proclamó la Constitución, al amparo de la cual nacería la llamada República de Weimar que operaría bajo un sistema parlamentario cuyos miembros serian electos por representación proporcional. En su primera integración, el 80 por ciento de sus miembros pertenecían a los partidos democráticos. Este gobierno prevalecería hasta que la bestia austriaca se apoderó de todo en 1933, pero aun había algo más antes de ese desenlace.

El 28 de junio de 1919, se firmaron los Tratados de Versalles de acuerdo a los cuales, Alemania era responsable de todos los daños causados a las fuerzas aliadas y en consecuencia deberían de pagar indemnizaciones que ascendían al equivalente a 31.4 miles de millones de dólares; la perdida del trece por ciento de su territorio al retornar las áreas pertenecientes a otras naciones que habían ocupado durante el Segundo Imperio, por ahí se iban las fuentes que generaban el 16 por ciento de la producción de carbón y el 48 por ciento del mineral de hierro. Asimismo, se limitó el número de integrantes del ejército alemán a 100 mil, sin que pudieran contar con artillería pesada, submarinos y aviación. En función de cumplir con las obligaciones de reparación, el gobierno alemán se vio obligado a poner a funcionar la maquinita de hacer dinero, lo cual generó una inflación galopante. Entre 1914 y 1922, el costo de la vida se elevó doce veces. El tipo de cambio en enero de 1920 era de 64.8 marcos por dólar, para noviembre de 1923, alcanzó la tasa de 4200 billones por uno.

Todo lo anterior es resumido por Carsten cuando apunta que “los Tratados de Versalles y la humillación que representó el hecho de que la Asamblea Nacional los aceptara, las demandas nuevas establecidas por los enemigos antiguos de Alemania, los gobiernos débiles y cambiantes, la nueva república que inspiraba poco aprecio y respeto, la ineptitud e inexperiencia de los miembros del parlamento, la declinación del poder y prestigio de Alemania, pero sobre todo el empeoramiento de la situación económica generó muchos látigos útiles con los que el sistema podría ser azotado, y se usaron continuamente. Esto no creó el movimiento fascista, pero si la atmósfera para que se desarrollara”. En igual forma, el miedo a la implantación del comunismo jugó un papel importante. Sin embargo, cuando se tiene una clase media arruinada, la cual perdió su seguridad y estabilidad, vio evaporarse sus ahorros, pensiones y en muchos casos sus propiedades, era fácil buscar, y encontrar, un culpable de todo ello. Y así, la etiqueta de responsable de todas las desgracias alemanas fue endilgada en los judíos quienes, poseedores de los dineros, eran capaces de adquirir propiedades a precios bajos. Por ello, en 1919, los etiquetaron como los “vampiros de Alemania”.

En ese contexto, a principios de enero de 1919, se formó el Partido Alemán de los Trabajadores. Mientras que en Múnich el líder era un herrero de nombre Anton Drexler, como líder nacional aparecía un periodista, Karl Harrer quien insistía en que la guerra se perdió por falta de unidad entre los alemanes y porque el capital judío tenia interés en que Alemania fuera derrotada. Meses más tarde, en Múnich, el partido reclutaría al capitán Ernst Röhm quien, aun cuando reconocía la importancia de la educación política tanto en el ejercito como entre los civiles, insistía que los militares deberían prevalecer sobre los políticos. Entre junio y julio de 1919, se organizaron cursos para soldados especialmente seleccionados. El objetivo era que estos llevaran un mensaje a sus compañeros que les permitiera contrarrestar cualquier tendencia de izquierda que apareciera por ahí. Entre el grupo, el ejército “descubriría” a un pintor llamado Adolfo Hitler quien atrajo la atención de sus superiores gracias a su oratoria vehemente la cual fascinaba a sus audiencias. La retórica de este sujeto estaba cargada de antisemitismo; “consideraba a los judíos no como una comunidad religiosa, sino una raza, la cual había sido preservada durante mil años como resultado de la endogamia; los antisemitas deberían de trabajar en pos de la abolición de todos los privilegios de los judíos; deberían de ser tratados como cualquier otro extranjero y finalmente expulsados. Esto, solamente se podría lograr mediante un gobierno nacional sólido y nunca por un gobierno nacional impotente, por un renacimiento de la fortaleza moral y espiritual de la nación”. El apareamiento estaba consumado, la bestia austriaca había sido engendrada. Pero aun tendría que darse todo el proceso para que aquella aberración apareciera plenamente.

De cuidar la gestación se encargarían Dietrich Eckart y Röhm quienes presentaron a Hitler con miembros de la sociedad burguesa y le permitieron relacionarse con contactos políticos importantes muy por arriba de los que corresponderían a un cabo. Sería en marzo de 1920 cundo Hitler es dado de baja del ejército para convertirse en un político profesional. Cuando este sujeto ingresó al Partido de los Trabajadores Alemanes en Múnich, sus dirigentes eran electos por las bases, se discutían los asuntos y los acuerdos eran tomados en función del voto mayoritario. Sin embargo, entre 1910 y 1921, el antiguo cabo tomó control del partido relegando a sus fundadores, mientras que otros preferían irse. Siguiendo el ejemplo de Austria, las palabras Nacional Socialista fueron incorporadas al nombre del partido. Asimismo, siguiendo otro consejo austriaco, el suástica fue adoptada como el símbolo y la bandera del partido. Pero los símbolos no eran suficientes, se necesitaba establecer un programa de acción para el partido.

El 24 de enero de 1920, Hitler anunció los veinticuatro puntos bajo los cuales habrían de realizar su actividad política. Vayamos a la narrativa de Carsten quien señala que los primeros se referían a los de los nacionalistas extremos tales como la unión de todos los alemanes sobre la base del derecho a la autodeterminación; la adquisición de territorios y colonias; la anulación de los tratados de Versalles y Saint Germain, mediante los cuales se les desposeía, a los alemanes, de sus antiguas posesiones, al tiempo que prohibían la unión de Austria y Alemania. De ahí pasaban a los asuntos en contra de los judíos al señalar que solamente los de sangre germana podían ser miembros de la nación y del estado; únicamente a esos ciudadanos se les debería otorgar el derecho de emitir opiniones sobre la legislación y el liderazgo del estado y ocupar puestos oficiales; todos aquellos que inmigraron después del 2 de agosto de 1914, el día anterior a la declaración de guerra alemana a Francia, deberían de ser expulsados inmediatamente del territorio teutón. Acto seguido vendrían los puntos socialistas mediante los cuales se indicaba que debería de abolirse como fuente de ingresos todo aquello que no proviniera de haber desarrollado un trabajo; romper los grilletes de intereses; la nacionalización de todos los negocios y consorcios que se hubieran amalgamado; la comunalización de las tiendas departamentales y su renta a pequeños comerciantes; la reforma agraria; la confiscación de tierras para hacerlas parte del bien común sin que para ello mediara compensación alguna, así como acabar con la especulación de terrenos. Para que todo eso se cumpliera habría que tener un gobierno central fuerte y establecer un parlamento central que tuviera autoridad incondicional sobre toda Alemania. Si todos estos propósitos le sonaron como los que ha escuchado últimamente, preocúpese pues es algo más que mera coincidencia. Pero en la Alemania de los 1920s, las audiencias de alemanes que acudían a escuchar a la bestia en gestación crecían. El discurso iba poco a poco centrándose en puntos muy específicos. Entre lo que el antiguo cabo clamaba estaba que “nosotros los alemanes queremos ser revolucionarios en contra de la raza que nos oprime y explota, y no habremos de descansar hasta que ese gang haya sido removido de nuestro suelo.” Para finales del año, el partido seguía incrementando su membresía y presencia en la arena política alemana. Sin embargo, Hitler aún no tenía todo bajo su control.

En marzo de 1921, en Zeitz, se reunieron los representantes de los tres partidos socialistas alemanes. Anton Drexler por el de Múnich; el Dr. Walter Riehl por los de Austria y Rudolf Jung por los Nacional Socialistas de Bohemia. El acuerdo que tomaron fue crear el Partido Nacional Socialista Germano, pero dado que Hitler no aceptaba que se eliminara el término trabajadores, aceptaron que la fracción de Múnich la retuviera en su nombre. El objetivo era mantener la unidad. Sin embargo, cuando Hitler se enteró de los acuerdos, enfureció y llamó incompetentes y burgueses a los líderes mencionados. Hitler había decidido que no aceptaría ningún otro liderazgo sino el suyo. En julio, Hitler retornó a Múnich y anunció su renuncia al partido arguyendo su desacuerdo con las negociaciones de Zeitz las cuales consideraba contrarias a los principios del movimiento. Pero ello no le impidió establecer las condicionantes bajo las cuales retornaría al partido: Cancelar cualquier posibilidad de unificación con el Partido Nacional Socialista Germano; los grupos tendrían que subordinarse al partido en Múnich; se debería de convocar a una reunión inmediatamente y los líderes actuales deberían de renunciar para que se eligiera a Hitler como primer dirigente; tendría poderes dictatoriales para designar un comité de acción compuesto por tres miembros, los cuales habrían de purgar al partido de aquellos indeseables que lo habían penetrado.

A finales de julio de 1921, Hitler se impone y los 1200 miembros del partido aceptan sus condiciones, Drexler es convertido en figura decorativa y todo el poder recae sobre el austriaco. Para finales de 1922, había logrado aglutinar seguidores en varia ciudades de Alemania, nadie le disputaba el liderazgo, estaba lista para enfrentar el año decisivo, 1923. En la colaboración siguiente, continuaremos con esta narrativa que por momentos nos hace pensar que es una película en blanco y negro que ahora es exhibida en colores y no parece ser tan lejana. Pero, tal vez, nuestra perspectiva sea errónea, ¿Cuál es la que usted tiene, lector amable?

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Añadido (1) Al parecer, atendieron las opiniones de los que saben de leyes y dejaron para otra ocasión esa aberración con la que buscaban satisfacer a quienes tienen apetitos de venganzas.

Añadido (2) Hace unos meses, mientras revisábamos nuestros archivos, encontramos varios volúmenes empastados que contienen cada una de las columnas políticas, publicadas entre noviembre de 1993 y el 23 de marzo de 1994. En ellas, se comentaba acerca de una campaña que no prendía. Hoy, al puro recuerdo, por momentos nos parece que las releemos en los diarios de estos días. Una lástima que no las tengamos a la mano para repasarlas puntualmente y salir de dudas.

Añadido (3) Como por todo sitio que pasa, el francesito Macron cree conquistar corazones, mientras deja un “aroma” muy sui generis, los australianos, dejaron a un lado la corrección política, para identificarlo como Pepé Le Pew. Podrá reírse para la foto, pero seguramente en lo privado habrá hecho rabieta de que lo calificaran como un zorrillo arrogante y “oloroso” que al final de cuentas es el mensaje verdadero que envía la portada del diario “The Daily Telegraph.”

Añadido (4) “…Y la cuestión judía que se extendió por toda Europa no fue contra su religión, sino contra su función social, que se relacionaba con la usura y la banca…” Si usted, lector amable, piensa que esta declaración se emitió en los tiempos de la gestación de la bestia austriaca, está muy equivocado. Son las palabras que, el 30 de abril de 2018, emitiera el líder palestino, Mahmoud Abbas. Saque sus conclusiones.
28 Abril 2018 04:00:00
Con el título de príncipe construyó el imperio Alemán / C
Concluíamos la colaboración de la semana anterior con la unificación de Alemania a partir de la cual, el investido como príncipe y además actuaba como canciller del imperio, ministro-presidente de Prusia, ministro de Relaciones Exteriores de Prusia, y presidente de la Cámara Alta, “Bundesrat,” Otto Eduard Leopold von Bismarck, habría de dar forma al Segundo Imperio Alemán. Veamos como actuó durante su gobierno.

La unificación de Alemania nace como una coalición federal fundamentada en tratos celebrados entre Prusia y el resto de los estados teutones. Ello, no impedía que a partir de ese momento no hubiera más que una sola nacionalidad, todos eran alemanes. La suprema autoridad era el Kaiser quien poseía la autoridad para designar a todos los funcionarios del imperio; definir y dirigir la política exterior; era el comandante supremo de los ejercicios alemanes; y, en tiempos de guerra, podía convocar o disolver el parlamento. Sin embargo, en su accionar de gobierno requería en gran parte del apoyo del canciller. Si bien, este último, respondía únicamente a la autoridad del emperador, existía algo que lo convertía en pieza fundamental para la actividad del Kaiser quien para que sus decretos y ordenanzas tuvieran validez necesitaba que su firma fuera acompañada por la del canciller. Como lo mencionamos arriba, este personaje presidía la “Bundesrat” y además era responsable de supervisar su accionar, además de tener el privilegio de poder delegar su representación a cualquier miembro de ese órgano legislativo. En síntesis, el Kaiser no podía gobernar si no tenía de su lado al canciller. Y en este caso, para que ello sucediera, Wilhem I contaba con la figura de Bismarck. Para entender el accionar de este personaje recurrimos a una cita de Katharine Anne Lerman en “Bismarck: Profiles in Power (2004).” En este libro, Lerman retoma las palabras que pronunciara el ministro-presidente de Baden, Julius Joly quien describió a Bismarck como “un político pragmático e intuitivo cuyos métodos fueron poco comunes para la mayoría de los alemanes politizados quienes se apegaban a una ideología específica y buscaban perfeccionar un sistema”. En este contexto, se desarrollaría la vida política en Alemania entre 1871 y 1890.

Por lo que concierne a la vida legislativa, sus funciones estaban perfectamente definidas teóricamente, pero en la práctica aparecían otros elementos que, como en cualquier parte del mundo y del tiempo, terminaban por definir la operación real. Los órganos legislativos eran dos: Cámara Baja, “Reichstag,” y la Cámara Alta, “Bundesrat”.

La Cámara Alta, “Bundesrat,” estaba constituida por aquellos a quien los gobiernos de los estados nominaban para representarlos en ella. En su mayoría era controlada por Prusia. Contaban entre sus atribuciones con la autoridad para presentar iniciativas legislativas. Sin embargo, hay que mencionarlo, la soberanía de este órgano legislativo era una farsa. Las propuestas que los ministros proponían, se aprobaban al final del periodo ordinario de sesiones. Dado que los legisladores disponían de poco tiempo o experiencia en el tema, lo cual les impedía que los analizaran y en consecuencia no podían debatirlos a profundidad. Asimismo, era común que los dirigentes de los gobiernos indicaran a sus representantes que al votar lo hicieran conforme a los designios de la mayoría ya que era inútil oponerse al poder de Prusia. Esta Cámara, o mas bien quienes la integraban, estaban ahí para proteger los intereses de los estados, especialmente los de Prusia, y bloquear las ambiciones de los liberales quienes tenían como objetivo el centralismo y parlamentarizar el imperio.

Por otra parte, la Cámara Baja, “Reichstag,” la integraban quienes representaban el sentir nacional y popular. Los 383 miembros eran electos mediante sufragio universal, aquellos hombres mayores de 25 años. Entre sus actividades podían presentar iniciativas legislativas, pero estas deberían de contar con la aprobación del “Bundesrat”. En correspondencia poseían la capacidad de vetar cualquier legislación aprobada por la Cámara Alta. Pero vayamos a otras acciones desarrolladas durante los años del Segundo Imperio Alemán.

Entre las acciones emprendidas por Bismarck, estuvo la reconstrucción de las relaciones estado-iglesia lo cual se denominó el “Kulturkampf”. Esto partía de una razón política, el canciller estimaba que podía darse una alianza entre los católicos y los gobierno de Austria y Francia. Asimismo, para él, quienes profesaban la religión católica-romana obedecían a un poder extranjero. Si bien eso no podría aplicarse a todos los feligreses, Bismarck tenía razón al afirmar eso respecto a quienes desempeñaban labores como ministros de culto de dicha religión, algo que hasta nuestros días prevalece en todo el mundo. Si usted lector amable es católico y lo duda, pregúnteselo al párroco que más a la mano le quede y verá cómo le responde que en el hipotético caso de enfrentar la disyuntiva entre atender los dictados de nuestras leyes o tener que obedecer la autoridad del CEO del corporativo al que representa, acataría las instrucciones de este último. Pero volvamos a la Alemania del siglo XIX.

En 1871, Bismarck prohibió a los clérigos realizar promoción política, mientras que en 1872, removió al ministro de cultura, Heinrich von Mühler quien defendía la intervención del clero en las escuelas. A la par tuvo que actuar en contra de la orden de los Jesuitas a quienes expulsó. No olvidemos que la ambición política de estos ciudadanos nunca descansa y un par de ejemplos los pintan de cuerpo entero en otras latitudes y circunstancias, ellos fueron los cerebros que organizaron la reyerta cristera en nuestro país y años después idearon el macartismo estadounidense para perseguir “comunistas”. Para que lo rememoren quienes se deslumbran por el ropaje blanco de alguno. En 1873, el canciller alemán promovió las leyes de mayo mediante las cuales fue establecido el control sobre la educación, al tiempo que se definían el número de clérigos. Asimismo, en 1874, estableció la obligatoriedad del matrimonio civil. Sin embargo, en las elecciones de 1874, el Partido Central obtuvo un buen número de escaños y como alrededor de este se habían alineado las principales fuerzas políticas católicas, fue imposible consolidar las medidas para limitar el acción de esa entidad foránea en todo el imperio. En ese contexto, en julio de ese año, un católico miembro del Partido Central intentó asesinar a Bismarck, algo que no es extraño, ni temporal, cada vez que en una nación se inicia un proceso de cambio real, no falta el fanático con el cerebro lavado que vaya a cometer estupideces en nombre de su fe, recordemos lo que sucedió en los 1920s en nuestro país, claro que a ese alemán nadie lo ha querido santificar como lo hacen con los que aquí lo imitaron. Esta situación prevalecería hasta 1878 cuando Bismarck ya no veía a los católicos como la amenaza principal, sino a los liberales izquierdistas.

Lo anterior ya había sido mostrado en 1876 cuando Bismarck se opuso a los socialistas e introdujo diversas medidas legislativas mediante las cuales se declaraba que era una ofensa criminal atacar en medios impresos a la familia, la propiedad, el servicio militar universal, así como emprender acciones en detrimento del orden público tales como faltas a la moral, respeto a las leyes y el amor a la patria. Esto generó la reacción de los socialistas, quienes terminaron impidiendo fueran establecidas. Durante 1878, en mayo y junio, se suscitaron un par de atentados criminales en contra de Wilhelm I. La responsabilidad de dichos actos fue atribuida a los socialistas. Dado que un gran número de ellos, trabajadores, estaban adheridos al Partido Social Demócrata, en octubre de 1878, con el apoyo de los liberales nacionalistas, se aprobaron las leyes antisocialistas mediante las cuales se declaró ilegal a ese partido, se le prohibió publicar, se les negó el derecho de reunión y sus líderes más importantes fueron expulsados de los centros urbanos. Asimismo, en ese año, concluye el gobierno nefasto para la civilización de Giovanni María Mastai-Ferretti, conocido como Pío IX, quien en su afán de querer ejercer un poder extraterritorial, declaró, mediante la encíclica Quod Nunquam (5 de febrero de 1875), nulas las leyes de mayo alemanas. Al fallecimiento del ahora beato en estado de congelación, accedió al liderazgo del corporativo, Vincenzo Gioacchino Raffaele Luigi Pecci, León XIII.

Dado que don Vincenzo poseía mayor habilidad política que su antecesor, ni tardo, ni perezoso escribió al Kaiser proponiéndole un acercamiento amistoso. Sabedor de que, políticamente, ya no convenía aquello, Bismarck actuó, ya lo mencionábamos en la colaboración anterior, como lo que era, un político pragmático que siempre dejaba un resquicio para una negociación en el futuro. En función de seguir adelante con su proyecto de gobierno requería del apoyo de los miembros del Partido Central integrado por católicos y entró en tratos con León XIII para atenuar las medidas. En 1879, destituye a Albert Falk el ministro de cultural y principal promotor de las leyes de mayo de 1871. A partir de ahí, empieza la reversa y salvo lo relativo a las escuelas oficiales y el matrimonio civil, todas las otras desaparecen. Durante el verano de 1879, se forma una coalición parlamentaria entre los miembros del Partido Central, los conservadores pro-gobierno y un numero importante de liberales nacionalistas.

Para entonces, el enfoque era un cambio en la política económica.

Se abandonó la política de libre intercambio por una de tarifas proteccionistas en favor de la industria y la agricultura alemana. Para entonces ya se habían dejado atrás los efectos de la crisis de 1873, la cual dio origen a un periodo de grandes problemas económicos los cuales Alemania superó con mayor rapidez que muchas otras naciones. Las medidas surtieron sus efectos durante la década siguiente cuando, además de un aprovechamiento efectivo de los recursos naturales, la industrialización se dio de manera sostenida en la ramas textiles, del carbón, la siderúrgica y la química. Ello la convirtió en la nación industrializada más poderosa de Europa. En ese proceso, durante 1886, cuando Nicolaus-August-Otto inventó el motor de combustión interna; en 1879, Werner von Siemens introduce en Berlín el tren eléctrico para trasporte de pasajeros; en 1881, se instala la red telefónica en Berlín; y, durante la segunda mitad de los 1880s, Carl Benz y Gottlieb Daimler patentan los vehículos motores de cuatro ruedas. No obstante este éxito, algunos otros problemas económicos estaban ahí presentes.

Bismarck nunca fue capaz de sanear las finanzas del estado germano, a la par que una nueva presión se cernía sobre la economía. Como resultado del éxito industrial el movimiento de las áreas rurales hacia las urbanas era creciente y eso incrementó las presiones sociales. Ante ello, el canciller implantó programas diverso de bienestar social tales como las leyes de salud, las de accidentes, las de vejez y un seguro en caso de invalidez. Los resultados no fueron los esperados y, además, no evitaron que un gran número de los trabajadores se adhirieran a la causa socialista. Entre 1878 y 1890, los simpatizantes de ese movimiento pasaron de 300 mil a 1.5 millones, lo cual se vio reflejado en el numero de curules en el Reichstag en donde crecieron de 9 a 35 las ostentadas por los socialistas. Pero antes de concluir, vale la pena dar un repaso breve a la política exterior de Bismarck.

Mientras mantenía aislada a Francia, buscaba acercamiento con el resto de los países europeos. Bajo la política del balance del poder, formó, en 1873, la Liga de los Tres Emperadores (Wilhelm I, el zar Alexander II de Rusia y Francis Joseph de Austria-Hungría). Entre los tres mantenían a raya a los polacos.. En la región de los Balcanes, Bismarck estuvo de acuerdo en que Austria dominara la región del oeste y Rusia la del este. Sin embargo, esto no duraría mucho y en 1877, la Liga se rompió. Como alternativa armó la Alianza Dual con Austria-Hungría y mas tarde la Triple Alianza con la adhesión de Italia. Mas tarde firmaría el Acuerdo Mediterráneo con Gran Bretaña y posteriormente, en 1881, intentaría reestablecer la Liga, pero duró muy poco. Ello, sin embargo, no impidió que en 1887 firmara el Tratado de Reaseguramiento con Rusia para evitar una posible alianza franco-rusa en contra de Alemania, asegurándose de que ambos, rusos y alemanes permanecerían neutrales ante si, excepto que Rusia atacara Austria. Aun cuando Bismarck no fomentó el coloniaje, tuvo algunas aventuras por África que resultaron negativas para la economía alemana. Su política no era expandir fronteras y para finales de los 1880s buscaba a toda costa evitar embarcarse en conflictos bélicos. Pero con el fin de la década también vendría la declinación de Bismarck. tras del fallecimiento de Wilhem I en 1888, el sucesor Frederick III murió tras 90 días de reinado y fue reemplazado por Wilhem II quien, rodeado de psicópatas y mediocres, terminó enfrentado con el canciller. El 20 de marzo de 1890, Bismarck dimitió tras no ponerse de acuerdo sobre la política laboral, bueno esa fue la última de las diferencias. El país estaba unificado y funcionado. Sin embargo, no muy lejos acechaba el peligro de que todo se fuera por la borda. Conforme trascurrieron los años, caían en el olvido las alertas señaladas por Bismarck quien durante la crisis de Bulgaria, expresó que no valía la pena intervenir ahí, al tiempo que recomendaba no involucrarse en pleitos por dominio territorial en la región de los Balcanes. Años más tarde se demostraría que ahí estaba germinando la semilla que daría pie a la Primera Guerra Mundial, un evento al amparo del cual, además de las atrocidades generadas por la pérdida de vidas humanas y la derrota estrepitosa de Alemania, terminaría por incubar a la bestia que pondría a la humanidad nuevamente al filo del abismo, pero de ello nos ocuparemos en la colaboración siguiente.

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Añadido (1): Cuando veíamos al francesito Macron hablar ante el Congreso de los EUA, no pudimos sustraernos a un par de imágenes del pasado. En el siglo XIX, durante el conflicto Prusia – Austria, Napoleón III le juraba lealtad a Bismarck, mientras a trasmano firmaba un acuerdo con los austriacos para, según él, asegurarse por todos lados. Caro le saldría su viveza, acabaría destronado y desterrado. En el siglo XX, cuando la ocupación de Francia por los Nazis, con el beneplácito de Vichy y la población gala, aun cuando después se inventaron lo de las plaquitas por las calles de París, Charles de Gaulle le pidió apoyo a Winston Churchill quien lo rescató y lo mantuvo a buen resguardo para que se la pudiera pasar dando discursos y después proclamarse en el campeón de la resistencia (a larguísima distancia). Sin embargo, dado que Churchill no practicaba el juego del tío lolo, a la hora del triunfo dejó al francés en el lugar que le correspondía. Eso bastó para que De Gaulle rumiara que los convirtieron en potencia de segunda y ahí siguen, sin advertir que estamos en los albores del siglo XXI y no del XIX. Sí, los numerales romanos lucen iguales, pero el orden es distinto y eso hace una diferencia muy grande.

Añadido (2): Dado que en ese asunto, como en muchísimos otros, somos legos, nos fuimos a preguntarle a quien sí conoce acerca de esa materia y esta fue su repuesta: “Una donación o una compraventa que esté hecha en una escritura, solo manifiesta que hay una transmisión de propiedad, pero mientras no se paguen los impuestos y derechos no se completa la operación, López [Obrador] seguirá siendo dueño mientras la partida registral no se modifique, tan es así que si tú pides un certificado de libertad de gravamen aparecerá que el dueño es él, por más que diga que se los donó a sus hijos…Más aún, en este momento quien se supone que adquirió con una escritura no inscrita a su nombre, no la puede dar en garantía de un crédito, porque el dueño continúa siendo la persona que donó o vendió. En caso de que alguien finque un embargo en contra de López [Obrador] por esos bienes, al Registro [Publico de la Propiedad] no le queda más que inscribir el embargo en contra de López [Obrador].” Así que usted, lector amable, como persona pensante que es, puede dilucidar quién miente.
21 Abril 2018 04:00:00
La unificación: Historia breve de un pueblo al que gobernó el nativo de un estado vecino del sureste
Al final de la colaboración anterior comentábamos acerca del nombramiento de Otto von Bismarck como ministro presidente de Prusia, quien solamente respondía a la autoridad del rey, Wilhelm I, y presidía el Landtag (el parlamento). Esta acción tendría repercusiones trascendentales en el futuro del pueblo germano para lograr su unificación como nación. Pero antes de adentrarnos en el análisis de ello, debemos de dar un repaso breve en torno a la figura de Bismarck.

Otto Eduard Leopold von Bismarck era un prusiano nacido en el seno de una familia cuyo padre pertenecía a la aristocracia terrateniente, mientras que su madre era descendiente de miembros de la academia y funcionarios gubernamentales. No obstante que fue ella quien lo indujo por los caminos de la formación profesional, Bismarck siempre sobrepuso el honor de pertenecer a la clase terrateniente sobre el talento intelectual indudable y la perspectiva cosmopolita que poseía, características estas últimas que sustentarían su accionar en la vida pública. A instancias maternas, en 1832, se inscribió para estudiar leyese historia en la Universidad de Göttingen ubicada en el reino de Hanover. Ahí, lejos de abocarse al estudio, prefirió dedicarse a “socializar”. Tras de un año ahí, se trasladó a la Universidad de Berlín en donde se tituló. Posteriormente, después de laborar por un tiempo en el servicio público y “descubrir” que no estaba llamado a ser un subordinado, nuevamente un asunto relacionado con su madre, el fallecimiento de ella en 1839, marcaría el derrotero que seguiría. El padre atravesaba por problemas financieros relacionados con sus propiedades, lo cual hizo que Bismarck, cual joven Cincinato, dejara la vida pública y fuera a realizar labores en el campo. Ahí permanecería hasta 1847 cuando en el reino de Prusia, por vez primera se instaló un parlamento y Bismarck fue electo como miembro de él.

Ahí, se distinguiría por ser un rabioso enemigo de los liberales, oponerse a la emancipación de los judíos y expresar su desacuerdo con las revoluciones de 1848. Esto lo convertiría en una de las voces más importantes de los conservadores. Estaba convencido firmemente de que lo mejor era tener un estado cristiano la cuya existencia provenía directamente de la aprobación divina. Este acercamiento de Bismarck a la concepción religiosa se da a partir de su matrimonio con Johanna von Puttkamer quien pertenecía a una familia aristocrática y muy religiosa. Estos conceptos sobre la divinidad y el ejercicio del poder derivado de ella, hicieron que el rey y sus asesores voltearan a verlo. Durante los años subsecuentes desempeñaría varios encargos políticos y diplomáticos. Fue representante de Prusia ante la Confederación Germana, y más tarde sería embajador en Rusia y en Francia. Durante el desempeño de dichos cargos, tuvo oportunidad de conocer de cerca a quienes serían sus adversarios en el futuro. En Rusia al príncipe Alexander Mikhailovich Gorchakov; en Francia a Napoleón III; y en una visita a Inglaterra, cuya forma de gobierno nunca aceptó como modelo a seguir por Prusia, se entrevistó con el primer ministro, Henry John Temple, Tercer Vizconde de Palmerston, Lord John Russel, dos veces primer ministro durante el gobierno de la Reina Victoria, y con Benjamin Disraeli quien sería primer ministro durante los 1870s. Con el bagaje descrito habría de enfrentar los años por venir bajo el principio de que: “La política es el arte de lo posible, la cual presenta una sucesión constante de alternativas. Muy raramente hay una solución única a un problema político especifico”. Basado en ello, en las negociaciones, siempre dejo abiertas alternativas para llegar a una solución.

No obstante, lo anterior, cuando empezó a ejercer el cargo, trato de lograr un compromiso con el Parlamento, pero estos rechazaron la oferta. Ante esto, la única opción factible fue que el estado realizara sus actividades sin la cooperación del Parlamento. Pero esta sería la primera de las muchas batallas que habría de enfrentar Bismarck en el proceso para llegar a crear la unificación alemana.

En 1863, cuando se suscitaría la revuelta polaca en contra del Gobierno de Rusia, los rebeldes recibieron el apoyo de Francia, Gran Bretaña y Austria. Esto proporcionó una oportunidad para que Prusia consolidara sus relaciones con Rusia a quien le proporcionó apoyo, instalando tropas para evitar que los insurrectos se refugiaran en territorio prusiano, al tiempo que autorizaba que el Ejército ruso entrara a su territorio para perseguir a los polacos. Asimismo, en 1863, se suscita la Guerra Danesa generada a partir de la disputa por la sucesión en el trono danés en donde la sucesión de los ducados de Schleswig y Holstein fue reclamada por Cristian IX y por un duque danés, Frederick von Augustenburg. Los prusianos apoyaban fuertemente al segundo dado que la mayoría de la población en esas dos entidades eran germanoparlantes. En ese contexto, Bismarck arguyó que esos territorios pertenecían al monarca danés conforme a lo establecido en el Protocolo de Londres firmado en 1852. Sin embargo, cuando Cristian IX se rehusó a ello, Bismarck ordenó al ejercito prusiano, con el apoyo de Austria, avanzar sobre los territorios en disputa. Dado que los daneses no aceptaron entrar en negociaciones, Prusia y Austria declaran la guerra a Dinamarca en febrero de 1864. Al no contar con ningún respaldo, los daneses son derrotados y mediante la Convención de Gastein, en 1865, se decide que Prusia administre Schleswig y Austria lo haga con Holstein. Sin embargo, tanta armonía no duraría mucho tiempo.

En 1866, los austriacos se inconformaron con el arreglo y buscaron que fuera la Confederación Alemana, de la cual tanto ellos como Prusia eran miembros, la que determinara el futuro de los términos en los cuales fue firmada la Convención arriba mencionada. Ante ello, Bismarck encuentra la excusa perfecta para consolidar el poder prusiano y excluirlos de un control futuro sobre territorio alemán. Dado que la perspectiva de Bismarck era convertir a Prusia en el gran dominador de Alemania, inicia una política de aislamiento de Austria ante los grandes poderes europeos. En abril de 1866, se arregla con el reino de Cerdeña para que esta pueda recuperar Venecia que estaba en posesión de Austria. El generar esta confrontación permitiría que los austriacos tuvieran que atender dos frentes de batalla a la vez. A la vez, Bismarck logra convencer a Rusia de que permaneciera neutral en el conflicto. Gran Bretaña opta por permanecer al margen del conflicto. Por su parte, Francia a la vez que acepta apoyar a Prusia para armar una alianza con Italia, Napoleón III acepta la neutralidad a cambio de recibir territorios en la región del Rhine. Sin embargo, al sobrino de su tío le salió lo “vivo” y secretamente acordó con Austria que esta le cedería Venecia en caso de una victoria eventual de los austriacos. Mas tarde, se vería que el sobrino era muy bueno para operar dentro de los confines de Paris. Sin embargo, en eso de la política internacional todo le salía mal y aquí no habría quien pagara el precio de sus torpezas como le resultaría en su aventura mexicana, pero esto lo veremos mas tarde. Mientras tanto, en junio de 1866, Bismarck usó como pretexto las acciones que Austria desarrollaba para reorganizar el gobierno de Holstein y, como lo indicamos líneas arriba, los acusó de violar la Convención de Gastein, ante ello envió tropas a dicho territorio. Y aquí empezaron a verse los resultados de haber realizado reformas al ejercito prusiano años antes. Esta milicia resultó muy superior a la austriaca, además de contar con un liderazgo mucho muy superior. En la llamada Guerra de las Siete Semanas, las fuerzas de Bismarck lograron incorporar a Prusia los poblados de Schleswig, Holstein, Hanover, Nassau y otros territorios. En igual forma, logró que los estados del centro y norte de Alemania se convirtieran en integrantes de la Confederación Germana del Norte bajo ciertos arreglos en la Constitución. Los estados de la región sur si bien permanecieron hasta cierto punto independientes, firmaron tratados con Prusia bajo los cuales sus ejércitos, al amparo del liderazgo prusiano, responderían en caso de un ataque foráneo. En el caso de los gobernantes de Hanover y Hesse-Cassel que mostraron resistencia a aceptar los términos impuestos por Prusia, fueron echados y despojados de sus territorios. Al amparo de la Paz de Praga, la Confederación Germana fue disuelta, Prusia se comprometió a no intervenir en asuntos de Alemania. Ante esto, la oposición interna a Bismarck empezó a desvanecerse.

Lo alcanzado hizo que los liberales se rindieran ante el sentimiento nacionalista prevaleciera tanto en Prusia como en las regiones norte y central de Alemania. Quienes antes eran opositores a Bismarck no tuvieron otra opción sino sumarse a la mayoría conservadora que ahora controlabas el Congreso y aprobar la Ley de Indemnización y aceptar los arreglos presupuestarios de Bismarck, que, si bien pudieran resultar cuestionables desde el punto de vista constitucional de los cuatro años anteriores, de no hacerlo hubieran enfrentado las consecuencias de oponerse a un líder victorioso cuyo poder iba en ascenso. Sin embargo, había una cuenta por saldar con aquel quien jugó a dos cartas durante la Guerra de las Siete Semanas.

En sus sueños de grandeza, Napoleón III buscó convertirse en el gran mediador entre Austria y Prusia. Al mismo tiempo, como si fuese desconocido su arreglo “secreto” con la primera, demandó a Bismarck que le cumpliera el ofrecimiento de las tierras de Rhineland y en Bélgica. La respuesta fue en negativa. Temeroso de una alianza posible entre Rusia y Francia, Bismarck buscó la forma en que Francia apareciera como demandante de territorios en Luxemburgo y Bélgica. Sabedor de que en el sur de Alemania (Bavaria, Württemberg, Baden y el sur de Hesse) se mantenía latente el descontento hacia él, Bismarck jugó la carta del sentimiento patriótico que anteponía las raíces germanas a la posibilidad de que Francia fuera a alzarse en contra de ellos y eso los obligaba a participar como aliados de Prusia liderando la Confederación Germana del Norte en contra del imperio francés.

En 1870, Napoleón III aun creía que influencia le alcanzaba para jugar en las ligas mayores, la realidad le mostraría cuál era su condición real. Sin embargo, antes de llegar ahí, mostraría su condición delirante. Cuando al príncipe alemán, Leopold de Hohenzollern-Sigmaringen le ofrecen el trono de España, Francia demanda que no acepte su candidatura. Afiebrado, Napoleón III exige al rey Wilhelm que, como jefe de la Casa de Hohenzollern, ningún miembro de esa dinastía aceptara nunca la corona española. Si bien los germanos aceptan olvidarse de aventuras hispanas, Napoleón III extraviado demandó que, el rey de Prusia, le enviara una carta pidiendo perdón por simplemente considerar esa posibilidad. Para ello, envió al embajador francés ante Prusia, Vincent, Count Benedetti para que exigiera al rey actuar en consecuencia. Esto se convirtió en la pieza que faltaba para armar el rompecabezas que pedazo a pedazo había venido construyendo Bismarck. Cuando recibió el llamado “Despacho Ems” mismo que le remitió el rey narrando su entrevista con el diplomático galo, el ministro presidente prusiano lo editó y dio a conocer a la opinión pública inflamando el fervor patriótico en ambos bandos.

Bismarck demostró cuÁn superior era su olfato político, del militar ni hablamos, al que poseía el sobrino de su tío. Estaba convencido de que ninguna nación apoyaría a Francia pues si esta salía victoriosa de una confrontación con Prusia, se volvería inmanejable. Aun cuando el pronóstico de Bismarck resultó acertado, Napoleón III, movido por la presión de sus paisanos quienes clamaban revancha por la burla, movilizó el ejercito el 19 de julio de 1870. Esto fue visto por los estados germanos como una agresión y decidieron aliarse con Prusia. Dada la superioridad militar prusiana, las huestes galas fueron derrotadas y más tarde Napoleón III sería tomado como prisionero dejándolo en calidad de elemento de repuesto por si Prusia requerida colocar un títere para gobernar Francia, como no lo necesitó lo envió como exiliado a Inglaterra en donde fallecería en 1873. Tras de un sitio de cuatro meses, el 28 de enero de 1871, París fue tomada por las fuerzas prusianas.

Para entonces, Bismarck había negociado con los representantes de los estados germanos del sur, suprimido la Confederación del Norte de Alemania y dado pie a la unificación de Alemania. El 18 de enero de 1871, en el Salón de los Espejos del Palacio de Versalles, Wilhelm I de Prusia era proclamado como emperador germánico. El imperio alemán era una federación de 25 estados en donde había reinos, ducados, (chicos y grandes), principados y ciudades libres. Si bien el emperador era igual entre sus pares, era el primero entre los iguales. Presidía el Bundesrat el cual se reunía para discutir la política presentada por el canciller, a quien el emperador nombró recayendo la designación en Bismarck a quien se le otorgaría el título de príncipe desde donde habría de liderar el Segundo Imperio Germánico entre 1871 y 1890. Sobre ello comentaremos en la colaboración siguiente.

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Añadido (1) De pena ajena, y esto no tiene nada que ver con asuntos de género, la actuación de las ciudadanas aspirantes a gobernar la Ciudad de México. Ellas, se dicen de izquierda y arguyen contar con el respaldo mayoritario. Sin embargo, nos surge una pregunta ¿Se deberá esto a lo que escribe el periodista Rafael Cardona acerca de que “El gobierno [¿de la izquierda?] soborna a los ciudadanos más pobres, más ignorantes, más semiurbanos (no importa si la leche “Bety” está contaminada con mierda. De todos modos, se la beben porque es regalada), a cambio de la tolerancia ante cualquier desmán.”?

Añadido (2) ¿Cómo cuantos votos más pensaran ganar los impulsores de la extinción del fuero? Desde nuestra perspectiva, cero.

Añadido (3) Toda una imagen poética, uno delante y otro atrás. Los dos peores ciudadanos que ha (des)gobernaron el Distrito Federal como ejemplo de que el filósofo tunero, Gonzalo N. Santos tenía razón, “la moral es un árbol que da moras”.

Añadido (4) Dicen que se reunían mas personas alrededor de uno de aquellos vivales que clamaban “¿Dónde está la bolita, donde esta la bolita…?” que en un mitin presidido por la ciudadana del rebozo.

Añadido (5) Mientras que, a un chofer habilitado de gran negociante, lo exhiben como un truhán, el beneficiado del negocio encabeza la cruzada contra la corrupción y se dice salvador de la patria.

Añadido (6) ¿Veremos mañana un debate de ideas o simplemente otra lucha entre cinco lanzándose lodo y porquerías? Si versara sobre ideas, los seres pensantes, como usted lector amable, saben perfectamente quien no es capaz de hilar dos oraciones.
14 Abril 2018 04:00:00
Breve historia de un pueblo al que gobernó el nativo de un estado vecino del sureste / A
Todos los pueblos sobre la tierra, independientemente de su condición, en algún punto de su historia acaban por ser víctimas de un iluminado quien les vende espejitos haciéndoles creer que él, con una varita mágica, habrá de resolverles todos sus problemas. Haciéndoles escuchar lo que quieren oír, les ofrece la vía fácil del regalo sin dejarles tiempo para pensar de donde saldrán los recursos para cumplir tales ofrecimientos. Nada se les comenta de que para repartir riqueza primero es necesario generarla. Sin embargo, inmersos en esa dinámica, los pueblos optan por colgarse de la retórica fácil y olvidan que cuando tuvieron momentos de grandeza fue producto de la participación conjunta de todos los habitantes quienes, cada uno cumpliendo con la parte que les correspondía, pudieron mejorar sus condiciones de vida. Olvidan su historia y creen que el mundo y la humanidad existe a partir de ellos. Así le sucedió a aquel pueblo, sobre cuya historia no somos especialistas, pero que no deja de atraernos por lo que significa en el contexto de la civilización occidental. Al respecto, comentaremos en este espacio y colaboraciones siguientes.

En el libro “The Dark Ages (1968),” Isaac Asimov inicia la narrativa mencionando que “alrededor del año 1000 A.C. un grupo de tribus integradas por hombres incivilizados -altos, de piel clara, y cazadores salvajes de venado- moraban al norte y el sur de la boca del Mar Báltico, en las tierras que hoy son conocidas como Dinamarca, el sur de Suecia y Dinamarca y el norte de Alemania. De donde provenían, nadie lo sabe.” El idioma que hablaban era totalmente distinto al que prevalecía entre las tribus del este y el sur. Habrían de trascurrir muchísimos años antes de que “los romanos encontraran a una tribu descendiente de aquellos salvajes (que aún lo eran)…” Como los romanos no entendían la lengua que aquellos seres primitivos hablaban, los nombraron como fonéticamente lo entendían llamándolos germanos.

Esas mismas tribus, los germanos, son calificados como bárbaros, lo cual debemos apuntarlo, se debe a que para los griegos y romanos quienes no hablaran su lengua caían dentro de esa categoría. Sin embargo, también es importante mencionar que tiempo después fueron ese grupo de germanos ayudaron a destruir “parte del imperio romano y su falta de aprecio por la cultura y la enseñanza dio pie para que la palabra bárbaro adquiriera el significado que hoy tiene de analfabeta e incivilizado.” Sin embargo, pese a que los romanos fueron capaces de dominar a otras tribus bárbaras localizadas en la región de España, las Galias y Bretaña, no pudieron conquistar a los germanos quienes liderados por un guerrero llamado Arminius (Hermann) los derrotaron hacia la frontera occidental del Río Rhein en donde iniciaron una vida dedicada a la agricultura.

Sin embargo, llama la atención lo citado por Asimov referente a lo que el historiador Cornelius Tacitus publicó, en el año 98, en un libro de 50 páginas. En ellas describe a los germanos como altos, vigorosos, fascinados con la cacería, fieros y crueles, pero honorables y hospitalarios. En igual forma, Tacitus advirtió que el vigor y la independencia de los germanos los convertiría en una amenaza para Roma cuya sociedad en ese momento se caracterizaban por su blandenguería y declive. Con el paso del tiempo, los germanos empezaron a agruparse en confederaciones y más tarde en uniones mayores. Para 233, ya estaban agrupados en una confederación de tribus ubicadas en el sur y el sureste de Alemania. A ellos, “los romanos los llamaban Alemanni, la cual se deriva de la palabra alemana, ‘todos los hombres.’” Y ello daría inicio a un periodo de confrontaciones en donde uno se alternaba en el dominio del otro, sin que ello evitara que hubiera periodos de paz en donde la comunicación y el intercambio de bienes se suscitaba. A la par, se suscitó otro fenómeno, los germanos emigraron al imperio romano. Dado que los ciudadanos romanos, acostumbrados a la vida fácil y de lujos, no querían ingresar a las filas de la milicia, a las autoridades no les quedó sino optar por buscar soldados mercenarios, los cuales los encontraron en los germanos. En este proceso, los germanos fueron adentrándose en la vida de la sociedad romana y empezaron a incorporarse a la religión romana la cual desde los tiempos del emperador Augusto había nacido, el cristianismo. Este tuvo su origen como una secta disidente del judaísmo, pero pronto fue aceptada por los no-judíos. Para el año 300, una cuarta parte de la población romana practicaban dicha religión. Sin embargo, entre 306 y 312, el emperador Constantino I convertiría al cristianismo en la religión oficial. Esta religión acabaría por borrar los signos paganos de los germanos, aún cuando no podría terminar con uno de ellos el árbol de Navidad que llega hasta nuestros días. Pero hay algo interesante que mencionar.

Allá por la década de los 330s, el cristianismo se presentaba en formas diversas, pero existían dos sectas que predominaban. Una de ellas era promovida por “un sacerdote llamado Arius (y por consiguiente llamada Arianismo), quien enfatizaba la importancia de Dios. Jesucristo era considerado un humano, una criatura subordinada a Dios. En otra perspectiva, Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo eran tres aspectos iguales de un solo Ser.” Esta última aversión fue la que prevaleció y los obispos la adoptaron como la doctrina de la iglesia universal, naciendo de ahí que quienes la profesaban fueran llamados católicos, un vocablo que se deriva de la palabra griega que significa universal. A lo largo de la cuarta centuria las dos versiones prevalecieron, pero la rivalidad prevaleció llegando en ocasiones a manifestarse de manera violenta. En ese contexto, al paso de los tiempos, la versión aria del cristianismo fue adentrándose entre los miembros de las tribus germánicas, mientras que la otra se impuso entre los romanos quienes se convirtieron en un pueblo totalmente católico. Una explicación que da Asimov para esta división es que “las tribus germánicas vivían bajo una forma primitiva de monarquía, en la cual el rey era más visible y no se encontraba en una posición marcadamente superior a la de sus guerreros, lo cual favorecía la perspectiva de que Jesucristo no estaba muy por arriba de su gente. Ellos miraban a Jesucristo como un líder de la tribu.” Esta perspectiva diferente habría de ser muy importante en el devenir de la historia del pueblo germánico.

Durante los años porvenir, entre 962 y 1806, desde la Edad Media hasta la Edad Contemporánea, prevaleció el Sacro Imperio Romano Germánico, el cual desapareció el 6 de agosto de 1806 cuando Francisco II renunció a la corona imperial para mantenerse únicamente como emperador austríaco, debido a las derrotas sufridas a manos de Napoleón I. En su lugar, la Confederación del Rihen fue constituida por dieciséis estados germánicos incluyendo Baviera y Wurtemberg. Posteriormente como resultado del Congreso de Viena, se creó, en 1815, la Confederación Germánica integrada por 39 estados alemanes bajo la dirección de la Casa de Austria que gobernaba en la vecindad del sureste. Uno de los problemas que enfrentaron los austriacos fue el nacionalismo alemán que iba en ascenso. Para mediados del siglo XIX, el deseo de una Alemania unificada era creciente. Muchos eran quienes deseaban una Alemania unificada. Sin embargo, durante las revoluciones de 1848, la Confederación Germánica fue incapaz de dar un apoyo efectivo a la causa nacionalista germánica. Posteriormente a 1850, los germanos nacionalistas enfocaron sus miras a determinar bajo que liderazgo habrían de conducirse, las opciones estaban entre Austria y Prusia.

En el caso de la primera, tenía la ventaja de poseer una larga tradición de supremacía, dominaba la confederación y como un país católico tenía una influencia importante sobre quienes profesaban esa religión en el sur de Alemania. Además, contaba con un ejército fuerte y poseía recursos naturales en abundancia que superaban por mucho a los que Prusia tenía. Por el lado negativo, Austria era un imperio multinacional, apenas si fue capaz de sobrevivir la crisis derivada de las revoluciones y la mayor parte de sus habitantes no eran germanos, a lo cual se agregaba el hecho de que su catolicismo los contraponía con los habitantes del norte quienes profesaban el protestantismo.

Por su parte Prusia contaba con una población exclusivamente germánica, tenía una tradición autocrática que era más aceptable para los liberales alemanes, sus pobladores profesaban el protestantismo y había experimentado un desarrollo económico importante a lo largo de la región del Rhien. Pero antes de continuar, demos un repaso breve a lo que fue la historia de Prusia entre los siglos XVII y XIX.

En la centuria XVII, Prusia tenía un gobierno centralizado apoyado en un ejército poderoso que fue capaz de someter a los miembros de la nobleza terrateniente, los denominados Junkers y hacerlos que canalizaran sus esfuerzos hacia el servicio del estado. A finales del siglo XVIII, Prusia, gracias a su ejército, amplio sus dominios territoriales, lo cual le permitió alcanzar el estatus de uno de los poderes mas importantes. Sus gobernantes, se distinguían por su liderazgo y contar con una burocracia que era calificada de honesta. Para el siglo XIX, tras de las Guerras Napoleónicas, se le otorga Prusia una gran parte de la ribera del Rhine. Esta zona, se convierte en el centro de la revolución industrial en Alemania. Su población se caracterizaba por apegarse a los principios liberales. Sin embargo, entre las diversas clases se dieron confrontaciones ya que los financieros, los industriales y los profesionales se quejaban de que el poder estaba monopolizado por la aristocracia terrateniente quienes conjuntaban fuerzas con los miembros de las clases medias. La demanda era que se estableciera un sistema parlamentario similar al inglés. Su gobernante, Friedrich Wilhelm IV, de la Casa de Hohenzollern, promulgó una constitución en 1848, pero gobernaba autocráticamente no obstante que imperaba una legislación representativa. A pesar de estas diferencias, Prusia progresaba, controlaba la mayor parte de las aduanas de Alemania, se implantaron medidas para terminar con la condición a que eran sometidos trabajadores agrícolas laborando bajo un esquema feudal. A principios de los 1850s, la prosperidad vino de la mano de la expansión económica e industrial. Se desarrolló un sistema de tarifas para proteger a las industrias nacientes, se realizaron actividades de mejoras para facilitar el tránsito en ríos y caminos. En todo este proceso de desarrollo económico tuvo un papel fundamental la cooperación amplia que se dio entre las universidades y las escuelas tecnológicas.

Finalmente, en noviembre de 1850, mediante el Tratado de Olmütz, Austria forzó a Prusia para que desistiera de su idea de unificar Alemania mediante una unión federal que estaría dominada por la segunda. Se restauró la Federación Germánica incluyendo a los dos primeros, bajo el dominio de Austria. No sería sino hasta 1858 cuando las cosas en Prusia empezarían a cambiar.

En ese año, Friedrich Wilhelm IV sufrió una crisis mental y fue sustituido por su hermano Wilhelm I quien entre 1858 y 1861 actuó como príncipe Regente y a partir del último año mencionado se convirtió en Rey de Prusia. Inmediatamente reemplazó a quienes habían venido actuando como miembros del gabinete durante el reinado de su hermano, sustituyéndolos por personales con ideas más liberales.

Aún cuando respetó la Constitución, no dejó de ejercer su autoridad ejecutiva.

Una de sus preocupaciones más importantes era contar con un ejército poderoso
por lo cual nombró a Albert Von Roon como ministro de guerra. El tiempo mostraría lo acertado de esa decisión, el ejército prusiano se convirtió en el más efectivo de Europa. Esto no fue exento de problemas. En 1862, el parlamento no quiso autorizarle un incremento en el presupuesto para cubrir los gastos del ejército. Ante los problemas, Wilhelm I planteó su abdicación, pero su hijo, el heredero al trono, lo convenció de que no lo hiciera. Posteriormente, atendiendo a las sugerencias de Von Roon, nombró a Otto von Bismarck como ministro presidente de Prusia quien solamente respondía a la autoridad del rey y presidía el Landtag (el parlamento). A partir de ese momento, empezaría a construirse la unificación de Alemania. Sobre eso, y quien era Bismarck, nos ocuparemos en la colaboración siguiente sobre la historia de una nación que con toda su grandeza, años después, sus habitantes cometerían un error garrafal, muy costoso para ellos y para la humanidad, al seleccionar como líder a un sujeto nativo de un estado vecino del sureste, pero aún no llegamos ahí en la narrativa.

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Añadido (1) La última vez que nuestras autoridades adoptaron una postura digna ante un insulto clerical fue en febrero de 2015 cuando el sencillito argentino nos estigmatizó. Se le envió una nota diplomática de protesta firmada por un católico practicante quien entonces se desempeñaba como canciller. Ante eso, el porteño sudamericano tuvo que recular y ofrecer una disculpa. Si así actuaran siempre, el respeto prevalecería en la relación.

Añadido (2) Hasta donde llegara la estulticia de algunos quienes no acaban de percatarse que nos quieren convertir en un estado teocrático. ¿Acaso ya se olvidaron de lo que nos sucedió durante tres siglos y medio en que vivimos bajo el yugo de la religión?

Añadido (3) Alega ser el mesías de trópico por lo cual puede hablarse de tu con el otro, quien se dice investido de poderes celestiales. Ninguno de los dos ofrece evidencias objetivas de su condición, pero igual sus seguidores les creen.

Añadido (4) ¿Cómo se atreve ese fulano, enemigo del estado laico, a proclamarse heredero del Estadista Benito Pablo Juárez García? ¿No se ha percatado de que la levita negra supera por muchísimas tallas el perchero, barriga incluida, que porta?

Añadido (5) La ciudadana del rebozo no iba a quedarse atrás y, actuando acorde a su pasado, también embistió al estado laico.
07 Abril 2018 04:00:00
Creyó que venía como emperador, para la curia era simplemente un ajustador de cuentas
Continuamos con el relato que partió hace tres semanas sobre la relación entre Giovanni María Mastai-Ferreti, el papa Pío IX, y Fernando Maximiliano de Habsburgo. En las dos colaboraciones anteriores, revisamos el contenido de una carta confidencial del primero hacia el segundo, así como el arribo, en medio de zalamerías, del nuncio papal a México. En esta ocasión, comentaremos sobre como Maximiliano y su cónyugue empezaron a despertar de su sueño imperial y percatarse de que los que se decían, lo siguen proclamando, investidos por el dedo divino solamente los requerían para que les devolvieran los bienes materiales, amasados con la sangre y el sudor de los habitantes de este país, que decían le pertenecían a la curia. Todo dio inicio cuando Maximiliano le presentó a monseñor Pedro Francisco Meglia un proyecto de Concordato, mediante el cual buscaba establecer una relación similar a la que tuvo la corona española y la iglesia católica durante los tiempos de la Colonia, mismo que diera resultados muy benéficos para ambos. Sin embargo, ahora, la curia ya no estaba dispuesta a compartir el pastel. Iniciemos por precisar el contenido del proyecto de solución.

Dado que el austriaco sentía que lo de su imperio era cosa seria pues quiso empezar a negociar de igual a igual con la curia y en su proyecto de concordato indicaba: “I) El Gobierno mexicano tolera todos los cultos que no estén prohibidos por la ley; pero protege el católico apostólico romano como religión de Estado”. Aun no leía con cuidado la carta confidencial y, por supuesto, aun no le llegaba la copia de la encíclica Quanta cura y el Syllabus publicados apenas nueve días antes, el 8 de diciembre de 1864.

Acto seguido, en el apartado segundo, indicaba que “el tesoro público proveerá a los gastos del culto católico y de l sostenimiento de sus ministros en la misma forma, proporción y preferencia con los que se cubra la lista civil del Estado”. ¿Acaso, esto implicaba que colocaba a la curia al mismo nivel que los servidores del estado?

En el tercer punto, se mencionaba que “los ministros del culto católico administraran los sacramentos y ejercerán su ministerio gratuitamente y sin que ellos tengan derecho a cobrar, ni los fieles obligación de pagar estipendio, emolumentos y cosa alguna, a titulo de derechos parroquiales, dispensas, diezmos primicias o cualquier otro”. El colmo, quería terminar con el negocio, eso era inaudito.

Pero ahí no paraba todo, en el cuarto inciso, se proponía que “la Iglesia cede y traspasa al Gobierno mexicano [léase a Maximiliano y sus compinches] todos los derechos con se considera, respecto de los bienes eclesiásticos que se declararon nacionales durante la República”. Esto era el acabose, pero faltaba más.

En el quinto punto, apareció lo insólito, “el emperador Maximiliano y sus sucesores en el trono ejercerán in perpetuam en la Iglesia mexicana los mismos derechos que los reyes de España ejercieron en la Iglesia de América”. Ah que chamaco tan inocente, ¿en verdad creía que lo apoyaron para venir a restaurar remedos de acuerdos viejos?

El apartado sexto rayaba en la candidez al mencionar que “el Santo Padre, de acuerdo con el emperador, determinará cuales, de las órdenes religiosas, extinguidas durante la República, deben ser restablecidas y en que forma y términos. Las comunidades de religiosos, que de hecho existen hoy, continuaran, pero con los noviciados cerrados, hasta que el Santo Padre, de acuerdo con el emperador, determine la forma y términos en que deban continuar”. Esto es un ejemplo de que Maximiliano no se percataba de su situación real. Lo enviaron a México en calidad de ajustador de cuentas para que arrebatara a punta de fusil y acto seguido entregara inmediatamente a la curia lo que esta argüía era de su pertenecía. ¿Desde cuando fulanos en esa condición podían creer que estaban a la altura del patrón?

En el séptimo punto, simplemente se anotaba “Fueros”. Pero en el octavo, volvía a la carga el soñador y establecía que “en los lugares que el emperador lo juzgue conveniente, enmendara el registro civil de nacimientos, matrimonios y fallecimientos, a los párrocos católicos, quienes deberán desempeñar este cargo como funcionarios del orden civil”. Ahora sí, ¿Qué brebaje le habían dado a este al arribar a Veracruz? O sería que el espíritu del estadista se quedó por algún sitio de palacio y acabó posesionándose de la psique del barbirrubio, aun cuando eso no permitía al austriaco alcanzar la estatura y el empaque del oaxaqueño quien portaba una levita de talla muy superior. Cerraba el noveno apartado indicando simplemente, “cementerios”. Cuando leyó todo esto monseñor Meglia casi queda al punto del infarto, eso no era lo que esperaba de un emperador de opereta a quien enviaron en calidad de ajustador de cuentas, aun cuando el barbirrubio consideraba que venía a instaurar un trono, los concordatos se celebraban con los reyes europeos a quienes estimaban que había llegado ahí por designio divino, vaya usted a saber cómo, pero esa era lo que argüían. Don Max era simplemente un desplazado a quien mandaron a la América para hacerle creer que gobernaría algo y dejara en paz a su hermano en Austria. En ese contexto, Meglia le preparó un regalito de Navidad.

El 25 de diciembre de 1864, Meglia dirigió una carta al ministro de justicia del imperio de opereta, Pedro Escudero. En ella, empezaba por relatar como se enteró del proyecto mencionado, a la vez que precisaba como desde el principio mencionó que no esta investido de poderes para negociar un Concordato. Meglia indicaba a Escudero que, como ya lo había dicho a él y a la “emperatriz,” su misión “tenía por objeto: Primeramente, ver revocar y abolir al mismo tiempo que las llamadas Leyes de Reforma, todas aquellas contrarias a los sagrados {¿Quién lo determinó así?] derechos de la Iglesia, aun en vigor aquí; activar la publicación de otras leyes encaminadas a reparar los daños que se han hecho y establecer el orden en la administración civil y eclesiástica”. En pocas palabras, como el ajustador de cuentas enviado no cumplía con la misión encomendada, pues le remitieron otro como coadjutor. Y para que no hubiera duda de ello, Meglia mencionaba que “…mis instrucciones eran las de reclamar la entera libertad de la Iglesia y los Obispos, en el ejercicio de sus derechos y en los del Santo Ministerio; el restablecimiento y la reforma de las ordenes religiosas cuyas bases le fueron comunicadas por el Padre Santo; la restitución de las iglesias y los conventos, así como sus bienes; pedir, en fin, que, como en el pasado, se reconociese a la Iglesia el derecho de adquirir, poseer y administrar su patrimonio”. Esto, en palabras llanas, se podría traducir como que el chico De Habsburgo ni esperara que le fueran a firmar convenio, contrato o concordato alguno. Para que no quedara duda, el arzobispo de Damasco, convertido en nuncio apostólico, procedió a puntualizar su opinión.

Empezó por mencionar que “analizando luego algunos puntos del proyecto, desaprobé el primero sobre la tolerancia de cultos, como contraria a la doctrina de la Iglesia y a los sentimientos de la Nación Mexicana, enteramente católica”.

Pero que sabía Pedro Francisco sobre los sentimientos de los habitantes de estas tierras, apenas tenía ocho días de haber llegado y ya era un experto en el tema.

Aun no terminaba, el nuncio de objetar la propuesta, “en cuanto al segundo punto, [decía Meglia], hice considerar que el Episcopado, el clero y la parta más sana [¿Qué habrá significado eso?] de la Nación, veían con horror la idea de una indemnización pagada por el Tesoro que preferían vivir mas bien de la caridad de los fieles y, finalmente, que la Iglesia, despojada [¿?] ya en parte, no podía ceder voluntariamente los pocos bienes que le quedaban y forman el más sagrado y legitimo patrimonio, destinado al culto divino y al subsistencia de sus Ministros y de los pobres”. Tenía razón el monseñor, eso de mezclar Iglesia y Estado no era nada bueno, además nadie le dijo previamente que aquí, Maximiliano propondría algo semejante.

Por lo anterior, Meglia reiteraba a Escudero haber declarado “…asimismo a S.(u) M.(ajestad) y a V.(uestra) E.(xcelencia), que tanto menos había podido darme instrucciones sobre los puntos expresados la Santa Sede, cuanto que no podía suponer que el Gobierno Imperial los propusiese y llevara a cabo por ese medio la obra empezada por Juárez”. Al punto del soponcio, Meglia indicaba que “he asegurado a S.(u) M.(ajestad) y a V.(uestra) E.(xcelencia) que jamás había oído hablar en Roma de semejante proyecto, ni por Su Santidad, ni por el secretario de Estado, ni por las otras personas de la Corte Pontificia y que estaba persuadido de que el ministro imperial, Sr. Aguilar, jamás hizo mención de él al Santo Padre, el cual habría ciertamente escrito una carta y dado otras instrucciones a su representante.” Posteriormente, después de indicar que enviaría las bases del proyecto a Pío IX y solicitar que, antes de recibir la respuesta, Maximiliano no debería de tomar ninguna medida contraria a la iglesia y sus leyes. Asimismo, Meglia mencionaba haber dado una explicación amplia al respecto a Carlota. Sobre como se desarrolló la entrevista entre la princesa belga y el nuncio apostólico, se conoce la versión de la primera en una carta, fechada el 27 de diciembre de 1864, que dirigió a su hermana, la emperatriz Eugenia.

Daba inicio quejándose de que en México las ordenes emitidas no pasaban del papel y avanzaban muy poco. Pero lo que más encabritaba a Carlota Amalia era la actitud del nuncio. “Jamás hubiera creído posible que frente a los intereses de la religión tan íntimamente ligados a los del Concordato, el nuncio pusiera la menor dificultad. Sin embargo, está como loco y el domingo he hecho reír al mariscal [Bazaine] diciéndole irreverentemente ‘que debemos echar al Nuncio por la ventana’. En efecto, es como un cerebro trastornado, con una ceguera y una obstinación increíbles que no pretende nada menos que el país que odia todo lo que es teocracia, desea que se devuelvan los bienes al clero…” [Carlota aun no se percataba en condición de que mandaron a su maridito a la aventura transoceánica]. Y seguía dando muestras de su desubicación al decir “como si a pleno sol no vinieran a decir que es de noche, pero, por desgracia y reconozco que para nosotros católicos de este siglo es una humillación., la Corte de Roma es así”. Si hubiera sabido cual era su futuro por esos rumbos hubiera tomado la actitud del nuncio como un preámbulo de lo que vendría. Pero seguía empecinada en creer que su conyugue jugaba en las grandes ligas y, como muestra, decía que “Napoleón I emitió sobre el particular apreciaciones de palpitante actualidad y, sin embargo, Pío VII [Barnaba Niccolò Maria Luigi Chiaramonti] fue un gran Papa que celebró el concordato de 1801.” De ahí procedió a contarle a su consanguínea cual fue la actitud de Maximiliano ante el nuncio.

Carlota menciona que, durante la primera entrevista entre los dos personajes, el barbirrubio de su marido se quedó con la impresión de que sobre tres o cuatro puntos no había divergencias y de los otros se informaría a Roma. Sin embargo, dos días después el nuncio, mediante un propio, le comunicó que no tenía indicaciones para aprobar aquellos, lo cual mencionamos en detalle líneas arriba. Conforme a la princesa belga, tras de eso, se reúne el Consejo de Ministros con Maximiliano y acuerdan, según le comunicó este último a Bazaine que, si el nuncio no da su brazo a torcer, “se publicara una carta ratificando las leyes de Juárez”. Después de eso, el austriaco decidió ya no recibir a Meglia. Carlota, sin embargo, mandó llamar a este último durante la víspera de la Navidad y pasó con él, en charla intensa, dos horas. Una reunión que nada tuvo de agradable porque según narra la promotora principal de la aventura, “nada me dio una idea mas justa del infierno que esa conversación, puesto que el infierno no es otra cosa que un callejón sin salida.” [Carlota estaba equivocada, muchísimos años, después uno de los sucesores de Pío IX, el ciudadano Bergoglio Sívori afirmó que el infierno no existe]. Tras de quejarse amargamente de la cerrazón del clérigo, expuso que Meglia “terminó diciéndome que era el clero el que había construido el Imperio. Un momento -le dije-, no fue el clero fue el emperador el día que llegó…” ¿Pero cual imperio? Eso era una puesta en escena con actores malos que ni siquiera sabían desempeñar sus roles. Carlota, sin embargo, aún se mantenía cuidadosa de que aquello escalara y relata que le presentó “…las cosas en todos los tonos posibles, serios, jocosos graves y casi proféticos; pues me parecía que una coyuntura podía traer complicaciones, quizás hasta una ruptura con el Santo Trono, para gran detrimento de la religión. Nada sirvió; [Meglia] sacudió mis argumentos como se sacude el polvo; no puso nada en su lugar y parecía recrearse en el limbo que creaba a su alrededor y en la negación universal de la luz.” Lo que sigue debe de haber pasado por la mente de Carlota tiempo después.

Frustrada, le planteó “…el ultimátum de la carta del Emperador y le dij[o]…

‘Monseñor, pase lo que pase, me tomaré la libertad de recordaros esta conversación; nosotros no seremos responsables de las consecuencias; hemos hecho todo por tratar de evitar lo que va a suceder, pero, si la Iglesia no quiere ayudarnos, nosotros la serviremos a pesar de ella.” Tras de esa charla, Maximiliano decidió convocar a sus ministros junto con el arzobispo de México para ver como encontraban una solución y convencían a Meglia de que aceptara el Concordato. De nada valieron las entrevistas que varios de ellos tuvieron con el nuncio, este no cambio su actitud. A partir de ahí, aquello se volvió un intercambio de culpas, el ministro de negocios extranjeros, José Fernando Ramírez le mando un memorándum extenso a Meglia en el cual recriminaba su actitud y como respuesta recibió otro comunicado en donde Meglia se defendía acusándolos de querer endilgar la crisis al papa sobre algo que Maximiliano le había ocultado y que de pronto sacó como conejo de chistera. El penúltimo día del año, Maximiliano decidió cargar directamente sobre los arzobispos de México y Michoacán y los obispos de Querétaro y Tulancingo, a quienes en síntesis les dijo que la iglesia, en México, se había mezclado mucho en política, olvidándose de su obligación principal que era la espiritual. Cerraba la perorata indicándoles que un “buen católico como yo lo soy, seré también un príncipe liberal y justo.” Caro le saldría dicho desafío. Más tarde cuando Napoleón III lo dejó al garete, Pío IX y sus acólitos lo abandonaron a su suerte. Maximiliano nunca entendió que lo habían enviado en calidad de ajustador de cuentas para que, bajo su guía, más por las malas que por las buenas, se agenciara, y les entregara, los bienes que decía la curia le fueron arrebatados. Lo del “imperio” fue un ropaje para encubrir el despojo, el barbirrubio creyó que venía como emperador, para la curia era simplemente un ajustador de cuentas. De todo esto, se desprende una lección que los hombres públicos en nuestro país aun en nuestros días no aprenden. Los dirigentes de las agrupaciones religiosas, en cualquiera de sus versiones, los va a “querer” mientras estén dispuestos a darles lo que les piden. El día que los cuestionen, ya no puedan entregarles lo que desean, o cuando caen en desgracia, si te veo, ni te conozco, saludarte o defenderte puede lastimar mi reputación impoluta. Ejemplos, ¿por dónde empezamos?

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Añadido: Al momento en que refriteros-merolicos-descubridores del agua tibia, de esos que todos los días anuncian algo que, según ellos, es novedoso, aparecen panegiristas quienes, en tropel, los glorifican como si hubieran descubierto la piedra filosofal. Sin embargo, cuando alguien presenta un estudio original con respaldo científico sólido que arroja resultados bien fundados, optan por ignorarlo. Sobre todo, si está demostrando y explicando que las causas de muchos de los males y conductas de un sector importante de la población tienen su origen desde edad temprana. Pero, como seremos pen…santes, se nos olvidaba que quien hace ese tipo de investigación no pertenece a cofradía alguna, ni mucho menos se apellida Smith o Jones.
31 Marzo 2018 04:00:00
La conclusión de la carta y la llegada del emisario quien venía por respuestas concretas
Como lo prometimos la semana anterior, procederemos a continuar con la misiva que Giovanni María Mastai-Ferretti le envió a Maximiliano de Habsburgo, la cual forma parte de esa recolección excelente efectuada por Jorge L. Tamayo bajo el titulo Benito Juárez: Documentos, Discursos y Correspondencia.” Sin embargo, antes de retomar el texto, debemos de precisar que, por todas sus “acciones maravillosas,” el 3 de septiembre de 2000, el ciudadano Karol Wojtyla, el papa Juan Pablo II, invistió como beato al ciudadano Mastai-Ferretti.

Aquí cabe apuntar que el nativo de Polonia, durante sus veintiséis años al frente de la corporación, santificó un total de 482 personas (un promedio de 18 anuales) y beatificó 1345 (51 al año en promedio), si habláramos en términos beisboleros diríamos que andaba candente con la majagua o bien que traía el brazo encendido.

Antes de continuar, hemos de mencionar que este escribidor mencionó por ahí que el ciudadano Mastai-Ferretti jugaba en el bando de los santos, pero al hacerlo recibió un llamado de atención amable indicándole que no era así, pues el aludido continuaba en grado de beato. Como la beatificación de don Giovanni generó reacciones adversas, pues el ciudadano Wojtyla ya no intentó darle el ascenso hacia la santificación.

Tras de aceptar la reconvención, dado que poseemos una gran ignorancia en asuntos religiosos, solicitamos a quien nos corrigió y, que, si les sabe a estas cosas, que nos explicara la diferencia entre un beato y un santo y esto fue lo que nos dijo. Una persona es elevada a la santidad cuando “la iglesia está cierta de que tiene un privilegio divino y esta en contacto directo con Dios, además de que tiene dos milagros realizados comprobados.

En una beatificación, lo que se reconoce es que alguien ha entrado en el cielo, ha realizado un milagro, que le cuenta para una potencial canonización, y puede interceder por aquellos que rezan en su nombre. Al nombrar a alguien beato, la Iglesia reconoce que ha llevado una vida virtuosa y santa.” ¿Habrá alguien que pueda sostener que el investido bajo el nombre de Pío IX cumplía con alguna de estas características y por ello, se le abrieron las puertas celestiales? Pero dejemos digresiones religiosas y retornemos al texto de la correspondencia confidencial entre Giovanni María y Fernando Maximiliano.

El primero le recordaba al segundo que “V.(uestra) M. (ajestad) sabe muy bien que, “para remediar eficazmente los males causados por la revolución y para devolver lo más pronto posible los días felices a la Iglesia, es menester, antes que todo, que la religión católica, con exclusión de todo otro culto disidente, continúe siendo la gloria y el apoyo de la Nación mexicana; que los Obispos tengan entera libertad en el ejercicio de su ministerio pastoral ; que se restablezcan y reorganicen las ordenes religiosas con arreglo a las instrucciones y poderes que hemos dado; que el patrimonio de la iglesia y los derechos que le son anexos estén defendidos y protegidos [¿pues no que sus asuntos eran puramente espirituales y que los bienes materiales no les importaban?]; que nadie obtenga autorización para enseñar ni publicar máximas falsas no subversivas…” Un par de meses más tarde, el 8 de diciembre de 1864, Pío IX publicaría la encíclica Quanta cura y el Índice de los principales errores de nuestro siglo conocido como el Syllabus, en donde invocaba su lucha por preservar “la pureza de la doctrina, de proscribir y condenar [como lo había hecho] desde los primeros días de su Pontificado, los principales errores y las falsas doctrinas que corren particularmente en nuestros miserables tiempos”.

Bueno, así lo enunciaba. Pero nada de eso podría lograrse si no iba acompañado de una mano pía que guiara a las ovejas que, por distraídas, podrían descarriarse. Para evitar esto, demandaba al principito austriaco “que la enseñanza, tanto publica como privada, sea dirigida y vigilada por la autoridad eclesiástica y que, en fin, se rompan las cadenas que han tenido hasta ahora a la Iglesia bajo la dependencia y el despotismo del Gobierno civil…”

Otra vez, la memoria corta de don Giovanni, habría que recordar que durante los tres siglos de maridaje corona española-iglesia y después de proclamada la independencia, la religión que aparecía como única era la católica y que al cuidado de sus miembros estaba la enseñanza, los resultados de esa combinación fueron desastrosos, 98 por ciento de la población mexicana era analfabeta, ¿En verdad eso podría generar la libertad de nadie? Volvamos al texto.

Pío IX estaba cierto de que su chamaco no le fallaría, por ello escribía: “Si el edificio religioso se establece sobre tales bases, cono no lo podemos dudar, V.(uestra) M. (ajestad) satisfará a una de las mayores, de las más vivas aspiraciones del pueblo de México, tan religioso; calmara nuestra ansiedad [sobre todo esto] y las de ese ilustre episcopado; abrirá el camino para la educación de un clero instruido y celoso y también el de la reforma moral de los súbditos de V.(uestra) M.(ajestad)… [seguramente se refería a la partida de apátridas y eclesiásticos que seguían al barbirrubio, porque el resto de la población no requería de reformas morales, sino de las que le permitieran mejorar sus condiciones de vida. De pronto, nos pareció que hay en estos tiempos uno que anda proponiendo lo mismo en asuntos de moralidad].

Pero continuemos con el escrito del futuro beato quien mencionaba que sí Maximiliano lograba todo lo que se le indicaba daría “además un ejemplo brillante a los Gobiernos de las Repúblicas americanas, en donde vicisitudes bien sensibles han hecho padecer a la Iglesia; en fin, trabajará eficazmente, sin duda alguna, para la consolidación de su trono, la gloria y la prosperidad de su Imperial Familia.” [Esto era lo más importante, después de, por supuesto, cumplir con las promesas que le hizo al papa.] Pero, como ya lo mencionamos en la colaboración anterior, el emperador habilitado no daba muestras de moverse en el sentido de cumplir con lo prometido y había que enviarle un propio para que de manera directa le recordara los compromisos contraídos.

Dado lo anterior, el ciudadano Mastai-Ferretti indicaba que “por esto es por lo que recomendamos a V.(uestra) M.(ajestad) el Nuncio Apostólico [Pedro Francisco Meglia], el cual tendrá la honra de presentar a V.(uestra) M.(ajestad) esta nuestra carta confidencial. Dígnese V.(uestra) M.(ajestad) honrarle con su confianza y su benevolencia para hacerle más fácil el cumplimiento de la misión que le está confiada…” [Ya se enteraría Maximiliano que le iban a demandar se apurara a cumplir lo pactado, pero eso lo revisaremos a detalle en la colaboración siguiente].

Prosigamos con el texto de la carta confidencial, en donde también se solicitaba al austriaco que tuviera “…también la bondad V.(uestra) M.(ajestad) de acordar igual confianza a los muy dignos [¡!] Obispos de México, a fin de que, animados como están del espíritu de Dios y deseosos de la salvación de las almas puedan emprender con alegría y valor la obra difícil de restauración [de sus prebendas y canonjías] en lo que les corresponde y contribuir por ese medio al restablecimiento del orden social.” Lo que sigue venía envuelto entre sahumerios, pero al final no era sino una oda al sometimiento ante el blanco, rubio y barbado, faltaba más.

En el penúltimo párrafo de la epístola, se leía: “Mientras tanto, no cesaremos de dirigir todas nuestras humildes oraciones al Padre de las luces y al Dios de todo consuelo, a fin de que, una vez vencidos los obstáculos, y desbaratados los consejos de los enemigos de todo orden social y religioso, calmadas las pasiones políticas [léase sometidas al arbitrio de la curia] y devuelta su libertad plena a la Esposa de Jesucristo, pueda saludar la Nación mexicana en V.(uestra) M.(ajestad) a su padre, su regenerador , su más bella e imperecedera gloria.” Ahora resultaba que la nación mexicana había nacido por generación espontanea y sus habitantes estaban en espera de la llegada de un advenedizo, a quien solamente adoraban los descastados, para entronizarlo como el padre que, según Pío IX, carecían los aborígenes porque al fin de cuentas no debemos de olvidar que así eran considerados desde los días de la Colonia.

Acto seguido, en la conclusión, volvían a remarcarle a Maximiliano cual era su compromiso al indicarle que “con la confianza que tenemos de ver plenamente cumplidos los deseos más ardientes de nuestro corazón, [que nos cumpla y haga que se nos regresen todos los bienes que acumulamos a lo largo de tres y medio siglos] damos a V.(uestra) M.(ajestad) y a su Augusta esposa la bendición apostólica.” Ni siquiera se imaginaba la princesa de Bélgica, Marie Charlotte Amélie Augustine Victoire Clémentine Léopoldine de Saxe-Coburg-Gotha que esas alabanzas terminarían, poco tiempo después, convertidas, por el mismo emisor, en desdén y desprecio. Sin embargo, para llegar ahí faltaban otros episodios, iniciando con el arribo del nuncio papal, el arzobispo de Damasco, monseñor Pedro Francisco Meglia.

Este ciudadano arribó a México en diciembre de 1864 y para su recepción oficial ante Maximiliano se cumplió con todo el boato del caso. Se le enviaron tres carruajes hasta el sitio donde moraba en la calle del puente de San Francisco (lo que hoy es la porción de la Avenida Juárez que se ubica enfrente del Palacio de Bellas Artes).

Mientras el estadista cargaba la nación por los caminos polvosos del norte trepado en un carruaje de color oscuro carente de cualquier comunidad, cuentas las crónicas que los invasores, que no eran ningún grupo musical, quienes se decían enviados celestiales, sin intereses materiales, paseaban en un “coche de honor, tirado por seis caballos en donde iban, aparte de Meglia, el chambelán de servicio y el secretario del gran maestro de ceremonias…”

De ahí, partieron a palacio en donde lo esperaba en la puerta una valla integrada por un batallón de zuavos. Apenas, habían terminado las manecillas su unión en la parte superior a la mitad del reloj, cuando arribaron a la sede del ‘imperio.” En los altos del recinto estaba otra valla formada por la Guardia Palatina al mando de Charles Conde de Bombelles. El nuncio fue recibido por el Gran Mariscal de la Corte que no era otro sino Juan Nepomuceno Almonte quien, de su padre no heredó ninguna característica referente al honor y patriotismo, lo llevó hasta donde estaba Maximiliano y su corte de opereta. Y empezaron las zalamerías a repartirse como si fueran anuncios de ofertas.

Empezó Meglia quien indicó lo mucho que Pío IX apreciaba al austriaco, bueno eso era un afecto que tenia fecha de caducidad a menos de que le cumpliera, y para que no quede duda de esto que afirmamos, veamos las palabras textuales del nuncio: “El soberano pontífice, que ya conoce vuestra adhesión a la Iglesia y vuestras benévolas intenciones, cifra en Vos demasiada confianza para dudar que nuestra santa religión, que es la fuente mas fecunda de la prosperidad de las Naciones [seguramente a la nuestra no la consideraban como tal, pues en tres centurias y la mitad de otra, de nada le valió tener al catolicismo como religión única, la ignorancia, la miseria y la pobreza eran la divisa que portaba la mayoría abrumadora de la población], así como el apoyo más solido de los Gobiernos y los tronos, sea el objeto mas constante de la protección de V.(uestra) M.(ajestad) I.(lustrisima).”

Pero aún no terminaba, era necesario reafirmar que “no cesaré de emplear todo mi celo y de consagrar mis cuidados todos a la conservación de las relaciones amistosas que deben unir para siempre a la Santa Sede y al Imperio Mexicano. Permitidme esperar, señor, que podré lograrlo, si me es dado conciliarme la alta benevolencia de V.(uestra) M.(ajestad) I.(lustrisima).” Tras de esto vendría la respuesta de Maximiliano.

El miembro de la casa de Habsburgo iniciaría mencionando que la llegada de Meglia era un verdadero consuelo, la cual además significaba el cumplimiento de la promesa que le habían hecho en Roma, además de que su gobierno y toda la nación aguardaban con ansiedad dicho arribo. Pero eso era solamente el aperitivo, faltaba el platillo fuerte y procedió a servirlo al decir: “El Santo padre, con su bondad proverbial e inalterable, nos da en esto una prueba evidente que aceptamos con gratitud, de que la Santa Iglesia quiere el arreglo definitivo y tan necesario, de los difíciles negocios pendientes entre nuestro Gobierno y la Santa Sede Apostólica.” Aún no le quedaba claro al visitante que el único arreglo que le interesaba a Pío IX era el retorno de sus bienes y sus fueros, lo demás era simplemente accesorio y una mascarada.

Pero el archiduque seguramente sintió levitar y procedió a cerrar la perorata indicando que “el Gobierno mexicano, católico, leal y basado sobre la verdadera libertad, no faltara a sus deberes y, con estos sentimientos, recibe al digno representante del Vicario de Cristo, en la plena confianza de que su venida es el primer paso hacia un mutuo y durable arreglo que Dios bendecirá.”

Cuanta ligereza entre estos “creyentes” para andar usando el nombre del Gran Arquitecto como garante de sus fechorías. Pero tanta “melcocha” no duraría mucho. Maximiliano pensaba que en Roma consideraban como un proyecto serio su asunto en México y por ello estaba a la altura de otras casas reinantes en Europa, la de su familia incluida.

Por su parte, Pío IX solamente veía este asunto como un negocio en donde había que recuperar los medios para que siguiera redituando beneficios, pero el principito y su imperio, en realidad le importaban un carajo.

La prueba de que eso era la realidad, en la próxima colaboración revisaremos el proyecto de concordato que presentó Maximiliano y la reacción de Meglia al mismo. Era el momento de poner en claro las cosas y colocar los puntos sobre las íes, fuera las caretas melosas y complacientes. Sobre esto último comentaremos en la colaboración próxima.

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Añadido (1) De nueva cuenta, Castañeda el pequeño volvió a mostrar que por sus venas corre sangre azul, lo otro es simplemente para engañar incautos quienes son aficionados a comprar baratijas.

Añadido (2) Ahora que los tres, ni siquiera el género hizo diferencia, nos salieron graduados con honores en trastupijes, ¿Qué nos van a decir aquellos quienes clamaban que todos nuestros males serian resueltos con candidatos independientes porque estos, al no pertenecer a ningún partido, eran puros, castos, santos y diáfanos?
24 Marzo 2018 04:00:00
Debajo de aquellos ropajes, se encontraban un par de alacranes
Antes de que usted, lector amable, vaya a pensar que vamos a querer presentarnos ahora como expertos en aracnología, le aclaramos que los arácnidos a los que nos referiremos en esta colaboración no poseen ocho patas, sino que tenían un par de piernas sobre las cuales sustentaban sus ambiciones. A uno, le alcanzó para cruzar el Atlántico y llegar hasta nuestro país. El otro, las utilizó para irse a esconder atrás de las murallas del Vaticano y desde ahí buscar como seguir aprovechándose de la ignorancia y/o el fanatismo de quienes poco les importaba sumergir a México en el caos y la ruina. Los personajes a los que nos referimos son Fernando Maximiliano José María de Habsburgo-Lorena y Giovanni Maria Mastai-Ferretti, el Papa Pío IX. Esta parejita, inicialmente, estuvieron de acuerdo en que este país de salvajes requería de la conducción europea para ser civilizados. En ese contexto, nos fuimos a revisar la recopilación extraordinaria que realizara Jorge L. Tamayo en “Benito Juárez: Documentos, discursos y correspondencia”. Ahí, encontramos la carta confidencial que, el 18 de octubre de1864, Mastai-Ferretti enviara a Maximiliano. Habían tracurrido cinco meses desde que el barbirrubio austriaco llegó a México y aun la curia no terminaba por ver que su criaturita, porque ellos lo engendraron para que se convirtiera en emperador de opereta, les habría de cumplir con lo que les prometió bajo juramento de católico devoto. Procedamos a revisarla.

Para quienes no terminan de convencerse del daño que ha causado a nuestro país a lo largo de la historia la curia católica, partamos de las palabras con que iniciaba la misiva en cuestión. Pío IX escribía que “cuando en el mes de abril último, antes de tomar las riendas del Gobierno del nuevo Imperio mexicano, quiso V.(uestra) M.(ajestad) [refiriéndose a Maximiliano] venir a esta capital para venerar la tumba de los Santos Apóstoles y recibir la bendición apostólica, le hicimos presente el dolor profundo de que estaba llena nuestra alma en vista de lamentable estado a que las revueltas habían reducido todo lo concerniente a la religión en la Nación mexicana”. Por supuesto que el ciudadano Mastai-Ferreti olvidaba que nuestro país había vivido sumido en el atraso y la ignorancia, 98 por ciento de la población era analfabeta, porque a la curia no le interesaba que los habitantes de esta nación aprendiesen nada más que rezos y canticos religiosos, lo otro podría llevarlos a cuestionar lo que por siglos fue dado como verdad eterna. Por eso, buscaban destruir la obra que comenzaban a construir quienes integran la generación más grande de toda nuestra historia, la de LOS HOMBRES DE LA REFORMA. En ese entorno, retornemos a la epístola.

En ella, quien se oponía a todo tipo de progreso, le indicaba al barbirrubio emperador que “antes de esa época y más de una vez, nos habíamos quejado en actos públicos y solemnes, protestando contra la inicua ley llamada de Reforma, que destruía los derechos más inviolables de la Iglesia, ultrajaba la autoridad de sus pastores; contra la usurpación de los bienes eclesiásticos y la dilapidación del patrimonio sagrado; contra la injusta supresión de las ordenes religiosas; contra las máximas falsas que lastimaban directamente a la santidad de la religión católica; en fin, contra otros muchos atentados , cometidos no solamente en perjuicio de personas sagradas, sino también del ministerio pastoral y de la disciplina de la Iglesia”. Como puede observarse este es un párrafo en donde el lobo busca ensabanarse con la piel de la oveja. Las Leyes de Reforma, partían del principio sano de establecer la separación entre el estado y la Iglesia, al tiempo que daba fin a la instauración de una religión de estado. Obviamente eso implicaba quitarle el monopolio de los bautismos e inhumaciones a la curia, además de hacer que su fortuna, amasada con la sangre y el sudor de los mexicanos, pasara a ser propiedad de la nación para que con esos recursos fuera factible dar inicio a la construcción de la patria nueva. Pero, eso obviamente no lo iban a permitir quienes se decían investidos por el dedo divino, quien sabe cómo, de privilegios que les reportaban ganancias más que significativas. En contra de las Leyes de Reforma se pronunció el arzobispo de México, José Lázaro de la Garza y Ballesteros, un neolonés que genera la vergüenza de todo aquel miembro de su familia que sea un bien nacido. A el lo acompañaría más tarde, Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, el obispo de Puebla, otro sujeto que en defensa de los dineros fue a buscar un principito europeo que viniera a gobernarnos. Para que no quede duda de que el invasor venía bien forrado de bendiciones, volvamos a la carta.

En ella, se apuntaba: “Por eso ha debido comprender fácilmente V.(uestra) M.(ajestad) cuan felices éramos al ver apuntar la aurora de los días pacíficos y afortunados para la iglesia de México, gracias al establecimiento del nuevo Imperio…” Lo que sigue seguramente, ante tanta ternura, podría hacer que alguno tuviera que correr a dotarse de una buena cantidad de pañuelos faciales. Así que, bajo la advertencia, procedemos a reproducir esas líneas. “Esta alegría creció cuando vimos el llamado a aquella corona [la cual no existía sino en la mente de los apátridas] a un Príncipe de la familia católica y que había dado tantas pruebas de piedad religiosa…[y las que daría en el suelo mexicano en donde dejarían un testimonio plasmado en rojo indeleble]. “También fue grande la alegría de los dignos obispos mexicano, que al salir de la capital de la cristiandad, en donde han dejado tantos ejemplos de abnegación o filial afecto hacia nuestra persona, tuvieron la dicha de ser los primeros en ofrecer su sincero homenaje al soberano elegido por su Patria [vaya una falacia, ningún mexicano bien nacido andaba en busca de príncipe alguno que lo viniera a gobernar] y de oír de sus labios las maás lisonjeras seguridades de la enérgica resolución que tenia de reparar los daños hechos a la Iglesia y de reorganizar los elementos desorganizados de la administración civil y religiosa”. Como siempre, considerándonos una partida de salvajes que requerimos de fuereños que nos vengan a meter en orden. Pero, sobre todo, que restableciera los privilegios de la curia para poder continuar ejerciendo su monopolio de fomento a la ignorancia. Pero como don Giovanni estaba en modo de “wishful thinking” pues procedía a seguir con sus historias fantásticas, afirmando que: “Y también la Nación mexicana saludó con indecible alegría el advenimiento de V.(uestra) M.(ajestad) al trono, llamado por el unánime deseo de un pueblo que hasta entonces se le había forzado a gemir bajo el yugo de un Gobierno anárquico y a llorar sobre las ruinas y los desastres de la religión católica, que fue siempre su primera gloria y la base de su prosperidad”. Solamente un ignorante del mas elemental conocimiento de la historia de México puede coincidir con la óptica de este ciudadano italiano. La abrumadora mayoría de los habitantes de México, Primero, bajo el nombre de Nueva España, vivieron tres siglos sumidos en la miseria, la ignorancia y la superchería. Posteriormente, tras de la independencia, las asonadas procedían una tras otra al amparo de una religión única, la católica, cuyos miembros lo mismo apoyaron imperios de opereta que altezas serenísimas o bien a cambio de unos dólares coadyuvaban a que se llevaran la mitad del territorio. Así, que, efectivamente la anarquía prevalecía, pero era gracias a sus acciones piadosas y no fue hasta que aparecieron los HOMBRES DE LA REF