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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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20 Septiembre 2019 04:05:00
La demagógica amnistía
El presidente Andrés Manuel López Obrador presentó el pasado 15 de septiembre una iniciativa de Ley de Amnistía que pretende otorgar libertad a personas encarceladas por la comisión de delitos que a su juicio deben ser reconsiderados. Estos delitos son cinco y se refieren a los siguientes: el aborto, solo respecto a mujeres que se lo practicaron y que ahora se encuentran encarceladas; sedición, pero como perseguido o preso político; delitos cometidos por indígenas que no tuvieron un proceso debido o justo; delitos contra la salud, en la modalidad de complicidad, pero por engaño o por sometimiento, principalmente mujeres; y el de robo simple sin violencia.

Por este motivo, la Cámara de Diputados, tiempo después, emitió un comunicado en el cual se informa sobre la recepción de dicha iniciativa, y explicó cuales deberán ser las condiciones que se impondrán a los condenados para lograr su liberación, las cuales son no ser reincidentes; que su sentencia no sea por homicidio, lesiones o secuestro; que no hayan utilizado armas de fuego, o bien, que no se trate de delitos graves relacionados en el Artículo 19 Constitucional. “La amnistía beneficiaría a quienes están en prisión por delitos menores, no para quienes causen graves daños a las personas. La Fiscalía General de la República velará por el cumplimiento de tales condiciones y la Secretaría de Gobernación hará lo propio respecto de los presos políticos”, se mencionó en el mismo comunicado.

Debo reconocer que, para quien esto escribe, esta iniciativa es una de las mejores enviadas por un Ejecutivo federal desde hace ya varios sexenios, en primer término, por su impecable redacción, la cual curiosamente se plantea en primera persona, es decir que quien la propone en todo momento se asume como protagonista de la misma, lo que nos deja ver que sin duda el Mandatario estuvo presente en todo tiempo de su redacción y dictado, como hace mucho no se hacía. De igual forma, esta iniciativa contiene una perfecta técnica legislativa, y lo digo porque en la misma se allanan todas las cuestiones de aplicación y fundamentación, e incluso se prevén hasta las posibles lagunas que en las legislaciones locales pudieran encontrarse.

Hasta aquí todo se ve bien y no dudo que habrá quien diga que con esta iniciativa el Presidente, además de cumplir con un compromiso de campaña, logrará reducir las grandes diferencias que sufren los pobres contra los ricos al momento de solicitar justicia a una autoridad, la cual comúnmente cuando juzga, se aprovecha de la pobreza de alguna de las partes y termina condenando a quienes no cuentan con los recursos financieros para contratar abogados adecuados o para acceder a una vasta defensa sin regateos.

Pero por desgracia, en esta propuesta de ley no todo es miel sobre hojuelas y es que pareciera que al Ejecutivo federal se le olvida que quienes aplicarán esta amnistía serán las procuradurías de los estados, las cuales son la más clara muestra de que nuestro sistema mexicano de justicia penal, es un sistema por demás defectuoso y que en muchos sentidos se encuentra podrido, por lo que de no reformarse primero a estas integralmente, esta amnistía se convertirá en solo un sueño, en una ley sin valor, y todo por no haberse propuesto a la par con otras leyes que se encaminen a un proceso verdadero de justicia renovada. O lo que es lo mismo, ¡una amnistía demagógica!
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