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31 Julio 2019 04:00:00
¿Y qué les toca a los gobiernos locales?
José González Morfín.- Los condenables hechos de violencia que hemos padecido en las últimas semanas en la Ciudad de México y en otras partes del país, han venido a incrementar la percepción ciudadana de que en materia de seguridad las cosas van de mal en peor, y que las decisiones que han tomado al respecto los distintos gobiernos en los últimos años, no han dado los resultados esperados. La violencia y la inseguridad han alcanzado niveles tan peligrosos que se han convertido en una amenaza para la viabilidad de nuestra nación. El enojo y el desencanto de la sociedad van en aumento.

Recientemente, como es de todos sabido, el Gobierno federal que encabeza el presidente López Obrador impulsó la creación de la Guardia Nacional para que lleve a cabo las tareas que en materia de seguridad venían realizando en los últimos años nuestras Fuerzas Armadas. La respuesta gubernamental tiene atisbos de buena intención, aunque a veces pareciera que el Gobierno se preocupa más por las percepciones y la comunicación, que por dar solución de fondo al problema de la inseguridad.

Sin embargo, no podemos dejar de lado que las tareas que hoy se le encomiendan a la Guardia Nacional, en condiciones de normalidad les correspondería hacerlas a las autoridades y a los cuerpos policiacos locales. La crisis de inseguridad y violencia que hoy padecemos, es consecuencia de muchos años de abandono y negligencia de gobiernos locales.

Es loable el esfuerzo del Gobierno federal para combatir a las bandas delincuenciales, pero estoy convencido de que pocos resultados se podrán esperar de la actuación de la Guardia Nacional si no hay en paralelo también un esfuerzo de los gobiernos locales, incluido el de la Ciudad de México, para que, en un tiempo perentorio, cuenten con policías civiles debidamente capacitadas y certificadas, que vengan a hacer las funciones que hoy se le están encomendando a la Guardia Nacional y que antes se le encomendaron al Ejército y a la Armada de México. Es muy importante que la decisión del Gobierno federal no provoque el que las autoridades locales busquen en el apoyo federal, una forma cómoda de eludir su responsabilidad.

A muy escasas semanas de su creación, la Guardia Nacional ya tiene presencia en algunas de las alcaldías de la CDMX (el día de ayer martes ya se le vio también en el Metro) en las que se tienen los niveles más elevados de violencia e inseguridad. Lo mismo sucede en otras regiones del país con gran presencia de organizaciones criminales y que no cuentan con cuerpos policiacos locales. Pero, por más esfuerzos que se hagan en el ámbito federal, por más que se aumente el número de integrantes de la Guardia Nacional, si no existen corporaciones locales competentes, lo mismo en la CDMX que en el resto de los estados, va a ser materialmente imposible para el Gobierno federal, contener la ola de violencia y dar seguridad a toda la población en cada uno de los municipios del país.

Hay otro tema también muy relevante en el que se ha fallado: blindar a todas nuestras instituciones democráticas contra el poder corruptor del crimen organizado. Hubo en este tema desde hace mucho tiempo señales de alarma que fueron desatendidas por la clase política. Gobernadores, alcaldes, legisladores, claudicaron por temor o, lo que es aún más grave, por contubernio, ante el poder del crimen organizado. Ahora, justamente cuando apenas inicia sus funciones la Guardia Nacional, se deben de tomar medidas contundentes para blindarla, no podemos permitir que lo que costó tanto esfuerzo construir, termine siendo capturada por los tentáculos del crimen organizado.

El tema de la inseguridad es, hoy por hoy, el más sensible para una gran parte de la población. Lo complejo del tema, hace obligatorio la colaboración de todos para juntos acabar con el flagelo de la violencia y poder construir un país seguro en el que podamos vivir en paz.

Abogado

@jglezmorfin
30 Julio 2019 04:05:00
La ‘Ley Garrote’ y su contexto
José Ramón Cossio Díaz.- La Comisión de Seguridad Pública, Procuración de Justicia y Protección Civil del Congreso de Tabasco, dictaminó favorablemente dos iniciativas de reformas al Código Penal del Estado. Por una parte, la del coordinador de la fracción del PRI, para incorporar el delito de extorsión. Planteó imponer prisión y multa a quien “para procurarse a sí mismo o a un tercero un lucro indebido o un beneficio, obligue por cualquier medio a una persona a dar, hacer, tolerar o dejar de hacer algo en perjuicio de su propio patrimonio o el de otra persona”. También, que sea posible aumentar las sanciones cuando las conductas se realicen por cierto tipo de sujetos (miembros de asociaciones delictuosas, servidores o exservidores públicos o integrantes o exintegrantes de alguna corporación policial). Esta parte del dictamen acoge lo que está cobrando presencia en todo el país. Nada tiene de particular.

Lo que en el dictamen sí es preocupante, es lo relacionado con la iniciativa del Gobernador para regular la protesta social. Las razones expresadas para ello son asegurar la inversión privada en el Estado para abatir la pobreza, la marginación y la desocupación; evitar la repetición de las conductas ilícitas que en los años setenta se dieron por el boom petrolero; otorgar bienes y servicios oportunamente y favorecer la presencia turística de la entidad nacional e internacionalmente.

Con base en lo anterior, se propuso modificar el Código Penal para sancionar con prisión y multa a quien sin contar con atribuciones, impida o trate de impedir por cualquier medio la ejecución de trabajos u obras privadas, u obstruya el acceso de personal o maquinaria; impida o trate de impedir la ejecución de trabajos u obras públicas, o el acceso de personal o maquinaria al lugar destinado para la ejecución de trabajos u obras ordenados o autorizados por autoridad competente; interrumpa o dificulte el servicio público local de comunicación destruyendo o dañando medios de transporte público de pasajeros o de carga; interrumpa o dificulte una vía local de comunicación mediante su obstaculización, o impida de manera total o parcial el libre tránsito de personas. Se prevé que las penas pueden incrementarse si el responsable se hace acompañar de menores de edad, emplea violencia, pide o exige dádivas o la obtención de un empleo, o las acciones se cometen por dos o más personas.

La propuesta a discusión al momento de escribir esta colaboración, presenta dos grandes problemas. El primero y más obvio, el de su constitucionalidad. Se penalizan conductas que pueden ser expresión legítima de derechos, se pierde de vista el carácter de última ratio del derecho penal y en distintos supuestos no se satisface el principio de razonabilidad y proporcionalidad. Frente a estas potenciales violaciones, es probable que la Comisión Nacional de Derechos

Humanos presente la correspondiente acción de inconstitucionalidad y la Suprema Corte anule varias porciones normativas, afectando sustancialmente su aplicación.

El segundo y más grave problema de la propuesta es la reiteración de la consigna gubernamental frente al derecho. Esa que, por señalar los dos casos más recientes, se ha expresado como “sabotaje legal” por el Presidente o como “cártel de los ampareros” por el secretario de Turismo. En estos y otros casos subyace una racionalidad idénticamente equivocada: los derechos y sus instrumentos de protección pueden juzgarse en razón de su conformidad o distanciamiento de los propósitos del Gobierno. Si los acompañan, son moralmente buenos; si los confrontan u obstaculizan, son indebidos. La narrativa gubernamental no puede imponerse. Permitir que el Presidente y su gente determinen la moralidad del derecho, es tanto como dejar que determinen nuestras condiciones de vida a partir de sus muy particulares designios. Actuar conforme a la Constitución y las leyes es la base mínima de convivencia que todos, “aliados” o “adversarios”, merecen y deben exigir.
28 Julio 2019 04:04:00
Gobierno y futbol español
Gerardo Blanco.- Escribo estás líneas la madrugada del 27 de julio, mientras los madrileños tiene los ojos clavados en las pantallas de los bares y restaurantes para presenciar el inédito “derbi” entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid, que está por disputarse a casi 6 mil kilómetros de distancia, justo en el estadio MetLife, en Nueva York.

Los dos equipos generan grandes expectativas para la temporada en puerta. El primero, acostumbrado a las estrafalarias compras millonarias, ha realizado, hasta el momento, una inversión de 303 millones de euros en nuevos jugadores durante este verano; para no quedarse atrás, el Atleti, históricamente más ajustado en presupuesto, ha invertido en fichajes la nada despreciable cantidad de 244 millones de euros. Así el inflado y desmedido mercado del futbol.

Pero más allá de la tensión que supone un juego de esta naturaleza –por más que sea de pretemporada–, especialmente para dos aficiones con antagonismos profundamente marcados, los espectadores asumen una postura más bien de relajación. Quizá sea porque la verdadera disputa, el auténtico enfrentamiento y desgaste se ha venido dando, durante toda la semana, en la cancha del Congreso de los Diputados, con el estira y afloja en las frenéticas negociaciones para acordar la investidura del próximo presidente.

Desde que nació la Constitución española en 1978, el orden jurídico que sucedió a la dictadura franquista, la democracia en este país se desarrolló bajo contiendas electorales cuyos protagonistas por la disputa del poder se redujo a solo dos partidos políticos, el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Esto provocaba que, en un sistema de investidura parlamentaria del Presidente del Ejecutivo, el partido que obtenía la mayoría en el Legislativo, elegía al presidente del país.

Ese pragmatismo despareció en las elecciones 2015, cuando, atendiendo a la tendencia que encausaba a la mayoría de las democracias en el Mundo, los españoles optaron por elegir nuevas alternativas, principalmente aquellas cuyo discurso se catalogaba como antisistema. Este fenómeno puso en el escenario político a fuerzas emergentes como Ciudadanos y Podemos, quienes fragmentaron el voto y, en consecuencia, la representación, generando que no se obtengan mayorías absolutas en el legislativo y, por ende, se rompa con la posibilidad de designar al presidente sin previos consensos con otros partidos. Fue hasta octubre de 2016 cuando los diputados, después de meses de negociaciones, decidieron formar Gobierno, designando finalmente a Mariano Rajoy, del PP.

Hoy el Gobierno español se encuentra en la misma encrucijada, ya que, después de dos intentos de votación fallidos (martes y jueves), Pedro Sánchez no logró obtener la mayoría de votos para ser investido como Presidente, al no llega a un acuerdo con Unidas Podemos para formar un Gobierno de coalición.

La democracia es asimétrica, no tiene una sola forma y toma diferentes cauces dependiendo el contexto en el que se desenvuelve. Por ejemplo, en México, en las elecciones de 2018, el sistema político tomó un inercia inversa a la española. Si bien también se voto por un partido antisistema –AMLO y su discurso en contra de la mafia del poder–, tuvimos una elección con mayoría de votos para un solo partido (Morena, 53%) y con mayoría en ambas cámaras del Congreso de la Unión, después de casi tres décadas de dirimir la política en un tripartidismo.

Volviendo al caso de España, si para el 23 de septiembre no se llega a un acuerdo para formar Gobierno, se estarían repitiendo las elecciones el 10 de noviembre. No en vano, Pedro Sánchez ha manifestado la necesidad de reformar el Artículo 99 de la Constitución con el fin de evitar bloqueos institucionales que permitan acordar Gobierno.

El partido acabó con un estrepitosa goleada de 7-3 en favor del Atlético. Bien dijo el taxista que me condujo al hotel: “Hay que celebrar que los triunfos del Atleti son inciertos, pueden pasar años para poder disfrutar uno. Pero cuando se dan, se gozan más que los del Real Madrid”. Qué paradoja, igual de incierto es el panorama político español.
21 Julio 2019 04:00:00
Hacia el voto electrónico
Gerardo Blanco.- La reforma política que estará por discutirse en el Congreso de la Unión se sustenta, en esencia, en el alto costo que tienen las elecciones en México, comparado con otros sistemas electorales a nivel global.

Bajo esta premisa, un amplio sector de Morena propone, sin un diagnóstico serio y objetivo, eliminar autoridades electorales estatales y suprimir órganos fundamentales del Instituto Nacional Electoral (INE), lo que provocaría un franco retroceso antidemocrático.

Sin embargo, la austeridad y el ahorro en la organización de las elecciones, como ya hemos dicho, se puede emprender desde distintas rutas y directrices. Así lo ha propuesto el propio INE cuando, en días pasados, esgrimió la necesidad de transitar hacía el voto electrónico, lo que puede suponer un avance en la organización de las elecciones y, a su vez, un ahorro económico de aproximadamente 4 mil mi-llones de pesos.

Quizá para muchos puede sonar aventurada la implementación de la tecnología para efectos de emitir el voto, incluso generar cierto escepticismo, pero, desde mi perspectiva, no debería ser así. Mucho menos para personas de estados como Coahuila y Jalisco, cuyos órganos electorales, durante la última década, han utilizado este modelo en diversos ejercicios democráticos –no constitucionales– mediante el uso de la llamada urna electrónica.

Ahora bien, para emplear el voto electrónico de manera eficaz, trasparente y confiable en las elecciones nacionales, es necesario aprender de las experiencias de la comunidad internacional (Brasil, Estados Unidos, Estonia, India, Los Países Bajos, Irlanda, Filipinas, Alemania) y, por supuesto, de las locales.

Tomando en cuenta esas experiencias, podemos decir que el voto electrónico tiene diversos beneficios: mayor rapidez y precisión en el conteo de votos; eliminación de errores en la interpretación del voto; mayor comodidad para los electores (se pueden implementar sistemas auditivos para discapacidad visual) aumento de la participación ciudadana, implementación de interfaces lingüísticas (para el caso de las lenguas indígenas, por ejemplo), elaboración automática del programa de resultados electorales preeliminares; expedientes de los resultados oficiales; y la reducción de recuento de votos.

Los ahorros presupuestales, en mayor medida, se obtendrían al dejar de imprimir la documentación electoral (boletas y actas), material que representa un costo muy elevado considerando el tipo de papel y el alto número de sellos de seguridad que el mismo contiene; además de su traslado, resguardo y custodia.

Las voces discordantes respecto a la implementación de la tecnología en la emisión del sufragio plantean diversos incovenientes: que los sistemas carecen de trasparencia; probable vulneración a la secrecía del voto; riesgo de manipulación del personal encargado del manejo del sistema; una posible intervención de “hac-kers”; aumento de los costos (aunque sería a corto plazo) de la compra y mantenimiento del sistema de voto electrónico; mayores requerimientos en materia de seguridad e infraestructura.

México tiene uno de los sistemas electorales más seguros y confiables en el mundo, auspiciado, principalmente, por el alto grado de desconfianza que existe entre los partidos políticos, fenómeno que los orilló a regular un andamiaje electoral con alto contenido de candados de seguridad, que hacen muy complejo un posible fraude.

A pesar de ello, el humor social refleja un amplio grado de desconfianza y en el lenguaje popular se sigue hablando de fraudes electorales. Esto también es consecuencia de la generalizada conducta de los políticos mexicanos de rechazar los resultados cuando no les favorecen. Aunque, paradójicamente, el INE es de las autoridades mejor evaluadas por la ciudadanía. Digo esto porque, de acuerdo con las experiencias en otros paises, la implementación del voto electrónico es más compleja en sociedades que confían poco en su sistema electoral.

Creo en la nececidad de transitar hacia el voto electrónico y en los beneficios que representaría para nuestro sistema democrático, aunque las autoridades electorales –así como partidos políticos y ciudadanía en general– deberán sortear estos y otros desafíos para que sea un proyecto viable y exitoso.

Esperemos que las y los legisladores federales eligan el camino de mo-dernizar las elecciones y no, por el contrario, opten por minar el funcionamiento, la independencia y autonomía de las autoridades electorales.
21 Julio 2019 04:00:00
Cambia dirigencia en Hacienda, no el rumbo económico
Silvia Garza.- Una de las principales funciones de cualquier secretario de Hacienda es poder decir no, de manera justificada y con respaldo técnico, a las decisiones políticas que interfieran con el buen desarrollo económico del país. Decir no es una de las cosas más difíciles que hay en la vida, y más cuando se le dirige a un político, generalmente acostumbrado a pedir consejo para validar sus propias opiniones y no aceptar las de los demás. Contados son los políticos que están dispuestos a escuchar y aún menos los que están dispuestos a rectificar.

El dr. Carlos Urzúa es un magnífico economista que enfrentó el eterno dilema de su gremio: decirle al Presidente que está equivocado, que la economía no se puede inventar en un escritorio. Que la vida económica de un país es algo más complejo que sumas y restas. Sobre todo, que la economía es una ciencia compleja que lamentablemente no se puede poner a prueba en un laboratorio: se trata de las vidas, aspiraciones y el bienestar de millones de personas.

En un documento de investigación del Fondo Monetario Internacional, titulado Las Funciones en Evolución y la Organización de los Ministerios de Finanzas, publicado en 2015, se mencionan tres aspectos clave que determinan la función de un secretario de Hacienda: 1) El creciente papel del gasto público en la economía, tanto en tamaño como en alcance, haciendo que la estrategia en la asignación de fondos públicos sea determinante del éxito o fracaso de un país; 2)
El creciente rol de las finanzas internacionales en los asuntos domésticos, de modo que un secretario de Hacienda no sólo debe supervisar “sus propias cuentas” sino las de un mercado global con infinitud de aspectos que considerar; y 3) La vasta normatividad para atender las tres funciones operativas básicas de un secretario de Hacienda, a saber: la definición de políticas económicas (principalmente la fiscal), las funciones regulatorias y las funciones transaccionales (deuda y asignación de fondos federales, principalmente).

México no es la excepción. A medida que el rol del Gobierno se ha extendido en la vida pública de nuestro país, también lo ha hecho el papel del secretario de Hacienda. Es incomparable la complejidad que enfrenta hoy ese cargo en comparación, por ejemplo, con la que tenía Antonio Ortiz Mena en los años 60, uno de los referentes continuos del presidente López Obrador para ese puesto.

Cuando en los días recientes se me convocó para aprobar la ratificación del dr. Arturo Herrera como sustituto del dr. Urzúa, se me presentó un dilema: por un lado el saber que el dr. Herrera es también un buen economista, con conocimiento de la hacienda pública de México, por lo que sus capacidades no están en duda; pero, por otro lado, saber que en el cargo no podrá decir que no al presidente López Obrador, de modo que para fines prácticos no podrá ejercer sus capacidades. Por eso opté por decir no a su ratificación.

Fue un no porque México se encuentra en un momento de quiebre, si no es que hacia la quiebra, pues los argumentos de política económica así lo indican: el dr. Urzúa estuvo en desacuerdo con el principal instrumento de planeación que es el Plan Nacional de Desarrollo, el cual no cumplió con los requisitos mínimos constitucionales y la Ley de Planeación. Este solo hecho habla de las profundas diferencias con el Presidente. Setenta páginas de contenido ideológico al margen de la opinión del entonces Secretario de Hacienda, fueron determinantes para abandonar la Administración.

A los asuntos que ya son de todos conocidos (Aeropuerto de Santa Lucía, Refinería de Dos Bocas, Tren Maya, Corredor Transístmico), el de mayor peso para mí es el desa-cuerdo con la desarticulación de la hacienda pública de México: centrar todo el proyecto de desarrollo de México en Pemex, destruir institucionalmente programas y operaciones que tomaron al país décadas desarrollar y transformar la generación de valor presente y futuro (Producto Interno Bruto y capital social) en favor de sectores no productivos en materia económica pero rentables políticamente. Éste último punto es central para entender la gravedad de la situación: México se aleja de cualquier posibilidad de desarrollo sostenible.

El dr. Urzúa fue muy claro: la Secretaría de Hacienda es mucho más que una oficina de compras gubernamentales, tiene el deber de advertir al presidente López Obrador los riesgos previsibles que sus acciones generan. Mientras Estados Unidos crece a tasas aceleradas aquí se metió el freno. Y ya suenan los tambores de una recesión, que les puedo asegurar va a llegar más pronto de lo que quisiéramos cuando las agencias calificadoras ratifiquen lo que ya sabemos: que el plan de Pemex, del que depende todo el Plan Nacional de Desarrollo, simplemente no da. Cuando esto pase, no se diga que no fuimos advertidos.

Nos leemos la próxima semana. ¡Muchas gracias!
07 Julio 2019 04:05:00
Chicuarotes: el espejo de la realidad
Gerardo Blanco.- La semana pasada se estrenó en los cines la película Chicuarotes, dirigida por Gael García Bernal. La historia se desarrolla en San Gregorio Atlapulco, Xochimilco, en la Ciudad de México; una comunidad que si bien no se encuentra en un alto grado de marginación al igual que muchas localidades del país no ofrece las condiciones mínimas para que la juventud alcance el bienestar económico más elemental.

Este es el caso de los protagonistas “El Cagalera” y “El Moloteco”, dos adolescentes que buscan tener ingresos económicos personificando a unos pequeños payasos en el transporte público. Ante la apatía e indiferencia de las personas, el hartazgo y la desesperación son su principal impulso para sortear los obstáculos que les permita cambiar su realidad, teniendo como desagradable consecuencia su inevitable inclusión en el mundo de la delincuencia. Así, encuentran en el secuestro la única alternativa para obtener unos cuantos pesos, no sin antes, incluso, considerar la posibilidad de hacerse de un cargo público por medio de la compra de plazas.

El punto álgido de la película, desde el punto de vista de quien esto escribe, es el momento en que los pobladores de esa comunidad, ante la evidente ineficiencia de las autoridades de procuración de justicia, deciden reunirse en la plaza central con el fin de descubrir quiénes son los culpables del secuestro para proceder a lincharlos.

Nada ajenos a nuestra realidad, los linchamientos representan el acto de barbarie, crueldad y salvajismo que mejor refleja la descomposición y la podredumbre del tejido social que permea en este país. Como bien expone L.M. Oliveira en su ensayo La Democracia en la Oscuridad (Desconfianza. El Naufragio de la Democracia en México. Lince. 2018), aludiendo a la propuesta de Elisa Godínez para entender el fenómeno de los linchamientos, cita ideas como esta: “Los linchamientos en México suceden porque los Gobiernos no atienden la emergencia cuando está sucediendo y por el hartazgo ante la impunidad y la falta de justicia en un contexto de permanente inseguridad y altos niveles de criminalidad”. Agrega que: “existe evidencia verificable de que, en las semanas y meses previos a un acto de linchamiento, en la localidad en cuestión se denunciaron con insistencia delitos que las autoridades locales, estatales y federales no atendieron”.

El rodaje, sin dejar de lado pinceladas humorísticas, nos invita a reflexionar sobre cómo los adolescentes, al crecer en un entorno desprovisto de atención y cariño, enfrentan el peso del futuro en condiciones adversas; además, en una línea secundaria, la cinta arroja una mirada en torno a la falta de eficacia y eficiencia de los cuerpos policiales, así como al alto índice de impunidad que impera en las instituciones, lo que orilla a ciertos sectores poblacionales a tomar justicia en propia mano, mediante la imposición de sanciones que no se apegan a la ley, sino que se adscriben, principalmente, a la violencia. Al mismo tiempo aborda aspectos como la tolerancia ante las preferencias sexuales, los males del patriarcado íntimamente arraigado a las entrañas más profundas de la sociedad, la violencia que permea en el seno familiar, entre otros fenómenos que descomponen la convivencia social.

Ese desolador panorama que se presenta frente a los protagonistas de la historia, se presenta frente a miles de personas en nuestra realidad, producto de otras enfermedades como la corrupción, la impunidad, la injusticia y la violencia que terminan por deteriorar y colapsar la moral de los miembros de una sociedad.

Consecuencia de lo anterior, la sociedad se encamina cada vez más hacia un individualismo férreo, sus intereses se orientan al beneficio personal y no al colectivo, lo que termina, tarde o temprano, por disuadir el pacto social, la responsabilidad hacia los otros se desvanece e impera un ambiente desolador que oscurece en el horizonte un futuro medianamente promisorio.

Chicuarotes es un espejo de la cruda realidad. Una realidad que no el paso de los sexenios, de las siglas y de los gobiernos, no cambia para muchas personas en este país.
02 Julio 2019 04:05:00
El esqueleto sostendrá la carne pesada de las piedras
Elena Gómez.- Marguerite Antoinette Jeanne Marie Ghislaine Cleenewerck de Crayencour, conocida como Marguerite Yourcenar -seudónimo que ella y su padre inventaron-, creó mundos inexistentes a partir de historias o leyendas escuchadas durante las travesías que hizo por el mundo desde temprana edad. La autora de Memorias de Adriano y Opus nigrum, además de escribir, lo que más amaba era viajar. Tanto que declaró a Grecia como su patria espiritual.

Resultado de sus experiencias por el mundo es Cuentos Orientales, libro que publicó en 1938, y en el que reúne 10 historias, algunas de las cuales son transcripciones de fábulas o leyendas auténticas desarrolladas por Crayencour, la primera mujer elegida miembro de número de la Academia Francesa de la Lengua en 1980. Cómo se Salvó Wang-Fo se inspira en un apólogo taoísta de la antigua China. La Sonrisa de Marko y la Leche de la Muerte provienen de baladas de la Edad Media.

Kali decapitada, de un mito hindú, el mismo que sirvió a Goethe de tema para El Dios y la Bayadera, y a Thomas Mann para Las Cabezas Trocadas. El Hombre que Amó a las Nereidas y La Viuda Afrodisia, parten de supersticiones de la Grecia de entre 1932 y 1937. El Último Amor del Principe Genghi ha sido extraído de una novela japonesa del siglo 11: Genghi Monogatari de Shikibu.

En estos textos, la escritora Francesa nacida en Bélgica, nos lleva de la mano a conocer la esencia de cuentos legendarios de Grecia, Asia y Los Balcanes. Las imágenes que recrea son contundentes, por terribles y hermosas -como en La Leche de la Muerte, uno de los cuentos que más me conmovió-: Los campesinos serbios, albaneses o búlgaros saben que un edificio se hunde por no haber tenido cuidado de encerrar en sus cimientos a un hombre o a una mujer, cuyo esqueleto sostendrá la carne pesada de las piedras.

Esta estampa hizo eco en mí porque me trajo de vuelta en la memoria la leyenda de los constructores mexicanos que habla de que, cuando construyen una presa, deben enterrar en su cortina a un recién nacido con el propósito de que su llanto avise de un probable derrumbre o desborde.

Es curioso cómo las historias y sus palabras ruedan por el mundo y en el tiempo y llegan después de viajar a nosotros. La voz sublime de Marguerite -una de mis más amadas- nos acompañará siempre por fortuna en su legado literario. Los invito a adentrarse en su majestuosa narrativa.
25 Junio 2019 04:00:00
La esperanza cruda
Mary Carmen Urrieta.- Me bastó leer la primera página del libro Temporada de Huracanes, de Fernanda Melchor para emprender un viaje que no me dejó en paz en los siguientes dos días.

No conocía la obra de Fernanda, solo escuché de ella hace pocos meses, así que cuando me pidieron que hablara en esta columna de un libro escrito por una mujer creí, y afortunadamente no me equivoqué, de que leerla sería una muy buena experiencia.

Temporada de Huracanes arranca con el hallazgo de un cuerpo en estado de descomposición en un río. Historia que cobra interés al mencionar que se trata de la bruja del pueblo. A los sospechosos los conocemos a medida que avanzan las páginas y sus historias y la manera en que son contadas hacen de esta novela un viaje intenso y muy real.

En mi lectura me topé con un grupo de hombres y mujeres que desde su dolor, ausencias y sueños, construyen sus vidas, mismas que se desmoronan en la búsqueda de su felicidad en medio de un país convulso, violento y acostumbrado a la injusticia.

Viajando en el tiempo me dejé guiar a través de las páginas de esta novela a La Matosa, un pueblo en el que las creencias en el bien y el mal eran, además de cosa de todos los días, la balanza por la que juzgaban a sus habitantes.

En mi lectura me di cuenta de que sería imposible avanzar si me acompañaban los prejuicios, así que opté por dejarlos de lado para conocer a los habitantes de este lugar con la misma fe con la que das la mano a quien te presentan por vez primera y permití que la autora me diera tour por sus vidas.

Así conocí a dos brujas, madre e hija, que vivían en La Matosa, y poco a poco, gracias a descripciones como la de su casa, me trasladé a la cocina, un espacio desde donde la misteriosa mujer “despachaba” con toda clase de pócimas, amuletos y otros servicios, a desesperadas féminas que, ante una posible condena religiosa, la visitaban en busca de ayuda ante casos imposibles, casi siempre relacionados con el amor.

Me adentré en la vida de un grupo de jóvenes que en medio de una realidad sumida en el alcohol, las drogas, el sexo y el vacío emocional, luchan por alcanzar algo, que a veces se disfraza de sueño americano, de trabajo bien pagado sin mucho esfuerzo, de un hombre ideal, de un cofre de monedas antiguas y sucumbe ante la rabia de las malas decisiones.

Como en la vida real y más en provincia, conocer a una persona te relaciona con otras tres, y si hablamos de la evolución de este pueblo y su gente, luego de un fenómeno meteorológico, es fácil conocer cómo a través de miedos y ausencias se conectan en esta novela los adultos y ancianos del ayer con las nuevas generaciones de sospechosos de hoy.

Es fácil juzgar a alguien sin conocerlo, pero ¿qué haces cuando a lo largo de Temporada de Huracanes te acercas a la vida de La Bruja, de Luismi, del Munra, de Norma, de la abuela, por ejemplo? No sé si la palabra indicada sea conmueven, pero sus vidas, pérdidas, vicios y errores, te impactan de manera distinta y te afecta, finalmente, lo que la autora decide para cada uno.

Contada desde un ambiente en el que la miseria, la homosexualidad, la prostitución y las drogas parecieran ser el único camino a tomar, Temporada de Huracanes muestra que, a pesar de todo eso, la esperanza que se esconde entre el fango, da luz a los días de cruda realidad.
19 Junio 2019 04:00:00
La revolución egoísta del feminismo
Elizabeth Alfaro.- Estaba segura de ser feminista hasta que leí a Jessa Crispin. En el último año de mi vida pensé que mi proceso de deconstrucción había comenzado, pero el texto Por qué no soy Feminista (Editorial Sin Fronteras, 2016) me provocó un conflicto interno.

La imaginación como proceso transformador para derrocar el patriarcado, es la propuesta de la autora. Es cierto que últimamente internet está lleno de contenido feminista: desde denuncias de agresiones hasta memes en tono de burla, que parece una moda más.

Crispin argumenta que a través del “choice feminism”, adoptado como estilo de vida por las mujeres blancas de clase media-alta, privilegiadas ante otros contextos sociales, los estereotipos se reproducen y critica la lucha feminista por querer ocupar el lugar de los hombres en el sistema capitalista. Aunque para entenderla del todo, la lectura exige antecedentes teóricos sobre género, el lenguaje es bastante fluido y divertido.

En sus páginas la autora recuerda las afrentas con el caos de las feministas radicales en la exigencia del reconocimiento de las mujeres como seres humanos. Imagino la escena como una auténtica revolución aunque hiciera dudar de la coherencia mental de las manifestantes.

El derecho al voto fue uno de los logros más notables. A partir de ahí la discusión pública rompió un gran tabú: hablar sobre las tragedias del mundo privado. Para las mujeres, el cansancio de las labores del hogar y el no ejercicio de sus profesiones les generaba una frustración inmensa y había llegado el momento de ocupar espacios en la vida pública.

Sin embargo, el grueso de la lucha se redujo a quienes podían reunirse mientras pagaban a otras para que cuidaran a sus hijos, y se hicieran cargo de las tareas domésticas; generalmente las afectadas eran mujeres negras, indígenas o con alguna discapacidad.

¿El feminismo se ha vuelto egoísta? Este libro dice que sí. El planteamiento de Jessa se extiende hasta la actualidad. Algunas mujeres aspiramos a ocupar puestos de poder mientras criticamos a las que deciden trabajar en casa y dedicarse a la crianza compartida de los hijos.

Una vez que alcanzamos las aspiraciones profesionales buscamos incrementar nuestro poder adquisitivo, justificando todos los medios por los que podamos obtenerlo. Replicamos los estereotipos patriarcales. Pero ¿cómo no aprovechar los espacios conquistados que siempre habían pertenecido a los hombres? ¿cómo no vengar el sufrimiento de todas las mujeres con nuestros triunfos personales?

“Todos guardamos una lista en lo más hondo de nuestro ser, una lista con cada injusticia, cada humillación, cada momento en que nos dejaron las manos atadas y en lugar de plantarnos y alzar la voz, no hicimos nada” Crispin llama a esto cultura de la indignación.

En el capítulo Los Hombres no son Nuestro Problema, la autora transgrede el discurso tradicional y pide a los hombres que sientan, lean y  se sensibilicen por su propia cuenta. Que hagan su propio movimiento, mientras las mujeres buscamos la clave para un feminismo que rompa los estereotipos que nos han acompañado.

Este libro asume que si se busca una vida que acepte las comodidades que ofrece el patriarcado, entonces no se puede ser feminista. Además derrumba la sensación heróica en los actos de las mujeres de hoy en día y las regresa a un panorama desalentador.

No obstante, me parece que este es el camino a la auténtica revolución femenina.
26 Mayo 2019 04:03:00
1994: el año caótico
Por: Gerardo Blanco

El final de la década de los 80 y la década de los 90 representan, sin duda alguna, un periodo fundamental para la transición democrática mexicana.

Previo a la elección presidencial de 1988 se suscitó la división interna del Partido Revolucionario Institucional (PRI), hecho que, como adelantó el propio Octavio Paz, era necesaria para construir el pluralismo político, ya que la hegemonía priista desincentivaba la creación y organización de alternativas. Esta división representó el primer signo fuerte de debilitamiento del partido, el cual se materializó con la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas por el Frente Democrático Nacional (FDN) –después PRD– para ese año.

A partir de esa elección, donde existieron grandes sospechas de un fraude perpetuado desde la Secretaría de Gobernación, además de una oposición más robusta y firme como nunca se había visto, llevó al presidente Carlos Salinas a consensar un reforma político electoral que redefiniera las reglas del juego democrático, cuyo perfeccionamiento se dio durante los años posteriores.

Así vinieron una serie acuerdos que terminaron por fortalecer el sistema político: la creación del Instituto Federal Electoral (IFE), en 1990; del Tribunal Federal Electoral, en 1993, el cual sirvió como antecedente del Tribunal Electoral de del Poder Judicial de la Federación, en 1996. También se establecieron reglas más equitativas para que los partidos políticos accedieran al financiamiento público y a los tiempos en radio y televisión.

Sin embargo, 1994 representó una año que dejó cicatrices indelebles política y socialmente hablando.

Esta historia es la que nos cuenta la serie documental 1994, producida por el escritor y periodista Diego Enrique Osorno, quien desmenuza, de manera quirúrgica, los acontecimientos políticos y sociales más trascendentales de ese año, sin dejar de lado los sucesos históricos de los años previos y las consecuencias en los subsecuentes.

Si bien, desde mi perspectiva, la información ofrecida no arroja novedades sobre los hechos que ya eran del conocimiento público, el documental ofrece un perspectiva con una variedad de ángulos que nos ayuda a entender el entorno político de esos años, ya que el valor agregado consiste en que la historia es contada por quienes la protagonizaron, mediante testimonios emanados de múltiples entrevistas hechas por Osorno.

Entre los testimonios están el de Carlos Salinas de Gortari, presidente de México de 1988 a 1994; Marcelo Ebrard (hombre que fue cercano a Manuel Camacho, político clave en aquellos años por sus aspiraciones presidenciales), actual secretario de Relaciones Exteriores; Diego Fernández de Cevallos, candidato presidencial por el PAN en 1994; el subcomandante Galeano (antes subcomandante Marcos), líder del levantamiento del EZLN; Raúl Salinas de Gortari, hermano del entonces presidente; Antonio Lozano Gracia, entonces procurador General del la República, y Alfonso Durazo, en ese momento secretario particular de Luis Donaldo Colosio y actual secretario de Seguridad y Protección Ciudadana del Gobierno federal, entre muchos otros.

El documental relata la sangre fría con la que se perpetraron los magnicidios de Luis Donaldo Colosio, candidato presidencial y José Francisco Ruiz Massieu, entonces secretario general del PRI, así como la poca voluntad de las autoridades para dar con los responsables.

El propio Salinas –con una buena dosis de cinismo– documenta cómo las designaciones de los candidatos del PRI para la presidencia requerían sólo de una mecanismo popularmente conocido como el “dedazo”.

Por supuesto que se aborda el contexto, circunstancias y motivos que generó el levantamiento zapatista –que dejó en la penumbra la entrada en vigor del TLC y la campaña presidencial–, así como sus consecuencias políticas y sociales.

No se trata de hacer un “spoiler” del documental, solo de señalar la audacia de Osorno para ponernos frente a la cámara a diversos actores políticos que, para las nuevas generaciones, solo existen en el imaginario. Asimismo, de hacer una breve reseña de las directrices por las que la obra se desenvuelve, para que, quien no lo haya visto, se dé el tiempo de disfrutarla en Netflix.

1994 fue un año caótico que, por muy lejano que se vea, quizá sigamos encerrados entre sus sombrías paredes.
29 Diciembre 2018 04:00:00
La gran oportunidad
Llegó diciembre al Congreso del Estado y con ello el paquete económico del Ejecutivo estatal, por consecuencia su Presupuesto de Egresos. Lejos de denostar y sólo criticar por criticar, como muchas veces se acostumbra desde la grada de la oposición, perfilaré mis comentarios con afán objetivo, afín de señalar lo bueno, lo malo y lo feo del presupuesto en cuestión, toda vez que seguimos trabajando con la finalidad de mejorar y plasmar en él las demandas ciudadanas.

Durante todo este año como oposición hemos sido críticos, pero también propositivos, específicamente en lo que respecta al tratamiento que se le ha dado a la deuda pública de Coahuila, la orientación del gasto público –concretamente en materia de salud y educación que pasan por una severa crisis– y el excesivo presupuesto destinado a las áreas como comunicación social, asesorías e imagen. Por consecuencia era fundamental, previo análisis de posibilidades, trabajar en una contrapropuesta responsable que abarcara todos los rubros antes mencionados.

Como todo en la vida, hay cosas buenas con importantes avances que permitieran mejorar la inversión en algunas áreas, cosas malas como la pobre asignación de recursos a la inversión pública o el despilfarro en comunicación, asesoría e imagen y lo feo como lo que representa la herencia financiera del Moreirato, a la qué hay que hacerle frente.

Lo bueno. El Presupuesto actual de Egresos presenta cambios relevantes en materia de salud pública y educación, lo cual es plausible; en educación pasamos de casi 20 mil millones asignados en 2018 a 21 mil millones para este año, mil millones de pesos más que deberán verse reflejados en mejores espacios para los alumnos, aulas o equipo de cómputo. En lo que respecta a la Secretaría de Salud, se incrementó el presupuesto en casi 550 millones de pesos, que si bien no son suficientes, debe al menos cubrir el abastecimiento de medicamento en los hospitales generales y centros de salud.

Lo malo. La inversión pública que de arranque y según lo visto en el presupuesto, no será suficiente, es decir, de quedarse tal y como el presupuesto de egresos lo presenta, quizás sea un año austero en donde la inversión en infraestructura, obra y servicios brillen por su ausencia. El reto está en lograr incrementarlo y disminuir en otras áreas de menor impacto social directo.

Lo feo. El lastre de la deuda con el que carga el Gobierno, si bien esta deuda se perpetró durante la administración de Humberto Moreira, y el gobierno de Rubén Moreira no fue capaz de mejorar la situación financiera del Estado, este es un reto que la actual Administración tiene y que a como dé lugar debe enfrentar, teniendo como principal objetivo obtener mayor liquidez para inversión pero con la desventaja de tener que patear el bote y alargar el problema.

Es por eso que la oposición presentó una propuesta que permitiría reorganizar el gasto público para priorizar en las áreas más sensibles y hacer un esfuerzo por abonar cantidades significativas al capital de la deuda. El excedente de las aportaciones federales de este año nos abre la puerta para comenzar a sanear las finanzas del Estado a través de un ejercicio ordenado de asignación de recursos al capital de esta deuda, ejercicio paralelo a los pagos anuales ya proyectados. Esto ayudaría al Ejecutivo estatal, ya que reduciría el monto de las anualidades presupuestadas, lo que se traduce en liquidez.

De lograr un acuerdo en el tema de la deuda o en la reasignación de algunos recursos, podríamos hablar de un gran logro tanto del Poder Ejecutivo como del Legislativo, que repercutiría de manera positiva en el ánimo de los coahuilenses, dejando un precedente de diálogo y concertación interpartidista. Sin embargo, lo más importante de todo, es la posibilidad histórica del actual Gobierno, de demostrar que es diferente y desmarcarse por completo de la oscura era que significó y representó el Moreirato en Coahuila.

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